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martes, 13 de octubre de 2015

NELSON ACOSTA ESPINOZA, ES EL GOBIERNO QUIEN HA PARALIZADO A LAS UNIVERSIDADES

De nuevo voy a insistir sobre el tema universitario. Creo que les debo una explicación a los amigos lectores sobre esta recurrencia temática. La educación superior es asunto de importancia estratégica para el país. Sobre este aspecto no hay dudas. Sin embargo, a pesar de esta condición el sector de las universidades autónomas ha estado sometido a una política de hostigamiento sistemática por parte del gobierno nacional. 

En materia de presupuesto, por ejemplo, el régimen ha asignado el mismo monto a las universidades desde el año 2007. En materia salarial  la situación es extremadamente grave. El aumento, decretado recientemente, es insuficiente y difícilmente alcanza para dar respuestas a las urgencias de la vida cotidiana. La situación estudiantil es incluso más crítica. Una beca para un estudiante universitario es de apenas US$ 10 mensuales, mientras que una residencia estudiantil cuesta cuatro veces esa cantidad. Debemos agregar que debido a las políticas económicas formuladas por el gobierno los egresados universitarios tienes tres opciones: emigrar, subempleo o desempleo.

La conclusión es obvia. Estamos ante una situación de carácter estructural que requiere soluciones que van más allá del ámbito de la educación superior en el país. En este orden de ideas parece indispensable una aclaratoria lingüística. Es el gobierno, no los universitarios quien ha paralizado a las instituciones de educación superior del país. Restaurar la normalidad es, entonces, responsabilidad del oficialismo.  Las palabras cuentan. No lo olvidemos. La universitaria es un síntoma de la crisis generalizada que se ha desatado en la sociedad venezolana. Ojala los actores políticos institucionalizados tengan claridad sobre este tema.

Sobre este punto vale la pena hacer la siguiente reflexión. ¿Por qué el tema de la crisis universitaria no forma parte de la agenda de los grupos opositores? ¿Cómo explicar esta ausencia? Una respuesta inmediata podría ser el  síndrome del “electoralismo” desprovisto de esencia política.
Bien, intentemos explicar esta sentencia. La totalidad de las encuestas advierten que ya no hay dos mitades. 68,5% del electorado adversa al gobierno. Tan solo un 23% de la población aun defiende al chavismo. Dicho de otro modo: “desde que Nicolás Maduro está en el poder el chavismo ha perdido 32 puntos porcentuales de apoyo popular. Y hoy sigue ejerciendo el poder, pero es franca minoría”.

Aquí hay que matizar lo señalado en el párrafo anterior. El electorado, así lo predicen las encuestas, va a votar contra el gobierno. Y esa opción la ejecutara a través de la (s) tarjetas del bloque democrático. No es un voto afirmativo de identidades partidistas. La venidera  elección está adquiriendo un carácter de índole plebiscitario. Los partidos políticos, por ejemplo,  no han asumido temas particulares más allá de inducir el rechazo al actual gobierno.

Me voy a permitir una observación. Estas elecciones parlamentarias no son, en cierto sentido,  nacionales. Son regionales. El CNE ha conformado 87 circunscripciones en todo el país. Los temas vinculantes en cada uno de los distritos electorales son importantes para inducir conductas electorales propicias a los candidatos opositores. En los más importantes del país existen universidades autónomas. Vale decir, este tema tiene un alto contenido político y electoral. A pesar de esta circunstancia, observamos con sorpresa que este tópico  no ha sido asumido por los candidatos del bloque opositor. Existe, a mi manera de ver, una pasmosa indiferencia por este y otros temas de vigencia en las circunscripciones electorales más importantes del país. La conducta de los candidatos es electoral, más no política.

Es una lástima. Sin embargo, seamos optimistas. Todavía están a tiempo de politizar su conducta electoral.

Nelson Acosta Espinoza
acostnelson@gmail.com
@nelsonacosta64

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domingo, 16 de agosto de 2015

NELSON ACOSTA ESPINOZA, ¿CARECEN LOS DEMÓCRATAS DE REFERENTES CULTURALES?

Buenas noticias. La oposición se ubica  23% por encima del oficialismo en preferencias electorales y se ha mantenido relativamente estable como la primera opción electoral durante el año en curso. Sin embargo, es vital tomar nota, que el gobierno del presidente Nicolás Maduro sigue teniendo un piso político sólido a pesar de la evaluación negativa que suscita  el desabastecimiento, inseguridad personal y alto costo de la vida. El respaldo a su gestión alcanza un 24,3%. Estos datos se desprenden del último estudio llevado a cabo por la empresa Datanálisis.

Estas cifras, desde luego, son alentadoras desde el punto de vista electoral. Sin embargo, se vienen a mi mente las siguientes preguntas. ¿Expresan estos resultados una disidencia de índole cultural? ¿Ese malestar, por ejemplo,  envuelve un rechazo a la cultura política que ha prevalecido en el país? ¿Existen los nutrientes que puedan alimentar la elaboración de una narrativa cultural y política alternativa? ¿En fin, es de naturaleza exclusivamente electoral el cambio que se procura? Bien amigo lector, entiendo que son interrogantes complejas que requieren, igualmente, respuestas densas. En este corto espacio, desde luego,  no será posible dilucidarlas a plenitud. Sin embargo, intentemos trazar algunas líneas de reflexión en torno a estos puntos. Veámoslo, como una modesta contribución a este debate que recién se inicia en el país.
Me parece que los demócratas venezolanos requieren construir lo que el antropólogo Benedict Anderson definió como una “comunidad política imaginada”. Lo de imaginada se refiere al hecho que los miembros de la comunidad no  conocerán jamás a la mayoría de sus miembros y, la idea de comunidad, apunta a un concepto de fraternidad e identidad en el plano cultural y simbólico. Esta comunidad es una “persona” con un pasado y un futuro que nos trasciende como individuos. Posee historia y propósito.
Desde luego esta última referencia no lleva a preguntarnos sobre los referentes culturales a partir de los cuales crear este sentimiento de pertenencia y activismo político. Ilustremos este punto con un ejemplo de nuestro pasado reciente. Es indudable que el partido político Acción Democrática logró conformar una “comunidad política imaginada”. A partir de referencias rurales (Juan Bimba) y con la intervención de un número importante de intelectuales elaboro un relato político exitoso que hegemonizó  cultural y políticamente a la sociedad venezolana hasta finales de la década del setenta del siglo pasado. Esa narrativa se agotó.
 El chavismo, por su parte,  ha intentado revivir el núcleo fundante de esa narrativa (la idea de pueblo) y le ha incorporado elementos litúrgicos extraídos de una visión parcializada de nuestra historia militar. Este relato, igualmente, se ha cronificado y ha disminuido su capacidad de interpelar a sus destinatarios.
La oposición democrática, hasta el momento, carece de referentes culturales que proporcionen un horizonte nuevo de significados a su propuesta política. Tengo la sensación que una porción importante de su dirigencia milita en un pragmatismo despojado de códigos alternativos a los dominantes ya agotados.
El tema es complejo y el espacio corto. Lo que intento señalar es que es necesario dotar de referentes culturales urbanos (música, poesía, literatura, refranero popular, cinematografía, etc.) a las propuestas políticas. Lo electivo es necesario, pero desprovisto de la dimensión cultural no forja la idea de un proyecto con ambiciones hegemónicas.
Una situación histórica que ayuda a ilustrar esta idea es la transición política española. Este cambio fue cultural y político. En ese orden. El ámbito de lo cultural se constituyó en un campo de batalla. Construyeron referentes distintos a los que caracterizaron las generaciones anteriores. Por ejemplo, la música fue uno de esos referentes de la transición. La “movida madrileña” ejemplificó y retrato la profundidad de los cambios que sustentaron la transición política española.
“Guayaquileño, madera de guerrero”, otro ejemplo,  fue la canción que entonaron los manifestantes que tomaron  esta ciudad ecuatoriana el jueves 25 de julio.
En este orden de ideas, el Observatorio Venezolano de las Autonomías (OVA), + Ciudadanos y el Centro Cultural Tadjú van a respaldar un proyecto destinado a indagar sobre referentes culturales que soporten la puesta en escena de una propuesta democrática. La idea es investigar sobre los vínculos que puedan construirse entre unas expresiones culturales latentes en la población  y la formulación de un proyecto político alternativo. Es nuestra intención incorporar a otras instituciones que militen en la idea que la subversión primero, es de naturaleza cultural y, después,  política.
Definitivamente, lo electoral debe tener un sentido cultural y político. Y ese “sentido” debe obedecer a una narrativa que se superponga a los hechos históricos.
 En fin, de lo que se trata es de crear una “comunidad política imaginada”
Esperemos, que así sea la política por venir.
Nelson Acosta Espinoza
acostnelson@gmail.com
@nelsonacosta64

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martes, 14 de abril de 2015

NELSON ACOSTA ESPINOZA, LA RESURRECCIÓN DE LA POLÍTICA,

Voy a tomar esta idea de resurrección y aplicarla al ámbito de lo político. En cierta forma esta actividad ha venido agonizando a lo largo de las últimas tres décadas. Es posible, entonces, sostener que en ese período se debilito la identificación de los “espectadores representados” con los “actores representantes”. Desde luego, esta escasa correspondencia entre ambas categorías cuenta como causa por la pérdida de credibilidad de la metáfora representativa. Un efecto directo de este “vaciamiento de legitimidad” ha sido el desgaste de las prácticas políticas consensuadas, la glorificación del conflicto y la producción de conductas alejadas de las formas políticas convencionales.

El oficialismo, por ejemplo,  ha impuesto – a lo largo de estos tres lustros- un relato político que cancela la política y la ha sustituido por una práctica belicista donde el oponente  es visto, no como adversario, sino como enemigo. En un cierto sentido, han asimilado el Estado a lo político y, en esa conversión, han excluido la variante sociedad. Han pretendido, sin éxito, conformar una unidad política sin fisuras y, de esta forma, tener capacidad para determinar quienes son “amigos” y  “enemigos”.

Afortunadamente este relato muestra síntomas  irreversibles de agotamiento. Los resultados electorales, por mencionar una instancia, indican que esta práctica está llegando a su fin. En consecuencia, parece que es el momento apropiado de resucitar las formas liberales de hacer política. ¿Qué se quiere decir con esta expresión? Bien, es sencilla la respuesta: no caer en la trampa de la polarización y ensayar nuevas vías de participación. En otras palabras, hay que ir al encuentro de los problemas de la ciudadanía y formular las respectivas respuestas políticas.

La venidera elección parlamentaria es una oportunidad para implementar estrategias desporalizantes. Para ello, es imperativo que los candidatos se articulen a sus regiones y sus relatos expresen la diversidad política y cultural de su entorno. En otras palabras, hablar a la gente, a toda la gente.

Desde luego, son diversas las tareas que se imponen en estas próximas elecciones. Me voy a permitir señalar dos. Primero, hay ir al encuentro del pueblo chavista. Salir del círculo oposicionista y hablar en un lenguaje que exprese los problemas reales de la población y que interpele a la totalidad de los electores. Segundo,  salir al paso a las prácticas centralizadoras que aún tienen vigencia en las agrupaciones oposicionistas.

Las parlamentarias no deben adquirir el carácter de un plebiscito. Esta contienda no es nacional en el sentido que sus temas serían homogéneos para todo el país. Al contrario. Hay que federalizarlas. Hacer entender al elector que votará por la persona que representará su región y enfrentará los problemas de su entorno.

En cierto sentido, llevar a cabo estas tareas implica iniciar el proceso de resurrección de la política. En otras palabras,  hay que dotar a esta actividad de un nuevo de contenido y significado para los electores. No hay que olvidar que la pasada elección mostró que la polarización social ya no se expresa en la política. Es necesario, entonces, profundizar esta tendencia; romper con las prácticas responsables del empobrecimiento que ha sufrido la contienda política en el país.

Domingo de Resurrección fin de la Semana Santa e inicio de un nuevo ciclo de vida. Hago voto para que logremos la resurrección de la actividad pública. Sin dudas, la política ahora es así.

Nelson Acosta Espinoza
acostnelson@gmail.com
@nelsonacosta64

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viernes, 20 de marzo de 2015

NELSON ACOSTA ESPINOZA, AUTO GOLPES DE ESTADO Y TRANSICIONES POLÍTICAS, LA POLÍTICA ES ASÍ

Los golpes de estado han sido un factor constante en nuestro acontecer republicano. Vamos a ilustrar esta afirmación, amigo lector, con ejemplos históricos. Pero, en primera instancia, parece pertinente conceptualizar esta experiencia política. Un golpe consiste en un “asalto al órgano que ostenta la suprema jerarquía del poder ejecutivo, realizado por orden de altos mandos militares, con la finalidad de enderezar el rumbo político del país”.

Veamos algunas muestras en nuestra historia republicana. Entre 1889 y el año 2002 es posible registrar 12 tentativas de tomar el poder por la vía de los hechos: Revolución de las Reformas (1835); Revolución de Marzo (1889); Golpe de Estado 1908; Golpe de Estado Octubre 1945; Golpe de Estado 1948; Golpe de Estado Enero de 1958; El Carupanazo, 1962; El Porteñazo, 1962; Primer intento de golpe de Estado 1992; Segundo intento de golpe de Estado 1992; Golpe de Estado de abril 2002. En fin, estas salidas violentas abarcan un ciclo de 113 años de nuestra historia republicana. Desde luego, han existido períodos donde ha predominado la civilidad democrática. El más extenso es el  denominado  como La Cuarta República.
En nuestra historia política, por el contrario, las transiciones democráticas han sido más la excepción que la regla y,  desde luego, se ubican en el polo opuesto a la del golpe de Estado. En términos normativos la transición implica “un proceso de cambio mediante el cual un régimen preexistente, político y/o económico, es reemplazado por otro, lo que conlleva la sustitución de los valores, normas, reglas de juego e instituciones asociadas a éste por otros(as) diferentes”. 
Este término puede ser interpretado, igualmente, como el espacio de tiempo que discurre entre la crisis de un régimen autoritario y la instauración de un sistema político democrático. En pocas palabras, se puede postular que el país vive un proceso de transición política democrática. Una de sus expresiones  más intensa pudiera ser  las venideras elecciones parlamentarias.
¿A qué vienen estas argumentaciones? ¿Son necesarias? Mi respuesta es afirmativa. El Presidente Maduro forjó una equivalencia entre estos dos procesos: golpe de Estado y transición política. Y al tenor de esta apreciación ha detenido a Alcalde Mayor de la ciudad de Caracas, Antonio Ledezma. El motivo: haber firmado un manifiesto, algo tímido e impreciso, sobre la necesidad de lograr un acuerdo nacional para la transición.
Es evidente que estamos viviendo el fin de un ciclo. Los venezolanos estamos siendo testigos del ocaso de un periodo histórico que se inició en los albores del siglo XX. Es válido, entonces, preguntarse: ¿qué ha entrado en crisis? ¿Por qué la necesidad de discutir sobre la transición política? La respuestas a estas dos interrogantes podríamos argumentarlas de la manera siguiente. El modelo político, cultural y discursivo que caracterizo la modernidad venezolana se encuentra agotado. La escasez, la delincuencia desbordada, la insistencia en ideas ya acabadas, la precariedad del liderazgo y, ahora, la puesta en práctica de una retórica anti imperialista de los años sesenta, son indicadores, dramáticos unos, tragicómicos otros, del fin de época y la necesidad de iniciar el transito democrático y consensuado hacia las puertas que  conduzcan hacia el siglo XXI.
Existen modelos a imitar. La transición española y la chilena son ejemplos exitosos de procesos consensuados hacia democracias más inclusivas y despojadas de atavismos autoritarios.
La elite política del país debe entender el sentido de urgencia histórica en la que se encuentra la nación. Es imperativo derrotar la polarización. De lo contrario, vientos bruscos podrían ensombrecer nuestro horizonte político. Sin duda alguna, la política ahora es así.
Nelson Acosta Espinoza
acostnelson@gmail.com
@nelsonacosta64

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domingo, 15 de marzo de 2015

NELSON ACOSTA ESPINOZA, DE LAS TRISTES A LAS PASIONES ALEGRES, LA POLÍTICA ES ASÍ

Amigos lectores, voy a admitir con toda franqueza,  la profunda indignación y tristeza que me generó la muerte (asesinato) del joven liceísta Kleivert Roa. Un  tachirense de catorce años de edad. Estos sentimientos, sin duda alguna, deben haber sido compartidos por la gran mayoría de la población. Más allá de la diferencias de orden político presentes en el país, tengo la seguridad que los venezolanos se sintieron indignados ante esta innecesaria muerte.
A continuación el relato, de la señora Glenda Lugo, vecina de la calle donde fue asesinado este joven liceísta. “¿Cómo es posible que un niño venga corriendo y este policía se baje de la moto, le apunte y el niño le suplique que por favor no lo mate y este desgraciado le dispare? Después se arrodilló y le pidió perdón. Y todavía tenía la concha de llevárselo. Aquí están los golpes, miren mis brazos como están, golpeados por ese policía porque no quería que yo agarrara al niño porque ellos se lo querían llevar a rastras en la moto, y yo misma les dije: ‘Después de que lo mataron como a un perro ¿qué van a hacer... tirarlo como un perro?’. Lo que hicieron fue destapar bombas lacrimógenas y tirárnoslas para dispersarnos”.
Esta desgarradora narración, que no es la única en esta Venezuela convulsionada y violenta, debería servir como un marcador ilustrativo de las “pasiones tristes” que son impulsadas desde el gobierno del señor Maduro. Usted amigo lector se preguntará ¿en qué consisten estas pasiones tristes? ¿Cómo combatirlas? Bien este término es extraído de la filosofía de Baruch Spinoza, (Baruch de Spinoza, Ámsterdam 1632-La Haya 1677).  Filósofo neerlandés de origen sefardí portugués.
En un cierto sentido, la actualidad política podría ser  definida como un momento marcado por la influencia de las “pasiones tristes” que son utilizadas por el oficialismo  para fomentar la pasividad y generar impotencia frente a lo que se presenta como inevitable. Las repetitivas cadenas gubernamentales promocionan estas pasiones. Su propósito es  fomentar la sumisión de la población ante las instituciones oficiales y capturar su voluntad “para que hicieran lo peor, a pesar de que racionalmente, vieran lo mejor”.
Usted, amigo lector, se preguntara ¿cuál es el antídoto para neutralizar estas pasiones tristes? Bien, estimular su contrario, las pasiones alegres. En otras palabras, esta postura vital incita a pensar nuestra democracia, no desde los parámetros de la política del llamado socialismo del siglo XXI, sino como una práctica verdaderamente participativa alejada de todo burocratismo. Las alegres, propician un sistema político en el cual los ciudadanos pueden potenciar su capacidad de autogobierno.
Los sucesos de Táchira, exigen practicar una postura oposicionista de resistencia a estos poderes que  arrebatan  la dignidad ciudadana y promocionan la desesperanza. La MUD, este es un llamado a este organismo de convergencia política, debe dar un paso al frente incentivando las “pasiones alegres” para confrontar la tristeza, docilidad y miedo que intentar infundir las prácticas represivas gubernamentales.
Las elecciones parlamentarias son vitales para poder garantizar continuidad a la cultura democrática. Sin ánimo de exagerar, en estas elecciones se juega el destino de la república. Una mayoría contundente de la oposición implicaría un primer paso para restituir el régimen democrático, federal y republicano. Pero para alcanzar esa meta una tarea parece que es impostergable: derrotar la desafección que padece nuestro sistema político. Si se fracasa en esta faena el futuro del país estará más cerca de la tristeza que de la alegría. Hay que derrotar la visión desapasionada de la política. La tarea es emocionar para convencer. Sin duda, la política ahora es así.
Nelson Acosta Espinoza
acostnelson@gmail.com
@nelsonacosta64

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martes, 3 de febrero de 2015

NELSON ACOSTA ESPINOZA, LA POLÍTICA DE LA OPOSICIÓN: ¿A LA BUENA DE DIOS?

Bien amigos lectores, la siguiente reflexión es probable que no sea del agrado de muchos amigos que tienen la bondad de leer esta columna. Me refiero, a la extrapolación que a continuación haré en relación a la frase pronunciada por el Presidente Maduro: “Dios proveerá”. En principio, me voy a permitir reafirmar lo señalado en escritos anteriores. Estamos claro que esta solicitud presidencial  implica una suerte de sumisión ante la realidad del país y las dificultades que enfrenta para poder modificar, lo inmodificable: el socialismo del siglo XXI. Desde este punto de partida se explica la desesperación implícita en esta evocación mágica religiosa.
En mi modesto entender, esta exclamación o, lo que ella implica igualmente,  pudiera aplicarse al comportamiento político que exhiben algunos sectores de la oposición democrática. Vamos despacio. Intentemos explicar el sentido de lo afirmado anteriormente. Cuidado, no existe en mi espíritu ninguna pasión anti oposicionista. Todo lo contrario, me anima, si, un espíritu crítico con la finalidad de enriquecer la práctica democrática.  Este ejercicio, no tengo la menor  duda,  es consustancial con el espíritu de tolerancia que debe privar en quienes profesamos la fe democrática. ¿Qué queremos significar, entonces, con esta comparación? ¡Desesperanza, dogmatismo, quietismo o un exceso de optimismo en este sector de la oposición?
El electoralismo, entendámoslo, funciona como una fe ciega. Y esta certidumbre tiende a desplazar la actividad propiamente política. Las cifras de las encuestas reseñan una mayoría disgustada e insatisfecha con las políticas del gobierno. En especial aquellas relacionadas  con el abastecimiento de alimentos básicos. Para algunos opositores, entonces,  esta circunstancia luce suficiente para obtener una mayoría holgada en la próxima elección parlamentaria. Creencia esta que ha sido  respaldada por  distintas exploraciones de opinión pública. Todas ellas miden un mayoría de la población arrecha con las políticas del gobierno, en especial, las atenientes a la distribución de comestibles.
 A pesar de estas condiciones objetivas, es válido preguntarse: ¿Dónde ubicar la política, el relato, la narrativa y las emociones? ¿Son, acaso,  las circunstancias económicas tan favorables al sector democrático que sería posible dejar estas condiciones subjetivas “a la buena de Dios”.
Me parece que dejar estas circunstancias  “a la buena de Dios” sería un gran error. Vamos a decidirlo con claridad. La oposición hasta ahora, no tiene un relato alternativo. La consigna de la unidad pareciera ser su mejor mensaje y esta no es suficiente. Por otra parte, exigir la renuncia de Maduro no constituye un programa político y, desde luego, es insuficiente en términos de ofertar un proyecto de país.
Ciertamente es loable aspirar a la unidad nacional. Seria injusto y políticamente incorrecto cuestionar una iniciativa de esta naturaleza. Sin embargo, es válido elevar algunas interrogantes en torno a este tema. Por ejemplo, ¿Qué significa lo nacional para estos actores políticos? ¿Representan ellos la diversidad cultural, social y política presente en la población venezolana? ¿Las regiones, con sus anhelos y demandas se encuentran representadas?
La unidad y los acuerdos que ella suscite, insisto, deben traspasar la inmediatez electoral. La formulación de un nuevo proyecto de país que sustituya los del pasado y del presente no puede quedar “a la buena de Dios”. No basta con identificarse con los hombres que pudieran representarnos en estas próximas elecciones parlamentarias. Es imperativo poder formar parte de ese quehacer colectivo.
En fin, de lo que se trata no es “solo vivir en democracia, sino vivir la democracia”.
Sin dudas, la política ahora es así.
Nelson Acosta Espinoza
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miércoles, 28 de enero de 2015

NELSON ACOSTA ESPINOZA, LA AGONÍA DEL ESTADO MÁGICO BOLIVARIANO

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, ha presentado su memoria y cuenta en un mensaje a la nación televisado a todo el país, seis días después del plazo máximo otorgado por la Constitución.

 Amigo lector, debo confesar que me siento confundido en relación a esta última alocución del ciudadano Presidente. Usted, desde luego se preguntara, en que ámbito de mi vida se asienta esa confusión. ¡En el público o en el privado?  O, quizás, ¿en ambos? 

Pues bien, voy a ser honesto,  mi embrollo reside en la circunstancia que no encuentro las herramientas conceptuales apropiadas para caracterizar esta última alocución del ciudadano presidente Nicolás Maduro. 

Desde luego, mi incertidumbre se ubica en el espacio del discurso público. Y, esta desazón, se intensifica ante el hecho de que estamos hablando de la primera personalidad pública del país. En corto, el Presidente de todos los venezolanos.

He indagado entorno algunas de las herramientas interpretativas que ofrecen las ciencias humanas en general (antropología, economía, psicoanálisis, semiología, etnopsiquiatría, teoría del discurso, etc.). 

He llevado a cabo este esfuerzo  con la intensión de encontrar instrumentos que me permitan adjetivar adecuadamente la intervención realizada en cadena nacional del día 21 por Nicolás Maduro. 

Este ejercicio se justifica, a mi parecer, por las expectativas que se habían generado en torno a su intervención, habida cuenta de la difícil situación económica, social y política que enfrentamos los ciudadanos.

El siempre recordado José Ignacio Cabrujas proporciona una primera pista en este ensayo de interpretación: en Venezuela el estado “es un brujo magnánimo dotado de poder para reemplazar la realidad por ficciones fabulosas…” 

Y, el Presidente, en concordancia con esta hipótesis ha encomendado a Dios el destino de la economía venezolana. Ha reemplazado lo real concreto por lo mágico religioso. “El petróleo nunca volverá a los 100 dólares. Dios proveerá. Jamás le faltará a Venezuela” Maduro no solo evadió los anuncios esperados por la población, sino que a tono con la idea del estado mágico, coloco en una instancia Superior la seguridad económica y social de la población venezolana.

Desconozco la densidad de las lecturas del ciudadano Presidente. Pero siempre he tenido la impresión que Nicolás Maduro y, con mayor intensidad, el difunto Chávez, intentaban presentar la realidad como una instancia de naturaleza mágica (lo real maravilloso). De ahí esa constante, en sus discursos políticos, de distorsionar el tiempo, para que el presente se parezca al pasado.

Lo real maravilloso funciono por un tiempo. El componente real lo proporcionaban los fabulosos ingresos petroleros. Ahora solo queda el dispositivo  mágico y, pareciera, que esta instancia ya no es suficiente para enfrentar la intensidad de la tormenta que se avecina.

El economista Miguel Ángel Santos ha señalado con franqueza la borrasca que se aproxima. Ante ella ningún recurso mágico religioso será suficiente para poder enfrentarla. El Estado Bolivariano, entendámoslo de un vez,  ha entrado en su etapa agónica. Citémoslo en extenso: “El país de las colas para la comida, de las golpizas por champú, jabón y toallas sanitarias…es el país petrolero de ochenta dólares por barril. Venezuela, es de todos conocidos, vende el petróleo a noventa días. De manera que hoy está cobrando de acuerdo a los precios de octubre, A partir de Abril empezaremos a tener una caja acorde con cuarenta dólares por barril. Ese, el de Abril, será otro país...” 

Y, no habrá recurso mágico ni real maravilloso, agrego yo, que pueda abortar esa conmoción social que se avecina y, que de cierta forma, ya se ha instalado en el país. Dios nos agarre confesados.

Entonces amigo lector, sin la menor duda, la política ahora es así.

Nelson Acosta Espinoza
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@nelsonacosta64

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lunes, 12 de enero de 2015

NELSON ACOSTA ESPINOZA, ENFRENTAR LAS NOMENKLATURAS DOMINANTES

NELSON ACOSTA ESPINOZA
Se aproximan las elecciones parlamentarias. Este evento tendrá lugar en el marco de una situación de creciente deterioro económico y político en el país. Esta circunstancia, a mi entender, hace obligante iniciar una reflexión sobre distintos aspectos que conforman nuestra  cultura política. Es importante indagar, por ejemplo, sobre aquellos componentes que pueden facilitar la conexión eficiente con el electorado. En especial aquellas emociones que permitan enlazar a los votantes opositores  con elementos valóricos de la cultura popular del venezolano.

Como se señaló, este examen tiene carácter de urgencia y, sin lugar a dudas, este ejercicio ha debido ser asumido largo rato atrás por nuestras elites políticas democráticas. Sin embargo, exceptuando los análisis llevados a cabo por algunos reconocidos académicos, esta dirección política no los ha examinado con la profundidad apropiada. De hecho, esta circunstancia constituye un indicador del grado de agotamiento de este sector político.
Me voy a permitir dar continuidad a estas líneas con una breve reflexión sobre el grado de postración del modelo de partido político que ha prevalecido en el país. Ojo, valoración validad para todas las agrupaciones de esta índole. Hoy  estas congregaciones, en particular la autodenominada socialista,  no cumplen adecuadamente con tres de los objetivos principales de toda agrupación partidista: selección y elección de líderes competentes; articulación de propuestas y programas capaces de dar respuesta a los enormes desafíos que implica la superación de  la actual crisis y dinamización de la conciencia social mediante la creación de nuevos valores democráticos.
En cierto sentido, “la endogamia ha sustituido a la creatividad, el recelo a la confianza, y la jerarquía a la autoridad, entendida como mérito o crédito intelectual o relacional” (Antoni Gutiérrez-Rubí). Expliquemos el sentido de esta última afirmación. Lo que se intenta aseverar es que estamos viviendo una crisis de la política. En fin, ¡cómo debemos entender esta frase? Veamos. Esta actividad ha sido entendida y practicada exclusivamente, en estos últimos años,  como la ocupación, gestión y dirección de las instituciones del estado. Y este reduccionismo endogámico es el que  ha debilitado a los partidos políticos como espacios ricos y fértiles de capital político (personas, ideas, praxis), para residenciar en ellos los mecanismos de control orgánico de las élites dirigentes del momento. Los de la oposición no han escapado a este síndrome. Es por esta razón que es imperativo reflexionar sobre estos temas como paso inicial para construir una nueva mayoría. “pero para eso es necesario tener una conducta proactiva y dejar a un lado el ayayay” (Chuo Torrealba dixit).
Se requiere, entonces,  de nuevas ideas que se expresen a través de lenguajes inéditos: federalizar el discurso, enfrentar a las nomenklaturas dominantes; estimular la rebelión de las regiones, aupar el federalismo fiscal constituyen,  a manera de ejemplos, algunos conceptos en torno a las cuales se podría construir un nuevo discurso que informe y sustente a una praxis ajustada a las actuales circunstancias. En breve: una política con vocación de poder que se aleje de las obsoletas rutinas del pasado.
Hay que volver a ganar la Guerra Federal, en palabras de Rafael Grooscors Caballero, “Una Guerra Federal distinta, en la era de la informática, la digitalización, la sociedad del saber y del conocimiento.” La rebelión de las provincias no es una frase más.  Expresa un programa político que apela a la singularidad del país y entiende a Venezuela como una nación de regiones.
De regreso a la reflexión inicial. Necesitamos más debates, indudablemente, pero  una de las dificultades  que  hay que enfrentar reside en el modelo de partidos que prevalece  en algunas agrupaciones de la oposición: jerárquico, centralizado, opacos y de una eficacia doctrinal cuestionable.
Nelson Acosta Espinoza
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lunes, 5 de enero de 2015

NELSON ACOSTA ESPINOZA, LA BATALLA DE LAS IDEAS SE DISPUTA EN EL LENGUAJE

NELSON ACOSTA ESPINOZA
Bien amigos lectores, iniciamos un nuevo año. Lo tradicional en fechas de esta naturaleza es desear buenas venturas y felicidades para este nuevo ciclo en nuestras vidas. Me uno a la tradición y deseo lo mejor a ustedes mis leedores.

Sin embargo, parece apropiado alertar sobre algunos nubarrones y tormentas que se avecinan en este año. Temblores económicos y convulsiones de carácter político. Veamos algunas cifras que destacados economistas han sacado a la luz pública. Ellas expresan el tamaño de  los desaciertos e irresponsabilidad de este socialismo del siglo XXI: “Venezuela cierra con el año 2014 el cuarto boom de sus históricos 98 años de país petrolero, el más apoteósico de todos los tiempos, con 84.049 millones de dólares recibidos en 16 años. Que representan el 70,6% de todas sus exportaciones de hidrocarburos de siempre”.
Si se sumaran todos los ingresos percibidos por el estado: petroleros, fiscales y la deuda consolidada en 16 años y la unificamos en dólares, encontraríamos que la sumatoria total de estos tres rubros alcanzan a la fantástica cantidad de USD 1.937.083.000.000. “Son, créalo o no, suficientes para trazar siete líneas y medias con billetes de cien dólares desde Venezuela a la luna”. A pesar de estas astronómicas cifras los logros alcanzados en áreas como educación, salud, seguridad fueron mediocres y atados a una cultura diseñada para el empobrecimiento cultural y psicológico de la población. Para el chavismo “ser pobre es bueno”. Así lo expreso, en cierta ocasión,  uno de sus ministros.
Ahora bien, en este contexto se celebraran, así lo esperamos, unas elecciones parlamentarias. La mayoría de los estudios de opinión le adjudica una oportunidad de oro a la oposición en esta ocasión electoral. Objetivamente, los datos de los sondeos les favorecen. Podrían ganar estas elecciones y, es lo deseable, sacar una mayoría parlamentaria que prepararía las modificaciones legales para iniciar la restauración del estado democrático y de derecho.
Me voy a permitir alertar sobre un dato de antropología electoral. Sí, es cierto,  los estudios de opinión registran una mayoría insatisfecha con las políticas gubernamentales. Igualmente, rastrean un deslave dentro de los partidarios del chavismo. Podríamos predecir, entonces, que estamos a la vista de la construcción de una nueva mayoría. A tal respecto, me permito subrayar que esa condición de “nueva” exige ser interpelada mediante distintos dispositivos discursivos que se desmarquen de los que tradicionalmente han sido utilizados por el bloque opositor. Pensar, por ejemplo, que este desagrado con la actual situación económica desembocaría  automáticamente a los raudales opositores puede resultar una costosa ingenuidad política.
La acción de votar no es racional. En política, casi nada es racional. Se necesita emocionar para convencer. Es indispensable, en consecuencia,  encuadrar el lenguaje opositor en formatos sencillos que formen y apelen a marcos cognitivos que desplacen a los desarrollados por el oficialismo. Estos frames son inconscientes y recogen un conjunto de ideas y conceptos que ayudan a los votantes a comprender el mundo.
Por ejemplo, al centralismo autoritario que postula una Venezuela única, el bloque democrático debería oponerle la idea de Venezuela como un país de regiones. Esta conceptualización afianzaría la idea federal y reforzaría las identidades regionales. Este podría ser el punto de partida para la construcción de un nuevo discurso que consolide esta nueva mayoría nacional.
En otros términos, los demócratas deberán entender que la batalla de las ideas se disputa en el lenguaje. Sin duda, la política ahora es así.
Nelson Acosta Espinoza
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miércoles, 22 de octubre de 2014

NELSON ACOSTA ESPINOZA, UN NUEVO LÉXICO POLÍTICO PARA LA OPOSICIÓN,

El gobierno se ha venido apoderando del relato a través del cual el campo democrático tradicionalmente se ha comunicado con el país. Quizás, amigos lectores, parezca exagerada esta afirmación. Sin embargo, su propósito es advertir sobre un proceso de desgaste que ha venido operando en la lógica narrativa de los sectores democráticos. Este deterioro ha afectado su visibilidad estratégica y acelerado un tacticismo que obstaculiza la comunicación de un proyecto alternativo de país.

En un cierto sentido el oficialismo ha reconvertido las "palabras fuerzas" de los sectores democráticos y las ha enmarcado dentro de su oferta discursiva. Por ejemplo, los significados de términos como  democracia, pueblo, región, pobres, patria, religión, asistencialismo, industrialización, etc., han sido resemantizados y han adquirido un nuevo sentido.
Esta operación político narrativa ha sido relativamente exitosa. Usando todo el poder del estado y el control sobre los medios masivos de comunicación el chavismo ha desplegado una maniobra de carácter simbólico sin precedentes en nuestra historia. Los signos patrios, por ejemplo, han sido resignificados y conforman la base de la narrativa gubernamental. El rostro de Bolívar, el escudo, la bandera, uniformes del ejército nacional, el nombre de la república, la historia patria, etc. Son ejemplos de esta basta operación simbólica destinada a dotar de una nueva identidad política a la mayoría humilde la población. Identidad, es bueno recalcarlo, que no ha sido disputada en forma enérgica por la oposición democrática del país.
Un tema a ser abordado con urgencia sería, entonces,   la construcción de una nueva identidad que se contraponga a la que define a los sectores oficialistas. La pregunta, salta a boca de jarro. ¿Cómo se puede construir? ¿En dónde se encuentra la materia prima para poder modelarla? Y, finalmente, una vez constituida, ¿cómo  puede adquirir un carácter expansivo?
Sobre este punto es posible remarcar algunas ideas. Primero, sería indispensable articular la cultura popular a la narrativa democrática. Ello implica enfatizar las  identidades políticas regionales a partir de sus tradiciones culturales (federalizar el discurso). Los componentes simbólicos que definen, por ejemplo, la zulianidad, valencianidad andinidad etc. deberían ser "encuadrados" al interior de un nuevo relato político que se presente como alternativa al que en la actualidad hegemoniza el escenario público. Segundo, comprender que la lucha política es una confrontación simbólica; se disputan las palabras.
Hagamos un ejercicio sencillo. Tomemos vocablos clave del discurso del PSUV. Al estado comunal, por ejemplo, se le opondría el federalismo integrador; al poder popular se confrontaría con las autonomías locales; economía social se resignificaría como economía social de mercado; comuna socialista se traduciría como autonomías políticas; al hombre nuevo se le enfrentaría la ciudadanía democrática. Desde luego,  estas palabras deberán ser encuadradas dentro de los marcos culturales  regionales y asociadas a nuestras convicciones morales más arraigadas.
En fin, con estos y otros vocablos sería posible iniciar la construcción del nuevo relato; vinculando este narración con las tradiciones culturales, héroes civiles, personajes populares, leyendas, etc. que proporcionarían la materia prima para la construcción de las nuevas identidades políticas. Una estrategia comunicacional de esta naturaleza tendría posibilidades de éxito. Las maniobras tácticas y el electoralismo no garantizan la construcción del nuevo orden simbólico que deberá desplazar al que actualmente proporciona sentido a la política.
Ya lo decía Frank Luntz,  un reconocido consultor político estadounidense, "lo importante no es lo que tú dices, sino lo que ellos entienden".
Nelson Acosta
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miércoles, 8 de octubre de 2014

NELSON ACOSTA ESPINOZA, UNA ESTRATEGIA ALTERNATIVA PARA LA OPOSICIÓN, LA POLÍTICA ES ASÍ

En la entrega anterior (¿De regreso a la política?) argumentábamos que la oposición democrática carecía de una apuesta de carácter estratégico. Disculpe, el amigo lector, por la contundencia de esta afirmación. Quizá sería más justo señalar que, por ahora, este sector no ha podido generar una visión alternativa de país. Y, añadíamos, que esta insuficiencia explicaba su vocación de carácter táctico. 

Desde luego, esta afición tiende, por un lado,  a operar como  obstáculo para pensar el país en términos de un nuevo paradigma y, por el otro,  explica su propensión de actuar exclusivamente en el ámbito de carácter electoral. 

Cuidado, no estoy afirmando que desplegarse en esa esfera sea incorrecto. Por el contrario, lo erróneo es actuar sin  la debida elaboración de una nueva narrativa que sustituya la ya agotada de la IV y V república.

Llegado a este punto parece necesario puntualizar algunos aspectos de orden teórico. De entrada excusen este sesgo de carácter académico. La semiótica enseña, por ejemplo, que el signo es uno de los ladrillos fundamentales usados para construir el significado. Éste se encuentra codificado por el emisor y debe ser decodificado por el receptor en función de su experiencia pasada, colocando el mensaje en un contexto cultural apropiado. Si usted usa el orden narrativo de su adversario, (por ejemplo, la oferta de las misiones) su destinatario (votantes, partidarios, ciudadanos, pueblo, etc.) lo decodificara en términos de ese paradigma. Y, en cierto sentido, reforzará el orden discursivo que se pretende modificar.
¿Cómo traducir lo anterior en términos del accionar político? ¿Gobierno y oposición hace uso de una gramática política común? ¿Operan ambos en el mismo horizonte y comparten el mismo paradigma? Bien, preguntas complejas que apuntan hacia la necesidad de reforzar la idea de generar un nuevo pensamiento de carácter estratégico. Veamos.
En principio parece razonable sostener que fracciones de la oposición comparten con el oficialismo una concepción monolítica del país que no se presta para la valoración positiva de las diferencias que proporcionan identidad al colectivo nacional. En el plano práctico y, articulado a esta visión, sus organizaciones ejercen un "centralismo" que resta eficacia práctica e ideológica a la lucha política; operan, por así decirlo, con herramientas conceptuales que no facilitan la creación de un proyecto político alternativo.
A lo largo del siglo XX hasta el día de hoy, este paradigma fue conceptualizado con la famosa frase, (Uslar Pietri dixit) de "sembrar el petróleo". Más allá de su obvio significado, esta expresión equivalía a la idea, de acuerdo a la cual, que modernizar consistiría en domar los atavismos culturales regionales que supuestamente obstaculizaban el acceso a una supuesta condición moderna, unitaria y homogénea para todo el país. Un "Santo Luzardo"(misiones) gubernamental llevaría la civilización a los espacios emblemáticos donde reinaba, una "Doña Bárbara", símbolo de la barbarie. Desde Pérez Jiménez a Hugo Chávez, con distintas denominaciones, ha prevalecido este afán voluntarista de proporcionar homogeneidad a la diversidad que nos caracteriza como pueblo y nación. Desde luego, siempre cabalgando sobre el potro de la renta petrolera.
En fin, un proyecto político alternativo debería asumir discursivamente esta relación entre lo "uno" y lo "diverso". En otras palabras, pensar al país en términos del juego infinito de sus diferencias. Federalizar el discurso político, en consecuencia, implicaría traspasar los límites de las propuestas jurídico-constitucionales y hundir sus raíces en los particularismos e identidades que alimentan conflictos y antagonismos que enriquecen nuestra complejidad cultural y política.
Como sabemos, la uniformidad no es democrática.
Nelson Acosta Espinoza
acostnelson@gmail.com
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martes, 30 de septiembre de 2014

NELSON ACOSTA ESPINOZA, ¿DE REGRESO A LA POLÍTICA?,

Si, amigo lector, la política comienza a prevalecer y a imponer su lógica en el país. Desde luego, usted puede legítimamente formularse las siguientes interrogantes ¿a qué se refiere esta afirmación? ¿Acaso, esta actividad no ha estado presente en nuestra cotidianeidad a lo largo de estos años de revolución? 

Bien, lo que intentamos resaltar es que la práctica autoritaria que caracteriza al  socialismo del siglo XXI comienza a mostrar profundas grietas. Lo que significa, entonces,  que se está abriendo paulatinamente un espacio para el ejercicio de la política democrática. Entendida esta actividad como la búsqueda negociada de los acuerdos que implica la existencia de variedad en las ideas y posiciones en torno a los dilemas que enfrenta la nación. Es en este sentido que afirmamos que la política y su lógica democrática retornan.

Ahora bien, es importante iniciar un intercambio de ideas con la finalidad  de discutir sobre la forma más adecuada de procesar este agotamiento. Es imprescindible prestar atención, por ejemplo, a la dimensión intelectual que debe alimentar  la práctica política. En consecuencia, resultaría conveniente saber diferenciar sus aspectos tácticos de los estratégicos. En otras palabras, no ceder a la tentación de confundir los primeros con los segundos. La estrategia, como es sabido,  constituye el dominio de los dirigentes, mientras que la táctica es el quehacer de los políticos de coyunturas. El estratega se preocupa por la historia; el táctico por las cámaras y los titulares y, en todo caso, por los votos que cámaras y titulares pudiera inducir.

Es bueno, señalarlo. La cultura prevaleciente en el período democrático privilegiaba los aspectos relacionados con el inmediatismo político. Cero consideraciones sobre el horizonte estratégico. Este se encontraba, por así decirlo,  previamente definido (Pacto de Punto Fijo). Esta ceguera impidió a los actores políticos de la época avizorar la crisis que se avecinaba y, en consecuencia, renovar su apuesta estratégica. En otras palabras, diseñar un discurso y proyecto alternativo a lo ya existente.

Ahora bien, ¿cuál sería ese nuevo horizonte estratégico? Y ¿qué táctica sería la apropiada? Estas interrogantes apuntan hacia un tema complejo. Me voy a permitir en esta entrega adelantar, brevemente, algunas consideraciones.

La nueva apuesta democrática deberá superar, en un solo movimiento, las deficiencias del pasado y el modelo del socialismo del siglo XXI.  Para alcanzar este doble cometido, sería necesario pensar el país dentro de un nuevo marco discursivo. Uno que propicie un estado federal que conduzca a la creación y afianzamiento de las autonomías regionales. Recordemos que esta búsqueda no es una demanda nueva ni carece de asiento histórico. Por el contrario, esta reivindicación se encuentra enraizada con los procesos culturales e institucionales que fraguaron la independencia y la creación de la república de Venezuela. Tuvo continuidad en las luchas por la autonomías seccionales a finales del siglo pasado, la descentralización en los últimos años de la década de los ochenta y se encuentra articulada con particularidades de carácter cultural y antropológico.

Bien pudiera preguntarse ¿qué es Venezuela? Una repuesta apropiada a esta cuestión tendría que pasearse por estas diferencias regionales que dibujan el mapa nacional. Andino, valenciano, monaguense, zuliano, guariqueños etc. son particularidades culturales que no han sido procesadas debidamente por el discurso  político que prevalece en el país.

En fin, los signos del presente son alentadores. Es por esta razón que afirmamos que la política reaparece. Sin embargo, cuidado con los peligros que se derivan de los viejos hábitos. Estemos atentos.

Nelson Acosta Espinoza
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jueves, 11 de septiembre de 2014

NELSON ACOSTA ESPINOZA, DE ERIZOS Y ZORROS, LA POLÍTICA ES ASÍ

A los amigos lectores puede parecerles extraño el título de este escrito. Podrían preguntarse, por ejemplo, ¿qué relación podría establecerse entre estos mamíferos y la actividad política? ¿Cómo hacer corresponder sus respectivas conductas con la acción  que despliegan los actores políticos del país? En fin, ¿en nuestro escenario político quien asume la conducta asociada al erizo o la zorra? Veamos.

En principio, el erizo es descrito de la forma siguiente: cauteloso,  paciente por limitado y tozudo.  Está obligado a la perseverancia porque no tiene más remedio que sacar todo el partido posible a sus escasas pero potentes  habilidades. La zorra, por el contrario, es considerada un animal astuto y empleado, en muchas culturas, como símbolo de sagacidad. En Japón, por ejemplo, el kitsune (zorro en japonés) es una forma poderosa de espíritu animal muy travieso y astuto.
Isaiah Berlín (1909-1997), politólogo e historiador de las ideas, en su celebre ensayo del año 1953, El erizo y el zorro, despeja varias de las preguntas formuladas en el párrafo anterior. Basándose en un proverbio atribuido al poeta griego Arquiloco que reza como sigue: "Mientras que el zorro sabe muchas cosas, el erizo sabe mucho de una sola cosa". Berlín,  establece una distinción entre dos clases de pensadores, políticas y seres humanos en general: Los erizos simplifican la complejidad del mundo y reúnen su diversidad en una única idea; los zorros, por el contrario, son incapaces de reducir el mundo a una sola idea y están constantemente moviéndose entre una inmensa variedad de imágenes y de experiencias.
Retomemos las preguntas iniciales de este breve escrito. En nuestro escenario político ¿qué conducta predomina, la del erizo o la del zorro? Bien, sin hacer alarde de destrezas semióticas, es fácil dar respuesta a esta interrogante. La última alocución del Presidente Mauro, por ejemplo, ilustra ese enfoque simplificador que intenta proporcionar un cierto sentido de unidad a la confusa realidad dentro de la cual este régimen se hunde cada día más. Basta con señalar que a pesar de haber perdido en pocos meses más de 15 puntos de popularidad insiste, cual erizo, a transitar la misma ruta con los  mismos pasajeros que son responsables de la erosión de su capital político.
Las principales encuestadoras del país, inclusive las de vocación gubernamental, reportan esta perdida de apoyo a la gestión oficial.  Hinterlaces, por ejemplo, la sitúa en 18 puntos; Dataanálisis, por su parte, muestra que la situación del país es negativa y que la popularidad del presidente ha caído en un 35%.
Ahora bien, el otro polo ¿es portador de una visión flexible que impediría encartonar lo existente en el marco de una única idea? ¿Se encuentra transitando la oposición venezolana la ruta del zorro descrita por Isaiah Berlín?
Voy a intentar delinear una respuesta a esa interrogante. Soy de la idea que los sectores democráticos han avanzado hacia una política fundada en el respeto y cultivo de la diversidad de opiniones y posturas políticas. Sin embargo, les hace falta ejercitar la habilidad del zorro: moverse con ligereza en el terreno movedizo que caracteriza el campo de lo político en el país.  Y, además, desechar el hábito cognitivo que predica sobre la existencia de una sola respuesta verdadera para los problemas que presenta la nación.
En fin, es obligación de los sectores democráticos vivir alertas, poniendo a prueba sus ideas, creencias y valores. La tolerancia y el pluralismo, siguiendo a Berlín, más que imperativos morales, constituyen necesidades prácticas para la supervivencia colectiva.
Para finalizar: la oposición tiene el talento de un zorro y las creencias de un erizo. En consecuencia, si no resuelve este dilema es improbable que alcance el éxito político que se espera de ella.
Nelson Acosta Espinoza
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lunes, 30 de junio de 2014

NELSON ACOSTA ESPINOZA, RAMÓN JOTA O LA PASIÓN DE SER VENEZOLANO, LA POLÍTICA ES ASÍ

El expresidente de la República Ramón José Velásquez Mujica ha fallecido el día 24 de Junio de este año.

Abogado, historiador, periodista, escritor y, sobre todo, figura emblemática de la cultura democrática que prevaleció en el país a lo largo del siglo pasado. Si quisiéramos definir con una frase a este distinguido venezolano, diríamos Ramón Jota o la pasión de ser venezolano. Este ilustre tachirense, nacido en San Juan de Colón, Táchira un 28 de noviembre de 1916, a lo largo de su dilatada existencia se dedico con afán a estudiar las circunstancias históricas, políticas, geográficas que conforman a esta nación que hoy en día conocemos como República Bolivariana de Venezuela. Basta con reseñar dos de sus contribuciones al  conocimiento de los fundamentos donde asienta el país: "Confidencias imaginarias de Juan Vicente Gómez" y "La caída del liberalismo amarillo (Tiempo y drama de Antonio Paredes") Con lucidez y angustia RJV se pregunta  "¿Y acaso el arbitrismo o la iluminación del elegido que legisla desde el Sinaí del poder, el amiguismo, los seudo caudillismo provincianos, el peculado, el tráfico de influencias, el celestinaje han desaparecido? Su respuesta es inequívoca, para evitar esos males hay que democratizar el estado venezolano. Y para ello se hace  indispensable su reforma. Así fue que asumió la presidencia (1984-1986) de la Comisión Presidencial para la Reforma del Estado (COPRE). Desafortunadamente viejos hábitos autoritarios desalojaron este inicial ímpetu democratizador.

Su relación con la Universidad de Carabobo fue intensa. Durante la gestión del Dr. Gustavo Hidalgo y bajo los auspicio de la recién creada Comisión Presidencial para la Reforma del Estado (COPRE), se organizó en esta ciudad en el año 1985 un evento de alto impacto nacional. Me refiero al "Simposio Nacional sobre la Reforma del Estado: la región y los nuevos actores políticos". Durante una semana la UC y la ciudad de Valencia acogió a lo más representativo del pensamiento político y social para debatir sobre las vías para llevar a cabo las reformas del estado necesarias para alcanzar una nueva estructura de poder.

Posteriormente esta institución universitaria lo acogió como miembro de su claustro. Le confirió el Doctorado Honoris Causa de mano del rector Gustavo Hidalgo. En aquella ocasión tuve la responsabilidad de dar el discurso de bienvenida a este ilustre venezolano. Me permito resaltar un párrafo de aquellas palabras: "Hoy día no es suficiente prometer; hace falta querer y hace falta poder. Este sistema no quiere ni puede porque sus fundamentos son incompatibles con una organización diferente mas justa y más humana de nuestra sociedad".

Ramón Jota  predicó una máxima de intensa relevancia en el presente: la historia siempre revela lo que las palabras ocultan. En otros términos, la indagación histórica es esencial para la comprensión de las sociedades. Sus estudios, por ejemplo, develaron la tragedia que se avecinaba. En una entrevista en el diario El Nacional, el domingo 27 de marzo de 1983, con gran claridad señaló: "un nuevo país estaba tocando la puerta de la fortaleza y que frente a esa situación, los amos del poder político se enfrentaban a una disyuntiva dramática: o abrían esas puertas o serían derribadas.". Lo sucedido es historia conocida. Los débiles contrafuertes  de nuestra democracia no resistieron  la embestida autoritaria.

Ramón Jota fue un intelectual que amaba y le dolía el país.

Paz a sus restos.

Nelson Acosta Espinoza
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