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martes, 10 de mayo de 2011

DOCTRINA DE LA GUERRA COMUNICACIONAL CHAVISTA: EL ENEMIGO INTERNO. ANDRÉS SIMÓN MORENO ARRECHE

Una nueva concepción doctrinaria acaba de ser añadida oficialmente al Manual de la Guerra Comunicacional que se adelanta desde el Comando Estratégico Operacional –C.E.O.- de la neo dictadura chavorrevolucionaria (Teodoro Petkof dixit). 

Se trata de la conceptualización de enemigo interno, que más allá de su aplicación nefasta, cuyo origen se remonta a la Escuela de las Américas que los Estados Unidos establecieron en el fuerte Gulick, en Panamá, viene a integrarse como pieza clave de la nomenklatura oficial, con la que el régimen del teniente coronel iniciará el procedimiento de ‘ablandamiento conceptual’, paso necesario en la construcción de una matriz de opinión con la que, nuevamente, intentará polarizar al país mientras en simultáneo genera un escenario ficticio, una especie de rizo caótico envolvente, para que las oposiciones se desgasten, y como lo aconseja la milenaria estrategia china Jie dao sha ren ‘matar con cuchillo prestado’ matará, figurativamente hablando, a las oposiciones con un cuchillo facilitado por ellas mismas, que en nuestro caso es la incorregible manía de caer en la diatriba estéril, una afición que se estimula también desde la MUD.

El término enemigo interno, también señalado como ‘enemigo endógeno’ no es, como vemos, ni original ni nuevo. Lo novedoso del asunto es que ahora es oficial. Con él se institucionaliza, desde el régimen y su partido, un nuevo apartheid social, aún más terrible y grave que las tristemente célebres listas Tascón y Maisanta, porque no requiere del soporte ¿didáctico? de una lista. Basta que alguien (incluso de su bando) manifieste inconformidad o disenso con ‘las líneas de Chávez’ que son las mismas del todo el régimen, para que pueda ser señalado y hasta acusado de enemigo interno... proyanki... etc. en un ‘tribunal comunal’. 

Así mismo como lo leyó: en un ‘tribunal comunal’. Lea a entre líneas y con detalle la pomposa Ley de las Comunas y podrá deducir que tal exabrupto legal está de anteojito... Casi que sugerido por el legislador.

Y la oficialización del término, como parte de la doctrina de la guerra comunicacional del régimen, viene de la mano del mismo general multisoleado, Henry Rangel Silva, a la sazón comandante del CEO, el mismo aquel que afirmó que, aunque la oposición triunfare en las elecciones del 2012, los militares desconocerían tal renegado triunfo, por considerarlo ‘atentatorio’ contra el espíritu socialista de la fuerza armada nacional, convertida desde ese mismo instante en guardia pretoriana del comandante-presidente. 

Si algo hay que reconocerle a los actuales actores del régimen cuasi dictatorial es que, con la mano férrea de su caudillo, adelantan paso a paso, sin prisas pero sin pausas, la consolidación del régimen, utilizando para ello las estrategias y las tácticas de la moderna confrontación, la guerra de cuarta generación, una denominación dentro de la doctrina militar que es fundamentalmente propagandística y que comprende a la guerra de guerrillas comunicacional, diversos planteamientos comunicacionales tomados de la guerra asimétrica, la comunicación persuasiva de baja intensidad, las hostilidades de la descalificación y la guerra sucia y el terrorismo de Estado, todo ello en combinación con estrategias no convencionales de combate ideológico que incluyen medios no convencionales de comunicación persuasiva con la población civil y la promoción de la autocensura de los medios masivos, ‘inducida’ por el resultado de la confiscación írrita de otros medios.

El novedoso pensamiento militar revolucionario oficializa el término enemigo interno con un propósito múltiple: El primero de ellos es que re oxigena la ya desgastada dualidad entre patriotas y escuálidos, que en su momento sirvió para la necesaria polarización social, especialmente para cohesionar bajo el ala patriótica a los segmentos poblacionales D y E, mayoría electoral a la que se le asoció el término patriota con los beneficios (hoy comprobadamente inútiles) de unas misiones. Así les funcionó el ensamble semántico, hasta que la realidad se hizo tan evidente que la dupla patriota – misiones se embadurnó con las heces, públicas y notorias, de su ineficiencia. La percepción, (verdadero escenario de la guerra comunicacional) les obligó a implementar tácticas dilatorias y de ‘diversión’ que en la terminología militar consiste en la acción de distraer o desviar la atención y fuerzas del enemigo. De esa necesidad surgieron, como puntuales maniobras distraccionistas los muchos magnicidios ficticios, las envalentonadas amenazas al imperio yanqui, a las que solo faltaron el rastrillar del machete de Noriega y la inclusión en el diccionario de la nomenklatura, de términos como guerra asimétrica.

El enemigo interno o enemigo endógeno es otro de esos términos de nuestro particular ‘folk’ revolucionario. Es la tropicalización chavista del ‘enemigo único’, la regla propagandística con la que Joseph Goebbels arreciaría la campaña comunicacional persuasiva de apoyo a la discriminación y el posterior extermino de 6 millones de judíos, ‘diversión’ táctica que sirvió como cortina de humo comunicacional para avalar uno de los más perversos genocidios de la humanidad, cuyo resultado práctico conocemos hoy como ‘El Holocausto’. Sostiene Jean-Marie Domenach, en la página 56 de su texto ‘La Propaganda Política’, (Capítulo V – Reglas y Técnicas)   que la regla de la simplificación y del ‘enemigo único’...”Se tratará, en la medida de lo posible, a ese lote ínfimo de adversarios reconocidos (recuérdense los términos ‘escuálidos’ y ‘victoria pírrica’)- como una sola categoría inferior, como si se tratara de un individuo”. No es, por lo tanto, ni casual ni descontextualizado, que el régimen haya oficializado doctrinariamente el término enemigo interno. Es una más de las designaciones ‘inesperadas’ en las que se confunden como en un intragable menaje semántico lo más perverso del apartheid, los presuntos beneficios ofertados en una política social y la filosofía de una ideología aberrante.

En la explotación comunicacional del enemigo interno subyace una táctica de extraordinaria eficacia política y también psicológica: consiste en asignar al adversario la violencia y los errores propios, en una exhibición que desconcierta a las audiencia, desconcierto útil y necesario para que el líder del proceso pueda realizar de manera pública, pero velada por las apariencias, una catarsis de sus insoportables pecados, y al mismo tiempo una auto purificación de sus odios internos al ventilarlos públicamente, aun cuando se los endilgue al otro, que en este caso es el enemigo interno. 

La confesión de Hitler a Raushning corrobora esta regla, tal y como nos lo relata P. Rainwald: “Todos llevamos el judío en nosotros, pero es más fácil combatir al enemigo visible que al demonio invisible”


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viernes, 6 de agosto de 2010

¡ATENTOS TODOS!, JUAN DIEGO Y SUS REFLEXIONES, JONATHAN HUMPIERRES

El divisionismo y el escándalo mediático son estrategias maestras del desgobierno al cual estamos textualmente sometidos los venezolanos.

Es casi un patrón crónico y metódico utilizar como táctica divisionista el alboroto neurálgico de la polémica planificada. Es ingenuo pensar que cada acontecimiento grotesco al que estamos expuestos no tenga un plan estratégico con el fin único de diluir nuestra atención.

En estos 11 años de retroceso, los escándalos han sido política de Estado; cada nuevo evento, idea o acción extrema por parte del líder bolivariano nos horroriza de manera espeluznante. Exclamamos a viva voz ¡ahora sí que está tumbao!, ¡el pueblo no tolerará más esto!, ¡los militares se alzarán! ¡Éste es su final!, ¡los norteamericanos no lo permitirán! Estas frases que son íconos de quienes, en teoría, somos opositores del caos revolucionario, son de una inocuidad absoluta. Habría que preguntarse: ¿de qué pueblo hablamos?, pareciera que fuéramos extranjeros y que nuestra visión es de analistas distantes que no se mojan los pies con lo que realmente es nuestro, así que debemos empezar por reformular los cuestionamientos y asumir de una buena vez que pueblo somos todos.

A este desgobierno, no le quita un segundo de sueño el escándalo burdo y putrefacto, más bien lo estimula y lo aprovecha con astucia plena. Insisto una vez más, la gran obra del comandante rojo es que encontró la clave precisa para el manejo de la psique criolla. Los venezolanos somos y seremos de memoria estrecha y corta, nuestro país es una especie de isla de la fantasía donde todo puede ocurrir y olvidarse en un abrir y cerrar de ojos.

La popularidad descendente de este gobierno, no es producto de los eventos grotescos que nos dejan boca abierta, mucho menos tiene que ver con patrones de moralidad que sentimos que nos ofenden, eso en el reino de la doble moral donde todos, en mayor o menor grado, tenemos lazos de complicidad frente a lo que nos está sucediendo, es completamente anodino. Aquí el desenlace final lo dictará únicamente la niña desobediente con quien no puede este régimen, que no es otra que la propia economía.

Mientras discutimos y nos alarmamos con la exhumación de Bolívar, el país está en caída libre acelerada con un aparato productivo casi detenido por las dificultades cambiarias.

Igualmente cuando nos anuncian que estamos próximos a un conflicto armado con Colombia, por supuesto con el empujoncito del imperio yankee, aquí la delincuencia suma cifras exorbitantes.

Un gobierno que tiene tutelado el poder judicial, no tiene nada de qué preocuparse frente a los actos delictivos que cometa, no le inquieta en lo más mínimo los miles de contenedores de alimentos podridos, ni los maletines de dólares, ni la corrupción efervescente. No tiene intención alguna de tapar tales desmanes, primero porque sería una obra de magia nunca antes vista, un acto de semejante magnitud es sencillamente asombroso y segundo porque en el fondo es una genial táctica para que perdamos el foco de lo que realmente nos atañe.

En este instante el llamado es al colectivo, nuestra mirada tiene un solo norte y es lograr una mayoría contundente en la Asamblea Nacional para iniciar el camino hacia la verdadera democracia. No caigamos en el juego de la ilusión, seamos disciplinados esta vez, caminemos firmes hacia nuestro primer objetivo, las elecciones del 26 de septiembre. ¡Atentos todos!

Jonathan Humpierres (Juan Diego)

Cantautor, músico y abogado venezolano

juandiegocd@yahoo.com

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CUANDO LOS TAMBORES DE GUERRA DESAFINAN, CARLOS MALAMUD

(Infolatam) Con suma tristeza el presidente Chávez le confesaba a Elías Jaua, su vicepresidente, que estaba revisando los planes de guerra de su país ante el estallido de un posible conflicto bélico con Colombia. La tristeza de Chávez podría deberse también a la suspensión de su viaje a Cuba para participar en los festejos del 26 de julio y encontrarse nuevamente con el ya repuesto, aunque sumamente avejentado, Fidel Castro.

Si bien la revisión estratégica se hizo casi en secreto, para no alarmar al país, el estado de ánimo y los planes guerreristas del mandatario bolivariano fueron propalados a todo el territorio nacional en una entrevista televisada. Más allá de lo anómalo que resulta que la persona a cargo del Ejecutivo se haga cargo de estas tareas prebélicas y no el Estado Mayor, habría que preguntarse por las posibilidades que tiene el actual conflicto bilateral de convertirse en una guerra abierta entre Colombia y Venezuela.

En los últimos días los tambores de guerra, que resuenan sólo de un lado de la frontera, han sido acompañados de movilizaciones unilaterales de tropas y armamento al potencial foco de conflicto. También por denuncias de violaciones del espacio aéreo por un helicóptero colombiano o movimientos de navíos y aviones estadounidenses cerca del territorio venezolano.

Los ecos de los tambores bélicos dejan traslucir insultos de grueso calibre. Poco después de anunciar, por dignidad, la ruptura de relaciones con Colombia, Chávez se refirió a la situación bilateral en los siguientes términos: “A una guerra con Colombia habría que ir llorando, pero habría que ir. Hago responsable al presidente Uribe, enfermo de odio, porque él se va caminando al basurero de la historia, para allá va directo. Ficha del imperio yanqui, terminó aislado en este continente”.

Chávez, en defensa de la dignidad y la soberanía nacional, estaría dispuesto a pagar cualquier precio frente a las agresiones foráneas. Pero, ¿hasta dónde está dispuesto a llegar realmente? Todo indica que la enésima apelación a las pulsiones nacionalistas venezolanas está directamente relacionada con las elecciones parlamentarias de septiembre próximo. A diferencia de lo ocurrido en 2005, cuando la oposición se hizo el harakiri político y se abstuvo de participar, entregando el control total del parlamento, en 2010 las cosas han cambiado. La oposición va prácticamente unida en la gran parte del país. Si bien hay que poner en cuarentena sus posibilidades de éxito por la ilimitada disponibilidad de recursos (económicos, mediáticos y de todo tipo) a disposición del oficialismo, la persecución de connotados líderes opositores (algunos en la cárcel, otros en el exilio), y el nuevo sistema electoral que sesga los resultados en beneficio de los candidatos del gobierno, el solo hecho de la competencia electoral es una amenaza para el proyecto bolivariano.

Para movilizar a los suyos Chávez necesita batir ardorosamente los tambores de guerra (y también exhumar a Bolívar). El general Perón decía “todo en su medida y armoniosamente”, una idea aplicable en este caso, no sea que la guerra finalmente estalle. Y si estalla la guerra el futuro de Chávez y de su proyecto “revolucionario” estará en el aire. Ante la presencia de ejércitos occidentales en zonas de conflicto es frecuente escuchar la pregunta: ¿cuántos muertos (estadounidenses, británicos, franceses, españoles o de cualquier origen) es capaz de aguantar la opinión pública?

La misma reflexión cabría hacerla para el caso venezolano. Una cosa es movilizar a la reserva (con armas descargadas, eso sí, no sea que alguien dispare para donde no debe) o jugar con el concepto de “pueblo en armas” y otra es ir a la guerra de verdad. No es lo mismo sujetar a los militares venezolanos con valiosas prebendas, corrupción y control férreo de los servicios de inteligencia con presencia cubana, que convencer a los mismos militares de que estamos frente a una guerra justa. ¿Cuál es la capacidad de aguante de unos y otros? De ahí que no haya demasiado margen, más allá de los imprevisibles que también pueden ocurrir en un escenario como éste, para que el conflicto escale a una guerra bilateral o regional.

El entorno regional tampoco ayuda la deriva belicista, como prueba el fracaso de los cancilleres de Unasur a la hora de resolver el entuerto. El humor negro del presidente Lula, que calificó el conflicto como “una cuestión personal” de Uribe y Chávez, prácticamente no fue reído por nadie. Es más, en esta ocasión Colombia ha estado menos aislada que cuando se discutió la cesión colombiana a Estados Unidos de una serie de instalaciones militares. Prueba del fracaso estrepitoso de Unasur es que Néstor Kirchner, el teórico y casi siempre ausente Secretario General de la organización, ni siquiera se molestó en acudir a la cita.

Dicen que para bailar el tango hacen falta dos. Colombia no quiere, pero más allá de su retórica marcial y del batir de los tambores de guerra, es bastante probable que Venezuela tampoco. De ahí que sólo queda cruzar los dedos hasta las elecciones del próximo 26 de septiembre, esperando que nada se desboque ni se salga de madre. Sólo después podrán sentarse las bases para que el diálogo entre Juan Manuel Santos, el nuevo presidente colombiano, y Hugo Chávez adquiera algo de sustancia.

Fuente: Infolatam

CADAL

correo@cadal.org

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sábado, 17 de julio de 2010

.. ENTONCES HABRA GUERRA…!, POR CARLOS E MÉNDEZ

Si el mensaje que el presidente de la Republica Bolivariana de Venezuela trata de enviarnos cuando en un gesto desesperado dice que, “si ellos vuelven habrá guerra”; es decir, que sus amenazas pasaran de las palabras a los hechos si la oposición triunfa en las elecciones de este próximo 26 de septiembre, pues, entonces habrá guerra, pero de votos, a no ser que el presidente quiera protagonizar una masacre como la del fatídico 11 de abril del 2002, puesto que la sociedad venezolana continúa en su lucha cívica y civilizada por deslastrarse de este régimen oprobioso y no piensa batirse con ningún círculo armado ni con ninguna guardia cubano pretoriana, sino en las mesas electorales.

Esa obsesiva expresión del presidente de que, “no volverán, porque es que no volverán; no pueden volver porque entonces habrá guerra”, lo que refleja es su miedo y convencimiento porque sus candidatos las tienen perdidas; y, aunque el primer mandatario no está postulado para este certamen, le es imprescindible que los suyos triunfen en estas elecciones para él poder sostenerse a rajatabla en el poder y continuar profundizando su revolución de pacotilla. Una Asamblea Nacional Plural como la que se vislumbra, significa que el presidente y sus ministros tendrán que comparecer ante el parlamento y rendirles cuentas al país por los desastres que han cometido durante estos penosos once años, en especial, por la pérdida irremediable y desaparición de toneladas de alimentos comprados por su gobierno, que resultaron unos descompuestos y otros contenedores desviados a la isla de sus ensueños, a la Cuba de Fidel y de Raúl, para alimentar sus dictaduras.

La oposición no piensa volver, ya que ella nunca se ha ido. Y, aunque el presidente pite y repita que “no volverán“, ella está y permanecerá aquí y ahora al pie del cañón electoral a pesar de lo que diga y haga el presidente para amedrentarla. Los que no volverán a repetir aunque coman sardinas, son sus asambleistas genuflexos. Por cierto, con sardinas enlatadas de larga duración será con lo que los venezolanos nos alimentaremos desde ahora en adelante, en virtud de que “esos reales se perdieron” en la compra de alimentos y medicinas vencidas, en la adquisición de armas de guerra, y en regalos para los amigos del presidente.

carlosemendezs@ gmail.com

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martes, 6 de julio de 2010

SECRETOS ROJOS DE CAMPAÑA, VITAL DE COMPRENDER, J R THOMAS

Tras la llegada de Hugo Chávez a la Presidencia de Venezuela, un equipo binacional cubano-venezolano ha ido trabajando y perfeccionando un esquema de acción política y campaña electoral, que ya ha sido implementado con bastante éxito en la región por casi todos los candidatos y Presidentes electos, afectos al proyecto político “Bolivariano” del Teniente Coronel Chávez. Por tanto, se hace relevante para especialistas y fanáticos del mercadeo político reconocer algunas particularidades de estas nuevas técnicas electorales.

Ya que, tanto en el Centro, como en el Sur de la América Latina las campañas electorales de los candidatos presidenciales afines al Proyecto “Bolivariano” Inician de igual manera. Todas parten de un acucioso y profundo estudio de mercado. Realizado por expertos en psicología, antropología, psiquiatría, neurociencia. Generalmente, este estudio se encomienda secretamente a la empresa de mercadeo Archetype Discoveries Worldwide.

El propósito del mismo es descubrir los arquetipos y gatillos sicológicos profundos que mueven el inconsciente colectivo de un país. Ya que al conocerlos, se obtiene la dimensión inconsciente de la acción política. Incluyendo información relevante sobre actitudes conductas y motivaciones de los electores.

Sin embargo, lo más importante en términos de comunicación y persuasión política radica en descubrir las “necesidades NO manifiestas del electorado” Aquello que el votante, no dice, ni manifiesta en una encuesta y que generalmente oculta durante un sección de “focus group” Vale notar, que este esquema de investigación que descodifica la ilógica “lógica de la emoción” rompe con el paradigma tradicional de campaña utilizado en Latinoamérica, donde el presupuesto y la investigación aún se centran en descubrir las necesidades manifiestas del electorado en detrimento de las investigaciones cualitativas profundas . A pesar, que la clave para entender y direccionar el voto, construir coaliciones robustas y cambiar matrices de opinión radica en entender la mente subconsciente.

Basta analizar los temas de campaña y la retórica de los candidatos latinoamericanos de la última década, para notar que aquellos que basaron sus campañas en los resultados de estudios tradicionales de mercadeo focalizados en necesidades palpables o manifiestas de la población del tipo: Seguridad, empleo y servicios públicos, fracasaron. Mientras que aquellos aspirantes que guiaron su campaña por las necesidades primales o subconscientes “no manifiestas” del electorado, como son: El ser reconocido; el cobrar venganza y el obtener poder súbitamente, se alzaron con el éxito

La creación de brechas y polos al interior de las clases sociales de una nación, con el propósito de azuzarlas y enfrentarlas entre sí, es la táctica distintiva en las campañas “Bolivarianas”. La violencia verbal o física presente en los enfrentamientos de ricos contra ricos, clase media contra clase media, y pobres contra pobres, crea una entropía que debilita el entramado social pre establecido e induce nuevos conflictos conforme a roles, (sindicatos vs sindicatos, estudiantes vs estudiantes, etc.). A nivel de clase media, esto debilita participación política e incrementa los niveles de abstención. Y finalmente, si la violencia llega a niveles críticos en los enfrentamientos entre pobres, se produce una variante del síndrome de Estocolmo y los agredidos, desarrollan una relación de complicidad con sus agresores que se traduce en votos para el agresor al momento de la elección.

En resumen, buena parte del secreto del éxito de las campañas rojas, está relacionado con una muy buena investigación de mercado. Y un excelente manejo de las emociones subconscientes del electorado.

Por otro lado e independientemente, que se esté a favor, o en contra de la violencia. Esta, es una variable más dentro del mercadeo político latinoamericano de ideas y candidatos, por tanto debemos actuar en consecuencia
J.R. Thomas
Asesor político
jrthomas212@cantv.net
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jueves, 24 de junio de 2010

PRENSA LIBRE EN DICTADURA, CON VOZ PROPIA, ALBERTO JORDÁN HERNÁNDEZ

A diez años del nacimiento de la prensa en Venezuela surgió el periodismo libre fundado por Simón Bolívar en Angostura (hoy Ciudad Bolívar) con el Correo del Orinoco. Aquel sábado 27 de junio de 1818 se inauguró también lo que modernamente se califica nuevo periodismo. Este vocero patriótico circuló durante 7 años en 133 números, incluidos 5 ediciones extraordinarias respectivamente dedicadas a la batalla de Boyacá; ocupación de Caracas por fuerzas patriotas; entrada de Bolívar a esa ciudad; triunfo en Carabobo (sale también en inglés y francés) y la rendición de Cumaná a las orden del general Bermúdez.

Su propósito, anunciado en nota de presentación fue publicar Decretos y Actas del Gobierno, Boletines del Ejército, y cuantas noticias interesantes comuniquen los Jefes Militares, Gobernadores de las Provincias, las que podamos adquirir por correspondencia particular; extractos de periódicos extranjeros así políticos como literarios; y Variedades, comprendidos discursos políticos y económicos. No importa a cual de los dos partidos contendientes pertenezca la gloria o el oprobio de ellos.

“Somos libres, escribimos en un País libre, y no nos proponemos engañar al Público. No por eso nos hacemos responsables de las Noticias Oficiales; pero anunciándolas como tales, queda a juicio del Lector discernir la mayor o menor fe que merezcan”. Advertía: “no podemos darle desde el principio todo el interés, de que es susceptible una Gaceta cuya sola existencia es el centro de las inmensas soledades del Orinoco es ya un hecho señalado en la historia del talento humano, y más cuando en esos mismos desiertos se pelea contra el monopolio y contra el despotismo por la libertad del Comercio universal, y por los derechos del Mundo”.

La edición del 7 de agosto de 1819, destacaba una nota sobre el impulso a la libre información: "En un Decreto especial del Libertador, se declara el derecho imprescriptible de comunicar todos nuestros pensamientos por todos los medios posibles. El artículo respectivo se halla concebido de la manera siguiente: “El derecho de expresar sus pensamientos, y opiniones de palabra, por escrito, ó de cualquier otro modo, es el primero y más estimable bien del hombre en sociedad. La misma Ley jamás podrá prohibirlo”
"El Correo del Orinoco, ganó más batallas, hizo más prosélitos que las memorables jornadas de nuestra guerra de independencia" - escribió el 13 de octubre de 1834 José Luis Ramos, el último de sus redactores.

Al histórico vocero atribuyen el lema: "Los soldados ganan batallas y el Correo del Orinoco gana la guerra".

El régimen ha llegado al descaro de darle el histórico nombre a un panfleto que auspicia. Pero como en dictadura no hay Prensa libre, debemos observar, tal lo hizo el auténtico Correo del Orinoco, que el “Público ilustrado aprende muy pronto a leer cualquier Gaceta, como ha aprendido a leer la de Caracas, que a fuerza de empeñarse en engañar a todos ha logrado no engañar a nadie”.

NOTA AL MARGEN: Con sus Cadenas de ocio (sidad) el comandante Chávez pulverizó el récord de Sábado Gigante, el programa de televisión más longevo (tiene 47 años en el aire), según el Libro de Records de Guiness. Suma 2.632 programas para un total de 7.896 horas, con un promedio de 3 hrs. Hasta noviembre de 2008 el comandante ha transmitido 1.751 cadenas con duración de 1.091 horas 16 minutos 37 segundos: el equivalente a más de 45 días ininterrumpidos. Poco importaría si el actuara solo, pero se lleva a casi todo el gabinete y numerosos funcionarios, además de quienes están obligados a escucharlo y verlo. Paraliza la gerencia pública.

albertojordanhernandez@yahoo.es
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miércoles, 12 de mayo de 2010

GUERRILLA COMUNICACIONAL: GUERRA OPINÁTICA DE 4º GENERACIÓN, ANDRÉS SIMÓN MORENO ARRECHE

La semana previa a las elecciones primarias que uno y otro bando político convocaron para la selección de sus candidatos a la Asamblea Nacional en Venezuela, y luego de una de mis conferencias sobre Guerra Comunicacional en la Escuela de Comunicación Social de La Universidad del Zulia, mi asistente me sorprendió con una caja repleta con decenas de preguntas que no tuve tiempo de responder en aquel evento, ni siquiera con la extensión de una hora adicional para el ciclo de ‘preguntas al conferencista’, que gentilmente otorgaron a mi persona los organizadores del encuentro. Me hallo en la obligación moral de responderlas, aunque también frente a una incompatibilidad aparente, es decir frente a una paradoja docente, pues muy probablemente mis respuestas generen más preguntas que conclusiones. A pesar de ello, persisto en el intento.
He agrupado las respuestas a esas 143 preguntas, que en la mayoría de los casos están antecedidas por largas opiniones personales, una característica sui generis de los reporteros venezolanos, en cuatro categorías: La primera, una respuesta global para aquellas preguntas que indagan sobre la naturaleza y características de la guerrilla comunicacional. En la segunda categoría incluyo en varios párrafos las réplicas a las consultas que vinculan a la guerrilla comunicacional con la propaganda política. En la tercera categoría agrupo mis respuestas sobre los tipos y modos de acción de una guerrilla comunicacional, y en la última categoría voy a resumir las muchísimas y variadas ‘preguntas-opiniones’ acerca de lo comunicacional como elemento bélico.
Naturaleza y características de la guerrilla comunicacional
La guerrilla comunicacional es el ensamblaje de las actividades persuasivas de la propaganda política e ideológica, articuladas con las tácticas subversivas de la guerra de guerrillas, por ello la guerrilla comunicacional se inscribe dentro de los modelos de confrontación de la que se ha dado por definir ‘guerra de cuarta generación’, que es una denominación dentro de la doctrina militar que comprende, además de la guerra de guerrillas, la guerra asimétrica, la guerra de baja intensidad, la guerra sucia, el terrorismo de Estado (u operaciones similares, encubiertas o abiertamente promovidas desde el poder), la guerra popular, la guerra civil de bajo impacto, el terrorismo y el contraterrorismo, además de la propaganda, en combinación con estrategias no convencionales de combate que incluyen la cibernética, las maniobras de la población civil y las gestiones políticas relacionadas con la movilización de masas. En este tipo de guerras no hay enfrentamiento entre ejércitos regulares ni necesariamente entre Estados, sino entre un Estado y grupos que se le oponen y que suelen ser de naturaleza política, económica, religiosa o étnica.

Vista así, la guerrilla comunicacional es un elemento táctico de la Guerra de Cuarta Generación (Fourth Generation Warfare - 4GW - en su concepción original) un término usado por los analistas y estrategas militares para describir la última fase de la guerra en la era de la tecnología informática y de las comunicaciones globalizadas. Fue en 1989 que se comenzó la formulación de la teoría de la 4GW cuando William Lind y cuatro oficiales del Ejército y del Cuerpo de Infantería de Marina de los Estados Unidos, titularon un documento: "El rostro cambiante de la guerra: hacia la cuarta generación". Fue en ese año cuando el documento se publicó simultáneamente en la edición de octubre del Military Review y la Marine Corps Gazette, y si bien en los primeros años de la década del noventa la teoría no fue precisada ni se expresó claramente qué se entiende por 4GW, el concepto luego fue asociado a la guerra asimétrica y a la guerra contraterrorista. William Lind escribió su esbozo de teoría en momentos en que la Unión Soviética ya había sido derrotada en Afganistán e iniciaba su colapso inevitable como sistema de poder mundial. Por lo tanto, a la Guerra de Cuarta Generación se la visualiza como una hipótesis de conflicto emergente de la pos-Guerra Fría, en tanto que algunos analistas relacionan su punto de partida histórico con los atentados terroristas del 11-S en EEUU.

Guerrilla comunicacional y propaganda política
Frente a una evidente superioridad de tecnología comunicacional, superioridad que se transforma en un gran poder de promoción propagandística, la única forma sensata para enfrentar a esa superioridad propagandística es la puesta en práctica de una nueva doctrina: La guerrilla comunicacional, que se evidencia con el uso de fuerzas irregulares ocultas que ataquen sorpresivamente al enemigo, para provocar su derrota a partir del desestabilizamiento de sus fortalezas, convirtiéndolas en debilidades y ello sólo es posible con el uso de tácticas no convencionales en el combate que se desarrolla en la opinión pública.

La guerrilla comunicacional cumple a cabalidad con el primer principio de la guerra asimétrica que se menciona en el libro “Guerra Sin Restricciones”, escrito por los coroneles chinos Qiao Liang y Wang Xiangsui en febrero de 1999. Esta es la primera obra teórica que profundiza sobre las acciones, las tácticas y las maniobras de las guerras asimétricas futuras a gran escala, y en la que se postula el uso de cualquier clase de lucha –la guerrilla comunicacional entre ellas- sin tener en cuenta objeción ética alguna.
Comunicacionalmente, la asimetría es una condición inherente a la mesnada comunicacional, concebida como un conflicto donde existe una gran desproporción entre los medios y los recursos persuasivos y políticos de los bandos implicados, y que por lo tanto obliga a uno de los combatientes a utilizar medios distintos, considerados como ‘bizarros’ dentro de las campañas comunicacionales tradicionales o comunes. Entre estos medios se cuenta la guerra de guerrillas comunicacional; el ‘zapping’ o el bloqueo a la sintonía a medios de comunicación opositores o contrarios a la ideología propia como modelo de resistencia comunicacional; toda clase de terrorismo mediático, la contrainsurgencia dentro de los medios de comunicación adversos, la guerra sucia o la promoción de eventos y sucesos en los que mal ponga al contrario en la opinión generalizada de los públicos.
En este tipo de enfrentamiento comunicacional, las grandes batallas propagandísticas desaparecen casi por completo, y sólo suceden cuando una fuerza de guerrilla comunicacional se atrinchera en un segmento de la opinión pública y la fuerza regular arremete allí contra ella produciéndose una gran batalla comunicacional urbana. En esta etapa, el ataque a la credibilidad y el uso de la guerra sucia es esencial para ambas partes; el enemigo más débil atacará la credibilidad que posee su enemigo en la población para negarle su apoyo y debilitar la posición del rival. Para el más fuerte, localizar y desacreditar al la célula de guerrilla opinática, usualmente oculta entre los habitantes del segmento poblacional, implica una tarea de desgaste para encontrar y acabar cualquier vinculación de aquéllos con la población, sin importar el costo que se pague en tales acontecimientos.[]
Cuando la guerrilla comunicacional se implica en un enfrentamiento de propaganda política, la verdad y la objetividad desaparecen del discurso para dar paso a la manipulación de los hechos y la tergiversación, y con ello dar cumplimiento a la Segunda y a la Sexta Leyes Inexorables de la
Guerra Comunicacional:
2º.- Ley. De la territorialidad: “El campo de batalla está en la mente del público.”
6º.- Ley. De la percepción: “Lo que se percibe es más importante que la realidad.”
Tipos y modos de una guerrilla comunicacional
Los tipos y modos más comunes en una guerra comunicacional de 4º generación están relacionados con tres principios estratégicos que han de cumplirse inexorablemente si se desean alcanzar los objetivos propuestos al emprender la modalidad de ‘guerrilla’ como estrategia persuasiva:

El primer principio guerrillero es el de la movilidad y el tamaño. Mientras más pequeña sea la ‘unidad propagandística’ se es más ágil, pero ¡Atención! El tamaño de la unidad es relativo. El tamaño más importante no es el propio sino el del contrincante, y esto es así porque el crecimiento burocrático, típico de las organizaciones piramidales, atenta contra este principio, por lo que es fundamental concentrar en no más de 5 personas las decisiones del laboratorio de propaganda.
El Segundo principio es el de la segmentación. Es fundamental hallar un segmento pequeño para vencer allí al opositor más grande y lento. Cuando los contrincantes grandes “bajan” a terrenos reducidos que han sido previamente tomados por una célula de la guerrilla comunicacional, ésta se convierte en “el grande” y el grande en un “pequeño relativo”. Cuando una célula comienza perdiendo una batalla en un territorio reducido, su presencia allí desaparece en corto tiempo, porque en un segmento poblacional pequeño la célula requiere del reconocimiento de su liderazgo para sobrevivir. A los efectos del desarrollo de una campaña comunicacional de 4º generación, hay que asumir que el segmento de opinión más pequeño es el vecindario y la locación más importante es la choza donde se expenden alimentos y vituallas al detal y el expendio de licor más concurrido en el barrio. Es allí, en las chozas y los tugurios del vecindario, donde se ‘siembran’ las matrices de opinión, o donde se ‘protege el perímetro’ ante un avance del contrario o una aproximación indirecta.
El tercer y último de los principios fundamentales de una guerrilla comunicacional es el de la identidad propia. Sin importar el nivel de éxito previo o la profundidad que haya obtenido en la opinión de los públicos que integran un determinado territorio segmentado, una célula comunicacional guerrillera no puede ni debe comunicar con la pomposidad de algo ‘oficial’ porque la credibilidad en el mensaje guerrillero está reñida con la apariencia oficialista. La organización comunicacional de una guerra de guerrillas opera eficientemente con pocos miembros en la dirección y muchos en la ejecución.
Estrategias de la comunicación persuasiva
Además de los principios estratégicos para los emprendimientos comunicacionales ‘guerrilleros’ mencionados genéricamente en el ítem anterior, la estrategia de la comunicación persuasiva contempla diez principios estratégicos adicionales, agrupados en tres escenarios posibles:

En el escenario de una guerra comunicacional a la ofensiva se manejan cuatro principios indispensables. Son estrategias comunicacionales en las que se necesita estar en una posición de mayor fuerza al comienzo de la conflagración. Estos principios se basan en la presunción de que el emprendedor posee una fuerza comunicacional superior a sus contrarios, o que sus habilidades persuasivas superan holgadamente las capacidades de convencimiento de sus contrarios. Estos cuatro principios estratégicos son:
1.- El Principio del Análisis: La consideración principal de cualquier estratega comunicacional que está en capacidad de emprender una guerra a la ofensiva, es medir la capacidad de respuesta comunicacional y persuasiva de sus oponentes. Para ganar la batalla en la mente del público meta, no basta con triunfar… ¡El opositor debe fracasar! El factor moral es decisivo. La campaña a la ofensiva debe dinamitar las fortalezas que sustentan su capacidad de respuesta o dificultar sus líneas de contacto directo con el pueblo. La artillería persuasiva necesaria está compuesta de slogans, íconos y música corta pegajosa (jingles).
2.- El Principio del Diagnóstico: Lo primordial en una campaña comunicacional a la ofensiva consiste en diagnosticar una debilidad, pero no el cualquier parte, sino allí... En el ‘punto fuerte’ del opositor, para golpear en ese punto con contundencia. Usualmente, los líderes y los opositores fuertes son víctimas de su propio éxito. Hay que hurgar en los éxitos porque allí se esconden las debilidades. En un emprendimiento comunicacional a la ofensiva no existe la “posición invencible”, pues lo que hoy da soporte, suele ser lo que mañana entierra.
3.- El Principio de la Fuerza: Consiste en concentrar toda la artillería mediática en un frente conceptualmente estrecho y simple, para concentrar todo el poder persuasivo en una promesa. La lucha a la ofensiva debe emprenderse sobre el flanco más débil del público meta y concentrar toda la potencia persuasiva sobre un único punto de ese flanco. Vencida la resistencia inicial y abierta una brecha comunicacional, el ataque se debe dispersar lateralmente, generando expectativas colaterales vinculantes.
4.- El Principio de la Saturación: En cualquier guerra comunicacional a la ofensiva, la victoria estará más cerca de quien logre combinar el mayor despliegue con la frecuencia más intensa. El término oficial es ‘reach frecuency’ y ha sido utilizado desde hace años por los publicistas para cuantificar, luego de engorrosas fórmulas que involucran la cobertura y la penetración de los distintos medios de comunicación social, el ‘alcance’ de un ‘media-mix’ sobre un determinado ‘target group’. Estar en la ofensiva comunicacional requiere de una fuerte inversión en tiempo y dinero para reducir el ruido circundante. La saturación bien empleada vence la tendencia de la Opinión Pública a permanecerle fiel a una matriz establecida. Una de las reglas tácticas de este Principio Estratégico reza que si a mitad de campaña se presenta una crisis financiera, es más importante mantener la frecuencia de los impactos, que el despliegue.

El siguiente escenario es el de una guerra comunicacional a la defensiva. Allí se manejan tres principios estratégicos:
5.- El Principio de la exclusividad: Sólo quien lidere la opinión de los públicos puede triunfar a la defensiva. El liderazgo sólo lo determina qué tan alto y profundo se está en la mente y en la preferencia del pueblo. En tal situación de liderazgo, la defensiva se convierte en un desgaste para el atacante.
6.- El Principio del Ataque: La mejor defensa ante una agresión comunicacional es el ataque. Para el que lidera la preferencia de la Opinión Pública, por su posición de líder, el defensor posee un punto fuerte en la mente del público. La mejor manera de reforzar posiciones de liderazgo consiste en introducir nuevos elementos de opinión que diluyan el esfuerzo del atacante más fuerte. Pero para el acometedor, el mejor ataque ante un líder fuerte es la segmentación de los escenarios, porque la voracidad natural del líder lo impulsará a defender y controlar todos los frentes y con ello, debilitar por agotamiento o por sobre exposición su liderazgo.
7.- El Principio del Bloqueo: Para ello es imprescindible identificar y obstaculizar los movimientos comunicacionales del contrario-atacante. El bloqueo es una estrategia adecuada para un líder, porque a un opositor atacante le lleva más tiempo plasmar una impresión sólida en la mente del pueblo. El bloqueo debe ser fulminante, porque el cambio de preferencias suele ser violento y difícil de revertir.
Finalmente, están los tres principios estratégicos para la guerra comunicacional por flanqueo:
8.- El Principio de la Geopolítica Comunicacional: Un movimiento de flanqueo adecuado debe efectuarse en un área de la opinión pública no disputada. No se requiere de un nuevo emisor. Basta que la forma del mensaje y su contenido posean cierto grado de novedad para que el pueblo lo ubique dentro de una categoría exclusiva. El éxito de un ataque comunicacional por flanqueo depende de la capacidad creativa para desarrollar mensajes novedosos y mantenerlos dentro de la nueva categoría.
9.- El Principio de la Sorpresa Informativa: La sorpresa comunicacional es esencial cuando se desea desplazar el epicentro de la Opinión Pública. El movimiento de flanqueo comunicacional más exitoso es aquel que fundamenta su accionar en mensajes inesperados. Realizar una “prueba-piloto” o cualquier otro sondeo antes de una operación de flanqueo comunicacional es un acto suicida porque delata la acción.
Acotación final: Personalmente no soy partidario de la imposición del modelo comunicativo guerrerista, pero cuando desde el desgobierno chavista se habla de guerra comunicacional hay que tener claro que se refieren a un contexto epistemológico de la comunicación que no es nuevo porque ha sido aplicado en todos los regímenes totalitarios: La persuasión política. Es decir a que las ideas, los pensamientos y las creencias relacionadas con la comunicación (objetividad, veracidad, transparencia e intercambio mutuo y beneficioso de información) presentan un viraje intenso, retrógrado para quienes lo analizamos holísticamente, pero futurista y esperanzador para quienes lo están poniendo en práctica desde las Salas Situacionales que asesoran la gestión comunicacional oficial, pero en todo caso es un cambio de paradigma que está plasmado sobre un nuevo enfoque que proporciona el "contexto" en el que se forman los diferentes modelos teóricos y teorías en un nivel inferior de planteamiento: El contexto epistemológico de la guerra comunicacional, que no nace de la Academia ni de los ‘comunicólogos’ sino de la necesidad, visceral y primaria de la comunicación socialista, que no es otra que la de imponer al otro constructos filosóficos, económicos y políticos a partir, no ya desde el razonamiento o de la lógica, sino de la explotación de la emotividad como sustrato sobre el que se han de construir otros paradigmas.

Andres Simon Moreno Arreche
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domingo, 30 de agosto de 2009

*GUERRA COMUNICACIONAL EN MARCHA, LA ‘CHULETA’ DE CHÁVEZ EN UNASUR, ANDRÉS SIMÓN MORENO ARRECHE

Una aclaratoria previa para los lectores de esta columna: En el argot popular de los escolares venezolanos, una ‘chuleta’ es un instrumento de información, subrepticio y generalmente escondido, escrito sobre un papel pequeño y usualmente arrollado y oculto en el ropaje del uniforme escolar, que contiene información vital y no estudiada, que habrá de usarse, dolosamente en un examen. Se le dice ‘chuleta’ porque contiene todo ‘el sabor’ fundamental de los conocimientos a examinar.

Era todo un ‘arte’ eso de hacer “chuletas”, tan es así que aquellos modernos ‘copistas’ tenían una alta demanda, no sólo de los estudiantes ‘maulas’ sino de los otros, quienes no utilizábamos las ‘chuletas’ como instrumento de felonía, sino para comprobar si en los aprendizajes habíamos obviado algo.

Estudié con uno de aquellos escribas de liceo que tenía una altísima demanda del artilugio por su gran capacidad de síntesis y sus habilidades de letra-chiquita legible, que de tanto hacerlas (las hacía a mano y las vendía muy bien) terminaba aprendiéndose el contenido y obtenía las mejores notas, amén de contar con envidiables disponibilidades de efectivo, del que luego hacía gala en la cantina escolar, y hasta se daba el lujo de pagar, de vez en cuando, una ronda de refrescos.

Las ‘chuletas’ de Tulio eran de primera, como pude comprobar la única vez que le compré una. Pero el nerviosismo para usarla actuó en mi contra, y el Profesor Rodríguez me expulsó del examen de Historia con un justísimo 01, junto con la citación de mi representante. Aquella traumática experiencia fue la única, y siguiendo al pie de la letra una regla de honor no escrita, asumí la autoría intelectual por la chuleta y ahí finaliza mi historia.

Pero comienza la del presidente Chávez y la ‘chuleta’ que utilizó, pública y abiertamente, en vivo y en directo, vía satélite, en la plenaria presidencial de UNASUR, en la tan alabada estación invernal de Bariloche, Argentina. No se trataba de un documento de apoyo y de respaldo, como los utilizados por los otros presidentes para la facilitación de sus argumentos o para consignarlos como referencia. No, se trató de una vulgar ‘chuleta’ que a diferencia de aquellas que hacía Tulio, era un completo fraude porque su contenido no se relacionaba con la realidad que se examinaba allí.

La ‘chuleta’ de Chávez fue una total ‘boutade’ informativa, una respuesta sin pregunta, una referencia no confirmada que se transformó en un ‘astracán’ o ‘chuleta falsaria’, porque quiso convertir un informe logístico de la Fuerza Aérea Estadounidense sobre planes de emergencia y ayuda humanitaria, en un secretísimo y ultra clasificado documento de Estrategia militar del imperio ‘mesmo’.
Y es que aquel contenido falso que esgrimió el ‘Prócer de Sabaneta’ le hizo quedar muy mal, porque pretendió rastrillarle a los otros presidentes y presidentas, de manera por demás impúdica, su condición de experto militar, poseedor de una épica que nuestros libertadores envidiarían, pero el contenido de ‘la chuleta’ nada tenía que ver con lo que se estaba examinando allí, porque El Libro Blanco (por el que le pedía al camarógrafo ‘métele la cámara aquí, donde estoy leyendo’) no es ningún plan estratégico de políticas militares intervencionistas, según reveló minutos después un portavoz autorizado del Departamento de Estado de USA.

Se trata de un texto académico, de acceso libre y por internet, en el que se evalúa la logística necesaria para las opciones de transporte y de escalas para emergencias de catástrofes que requieran de ayuda humanitaria en el Planeta. El documento, con una extensión de 48 páginas y en formato abierto pdf, dedica una página y media a las características y retos logísticos que ofrece América del Sur si se produjese una catástrofe que ameritase el uso de aviones y de recursos de apoyo estadounidense.

El ‘Héroe del Museo Militar’ salió aplazado en su examen público y televisivo en UNASUR, y no sólo él; también lo fueron sus vecinos de pupitre, Correa y Morales, quienes también se copiaron de ese ‘astracán’, de esa ‘chuleta falsaria’ y respondieron lo que no se les había preguntado. Deben agradecerle a Madame Bótox que les hizo el quite, y también a doña Bachellete, que pidió menos testosterona y más coherencia conceptual. Por ellas la reunión de UNASUR puedo concretar un papel de trabajo ‘casi’ unánime, porque el presidente de Bolivia manifestó a última hora, que no suscribiría, como respuesta a las insistentes y silenciosas miradas que le lanzó Chávez a la distancia.

Como suele suceder también en los liceos y los colegios, la ‘chuleta’ se arrugó y se lanzó, silenciosamente, en algún escondido zafacón, pero sirvió para develar que la improvisación y la mentira, juntas, constituyen la columna vertebral de la política exterior de la Venezuela Bolivariana y Revolucionaria, una ‘política’ que descuida hasta ‘las formas’ básicas, como esa de la bandera de Venezuela que se exhibió en el evento, con las siete estrellas que se pueden ver y contar; bandera que imagino también con el escudo del caballo huyendo de la izquierda.

andresmorenoarreche@gmail.com

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