BIENVENIDOS AMIGOS PUES OTRA VENEZUELA ES POSIBLE. LUCHEMOS POR LA DEMOCRACIA LIBERAL

LA LIBERTAD, SANCHO, ES UNO DE LOS MÁS PRECIOSOS DONES QUE A LOS HOMBRES DIERON LOS CIELOS; CON ELLA NO PUEDEN IGUALARSE LOS TESOROS QUE ENCIERRAN LA TIERRA Y EL MAR: POR LA LIBERTAD, ASÍ COMO POR LA HONRA, SE PUEDE Y DEBE AVENTURAR LA VIDA. (MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA) ¡VENEZUELA SOMOS TODOS! NO DEFENDEMOS POSICIONES PARTIDISTAS. ESTAMOS CON LA AUTENTICA UNIDAD DE LA ALTERNATIVA DEMOCRATICA
Mostrando entradas con la etiqueta MUEREN. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta MUEREN. Mostrar todas las entradas

domingo, 25 de mayo de 2014

PACIANO PADRON, CUANDO LOS NEONATOS MUEREN

        Desgracia la de un pueblo cuando se le mueren sus más tiernos hijos, los recién nacidos; cuando los asesina la negligencia e ineficiencia de sus autoridades. Cuando tal desgracia ocurre, se viven tiempos de decadencia y podredumbre, tal como está aconteciendo en Venezuela, siendo la más cabal expresión de la crisis lo ocurrido en el hospital Miguel Oraá de Guanare, donde acaban de morir quince bebecitos por inaceptable y criminal infección en la Unidad de Neonatología, mientras que el gobernador y las autoridades sanitarias ocultaron el delito, mintieron y aún mienten cobardemente sobre el hecho. Que se levante la voz de protesta y que la calle no calle hasta que el castigo caiga sobre los culpables.
      

El Dr. Rodolfo De Bari, quien estuvo al frente de la dirección del hospital Miguel Oraá, acaba de renunciar por la muerte inaceptable de más de una docena de recién nacidos ocasionada por la bacteria seudomona aeduginosa, consecuencia de la negligencia de las autoridades sanitarias, a quienes se les había pedido actuar para impedir la tragedia. Hay más, el Dr. De Bari renuncia cuando el Director Regional de Salud, el Dr. Antonio Brito “exige a los médicos cambiar el diagnóstico de las muertes para proteger su gestión”.

         El único renunciante no fue el Dr. De Bari, Director del Hospital, ya lo había hecho el fundador y director de la Unidad de Neonatología, el Dr. Arnoldo Rivero, debido a las presiones para que ocultara lo que estaba ocurriendo en la Unidad a su cargo.

         El gobernador y los diputados del PSUV, tanto al Consejo Legislativo regional como a la Asamblea Nacional, guardaron y guardan silencio. Wilmar Castro Soteldo, primera autoridad del Estado, solo reconoce un bebé muerto “por infección bacteriana, presuntamente contraída antes de ingresar a la Unidad en cuestión”. De su parte los diputados, sin mencionar hechos ni circunstancias, dicen como gran cosa que “es un problema grave”. Las cifras oficiales, que no siempre es fácil dar por ciertas porque las manipulan cada vez que les viene en ganas, dan cuenta de “73 muertes de neonatos en Portuguesa en lo que va de 2014”, mientras el Ministerio de Salud informa de “121 muertes de neonatos en todo el país en la semana epidemiológica Nº 18 (del 27 de abril al 3 de mayo)”.

         La médico Trina Angélica Hernández vio morir a su bebecita, una de los cinco neonatos que registraron el mismo cuadro médico el día 3 de abril en la Unidad de Neonatología. En el acta de defunción se reflejan varias presuntas razones como causa de la muerte -la enfermedad de membrana hialina, prematuridad, shock séptico y sepsis neonatal- no obstante la madre al estudiar el caso médico de su difunta hija, concluye que se trata de una infección bacteriana, de sepsis neonatal, como lo evidencia la hemorragia nasal característica de esos casos. La joven madre de 19 años, Adriana Mora, llora a sus dos bebecitas prematuras Greimary Antonella y Greimary Isabel; inicialmente se resignó a las muertes, una por “enfermedad de membrana hialiana” y la otra por “infección pulmonar”. Hoy llora a sus hijas muertas por negligencia e ineficiencia de las autoridades sanitarias.

El Dr. Rivero, antes citado, Jefe renunciante a la Unidad de Neonatología, denunció en 2013 la bacteria mortal en el Hospital, y este pasado 10 de abril, en reunión con las autoridades de salud del Estado Portuguesa, los médicos exigieron vehementemente intervenir y sanear la Unidad; también  hubo reclamos posteriores, todos respondidos con negligencia criminal.

Cuando la muerte es hija de la negligencia oficial, se acerca el fin de un tiempo. Que los portugueseños protesten la muerte por negligencia, deben hacerlo; que los venezolanos luchemos por la vida con firmeza y energía ante el desgobierno, debemos hacerlo. Es imprescindible pasar la página. Que la calle no calle.

Paciano Padrón
Twitter: @padronpaciano

EL ENVÍO A NUESTROS CORREOS AUTORIZA PUBLICACIÓN, ACTUALIDAD, VENEZUELA, ACTUALIDAD INTERNACIONAL, OPINIÓN, DEMOCRACIA, LIBERAL, LIBERALISMO, REPUBLICANISMO, LIBERTARIO, POLÍTICA,ELECCIONES,UNIDAD, ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA,CONTENIDO NOTICIOSO,

domingo, 25 de agosto de 2013

JAMES NEILSON, CUANDO MUEREN LAS NACIONES, DIARIO RIO NEGRO, FUENTE TABANO INFORMA

TÁBANO INFORMA


Río Negro - 23-Ago-13 - Opinión


http://www.rionegro.com.ar/diario/cuando-mueren-las-naciones-1235987-9539-nota.aspx

Columnistas

SEGÚN LO VEO

Cuando mueren las naciones

por James Neilson

Algunas sociedades no europeas reaccionaron frente al desafío planteado por el progreso material de ciertos países occidentales adoptando sus métodos –como hicieron los japoneses– con éxito fulminante, en la segunda mitad del siglo XIX, pero otras optaron por aferrarse a sus propias tradiciones. De éstas, las más resueltas han sido las islámicas. Mientras que China, luego de un intervalo en que probó suerte con una importación occidental, el comunismo, que a juicio de muchos intelectuales era más "progresista" que las alternativas, hace poco más de treinta años eligió combinar el autoritarismo con una variante sui géneris del neoliberalismo, los países musulmanes siguen resistiéndose a cambiar. Si bien todos cuentan con minorías "modernizadoras" significantes, éstas no han logrado imponerse a los comprometidos con versiones inflexibles del islam que no quieren saber nada del desarrollo tal y como lo conciben los demás. Muchos no sólo fantasean con recrear el mundo de más de mil años antes, sino que están más que dispuestos a matar y morir a fin de hacerlo.

Desde un punto de vista filosófico, por decirlo así, puede argüirse que los islamistas tienen razón cuando critican las sociedades de matriz occidental por su hedonismo, inmoralidad, consumismo y, agregarían, vaciedad espiritual. Muchos clérigos occidentales, comenzando con el papa Francisco, y quienes comparten sus sentimientos coincidirían con los islamistas en que, a pesar de los beneficios materiales proporcionados por el progreso económico, la civilización occidental se ha empobrecido y por lo tanto no puede ser considerada superior a la de épocas anteriores. Pero, claro está, aunque es legítimo oponerse al rumbo que han emprendido aquellas sociedades, casi todas, que se han plegado a la globalización y anteponen todo a la marcha de la economía, dando la espalda a las viejas creencias religiosas, las consecuencias concretas de la resistencia islámica ya han sido atroces para muchos millones de personas y es de prever que en los años próximos se hagan cada vez peores.

Desgraciadamente para los países en que la mayoría, o una minoría despiadada, ha decidido continuar la lucha contra la influencia ajena, no es posible negarse a participar del progreso económico, tecnológico y, según los optimistas, social. Por cierto, no han logrado independizarse por completo del resto del mundo países con gobiernos teocráticos como Irán y Sudán. Tampoco lo hubiera conseguido el régimen que los islamistas de Mohamed Morsi procuraron instalar en Egipto antes de que los militares, con el apoyo entusiasta de millones de personas, pusieran fin a un experimento que era claramente destinado a fracasar.

En las décadas últimas, los interesados en temas geopolíticos se han preocupado por la aparición de "estados fallidos", como Somalia, que al resultar incapaces de gobernarse degeneraron en zonas caóticas, paupérrimas y sanguinarias, dominadas por "señores de la guerra" vinculados con delincuentes comunes. Tal y como están las cosas, en el mundo musulmán pronto podría haber más "estados fallidos": Siria, Afganistán, Pakistán y, tal vez, Egipto e Irak.

En todos estos países, el nivel de violencia sectario no deja de intensificarse. Los medios occidentales ya apenas mencionan las muertes causadas por atentados o por matanzas a menos que las bajas se cuenten por centenares. Ya no es noticia que otros cincuenta iraquíes o paquistaníes hayan muerto a manos de sus presuntos correligionarios o, como ocurre con frecuencia, a las de militantes de una secta diferente. En una inmensa región que se extiende desde el norte del África hasta Asia central, están librándose guerras civiles feroces entre sunnitas y chiitas, entre guerreros santos que sueñan con el renacer del califato y "moderados" que preferirían una forma de gobierno menos ambiciosa, entre los partidarios de un dictador determinado y quienes quisieran derrocarlo por motivos tribales o por buscar venganza por los horrores perpetrados.

Entre los más perjudicados por lo que está sucediendo están los cristianos; son blancos de una campaña de exterminación, de genocidio, que se asemeja a la sufrida por los armenios y griegos cuando hace un siglo se hundía el califato otomano. En Egipto, muchos "hermanos musulmanes", impotentes ante los militares, están desquitándose quemando iglesias –más de cincuenta fueron incendiadas en los días que siguieron a la masacre de centenares de islamistas en El Cairo y otras ciudades– y asesinando a cristianos coptos. Algo no tan distinto está sucediendo en Irak, Siria, Afganistán y Pakistán.

Con todo, los musulmanes mismos conformarán el grueso de las víctimas de la marejada de violencia que día tras día está cobrando fuerza y que amenaza con adquirir proporciones equiparables con las de los años de la Segunda Guerra Mundial. No sólo será cuestión de matanzas. Merced en buena medida a la introducción de la medicina occidental, la población de países como Egipto ha crecido tanto que para alimentarla tendrían que dotarse de sistemas económicos mucho más productivos que los tradicionales, lo que sería imposible sin un grado de estabilidad que ya parece inalcanzable. A juzgar por lo que ha pasado en Siria, un país convulsionado rodeado de campos de refugiados en que malviven al menos dos millones de hombres, mujeres y niños que han huido de la confusa guerra civil, estamos en vísperas de una catástrofe humanitaria de dimensiones gigantescas.

Los líderes occidentales quisieran ayudar. En diversas ocasiones, Barack Obama y alguno que otro potentado europeo han dicho que intervendrían si un régimen, como el de Bashar al-Assad o de los religiosos iraníes, cruza "una línea roja", pero sólo se trata de palabras huecas. Ya han aprendido que no les convendría en absoluto involucrarse en los asuntos internos de un país mayoritariamente musulmán porque, de hacerlo, en seguida serían acusados de ser responsables de todo cuanto ocurra. En el pasado, la prevista hostilidad de los ayudados no les hubiera preocupado demasiado, pero en la actualidad se ha consolidado hasta tal punto la idea de que cada pueblo debería asumir la plena responsabilidad por su propio destino, que ningún político occidental que se precie se animaría a señalar que, en muchos casos, exigirlo significaría condenar a millones de personas a una muerte terrible y que por lo tanto insistir en la necesidad de respetar la soberanía de todos los países pero así y todo tratar de obligarlos a democratizarse es sólo un pretexto elegante para no hacer nada salvo lamentar la brutalidad ajena.

Este es un reenvío de un mensaje de "Tábano Informa"
tabano.informa@gmail.com

EL ENVÍO A NUESTROS CORREOS AUTORIZA PUBLICACIÓN, ACTUALIDAD, VENEZUELA, OPINIÓN, NOTICIA, REPUBLICANO LIBERAL, DEMOCRACIA, LIBERAL, LIBERALISMO, LIBERTARIO, POLÍTICA, INTERNACIONAL, ELECCIONES,UNIDAD, ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA,CONTENIDO NOTICIOSO,