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viernes, 22 de noviembre de 2013

LA NACION , EL BARATILLO DE MADURO, EDITORIAL, DESDE COSTA RICA

En vísperas de la Navidad y, más importante, de las elecciones municipales, Nicolás Maduro planea fijar por decreto el precio de diversos bienes de consumo

La inflación en Venezuela ronda el 54%, pero el mandatario se niega a atribuirla a la caótica política económica de su gobierno

La escasez de productos básicos no es noticia para los venezolanos, pero tampoco es arriesgado pronosticar un futuro faltante de electrodomésticos, llantas y repuestos para vehículos, entre otros bienes. La razón es sencilla: al presidente Nicolás Maduro se le ocurrió controlar por decreto los efectos de la inflación sobre el precio de esos productos.

En vísperas de la Navidad y, más importante, de las elecciones municipales, Maduro planea fijar por decreto el precio de diversos bienes de consumo. La gente se agolpa en las puertas de las tiendas que los distribuyen para ser los primeros en aprovechar las esperadas gangas. Sabia intuición. Los primeros probablemente serán los únicos porque, una vez desabastecidos los anaqueles, es difícil creer en la reposición de inventarios.

La inflación en Venezuela ronda el 54%. Maduro se niega a atribuirla a la caótica política económica de su gobierno e inventó la existencia de una “guerra económica” contra el régimen, capitaneada por empresarios opositores. Es decir, el alza en los precios es producto de la especulación –una mezcla de avaricia y mala intención– que el mandatario puede resolver con solo decretar rebajas de acatamiento obligatorio.

Por eso advierte a los comerciantes: “No me vengan con cuentos”. Los precios, al parecer, no son en Venezuela materia económica, sino psicológica o volitiva. Frente a la arbitraria voluntad de elevarlos se yergue la del líder máximo, empeñada en empujarlos en la dirección contraria.

Tan peregrina concepción de la economía no tardará en surtir efectos, como ya ocurrió en Venezuela con otros artículos y ha ocurrido en todo el mundo, allí donde los gobernantes dan la espalda a las más elementales leyes del mercado.

El baratillo de Maduro está a punto de suceder. Para asegurar el éxito, la fracción chavista de la Asamblea Nacional se encargó de remover el último obstáculo. El presidente pretende la concesión de poderes especiales para gobernar por decreto, como en su momento lo hizo su mentor Hugo Chávez, pero está a un voto de la mayoría necesaria para hacer su voluntad.

Para subsanar la deficiencia, los oficialistas desempolvaron viejos cargos contra una congresista opositora y aprobaron su desafuero. La legisladora fue sustituida por un chavista y el mandatario completó los 99 votos necesarios para gobernar por decreto, con poderes extraordinarios.

Lo más extraordinario del caso es que la legisladora María Mercedes Aranguren fue elegida por el partido de Maduro, cuando ya se conocían las acusaciones en su contra, y luego se pasó a la oposición. Los cargos datan del 2008, cuando Aranguren ejerció cargos públicos al abrigo del gobernador chavista del estado de Monagas, José Gregorio Briceño, caído en desgracia y expulsado del partido oficialista. Los cuestionamientos no fueron obstáculo para su postulación como candidata del gobernante Partido Socialista Unificado de Venezuela.

El desafuero de Aranguren siguió todos los pasos del procedimiento previsto: la Fiscalía pidió al Tribunal Supremo de Justicia evaluar los cargos y decidir si solicitaría a la Asamblea el levantamiento del fuero de la diputada. Los jueces hicieron la solicitud al Congreso, que votó en bloques, con la oposición en completo desacuerdo y el oficialismo a favor, a fila cerrada.

Sin embargo, ni la Fiscalía ni el Supremo venezolano se han librado de cuestionamientos por obsecuencia frente al Poder Ejecutivo, y mucho menos la fracción legislativa chavista. Aranguren niega los cargos, atribuye la maniobra al deseo de conquistar el voto 99 para otorgar a Maduro poderes extraordinarios y reclama a los parlamentarios oficialistas la obtención de “respeto solamente a punta de miedo, a punta de amenazas”.

Más allá del debate sobre las responsabilidades atribuidas a la legisladora, lo menos que puede decirse de su desafuero es que resulta oportuno para las pretensiones de Maduro. Pero la inflación y, en general, la economía no resultarán igualmente vulnerables ante la maniobra política

http://m.nacion.com/ultimas-noticias/nota/61593079

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jueves, 14 de noviembre de 2013

PAULINA GAMUS, LA REBATIÑA

¡Que no quede nada en ninguna parte! es el grito del decreto de guerra a muerte que Nicolás Maduro ha lanzado para liquidar de una vez por todas, las pocas empresas que quedaban en este país. Después de acabar con la producción de alimentos de primera necesidad como la leche, azúcar y harina de maíz, había que culpar a alguien del desastre. Por su mente estrecha pareció, por un momento, que pasaba un rayo de luz cuando designó a Nelson Merentes para dirigir el rumbo económico del país.

No es que fuera un Nobel de economía, por el contrario había tenido mucho que ver con el desastre que Hugo Chávez le dejó en herencia al apocado Maduro, pero parecía dispuesto a enderezar algunos entuertos. Solo los muy allegados sabrán en qué momento y mediante cuáles maniobras y zancadillas, Merentes fue desbancado y de nuevo se elevó la figura siniestra de Jorge Giordani.

Para cerrar el círculo de la tragedia que se avecinaba, desempolvaron al botado Eduardo Samán y lo devolvieron al Indepabis. Se había completado así la dupla marxista-leninista-castrista, la que no descansará hasta que Venezuela llegue de una vez al mismo hoyo del que Cuba apenas está saliendo después de medio siglo de penurias.

Las encuestas deben haber precipitado la locura que mezclada con la imbecilidad, es una fórmula letal. Por supuesto que a la luz de los acontecimientos hay unos cuantos miles de venezolanos felices porque participaron del saqueo oficialista. Porque obligar a un comerciante a que venda por debajo del precio justo, y además privarlo de su libertad de manera arbitraria, es un saqueo para no llamarlo robo descarado. Esos quizá voten por los candidatos de Robin Hood Maduro.

Otros miles, seguramente muchos más que los favorecidos, terminarán frustrados y furiosos porque no lograron hacerse siquiera con una tostadora o un DVD, a pesar de pasarse días enteros en las colas. Esos difícilmente voten por los saqueadores. Muchos más, quién sabe cuántos, apelarán al voto castigo para esta banda de asaltantes porque perdieron sus empleos ya que las tiendas saqueadas jamás volverán a abrir sus puertas a menos que sus propietarios sufran de masoquismo irredimible.

Muchos, bastantes, le cobrarán a la pandilla de maleantes instalada en el gobierno, los atascos de tránsito y las largas horas perdidas en las colas de automóviles por culpa de las otras colas, las de los aspirantes a un tírame algo electrodoméstico.

Ya vacíos los anaqueles y depósitos de neveras, lavadoras, secadoras, televisores y demás aparatos del ramo, se anuncia el asalto a zapaterías, jugueterías, tiendas de telas y todo negocio que pretenda vender alguna cosa y obtener la más ínfima ganancia. Estos también cerrarán per saecula saeculorum una vez queden desprovistos de su mercancía. Venezuela será entonces lo que Giordani y Samán anhelan, una verdadera isla de la felicidad. No en balde se ha designado, tomando las previsiones del caso, un viceministro del ramo.

Algunos analistas que nunca faltan y a veces aciertan, han aventurado que el propósito del gobierno es neutralizar los posibles saqueos espontáneos, como los ocurridos en el Caracazo que tanto celebraban Chávez y compañía. ¿Caracazos a mi? debe haber dicho Maduro en algún diálogo con el pajarito y se adelantó a los acontecimientos. Por lo pronto la gente dejó de hacer colas para comprar leche, arroz o harina de maíz, y se pasó a las colas de la piñata organizada a costillas ajenas.

Pero de ese sueño de felicidad momentánea despertarán muy pronto.

No solo porque muchos aparatos saqueados con la anuencia oficialista quedarán inservibles con los apagones que se incrementan día a día, sino porque 30 millones de venezolanos, excluyendo a la nomenklatura de los asaltantes, se encontrarán con que nunca más, mientras esa lacra gobierne este país, habrá una nevera, un televisor, una lavadora o siquiera una licuadora que comprar. Salvo que algún enchufado se monte en el negocio de traer basura china para así saquear los golpeados presupuestos de la mayoría del país.

Son tiempos oscuros, pero nunca la oscuridad fue eterna. Los escépticos, los que creen que no tiene sentido votar el 8 de diciembre, que se convenzan de que a estos delincuentes infracomunes sólo se les saca del poder con muchos pero muchísimos votos, esos que los tienen tan aterrados que los llevan a precipitarse al abismo y arrastrarnos con ellos.

gamus.paulina@gmail.com

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jueves, 22 de agosto de 2013

LUIS UGALDE, ¡VIVA LA POLÍTICA!

Hay anaqueles vacíos y colas de gentes buscando harina, leche, papel higiénico o pollo. Pero la escasez más grave en Venezuela es la falta de política. 

Cuartel no es política, “ordeno y mando” no es democracia, por eso el barco naufraga y escasea la política con participación libre y responsable. Política es participación en la polis, en el espacio público, donde se juega el bien común de todos. Los católicos aprendimos que la buena política es una de las formas más elevadas de practicar la caridad, porque el bien cuanto más universal es más divino; y la mala política es más diabólica, pues castiga con inseguridad, inflación y desempleo a la mayoría de los venezolanos.

Llegamos al fin de un experimento que estuvo cargado de esperanza y hoy la gente quiere cambiar, pero no quiere saltar de una ilusión fracasada a otra. 

Sólo una política honesta, tenaz, decidida y abierta a una participación plural, puede recoger democráticamente ese anhelo de cambio del 80% de los venezolanos. Como siempre en las crisis, está latente la tentación de una aventura de fuerza, olvidando que quienes llegan al poder por la fuerza buscan perpetuarse con las armas y la mentira, y para ellos la política y los partidos políticos son enemigos mortales.

Cuando el general Franco llevaba veinte años de dictador nombró un Ministro de Relaciones Exteriores civil y le dio el siguiente consejo: “Usted no se meta en política. Haga como yo que nunca me he metido en política y me ha ido muy bien”. Estaba claro: dictadura no es política, no es polis ni ciudadanía corresponsable, sino la bota que impone. 

Cuando Chávez llevaba menos de dos meses en la presidencia me dijo personalmente en Miraflores: “Yo no creo en ningún partido, ni siquiera en el mío. Yo creo en los militares que es donde me formé”. 

Así es. Por ello se impone el Ejecutivo sobre los otros poderes y se viola la Constitución. Eso por el lado militar; y por el lado marxista es una obligación imponer la “dictadura del proletariado” (en Venezuela sólo algo metafórico), indispensable para destruir y erradicar la “dictadura de la burguesía”. Por eso las elecciones, la descentralización del poder, los contrapesos entre los poderes públicos, la limitación temporal de mandato presidencial, la ciudadanía como origen y control de los poderes… son lamentables “formalismos burgueses”.

La impaciencia y la indignación llevan a algunos opositores a pensar que lo militar sólo se vence con lo militar y que luego los buenos ángeles armados entregarán gustosos el poder a los ciudadanos. 

Para la buena política necesitamos políticos y partidos políticos. Sembrando antipolítica (llevamos al menos veinte años en eso) no cosecharemos democracia. 

Por eso el gobierno criminaliza la política. Pero los primeros sembradores de antipolítica son los malos políticos, como fueron los tradicionales partidos en el año 1998, y mucho antes, con el deterioro e insensibilidad social creciente desde 1975.

La mejor escuela de formación de agrupaciones ciudadanas y de partidos es el ejemplo de los líderes, que en medio de esta tormenta reman contra corriente y sufren todo tipo de ataques, de calumnias y de amenazas. Parece suicida que, desde el deseo de cambio, se desprestigien los éxitos de los demócratas unidos y se siembre la sospecha que lleva a vacunar a la población contra la política. Por el contrario, necesitamos que cada venezolano se vuelva ciudadano, es decir político. 

Criminal es también la actitud de algunos figurones de la política que anteponen su propio interés y esperan triunfar con el fracaso de otros demócratas. 

Cuánta falta hace en Venezuela en este momento la “Cultura del encuentro” de la que habló en Brasil el Papa Francisco: “Una cultura en la que todo el mundo tiene algo bueno que aportar y todos pueden recibir algo bueno a cambio”. Luego de años de prédica del odio, de la descalificación y del enfrentamiento, la población añora el reencuentro. 

Jesús reprimió las ambiciones de poder de sus discípulos y les dijo: miren, los jefes de las naciones dominan y oprimen a sus pueblos y los tratan como esclavos. No sea así entre ustedes, sino que el mayor sea el que más sirve, así como el Hijo del Hombre no vino a ser servido, sino a servir y dar la vida.

Sólo saldremos de esto si todos contribuimos a fortalecer una alternativa ganadora con una política decidida para que tengan poder social, económico y político quienes hoy no lo tienen y por eso se agarraron a caudillos populistas. ¡Lo público es de todos!

lugalde@ucab.edu.ve


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domingo, 3 de marzo de 2013

EGILDO LUJÁN NAVA, DE ESO, NO HAY, FORMATO DEL FUTURO…

 “Si consigues ( ) tráeme”. Ninguna frase como esa, es hoy más importante entre amigos, familiares y vecinos en cualquier parte del país. Porque tiene que ver con esa especie de tarea forzosa a cuyo cumplimiento están ahora obligados los venezolanos, sin distinción de clase, sexo o estado civil, con necesidad de llevar para su casa los más conocidos alimentos que integran la cesta básica de la que depende cada familia, si es que pretende disfrutar de un plato tradicional. El peregrinaje que deben cumplir todos los integrantes del hogar, cuando se trata de “hacer mercado”, en fin, es increíble, penosamente humillante y desconsiderado.
Asimismo, padecer una enfermedad o cumplir con un tratamiento médico, es una verdadera calamidad. La escasez de medicinas, que el propio sector ubica actualmente en más de un 40%, está llegando a niveles peligrosos. Porque lo que   se está poniendo en serio peligro, es la salud ciudadana. La razón y queja sobre el porqué eso está sucediendo, a juicio  de las empresas responsables de garantizar el abastecimiento, es la demora en la entrega de las divisas (dólares) que a través del control oficial de cambio tendrían que darles respuestas oportunas y confiables.
Ante dicho señalamiento, el gobierno ha respondido diciendo que el sector privado ha recibido las divisas trampeando los sistemas, y que el Gobierno, inocentemente y engañado, sí le  ha entregado los dólares a los importadores como es debido, afirmación que, por supuesto, no le cree nadie. De todos es conocido que desde principios del año pasado, los diferentes gremios que afilian a importadores, vienen anunciando, con justificada preocupación, que de no dar acceso a las divisas necesarias, desaparecerían irremediablemente los inventarios, provocándose una escasez de todo tipo de productos.
¿O es que acaso puede ser eso extraño, cuando ya es necesario importar el 80% de bienes que necesita y consume la sociedad venezolana, en el peor de los casos, o un alto porcentaje de insumos, materias primas y repuestos imprescindibles para producir lo poco que se procesa en el país?. Además ¿qué más esperar, después de haberse perdido un 50% del parque industrial y haberse expropiado más de  4 millones de hectáreas de fincas productivas, que luego han pasado a convertirse en tierras ociosas?.
Por obra y gracia de esta manera de concebir y conducir la política económica por la que Venezuela se ha regido durante la última década,el país es hoy un importador por excelencia, una nación con una soberanía alimentaria hipotecada, y un mercado comprador de alimentos y medicinas que antes producían los venezolanos, o que alguna vez se plantearon hacerlo.
Es importante citar que productos importantes que antes se procesaban en suelo venezolano, y cuya eficiente producción estaba a cargo del sector privado, luego de su expropiación o adquisición por la fuerza, estando en manos del Estado, ahora se tienen que adquirir fuera del la frontera nacional. Es el caso del cemento y las cabillas. En cuanto a alimentos, la importación directa del Gobierno, que  es enorme, además de justificar el nacimiento de una red comercial divorciada de toda posibilidad gerencial -como alguna vez sucedió con la Corporación de Mercadeo Agrícola- ha servido para la aparición de grandes escándalos ante las pérdidas de productos abandonados y podridos en las aduanas, amén de denuncias -incluso gubernamentales- por compras con  sobreprecio, muchas veces sin cumplimiento de llamados a licitación, o por ser adquisiciones “a dedo”.
Si a este desafortunado panorama se añade la merma evidente en la producción petrolera, que en el año 1998 superaba los 3 millones de barriles diarios y que hoy se ubica en poco más de 2 millones 500 mil, mientras se regalan millones de dólares a otros países, y hasta se obsequia gasoil al Estado de Nueva York, en un gesto de filantropía inexplicable a favor de“El Imperio”, es más que obvia la causa por la que se han agotado las divisas. Mientras tanto, el Gobierno, en vez de recortar gastos, insiste en hacer crecer la economía interna echando mano de su libertad para imprimir dinero sin contrapartidas en el BCV, y apelar, una vez más, a una empobrecedora devaluación colectiva, cuyos efectos sociales se trata de apaciguar desarrollando una dura y violenta campaña contra la empresa privada.
Venezuela, que exhibe el más alto índice inflacionario de Latinoamérica y uno de los mayores del mundo, se mueve entre estas contradicciones, improvisaciones y audacias destructivas de la capacidad de compra de sus habitantes. Su Gobierno procede en nombre de un pueblo al que, sin consulta ni consentimiento, y en peores condiciones para el que menos ingreso percibe, obliga a empobrecerse a diario. Pero, además, hoy también ostenta la peculiar característica de ser el único petroestado que necesita devaluar para poder cubrir sus requerimientos básicos, ya que un ingreso sobre 100 $  por cada barril de petróleo que vende, no le alcanza.
Pero mientras eso ocurre en el orden micro y macroeconómico, el país se adentra en el último mes del primer  trimestre del 2013, sin haber podido superar el cuadro político cargado de incertidumbre que se produjo a comienzos de diciembre del 2012, después que el reelecto Presidente de la República dejó entrever que habría la posibilidad de no poder asumir el mando al que, por  derecho constitucional, le correspondía jurar el 10 de enero del año en curso.  Se trata de una realidad que mantiene de manos atadas a quienes están a cargo de ciertas áreas del poder público, pero que, además, les anula, aparentemente, en su obligación de actuar para que tal situación no siga complicándose.
El Gobierno se debe abocar a corregir las verdaderas causas del problema, y lo tiene que hacer sin demoras condicionadas por pragmatismos políticos: reducir gastos (nóminas y dependencias oficiales); incrementar la producción petrolera; regresar o vender las empresas privadas expropiadas o incautadas convirtiéndolas nuevamente en productivas, para que dejen de ser focos de corrupción y/o cargas para el Estado; paralizar la incautación de tierras y regresar las supuestas expropiadas a sus legítimos propietarios productores; facilitar el crédito a los productores del campo; crear incentivos para que la industria privada nacional contribuya a reducir las importaciones y a crear puestos de trabajo productivos; reducción de los impuestos que, en su conjunto, hoy son los más altos del Continente, en procura de que estas reducciones se conviertan en beneficios equivalentes de aumentos salariales, permitiendo llegar a un salario DIGNO y no mínimo, y combatiendo así el único y verdadero enemigo de la prosperidad, como es la pobreza. Asimismo, eliminación de tantas alcabalas de permisería que sólo inducen al peaje y a la corrupción.
Esto sólo se puede hacer, por supuesto, eliminando el odio, los insultos; llamando a todos los sectores a integrarse y con el único propósito de sacar el país adelante.
Hay que definir la situación política, aclarar y comprobar cuál es la verdadera situación del Presidente. Esto tiene a todos los ciudadanos sumidos en una incertidumbre. Si el inicio de la solución es ir a elecciones nuevamente, hay que  ir. Eso sí, que los competidores tengan una única meta similar: PAZ, PROGRESO, JUSTICIA Y LIBERTAD.
egildolujan@gmail.com
Enviado anuestros correos por
Edecio Brito Escobar 
ebritoe@gmail.com

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lunes, 14 de noviembre de 2011

OSWALDO ÁLVAREZ PAZ: ESTO NO PUEDE NI DEBE CONTINUAR (DESDE EL PUENTE)

Como todo venezolano responsable también hago votos para que el país alcance un mínimo de normalidad hacia las elecciones primarias de febrero y las presidenciales de octubre próximo. Pero veo muy lejos ambas fechas. El país está mal en todos los sentidos. El vacío de poder, por la irremediable ausencia presidencial, fortalece la incertidumbre que reina en la nación. Nadie sabe que pasará y no pocos apuestan por lo peor. La anarquía, el caos, la diáspora oficialista o la indiferencia opositora sobre la verdadera naturaleza del régimen, impiden el reposo.

Algunos de los hechos de la semana hablan por sí solos. El aspecto del Presidente continúa en picada. No sólo eso, también el anuncio sobre la presencia de un submarino “nuclear” frente a nuestras costas abre muchas interrogantes. ¿De quien era y para donde y a qué iba? ¿Americano o colombiano de la narcoguerrilla a las cuales les han decomisado varios? Quisiéramos conocer el informe oficial porque es sabido que nuestra marina de guerra y la aviación militar están en tierra. Las naves no navegan y los aviones no vuelan, pero los jefes dan discursos. Tenemos derecho a exigirlo.

En Colombia mataron a (a) Alfonso Cano, jefe máximo de las FARC. Tragedia anímica para el castro-chavismo que ha perdido en poco tiempo a Marulanda, Raúl Reyes, al Mono Jojoy y, entre otros, al jefe Cano. Se dice que para sustituirlos tienen a Iván Márquez o a Tymochenco, ambos de frecuente permanencia en Venezuela, bien protegidos y apertrechados. La derrota final de las FARC está a la vuelta de la esquina. Ojala y no apelen al terrorismo urbano en las grandes capitales para mantener vigencia en la opinión pública mundial. Pasa a menudo con los movimientos subversivos derrotados militarmente. Puede suceder. En Colombia hay alerta general. Pero en Venezuela, angustioso silencio.

El Presidente y el Procurador Escarrá no ahorran palabras de apoyo para Carlos Ilich Ramírez, el Chacal. Confiesa haber asesinado entre 1.500 y 2.000 personas, pero que Fidel Castro ha matado mucho más. Por cierto, declaró que la ayuda que le manda el alto gobierno no la recibe, piensa que se la cogen en la embajada o se queda por el camino. Nuestras autoridades se ocupan de él, pero olvidan las decenas de presos políticos, los centenares de exilados y perseguidos, los millares de hacinados en nuestros centros de reclusión y los derechos vulnerados de más de ciento cincuenta mil asesinatos bajo el régimen actual.

La semana cerró con la información del cónclave de generales en una dependencia de la Comandancia del Ejército, incluidos dos enlaces oficiales del ejército cubano. Se trata de los dolientes del proceso, de los que saben que esto se termina y que el fin del insólito poder político y económico dudosamente obtenido llega a su fin. Discuten como impedirlo o salvarse. No me constan los temas, pero las fuentes con relación a la reunión son serias, de adentro. ¿Y el Presidente? Bien, gracias.

oalvarezpaz@gmail.com  
Lunes, 14 de noviembre de 2012

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domingo, 19 de junio de 2011

ANTONIO JOSÉ MONAGAS:¡CARAPACHO DE PAÍS! (PIDO LA PALABRA)

Venezuela está casi desmantelada. Puede decirse que de todo ese destrozo, está quedando sólo un ¡carapacho de país! / ANTONIO JOSÉ MONAGAS
Por Lejos de vivir situaciones representativas de gloriosos momentos, resultados de un devenir caracterizado por la contundencia de determinaciones que apuntaron a exaltar las libertades como reivindicaciones populares, el país se ha visto sumido en un franco letargo. Triste producto de una sumisión que, contrariamente al desarrollo de su historia independentista, lo tiene arrodillado como pocas veces se ha visto. 

El proceso de sometimiento que ha adelantado el actual régimen mediante dádivas de miseria, se ha demostrado a través de una relación de correspondencia tan brutal como pasiva lo cual contradice el esfuerzo primigenio de muchos en torno a la inminencia de acentuar la democracia como sistema político.

Ahora bien, surgen variadas preguntas alrededor de tan apesadumbrada realidad. Preguntas relacionadas con la idiosincrasia del venezolano, sus sentimientos. Pero igualmente, con el estilo de vida que venía procurándose con base en un presupuesto nacional insuflado por la renta petrolera. No obstante, en medio de las posibles respuestas que pudieran satisfacer las anteriores interrogantes, se encubre el debate que a diario marca y supone la vida del venezolano. Discusión ésta que lleva a revisar la brecha que groseramente viene abriéndose entre el miedo y la comodidad. Miedo éste provocado por las reiteradas amenazas proferidas desde cualquier instancia de la administración pública. O a través de la intimidación y el pánico que las mismas inducen ante la posibilidad cierta de ser hostigado, rechazado, encarcelado destituido o expropiado. O porque la comodidad generada por la desidia propia de actitudes meramente contemplativas, tanto como por la ilusa apetencia de obtener riqueza fácil del festín petrolero que ha vivido Venezuela a lo largo de su historia económica contemporánea.

En el fragor de una situación dominada por un gobierno que no tolera la disensión por cuanto tampoco reconoce la pluralidad como evento y condición política, el país ha devenido en un cuerpo sociopolítico cuyo flemático comportamiento ha permitido al gobierno tomar cualquier tipo de decisión. Así, han tenido cabida las improvisaciones, equivocaciones y desafueros de toda índole. Pero también, la corrupción, la no-transparencia, la discrecionalidad, la ilegalidad, la inseguridad, la negligencia, la suciedad, el endeudamiento, el centralismo, la inflación, el presidencialismo y la prepotencia. Todo ello amparado bajo el ámbito de la subordinación, gracias al poder vertical impuesto en confabulación con los suspicaces actores de la burocracia instalados en el pináculo de los poderes legislativo, judicial y electoral y de la esfera militar.

A todas estas, el país se ha desfigurado al extremo que luce impresentable, desorganizado, enredado y malcarado. En síntesis, espantoso. Hacia tal objetivo pareciera haber apostado la gestión pública. Tanto que el ingreso nacional ha sido fraccionado, razón por la cual no sorprende que la porción menguada constituye el presupuesto nacional a partir del cual pretende depararse la compleja funcionalidad de la nación habida cuenta de sus enormes requerimientos. Mientras que el mejor porcentaje, es manejado a juicio de la mirada arbitraria y autoritario pulso del jefe del Estado. Sea como fuere, el país ha caído en ese lodazal donde los gobernantes han hecho y deshecho a su total antojo cuanto han inventado e imaginado ante la infamia de su pretendido socialismo. Es fin, Venezuela está casi desmantelada. Puede decirse que de todo ese destrozo, está quedando sólo un ¡carapacho de país!

VENTANA DE PAPEL

¿VACÍO DE INFORMACIÓN O DE PODER?

Pobre ha sido la información oficial en relación con los problemas de salud que aquejan al presidente de la República. La intervención quirúrgica de emergencia que se le practicara en Cuba por causa de un absceso pélvico, ha generado una serie de rumores que el propio Gobierno ha desatendido. Lo que ha informado, a través de escuetos mensajes de texto desde teléfonos celulares, resulta supremamente insuficiente ante lo que significa la salud del primer mandatario. Amén de esto, el gobierno ha dilapidado hartos recursos para exaltar la figura del presidente. Burdo proselitismo político lo que sin duda evidencia una de las características del liderazgo personalista mediante el manejo mítico de la figura del líder y así mantener un nivel de atracción hacia él. En medio de esta situación, por demás delicada, se conjuga una serie de factores que terminan azuzando una ola de rumores toda vez que se trata de un problema relacionado no tanto con un vacío de poder como con un poder vacío, como de alguna forma pareciera ser así la situación nacional. Frente a esta problemática de oscura razón, el gobierno se empeña en mantener al país desinformado. En consecuencia, es obvio que quede abierta la entrada al terreno de las dudas y la suspicacia. Aunque el gobierno ha tratado la situación de forma mediática. Para ello se ha valido de estrategias dirigidas a manipular groseramente la precaria información. Así ha pretendido que el absceso pélvico se convierta en una poderosa razón de rentabilidad política para obtener el mayor provecho posible por lo cual podría rescatarse la popularidad perdida del presidente de la República, dada sus seguidas equivocaciones.

SAN ALUMBRÓN YA NO HACE MILAGROS

Los últimos apagones que han afectado importantes regiones del país, evidencian agudos problemas alrededor de la falta de mantenimiento y de nuevas inversiones, así como de la incapacidad gerencial y operativa que dicho sector presenta. No obstante, para el gobierno todo es producto de sabotaje por parte de la oposición. De ahí que su precaria creatividad le ha llevado a concebir un programa que dio resultado el año pasado y fue eficaz para reducir el consumo eléctrico: la aplicación de multas o elevadas sanciones. Por miedo a seguir perdiendo más espacio político, el gobierno no se atreve a incrementar las tarifas eléctricas produciéndose un importante rezago por lo que la reinversión en el sector se torna más complicada. Es indudable que hay personas que ganan mucho con todo esto, y que pudieran estar ligadas al gobierno. Tanto es así que quienes hablan de un supuesto “saboteo” se expresan sin mayor conocimiento de causa ya que en lo que fue el último gran apagón nacional fallaron cinco transformadores que sirven para medir y no como alegaron. Que eran para transferir potencia y entonces controlarla. Y que además el problema había obedecido a “una descarga eléctrica”. El país tiene un enorme atraso en el desarrollo del sistema eléctrico nacional. Plantas de generación que debían estar desde 2008 operando, no llevan ni siquiera más de la mitad de construcción. Al menos es el cuadro que presenta el Oriente del país. Lo mismo ocurre en los estados Guárico y Zulia. Sobre todo, en Nueva Esparta, con la construcción de un parque eólico para generar electricidad a partir del medio natural. Aparte de todo esto, existen algunas edificaciones o terrenos comprometidos para levantar nuevas plantas de electricidad que se han visto afectados por invasiones o porque las empresas (asignadas a dedo) no se han dignado en iniciar los trabajos de construcción. Y ni siquiera para paliar en algo los fatales cortes de electricidad, pues San Alumbrón ya no hace milagros.

DE VUELTA A LAS CALLES

Las protestas universitarias no han cesado. Y a decir por lo que se ve y escucha, tampoco concluirán. Al menos, en el tiempo inmediato. Por el contrario, arreciarán en virtud del desgano gubernamental por superar los problemas que afectan el discurrir académico. Sigue sin entenderse que la única manera de conciliar las políticas de inclusión y de formación académica con requerimientos de calidad, pasa por el hecho de atender el clamor de las universidades. Más, cuando se han demostrado las dificultades del actual modelo de financiamiento al cual está plegado el accionamiento del gobierno central en relación con el funcionamiento de las universidades. Es absurdo aceptar la displicencia del ministerio de Educación Universitaria respecto de las relaciones que deben establecerse entre la investigación académica y un sistema nacional de ciencia y tecnología debidamente apegado a objetivos de desarrollo nacional. Sin embargo, la sordera oficialista continua siendo criterio a partir del cual se toman decisiones en desmedro de las exigencias y necesidades universitarias. De ahí que las distintas comunidades académicas continuarán levantando su voz a fin de sacudir el marasmo de un gobierno que actúa según pretensiones obtusas mediante las cuales el conocimiento pareciera no comprenderse como una de las variables sobre las que se afinca las posibilidades de afianzar el crecimiento y progreso del país de cara a las nuevas realidades planteadas a instancia de los continuos cambios que están operándose en todas las instancias de la vida humana. Nada doblegará la autonomía universitaria.

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jueves, 15 de mayo de 2008

*NOTICIA EN EL DIARIO 2001 DE CARACAS, MAYO 14 DE 2008: “SÓLO QUEDAN 28 DÍAS DE RESERVA ALIMENTARIA”


*NOTICIA EN EL DIARIO 2001 DE CARACAS, MAYO 14 DE 2008: “SÓLO QUEDAN 28 DÍAS DE RESERVA ALIMENTARIA”

EN REDES PRIVADAS DE SUMINISTRO PODRÍA HABER ESCASEZ EN ALGUNOS RUBROS DE PRIMERA NECESIDAD, ADVIERTE TOMAS SOCÍAS

GERARDO HERSEN

El ex ministro de Fomento y economista, Tomas Socías, infórmó al diario 2001 que las reservas de alimentos, fuera de la red Mercal y Pdval, sólo darán abasto para 28 días, por cuanto explicó que habrá precariedad en algunos rubros de primera necesidad.

En este sentido, dijo que la leche en los principales supermercados del país se está tornando intermitente, a pesar de haber un recuperación en este rubro alimenticio.

Asimismo apuntó que el arroz también ha presentado una dramática caída en los anaqueles, pues en las últimas semanas escasea con mayor frecuencia.

El trigo, así como otros granos y cereales también se encuentran inexistentes en algunos supermercados. Sin embargo, el economista explicó que el Gobierno a través de Mercal y Pdval mantiene una reserva de alimentos para dos meses.

No obstante Tomas Socías enfatizó, que los operativos de Pdvsa y el Ministerio del Poder Popular para la Alimentación sólo alcanza para el 45 por ciento de la población, mientras que el otro 55 por ciento es cubierto por el sector privado el cue está sufriendo los embates del desabastecimiento.

Socías puntualizó que las industrias privadas, vinculadas al sector alimento, están pasando por crítica esta situación por las medidas adoptadas por el Gobierno Nacional, pues a su juicio la regulación de precios a desmotivado la producción, lo cual ha generado mayor escasez .

Asimismo dijo que la mora presentada en la Comisión Nacional de Divisas, en relación al otorgamiento de dólares, ha demorado aún más los pedidos en el extranjero.

Aunado a este problema, la materia prima en el mercado internacional ha incrementado su precio, en al menos un 15 por ciento más.

Por otra parte los proveedores internacionales han dejado de creer en el mercado venezolano, ya que la mora de divisas no genera confianza.

“Quien sale a pagar los platos rotos es Cadivi, pero el problema radica en que el Ministerio para las Finanzas y el Banco Central de Venezuela, no le da dinero a este ente para poder adjudicar los pedidos de los industriales”, dijo Tomas Socías, ex ministro de Fomento, economista y empresario vinculado al sector alimento.
hersentoledo@hotmail.com