Advierten maniobra chavista para modificar la cláusula democrática
BIENVENIDOS AMIGOS PUES OTRA VENEZUELA ES POSIBLE. LUCHEMOS POR LA DEMOCRACIA LIBERAL
lunes, 27 de junio de 2011
DESDE PARAGUAY EN ABC: NEGOCIADORES REVELARON QUE ARGENTINA AÚN NO PRESENTÓ NINGUNA PROPUESTA
DESDE PARAGUAY EN ABC: NEGOCIADORES REVELARON QUE ARGENTINA AÚN NO PRESENTÓ NINGUNA PROPUESTA
Advierten maniobra chavista para modificar la cláusula democrática
miércoles, 26 de enero de 2011
1 X 1 = 0. JUAN CARLOS APITZ
lunes, 15 de noviembre de 2010
LA INSÓLITA AMENAZA DEL GOLPE MILITAR A PRIORI. MARIA TERESA ROMERO
La dirigencia opositora agrupada en la Mesa de Unidad Democrática (MUD), además de difundir un comunicado de rechazo sobre esta nueva y grave amenaza a la democracia, envió cartas al Secretario General de la OEA, al Ministro de Relaciones Exteriores de Brasil en su condición de país que ocupa la Presidencia pro Témpore de Mercosur; al Presidente del Parlamento Latinoamericano y al Presidente del Parlamento del Mercosur solicitándoles su especial atención y seguimiento a las declaraciones del General. Por su parte, el Secretario General de la OEA, José Miguel Insulza ─por lo general muy comedido con respecto a la conducta del gobierno venezolano─ reaccionó calificando las declaraciones como “inadmisibles”.Aún más, estas declaraciones parecen formar parte de la política de radicalización acelerada que viene desarrollando el gobierno tras el golpe recibido en las elecciones legislativas del pasado 26 de septiembre. Una estrategia radical que, en el último mes, se ha manifestado en nuevas nacionalizaciones y confiscaciones de empresas nacionales y extranjeras, de fincas, obras y hasta complejos habitacionales; en más venta de activos del Estado en el exterior; en más compra de armas y consolidación de alianzas estratégicas y nucleares con gobiernos como los de Irán, Rusia y Bielorrusia; y en la aprobación de leyes “revolucionarias” antes que se instale en enero de 2011 el nuevo Parlamento.
Maria Teresa Romero
mteresa100@hotmail.com
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jueves, 28 de octubre de 2010
HE ESTADO LUCHANDO POR LA LIBERTAD Y LA DEMOCRACIA EN VENEZUELA DESDE HACE MÁS DE 11 AÑOS. EVA DE MALDONADO
No he podido hacerlo con armas, soy civil, no he podido hacerlo con demandas porque no soy abogado. Mi caballito de batalla ha sido el internet, llamadas telefónicas, mensajes, marchas y sobretodo tragar gas del bueno a mis 57 años de edad.
Hoy veo con mucha impotencia que la Interpol se está arrodillando también ante el régimen del dictador Hugo Chávez al brincar inmediatamente para complacerlo ante cada solicitud de extradición que hace el dictador venezolano sin revisar el por qué está exigiendo la extradición de tal o cual ciudadano.
Veo también con mucha impotencia como Europa, Estados Unidos, la OEA (que con el Sr. Insulza al frente es como si no existiera), la ONU no hace absolutamente nada para ayudarnos al pueblo venezolano a salir de esta pesadilla que vivimos a diario los venezolanos.
Si!! He escuchado, Uds. los venezolanos son los que tienen que arreglar su propio problema.
Ahora bien, le pregunto a la gente que nos dice eso, (yo también lo decía) ¿Cómo vamos a salir de este régimen que tiene todos los poderes secuestrados, que tiene unas FFAA totalmente secuestradas y arrodilladas, que estamos invadidos por más de 50.000 cubanos, iraníes, etarras, FARC, narcoterroristas, grupos armados simpatizantes del régimen, si nosotros somos una población civil que queremos vivir en paz con un buen trabajo sin ese cáncer que tenemos encima?
Nosotros no somos los que tenemos las armas, nosotros estamos totalmente atados de manos, nosotros lo que recibimos cada vez que manifestamos en contra de este régimen dictatorial es una arremetida bestial en donde la gente tiene que ser llevada a los hospitales porque el gas que nos echan es demasiado fuerte. ¿Acaso eso no es crimen de lesa humanidad echarnos gases lacrimógenos y disparar en contra del pueblo desarmado? El régimen sigue violando la Constitución al arremeter violentamente en contra del pueblo cuando tenemos el libre derecho a protestar. Abrimos la boca y nos descalifican.
Los estudiantes salen a manifestar, muchos los acompañamos, y nos embaucan, porque resulta que los ministros, los que están en altos cargos solo saben maltratar a la población civil con violencia.
Ya lo dijo el dictador y bien claro: NO VOLVERAN Y NO NEGOCIO CON LA OPOSICION!!!
Entonces, ¿qué hacemos?
Tenemos a un dictador que en vez de construir, destruye, en vez de progresar, nos hace ir más hacia el pasado igual que en Cuba. En vez de buscar inversionistas y trabajo para el país, los ahuyenta más y más. El no expropia, el se impone, arrebata y roba las pocas empresas que quedan. En vez de colegios, hospitales, casas, no, el compra con el dinero de todos los venezolanos armas para regalarles a sus amigotes asesinos y para arremeter en contra de todo lo que sea venezolano y no piense igual que el.
El venezolano tiene miedo de cumplir con los artículos 333 y 350 de la Constitución ya que tienen miedo de exponer su pellejo como carne de cañón para que este régimen asesino nos siga matando.
También tiene secuestrados a los medios, el país esta incendiado por los cuatro costados con manifestaciones expuestos a que les echen gas, que le han vendido de afuera países “amigos”, les disparen a quemarropa o les caigan a golpes, pero los medios tienen que cuidarse de decirlo.
Definitivamente, hay que estar viviendo en Venezuela para entender a los venezolanos. Yo siempre dije, no vale, es que somos demasiado cómodos.
Hoy en día tengo que retractarme ya que no es comodidad, es que este régimen dictatorial nos pisoteo a pesar de que seguimos dando patadas porque no aceptamos imposiciones, pero cada vez nos arrinconan mas y mas y estamos a punto de caer todos en el precipicio defendiendo nuestra libertad mientras que “la justicia” en el mundo y el resto del mundo nos ven como si estuvieran en el cine viendo cómodamente una película. Si no es así, que demuestren lo contrario.
Solo en dictaduras hay presos políticos, exiliados, torturados, “desaparecidos”, ajusticiados, etc.
Si algo me llega a pasar, ya saben a quién responsabilizo. Al régimen del dictador Chávez y a sus amigotes, porque ahora en Venezuela tenemos que terminar diciendo esto. Les recuerdo, esta carta que he escrito no puede ser leída por radio o por la television porque pueden tomar acciones en contra de la emisora.
Eva de Maldonado - maldochris2002@yahoo.com.mx - Caracas, 27 de octubre de 2.010
sábado, 18 de septiembre de 2010
CUANDO LOS JUECES SON JUZGADOS. ORLANDO OCHOA TERÁN
Pocos delitos son más repulsivos que la complicidad de magistrados, jueces y fiscales con el poder para criminalizar la disidencia. La vesania que domina la mente de un torturador es más primitiva que la vil elaboración intelectual que procesa un magistrado, un juez o un fiscal para enmascarar la justicia y adular o beneficiarse del poder.

El día que llegue la justicia al sistema judicial bolivariano, las repercusiones serán inevitables, perturbadoras e indeseables. Penalidades que hoy parecerían como modelos de barbarie y desmesura, han sido consideradas por países civilizados donde se arraigado el odio. Las penas colectivas que preliminarmente y separadamente consideraron los gobiernos de EE UU y la Unión Soviética para castigar a Alemania, próxima como estaba a rendirse, todavía causan estupor.
En Yalta, cuando ya era inevitable la derrota nazi, Stalin propuso ejecutar 50.000 alemanes de la cúpula nazi. Con ironía Roosevelt contestó ¿por qué no 49.500? El Plan Morguenthau, designado con el nombre de su creador, el Secretario del Tesoro de EE UU, proponía imponer a una suerte de ingeniería de reverso a fin de retrotraer a Alemania a una sociedad rural con un Estado mediatizado. Después de una dilatada consideración el propio Roosevelt desistió de la propuesta visto el rechazo de Churchill.
Sin embargo, la moderna historiografía da cuenta que en la práctica la venganza se cumplió. Decenas de millones de civiles perdieron la vida como resultados de las atrocidades cometidas por el Ejército Rojo rumbo a Berlín. Más de 5 millones de mujeres alemanas fueron violadas. El odio era una poderosa arma política nazi, hasta que se revirtió.
Por primera vez en la historia, en los Juicios de Nuremberg y en los Tribunales de Tokio, se procesaron a violadores del derecho internacional. Pese a que los procesos fueron criticados como “justicia de vencedor”, los principios que prevalecieron en estos juicios fueron reconocidos por la ONU e inspiraron el Estatuto de Roma y la Corte Penal Internacional.
Desde el punto de vista de la hermenéutica jurídica las legislaciones de regímenes comunistas, fascistas, autocracias y de dictaduras son semejantes. Sus leyes son destinadas a imponer la segregación, la obediencia, la uniformidad ideológica y la represión de la disidencia.
La “bolivarización” judicial
Basta conocer algunos principios de la “nazificación” de la legislación alemana para comprobar la asombrosa semejanza con la “bolivarización” de hecho de la justicia venezolana, respaldada por la Asamblea Nacional, magistrados, jueces y fiscales, sin los cuales nunca pudo haber tenido lugar.
En 1938 la legislación nazi adoptó diferentes niveles de penas por el mismo delito de modo que los jueces podían establecer sentencias más altas a los judíos y a los polacos que a los alemanes. ¿Alguna diferencia con la “justicia bolivariana” impartida a los participantes en el caso del Puente Llaguno? El régimen nazi segregó de la administración pública, del estrado judicial y de las universidades a judíos y polacos. ¿Alguna diferencia con la práctica generalizada de la Lista de Tascón y Maisanta?
En el sistema judicial nazi el Parlamento sancionó la facultad excepcional de Hitler de modificar una sentencia que el “sentimiento del pueblo” considerara venial. En la Venezuela bolivariana un oficial de la Guardia Nacional la proclama por su cuenta la pena de muerte con la aquiescencia del presidente.
En el juicio de Nuremberg unos de los más prominentes jueces del nazismo, Franz Schlegelberger, admitió que por órdenes de Hitler hubo de corregir una sentencia de dos años, impuesta a un judío (caso Luftgas), por la pena de muerte. ¿Alguna diferencia conceptual de la condena a máxima pena que el presidente Chávez exigió por TV para la jueza María Lourdes Afiuni?
A diferencia de la Constitución venezolana, en la legislación nazi, según alegaron los jueces imputados, no existía formalmente la separación de poderes. De acuerdo con el principal testigo de la defensa, el jurista Janrreiss, en Alemania estaba vigente el “Principio del Fuhrer” o princeps ab legibus solutus, que se origina en la antigua Roma, según el cual el Fuhrer era “dueño y libre de la leyes”. No obstante, el juez nazi Franz Schlegelberger, entre muchos otros, fue condenado a prisión de por vida en el Juicio de los Jueces de Nuremberg.
Cuándo los jueces bolivarianos sean juzgados ¿le ayudará a Alí Paredes, juez de la juez María Lourdes Afiuni, alegar en su defensa el principio de Chávez ab legibus solutus?
o.ochoa@att.net
lunes, 8 de marzo de 2010
LOS VOTOS CLAVES DEL 26 DE SEPTIEMBRE, COLAS EN LAS MESAS DE VOTACION, ALEZANDRA BLANCO, JAVIER PEREIRA
Si las elecciones parlamentarias se celebraran el próximo domingo, el oficialismo y la oposición llegarían en un final de fotografía. Los más recientes estudios de Datanálisis y el Instituto Venezolano de Análisis de Datos (IVAD-Seijas) reflejan una intención de voto muy pareja para ambos bloques, con diferencias menores a 3%. Sin embargo, ese empate técnico no se vería reflejado en la composición de la nueva Asamblea Nacional.Para comprobarlo, basta un ejercicio: si el próximo 26 de septiembre la oposición repitiera su votación del referéndum constitucional de 2007, cuando ganó con 51,1% de los votos, la alianza perfecta del antichavismo sólo podría alcanzar 65 curules, que representan 40% del Parlamento; mientras que el chavismo, con 48,9% de los votos, ganaría un total de 100 escaños, una cifra que los dejaría a un paso de la mayoría calificada, lo que les permitiría manejar sin contenciones el Poder Legislativo.
Cuando se aprobó la Ley Orgánica de Procesos Electorales, en julio de 2009, los expertos alertaron que la casi total supresión del sistema de representación proporcional provocaría que el bloque político que acumulara poco más de la mitad de los votos, controlaría casi la totalidad de la Asamblea Nacional. Pero con el ejercicio anterior, queda claro que esa premisa se cumple con los rojos, incluso, si son minoría. ¿Cómo es que una fuerza política que pierde las elecciones parlamentarias puede quedarse con más de 60% de los escaños del Poder Legislativo? La solución a la paradoja está en el diseño de los nuevos circuitos. Los técnicos del Consejo Nacional Electoral elaboraron, entre diciembre y enero, el mapa de circunscripciones según dos nuevas condiciones: crear más circuitos nominales y que estos no estén amarrados a los municipios como unidad territorial.
Los funcionarios electorales asumieron la misión, modificaron las fronteras en ocho estados (incluidos los cinco con más electores) y siguieron un criterio claro: potenciar el voto oficialista.
"Las zonas urbanas fueron las más afectadas por los cambios que minimizaron el impacto del voto opositor con la fragmentación de los viejos circuitos. Eso, sumado a la regla de decisión mayoritaria consagrada en la nueva ley, provoca ese riesgo: la oposición puede ser mayoría electoral, pero minoría parlamentaria. Lo importante no es sólo acumular más votos, sino dónde están esos votos.
El mejor ejemplo de esto es el viejo sistema mexicano, que le permitió al PRI mantener una mayoría parlamentaria por más de 70 años, en un régimen de partido hegemónico", indica Edgard Gutiérrez, politólogo y consultor experto en sistemas electorales.
Los circuitos decisivos.
¿Cómo queda el mapa electoral con estas nuevas reglas de juego? Al construir una proyección con los resultados de las últimas 4 elecciones, los 87 circuitos nominales se pueden clasificar en 3 grupos: los azules (tradicionalmente opositores), los rojos (históricamente chavistas) y los circuitos reñidos (en los que los bandos se han alternado la victoria, en algunos casos con participación sensible de liderazgos regionales independientes).
JAVIER PEREIRA
jpereira001@gmail.com
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jueves, 11 de febrero de 2010
LA HISTORIA DE UN DESGAJE: LA DEMOCRACIA REPRESENTATIVA, TEÓDULO LÓPEZ MELÉNDEZ
A finales del siglo XX asoma la crisis plenamente. La democracia comienza a dejar al descubierto sus profundos vicios y la desconexión del ciudadano del sistema resalta sus falencias. La representación y la delegación del poder se resquebrajan. La democracia representativa comienza a diluirse como el sistema económico donde funcionaba. Es lo que bien se denomina una crisis de legitimidad. Los partidos políticos se convierten en “partidocracias”, en cotos cerrados que ya no cumplen su función de servir de vehículo a las aspiraciones de la gente común y su papel de intermediación entre el poder y la gente se oscurece por sus mafiosos comportamientos. De allí al brote del populismo habría poco espacio. La nueva expresión telegénica saltaría a la palestra con la oferta de soluciones “revolucionarias” milagrosas. Mientras tanto, otros comenzábamos a pensar en un movimiento alternativo.Frente a las neodictaduras emergentes salen a las calles las manifestaciones de protesta que a nada conducen, que son incapaces de derribar gobiernos a no ser por alguna excepción. Las manifestaciones venezolanas están llenas de mitos y memorias de lo pasado, se recurre a la huelga general o al referéndum revocatorio, pero hay un desfase, un déficit y una contradicción que las anula. Es la vieja estructura que reacciona sobre la manifestación fascista y desde este ángulo de enfrentamiento la historia nos muestra que los viejos sistemas no son restituibles. El caso de las llamadas “marchas” en Venezuela es patético. La multitud sale a la calle lo que equivale a un desempoderamiento en lugar de una posibilidad de vencer la frustración. La razón está en los que podemos llamar “vehículos convencionales”, léase partidos, y sin que un movimiento estudiantil inmaduro y sin objetivos fijos, a no ser la protesta misma, sea capaz de lograr la conexión. La masa sale a la calle y luego se mira a la cara sin haber alcanzado ningún objetivo simplemente porque no estaba planteado ninguno, a no ser el drenaje de las emociones a la espera del acto electoral. De esta manera la “marcha” no deja legado. Más bien pasan a convertirse en ejemplo de la impotencia. Y en reconocimiento de las instituciones secuestradas de la dictadura, al concluir ellas en entrega de documentos redactados en un lenguaje que podríamos denominar como sacado del más puro legalismo.
Así, el viejo problema que Touraine y Baudrillard ya habían entrevisto, el de la crisis de la representatividad, revienta en Venezuela con toda su fuerza. Los partidos, destruidos por sus prácticas aberrantes y por su incapacidad, dan poder a otras instituciones igualmente derruidas y todos y todas marchan junto al enfrentamiento contra el régimen sin ninguna posibilidad de vencerlo. Con su derrota llega a la plenitud la crisis: ya no representan a nadie, son objeto de burlas, pero siguen ejerciendo un poder limitado que el Estado fascista emergente les permite para legitimar su ejercicio.
Paralelamente el problema inicialmente teórico de la representatividad brota en la realidad cuando los viejos actores quieren seguir ejerciendo el poder sobre los ciudadanos debido a su monopolio tácito de presentación de candidatos al viejo parlamentarismo. El problema deja de ser, inclusive, el de una simple oportunidad para enfrentar al régimen sino que es la manifestación patética del ejercicio de algo que no existe. No existe ni parlamento ni existe la posibilidad de conferir representación.
Vemos algunos jóvenes entusiastas e inmaduros lanzando sus candidaturas a diputados sin darse cuenta que el viejo sistema les impondrá su tradicional oligarquización por la necesidad de autorreproducirse para mantener sus privilegios de casta. Por el otro lado el poder fascista restringe, a lo que considera límites adecuados, la supervivencia de los viejos actores modificando aquí y allá y estableciendo condiciones suficientes para animarles a perseverar en su existencia, pero sin aflojarles jamás la posibilidad de volver a convertirse en mayoría.
Llegamos, así, ante una dictadura de nuevo cuño que para el mantenimiento de las apariencias democráticas cede una lonja de poder a los desplazados mientras los ciudadanos no encuentran que hacer, no se sienten representados, la calle no les concede nada sino el ejercicio de utilería a ambos bandos. Brota lo que los impertinentes han llamado Ni-Ni y lo que otros impertinentes en mayor grado convierten en objetivo de sus llamados para que voten o para que ayuden a derrotar al régimen. La crisis de la legitimidad puede declararse absolutamente en explosión. La representatividad concebida en los viejos sistemas liberales salta por los aires. La democracia representativa queda hecha jirones sobre el pavimento.
La desvalorización de la representación y de la legitimidad
La representación puede ser tomada de entrada como la imposibilidad del ejercicio de una democracia directa. En sus orígenes se planteaba como la vía para que los gobernantes ejercieran el poder con la aceptación libérrima de sus gobernados. Esas élites gobernantes o representativas fueron degenerando en castas opuestas al espíritu original. Podríamos aceptar que tal evolución era concerniente a un sistema que en sí portaba el germen de reducción de la democracia. No obstante, se consideró la mejor manera de administrar las complejas sociedades de la era industrial. Estos mensajeros llamados representantes, tal como su nombre lo indican, representan una ficción a algo que no está presente. Al nacer el concepto y la práctica de representación la sociedad no se gobierna a sí misma sino que pasa a ser recipiendaria de las políticas y decisiones tomadas por los representantes, aunque se sometan a referéndum o plebiscito, conforme a las formas conseguidas para atenuar la paradoja de la representatividad.
Tal como lo señala Bernard Manin (Principes du governement représentatif, Calmann-Levy, París, 1995.), uno de los mayores estudiosos del tema, esa representación puede tomar tres formas: parlamentarismo, democracia de partidos y democracia de “audiencia”. En el primer caso, se les puede llamar fideicomisarios. En el segundo, que es el caso venezolano y de la práctica totalidad de los países latinoamericanos, se vota por un partido más que por una persona. Estos diputados o senadores son delegados de sus partidos que generalmente ejercen sobre ellos esa detestable práctica llamada “disciplina partidista”. La tercera, esto es, la denominada en las ciencias políticas “democracia de audiencia”, son los partidos los que se ponen al servicio de los candidatos y cuya elección dependerá de su propia personalidad y capacidad de interpretar a sus electores.
En cualquier caso de los mencionados se mantiene una independencia de los representantes sobre los criterios de los representados. Ocurre así la primera falla grave: la mediocridad de los representantes las más de las veces señalados para tal posición por su subordinación y obediencia a los distintos factores que le permiten ser electos. La segunda falla grave proviene del desinterés de los electores sobre el tema de a quien eligen, más los negociados con los poderosos medios massmediáticos; sobre este caso particular la historia venezolana muestra la cesión de curules a cadenas periodísticas a cambio de apoyo, en lo que constituyó uno de los puntos claves de la decadencia de la democracia. En tercer lugar, a pesar de permitirse la existencia de los llamados “grupos de electores” está claro que de hecho existe un monopolio partidista en la postulación de aspirantes. Finalmente, la falta de ética y de un comportamiento moral adecuado.
Pero Manin, al pasar revista a las instituciones propuestas en lo siglos XVII y XVIII encuentra una continuidad notable con lo que hoy llamamos “democracia representativa”, lo que lo lleva a recordar una significación crucial: ese régimen del que han salido las democracias representativas no fue concebido en modo alguno por sus creadores como una forma de la democracia. Por el contrario, en los escritos de sus fundadores se encuentra un acusado contraste entre la democracia y el régimen instituido por ellos, régimen al que llamaban “gobierno representativo” o aun “república” y cita a Madison argumentando que el papel de los representantes no consiste en querer en todas las ocasiones lo que quiere el pueblo. La superioridad de la representación consiste, por el contrario, en que abre la posibilidad de una separación entre la voluntad (o decisión) pública y la voluntad popular. Manin: “Tanto para Siéyès como para Madison, el gobierno representativo no es una modalidad de la democracia, es una forma de gobierno esencialmente diferente y, además, preferible”.
Las críticas sobre los partidos son conocidas: han pasado a ser irrelevantes aunque conforman aún su poder excluyente en las disposiciones que los favorecen para la presentación de candidatos mientras que los movimientos sociales organizados carecen de ese puerta abierta en el ordenamiento jurídico y, peor aún, cuando un grupo de electores abre la puerta y se lanza al ruedo sus resultados suelen ser magros. Es obvio, entonces, que navegamos en un estado intermedio donde los partidos han dejado de ser intermediarios eficaces y donde no han aparecido con sentido real nuevas formas de intermediación.
La otra, que la muerte de las ideologías los han convertido en cascarones vacíos incapaces de sumar voluntades. En otras palabras, se han convertido en mecánicos buscadores de votos. El argumento simplista que plantea “los partidos deben cambiar” no encuentra base en la realidad de la práctica política. Lo que hay que recalcar es que, en cualquier caso, los partidos han perdido el monopolio del ejercicio político y se les augura un destino describible como el de ser otros en medio de una multiplicad de actores socio-políticos en proceso de nacimiento. Siempre habrá el que por las razones que sean se agrupe con otros que la piensan igual y se proclamen partido, aunque bien se podrían denominar “organizaciones con fines políticos” como se definen en el presente venezolano sin que ninguno de nuestros “brillantes analistas” se haya dado cuenta del cambio semántico de enorme importancia.
De alguna u otra manera en América Latina ha fallado de manera ostentosa cualquier control sobre esta casta de representantes que no han encontrado en la voluntad colectiva un freno a sus desviaciones. En cualquier caso es obvio que existe una ruptura de la legitimación, lo que algunos han denominado “un malestar con la democracia”.
La introducción de mecanismos como referéndum revocatorio o la iniciativa popular han sido paliativos ligeros para la crisis de representación, en primer lugar porque junto a su nacimiento también crecieron las maneras de evitarlos y porque no contribuyeron de manera notoria al aumento del interés ciudadano por su práctica. Al haber contribuido notablemente a ese desinterés con sus ejercicios deformadores los partidos se ven desplazados de su anterior papel por organizaciones que tienden a formas de participación muy diferentes, esto es, la desconfianza justificada en ellos conlleva a la aparición de nuevos mecanismos que, en el presente tecnológico, conducen a la activación de redes y redes de redes.
No olvidemos que la palabra “representación” tiene otros sentidos, como el de la actuación, primero en el teatro griego donde el uso de las máscaras oculta y muestra lo que está ausente. “Inventar la ciudad es inventar la representación, el lugar donde el poder se disputa y se delega, donde cada uno puede presentarse en el centro del círculo y decirle a la asamblea cómo él se presenta lo que sucede y lo que hay que hacer. Lugar de nacimiento del escepticismo, del conflicto de las interpretaciones, de esa multitud de dobles, eîdos o eídolon, phantasía y phantásma, cuya apariencia corre el peligro de ser un falso semblante”. (Enaudeau, Corinne. La paradoja de la representación. Barcelona. Paidós. 1999.).
Para la conformación de la legitimidad de la representación se recurrió al concepto de opinión pública según el cual se crea una opinión general y libre que el representante simplemente ritualiza. De esta manera el representante no tiene nada que ver con la voluntad del representado sino que expresa la voluntad política ideal de la nación, lo que lleva a identificar pueblo con esa voluntad. En pocas palabras, legitimidad y representación buscan reconciliarse. Este razonamiento teórico lleva a la representación a un punto muerto, pues lo que termina es con el planteamiento de que la legitimidad no es del Estado sino de la sociedad misma. Cuando la sociedad entra en la presente fase de desconfianza en los representantes y en la representación misma la legitimidad comienza a hacer aguas. Con la frase “Yo soy el pueblo” que el presente dictador venezolano pronuncia a cada momento lo que se está produciendo es la simbiosis más acabada del pensamiento liberal, esto es, no tiene nada de socialista pues se convierte simplemente en una ficción. La única manera de controlar a los representantes es estableciendo mecanismos independientes de él, pero, como en el caso venezolano y de otros neoautoritarismos, encontramos la facilidad con que el poder los burla y siempre quedará pendiente la cuestión de si es el Poder o el órgano contralor el que representanta la voluntad colectiva.
Es menester recordar que el término “sociedad civil” (civil society) es de manufactura inglesa y fue inventada también dentro del contexto de encontrar una legitimación para la representación. Es por ello que algunos hablan, especialmente Touraine, de una sociedad postcivil; nosotros también lo hemos hecho dentro del concepto naciente de una democracia del siglo XXI. En este proceso de contradicciones se hunden los partidos de la democracia representativa, una realidad de distorsiones que algunos llegaron al punto de llamar “Estado de partidos”. O lo que otros llaman “descolocación de la política”, situación que hoy vivimos en muchos países de América Latina donde desde los órganos legislativos hasta los ejecutivos son suplantados por los llamados Comités Nacionales partidistas que pasan a ser el sitio donde en realidad se toman las decisiones supuestamente “encarnantes” de la voluntad popular. De esta manera los partidos se convirtieron en los verdaderos asesinos de todo el andamiaje filosófico-jurídico que había sostenido a la democracia representativa y su supuesta legitimidad. Es evidente que los partidos surgen por una necesidad obvia de asumir las contradicciones y las fragmentaciones del cuerpo social, pero terminan encarnando en magnitudes de primera fila las prácticas políticas deformadas y deformantes.
He insistido hasta la obstinación en la necesidad de que la provincia venezolana asuma el liderazgo, planteamiento que excede a la mera circunstancia de haberse producido en el interior las mayores acciones de resistencia contra la presente dictadura. Es también un asunto directamente vinculado a la tesis de representación y legitimidad. La elección de diputados por las regiones no establece ni una cosa ni la otra. Apartando por un momento el tema de la descentralización, obviamente necesaria e imprescindible, lo que ando es en búsqueda de una fuerza exógena que desmaterialice la mentira constitucional de que Venezuela es un Estado Federal y la haga realidad, pero más allá lo que ando es en búsqueda de una nueva fuerza constitutiva de la cultura venezolana.
Tendríamos que decir con Lassalle que “la problemática constitucional no es un problema de derecho sino de poder, ya que la verdadera constitución de un país solo reside en los factores reales y efectivos de poder que en ese país rige. Las constituciones escritas no tienen valor ni son verdaderas mas que cuando dan expresión fiel a los factores de poder imperantes en la sociedad”- (Lassalle, Ferdinand; “¿Qué es una Constitución?”; Editorial Coyoacan; año 1994; pág. 29. Conferencia dictada en Berlín a mediados del siglo XIX, texto que se convirtió en un clásico de las ciencias políticas).
En las últimas semanas nació –es lo que percibo- una nueva tensión, o al menos una tensión variada, entre la provincia y el poder hegemónico de Caracas, uno que fue, a mi modo de ver, un intento de quitar la delegación al poder central, uno informe, pero intento al fin. La “reducción” de la representación, en el sentido en que la manejo en este párrafo, significa que se reduce su ámbito en el sentido que cada provincia se representa a sí misma sin afectar para nada la unidad de la Nación-Estado.
Hay que comenzar a manejar las nuevas formas, los nuevos partos, los nuevos paradigmas. Sobre ello andamos.
teodulolopezm@yahoo.com
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martes, 2 de febrero de 2010
PATRIOTISMO CONTRA EL COMUNISMO IMPORTADO DE CUBA, JESUS ANTONIO PETIT DACOSTA
Con mayor razón debemos atacar por este flanco porque el comunismo es en Venezuela algo exótico, o sea, extraño a la realidad nacional, chocante con la idiosincrasia del venezolano, extravagante a su modo de obrar. Eso explica la importación del comunismo cubano junto con la invasión masiva de cubanos. Evidentemente el comunismo es un producto de importación traído a Venezuela por Chávez. Lo ha importado de Cuba, sin ocultar el sello “made in Cuba”.
¿Porqué hubo que importar el comunismo? Primero, porque Chávez carece de formación doctrinaria y de estatura intelectual como para elaborar una doctrina comunista venezolana. Sólo ahora, cuando ya estamos en la sociedad de la información y la economía mundial se ha globalizado, ha descubierto las obras de Marx y Lenin, unas antiguallas escritas hace más de un siglo en los inicios del capitalismo industrial. Pero no sólo es un comunista retrógrado, sino también ágrafo, es decir, incapaz de escribir un folletito con ideas propias.
¿Y porqué importado de Cuba? Porque Chávez, he aquí la segunda razón, no es un estratega como lo fue Ho Chi Minh en Vietnam. Por carecer de esta habilidad ha caído bajo el hechizo de Fidel Castro. Ha sido Fidel el autor del proyecto de trasplante del comunismo cubano a Venezuela y el que viene dirigiendo el proceso con dedicación a tiempo completo como lo demuestra que estudia hasta las estadísticas de partos y la venta de ropa interior amarilla en año nuevo. Esto significa que su cerebro está puesto en Venezuela, el principal mercado de su único producto de exportación: el comunismo a la cubana.
¿Entonces qué rol cumple Chávez? El de vendedor de un producto importado. Trae el producto, le hace publicidad ponderando, como cualquier charlatán, sus falsas bondades y lo pone a funcionar siguiendo paso a paso las instrucciones de Fidel, el fabricante. Sin duda ha sido un vendedor hábil, mejor un embaucador que hace publicidad engañosa, porque vende como de primerísima calidad un producto que ya ha sido devuelto de otros mercados por defectos que no tienen arreglos. Y lo peor, el tramposo no reconoce el derecho a devolución mediante elecciones. Obliga al pueblo a quedarse con la chatarra que le ha vendido.
En verdad la razón principal de la importación ha sido que, por tratarse de un producto exótico, no hay en Venezuela suficientes comunistas para acometer la tarea de implantar el comunismo. Más aún, no hay mercado para reclutarlos por la aversión del pueblo al comunismo. Esto explica la invasión masiva de cubanos. Aparte de Fidel jefeando, existen miles de cubanos gobernando, presentes con poder y autoridad en toda la Administración Pública. Son el gobierno en la sombra, oculto pero real. De allí surge que, por efectos de la cubanización, la lucha contra el comunismo deba ser entre nosotros, por añadidura, la lucha por la liberación nacional, con lo cual entra en juego la contradicción entre patriotas y vendepatrias, que debemos explotar al máximo. Atacar por aquí es ir a la yugular del enemigo.
jpetitdacosta@hotmail.com
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