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jueves, 13 de marzo de 2014

ALICIA FREILICH, EL DESFILE FACHISTA

Nunca les perdonaremos que nos hayan enseñado a matar.  Golda Meir.
¡PENSAR QUE LOS MANDAN DEL IMPERIO "MESMO"!
La Fuerza Armada chavista y  ex Nacional, desfilò a juro para mostrar al paìs y ratificar ante el mundo libre cuànto y en què se gastò la millonada de dòlares que durante  quince años entrò  por el petròleo  y se invirtió  sin beneficio para Venezuela,  en armamento  de ùltima moda, destinado a reprimir toda  disidencia ,opositores  y disconformes con su orgìa mercantil y mercenaria.

Ese dinero  tambièn està en las arcas de los castradores de la isla feliz de donde vino su jefe para la caminata de sus socios  guerreros, fratricidas  a la fuerza,  pues se trata de Raùl   estratega mayor en la venta de  sus pobladores a paìses colaboracionistas, mientras la mayorìa del pueblo cubano sobrevive en la miseria, el terror  y la desesperanza aprendida.

Està en los bolsillos de comisionistas  criollos y foràneos encantados o indiferentes ante  la desgracia venezolana mientras dure ese manà rojo rojito.Agarrando aunque sea mocho dice el cìncico refràn.

Està en las costumbres boliburguesas de los nuevos ricos que simulan ser comunistas o socialistas del siglo XXI es decir  lo mismo, mientras claman por su dios fallecido en esta fecha conmemorativa por cierto , una  verdad por verificar del todo,  pues ya es casi certeza que su inmortal  hèroe muriò antes y fue congelado mientras  se arreglaba el asunto de la herencia palaciega con gente viva, vivìsima, en La  Habana.

Està en Bolivia, Nicaragua,Argentina y las pequeñas islas caribeñas, mientras el  chavista por  fe o necesidad recibe su billetito mensual regalado para que aprenda a  sobrevivir por ahora, sin trabajar. Su ùnico oficio conocido es aumentar la masa de dos millones de empleados pùblicos que estàn obligados a asistir a los desfiles  a pie o en autobuses chequeados con listas bajo estricto control y amenazas a granel.

Està en los uniformes robocof, tanques, aviones ,buques, balas y sueldos de paramilitares , milicianos, guardias del pueblo, vigilantes de prisioneros polìticos y los infiltrados por el règimen para voltear la tortilla y asignar los crímenes y torturas  a quienes defienden sus derechos constitucionales, a manifestar sus reclamos, a la legìtima defensa y  a no sucumbir al miedo ni el chantaje.

Està  en las cuentas bancarias de  su odiado imperio  Estados Unidos, Suiza y  ciertos paraísos fiscales muy del capitalismo donde el gorilato  chavista  y sus intermediarios creen asegurarse un futuro sin arreglos con la justicia internacional. Lo mismo hicieron los millonarios  nazis de la postguerra  con la organización protectora de criminales, la cèlebre Odessa pero sus  resultados fueron  poco eficientes  porque todavìa no era un hecho la legislación permanente que castiga los crímenes contra los Derechos Humanos, lo mismo por acciòn, convicción  o silencio còmplice.

Este pasado sangriento Mièrcoles de Ceniza fue  de reflexiòn y plegaria para quienes nunca o alguna vez creyeron que Hugo CHàvez y su pandilla del samàn aragueño iban a componer el paìs desarreglado por el disfuncional  sistema democràtico cuarentòn,  mientras deciden cuàles y con quiènes se puede  barrer  tanta basura empobrecedora del alma y del cuerpo , limpiar  al menos làgrimas fìsicas por tanto duelo casero y nacional luego de doscientasmil vìctimas por criminalidad , decidir con cabeza frìa  si se  puede aliviar el dolor  acumulado y con los escombros levantar energìas para programar una nueva vida, diametralmente opuesta a la agonìa del despojo, la humillación y la esclavitud mental.Es posible que el resultado  sociopolìtico positivo tome un tiempo màs pero ya quedò sembrada la raìz resistida que le abre un futuro libre de ramas muy frondosas  a las nuevas generaciones de todos los bandos. A ellos les corresponde ceniza y  semilla para  la reindependencia.

Alicia  Freilich
alifrei@hotmail.com
@aliciafreilich

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jueves, 12 de septiembre de 2013

ANIBAL ROMERO, SIRIA Y LA GEOPOLITICA

La crisis siria se enmarca en un complejo contexto geopolítico. Existen en el Medio Oriente dos ejes fundamentales de confrontación. Durante décadas el eje principal enfrentó a Israel contra buena parte del mundo árabe e Irán. 


Actualmente este eje ha pasado a un relativo segundo plano y el conflicto clave se centra dentro del propio ámbito islámico, dinamizado por la pugna ancestral entre grupos religiosos y tribales. A la cabeza de los bandos se encuentra, de un lado, Arabia Saudita y el vasto universo sunita; de otro lado está Irán, liderando el sector chiíta. Teherán apoya a Assad (chiíta) en Siria, y también lo hace Moscú. Washington rechaza la expansión iraní, el empeño nuclear de los Ayatolas y la influencia rusa.


Israel, entretanto, percibe el programa nuclear de Irán como una grave amenaza a su seguridad; ello, sin embargo, no necesariamente le lleva a desear con alborozo el fin de Assad y su régimen, pues sabe que los rebeldes sirios no son esos personajes idealistas, simpáticos y democráticos que inventaron CNN, la BBC, y el resto de la idiotizada prensa occidental en general. Israel sabe que Al Qaeda se ha infiltrado ampliamente en Siria, y que una victoria sunita en ese país podría traer peores consecuencias que la permanencia del actual carnicero en Damasco. Basta con informarse de lo ocurrido en Egipto con la Hermandad Musulmana, así como en Libia luego de la intervención “humanitaria” y la muerte de Gadafi. Egipto tuvo que retornar a la dictadura militar, y Libia es hoy un foso de anarquía, caos y fragmentación tribal.

Si lo anterior suena confuso, pues me temo que en efecto lo es. La única forma de hallar una brújula que nos guíe para entender el tema es poner los pies sobre la tierra, y asimilar de una vez por todas que las grandes naciones no actúan por motivos “humanitarios” sino por intereses estratégicos concretos.

El problema para Washington en Siria tiene dos aspectos: Por una parte que Irán se anote un triunfo, si es que Assad, el aliado de Teherán, gana la guerra civil. Por otra parte que las armas químicas de Assad acaben en manos de Al Qaeda, Hezbolá, Hamás, y quién sabe qué otras organizaciones terroristas por el estilo. En realidad, y aunque luzca cínico sugerirlo (y así son con frecuencia las cosas en política internacional), a Washington lo que le convendría es que nadie ganase la guerra civil siria, y el único objetivo geopolítico sensato que podría lograr Barack Obama con un ataque más o menos en serio contra el régimen sirio, sería degradar la capacidad ofensiva de Assad, la de sus tropas, su fuerza aérea y sus armas químicas, e impedir que el tirano en Damasco logre una victoria decisiva.

Washington ha afirmado que el objetivo de un ataque no será derribar el régimen. Todo indica que se han percatado de que los famosos rebeldes no son los chicos buenos de las películas de Hollywood. Arabia Saudita, de su lado, está aterrorizada ante el avance nuclear iraní; parece decidida a presionar sin pausa por la caída del régimen en Damasco y de ese modo asegurar el triunfo sunita. ¿Y Al Qaeda? Ni la mencionan, pero allí está.

La enorme decepción de la llamada primavera árabe, los tremendos fracasos en Irak, Afganistán, Egipto y Libia, la carnicería siria y el progresivo desmembramiento de países enteros según divisiones religiosas y tribales, incluidos seguramente el Líbano y Jordania, inducen a pensar que el panorama geopolítico del Medio Oriente no hará sino complicarse. Hay problemas sin solución y “soluciones” mal concebidas que más bien agravan los problemas.

SUNITAS, CHIITAS Y JARIYITAS.
 

En el año 657, en la batalla de Siffin, se dividió la comunidad musulmana en tres grupos que perduran hasta la actualidad. Los partidarios de Alí creían que solo aquellos que tuviesen directamente la sangre de Mahoma podían ser califas. A estos se les denominó chiitas.
Por otra parte estaban los sunitas, que pensaban que el califato debía recaer en la persona que tuviese el mayor poder o influencia y que eran partidarios de Muawiya.
Por último estaban los jariyitas, que sostenían que cualquier persona podía ser califa siempre que fuese el mejor de los musulmanes, sin importar ni siquiera si era un esclavo. Defendían que era la comunidad la que tenía que elegir al califa y no los poderosos y los notables, y que estaba justificado matar a un mal califa.
En el año 661 un jariyita mató a Alí, y Muawiya quedó como califa inaugurando la dinastía omeya. Sus seguidores, los sunitas, se convirtieron en la opción mayoritaria y en la actualidad son más del ochenta y cinco por ciento de los musulmanes del mundo.
Por su parte, los chiitas siempre han sido minoritarios, y hoy en día son cerca del doce por ciento de los musulmanes. Tienen un peso muy importante en Irán, Irak y Asia Central. El chiismo ha sido en muchos momentos una opción para marcar la identidad cultural de ciertos territorios por medio de la diferencia religiosa.

Por último, los jariyitas siempre fueron aún más minoritarios y actualmente rondan el millón de seguidores.


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martes, 6 de julio de 2010

FANTASÍAS GEOPOLÍTICAS, ANÍBAL ROMERO

El petróleo y el mesianismo bolivariano se han combinado para dar a la política exterior venezolana rasgos singulares. El más notorio es el desfase entre nuestras ambiciones y nuestras capacidades. A pesar de que somos un pequeño país colmado de vulnerabilidades, en diversos momentos hemos pretendido establecer la “justicia social internacional” y crear un “nuevo orden económico internacional”, entre otros objetivos tan etéreos como desproporcionados.

El actual régimen prosigue ese rumbo delirante añadiéndole otro elemento: la ideología. Me refiero a esa mezcla letal de prejuicios, obsesiones y odios que podríamos denominar “visión ceresoliana” de las relaciones internacionales.

Quien intente determinar las coordenadas que guían los pasos de Chávez en el mapa mundial se equivocaría buscándolas en Marx y Lenin. Lo crucial es leer el iracundo y funesto panfleto de Norberto Ceresole, fácilmente accesible en Internet, titulado “Caudillo, pueblo, ejército”. Allí están las claves del sueño geopolítico que empuja al caudillo venezolano hacia el abismo.

Lo más grave del asunto es que Venezuela podría acabar también en las profundidades del foso que Chávez cava a diario para el país.

En su esencia, la “visión ceresoliana” mezcla el antisemitismo y el antiyanquismo, así como la convicción de que una nueva alianza de “oprimidos” debe forjarse en función de la definición de enemigos comunes y la destrucción del orden existente, sin reparar demasiado en la alternativa que luego vendrá. De este modo, Chávez se ha asociado con toda suerte de personajes, causas y regímenes que poco o nada tienen que ver con intereses fundamentales de un país en las condiciones del nuestro, pero que se ubican en el contexto de los prejuicios, obsesiones y odios a los que ya hice referencia.

El problema para Chávez es doble: Por un lado, su verdadera capacidad, y la de Venezuela, para contribuir decisivamente a llevar a cabo los cambios que desea es muy limitada. Por otro lado, sus enemigos declarados (por él mismo), en particular EEUU, no le prestan demasiada atención y le perciben como el zumbido de un mosquito que danza en torno a las orejas, pero sin más. Como resultado, Chávez hace ruido pero no excesivo daño, excepto a los propios venezolanos. Además, la distancia entre la fantasía y los hechos genera una creciente pérdida del sentido de la realidad por parte de un líder que se concibe como pieza crucial de un ajedrez global, pero en verdad carece del poder e impacto que su febril imaginación concibe.

De todo ello deriva un peligro: la retórica incendiaria y diarios desplantes del caudillo no han tenido costos para él, pues nadie en el fondo le hace caso; sin embargo esto podría cambiar, con serias repercusiones para Venezuela.

Por ejemplo, si Israel ataca Irán y los Ayatolás deciden bloquear el estrecho de Ormuz y detener los suministros petroleros desde la zona, Chávez tendría que decidir: ¿Solidarizarse con sus “hermanos” iraníes y cesar los envíos de petróleo al Norte? ¿O humillarse y continuar favoreciendo al detestado “imperio”?

En otros tiempos las fantasías geopolíticas fueron inofensivas. Inflaron la vanidad de nuestros dirigentes y acumularon discursos inútiles en los archivos de la Cancillería. Pero ahora las consecuencias del delirio tropical podrían agravarse. Chávez prometió “desarrollo endógeno” y destruyó la estructura productiva del país; “seguridad alimentaria” y la convirtió en comida podrida; “independencia energética” y casi nos deja sin luz. La pesadilla ceresoliana es otra cosa: una apuesta mortal.

info@anibalromero.net.
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viernes, 21 de marzo de 2008

*PEDRO BAÑOS BAJO ESCRIBRE PARA EL DIARIO DE LEÓN EN ESPAÑA: “LA INVIABLE SOLUCIÓN MILITAR”


*PEDRO BAÑOS BAJO ESCRIBRE PARA EL DIARIO DE LEÓN EN ESPAÑA: “LA INVIABLE SOLUCIÓN MILITAR”
Jueves, 20 de Marzo de 2008

La tensa situación vivida en Sudamérica ha vuelto a sacar a la palestra unos intereses geopolíticos que muchos ya creían desaparecidos en la presente era de la globalización y del imperio de la tecnología. Cuando parecía que ya sólo se hablaba de guerra nuclear, asimétrica, total o ilimitada, tres países fronterizos han mostrado que los principios estratégicos clásicos siguen plenamente vigentes.

En realidad, y aunque la amenaza más o menos velada del empleo de la fuerza militar convencional ha sido profusamente empleada en el juego de palabras político, el recurso al esfuerzo bélico se hacía inviable.

Venezuela, con 63.000 hombres en filas, ha tenido la fortuna de no participar en ningún conflicto externo desde su independencia. Con una delicada situación interna, caer en la red de la búsqueda de soluciones militares podría haber significado la desaparición de Hugo Chávez del escenario político. Su deteriorada imagen internacional no le habría facilitado las cosas. Y el pueblo norteamericano podría haber apoyado cualquier acción que le garantizara el suministro energético procedente de una zona tan próxima a su territorio y consolidara la decidida lucha contra el narcotráfico.

Aún contando con el apoyo de los 16.000 efectivos de la FARC, que si bien arrinconadas mantienen intacta su capacidad de combate, su capacidad ofensiva estaría en desventaja. Además, de seguir así las cosas, y como lo demuestra la paulatina eliminación de sus principales líderes, el tiempo de las FARC se acaba. Si bien su ideología originaria de búsqueda de la justicia social siempre quedará latente entre los más desfavorecidos, la eficacia de las acciones de Uribe les dejan poco margen de maniobra para representar una verdadera amenaza.

Por su parte, Ecuador, con 47.000 soldados, dispone de uno de los mejores ejércitos de la región, con especial reconocimiento a sus bien entrenadas fuerzas especiales y de combate en la selva. Compensa su debilidad en carros de combate (sólo tiene 25 carros ligeros AMX-13 franceses) con abundantes medios contra-carro, aunque su aviación se limita a 24 desfasados aviones Mirage F1 y Kfir brasileños. Pero su interés en una guerra es nulo, teniendo centrados sus esfuerzos en el difícil desarrollo de la economía interna. Además, su gran objetivo geopolítico es conseguir que la comunidad internacional le compense con la mitad de los teóricos beneficios -unos 1.400 millones de dólares anuales- que obtendría de explotar la gran bolsa de petróleo localizada en el subsuelo del Parque Nacional Yasuní. Considerado como una de las principales reservas de la biosfera, en su interior se encuentran poblaciones indígenas no afectadas por el desarrollo, como los indios Huaorani, por lo que todas las organizaciones medioambientales del mundo están interesadas en su preservación. La entrada en un conflicto abierto perjudicaría seriamente esta opción tan necesaria para el pueblo ecuatoriano. Por otro lado, su enemigo tradicional ha sido Perú, por lo que una guerra con Colombia dejaría su frontera peruana muy debilitada y expuesta.

Frente a ellos, los más de 200.000 hombres del ejército colombiano, perfectamente equipados y experimentados tras largos años de lucha contra la guerrilla y el narcotráfico, entrenados por asesores militares de las fuerzas especiales estadounidenses. Por si fuera poco, Bogotá dispone de amplio apoyo de los Estados Unidos en inteligencia, imágenes procedentes de satélites y dominio del espectro electromagnético (principalmente escucha e interceptación de comunicaciones). Su principal carencia está en los carros y aviones de combate. Bien sabía Hugo Chávez lo que decía cuando ordenaba por televisión a su Ministro de Defensa desplegar «tanques» y aviones. Pero de materializarse la previsible ayuda norteamericana, esa superioridad venezolana, especialmente en la zona norte de la frontera, sería muy breve.

A este baile de cifras hay que añadir la complejidad del posible teatro bélico. De los 2.219 kilómetros de frontera entre Colombia y Venezuela, casi la mitad es una selva impenetrable, con árboles que llegan a alcanzar los 40 metros de altura y donde el movimiento, exclusivamente diurno, se llega a limitar a los 100 metros a la hora. Con ríos de cientos de metros de anchura, con kilométricas zonas anegadas, donde ni las radios ni los GPS funcionan correctamente, la logística se limita a lo que el combatiente puede transportar sobre él. Un escenario donde sólo pequeñas unidades específicamente entrenadas pueden no ya combatir sino simplemente sobrevivir.

Por todo ello, una confrontación a gran escala es en la práctica imposible. Ni lo permite el terreno, ni les interesa a los líderes locales. Uribe debe continuar con su efectiva política de recuperación nacional. Correa tiene asuntos más importantes de los que ocuparse, como la construcción de una solvencia económica. Y a Chávez le podría haber supuesto el fin de sus días políticos.

Afortunadamente, ha vencido la sensatez y la prudencia. El recurso a una acción bélica de envergadura hubiera significado tan sólo un parón completo al desarrollo de unos pueblos que ya tanto han sufrido. Es una guerra que nunca debe tener lugar.