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domingo, 6 de noviembre de 2011

FERNANDO OCHOA ANTICH: SIEMBRA DE ODIOS

Una de las estrategias más utilizadas por Hugo Chávez para consolidar su hegemonía política ha sido dividir a los venezolanos en chavistas y escuálidos. Esa prédica le permitió triunfar en varias elecciones. Lamentablemente para el chavismo, ese esfuerzo se ha diluido en el tiempo. Nuestro pueblo es bondadoso por naturaleza y rechaza el odio. Esa división ha dejado de ser un instrumento electoral suficientemente efectivo. En la revisión de la nueva estrategia electoral, el chavismo ha decidido aprobar la ley “para sancionar los crímenes, desapariciones, torturas y otras violaciones de los Derechos Humanos por razones políticas desde 1958 a 1998” y abrir varios juicios contra oficiales de las Fuerzas Armadas que actuaron militarmente durante ese período histórico.
En su afán de querer falsificar la historia, se han dedicado a tratar de destruir los cuarenta años de democracia, el período de mayor avance en todos los órdenes que ha tenido Venezuela en su historia. Es necesario, que las nuevas generaciones de venezolanos conozcan la realidad de lo que fue, por ejemplo, la subversión comunista de la década de los sesenta. Lo primero a señalar es la absoluta legitimidad de los gobiernos de Rómulo Betancourt y de Raúl Leoni. Habían triunfado en unas elecciones plenamente democráticas, con una altísima participación ciudadana. Además, ese período histórico surgió en medio de un amplío consenso político, que se expresó en el Pacto de Punto Fijo y en el gobierno de unidad nacional de esos años.
Esos gobiernos, legítimos, democráticos y populares, fueron de inmediato atacados por la derecha pérezjimenista y la izquierda comunista. Los sectores de la derecha lograron penetrar algunas unidades militares y comprometer a un pequeño grupo de oficiales en algunas acciones subversivas: la invasión de San Cristóbal, el Barcelonazo, el atentado contra el presidente Betancourt y la toma de la Academia Militar. Esos movimientos fueron controlados sin un mayor número de bajas. Dolorosamente el Partido Comunista, que había tenido una valiente actuación contra la dictadura militar, también tomó el camino subversivo. Los alzamientos de Carúpano y Puerto Cabello fueron su primera expresión. La segunda insurrección produjo un elevado número de muertos y heridos.
Fidel Castro apoyó, ideológica y militarmente, el intento subversivo. La primera medida política de estos grupos de izquierda fue la creación del Frente de Liberación Nacional y de sus Fuerzas Armadas. De inmediato se iniciaron operaciones urbanas para asesinar a militares, policías y funcionarios públicos con el objetivo de provocar un golpe de Estado. Eso no ocurrió. Las Fuerzas Armadas, en lugar de insurreccionarse, reaccionaron con gran eficacia militar. El fusilamiento de cinco guardias nacionales en el tren del Encanto, los asesinatos de los doctores Julio Iribarren Borges y Alfredo Seijas, del mayor Francisco Astudillo Suárez, de los subtenientes José Agüero Alvarado y Dámaso Blanco Silverio produjeron una gran indignación en la sociedad venezolana.
El fracaso de la insurrección urbana condujo a un repliegue táctico hacia las zonas campesinas. La mayoría de los insurgentes habían sido entrenados en Cuba, transmitiéndoles la experiencia de la Sierra Maestra. Además, recibieron el apoyo, tanto en armas como en oficiales y soldados, de las Fuerzas Armadas Revolucionarias cubanas. Al contrario, nuestras Fuerzas Armadas estaban entrenadas, organizadas y equipadas para la guerra regular. Esta debilidad inicial produjo graves reveses militares con un elevado costo en muertos y heridos. Recordaré algunas de esas emboscadas: La Vega, El Arco, El Paso, Cabure, El Cucharo, El Potrero, El Cepo, San José, El Mortero, Pueblo Nuevo, El Naranjal, crucero de Anaco y otras muchas. Aún así, los gobiernos democráticos establecieron la política de pacificación.
No es posible olvidar, para rendirle tributo de respeto a su memoria, el nombre de algunos de los oficiales asesinados en dichas emboscadas: Miguel Ponce Lugo, Félix Álvarez Romero, Juan Bautista León, Abelardo Estrada Vale, Ernesto Sandoval Reverón, Andrés Moreno Uribe, Alberto Verde Graterol, Renato Aguilar Valdivieso, Luis Raúl Díaz y Lino Iribarren Forzán. Es curioso, que la propaganda del régimen hable exclusivamente de los combates de Cantaura, en donde murió el capitán Jesús Ávila Paolini, y del Caño Las Coloradas, olvidando todos los demás. Si se quiere ser justo al aplicar la ley contra el olvido, como la llaman, deben investigarse los responsables de todos los actos de violencia de ese período y no sólo aquellos que les conviene al chavismo. De todas maneras, eso es un absurdo.
Caracas, 30 de octubre de 2011.



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domingo, 23 de octubre de 2011

JAVIER SÁNCHEZ PEREIRA: ¿JUICIO A ITALO?. DOS VISIONES, UN HECHO.

Arnoldo José Gabaldón, el  miércoles 03 de marzo de 2011, escribió un artículo denominado “HISTORIA FALSEADA”, en el que analiza  los sucesos del 27F, concluyendo en que todo se debió a un estallido social con prevalecencia de la acción de “malandros” que aprovecharon la escena y en el que contradice a los “revolucionarios” de hoy, que consideran que aquella fue una gesta de la pre-revolución. 
El general Carlos Julio Peñaloza, por su parte, nos confiesa que el estallido del 27F, sin precisar la fecha, era esperado por los servicios de inteligencia del Estado (SIE). También nos resalta las palabras del actual presidente quien reconoció que él había infiltrado las FF.AA.NN. para lograr los fines Castro-Comunistas que se tejían desde los inicios del triunfo de la revolución cubana y que por la fuerza no pudieron lograr. Nos relata el general que cuando Fidel Castro vino a Venezuela, invitado a “La coronación de Pérez”, lo hizo con toda alevosía. Ya antes había infiltrado a Orlando García, agente doble de Fidel y la CIA, como agente de CAP, quien lo envió a la Habana para coordinar la venida de Fidel lo cual hizo a la perfección: vinieron 300 personas extras, que entraron por la Rampa 4 del aeropuerto de Maiquetía trayendo consigo “pesadas cajas de madera del tipo utilizado para transportar armas y municiones”, actuando sólo cubanos en esta operación de desembarque. Todos, personas y cosas, “salieron hacia Caracas en un convoy de autobuses y camiones manejados por cubanos, en dirección al Eurobuilding” que aún no había sido inaugurado y fue ocupado por el G2 cubano, con prohibición de entrada a personal venezolano. Sin embargo por cuestiones de mantenimiento, personal venezolano contratado para corregir algunas fallas preexistentes, pudieron ver armas “fuera de las cajas”. Pasada la celebración, los cubanos se fueron a su país pero, no todos, “otros permanecieron en Caracas con la armas y aunque, escribe el general, “Fuentes de inteligencia me informaron que desde Maiquetía habían salido menos “cubanos” de los que habían ingresado. Nada quedó registrado”.
Poco tiempo después de aquel hecho, es cuando los servicios de inteligencia registran un ambiente tenso en las calles y conocen “que un numeroso grupo de jóvenes comunistas venezolanos se estaba entrenando en Cuba”. Antes del triunfo de CAP, “Fidel había entrenado francotiradores venezolanos en Cuba” lo cual era conocido por los SIE pero, no se pudo hacer nada “porque por gestión de Orlando García, se decapitó a la DISIP y a la DIM, para permitir trabajar libremente al G2 cubano y a los golpistas. Lo demás es historia, estalló el descontento el 27F y los subversivos, que estaban preparados para esto, coparon la escena y utilizando al pueblo “para incendiar la pradera”, dispararon contra los soldados que patrullaban las calles, Hubo la reacción correspondiente y se produjo el número de víctimas, todavía, desconocido. Dice el general que desde el Círculo Militar, con unos binóculos, vio a “un disciplinado grupo de francotiradores dotados con radios portátiles”. Lo demás es historia y comparaciones con hechos pasados, haciendo resaltar las actuaciones independientes de Chávez y del general Alliegro, quien un año después pasaría a la honrosa situación de retiro, “con las botas puestas y la frente en alto” mientras Chávez, aún protegido, continuaría en su labor conspiratoria que fracasaría con el intento del 4F.
El tiempo pasó y no pasó nada por lo que hoy, ya investido como presidente por la voluntad del pueblo, pretende hacer ver que lo del 27F fue una gesta revolucionaria nacida de las entrañas del pueblo, cuando no fue más que una vil traición a la Patria, y en venganza por aquel otro fracaso pretende endilgarle al Gral. Alliegro las  muertes por ellos causadas, incluida la de su gran amigo el TCnel. Acosta Carles.
Para terminar, no sin antes solidarizarme con el Héroe, Jefe y Amigo, como lo es el General de División ITALO DEL VALLE ALLIEGRO, quien  con gran idoneidad y profesionalismo manejó asertivamente la situación aciaga conocida como 27F, concluyo en que: Gabaldón tiene razón a medias porque si fue la ira del pueblo la que se mostró el 27F pero, efectivamente, los “revolucionarios” se aprovecharon de ella y le arrimaron la brasa al fuego; lo tenían calculado pero, una vez más, fracasaron. También Peñaloza tiene razón y las dudas que yo pueda tener aparecen en el texto final de su escrito, el cual incluyo a continuación:
“Lo que falta por saber:
Hay preguntas que aun giran en mi cabeza. ¿Quién manipuló los nombramientos en la carrera de Chávez desde que salió de la Academia Militar hasta infiltrarlo en Miraflores? ¿Era Jesús Carmona el principal infiltrado (era Ministro de Secretaría de la Presidencia), o había peces más gordos en ese entorno? ¿Quién era el venezolano en la cúpula, el contacto directo con Fidel Castro? ¿Quién asumiría el poder si el golpe del 4F hubiese tenido éxito, cuando Chávez no estaba aún en la cúpula de la conspiración?
La tragedia no ha terminado. El general Alliegro, jefe de las fuerzas leales que frustraron el golpe fidelista, ahora  anciano y enfermo, será sometido a juicio, con los culpables convertidos en fiscales. Falta mucho por investigar y también por suceder”.
CN. Javier A. Sánchez Pereira
 jsanper3@yahoo.es                                                                                                                Octubre, 20, 2011
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miércoles, 13 de julio de 2011

HUMBERTO RUIZ CALDERÓN: CONTRA LA TIRANÍA (BLANCO FOMBONA Y LAS LETRAS AMERICANAS)

He vivido una vida de espera, aguardando Lo que no iba a llegar nunca (…) R.B.F.

Acaso se equivocan quienes piensan que la figura y obra de Rufino Blanco Fombona es flor del pasado. Hoy cuando se cumplen ciento treinta y siete años del nacimiento del vate caraqueño (17.6.1874), su legado está más vigente que nunca: persistente lucha entre la inteligencia civil y la barbarie militar, constante denuncia de la norteamericanización del mundo, la adoración por Bolívar, consecuente militancia en las luchas en su país contra el despotismo caudillista. Extraña mezcla de poeta de finos versos con intelectual de lacerante prosa, este bravo ingenio jamás habría de pasar inadvertido. A Blanco Fombona le mordió durante toda su vida la pasión americanista, en páginas furibundas dejó plasmado su constante idealismo.

Quien no haya leído sus páginas de combate contra las dictaduras personalistas y bárbaras del castro-gomecismo (El hombre de hierro 1907, Judas Capitolino, 1912, El Hombre de Oro 1915), se pierde de comprender los oscuros y sutiles mecanismos del despotismo criollo.
Quien no conozca la profética denuncia del papel del imperialismo norteamericano en los sistemas políticos de nuestra América (La americanización del mundo, 1902), vivirá sin saber de dónde procedemos, ni adónde vamos. En política o en literatura, el criterio de Blanco Fombona fue estable. La filosofía o la poesía emanaban de sus nervios más que de su pluma. Igual componía epítetos autocríticos contra el imperialismo nórdico (en nuestros desórdenes canibalescos, el dilema de nuestro provenir es el siguiente: ser devorados por un león o por un centenar de ratas inmundas), como se expresaba con versos de artista errante (Somos la juventud, somos la poesía: la poesía, el perfume del ideal; la juventud, ánfora llena de amor). En verso o en prosa, se encuentra siempre el gesto del luchador. Su vida fue un combate, según la conocida frase de Voltaire. Mezclado en las luchas políticas de su Venezuela, tuvo que sufrir las naturales consecuencias: andar y desandar los caminos del destierro. Mirlo blanco de la nueva generación intelectual bajo el gomecismo, no se plegó a sus huestes; por el contrario, ejerció la crítica enfadada. Encarcelado en la temida Rotunda (1909-1910), salió finalmente al destierro hasta 1936. Época propicia para desatar su complejidad intelectual. Desde entonces se dedicó a combatir con su afilada pluma al siniestro Juan Bisonte, el asqueroso e iletrado patán.

Lo saben los hispanoamericanos más informados, la figura personal de Blanco Fombona es sumamente interesante; su labor mental fue múltiple y varia. Obras de política continental anti-yankee, folletos lacerantes y descarnados, colaboraciones útiles en las más interesantes publicaciones hispanoamericanas, amistad con las más pulidas inteligencias del continente, cultivo del cuento, la novela, la poesía, la historia, los retratos psicológicos. Como era de esperar, dedico vasta obra a la crítica literaria de su tiempo (El Modernismo y los poetas modernistas, 1929). Su admiración por Bolívar el hombre, más que por el héroe petrificado en el discurso del poder, fue notable. Sobre el Libertador escribió al final de su vida vibrantes obras (El espíritu de Bolívar: Ensayo de interpretación psicológica; La inteligencia en Bolívar, 1939; Bolívar y la guerra a muerte. Época de Boves, 1813-1814; Mocedades de Bolívar).

Atado a ese vehículo intelectual maravilloso que es la lengua de Castilla, se empeñó --al igual que los hombres de su tiempo-- en fundirla dentro de los moldes de la americanidad, aquellos que prefigurarían el pensamiento en nacimiento. Se trataba de conformar la Patria Grande. Si en América (El Continente de nuestra raza y nuestra lengua) había aparecido un hombre nuevo, debería esperarse también algo nuevo. Todos buscarían expresar aquella novedad. En su largo destierro, poco habló como miembro de un país determinado: literariamente no quiero ser de ningún país, sino del vasto mundo de la lengua española.

Blanco Fombona luchó no sólo la batalla política de la América española sino también su batalla lírica. Proclamó con la doctrina y el ejemplo –acaso sea este su principal legado—la libertad del pensamiento y de la expresión, joyas tan menoscabadas por la barbarie militarista del continente. Erudito y políglota, aventurero de viajes y de empresas de cultura como su Editorial (Biblioteca) América (Madrid, 1915-1933), dejó las impresiones de su vida –el mejor poema-- como en un diario íntimo, escritas con sangre y con lágrimas. Para Rufino, el mayor poeta es aquel que se expresa en actos notables, trascendentales. Como lo señalara su amigo y mentor el poeta Rubén Darío: muchas veces encontrareis en la boca de este león vivo, el panal de miel de que habla el versículo de la Biblia.

hruizc@hotmail.com

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viernes, 8 de julio de 2011

HÉCTOR ÑAUPARI: LAS SINIESTRAS RAZONES PARA CREER EN EL CHE

En América Latina, cuando se pregunta a los taxistas que colocan la imagen del Che en sus vehículos o a los jóvenes que lucen el rostro del guerrillero en coloridas camisetas sus razones para hacer tal cosa, se nos responde con la vaga justificación que el Che “luchó por los pobres” o “por sus ideales”. Esta salida no debe asombrarnos: si lúcidos intelectuales afirman sin titubear que los niños de la Europa del XIX eran explotados bárbaramente, a pesar de la demostración en contrario de distinguidos historiadores económicos como T.S. Ashton y R.M. Hartwell, o economistas como William H. Hutt y Ludwig von Mises, los cuales aclararon cómo la revolución industrial incrementó notablemente la vida de las masas, expandió la natalidad y el bienestar, gentes menos instruidas pueden creer que un asesino en serie es un justiciero social, una suerte de Cristo de los pobres al que hay que adorar y rendir culto.

Un par de ejemplos anecdóticos de esa veneración delirante las encuentro en mis recuerdos: en mis años mozos nos recibía una estatua del Che Guevara a la entrada de la Facultad de Derecho de la Universidad Mayor de San Marcos, hecha con más ganas que con verdadero arte, ante la cual muchos se arrodillaban; incluso, recuerdo que uno de mis condiscípulos de entonces se llamaba Gerardo Che Janampa, en homenaje al médico rosarino, lo que decía con orgullo entonces, como joven y disciplinado socialista que era, y hoy pretende no recordar, convertido ya en dedicado empresario.

Sin embargo, ni los taxistas, ni mi amigo emprendedor, como tampoco los jóvenes latinoamericanos que ostentan el perfil barbudo fotografiado por Korda en sus remeras, leyó nunca un solo libro o artículo escrito por Ernesto Guevara. Les convendría hacerlo: así sabrían que, por su sola condición, serían los primeros en ser ultimados por el autor de América Latina: despertar de un continente. Lo terrible de todo esto es que no lo creerían, incluso luego de leerlo, y afirmarían su fervor guevarista con mayor entusiasmo. Dicho esto, ¿cómo explicar esta adoración por el Che, que desafía toda sensatez, todo llamado de atención sobre su vida destructora, todo recuento pormenorizado de sus crímenes?

Una primera forma de dilucidarlo es definir la pérdida de esta liturgia como el horror al vacío: desacralizar a Ernesto Guevara y mostrarlo como la bestia sanguinaria que en realidad fue, supone, para todos los socialistas, y muchos confundidos, quedarse sin su último apóstol laico. Tras ese paso, sólo les queda la nada, el descreimiento absoluto, la ausencia completa de figuras a las cuales admirar. Ante ese desamparo, la ceguera es la única alternativa.

Una segunda manera de desembrollar la piedad por el Che es entendiendo que su pretendida heroicidad colma en gran medida la perpetua sed socialista latinoamericana por héroes justicieros. Por ello mismo, refleja la profunda cobardía de los socialistas de hoy, que creen que portando una camiseta con su rostro ya han hecho la revolución, cuando sus padres o abuelos fueron efectivamente ofrendados al Dios Moloch del socialismo, así como a su santón y profeta. No olvidemos que dos generaciones de latinoamericanos fueron exterminados en nombre de este genocida, jóvenes que pudieron aportar mucho a sus países y que se convirtieron en guerrilleros por seguir su ejemplo.

Finalmente, hay que considerar el épico esfuerzo del socialismo de nuestras tierras por ocultar la historia real del Che, desbaratando sus hechos reales, modificando sus fechas, hasta llegar a la audacia de desconocer los asesinatos que cometió, dirigió u ordenó; y, por si no fuera poco, dejar bien asentadas las tinieblas del engaño, al ser repetido incesantemente en las aulas escolares y universitarias; reeditado en los textos que aprenden, junto con sus primeras letras, nuestros niños, y ellos mismos, ya jóvenes, en las universidades; o visto, por centenares de espectadores, en películas y documentales.

Pero toda esa circunstancia, a primera vista imposible de revertir, puede ser transformada si nos sujetamos a la verdad. Dar a conocer, incansablemente, los homicidios y transgresiones de Ernesto Guevara es la tarea. El Che mató a más personas que Charles Mason, y debería ser considerado un genocida de los pueblos latinoamericanos, como Stalin y Mao Tse Tung lo fueron para sus propios pueblos. Si dejamos asomar la serena faz de esa evidencia, podremos exorcizar el fatuo ícono que representa falsamente la justicia para los más necesitados. Que así sea.

* Héctor Ñaupari es Vice Presidente de la Red Liberal de America Latina (RELIAL).

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domingo, 13 de febrero de 2011

CURIOSA EMERGENCIA. UN PROYECTO ANACRÓNICO. LAS COMUNAS. EDITORIAL REVISTA SIC 731. ENERO-FEBRERO 2011

El proyecto de la ley orgánica de las comunas es la plasmación más radical del socialismo del siglo XXI. En sustancia es la reposición de lo sometido a referéndum en 2008, que fue rechazado por votación secreta y universal. Es tal su anacronismo que nos es difícil situarnos ante él como una propuesta firme y seria de unos compatriotas nuestros.

Cuatro elementos nos parecen especialmente reveladores de ese tono de irrealidad: el primero es la base territorial, que va unida al pregonado carácter endógeno; el segundo es la pretensión de democracia directa;  el tercero, el carácter plebiscitario, con la ausencia de votación secreta y universal, menos para la elección de los jueces comunales; el cuarto, el contenido socialista, entendido como la prevalencia de lo social sobre lo individual, contraviniendo no sólo lo que enseña la historia y la antropología sino nuestra propia idiosincrasia.

Localismo

La comuna es el segundo estadio en el diseño organizativo, después del consejo comunal y antes de la ciudad comunal y la federación comunal. La pretensión es constituir un Estado socialista como agregación articulada de territorios.

No entendemos cómo puede ser posible esta propuesta en una época de mundialización, posibilitada por la presencia virtual de todos, que entraña entablar proyectos mancomunados a nivel mundial. Cuando todo el mundo está ligado, puede pensarse y según nuestra apreciación debe proponerse una alternativa a la globalización actual, pero no es posible y ni siquiera pensable una alternativa a la globalización basada en el desarrollo endógeno.

Nada de lo que ha llevado a cabo este Gobierno es pensable sin la ligazón estructural de Venezuela a la cadena productiva mundial mediante el petróleo y sus derivados. Debemos optimizar el valor agregado de nuestros productos, la petroquímica y las industrias básicas; pero lo que carece de sentido es empezar desde cada rincón del país e ir expandiendo la organicidad. El potencial de cada rincón depende de su imbricación con las grandes ciudades e incluso con el mundo, no del ensamblaje del rincón con otras zonas adyacentes.

El autogobierno de los menos desarrollados no contribuye a su desarrollo. Éste sólo se alcanza por la presencia de las instituciones burocráticas nacionales, con ventaja comparativa sobre los centros desarrollados: por ejemplo, centros de salud y educación mejor dotados que los de las ciudades y profesionales mejor pagados y, al menos, tan bien cualificados como los mejores de la ciudad.

Partir de unidades endógenas con instituciones propias, hasta banco y moneda propios, es retroceder milenios. Es desconocer la división del trabajo que nos enlaza a todos y exige de altísimas especializaciones, que no posee un ciudadano medio de la periferia ni puede llegar a poseer.

El proyecto comunal es ruralizante. En una gran ciudad el lugar donde se reside no tiene relevancia. El ciudadano se caracteriza por su ubicuidad, por su fluencia. Va adonde puede satisfacer mejor sus posibilidades y sus deseos, donde puede realizarse como ser humano y contribuir a la sociedad según sus capacidades y su horizonte vital. Ligar a la gente a un territorio va en contra tanto de la dinámica mundial como, de manera muy específica, de la movilidad que nos ha caracterizado como país.

Pretensión de democracia directa

La apuesta por la democracia directa está en consonancia con la apuesta anterior: ella tiene sentido únicamente cuando no hay división de trabajo ni complejidad social, cuando las personas son homogéneas y se conocen de toda la vida. En todo otro caso no hay más camino que la democracia representativa con participación en los niveles primarios, pero sin que esa participación relegue a la representación.

En efecto, en el siglo XXI el componente técnico es elevadísimo y concomitantemente la necesidad de especialización, tanto de los individuos como de empresas. El valor insustituible del Estado desde lo municipal a lo nacional está ligado al establecimiento y mantenimiento de estándares de infraestructura y de servicios a la altura del tiempo. Esto es lo básico. Lo que hoy está completamente descuidado, por lo que el país se está cayendo a pedazos. Lo político partidista se debería ligar únicamente a la capacidad de coordinar y maximizar a la burocracia técnica y a algunos énfasis propuestos, por ejemplo, estímulos directos e indirectos a las empresas (en el caso de una política desarrollista) o estímulo al empleo o énfasis en la capacitación popular con una discriminación positiva para acercarse a una efectiva igualdad de oportunidades (en una democracia de contenido social).

En este horizonte tan complejo no es posible que cada ciudadano pueda opinar sobre todos los temas, requisito imprescindible para una democracia directa. Bastante es que esté en capacidad para distinguir las consecuencias de los diversos proyectos para votar con conocimiento de causa a sus representantes y que pueda controlar de algún modo concreto la calidad de su realización, aquí, sí, participativamente.

Demagogia

Pero es que además la democracia directa sólo puede darse cuando haya una igualdad básica entre todos los ciudadanos. Si existe algún grupo de presión, por ejemplo, porque controla la maquinaria del Estado y por tanto la asignación de recursos, o incluso meramente porque están organizados y obran de consuno, en tanto los demás lo hacen aisladamente, la democracia se degrada a demagogia y sólo se da la imposición del grupo de presión. Es el problema de la democracia asamblearia: es casi imposible que sea auténtica democracia. Y la ley contempla únicamente (ya mencionamos la excepción de la elección de los jueces) este modo de votar para todas las elecciones y aprobaciones de gestiones.

Todavía se esfuma más la pretensión democrática porque la ley establece que la asamblea es válida cuando está representado 15% de los potenciales electores. Como las decisiones se toman por mayoría simple, 9% puede decidir legalmente, ya que no legítimamente por todos.

Como los elegibles tienen que tener ética y formación socialista, se excluye a la mayoría que no se siente identificada con esa ideología, con lo que la representación es muchísimo menor aún.

Como la mayoría de las elecciones son de tercer o cuarto grado y como además dependen de la aceptación del Poder Popular, que, a pesar de su nombre encubridor, no es el del pueblo sino el del Estado, no cabe más elección que entre los colaboradores del Estado, con lo que el carácter de sujeto del pueblo queda o negado, en la mayoría de los casos o en los identificados con el socialismo a la cubana que postula en gobierno, seriamente mediatizado y disminuido. En estas condiciones no se ve qué contenido analítico tiene la proclamada democracia.

Lo que sí resulta muy claro es el control absoluto del Estado sobre todo el proceso y la organización resultante.

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sábado, 25 de septiembre de 2010

NO SE HABLE MÁS. ENRIQUE PEREIRA. VIERNES, 24 DE SEPTIEMBRE DE 2010

Lo que usted tenía que escuchar, ya lo escuchó. Ya no se puede comprar votos.

El que aspire que a estas alturas del juego todavía se consigan votos y nuevas adhesiones está equivocado de largo. Las decisiones de voto se tomaron hace tiempo y son el resultado de la acción sostenida –bien de gobierno, bien de oposición- para demostrarnos que lo que nos ofrecen, se parece a lo que nosotros aspiramos.

El oficialismo, después de casi una docena de años, no ha logrado enamorarnos, pues los resultados de su gestión están a la vista. Ahora no se puede seguir argumentando el paro petrolero, el golpe financiero, el pacto de Punto Fijo, la cuarta republica, los escuálidos o el imperio. Todos esos argumentos se gastaron.

El oficialismo se ha convertido en una maquina de producir personas descontentas y la lista es interminable: Las madres que han perdido un hijo en manos de la permisiva violencia que ha generado este gobierno. Los militares que han tenido que bajar su cabeza ante las órdenes de personal cubano. Las familias que tuvieron que pedir prestado para arreglar su nevera y su televisor, dañados en un apagón. Los venezolanos que confiaron su voto en líderes de la oposición venezolana y han visto con sus ojos como se desconoce esa voluntad popular. Los familiares de presos políticos que se preguntan cada día por qué no está presa Lina Ron o los integrantes de La Piedrita.

Los que compraron y pagaron, con los ahorros de su vida, un local en Sambil de La Candelaria y ahora ven arruinado su esfuerzo bajo los efectos de los caprichos de un presidente. Los obreros accionistas de Sidor. Los que no entienden porque regalamos dinero afuera. Los médicos que reciben sueldos míseros. Los finqueros y sus peones, que perdieron sus propiedades. Los obreros estatales, que ven con indignación como este gobierno burla sus contratos sindicales y niega la discusión de los vencidos. Los obreros de la empresa petrolera, que desde adentro perciben el deterioro institucional. Los empleados y obreros del complejo Hilton en la isla de Margarita. Los técnicos del Banco Central, que ven con sorpresa como se desprecian sus informes y recomendaciones en manos de políticos sin preparación.

Los maestros y profesores obligados a cambiar la noción histórica y la enseñanza, bajo un nuevo perfil socialistoide. Los trabajadores de la Maternidad, de los Hospitales públicos y en general del sistema de salud. Los que ahora añoran a sus familiares, que buscaron refugio en otras tierras huyéndole a esta incapacidad manifiesta de producir progreso y calidad de vida. Los que saben cómo se ha perdido dinero en esta nación, malgastado en equipos bélicos rusos que yacen arrumados listos para ser convertidos en chatarra. Los que alguna vez trabajaron en Radio Caracas Televisión o en alguna de las emisoras de radio que el gobierno decidió cerrar, para apagar sus disidentes voces. Los millones de usuarios del Metro. Los que pierden su sábado para buscar arroz, caraotas y pollo, en largas colas al más propio estilo cubano.

La lista es larga, muy larga. Estos votos no tienen precio, no se compran con mentiras ni con promesas. Nos vemos el domingo.

vienegrande@yahoo.es

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domingo, 11 de julio de 2010

Manuel Caballero // El camarada Maradona y la querida de Bolívar

Maradona y Manuelita: dos infames homenajes

No pienso hacer leña del árbol caído; entre otras cosas sería indecente que me pusiese a opinar sobre fútbol, yo que siempre había creído que OFF-SIDE era un helado, algo así como un SUNDAE. Lo que a todos resulta alarmante es la recepción de héroe que se le dio a Maradona al regresar de Sudáfrica con el rabo entre las piernas. Es que siempre molesta la comprobación fáctica de aquel viejo aserto según el cual el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra: los argentinos repiten con Maradona lo que durante toda su vida y desde su muerte han hecho con Perón. El demagogo argentino desdeñó la advertencia de Lincoln según la cual se puede engañar a unos pocos pocas veces, y a muchos alguna vez, pero que no se puede engañar a todos todo el tiempo. Y como sucede con todos los estafadores, nadie le reclamó, nadie lo acusó, nadie quiso meterlo preso: le rogaban, simplemente, que volviese a engañarlos.

La sífilis militar

El resultado es la triste Argentina de hoy. Aquel orgullo de la latinidad, que al fin de la Segunda Guerra muchos veían, junto a Canadá y Australia, como una gran potencia emergente, no resistió el virus de la sífilis militar que a partir de 1945, con el peronismo, entró en su fase de parálisis general progresiva. Y como en los casos de violencia doméstica, los argentinos han reaccionado como aquella mujer que Máximo Gorki intentó salvar una vez de las manos de su marido que la estaba matando a golpes: se unió a su salvaje torturador para caerle a palos a su defensor. Es lo que le pasa a los argentinos con Maradona: él puede ser lo peor de lo peorcito, capaz de darle una paliza a la propia viejita como regalo del Día de las Madres, para ellos siempre será "el Pelusa". Hasta tuvieron el tupé de pretender que la FIFA lo declarase el jugador del siglo, por encima del rey "Pelé". Con gran cobardía, la FIFA quiso actuar salomónicamente, dividiendo la distinción. El genio de nuestra inmensa Rayma caracterizó así el despropósito: "PELÉ es el Rey y MARADONA el trono".

Bueno, cuando alguien decide suicidarse, es libre de escoger el arma que lo enviará AD PATRES, y los argentinos de escoger a un "trono", un adicto irredimible, como modelo.

Mal que les pese

Pero que no se esté poniendo como ejemplo a sus vecinos. Y peor aún, que encuentre quien, en ese vecindario, lo ponga como ejemplo a la juventud, como ese gobernante que luego de mascar coca en público y pedir STATUS de beligerante para los narcos de las FARC, exaltaba al "camarada Maradona, mal que le pese a los escuálidos".

Por cierto, ese mismo "camarada" de "Metadona" (como hoy llaman los chuscos al antiguo "Pelusa") es quien ha organizado, el cinco de julio del 2010, la mayor ofensa que a nadie se le haya ocurrido infligirle a una de las glorias de la Independencia latinoamericana, la quiteña Manuelita Sáenz. Si en el caso de Maradona se trataba de subir a los altares a un compendio de todos los vicios, en el de Manuelita Sáenz se trata de todo lo contrario: de abajar aquella gran republicana extrayéndola del ámbito inmenso de la revolución de independencia capitaneada por el Libertador, para reducirla a las cuatro paredes de la alcoba de Simón Bolívar.

Antes de conocer a Bolívar

Me explico: nadie que conozca la historia de la América del Sur y de la revolución de Independencia, puede molestarse porque se le rinda homenaje a una Manuela Sáenz que a partir de 1919, instalada en Lima con su esposo, se convierte en miembro activo de la conspiración contra el virrey del Perú; y que al declararse la independencia del Perú (1821) se confiesa admiradora de José de San Martín y de Simón Bolívar. En este ambiente, Manuela contribuyó decididamente en el cambio del Batallón Numancia, del cual formaba parte su hermano José María, hacia las filas patriotas. Ese batallón será después el famoso VOLTÍGEROS, bajo el comando de Antonio José de Sucre. Los servicios de Manuela a la causa de emancipación fueron reconocidos al otorgársele la condecoración llamada "Caballeresa del Sol" (una medalla cuya inscripción decía "Al patriotismo de las más sensibles"). No es ocioso recordar que todo eso lo obtuvo ella en 1821, es decir, antes de conocer al Libertador Bolívar.

Bolívar vino después

La forma como está redactada la última frase del párrafo anterior no es casual ni podía haber sido redactada de otra forma. Manuela Sáenz conoce al Libertador que entra triunfante en su ciudad, antes de conocer a Simón Bolívar: la atrae primero su gloria de republicano liberal, y sólo más tarde sus atributos viriles.

Es más, el propio Bolívar vio así sus relaciones. Hembras y de las más sumisas y concupiscentes no le faltaban en su cama. Pero lo de "Libertadora del Libertador" no lo dijo él como una cursi declaración de amor, sino como un reconocimiento a quien le salvó la vida cuando el atentado septembrino.

Pero el gobernante venezolano nada habló de eso: él no podía rendir homenaje a una mujer que jamás lloriqueó, ni buscó el refugio de un Museo Militar. Prefirió referirse a ella como "la amante" (sic) del guerrero Bolívar. Es decir, no a la "Libertadora del Libertador", sino a "la querida" de Simón Bolívar.

HEMEZE@CANTV.NET

viernes, 22 de agosto de 2008

* GONZALO VILLAMIZAR A. ESCRIBIÓ: ¡OIGA, SEÑOR PRESIDENTE!


* GONZALO VILLAMIZAR A. ESCRIBIÓ: ¡OIGA, SEÑOR PRESIDENTE!

Chávez cada día más asombra con sus planes insólitos, esta vez el de cambiar el concepto de Latinoamérica por Continente Indio, producto de una mezcla de rencores e ignorancias, impropios de un presidente que tiene el deber de respetar la historia nacional.

No satisfecho con derribar la estatua de Cristóbal Colón en Caracas como repudio al Milagro del Descubrimiento, ofende a nuestro pueblo y al resto de países hermanos al desechar maliciosamente el “nuevo género humano” según expresión del Libertador, desconociendo la creación de esta raza de los tres colores, que no solo es indígena sino europea y africana, amalgama inédita que España llevó a cabo trayendo el faro latino que ella a su vez lo recibió de la cultura grecorromana para esparcir su luz a este Continente, que por tal motivo en gran parte se llama Latinoamericano, más allá es la gran familia iberoamericana, atalaya de la civilización occidental, que viene de lejos, de Grecia, de Roma.

Al tratar de someternos a un regreso de costumbres y legislaciones salpicadas de comunismo y anti historia, también Chávez adultera el pasado al pretender privilegiar la edad de piedra en que nos hallaron los españoles en esta parte de América, llevándola a sitiales de adoración para detenernos en el tiempo.

Infeliz manera de pensar, propia de las mentes desorientadas hasta el desequilibrio que pulularon en épocas oscuras como ciertas etapas de la Edad Media, por fortuna superadas, que Chávez y su enfermiza corte de adulantes revive para ridiculizar al pueblo venezolano y a la comunidad internacional.