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sábado, 6 de septiembre de 2014

REINALDO POLEO, DEL PASTAFARISMO AL GALÁCTICO

El lunes en la noche, haciendo uno de esos paseos con el control remoto del televisor, me encontré con el nuevo canal de History  Channel, H2. Una interesante propuesta que nos permite asomarnos a “Mucha más Historia”, tal y como lo dice su eslogan.

De pronto me tropiezo con un documental que me deja atrapado, obviamente por los acontecimientos del día, reseñados por todo los medios de comunicación social, cuando una sociedad estupefacta escuchó “La Oración del Delegado”; suerte de adaptación del Padre Nuestro, realizada por partidarios del Galáctico y difunto comandante.
En dicho documental presentaban una compleja investigación, en la cual señalaban el pasto moral que dio vida a la aparición del Nazismo.
Mostraban a una sociedad alemana, vencida después de la 1ra. Guerra Mundial, un pueblo orgulloso sumida en la pobreza crítica, con las industrias destruidas, moralmente devastados y con su identidad diluida bajo la bota de los conquistadores.
El orgullo del Reich, había sido humillado, Alemania estaba vencida.
De ahí comienza un grupo a hablar de los valores del orgulloso pueblo Alemán, hablan de Socialismo, del poder del pueblo, de recuperar los valores perdidos, y nace el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, mejor conocido como Partido Nazi (forma abreviada de la palabra alemana Nationalsozialismus).
Un nefasto líder se levantó de entre sus filas, gracias a sus grandes dotes de orador, el sargento austríaco se convirtió en el líder del partido. Su discurso Nacionalista, racista, antisemítico, anti bolchevique, militarista y llamando a la preservación de una mítica raza aria, caen como anillo al dedo en un descontento y frustrado pueblo alemán.
Pero esto no se quedó solamente en eso, una oscura figura, Heinrich Himmler, el soplón de la clase y futuro delincuente, como su padre señaló en una oportunidad; se convirtió con el tiempo en parte de un grupo paramilitar, denominado Reichsflagge o Bandera de Guerra del Reich, los cuales se caracterizaban por su tendencia ultranacionalista y militarista. Dicha agrupación participó en el Golpe de Estado de Múnich, apoyando al Partido Nazi de Adolf Hitler.
Cuantas cosas pasaban por mi mente mientras veía el programa. Cuantas similitudes, cuantos desaciertos. Es que pareciera que la historia nos condena a repetir las cosas que olvidamos. Y a veces, estamos tan cerca de los acontecimientos, que somos incapaces de reconocer el enorme parecido con otros que si recordamos.
Sin embargo, éste personaje no se queda ahí, posteriormente forma parte de la recién fundada SS (Schutzstaffel o escuadras de defensa, una organización militar, policial, penitenciaria y de seguridad de la Alemania Nazi). A los miembros de las Waffen-SS se les consideraba soldados extraordinarios. Sin embargo, estos aplicaban una notable brutalidad contras civiles apresados y prisioneros de guerra.
El 6 de enero de 1929, Adolf Hitler hizo jefe de las SS a Heinrich Himmler y para finales de 1932, las SS tenían más de 52 000 miembros. Al final del año siguiente contaban con más de 209.000. La expansión de las SS, que Himmler realizó estuvo basada en la organización de otras sociedades, como la Orden del Temple, los camisas negras italianos y la compañía de Jesús.
Éste personaje se apoya en la legendaria raza aria para modificar las creencias y ritos que soportaban a estos supersoldados, lavando sus mentes y reivindicando en ellos el compromiso de recuperarse de los pecados cometidos, al mezclar su sangre pura con otras razas con el subsecuente castigo de perder sus privilegios y poderes de los descendientes del mítico Thule.
Alrededor de estas creencias, Himmler teje las bases de una nueva religión. Y busca grandes intelectuales de la “Nueva Alemania” para escribir LOS EVANGELIOS NAZIS.
Usted entenderá que para un ser ordinario como yo, que acababa de presenciar a una manada de fanáticos, rezando una adaptación del Padre Nuestro a su malogrado líder; ésta casual presentación convertida en documental, exaltó mi mente a tal punto que debo reconocer, no quise ver más TV, mi mente se saturó de innumerables imágenes que resaltaban a nuestra, a veces, paupérrima miseria humana.
Esa noche le comenté a mi esposa, todas las barbaries que en mi vida me habían impresionado, cuyo origen era la locura colectiva, nacida de la creencia en falsos dioses o profetas.
A mi mente vienen las imágenes de los cientos de personas muertas en uno de los suicidios colectivos más grandes de la historia. El falso profeta James Warren “Jim” Jones, fundador del Templo del Pueblo, compró al gobierno de Guyana una amplia propiedad rural donde edificó una comunidad llamada Jonestown, recibiendo allí a casi 900 seguidores suyos llegados desde EEUU. Jones eligió Guyana debido a que era un país de habla inglesa (facilitando las comunicaciones), con una población mayoritariamente de raza negra (lo cual excluía toda discriminación hacia sus seguidores negros), y con un gobierno afín a otros gobiernos socialistas (que por lo tanto no impediría operar al comunista Templo del Pueblo).
Jones, quien hacía tiempo que había creado una atmósfera de miedo y permanente amenaza externa, empezó a fomentar entre sus adeptos una sensación del "fin de mundo" sosteniendo que el Apocalipsis era un evento cercano y que el Anticristo estaba encarnado en el capitalismo que ansiaba destruir la congregación.
El 18 de Noviembre de 1978, reunió a los líderes de la congregación y con el discurso de que, "la muerte sólo era el tránsito a otro nivel" y "esto no es un suicidio, sino un acto revolucionario", ordenó el suicidio masivo de los integrantes de la secta que se hallaban en Jonestown. Aproximadamente 250 bebes, niños y jóvenes, fueron asesinados con cianuro mezclado en gelatina. Luego los adultos tomaron la misma mezcla en forma voluntaria. A éste cobarde asesino lo encontrarían muerto de una herida de escopeta ya que al parecer no tuvo el valor de suicidarse y pidió a uno de sus seguidores que lo asesinase.
En el año 1993, la Rama Davidiana de Adventistas del Séptimo Día también conocidos como los Davidianos, eran considerados una secta protestante apocalíptica, nacieron como un movimiento disidente de la Iglesia Adventista del Séptimo Día.
Los Davidianos se caracterizaron por su desconfianza hacia el mundo exterior al cual veían como una amenaza. Por ese motivo acapararon un gran arsenal de armas de fuego.
Cuando el gobierno de los Estados Unidos intentó confiscar las armas ilegales de la secta, comenzó un tiroteo que más tarde derivó en un incendio que acabaría con la vida de su líder, David Koresh y decenas de sus seguidores.
Dicha tragedia fue conocida por el mundo como la Masacre de Waco…
También están los 48 fanáticos de la “Orden del Templo Solar” que se quitaron la vida en una granja y tres chalets de Suiza, en 1994; Y en 1997 los 39 miembros de la secta “Puerta del Paraíso”, fueron hallados muertos en una mansión de San Diego (California, EE.UU.), boca arriba y con un velo que les cubría la cara y el pecho, esperando iniciar su “viaje” hacia una nueva dimensión, a la que llegarían en una nave extraterrestre.
El 17 de marzo del 2000, había llegado “El gran día”. Al líder de la secta ugandesa de la “Restauración de los Diez Mandamientos de Dios”, Joseph Kibweteere, y sus cerca de 800 seguidores se le iba a aparecer la Virgen para llevarles al cielo.
La locura colectiva se había desatado. Ese día, tras varios días de ofrendas y rituales, se refugiaron en su iglesia, cerraron las puertas con llave y tapiaron las ventanas para que nadie pudiera arrepentirse en el último momento. Luego, sin más dilación, se rociaron con gasolina y “desataron el infierno” hasta morir carbonizados.
Kibweteere, estaba convencido de que el fin del mundo llegaría en el año 2000, había sido un destacado político demócrata de la década de los 60, cuya vida dio un giro tras perder unas elecciones. Desapareció siete años y, después, comenzó a predicar que había tenido una conversación con la Virgen y Jesucristo.
Aquel mensaje apocalíptico fue difundido entre todos sus seguidores con la advertencia de que, antes de que llegara el fin del mundo, debían inmolarse para poder alcanzar “la salvación”.
778 personas murieron, entre ellos, cerca de 80 niños.
“Entonces, si alguien os dice: “He aquí, aquí está el Cristo”, o “He allí, allí está”, no le creáis. Porque se levantarán falsos cristos y falsos profetas, y harán señales y maravillas para engañar, de ser posible, a los escogidos. Pero vosotros, ¡mirad! Os lo he dicho todo de antemano” Marcos 13:21-23
Estas bien conocidas palabras de Jesucristo, inmediatamente implican dos cosas: Hay falsos profetas  y son peligrosos.
Peor aún, hoy estoy convencido de que están los que crean falsos profetas, con el fin de manejar a las masas ignorantes, los cuales al igual que aquel pueblo alemán, se encuentran con los valores destruidos, con la identidad perdida y con la creencia de que la esperanza se ha evaporado, ingredientes como crisis económica, divisiones de razas y clases, el enemigo capitalista y la amenaza exterior, vuelven a ser parte del discurso, en el pasto seco de un pueblo sin memoria.
Al día siguiente, le cuento a mi mamá de mi inquietud y me cuenta del enojo de un sacerdote amigo, el cual recibió a una humilde señora que solicitaba la bendición de su “Nuevo Rosario”, de cuentas de color rojo y con el rostro del comandante en la medallita.
Herejía, distracción, miseria.
Cada día nos hundimos en una crisis más profunda, y estas cosas nos hablan del insondable abismo al cual nos aproximamos.
Una vez más me aferro a lo que soy, a lo que creo.
Nuestra batalla es contra el lobo disfrazado de cordero, es una guerra contra la mentira que se vende como verdad. 
¿Qué nos puede sorprender de un planeta en el cual hasta un Monstruo de Espagueti Volador (MonEsVol)  es el dios de una nueva religión…el Pastafarismo?
Cuánta razón tenía nuestro querido amigo el Papa Juan Pablo II, cuando aquel sábado 10 de febrero de 1996 nos decía, desde el Teatro Teresa Carreño:
“…Vuestra Nación ha sido bendecida por Dios con abundantes recursos naturales. Cuenta con una población en su mayoría joven y dinámica; dispone de gente capacitada en muy diversos sectores; su pueblo tiene una religiosidad muy arraigada. Venezuela ha vivido en las últimas décadas un progreso económico real y significativo, unido al desarrollo de un régimen democrático y de libertades enmarcadas en un Estado de derecho. Sin embargo, actualmente se enfrenta a serias dificultades en los diversos ámbitos de la vida nacional, pues una grave crisis económica, que venía preparándose inexorablemente, está afectando duramente a la clase media y baja, aumentando de forma dramática la pobreza hasta hacerla desembocar en muchos casos en auténtica miseria.
No se debe olvidar que el proceso de empobrecimiento material conduce muchas veces a un empobrecimiento moral y espiritual de las personas y de los grupos sociales, especialmente de los jóvenes y adolescentes. Ello origina una grave crisis por la ausencia de valores en el campo de la ética, de la justicia, de la convivencia social y del respeto a la vida y dignidad de la persona. Esto, ciertamente preocupante, lleva a la desorientación, provoca desaliento y desesperanza, así como una cierta desconfianza en las instituciones.
La salida de esa situación es anhelada cada vez más por quienes piden el respeto y promoción de su inviolable dignidad de personas en todos los ámbitos de la sociedad…”
Tradicionalmente, termino mis escritos exhortando un cambio en nuestras conciencias, advirtiendo la maravilla de estar vivos y gozando de este precioso planeta y en especial de esta maravillosa nación; sin embargo, en esta oportunidad, quiero terminar con las mismas palabras que nuestro Papa Amigo, terminó aquel discurso que siempre guardo en mi corazón:
“… Venezolanos, aunque sean serias las dificultades e inmensos los desafíos, grande ha de ser vuestro empeño. Ante un presente con incertidumbres y un futuro con interrogantes, haced valer las propias capacidades con imaginación y sobre todo con generosidad, confiando en Dios: Dios ama al hombre.
Venezuela ocupa un lugar de relieve en un gran continente lleno de esperanza. Afrontando sin miedo los retos de vuestra historia, alzando los ojos a lo Alto y con un corazón solidario, caminad con paso firme hacia el Tercer Milenio, aportando generosamente vuestros talentos a la construcción de un nuevo orden más justo por ser más humano.
¡Que Jesucristo, «Salvador y Evangelizador», os guíe y bendiga en este camino!
Juan Pablo II”
Dios nos bendiga y nos dé el discernimiento necesario para reencontrarnos con su amor en todos nuestros hermanos venezolanos.

Reinaldo Poleo
rpoleo@gmail.com
@rpoleo

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viernes, 27 de junio de 2014

GUSTAVO TOVAR-ARROYO, LOS INCIERTOS CAPRICHOS DE UNA PASIÓN

Algún día se conocerán los secretos -de alcoba- que involucraron la última decisión de Hugo Chávez de dejar como sucesor del trono revolucionario al inefable Nicolás.

Sabemos que fue una decisión sentimental y no política. Si hubiese sido política habría legado tamaña responsabilidad a alguien más preparado o cuando menos simbólico como su hermano Adán (como lo hizo Fidel), a cualquiera de sus hijas, a algún militar del 4 de febrero o a algún socialista con algo más de respeto y talante revolucionario, nunca al bobalicón del pajarito (por cierto, lleva tiempo sin trinar ¿será que Chávez ya ni se le aparece?)

Pero no lo hizo, los inciertos caprichos de una pasión a veces se imponen en la historia de la humanidad y, como sabemos, derrumban naciones y hasta civilizaciones.

Sansón se venció a Dalila, París raptó a Helena y ardió Troya, Marco Antonio perdió Roma por Cleopatra y Chávez arruinó su revolución por Nicolás.

Lo sé: soy un hereje irremediable; otros también lo son.

La herejía de Giordani

Me sorprendió la carta de Giordani por su mesura y honradez. No fue un cínico, fue más bien otro perturbado y nostálgico ideólogo de la catástrofe marxista. Otro más.

Discípulo de Keynes, en su “Testimonio y responsabilidad ante la historia” Giordani nos relata sin vergüenza alguna como devastó la economía del país en su momento de mayor abundancia histórica, endeudándose, malbaratando el gasto público, usando recursos para campañas políticas y para soliviantar las imaginarias guerras económicas que sólo él y Chávez libraban con sus hambrientos socios “capitalistas”, los boliburgueses.

Los resultados manifiestos de su espejismo económico saltan a la vista: escasez, desabastecimiento, inflación, derrumbamiento de la producción nacional, dependencia absoluta de las importaciones y todos los problemas sociales que de ello se deriva: desempleo, corrupción, delincuencia, hambre, analfabetismo, injusticia y desestabilización.

Lo curioso, o peor, lo trágico, es que en la larga justificación que hace de su devastador delirio económico, Giordani nos alerta: Maduro es aún peor que yo.

Lo sabemos, lo padecemos, no dijo nada nuevo.

Sin embargo, entre líneas uno desglosa algunos silencios y muchas dudas, en especial me detendré sobre un comentario que avivó mi sospecha sobre el férreo control -secretismo- que ejerció Nicolás durante la enfermedad y extraña muerte de Chávez. Por lo que vi, Giordani lo comparte.

Si se lee su carta con atención y se compara con lo que fueron los pronunciamientos oficiales de aquellos días corroboramos una denuncia permanente que hicieron los medios de comunicación y que el chavismo se resistió a creer: Maduro le mentía descaradamente al país.

No sólo en lo que se refería al gravísimo estado de salud de Chávez, sino principalmente en cuanto al fingido hecho de que, casi muerto o muerto, Chávez seguía gobernando, firmaba documentos y hasta administraba la economía del país.
Entre insinuaciones y reticencias, pero con fechas y argumentos, Giordani hace una revelación sin precedentes dentro de las filas del chavismo: “En la medida en que la salud del Presidente se vino haciendo cada vez más complicada, la ausencia de un contacto directo con su persona, y las permanentes mediaciones a través de algunos en particular hicieron cada vez más distante la toma de decisiones, su contenido y el tiempo para ser llevadas a la práctica.”

¿Quién fue ese “mediador” predilecto, el hombre que en el lecho de muerte lo vio caminar, le tomó la mano con ardor y entre morisquetas dialogó con él durante cinco inimaginables horas? Nicolás Maduro.

En su carta Giordani fue respetuoso y no levantó si quiera un insulto en contra de Maduro, sin embargo éste inexplicablemente lo llamó “traidor”.

La herejía de Giordani fue su pensamiento crítico, pero más que ello fue su duda razonable sobre lo qué pasó realmente con el comandante Hugo Chávez Frías y sobre cuál será el destino del despelote éste que ellos llaman revolución.

Giordani lo señala sin ambigüedades: Maduro improvisa, no tiene ni comparte liderazgo, pretende cambiar todo lo que hizo Chávez hasta que se enfermó y murió.

No sólo lo señala, lo razona a su modo.

Uno se pregunta ¿a cuenta de qué Nicolás se siente y actúa como si él fuese la mismísima revolución?

Maduro: el chavismo soy yo…

¿Qué esconde Maduro? ¿Qué callaban Chávez y él?

¿Cómo logró Nicolás que el pronunciamiento póstumo de su amado comandante hiciese que toda una supuesta “revolución” gire entorno a un inexperto como él?

¿Cómo se explica un chavista medianamente racional tanto disimulo en esta relación?

¿De ser un simple guardaespaldas a ser el elegido para controlar la revolución, además de manera incontrovertible y acrítica?

Ante el más mínimo reproche, por más respetuoso y razonado que sea éste, un enfurecido Nicolás salta y llama “traidor” a uno de los más representativos y comprometidos líderes del chavismo, lo estigmatiza y condena.

¿Qué le espera a los demás chavistas, a los menos iconográficos? ¿No había arriesgado su vida Giordani por salvar a Chávez cuando el golpe de abril de 2002, ahora es un traidor porque criticó a Maduro?

Aquella plenitud de luna llena que inspiró a Chávez a preferir a Maduro como su sucesor pese al hecho inconstitucional de su doble nacionalidad (se sabe que es colombiano y venezolano), pese a que no tiene profundidad ideológica ni liderazgo político, pese a que es un analfabeta e improvisado en temas económicos, pese a que era el hazmerreír de las Fuerzas Armadas (secretos de alcoba), no sólo tiene a la deriva al chavismo, sino a Venezuela.

Maduro es un político farandulero y “pop”, si algo es. Sus deficiencias intelectuales y morales son inocultables. Como líder, por sí sólo, es incapaz de movilizar ni a cien personas. Es comidilla y hazmerreír mundial, hasta sus cercanos aliados como Lula o Correa lo censuran. Es una vergüenza total.
¿Cómo llegó ahí?

Giordani lo critica y Maduro le responde: el chavismo soy yo.
Pregunto: ¿realmente Maduro es el chavismo o tan sólo es el incierto capricho de una pasión?

Es sorprendente, pero obvio. Con el tiempo lo será aún más.

El secreto de alcoba pronto se dilucidará.

Gustavo Tovar Arroyo
elmichoacano@hotmail.com
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