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lunes, 28 de marzo de 2011

LAS RAZONES DE UN GOBIERNO LIMITADO. ROBERTO CACHANOSKY

La existencia de un gobierno limitado no solo tiene que ver con la eficiencia económica, sino, fundamentalmente, con los derechos individuales. El intervencionismo estatal tiene una dinámica de corrupción, pobreza y abuso del poder que puede mutar en una autocracia feroz.

Ricardo López Murphy viene sosteniendo que la prioridad en octubre es derrotar electoralmente al kirchnerismo. Es evidente que López Murphy está advirtiendo que una eventual victoria del oficialismo aceleraría el tránsito hacia un sistema más autocrático. El punto no es menor porque una vez que los sistemas autocráticos se instalan en el poder, en algún momento terminan mal pero en el mientras tanto la población sufre grandes sacrificios económicos y sus libertades civiles son limitadas al mínimo.

Si bien la propuesta de RLM es perfectamente atendible, también da lugar a plantearse porqué corremos ese peligro. Y la razón de ese peligro de perder las libertades más elementales, se debe a la ausencia de un gobierno limitado. Cuando digo un gobierno limitado es un gobierno que no pueda utilizar el monopolio de la fuerza como le venga en gana.

Mucha gente critica al liberalismo porque cree que lo que le interesa a dicha concepción filosófica es que los precios sean libres. Nada más alejado de la realidad, pero, en todo caso, la libertad de precios no es un fin en sí misma sino un medio para evitar las dictaduras y el abuso por parte del poder del monopolio de la fuerza, al margen de su eficiencia económica.

Por ejemplo, un gobierno no limitado en el uso del monopolio de la fuerza puede extorsionar a dueños de empresas con el simple trámite de no permitirles subir los precios bajo el argumento del control de los mismos, generarles pérdidas y forzarlos a cerrar o vender a algún amigo del poder. En vez de confiscar directamente la empresa, se recurre al simulacro de una política económica progresista con el solo objetivo de ahogar a los accionistas de una empresa para forzarlos a vender. Es más prolijo ante los ojos de la gente, pero el fin es el de apoderarse de los activos más importantes de un país. Crear una nomenklatura que disfruta de la buena vida, pisando con el monopolio de la fuerza a una población indefensa, y sumida en una creciente pobreza.

Semejantes práctica no pueden darse bajo un gobierno limitado, porque el Estado no tiene la potestad para que un funcionario de segunda categoría decida qué se puede producir, a qué precio y en qué cantidades. En un gobierno limitado el monopolio de la fuerza es para defender el derecho a la vida, la propiedad y la libertad de las personas.

Algunos colegas economistas están sufriendo en carne propia las presiones del secretario Moreno para que no difundan sus propias estimaciones de precios al consumidor al punto que varios de ellos han sido multados. Para aplicar las mencionadas multas Moreno hace una pirueta argumental fundamentándose en el artículo 9 de la disparatada ley de lealtad comercial. Es decir, recurre a una ley de intervencionismo económico para silenciar a los colegas.

Este es un ejemplo práctico de cómo un simple secretario puede decidir sobre la libertad de expresión y arrogarse el derecho a establecer quién está autorizado y quién no a decir cuánta inflación hay. En este caso la ausencia de un gobierno limitado muestra cómo se puede anular la libertad de expresión. La libertad económica, producir y vender un índice de precios al consumidor, no hace solo a la libre empresa, también tiene que ver con la más elemental libertad de expresión, porque es bien sabido que el gobierno niega sistemáticamente la existencia de inflación. Hablar de ese tema, más en un año electoral, es inaceptable para quien quiere establecer una autocracia. En todo caso, la fobia del kirchnerismo con los medios que no se subordinan a sus caprichos refleja su clara tendencia autocrática, y el caso de los IPC privados son una muestra de esa intolerancia hacia quien piensa u opina distinto.

El punto a reflexionar es que cuando se le permite al Estado intervenir en la economía a su capricho, no solo se presentan problemas de eficiencia económica, sino que lo que es más grave, el intervencionismo económico puede utilizarse también para establecer una dictadura. ¿Cómo? Ahogando económicamente a las empresas con regulaciones y controles para que testaferros del poder dominen también la economía. Asfixiando a la población con impuestos para, bajo el argumento de la redistribución del ingreso, igualar a todos hacia abajo, quedando unos pocos burócratas con buen nivel de vida y comprando con regulaciones, subsidios y demás privilegios a quienes pueden serles de utilidad para sostenerse en el poder. Se puede anular la libertad de expresión amenazando a las empresas que si hacen publicidad en los medios adversos al gobierno no tendrán aumentos de precios y sufrirán la persecución del ente recaudador o cualquier otro mecanismo que los destruya. Con ese mecanismo de supuesto intervencionismo estatal se logra impedir la libertad de expresión.

Una vez anulada la liberta de expresión, utilizando lo que se denomina políticas económicas de equidad social, los funcionarios del Estado puede violar todos los derechos que le vengan en gana sin que nadie se entere porque ya no habrá libertad de expresión. Nadie se enterará si fulano fue arrestado, asesinado o golpeado por una patota por hablar mal del gobierno. A medida que el Estado avanza en el cercenamiento de las libertades individuales a través de las políticas económicas progresistas, necesita de mayor brutalidad para controlar el descontento social. Como consecuencia de la ineficiencia económica del intervencionismo estatal la gente será cada vez más pobre. Ante la creciente pobreza habrá que acallar las protestas con mayor represión y esa represión no tendrá que ser conocida por la población.

Claro que alguno podrá argumentar que el intervencionismo estatal es una cuestión de grados. Si el Estado interviene poco no se corre el riesgo de caer en un intervencionismo desaforado. Sin embargo, una vez que uno empieza a intervenir en la economía y los funcionarios no tienen límites a su accionar, las necesidades de intervencionismo crecen. En unos casos colapsa el sistema económico y cae el gobierno. En otros casos, ese intervencionismo económico no tiene como objetivo una supuesta política económica, sino que es un medio para establecer una dictadura simulando que se está en democracia porque cada tanto se va a votar bajo dudosa transparencia. Sigo pensando que es muy llamativo que en las elecciones presidenciales del 2007 el oficialismo haya salido a proclamar su victoria cuando en la provincia de Buenos Aires, que tiene el 40% del padrón electoral, recién se habían contado los votos de solo el 10 o 12 por ciento de las mesas.

El kirchnerismo ha dado acabadas muestras de tener un gran desprecio por la democracia republicana y sigue utilizando el monopolio de la fuerza en forma escandalosa. Y cuánto mayor tiempo permanezcan en el poder usando arbitrariamente el monopolio de la fuerza, más necesidad de mantenerse en el mismo, porque dejarlo implicaría ser sometidos a una lluvia de juicios.

Los gobiernos autoritarios entran en una dinámica de manejo del poder que consiste en violar derechos, malversar los recursos públicos y comprar voluntades generando corrupción. Esta lógica del poder es lo que hace que luego no solo no quieran, sino que no puedan dejar el poder porque darían lugar a infinidad de juicios y sanciones. Dejar el poder implica, para los gobiernos autoritarios, que los que lo ejercieron impunemente pierdan su libertad si se restaura el estado de derecho. Por eso cada vez son más violentos y despóticos. Instaurar el terror en la población es la manera de evitar que manifieste su disconformidad y seguir usando el aparato estatal para preservar su propia libertad.

Es por eso que, desde mi punto de vista, es absolutamente indispensable tener un gobierno limitado. No es solo una cuestión de eficiencia económica y mejor nivel de vida de la población, sino que es el resguardo contra los movimientos totalitarios que, aprovechando los beneficios de una sociedad abierta, intentan llegar al poder para luego destruirla.

Pero no nos engañemos, tener un gobierno limitado que sea un dique de contención a las dictaduras, requiere de la existencia de ciertos valores que deben imperar en una sociedad. Cuando los valores que imperan en una sociedad son la cultura de la dádiva, del hacer negocios sin competir, del vivir a costa del otro, del reclamar que otro tiene la obligación de pagarme la casa, de alimentarme, de vestirme, etc., entonces se tienen los ingredientes necesarios para que lo que al principio parece un populismo inofensivo e inviable, termine mutando en una feroz destrucción de la libertad.

Por eso, en gran medida coincido con Ricardo López Murphy. En octubre se juega mucho más que lo que se llama un modelo económico. En todo caso ese sería el tema menos relevante, porque al caerse la máscara de tanto dibujo económico y artificialidad del consumo, todo se derrumbaría como un castillo de arena arrastrando a un gobierno inepto.

Lo más importante que se juega en octubre es la misma libertad de los próximos años para cada uno de nosotros. Habrá que ver si la gente está dispuesta a sacrificar su libertad por un televisor plasma o prefiere entrar en la etapa de la madurez y privilegiar un gobierno limitado que le asegure la libertad y la prosperidad.

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martes, 22 de marzo de 2011

A LA DERECHA DE DIOS. JUAN CARLOS APITZ B.

En Venezuela todos son de izquierda, eso es lo chévere. Como mínimo, se autoproclaman socialdemócratas cuando el sentimiento de culpa y del ridículo los hace distanciarse del socialismo chavecista. Nadie es de derecha, a lo sumo ¿¡centro humanista!? Para otros, los más frívolos y sutiles, no hay ninguna distinción. Se trata de una discusión bizantina.

Norberto Bobbio, en Derecha e izquierda: Razones y significados de una distinción política, critica la idea de que el distingo quedó obsoleto, y tiene razón. También tiene razón cuando critica la supuesta imposibilidad de distinguir lo bueno de lo malo para la sociedad. Pero son dos distingos diferentes, y, creemos, tiende a confundirlos. Trata de rescatar el concepto de la izquierda como protagonista de lo bueno para la sociedad. Es un error. Ni la izquierda ni la derecha son el bien (o el mal). Se puede estar bien o mal en esto o en aquello, pero no se puede ser el bien o el mal.

Así, ni la izquierda ni la derecha son el valor absoluto que se enfrenta al antivalor absoluto. Hay valores que defiende la izquierda, valores que defiende la derecha y valores que pasan de unas banderías a otras. Por eso, tanto absolutismo produce confusiones. Si todo lo bueno para la sociedad tiene que ser de izquierda y resulta que, en tal caso, lo bueno es lo que defendía la derecha, ¿lo reaccionario se convierte en revolucionario?

En nuestro país la derecha es inhabitable, un infierno de todos tan temido que nadie lo quiere voluntariamente ocupar; a donde hay que empujar a quien se deje, para tener la seguridad de que uno sí es de izquierda (puesto que allá está la derecha, señalada con dedo flamígero).

Pero, ¿quién va a dejarse hundir en el infierno para que los fariseos gocen de la gloria de juzgarnos desde el cielo? Nadie. Por eso, el infierno está vacío. Si la derecha no merece más que la muerte política, no puede haber derecha. Pero tampoco izquierda. Donde no hay derecha, la izquierda abarca todo, y por lo mismo no quiere decir nada. Donde la izquierda legitima, pero la derecha no, toda izquierda se vuelve sospechosa de ilegitimidad: todos acaban persiguiendo a todos. Donde hay que ser de izquierda para ser, ser de izquierda y nada es lo mismo.

En rigor, no se puede ser de izquierda (ni de derecha): no hay tal manera absoluta de ser. Se está a la izquierda o a la derecha, en tal punto, con respecto a tal otra posición. Por lo mismo, considerando todo el espectro de posiciones posibles, lo normal es estar simultáneamente a la izquierda y a la derecha: a la izquierda de unos y a la derecha de otros.

La idea convencional de izquierda/derecha se corresponde con otra polaridad espacial: arriba/abajo. Se supone que la izquierda está abajo, con el pueblo y que la derecha está arriba; sobre ese volcán: que la gente de arriba está por el statu quo y la de abajo por el cambio. Pero no hay que olvidar que izquierda, derecha, arriba y abajo, son conceptos relativos. Todo depende de qué tan abajo o tan arriba; dónde y cuándo.

En fin, todos los venezolanos queremos ser de izquierda, hasta los de derecha. A pesar de que, como los revelan los evangelios, "el Señor Jesús, después de hablarles, subió al cielo, y está sentado a la derecha de Dios (Padre)".

www.juancarlosapitz.com
justiciapitz@hotmail.com
@justiciapitz

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viernes, 30 de octubre de 2009

REFLEXIONES LIBERTARIAS, CHUPAR-SIDE ECONOMICS..¿OTRA VEZ?, RICARDO VALENZUELA

Este artículo fue elaborado hace un par de años, pero ante la insistencia del gobierno mexicano de la aplicación de su chupar side economics, lo enviamos de nuevo modificado con la esperanza que nuestros políticos lo lean y, en especial, lo entiendan.

Cuando en 1970 Art Laffer dibujara su curva en la servilleta de un restaurante, se iniciaba el derrumbe de la iglesia propiedad de John Maynard Keynes edificada para rehabilitar una humanidad agredida por La Gran Depresión. Durante todo el siglo pasado el mundo se entregaba a las ideas del economista estructurando el New Deal y, de esa forma, la toma por asalto de las economías ante obesos gobiernos.

Las herramientas en el arsenal de Keynes eran numerosas, sin embargo, las resumimos en su recomendación para encadenar los mercados y darle al estado la palanca de “afinación” de las conductas económicas. Pero el sello más claro identificando el nuevo producto, era estimular las economías vía masivo gasto gubernamental para lo cual, era necesario se allegaran los recursos mediante aumentos impositivos astronómicos. Keynes aseguraba que inundando el estadio con dinero, se provocaba la recuperación de la atrofiada demanda y, magia, la economía explota en prosperidad.

Sin embargo, Keynes nunca recomendó se exprimiera a la sociedad para convertir gobiernos en banqueros, curanderos, electricistas, petroleros frente a ese nebuloso ser, el Estado, cuyo mensaje era; “te garantizo la felicidad desde la cuna a la tumba, solamente acepta esta celestial oferta.” Pero cuando a los gobiernos se les cede más control, jamás renunciaran a él y, por el contrario, como afirmara Jefferson, “Al ritmo que los poderes del estado crecen, las libertades se encogen.”

Consecuencia de la segunda guerra mundial, nacían el FMI, el Banco Mundial, la OMC y, lo más impactante, la entrega total a los gobiernos del sistema monetario internacional. Todo ello bajo la cobija de los acuerdos de Bretton Woods paridos por el intelecto de Keynes. Es importante señalar no toda la gloria de tal madeja pertenece al economista inglés puesto que, el socio intelectual y su principal apoyo fuera un economista americano, Harry Dexter White, cuyo extenso currículo lo identificaba como ex miembro del partido comunista.

El Keynesianismo cubría con su manto al mundo entero y, al arribo de la década de los años 70, se llegaba a extremos tales como el impuesto marginal en Inglaterra escalando el 90% del ingreso, y en los EU Nixon estableciendo control de precios y salarios. Pero la parranda Keynesiana terminaba dando paso a la horripilante cruda bautizada como Stagflación cuando, el desconocido fenómeno de inflación y recesión se presentaran por primera vez en el mismo doloroso paquete.

Era la época de Echeverría en nuestro acosado país quien, inspirado por Raul Prebish, padre de la teoría de la dependencia y muy asesorado por Enrique Cardoso y Enzo Faletto, buscaba una vía celestial hacia el socialismo la que continuaría Lopez Portillo quien, presumiendo del infinito mar de petróleo, rociaba la hoguera con dinamita.

La servilleta impresa con la curva de Laffer sería la inspiración de una singular pareja; Ronald Reagan y Margaret Thatcher, quienes utilizando una herramienta totalmente opuesta al Keynesianismo, se dieran a la tarea de combatir la Stagflación ejecutando agresivas reducciones de draconianos impuestos oprimiendo a los EE. UU. e Inglaterra. El nacimiento del bautizado Suply-Side economics (estimulación de la oferta), produjo el que los EU en los años siguientes triplicara su PIB apuntándolo hacia los 15 trillones de dólares, y la economía mundial viajara de 20 trillones a su arribo a los 60 trillones.

Hay grandes lecciones en la historia económica de ese cuarto de siglo, sin embargo, México no las ha entendido y el país continúa en su encrucijada. El paquete de la Reforma Fiscal recientemente aprobado por el Congreso lo confirma. Exhibiendo clara miopía, se define su vago objetivo el maximizar la recaudación del estado. Es decir, supongamos tenemos un pastel de 50 y el pedazo del estado representa 10, entonces, el estado solicita un serrucho para cortar uno que represente 15 para dejar la mesa patuleca.
Laffer y Mundell, laureado con el premio Nobel, nos dicen algo diferente: El estado sólo puede lograr ingresos saludables y sostenibles en la medida que las economías crezcan agresivamente durante largos periodos y, de esa forma, los números se modifiquen reduciendo, “porcentual mente,” el pedazo del estado pero de un pastel mucho más grande. Es decir, si el pastel viaja de 50 a 100 y el trozo estatal de 10 a 7, no se requiere ser sabio para entender un 7% de 100 es mayor que el 10% de 50. Solamente de esa forma se puede dar lo que México necesita con urgencia y no es mayor recaudación para el estado vía más impuestos, sino “la formación de capital.”

Laffer demostraba cómo los gobiernos al dar un paso más en sus cargas impositivas, producen el efecto contrario cuando, al asfixiar a los actores económicos, desalientan el empleo, la inversión, la producción, el consumo, bloqueando el crecimiento de la economía y, obviamente, se provoca el derrumbe de sus ingresos. Es por ello que la curva “invertida” de Laffer, para los políticos representa un jeroglífico.

Esta Reforma Fiscal pretende servir caldo de pollo en el menú nacional. Sin embargo, nadie parece entender que para proceder a su cocinado, el primer ingrediente requerido es un inexistente pollo. El odiado George W. Bush, con la reducción de impuestos implementada en su primer periodo, produjo más de 500,000 millones de dólares de ingresos adicionales. Reduciendo impuestos cocinaron un pastel más grande y el pedazo estatal fue entonces mayor ¿Como los gastaron? Ese es otro tema.

La Reforma fiscal aprobada por el congreso mexicano, en su versión Chupar-Side economics, sólo busca un pedazo más grande del mismo pastel encadenando al país con nuevos impuestos. Pero además, a los miembros de la oposición lo único que les preocupa es quien se comerá el nuevo y masivo trozo. No creo uno solo de ellos haya dedicado unos minutos a pensar ¿de dónde vienen esos miles de millones de pesos? ¿Estamos estimulando la oferta (producción) o simplemente estamos chupando el mismo hueso ya ausente de médula?

Ante una oportunidad histórica que se le presenta a México cuando en EU, cortesía del marxista, Barak Obama, las empresas en oleadas abandonan el vecino país, México en lugar de tenerles un tapete de bienvenida se dedica a implementar los mismos brebajes que ya estructura la primera administración socialista en la historia de los EE. UU.

El intento de “cazar” a los actores de la economía informal en lugar de darles las avenidas requeridas, provocará esa economía sigua creciendo de forma más creativa y al penalizar empresas productivas aumentando el impuesto sobre la renta, solo les da boleto para emigrar a otras praderas. ¿Reforma Fiscal? Más bien parece emboscada.

Ricardo Valenzuela
chero@cox.net
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miércoles, 13 de febrero de 2008

*QUE ES UN ESTADO LIMITADO O UN GOBIERNO LIMITADO


*QUE ES UN ESTADO LIMITADO O UN GOBIERNO LIMITADO
TOMADO DE WIKIPEDIA
El gobierno limitado es un tipo de gobierno en el cual las funciones y poderes ejercitados por el estado están limitados o restringidos por la ley, generalmente por medio de una constitución. Estos poderes nunca pueden intervenir con las libertades de cada individuo, así pues, el gobierno quedaría limitado a sus funciones de seguridad, justicia y obras públicas (infraestructura).
El término es de uso más o menos reciente y se ha querido aplicar a las teorías políticas de la Ilustración, las cuales dieron lugar al constitucionalismo liberal del siglo XIX, los cuales incluyen, como eje fundamental, la separación de poderes y el sometimiento del estado a una constitución.
Gobierno limitado y la Ilustración [editar]Si bien el estado siempre ha estado sujeto a una serie de controles, no sería sino hasta el siglo XVIII que los pensadores de la Ilustración propusieran que la ley debería regular la forma como estos controles se ejercían.

El modelo británico puede representar el ejemplo más claro de un estado controlado o limitado previo a la Ilustración. La forma como se establecían estos controles (y se siguen estableciendo) es mediante la convención y la tradición, sin que medie un documento (constitución) que establezca estos límites. En el modelo británico se encuentran ya los conceptos de separación de poderes que serían utilizados por los pensadores franceses del siglo XVIII para establecer el modelo ilustrado.
La constitución de los Estados Unidos de 1787 es el primer documento que, de forma clara, establece la separación de poderes, las libertades individuales y los límites del estado sobre la vida de las personas.
Debe aclararse que el término "gobierno limitado" no fue utilizado por los autores de la Ilustración ni de las constituciones que se hicieron con su espíritu. A pesar de la ausencia del término su significado sí era planteado, por ejemplo Adam Smith habló extensamente y en detalle de la necesidad de evitar la interferencia gubernamental en el mercado, absteniéndose de susbsidios, tarifas aduaneras o restricciones extramercantiles como los numeri clausi al ejercicio de las profesiones, pero no mencionó en absoluto ninguna palabra que se parezca al "gobierno limitado", Smith sí expresó un concepto parecido al explicar que el gobierno no debía ir más allá de ocuparse del ejército, la policía, la justicia y algunas obras públicas.

Gobierno limitado como concepto reciente [editar]En teoría política, el gobierno limitado es una noción promovida por el Cato Institute, un think-tank de la derecha liberal estadounidense, para describir un modelo de gobierno en el que los poderes del estado son reducidos. Aunque en sus líneas generales la doctrina se funda en las teorías republicanas de la separación de poderes y los frenos y contrapesos de la Ilustración, la concepción del gobierno limitado se apoya para sus propuestas concretas en teorías post-keynesianas (hayekianas y monetaristas) de la superior eficiencia del mercado para la mayor parte de las tareas estatales; promueve, por lo tanto, la apertura al mercado de los servicios sociales y las prestaciones de seguridad y educación, y la reducción de las estructuras burocráticas de administración y redistribución de los bienes públicos.

De acuerdo a los teóricos del Cato Institute, la única tarea legítima del gobierno es crear un marco de estabilidad garantizando la "paz, justicia y libertad" y defender los derechos individuales de sus ciudadanos; estos están definidos normalmente en términos de "libertad, vida y propiedad" o de igualdad de derechos en términos formales, puesto que la teoría del gobierno limitado rechaza que los derechos de segunda y tercera generación —que requieren la acción afirmativa del estado para garantizar prestaciones económicas, sociales, culturales y ambientales a los individuos— sean derechos en sentido estricto.

En esta concepción, el exceso en las funciones estatales, al tener éste el monopolio legítimo del uso de la fuerza, se equipara a la tiranía. Para evitar la concentración de poder en unas pocas manos, el concepto propone limitar los poderes y la actuación del gobierno: no sólo el establecimiento de una constitución que regule el ejercicio del derecho, sino restringir las capacidades de la administración de acceder a la prensa (para permitir la independencia de ésta), los medios de producción (para favorecer la iniciativa privada) y la educación (para evitar la difusión de propaganda estatal).

Junto con otras nociones, como las de governance (habitualmente traducida gobernanza), forma parte de la teoría política habitualmente asociada a los movimientos neoconservador y neoliberal.