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viernes, 27 de junio de 2014

GUSTAVO TOVAR-ARROYO, LOS INCIERTOS CAPRICHOS DE UNA PASIÓN

Algún día se conocerán los secretos -de alcoba- que involucraron la última decisión de Hugo Chávez de dejar como sucesor del trono revolucionario al inefable Nicolás.

Sabemos que fue una decisión sentimental y no política. Si hubiese sido política habría legado tamaña responsabilidad a alguien más preparado o cuando menos simbólico como su hermano Adán (como lo hizo Fidel), a cualquiera de sus hijas, a algún militar del 4 de febrero o a algún socialista con algo más de respeto y talante revolucionario, nunca al bobalicón del pajarito (por cierto, lleva tiempo sin trinar ¿será que Chávez ya ni se le aparece?)

Pero no lo hizo, los inciertos caprichos de una pasión a veces se imponen en la historia de la humanidad y, como sabemos, derrumban naciones y hasta civilizaciones.

Sansón se venció a Dalila, París raptó a Helena y ardió Troya, Marco Antonio perdió Roma por Cleopatra y Chávez arruinó su revolución por Nicolás.

Lo sé: soy un hereje irremediable; otros también lo son.

La herejía de Giordani

Me sorprendió la carta de Giordani por su mesura y honradez. No fue un cínico, fue más bien otro perturbado y nostálgico ideólogo de la catástrofe marxista. Otro más.

Discípulo de Keynes, en su “Testimonio y responsabilidad ante la historia” Giordani nos relata sin vergüenza alguna como devastó la economía del país en su momento de mayor abundancia histórica, endeudándose, malbaratando el gasto público, usando recursos para campañas políticas y para soliviantar las imaginarias guerras económicas que sólo él y Chávez libraban con sus hambrientos socios “capitalistas”, los boliburgueses.

Los resultados manifiestos de su espejismo económico saltan a la vista: escasez, desabastecimiento, inflación, derrumbamiento de la producción nacional, dependencia absoluta de las importaciones y todos los problemas sociales que de ello se deriva: desempleo, corrupción, delincuencia, hambre, analfabetismo, injusticia y desestabilización.

Lo curioso, o peor, lo trágico, es que en la larga justificación que hace de su devastador delirio económico, Giordani nos alerta: Maduro es aún peor que yo.

Lo sabemos, lo padecemos, no dijo nada nuevo.

Sin embargo, entre líneas uno desglosa algunos silencios y muchas dudas, en especial me detendré sobre un comentario que avivó mi sospecha sobre el férreo control -secretismo- que ejerció Nicolás durante la enfermedad y extraña muerte de Chávez. Por lo que vi, Giordani lo comparte.

Si se lee su carta con atención y se compara con lo que fueron los pronunciamientos oficiales de aquellos días corroboramos una denuncia permanente que hicieron los medios de comunicación y que el chavismo se resistió a creer: Maduro le mentía descaradamente al país.

No sólo en lo que se refería al gravísimo estado de salud de Chávez, sino principalmente en cuanto al fingido hecho de que, casi muerto o muerto, Chávez seguía gobernando, firmaba documentos y hasta administraba la economía del país.
Entre insinuaciones y reticencias, pero con fechas y argumentos, Giordani hace una revelación sin precedentes dentro de las filas del chavismo: “En la medida en que la salud del Presidente se vino haciendo cada vez más complicada, la ausencia de un contacto directo con su persona, y las permanentes mediaciones a través de algunos en particular hicieron cada vez más distante la toma de decisiones, su contenido y el tiempo para ser llevadas a la práctica.”

¿Quién fue ese “mediador” predilecto, el hombre que en el lecho de muerte lo vio caminar, le tomó la mano con ardor y entre morisquetas dialogó con él durante cinco inimaginables horas? Nicolás Maduro.

En su carta Giordani fue respetuoso y no levantó si quiera un insulto en contra de Maduro, sin embargo éste inexplicablemente lo llamó “traidor”.

La herejía de Giordani fue su pensamiento crítico, pero más que ello fue su duda razonable sobre lo qué pasó realmente con el comandante Hugo Chávez Frías y sobre cuál será el destino del despelote éste que ellos llaman revolución.

Giordani lo señala sin ambigüedades: Maduro improvisa, no tiene ni comparte liderazgo, pretende cambiar todo lo que hizo Chávez hasta que se enfermó y murió.

No sólo lo señala, lo razona a su modo.

Uno se pregunta ¿a cuenta de qué Nicolás se siente y actúa como si él fuese la mismísima revolución?

Maduro: el chavismo soy yo…

¿Qué esconde Maduro? ¿Qué callaban Chávez y él?

¿Cómo logró Nicolás que el pronunciamiento póstumo de su amado comandante hiciese que toda una supuesta “revolución” gire entorno a un inexperto como él?

¿Cómo se explica un chavista medianamente racional tanto disimulo en esta relación?

¿De ser un simple guardaespaldas a ser el elegido para controlar la revolución, además de manera incontrovertible y acrítica?

Ante el más mínimo reproche, por más respetuoso y razonado que sea éste, un enfurecido Nicolás salta y llama “traidor” a uno de los más representativos y comprometidos líderes del chavismo, lo estigmatiza y condena.

¿Qué le espera a los demás chavistas, a los menos iconográficos? ¿No había arriesgado su vida Giordani por salvar a Chávez cuando el golpe de abril de 2002, ahora es un traidor porque criticó a Maduro?

Aquella plenitud de luna llena que inspiró a Chávez a preferir a Maduro como su sucesor pese al hecho inconstitucional de su doble nacionalidad (se sabe que es colombiano y venezolano), pese a que no tiene profundidad ideológica ni liderazgo político, pese a que es un analfabeta e improvisado en temas económicos, pese a que era el hazmerreír de las Fuerzas Armadas (secretos de alcoba), no sólo tiene a la deriva al chavismo, sino a Venezuela.

Maduro es un político farandulero y “pop”, si algo es. Sus deficiencias intelectuales y morales son inocultables. Como líder, por sí sólo, es incapaz de movilizar ni a cien personas. Es comidilla y hazmerreír mundial, hasta sus cercanos aliados como Lula o Correa lo censuran. Es una vergüenza total.
¿Cómo llegó ahí?

Giordani lo critica y Maduro le responde: el chavismo soy yo.
Pregunto: ¿realmente Maduro es el chavismo o tan sólo es el incierto capricho de una pasión?

Es sorprendente, pero obvio. Con el tiempo lo será aún más.

El secreto de alcoba pronto se dilucidará.

Gustavo Tovar Arroyo
elmichoacano@hotmail.com
@tovarr_english
@tovarr

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martes, 19 de noviembre de 2013

CARLOS E. AGUILERA A., LA DICTADURA DEL PROLETARIADO

Históricamente, la primera forma de dictadura del proletariado fue la Comuna de París, la cual enriqueció al marxismo con una experiencia valiosísima, que permitió a Marx llegar a una conclusión acerca de la forma estatal de la futura sociedad socialista. Sin embargo, los soviets constituyeron una nueva forma de dictadura del proletariado, descubierta por Lenin, al estudiar la experiencia de dos revoluciones rusas. Finalmente, la experiencia revolucionaria, dio origen a otra forma de aquella dictadura: la democracia popular. La dictadura del proletariado no es un fin en sí mismo, sino el medio necesario para pasar a la sociedad sin dictadura y sin clases.
Una cuestión que sin duda alguna los revolucionarios socialistas, marxistas y bolivarianos de nuestro país, luego de haber asegurado su victoria no han asimilado hasta la presente fecha, y por el contrario al asumir el poder hace casi 15 años, olvidaron que la misma había cumplido su misión histórica, pues dejó de ser necesaria en la otrora Unión Soviética, Alma Mater de esta doctrina que ha servido de inspiración a trasnochados revolucionarios de la izquierda venezolana, que combatieron en las  guerrillas contra la democracia, instaurada luego del derrocamiento del dictador Marcos Evangelista Pérez Jiménez en el año 1958.
Lo que si han asimilado y han seguido pie de la letra, es que según dicha teoría el poder estatal debe liquidar al capitalismo, pues constituye el enemigo a temer  de toda revolución socialista, y por todos los medios procurará sentirse siempre victoriosa, como lo manifiesta consuetudinariamente todos los días en sus arrebatos televisivos el cuestionado inquilino de Miraflores, cuando despotrica de los “vendepatria, traidores, imperialistas, explotadores” y todo cuanto epíteto se le ocurra con su escatológico vocabulario, pretendiendo emular a su padre putativo,  que en los estertores de su viaje al infinito lo designó su sucesor.
La dictadura del proletariado, irónicamente es la que ha impuesto en Venezuela el socialismo del siglo XXI, del cual por cierto se divorció su mentor Heinz Dieterich, pues jamás la clase obrera y trabajadora había sido tan atropellada y vejada al vulnerársele sus derechos, aún cuando para estos socialistas venezolanos de nuevo cuño, no existen los mismos, pues desde Maduro hasta los más iracundos conmilitones, tramposamente le dan una interpretación y aplicación a su antojo y capricho. Suenan aún en nuestros oídos las órdenes en plena Plaza Bolívar del difunto, hoy durmiendo el sueño eterno en el Museo de la Montaña: “Exprópiese” y ahora su heredero ordenando “vaciar los anaqueles de los comercios, porque especulan al pueblo”. Pisotean los derechos de los ciudadanos y lo más grave aún a la propia Constitución, que ahora entendemos porque Chávez la denominó “ La bicha”, pues le sirvió para irrespetar los normas vigentes y fundamentales y el conjunto de derechos políticos del ciudadano, resquicios que dejaron profunda huella en la dignidad de los venezolanos.
Los recientes acontecimientos  que están ocurriendo en el país, no es nada nuevo. Mas allá de los supermercados y comercios  intervenidos, mercado negro de la lechuga, escasez de alimentos, inseguridad, corrupción, desbordamiento de la delincuencia en todo el territorio nacional y tanto desastre, se trata en el fondo de la lucha entre la gente que intenta preservar su poder adquisitivo y patrimonio, alcanzados con denodado esfuerzo, el gobierno intenta diluirlo aplicando sus poderes coercitivos. Es la economía luchando contra los abusos de un gobierno que desde hace tiempo perdió la brújula.
Por ello conviene recordar, que acontecimientos como los que abruman hoy a Venezuela sucedieron por ejemplo en Roma hace 2.000 años, lo cual originó la caída del imperio y en años recientes el caso chileno con Allende en el 70, aún cuando la izquierda esgrime la tesis única del complot empresarial internacional, que probablemente si ocurrió, pero no fue la razón explícita que generó su derrocamiento. La historia no miente, mienten quienes la interpretan.
Los recursos del petróleo generan una sociedad de gasto y poca producción y ahorro. Y peor aún cuando ese petróleo va a manos del gobierno que se convierte en dispensador de dádivas y prebendas, pues a acostumbrado a mucha gente a obtenerlas sin ningún esfuerzo ni trabajo. Es una manera de alentar el ocio y mal acostumbrar a que se pegan de la ubre del gobierno empeñado en facilitarles todo cuanto en sus  promesas electorales ofrecieron,  precisamente en un momento crítico como el presente, en el que el gasto excesivo en relación a los ingresos, coloca al país al borde de un colapso económico, que los eruditos economistas denominan “estanflación”.  Previo a ello, estamos presenciando que ese peligro coctel de un excesivo gasto, poca inversión, expropiaciones y fractura del aparato productivo,  generará inevitablemente inflación y devaluación de la moneda, y lo que es peor,  un peligroso camino por el filo de una navaja,  que puede derivar en un estallido social en cualquier momento.
El profesor Dornbusch describió las etapas de la “Macroeconomía del Populismo”. Venezuela las ha transitado una por una, desde los inicios felices hasta la debacle actual. La etapa final es la convulsión social, cambio de gobierno y el retorno de quienes están obligados a aplicar nuevamente la lógica de ciertos principios básicos.
No puede un país como el nuestro estar a expensas del capricho de quien se cree su dueño y que en sus desvaríos incita a la violencia y reprocha la conducta de quienes dice gobernar, convirtiéndose hasta en censor del periodismo al que acremente atosiga, insulta y mal pone, llegando al colmo de pontificar su conocimiento de la profesión – solo es bachiller – para dictar clases de como titular una noticia. Un diario regional del estado Anzoátegui, por este hecho ahora es víctima de su tropelía, pues ya lo dijo:  ”aténganse a las consecuencias legales”. Y se rasga las vestiduras subrayando a menudo, de que en Venezuela existe plena y total libertad de expresión. ¡Que descaro!
Razón tiene el Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, cuando el pasado domingo en declaraciones al diario español El País, sentenció: “Una Venezuela empobrecida, enconada, devastada por la demagogia y la corrupción, llena de nuevos ricos mal habidos, una vez que recupere la libertad y la sensatez, tardará muchos años en recuperar todo lo que perdió con el desplome de su democracia” (sic)
El fallecido ex Presidente Luis Herrera Campins, hacedor de humorísticas ocurrencias dijo en cierta ocasión, luego de escuchar el primer mensaje ante la Asamblea Nacional del finado Chávez, este apotegma premonitorio de su autoría: “A ponerse las alpargatas, porque lo que viene es joropo”.
¡Desde entonces, las tenemos puestas!

careduagui@yahoo.com // @_toquedediana
Miembro fundador del Colegio Nacional de Periodistas  (CNP-122)

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