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lunes, 16 de enero de 2012

GOLFREDO DÁVILA: CULTO A LA PERSONALIDAD

               La alternativa planteada es una sociedad en la que prevalezcan los intereses colectivos sin que desaparezca el individuo y su visión del mundo, que democratice el Estado, el conocimiento y la ciencia en función de la justicia, el desarrollo y el progreso.
Nadie podría imaginarse que en pleno siglo XXI el culto a la personalidad todavía estuviera presente en diversos rincones del mundo. Éste sigue siendo un mal, así como el odio, la violencia y las guerras. Cabe preguntarnos ¿Será que en la humanidad predomina el pensamiento irracional sobre la razón y la ciencia? pareciera que sí, a pesar que la razón y el desarrollo científico tecnológico han estado al servicio de todos y las conductas irracionales han sido causantes de guerras, de muerte  y destrucción.
               El culto a la personalidad no es un invento, él existe y se ha transmitido como un hecho cultural de generación en generación, se incuba principalmente en quienes no han tenido acceso al conocimiento y a la educación, es altamente aprovechado por líderes de toda índole y sobre todo los que manipulan con el pensamiento político e ideológico. En algunos países como el nuestro, también se ha promovido a través de la divulgación de una historia cargada de lo mítico y de una sobrevaloración extrema de los héroes patrios. En la Italia de los años XX del siglo pasado el dictador Benito Mussolini conquistó la voluntad popular a través de la identificación de un “nosotros” herederos de las glorias pasadas del Imperio Romano; en nuestro caso se combina el uso hábil del efectismo mediático y propagandístico con un diseño educativo que exalta al máximo la figura de Bolívar, para crear una suerte de cordón umbilical entre Bolívar como héroe patrio y la figura de Chávez, buscando penetrar en el subconsciente de los niños para incrementar el fanatismo hacia el caudillo. Está conducta política le ha causado mucho daño a los pueblos del mundo, quienes son los verdaderos hacedores de historia, porque han exacerbado los odios, han causado división, violencia y en casos como la Alemania Nazi Fascista se profesó el culto a la muerte, se asumía un mundo donde sólo tenían cabida los partidarios del régimen.
               El culto a la persona, que se expresa en la adoración excesiva de un caudillo vivo y carismático, vinculando la dimensión religiosa con la política, por tratarse en la mayoría de los casos de jefes de Estado. En la Roma (46 a. C.) se desarrolló el culto al César, en el siglo XX entre otros, a Stalin (URSS), a Mao Tse-tung en la China, Mussolini en Italia, a Adolf Hitler en Alemania, Saddam Husein en Irak, Juan Domingo Perón en Argentina, Rafael Leónidas Trujillo en República Dominicana, Fidel Castro en Cuba y hoy a Hugo Chávez en nuestro país. En las dictaduras el culto al dictador subyuga a la cultura democrática aún cuando esta luego se sobreponga. Todo esto al margen del supuesto pensamiento ideológico que se pregona, por cuanto en dichos regímenes se hace gala de mucha verborrea, pero su práctica se circunscribe a la promoción de la figura del caudillo quien se aprovecha del poder para promover una religión que gira alrededor de su omnipresente imagen mesiánica.
               En los últimos tiempos el proceso de exaltación de la persona se ha dado a través de una combinación perfecta entre el uso y abuso de poder con los medios de comunicación de masas, porque es más fácil llegar a la gente con la emoción que con la reflexión; lo racional, en publicidad se evade y se recurre todo tiempo a lo emocional instintivo; el pueblo es susceptible a los encantos mesiánicos, a la mentira compulsiva, a la hipocresía carismática y a la demagogia. Los medios crearon los súper héroes, los Supermán, los Rambo, entre tantos otros, restándole méritos a la lucha de los pueblos por la libertad, hoy exaltan la persona como noticia, hacen hincapié en el protagonista de la noticia, en el que genera más Rating y por supuesto toda política del medio, sea por intereses económicos o por pura sobrevivencia, estará influenciada de una u otra forma por quien maneja el poder. Así mismo, a raíz de la crisis de los partidos políticos y de las instituciones se produjo un deslave de lo colectivo, lo cual fue generando un incremento progresivo del personalismo.
               La alternativa planteada es una sociedad en la que prevalezcan los intereses colectivos sin que desaparezca el individuo y su visión del mundo, que democratice el Estado, el conocimiento y la ciencia en función de la justicia, el desarrollo y el progreso.
golfredodavila@yahoo.es

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domingo, 8 de enero de 2012

ZENAIR BRITO CABALLERO: “LA EMBRIAGUEZ DEL PODER”

Diariamente consulto en la red a intelectuales de alta envestidura en la política, las artes, las ciencias, la tecnología, la literatura, la filosofía y la psicología, y por casualidad en uno de los links tropecé con la historia del Dr. David Owen, que fue un famoso médico neurólogo y político inglés que llegó a ser ministro de Asuntos Exteriores y fundador del partido Socialdemócrata de su país.
Lo que mas me llamo la atención del personaje, fue la publicación que el hizo de un libro en el cual describió el síndrome de Hybris, que ataca a aquellos gobernantes que mientras disfrutan de las mieles del poder se sienten dioses y una vez pierden el mando se deprimen porque sus sucesores no atienden sus instrucciones. Pasan de la megalomanía a la paranoia sin solución de continuidad.
Se cuenta que fueron los griegos quienes primero usaron el término “Hybris” para definir al héroe victorioso que, ebrio de poder, se comporta como un dios. De allí que al síndrome de Hybris se le llame también “la embriaguez del poder”.
Como síntoma especial de este mal se señala la incapacidad del gobernante de escuchar las opiniones diversas. No consulta sus decisiones porque siempre las cree correctas y lícitas, así después cuestione a los demás por el mismo proceder. Lo que en el dios chiquito es válido, no lo es en sus contradictores. Lo que en su tiempo es acertado, después no lo es. Cuando se vale de todas las herramientas a su alcance su actuación es legítima, mas si lo hace su sucesor, es indebida.
Todo comienza, al decir del Dr. Owen, en el momento en que el gobernante se rodea de aduladores que magnifican su mandato, hasta llevarlo a pensar que era el indicado para ejercer el poder y que precisamente por eso está ahí. El destino se encargó de situarlo en el lugar exacto a la hora justa.
En una segunda etapa llega a un estado de egolatría exagerada, propia de un iluminado, que lo hace creerse infalible e insustituible. La persona o institución que no esté de acuerdo con él pasa a ser su enemiga personal y debe ser exhibida públicamente como traidora a la patria. Usa toda la maquinaria del Estado y a sus escribidores de cabecera para rebatir las ideas contrarias y para desprestigiar a sus objetantes.
Al quedar huérfano de poder sufre por la voltereta de sus áulicos que persiguen reacomodarse en el nuevo mandato. Reclama abnegada sujeción a sus órdenes, como si todavía tuviera súbditos. Se sume en un profundo abatimiento, envejece con inusitada rapidez, se torna hosco, se impacienta, rabia, trina, y hasta les niega el saludo a sus antiguos aliados. No soporta la dejación, el abandono. Es un rey sin corona reclamando un trono perdido.
Casos emblemáticos de líderes que adolecieron del mal de Hybris lo fueron Winston Churchill en Inglaterra y George Bush (padre) en Estados Unidos. Lo que no se puede afirmar, con sereno juicio, es que todos aquellos gobernantes cuya generación arriba al mismo cargo han sufrido de la embriaguez del poder, como lo fueron Rafael Caldera o Carlos Andrés Pérez, por ejemplo. La historia se encargará de calificarlos.
Lo que sí no se puede perder de vista es que el síndrome de Hybris en su fase final conduce a la paranoia, que es una perturbación mental que requiere ser atendida profesionalmente. Quien conozca a algún ex gobernante del orden nacional, estadal o municipal que presente estos síntomas, y lo quiera sinceramente, debería aconsejarle asistencia médica especializada. Claro, no seria Edmundo Chirinos ex psiquiatra del comandante y hoy condenado a 20 años de cárcel por homicidio y patologías sexuales severas. De paso podría prevenir a los que terminan sus mandatos este 2012 de las perversas consecuencias de la soberbia.
britozenair@gmail.com

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viernes, 4 de noviembre de 2011

ALBERTO MEDINA MÉNDEZ: ALTANERÍA MILITANTE (FUENTE EXISTE OTRO CAMINO)

Algunos líderes se han convencido de su propio éxito, a tal punto de creer que han encontrado la fórmula mágica, la prescripción perfecta, el secreto tan anhelado, para conducir los destinos sus naciones.

Es tal la perdida de humildad de esos personajes, que no solo se elogian a sí mismos a diario, sino que se sienten tan inteligentes, tan superiores, que no aceptan bajo ningún punto de vista que alguien intente una discrepancia respecto de sus creencias. Toman sus visiones como las únicas posibles y no comprenden la posibilidad de un pensamiento divergente.

Obviamente, los rodean como siempre aduladores profesionales, fanáticos sin criterio propio, audaces oportunistas y gente que no solo aplaude sus acciones cotidianas sino que descubre en el líder atributos que ni siquiera él se habría reconocido.

Pero su arrogancia llega mucho más lejos aún, porque no solo se ufana de sus supuestos triunfos, sino que además cree férreamente en la originalidad de sus recetas, entiende que ha descubierto algo que no tiene antecedentes y que su acción de gobierno es fundacional, inédita, singular, y que por tanto quedará en la historia, en el bronce, por sus logros.

No admite bajo ningún punto de vista la posibilidad del error, mucho menos aceptará la crítica y buscará permanentemente cualquier mecanismo para dejar fuera de la cancha a sus detractores, aunque jamás reconocerá en público, su evidente nivel de intolerancia democrática, pese a recitar lo opuesto, declarándose defensor de la libertad de expresión y la pluralidad.

Lo paradójico es que los ciudadanos de su patria, reniegan de cualquier extranjero que se anime o tenga la osadía de opinar sobre su país, sus acontecimientos políticos o sus decisiones económicas. Cualquier foráneo que se atreva a dar su parecer sobre su patria, mucho más aun sobre sus políticas implementadas, es rechazado por el solo hecho de no haber nacido o, al menos habitado el suelo local.

Esa especie particular de xenofobia que forma parte del folklore doméstico, se transforma rápidamente en bronca, en odio y resentimiento, y alcanza diferentes niveles de vehemencia según la nacionalidad del eventual interlocutor. Los hermanos del continente y fundamentalmente de países vecinos serán menos cuestionados, pero aquellos de otras latitudes, con idiomas diferentes y culturas e idiosincrasias distintas, no tendrán siquiera cabida a la hora de dar su perspectiva y serán rechazados de plano.

Ni hablar del caso en el que esas opiniones provengan de instituciones políticas de otros países, gobiernos u organizaciones supranacionales. Esos comentarios, o sugerencias se tomarán como una pretendida orden imperial, o como la impertinente intromisión en asuntos de estado, o propios de la soberanía local, que ningún país debiera vulnerar.

Ahora, lo extraño de esta pretendida teoría pseudo nacionalista, es que cuando el líder local de turno tiene la oportunidad de disponer de una trinchera pública, de un ámbito mediático, o de un auditorio internacional, o institucional fuera de su país, parece en ese caso estar mágicamente habilitado para ocuparse de otras naciones y sus conductores.

No solo lo hace, sino que se anima a hacer recomendaciones con una arrogancia poco comparable con los jefes de Estado a los que suele criticar por lo que describe como idénticas acciones.

La explicación es simple. Considera que su figura no es comparable con ninguna, se ve a sí mismo como especial, inteligente y original, por lo tanto el sí se siente debidamente autorizado moralmente para hacer y decir lo que le plazca, sin el riesgo de ser juzgado de igual modo por los que reciben su discurso.

Cuando habla un extranjero interfiere en asuntos de otras naciones, pero cuando lo hace el líder de cabotaje, no hay problema alguno, es como que tiene argumentos para “entrometerse” sin ningún desparpajo.

Y un componente adicional son las circunstancias propias y ajenas. Dar consejos desde la cómoda posición que otorga el viento a favor es al menos poco objetivo, sino hipócrita. Darle recomendaciones a quien tiene viento en contra desde la vereda opuesta es un despropósito, y alguien debería tener al menos el decoro, la mesura, la prudencia de llamarse a silencio.

Cuando la coyuntura establece un escenario positivo, sobre el que no tenemos influencia pero que nos permite un despliegue más holgado, el sentido común, pero por sobre toda las cosas, la grandeza espiritual y humana debería aportar la cuota de recato que la situación amerita.

Y que quede claro que no hablamos de alguien, sino de muchos. No se trata de un personaje en particular, sino de varios y de una actitud reiterada en la historia. Cada nación, cada comunidad, cada ciudadano y sus dirigentes por ende, deben lidiar con sus propios problemas.

El arsenal de ideas, de herramientas y hasta de creencias que aplicarán para intentarlo depende de muchos factores, y hay que saber respetar esa singularidad, teniendo la cordura y la madurez para darse el lugar que corresponde y no otro.

Lo que hace grandes a los hombres, célebres a los dirigentes, estadistas y no mediocres a los conductores, son sus cualidades y atributos personales, y no sus defectos y bajezas humanas. Para que quede claro, no está en la lista de las virtudes esta permanente altanería militante.

amedinamendez@gmail.com
skype: amedinamendez
www.albertomedinamendez.com

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lunes, 4 de julio de 2011

IVÁN ENRIQUE LEÓN HERNÁNDEZ: YO Y MI EGO HASTA LA MUERTE Y SEPULTURA

Según pensamos, asi somos; según sentimos, asi procedemos

El ego es un discutidor por excelencia. Porque necesita detentar su "verdad", monopolizar la "razón", imponerse y afirmarse, crear dogmas y organizar instituciones. El ego es un desesperado hambriento que no puede saciarse coma lo que coma, es decir, acopie lo que acopie, obtenga lo que obtenga.

Con demasiado ego, no hay posibilidades de ánimo sereno, tampoco de verdadera tolerancia, porque el ego lo quiere todo aqui y ahora. El ego la voluntad de poder, acumular, aparentar, exigir, vencer y convencer, dogmatizar, adoctrinar y ejercer poder. El ego compite, polemiza, discute y siempre quiere salirse con la suya, sin ningún tipo de respeto por las otras personas. Pero la persona inteligente no entra en inútiles polémicas que roban la vitalidad, alteran el humor, degastan psiquicamente y no conducen a nada en absoluto. Hay discutidores crónicos y lo mejor es evitarlos; hay dogmaticos empedernidos y lo mejor es no entrar en su juego de intransigencias.

La persona equilibrada no se presta a es tipo de inútiles contiendas; en su propia visión equilibrada está no dejarse arrastrar por es "marea". No tiene por qué imponer sus ideas, ni ansiar que los demás comulguen con sus opiniones, ni adoctrinar a los otros con sus conceptos. La persona de ánimo equilibrado y visión clara no necesita por ello las peligrosas "verdades" a medias de las organizaciones o instituciones de cualquier tipo. Es una verdadera revolucionaria de lo interno y no trata de salvar otras almas, reformar otros espiritus o crear PSUV, disculpen putrescibles organizaciones que detenten el poder. Eso queda para los politicos, los falsos lideres de masas.

Toda organización se empantana, camina sobre arena movedizas y se torna putrescible, porque se quiere imponer, hace proselitismo, impone ideas. Además, los que dirigen una organización tienen la consciencia embotada y su corazón no siente compasión. A menudo, demasiado a menudo, no son gente decente, ni noble, ni virtuosa, ni mucho menos amorosa. Por seo detestan a los misticos; ignoran a los poetas; tratan de manipular a las gentes pacificas, y adoctrinan salvaje e impúdicamente a los adolecentes. Por ello conviene ejercitarse para arragarse en uno mismo, ser y darse, pero no prestarse al juego de las disputas ni dejarse llevar por la necesidad egocéntrica de "aplastar" a los demás, aunque sea con ideas.

La mente pequeña se consolida y fija en el pequeño yo, el ego, que es la identificación con el cuerpo, las tendencias mentales, la imagen y la máscara de la personalidad; la mente grande o iluminada está establecida en el ser, más allá del mórbido egocentrismo y todas sus tendencias egoistas y personalistas. Pero en tanto no logramos un estadio muy elevado de realización, el ser humano se aferra a su pequeño ego y a su esclerótica personalidad de un modo desesperado, y asi no dispone de una visión suficientemente despejada para ver lo que hay más allá del angosto escenario de la mente condicionada.

Un Peatón sin Barreras Caminando siempre Caminando

peatones.sin.barreras@gmail.com

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jueves, 2 de diciembre de 2010

EL PERDEDOR RADICAL. JUAN CARLOS APITZ

El moderno Prometeo de Sabaneta encabezó el martes pasado, desde el Salón Elíptico, la sesión especial de la Asamblea Nacional con motivo del caricaturesco acto “En defensa de la patria, su soberanía y contra el imperialismo”. Allí aseguró: “Si el imperio ‘yanki’, con todo su poderío, decide agredir, seguir agrediendo, y agredir abiertamente a Venezuela, aquí estamos dispuestos a lo mismito, a morir por esta patria y su dignidad”. Por lo que, me temo, estamos ante alguien con impulsos homicidas y autodestructivos, es decir, un auténtico perdedor radical.


El perdedor radical es aquel que vive ensimismado, se aparta de los demás, se vuelve invisible, cuida su quimera, concentra sus malas energías y espera a escondidas su hora. Se trata de un hombre que se atribuye a si mismo una superioridad tradicionalmente incuestionada y no se resigna a que el plazo de esa supremacía caducó, por lo que le será infinitamente difícil aceptar su pérdida de poder.

El perdedor radical es de difícil acceso y, en último término, imprevisible; un individuo dispuesto a todo, hasta las últimas dañinas consecuencias. El discurre a su manera, eso es lo malo. Calla y espera.

El perdedor radical puede estallar en cualquier momento. La única solución imaginable para su problema consiste en acrecentar el mal que le hace sufrir. El motivo que provoca el estallido suele ser del todo insignificante. Resulta que el violento es extremadamente susceptible en lo que se refiere a sus propias emociones. Una crítica o un chiste son suficientes para herirle. No es capaz de respetar los sentimientos de los demás, mientras que los suyos son sagrados. No se trata de simple irritación sino de rabia asesina.

Lo que a este perdedor le obsesiona es la comparación con los demás, que le resulta desfavorable en todo momento. La irritabilidad del perdedor aumenta con cada mejora que observa en los otros. La pauta nunca la proporcionan aquellos que están peor que él; a sus ojos, siempre es él a quien se ofende, humilla y rebaja. La pregunta de por qué esto es así contribuye a sus tormentos. Es incapaz de imaginarse que quizá tenga que ver justamente con él. Por eso tiene que encontrar a los culpables de su mala suerte.

En consecuencia, sólo la proyección es capaz de aliviar al perdedor por un tiempo, pero no puede calmarlo de verdad. Pues a la larga resulta difícil afirmarse frente a un mundo hostil y es imposible disipar total y absolutamente la sospecha de que pueda haber una explicación más sencilla de su fracaso, es decir, que tenga que ver con él, que el humillado es culpable de su humillación, que no merezca en absoluto el respeto que reivindica y que su vida no valga nada.
Asi que, la única salida a su dilema de vida es la maléfica fusión de destrucción y autodestrucción, de agresión y autoagresión. Por un lado, el perdedor experimenta un poderío excepcional en el momento del estallido; su acto le permite triunfar sobre los demás, aniquilándolos. Por otro lado, al acabar con su propia vida da cuenta de la cara opuesta de esa sensación de poderío, esto es, la sospecha de que su existencia carece de valor.

Finalmente, el perdedor radical es de los que avisa, de manera estrafalaria, como Rafael Correa en Ecuador o el Chavo del 8 en su bonita vecindad: “Primero muerto antes que perder la vida”. ¡Sale y vale!

www.juancarlosapitz.com
justiciapitz@hotmail.com
En twitter: @justiciapitz
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viernes, 29 de octubre de 2010

EGOCENTRISMO, HECHO PERSONA. CHÁVEZ, ÉL YO ABSOLUTO. IVÁN ENRIQUE LEÓN HERNÁNDEZ

El egocentrismo es la actitud por la cual descarta de cuajo cualquier punto de vista distindo al mio. Cuando tenemos el narcisismo agudizado, nos sorprendemos de que la gente no esté de acuerdo con lo que pensamos.

Una forma de maltratar al prójimo es no considerarlo un interlocutor válido. Repudiarlo y no verlo "como un otro legitimo en la convivencia", tal como afirmaba el biólogo Maturana, H. (1997. Emociones y lenguajes en educación y politica. Chile: Dolmen Ediciones). Te cosifico en tanto no te reconozco como sujeto, como un ser pensante con voz y voto. Aceptar al otro como un "sujeto válido" es mirarlo como "un fin en si mismo", como alguien que merece respeto y tiene derechos, asi no estemos de acuerdo.

Respetar es tomar al otro es serio, y tomarlo en serio es aceptar que tiene algo para decir que vale la pena escuchar.

Umberto Eco (1997 ¿En qué creen los que no creen? Barcelona: Planeta). La ética comienza cuando los demás entran en escena, es decir, cuando nos vemos "obligados" a defender y fundamentar las propias decisiones bajo la mirada ajena. Entonces ser ético es descentrarse y ponerse en los zapatos del otro.

Si lo vemos en detalle, ubicarse en el punto de vista ajeno requiere de un proceso bastante complejo. El procedimiento ético al menos de los siguientes pasos:

(1) descentrarse (humildad), (2) adoptar momentáneamentela posición del interlocutor (juego de roles), (3) identificar con claridad su opinión (explorar sin prejuicio), (4) regresar a la propia creencia con la nueva información y (5) tratar de congeniar los intereses particulares con los de la otra persona. Llevar a cabo este juego de ida y vuelta exige una flexibilidad y capacidad nada facil de alcanzar.

De los anterior surgen las siguiente preguntas: ´realmente realizamos este proceso de descentramiento cuando nos encontramos en una discusión o un alegato? ¿hasta dónde nos preocupamoos seriamente por fundamentar nuestros puntos de vista y hacerlos razonables y razonados? ´Hasta dónde incluimos al otro sujeto? Pensemos en las relaciones que establecemos con nuestros amigos, la pareja y los hijos: ¿Realmente nos ponemos en su punto de vista cuando abordamos sus necesidades?

Peter Singer. (2001. Ética para vivir mejor. Bogotá: Planeta).  Dice:

"Al nivel más fundamental del pensamiento ético, debo considerar los intereses tanto de mis enemigos como los de mis amigos, y los intereses de los desconocidos como los de mis familiares. Sólo si, después de tener plenamente en cuenta los intereses y preferencias de toda la gente, sigo pensando que la acción es mejor que cualquier otra alternativa, puedo genuinamente decir que la debo llevar a cabo" (pág. 209).

Esta identificación con el prójimo no sólo humaniza al interlocutor que tienes al frente sino que te humaniza a ti, en tanto asumes la responsabilidad de sustentar tus posiciones (dar razón de ellas) ante los demás. Es el mundo compartido del que hablaba el filósofo Max Scheler (Gomá, F. 2003. "Scheler y la ética de los valores",. En V. Camps (Ed). Historia de la ética. Tomo III. Barcelona: Critica), donde se hace evidente la participación afectiva, la empatia o la simpatia: " Mereces mi escucha activa". Reconocer al otro como sujeto es asumir la intimidad ajena, es volver añicos la indiferencia social y afectiva y reafirmar la dignidad como derecho no negociable.

La ética nos induce a pensar antes de actuar, a ser prudente, a decidir sobre lo que está bien y lo que está mal de acuerdo con nuestro códigos y en relación con el mundo que habitamos. Su preguntas es: "¿Cómo he de vivir?" Tal como vimos, se trata de comportarnos humanamente.

¿Y la moral? Ella nos dice cómo debemos comportarnos.Se reefiere más al deber hacer, son los imperativos Kantianos, es la normativa sin excepciones, es aquello que garantiza la supervivencia de una sociedad que carece del suficiente AMOR y por lo tanto necesita de las normas de convivencia. La conducta moral responde a la pregunta: "¿Qué debo hacer?´
Pero la ética exige una condición más, SUMEMENTE IMPORTANTE: nuestro juicio deben ser recomendables para todos, es decir, debo imaginarme cómo seria el mundo si todos actuaran de acuerdo con mi manera de pensar. Comte-Sponville. A. ( 2002). Invitación a la filosofia. Barcelona: Paidós. Lo expresa claramenteÑ

"¿Quieres saber si tal o cual acción es buena o condenable? pregúntate qué ocurriria si todos se comportaran como tú" (pág.25).

La moral ordena, la ética aconseja

Cuando nuestro proceder comienza a transitar los terrenos de la ética, empezamos a sentir cierta paz interior. Tiene algo de pacificador ser coherente y obrar acorde con lo que uno piensa y siente. Un sentido de unidad y adaptación sana se apodera del yo y lo enaltece. El estereotipo social que muestra a la persona ética como un ser aburrido, aguafiestas o mojigato es absurdo y carece de todo fundamento. Parafraseando a Comte-Sponville, la ética es el conjunto reflexionado (pensado) de nuestros deseos. No se trata de anular nuestras apetencias y anhelos, sino de vivirlos conscientemente, sin culpa ni autocastigo.

"Hacer el bien y sentirse dichoso", decia Spinoza (1995. Ética. Madrid: Alianza). En su Ética; lo cual no significa que debamos actuar servilmente. Mas bien, lo que quiere decir es que sin la presencia de otros seres humanos, mi humanidad empieza a tambalearse.

¿De qué ética y moral nos hablará Chávez?

Un Peatón sin Barreras

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viernes, 18 de septiembre de 2009

LOS PELIGROS DE LA EGOLATRÍA, TRINO MÁRQUEZ, JUEVES, 17 DE SEPTIEMBRE DE 2009 06:03

Hace algunos días un amigo muy cercano me comentaba, en tono de sorna, que en semana y media que el comandante Chávez Frías estuvo fuera del país, los precios del petróleo subieron, una venezolana obtuvo por segundo año consecutivo el Miss Universo (algo nunca visto en la historia del certamen) y la meritoria Vino Tinto se apuntó un importante triunfo ante Perú. Muchas buenas noticias. Pero sobró que el caudillo pisara tierra venezolana y fuera recibido por una escuálida manifestación de seguidores tarifados, para que se desataran las fuerzas del Mal: sobre Caracas se precipitó una lluvia que por poco ahoga a los capitalinos y las capas tectónicas del occidente del país se desplazaron, generando un temblor que recordó el terrorífico terremoto de 1967. Muchas malas noticias y en muy pocas horas. El hombre, además es pavoso.

Pasados los primeros minutos ambos coincidimos en que lo que lo torna más peligroso al personaje no es tanto que arrastre consigo la mala fortuna, sino que anda en un juego extremadamente peligroso para Venezuela con Siria e Irán, que se han declarado enemigas declaradas de Occidente y de los Estados Unidos. A estas naciones hay que agregar Rusia, que en su afán por reflotar la industria armamentista y colocarla como puntal de la reactivación económica doméstica, no le importa venderle a Chávez Frías todas las armas que el presidente venezolano esté dispuesto a comprarle, sin importarle que ese frenesí armamentístico se haya convertido en un factor de grave desequilibrio en la región suramericana. De este desajuste han tomado debida nota los brasileños y los chilenos quienes ya han anunciado que se equiparán con armas modernas para mantener incólume su seguridad y soberanía nacional. Las guerras paranoicas que inventa el comandante tropical con el fin de adquirir notoriedad internacional y proyectar la imagen de que su ejército posee una fuerza arrolladora, están llevando al continente a incurrir en gastos que serían mucho más beneficiosos si se destinaran a satisfacer las necesidades en educación, salud, infraestructura, seguridad social y empleo, campos donde Suramérica muestra notables déficits.

La reciente gira, que tuvo lugar después de la revolcada que le dieron los presidentes suramericanos en Bariloche, mostró a un Chávez asociado con algunos de los gobernantes más autoritarios del planeta. El caminó por el cual optó, ahora sí de manera desembozada, lo llevó a hermanarse con personajes como el dictador de Siria y con el de Libia, quien en días recientes celebró con sus amigotes 40 años ininterrumpidos en el poder, hazaña sólo superada por Fidel Castro, el decano de todos los déspotas del orbe. En la medida en que Chávez y sus desvergonzados aprovechadores del ALBA, más se alejan de los países democráticos con economía de mercado, más se acercan a los tiranos que todavía quedan en la Tierra.

De todas esas alianzas la que me parece más peligrosa es la que mantiene con Ahmedinejah, el cuestionado presidente de Irán. Desde que se atornilló en el poder por cinco años más, el gobernante iraní, cada más impopular en su propio pueblo, ha radicalizado aún más su lenguaje y sus posiciones a favor de desarrollar el programa de energía atómica, que todo el mundo sabe que no persigue ninguna intención pacífica, sino que busca contar con armas de destrucción masiva para un eventual enfrentamiento con Estados Unidos, con los otros países de la región y, especialmente, con Israel, su enemigo jurado, y al que ha prometido en numerosas ocasiones hacer desaparecer de la faz del Universo.

La colaboración entre Caracas y Teherán, que se reafirma con preocupante insistencia, nos obliga a los venezolanos a preguntarnos cuál será la respuesta de Chávez frente a un hipotético ataque preventivo de Israel a los persas y una guerra contra Irán. En un escenario como ese -que no resulta inevitable aunque sí bastante probable, dada la insistencia de Irán en mantener su programa nuclear, a pesar de las prohibiciones que le han impuesto la Unión Europea y los Estados Unidos- ¿qué hará Hugo Chávez?, ¿será consecuente con la alianza con Ahmedinejad?, ¿en qué se traducirá esa coalición? En el caso de que Chávez decida mover sus piezas en ese tablero, en el que evidentemente no tenemos nada que ver, pues no se trataría ni siquiera de defender una democracia amenazada, Venezuela tendría todas las de perder.

Una muestra de las arriesgadas e irresponsables maniobras que ejecuta el comandante la ofreció en días recientes, cuando le prometió a Irán auxiliarla con 20.000 barriles diarios de petróleo, en el caso de que fuese sancionada por no acatar las resoluciones del grupo de países europeos que la conminó a suspender el programa atómico. Este gesto retador e inconveniente compromete los intereses nacionales, sin que se vislumbren cuáles beneficios podría percibir el país al verse envuelto en una batalla que se escenificaría muy lejos de nuestras fronteras.

La egolatría y delirio napoleónicos del héroe de Barinas, alimentados por los monaguillos que lo rodean, pueden comprometer seriamente los intereses de la Nación en un plazo muy corto. Alerta.

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