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LA LIBERTAD, SANCHO, ES UNO DE LOS MÁS PRECIOSOS DONES QUE A LOS HOMBRES DIERON LOS CIELOS; CON ELLA NO PUEDEN IGUALARSE LOS TESOROS QUE ENCIERRAN LA TIERRA Y EL MAR: POR LA LIBERTAD, ASÍ COMO POR LA HONRA, SE PUEDE Y DEBE AVENTURAR LA VIDA. (MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA) ¡VENEZUELA SOMOS TODOS! NO DEFENDEMOS POSICIONES PARTIDISTAS. ESTAMOS CON LA AUTENTICA UNIDAD DE LA ALTERNATIVA DEMOCRATICA
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lunes, 18 de julio de 2011

POMPEYO MÁRQUEZ: VENEZUELA “ LA HORA FINAL”

Marx encontró una bella metáfora para referirse a ese proceso sociopolítico, cultural y económico que va tejiendo nuevos escenarios históricos casi siempre a redropelo de la voluntad de los hombres y a veces, incluso, contra su expresa voluntad. Engañando a tirios y troyanos y usando los más equívocos, falsos y trastornados mensajeros. Lo llamó “el viejo topo”. Y al trabajo que realiza en el subsuelo de la conciencia colectiva hasta derrumbar todas las falsas certidumbres para permitir el nacimiento de una nueva sociedad lo llamó “su trabajo de zapa”.

Súbitamente y de la manera más insólita, pues nadie se lo había siquiera imaginado, el viejo topo hace su trabajo de zapa bajo el resquebrajado cuero seco de esta Venezuela petrolera.

Y para terminar de derrumbar el tinglado fantasmagórico de esta sedicente revolución bolivariana y permitir que emerja del trajinado subsuelo de nuestra sociedad la nueva sociedad moderna y globalizada que exigen las circunstancias, se sirve del falso mensajero: un teniente coronel con aspiraciones de eternidad al que el destino, en una siniestra jugarreta, le desemboza de un solo tajo la dolorosa fragilidad de su existencia. La historia lo pilla en offside: fuera de juego. Con su revolución en el cartapacio.

Pertenezco a aquellos que creyeron que Hugo Chávez, en esta particular circunstancia,  se desempeñaba en el rol de lo que Molière llamara “le malade imaginaire”, el enfermo imaginario. Bajo la mise en scène de Fidel Castro y la producción estelar del G2 cubano.

En un operativo que llamé “misión resurrección”. Consistente, tal como lo ha hecho el mayor de los Castro, en desaparecer de la faz del planeta, provocar conmoción pública y reaparecer al filo de la desesperación colectiva para ser recibido en gloria y majestad como el hijo pródigo, ya al borde de la histeria. Tiempo suficiente, además, para volver a empaquetar la mercadería: un lifting, una cirugía estética, un new look para ver si engañaba a Cronos, el Dios del tiempo, el implacable. Ha sido el recurso con el que su íntimo amigo y compañero de aventuras Muammar Gadaffi ha refrescado su imagen, hasta ahora, cuando los dioses del desierto le vuelven la espalda.

La realidad parece desmentirme. La realización de la asamblea cumbre de la organización con que el segundo de Fidel Castro imagina el futuro sin la OEA, el CELAC, pautada para el 4 y 5 de julio en la isla de Margarita, jugada maestra de los bolivarianos y del lulista Foro de Sao Paulo con la que pretenden desbancar a los Estados Unidos y al Canadá del tablero político latinoamericano,  ha sido cancelada el pasado miércoles 29 de junio. La razón clama a los cielos: Chávez está enfermo. Y no de cualquier minucia propia de personajes estresados – empresarios, artistas, periodistas, productores de televisión, políticos derrotados y jugadores de bolsa – tales como una gastritis, colon irritable, mareos súbitos, torsiones musculares, obesidad y desmayos causados por la acumulación de acosos existenciales. De ninguna manera. Chávez padece de cáncer. Por ahora, según se deduce de las informaciones que traspasando el espeso muro del secretismo propio de regímenes totalitarios han llegado a los medios nacionales e internacionales, no padece de un cáncer terminal y devastador, como los que suelen llevarse a los simples mortales en pocos días con la silbante ráfaga de un guadañazo. Pero no nos llamemos a engaño: un cáncer es un cáncer. No existe un cáncer benigno – ejemplar oxímoron -, como esos malestares que se guardan en el portafolios y nos sorprenden el día de mañana llegando a la oficina. Una acidez pertinaz e insoportable después de días de alcohol, sexo y fatiga.

Nadie ha dicho que el cáncer de Chávez, supuestamente de próstata con algún nivel de metástasis en otros órganos vecinos – se habla del hígado y del páncreas, incluso de sus huesos -, se lo llevará al otro mundo de un día al otro. Conozco a muchos que han sobrevivido años y años con un cáncer, de los aviesos y traidores.

Pero al día de hoy y a pesar de esa certidumbre debemos reconocer que casi todos quienes sufren de cáncer se invalidan para las grandes aventuras psíquicas, físicas y corporales a las que se sentían llamados. En la inefable pantalla espiritual de sus vidas se asoma la persistente, la tenaz, la aviesa sombra de la más antigua, más amarga y más extenuante de las certidumbres: la de la inmediatez inevitable de la muerte. En esos casos, ese tenue velo de la eternidad con el que convivimos en la sana inconsciencia cotidiana, se rasga como con un relámpago. Murieron las ilusiones.

Esto le, nos sucede, además, en el peor y más angustioso de los momentos del proyecto vital que ha convertido en esencia de su vida desde sus tempranos días en la Academia Militar. Le sucede cuando la llamada revolución bolivariana se derrumba en pedazos sin haber dejado a su paso una sola institución, una sola obra, una sola realidad imperecedera.

Como suele suceder con regímenes autocráticos sustentado en atributos absolutamente personales y azarosos del autócrata. La única que pudo sobrevivirle, la Constitución, ha sido envilecida, atropellada y ultrajada por sus mismos creadores.

En un país que siente animadversión congénita por el orden constitucional y se lo ha pasado pergeñando constituciones – ya van 27, mientras Estados Unidos tiene una con enmiendas e Inglaterra simplemente carece de ella  – difícilmente le sobrevivirá más de algunos meses.La asamblea nacional – sea escrito en minúsculas dada su bajeza – es infinitamente más venal, corrupta y despreciable que todas las que la precedieran en estos doscientos años de vida legislativa. Incluso la de Cipriano Castro, sobre la que Rómulo Gallegos escupiera su juvenil y corajudo desprecio hace más de un siglo. Y el partido que se sacó de la manga en medio del aluvión social que lo arrastrara al Poder, el PSUV, se volverá escenario de una guerra a dentelladas por la herencia de los despojos. En suma: estos trece años de despilfarro, desorden, odios, enfrentamientos y esperanzas yacen por los suelos. Tanto, que uno de sus más importantes artífices, el teniente Diosdado Cabello,  se ve en la obligación de señalar que sin Chávez, no queda, no quedaría, no quedará absolutamente nada. Como exclama el croupier cuando detiene las apuestas: fin de partie. Para comprender la magnitud de la confesión me imagino un solo escenario: ¿Stalin exclamando que sin Lenin se acabó la revolución bolchevique? Imposible.

Aún así, haberse mantenido firmemente montado sobre el alebrestado cimarrón que lo respalda no es poco para un ágrafo teniente coronel al que en la academia militar menospreciaban sin miramientos  apodándolo “el loco Chávez”.  Haber enfebrecido a un pueblo rebajado a pasto de sus ambiciones ha sido una proeza que pasará a la historia. Como tambiél pasará el hecho insólito y condenable de no dejarle un techo, un pan, un abrigo a pesar de haber contado en una década con la mayor fortuna jamás conocida en la historia de Venezuela desde su descubrimiento. Ni siquiera le entrega una auténtica Nación en la que cobijarse. Sólo un recuerdo vaporoso y difuso que el viento irá esparciendo en el olvido como el sueño de una larga, interminable, pesadillesca noche de verano. Pues todo lo que sobrevive en instituciones, en infraestructura, en desarrollo económico, cultural y social ha sido obra de los cuarenta años que lo precedieran. Y que el más feroz de los embates no ha podido terminar por destruir.

Es esencial que las élites lo comprendan y se preparen a actuar en concordancia: Venezuela, desde el 10 de junio de 2011, día en que se le operara en La Habana de un absceso pélvico producto de una prostatectomía, ya es otro país. Chávez no está muerto ni posiblemente lo estará en años. Le ha sucedido algo peor, porque es menos glorioso: se nos ha vuelto súbitamente inútil, obsoleto. Temeroso, frágil y quebradizo. Ya es tarde para parapetar de urgencia una nueva realidad pariendo de la noche a la mañana una revolución armada, socialista, bolchevique, heroica e impoluta como la que naciera en la Sierra Maestra y muriese a poco andar de un brutal totalitarismo caudillesco y autocrático. Tal como lo pretende Adán Chávez, patética y lamentable parodia de Raúl Castro, el comunista de la familia. Nunca segundas partes fueron buenas.

La oposición debe descifrar las claves de este nuevo país.

Y observar con atención al estado de excepción que se agudiza tras este providencial suceso. Un atentado del destino ha fracturado las bases del Poder caudillesco que sostenía la farsa revolucionaria. Desde luego, y visto en la gran perspectiva del Poder y la Historia, no se trata de mantener la ficción electoral sometiéndola al estrés del apuro y la precipitación. Se trata del aprehender y comprender en toda su magnitud el momento crucial que vivimos, el Kairós (καιρός) que llamaban los griegos: ese instante único e irrepetible por el que se nos cuela lo nuevo, lo inédito en la historia. El problema, así como el desafío, son trascendentales. Se trata de asumir la responsabilidad del Poder y asegurarle a la Nación el futuro cuyas portones acaban de ser abiertos por el viejo topo. Lenin exigió en sus tesis de abril de 1917, cuando la parodia democrático burguesa intentaba gatear, “todo el poder a los soviets”.

Llegó la hora de exigir “todo el Poder a la Democracia” y proceder de inmediato al delicado montaje de la transición a la nueva Venezuela.

Dios quiera que sea por medios electorales. Y que el fantasma del golpe de Estado que estará rondando las cabezas de los más afiebrados de entre los huérfanos de Chávez, ultima ratio de una revolución que se desbarranca, sea impedido por la sensatez de nuestras élites civiles y uniformadas. La Patria lo demanda. La decisión está en nuestras manos.

Fuente: Enfoque 365 (Venezuela)

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miércoles, 19 de enero de 2011

“HOY ES EL TIEMPO DE LOS OFENDIDOS”. ZENAIR BRITO CABALLERO

Me pregunto, mientras veo a mis dos nietas y a mis dos nietos que, con sus juegos sin reglas tiranas, me recuerdan a mí misma cuando era niña- ¿Cómo es posible que este gobierno siga queriendo imponer a los venezolanos y venezolanas un sistema socialista-comunista que se basa, porque no tiene recursos inteligentes, en el engaño más burdo, más torpe e incapaz “en la animalada” –diría mi papá-, en el “madrugón”, para expropiarnos lo último que poseemos: los servicios básicos que nos convierten en ciudadanos modernos? ¿Cómo es posible que hayamos olvidado tan rápido, tan sin dolor, tan sin sentimiento de culpa, toda la degradación social, moral y política por la que ha pasado el país en estos casi 12 años de gobierno revolucionario y que socialista-comunista, y permitamos que el hambre, el desempleo, el desabastecimiento, la corrupción, el aumento de los productos de la canasta básica y la pobreza siga siendo el correctivo que el patrón usa para callarnos los puños y maniatarnos los ojos? 

Me resulta duro ver cómo miles de trabajadores del sector público, miles de estudiantes universitarios, miles de educadores, miles de médicos, miles de militares, miles de profesionales de todas las áreas del saber y algunas ONG (que se lucran, muy bien, de las necesidades del pueblo administrando su pobreza) se hacen los sordos útiles en la lucha contra todos estos aumentos, como si no supieran que todos los asalariados (y los pobres no asalariados) saldrán perjudicados; como si no supieran que son “los ofendidos”. 

¿Será, acaso, que en algún momento de la vida nos convencieron que “a mayor calamidad, mayor venezolanidad”? ¿Cuándo fue que llegamos a creer que se es más venezolano o venezolana a medida en que uno se parece más al “coronel que no tenía quién le escribiera”? ¿Será posible que, a estas alturas de la miseria, todavía creamos que la clase política dominante es una especie de Ebenezer Scrooge -tal como lo propuso, en su delirio utópico extremo, Dickens- que quiere fundar, en nuestro beneficio, un “país más justo”? 

Estoy convencida, que lo que define a los y las venezolanas, en particular -y a los latinoamericanos, en general- son los tipos de gobierno que tienen, pues, de alguna forma que puede resultar tenebrosa, son esos gobiernos los que definen la conciencia política, los valores, las creencias, la historia. 

Parece cruel, pero, así es, sobre todo en los períodos electorales que siempre buscan estrenar nuevas formas de manipulación de la necesidad, como aquella que quiere convencernos que la solución a la corrupción, explotación y represión de las ilusiones está en las Leyes aprobadas  en tiempo record por los rojos rojitos antes del pasado 31 de diciembre de 2010  y otorgarle 18 meses de una Ley Habilitante al Presidente para que sea él quien legisle y no la Asamblea Nacional.. ¡Qué voluntad! 

En realidad, lo que pretenden hacernos creer es que lo malo del actual régimen político son las reglas del juego, y no el juego mismo, para evitar que nos broten fusiles y banderas en el alma. Ello me ha llevado, no sin cicatrices pavorosas ni sorpresas desagradables, a cuestionar mi propia inteligencia, mi valor social y a comprender que la realidad no se nos presenta originariamente bajo la forma de un hecho de intuición, de análisis y de fácil comprensión teórico-política, cuya antítesis orgánica es, por razones de aislamiento cognitivo, el sujeto abstracto que cree existir fuera del mundo y aislado de él, y, por eso, se le presenta como el espacio social ajeno en que ejerce su actividad práctico-sensorial, y sobre cuya base surge la intuición práctica inmediata de la realidad, que es su forma de adaptarse al contexto. 

¿Cuál fue el conjuro que nos hizo perder la inteligencia y la dignidad a los venezolanos (as)? ¿Cuál fue el juego, de cuando niños o niñas, que nos hizo ser lo que hoy somos?  A lo mejor, el juego “a la víbora, a la víbora de la mar”, lo confundimos con: “que se frieguen los últimos” y, por eso, permitimos que la pobreza consuma nuestro pueblo, o que las leyes encarcelen a inocentes como los diputados no juramentados y el encarcelamiento de la jueza Afiuni porque discrepan del gobierno y dejen en libertad a quienes roban millones. Pero, ¿Será mejor ser tonto para que la realidad no duela tanto? ¿Será esa la mejor estrategia para ignorar una realidad dura que los tontitos de traje superficial cambian -desde el monopolio implacable del cristal amarillo, que quiere ser la Caverna de Platón- por una irrealidad que nos es presentada en las noticias? 

Yo, Zenair, al igual que muchos de mis lectores, no acepto ese destino, pero, lamentablemente, he de reconocer que son muchos, que son demasiados, los que sí lo aceptan, para parafrasear, de alguna forma, a Facundo Cabral. Sin embargo, está aun la esperanza, la fe, la expectación, podemos aprender de nuevo a ser buenos, a ser inteligentes, perspicaces, y lo único que necesitamos para ello es saber: que “hoy es el tiempo de los ofendidos”
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zenairbrito@mipunto.com
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jueves, 13 de enero de 2011

YOANI SANCHEZ : MENSAJE AL RECIBIR EL PREMIO PRÍNCIPE CLAUS

No podemos quedarnos sólo en la denuncia de la intolerancia, en la descripción de lo que no funciona o con el dedo señalando hacia lo que no nos gusta. Es tiempo ya de empezar a cambiar.

Buenas tardes a todos:

Al embajador holandés, que ha prestado tan atentamente su casa para esta ceremonia, a los miembros de la Fundación Príncipe Claus que han organizado la entrega de este premio, al cuerpo diplomático, a mis familiares, mis amigos, a los bloggers aquí presentes y también a los
lectores, comentaristas y traductores de mi blog que están atentos a este momento desde el ciberespacio. Un especial saludo a los otros premiados en la edición de 2010 de este importante galardón. En fin, a todos, les agradezco el acompañarme física, virtual o espiritualmente en esta jornada.

Las palabras que diré ante ustedes esta tarde están imbuidas —en parte— de esas experiencias que he vivido en los últimos tres años, desde aquel abril de 2007 en que comencé a escribir mi blog Generación Y. Podría dedicar largos minutos de esta alocución a hacer hincapié en las escenas que componen lo que yo llamo “mi ruta del dolor”; ese sendero tortuoso que he recorrido por el hecho de comportarme libremente en un país lleno de máscaras. También podría reducirme a la narración lastimera de la estigmatización, la vigilancia constante, la presión sobre mi familia, la satanización en mi comunidad, las citaciones policiales y hasta el ataque físico. Sin embargo, no voy a centrarme en esos obstáculos, sino en la otra ruta, la de la gratificación, la de la realización personal y los proyectos futuros.

Esa parte hermosa del sendero que comienza en cuanto salgo a la calle y alguien —venciendo el miedo— se me acerca y me dice “te leo”, “continúa”, “resiste”. Se completa además con la gratificación de que cada día un número mayor de mis compatriotas busca mis opiniones, rebate o simpatiza con mis puntos de vista, y también ahora son más lo que utilizan la herramienta de un blog para expresar en la Cuba virtual la discrepancia aún penalizada en la Cuba real. Ese camino del crecimiento profesional y cívico es el que quiero que compartamos juntos.

El Premio Príncipe Claus es un galardón que mira hacia adelante, un estímulo que invita a realizar sueños y a plantearse metas más elevadas. Este 2011 puede ser el escenario para concretar algunos retos periodísticos con los que fantaseo hace un buen rato. Nuestra Isla está urgida de argumentos, de polémicas e informaciones.

No podemos quedarnos sólo en la denuncia de la intolerancia, en la descripción de lo que no funciona o con el dedo señalando hacia lo que no nos gusta. Es tiempo ya de empezar a cambiar.

Para los que nos negamos a que otro ciclo de crispación y desconfianza se cierna sobre nosotros, es también el momento de hacer algo, aunque sea pequeño. Me gusta trabajar con la escritura, la noticia, el texto y siento que mi lugar está justamente en los kilobytes, las páginas de los periódicos, el mouse y el teclado. Lo cual no significa que vaya a encerrarme en la torre de marfil de la escritura, sino todo lo contrario. El verbo no tiene que comportarse siempre como una barricada o como un adoquín lanzado; afortunadamente la palabra logra convertirse también en un bálsamo muy eficiente sobre una nación acongojada.

Creo en la medicina de la libertad informativa, de la imperfecta democracia que algún día los cubanos lograremos poner en práctica en nuestro país. Soy una soñadora, ya lo sé, pero todos ustedes que están aquí también lo son…y no somos los únicos.

Este año el monopolio estatal sobre la información verá como le surgen algunas nuevas grietas. Cualquier blogger de provincia, armado apenas con su teléfono móvil, podrá poner en jaque a los periódicos oficiales, podrá transmitir directamente hacia la Web sus textos, fotos, audios y videos. Me gusta decir, mitad en broma y mitad en serio, que si los cubanos supimos inventar el picadillo de carne sin carne, allá en los años más duros del Período Especial —cuando lo hacíamos con cáscara de plátano— ahora estamos inventando la Internet sin Internet. Desde esos pequeños artilugios celulares, hemos aprendido a completar el espectro informativo que sale de esta Isla.

Me siento también misionera del credo de difundir por todo el territorio nacional esos conocimientos y herramientas que nos harán libres. Porque cada uno de nosotros podemos llegar a ser nuestra propia agencia de prensa, sin patrones ni censores. A eso he dedicado también los últimos meses, con la magnífica experiencia de una academia donde se graduaron 27 estudiantes y cinco profesores, de los talleres, las conferencias temáticas y la asesoría a los que recién abren un nuevo espacio web. En los próximos meses pienso extender también el alcance de estos cursos. El virus blogger terminará por contagiar a miles de cubanos.

El sueño más difícil —y por eso también el más recurrente— es la creación de un nuevo medio de prensa. Muchos de los que están hoy aquí presentes son, aún sin saberlo, los futuros redactores, fotógrafos y corresponsales de ese periódico. Sin ustedes no será posible. Sin el talento y la energía que pueden insuflarle a las páginas de ese proyectado espacio informativo, todo se quedaría en la ensoñación de una pequeña blogger. De manera que estas breves palabras también son para decirles: ayúdenme, acompáñenme en la impredecible aventura de empoderarnos como ciudadanos, de comportarnos libremente en un país lleno de miedos, pero háganlo sin perder en el camino esas diferencias que alimentan nuestra pluralidad y evitan el conocido error de la unanimidad. Hay espacio para todos en este proyecto. Es más, sin ustedes no podría lograrlo.

Muchas gracias,

Yoani Sánchez
La Habana, 7 de enero de 2011

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miércoles, 22 de septiembre de 2010

CONCIENCIA EN VOTAR. ALBERTO JORDÁN HERNÁNDEZ. CON VOZ PROPIA

Las elecciones de este domingo tienen una importancia que la propia sociedad ha puesto de manifiesto a través de los sondeos de opinión, los cuales revelan que el interés prioritario está en la selección de la Asamblea Nacional (AN) para el período 2011-2016

No restamos importancia al Parlamento Latinoamericano (Parlatino), entre cuyos propósitos proclama “Contribuir a la afirmación de la paz, la seguridad y el orden jurídico internacionales, denunciando y combatiendo el armamentismo y la agresión de quienes sustenten la política de la fuerza, que son incompatibles con el desarrollo económico, social, cultural y tecnológico de los pueblos”. Pero en nuestro territorio la AN, además de legislar, tiene entre sus funciones las de controlar al Gobierno y la Administración Pública.

Desde las primeras elecciones democráticas limpiamente realizadas en 1958 después del derrocamiento de la dictadura militar, hasta las de 1983, Venezuela mantuvo un promedio de participación electoral del 91.5%. Según ponencia de José Molina Vegas, del Centro de Investigaciones y Estudios Políticos de la Universidad del Zulia, figuraba en quinto lugar en las 28 democracias del mundo.

La participación vino en declive y en escogencia de la AN y Parlatino a renovarse este 26S, se registró una concurrencia del 25%; es decir abstención fue del 75%.

Las encuestas predicen que el proceso de este domingo tendrá elevada participación. Uno de las últimas consultas indica que el 92% valora a la AN entre muy importante (77%) y algo importante (15%). Sólo para un 4% es poco importante.

Es que, tal lo expresó la Conferencia Episcopal ante elecciones de 1998, el voto “Para los ciudadanos y más aún para los cristianos… es un derecho y un deber, es un derecho irrecusable y un deber ineludible... el voto que demos los venezolanos será el que enrumbe los destinos de la nación. Por eso debemos estar guiados no por una emotividad irracional, sino por la conciencia y la responsabilidad personal que nos lleva a elegir a quienes sean capaces de ejercer una auténtica representación, de prestar un servicio para el bien común y de buscar armonía y colaboración en el respeto al pluralismo"

Algunos analistas estiman que en el actual proceso electoral la abstención no superará el 30%.

El Arzobispado de Caracas en comunicado firmado por el Cardenal Jorge Urosa Savino y los Obispos Auxiliares, advierte:

“No podemos abstenernos. Se trata de fortalecer la democracia y garantizar el futuro del país. Es la hora de la participación activa, decidida y solidaria para promover la fraternidad, la inclusión de todos sin discriminación alguna, la libertad y la justicia. ¡Es la hora de votar!”

Como medida de seguridad asienta:

“El voto es secreto. Solo Dios sabrá por quien votaremos. Por lo tanto, no hay razón para el temor ante amenazas indebidas. El voto libre y en conciencia es un derecho y al mismo tiempo una obligación cívica y también cristiana”.

Y como en su primer artículo la Carta Magna establece que nuestra Patria, irrevocablemente libre e independiente, fundamenta su patrimonio moral y sus valores de libertad, en la doctrina de Simón Bolívar, invoquemos a El Libertador elector:

Mi voto es sincero porque no tengo envidia de nadie.

NOTA MARGINAL: La incapacidad de la gerencia del servicio eléctrico acusa de sabotaje de la oposición los apagones, que según el Centro Nacional de Gestión, se vienen incrementando progresivamente. A tres meses de concluir este año, se han más que quintuplicado en relación con 2009. De 140 registrados ese año, en el presente hasta el este mes de septiembre llegan a 789. De ser saboteo, confirma el caos.

albertojordanhernandez@yahoo.es

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sábado, 18 de septiembre de 2010

¿HORA DE UNA REVOLUCIÓN LIBERAL?, HECTOR A. MARTINEZ

Estamos en pleno siglo XXI y los partidos tradicionales han comenzado a padecer de fatiga política, síntoma propio de esa etapa institucional que es precisamente, la senilidad doctrinaria. Y es que, aún con los resabios que los viejos nos heredaron, las nuevas generaciones ya no queremos pintarnos del color de esos bandos cuya

s banderas han flameado en la campiña latinoamericana al son de la perorata del bullanguero “líder” del partido. En Honduras, el ADN partidista ha comenzado a desnaturalizarse y es natural que ello suceda: si a estas alturas los políticos siguen pensando que los mensajes que inducirán a los votantes a seleccionar a los “elegidos del pueblo” puede ser el resultado de una teoría pavloviana de causa-efecto, encaramada en el perverso marketing social, están milenariamente equivocados. Los votantes necesitan que una organización política se defina en su pensar y en su actuar porque, para ambivalencias, ya tenemos suficiente.

Y de la imprecisión no escapa el Partido Liberal de Honduras que, desde luego, resiente el deterioro. La disolución de la fórmula centenaria que sus padres fundadores le inyectaron, ha comenzado a surtir su efecto decadente. Para ser optimistas, de la concepción originaria de Céleo Arias y Policarpo Bonilla, o mejor aún: de Ramón Rosa y Marco Aurelio Soto, apenas queda un vago recuerdo. El credo fundador que fue una “exaltación de la

libertad y de los principios enaltecedores de la dignidad de la persona humana”, según reza la historia de ese partido, ahora sólo adorna panfletos. Y es que el problema sigue siendo la definición del rumbo. ¿Sabrán sus integrantes, veteranos y jóvenes, lo qué significa ser “Liberal”? Porque la militancia no basta si no se entiende ni se practica una doctrina. Orgullo para los liberales es afirmar que el PL es un partido pluralista, que abre puertas a todos los ideales y tendencias sin distingos, y ahí radica su crisis actual y la amenaza de un hipotético desmembramiento. Preguntamos, el pensamiento y doctrina del PL: ¿Deberá ser clásico; conservador o radical? Porque si se tiran por la primera opción, deberán hacer toda una revisión filosófica que obviamente deberá traducirse en un planteamiento sobre la economía de mercado, resguardada por una democracia no menos liberal. Y digo revisión porque, aunque la estructura demo-liberal sea el modelo adoptado en Honduras, el funcionamiento del mercado y de la democracia actual dista mucho de ser “liberal” en el sentido clásico de la acepción. Me imagino que esto provocaría reacciones negativas para evitar ser tachados de “neoliberales” por lo que buscarían una tendencia más centrista como la que hoy ostentan. Si el centrismo impera, la inclinación seguirá siendo una postura ambivalente que tanto daño le ha hecho al país cuando se le otorga “in sacris” una prioridad al Estado en la resolución de los problemas sociales y económicos y la empresa privada seguirá siendo algo menos que un feudo. Pero este estilo ¡ay! seguirá siendo el patrón hasta ahora practicado porque es el cuño que ha promovido una substancia heterogénea de izquierdistas y conservadores en el PL que no sabe a nada, más que a un populismo execrable. Un unto de profesionales universitarios de clase media calados en “tuxedos” que hablan de economía de mercado y de doctrinas clásicas, siempre y cuando se apliquen bastante lejos de nuestro país.

Y siempre habrá chance para las tendencias radicales como la que se ha colado actualmente –recuerde que el PL es pluralista-. Pues bien: de aquella ala izquierdista de antaño, tampoco queda nada: jóvenes empresarios; profesionales ex militantes del FRU, con una visión más conservadora, se han extinguido. Ahora contamos con una remesa sureña de refundadores que se han valido del partido para concretar otras ideologías enemigas del liberalismo, de la democracia y sus instituciones. Compare el pensamiento de Patricia Rodas con el de su padre y se va a dar cuenta de la sustitución abominable de un pensamiento alejado de la doctrina original. Socialismo y liberalismo son incompatibles.

Mientras se deciden, debemos recordarles a los dirigentes liberales que ya es hora de modernizar al partido con una concepción que vaya más allá de la teoría trazada en los viejos idearios. Que aunque las libertades individuales siguen siendo el progreso de una sociedad y la consolidación de un Estado de Derecho, la realidad exige el respeto por un mundo donde los individuos sean iguales ante la ley, sin que existan privilegios ni distinciones para algunos, ni la falta de oportunidades para otros. Y eso mis amigos, significa hacer una revolución que vuelva inmune al partido contra la infección de cualquier alimaña ideológica que se precie de ser “liberal”. Porque entonces van a seguir cayendo en el error que ya cometieron un día y que les está costando peligrosamente hasta la propia existencia.

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sábado, 7 de agosto de 2010

HORA CERO, AMERICO MARTIN, EL NUEVO HERALD

Entre la segunda mitad del siglo XIX y la caída del llamado Muro de la Ignominia (noviembre de 1989) el lenguaje apocalíptico ensordeció al mundo. Refiriéndose a los soviéticos y por extensión a todas las autocracias militares, Arnold Toynbee les atribuyó una variante también apocalíptica, la manía o psicología del sitiado: ``Una ciudadanía movilizada permanentemente en campañas, batallas, victorias''. Y --me permito agregar-- con promesas heroicas sospechosamente abundantes: ¡el año de la victoria final!, o ¡el año del colapso definitivo del imperialismo! Las fechas arriba indicadas son convencionales porque a voluntad pueden extenderse en el tiempo. Toynbee las remontaba a la era de Licurgo.

Cualquiera comprende lo que quieren solapar estas movilizaciones, tan idóneas para arrollar las dudas con el estrépito de las consignas. Pero dado que fue el socialismo real el que vivió en fecha cierta su hecatombe, el lenguaje de todo el diapasón político devino --más allá de razones o sinrazones-- sereno y argumentativo.

No obstante, por lo menos dos líderes siguen atados a aquel estilo estridente, removiendo escombros y actualizando temas que estaban ya en el museo de antigüedades, junto a la rueca y el cuchillo de obsidiana.

Uno es Fidel. Volvió o lo hicieron volver a la palestra envuelto en visiones desconectadas incluso del paisaje cubano. Fidel no se retrata con Raúl, va a la Plaza Martí cuando aquel guarda silencio en Santa Clara, no menciona para nada los angustiosos temas de la reforma y los presos, que ocupan las horas del otro. ¿Cómo suplir, aplacar o solapar el complejísimo esfuerzo de realismo que exhiben los interesados en un cambio? ¿De qué otra manera sino volviendo al apocalipsis? Fidel sólo habla de la inminente catástrofe nuclear, y lo seguirá haciendo hasta regresar a su lecho de enfermo como una estrella nova, de luz y sombra instantáneas.

Para que su prédica no fuera como el chascarrillo de ``hoy no fío, mañana sí'', se atrevió a pronosticar que el mundo estallaría bajo envenenadas nubes atómicas antes de que culminaran los cuartos de final del mundial de fútbol. Llegaron y pasaron los cuartos de final, la semifinal y la final y nada, el mundo siguió sumergido en sus problemas habituales. ¿Creerán ustedes que --si no guardó silencio, cosa imposible-- el hombre cambió de discurso? Para nada. Fidel sigue con su tema y lo notable es la ausencia de corifeos. Todavía caminan con él, pero se cuidan de repetirlo.

El otro es Chávez, cuyo historial apocalíptico es de larga data. Ha denunciado magnicidios y golpes en su contra tantas veces como invasiones de yanquis, colombianos y hasta holandeses. Pero lo último es la nueva guerra con Colombia, justamente mientras el escándalo de los alimentos podridos pica y se extiende. Otros lo relacionan con asuntos que le arrebataron el sueño, tales como la delincuencia, el crecimiento menos cero, la inflación más alta de las tres Américas y, en lugar prominente, las elecciones de septiembre, que lo castigarán con votos, no con balas.

La guerra será ``defensiva''. La desatarán dos demonios: Uribe y Obama. Chávez aprovecharía para cargarse a los apátridas mientras ``con una lágrima en el corazón'' adelanta sus preparativos bélicos. Del otro lado, sorna y silencio. En medio de la indiferencia general, Chávez hizo vibrar los tambores de la guerra y anunció un alerta amarilla para la suspensión inmediata del envío de petróleo al imperio. Un suicidio que por supuesto no cometerá. ``Alerta amarilla'' repitió Rafael Ramírez, el de los alimentos descompuestos. ¿Pero cuándo reventará la trágica conflagración? Pues hombre, antes del día de la toma de posesión de Santos.

La hora cero, pues, es hoy sábado 7 de agosto. ¡Todos a sus trincheras y refugios!

AMERMAR@GMAIL.COM

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domingo, 24 de enero de 2010

HORA DE CAMBIAR, INVITACION PARA EL 30 DE ENERO 10:30 AM


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domingo, 16 de agosto de 2009

*VENEZUELA DESPIERTA, LA HORA HA LLEGADO. CARLOS VILCHEZ NAVAMUEL, DESDE COSTA RICA

El título de este artículo es un clamor de esperanza, un llamado especial a todos aquellos venezolanos que aun no están convencidos que es posible ganar las próximas elecciones contra todos los pronósticos oficiales. Es un llamado a aquellos ciudadanos que sienten desidia por ir a votar, o que no lo han hecho por pensar que el gobierno va hacer trampa.

Este grito es un llamado de la patria a usted estudiante, profesional, carpintero o General, Cabo, o Sargento, a todos los que prestan el servicio militar, al ama de casa, al taxista, a la secretaria, al panadero, al médico, al profesor, al ingeniero, es un llamado a todos los trabajadores, a los que gobiernan al país, a los opositores a que se unan, es un llamado a todos los venezolanos.

Venezolano despierta, la patria está en tus manos, luego puede ser muy tarde, los botones rojos están encendidos, los comunistas están por doquier, como bien lo afirma en este mismo Blog Oswaldo Álvarez Paz en su artículo del Jueves 13 de Agosto de 2009 con esta frase: “Hugo Chávez no es un demócrata. Tiene un espíritu subversivo enfermo incurable de tiranía, sin capacidad de rectificación ni propósitos de enmienda. Autócrata con vocación totalitaria ideologizada por ese socialismo del “siglo XXI”, nueva versión del comunismo a la cubana probadamente fracasado, que pretende imponerle a nuestros países.”

Venezolano despierta, es hora de cambiar a este presidente autoritario, confrontativo, patán y al presidente más mal educado que haya tenido Venezuela en toda su historia, es hora de cambiar al hombre que ha sembrado el odio en la familia venezolana, es hora de cambiar al hombre que ha despilfarrado el dinero de los venezolanos comprando conciencias en otros países.

Venezolano despierta, es la hora de empezar a reconstruir la Venezuela de todos los venezolanos, la Venezuela que desea vivir en libertad, la que produce, que no propicia el odio, la Venezuela del futuro. Una Venezuela más equitativa.

Venezolano despierta, piensa en el futuro de los niños y jóvenes, piensa muy bien que es lo que quieres para ellos, porque este gobierno lo único ha hecho es sembrar odio entre las familias, piensa en ellos ahora, porque mañana puede ser muy tarde.

Venezolano despierta, no te dejes engañar, en los últimos diez años este gobierno ha recibido la mayor cantidad de dólares de toda la historia por sus exportaciones, sin embargo la pobreza y la criminalidad siguen bajar.

Venezolano despierta, la hora ha llegado, es el momento de la unión de toda la oposición, es el momento de trabajar desde ahora para culminar con éxito la próxima y quizás la última “batalla” electoral, empieza por hablar, por convencer al amigo, al familiar y al vecino que tienen que ir a votar, recuerda, ese porcentaje de abstencionistas tiene que bajar considerablemente en los próximos comicios electorales, es allí donde está la clave para ganar y despertar de esta pesadilla.

Venezolano despierta, las últimas elecciones las ganó la oposición por que al fin decidieron hacer un frente común contra el autoritarismo, contra el despilfarro, contra el populismo, y contra leyes comunistas que quieren imponer a ritmo de tambor.

Despierta Venezuela, la hora ha llegado, unidos la patria del libertador resurgirá.

http://carlosvilcheznavamuel.blogspot.com/
vilchez.carlos@gmail.com
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