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miércoles, 13 de abril de 2011

CRISIS ELECTRICA Y FUTURO NACIONAL. ARMANDODURAN

ARMANDO DURÁN: Crisis eléctrica y el futuro nacional (I)


Crisis eléctrica y el futuro nacional (I)

■ ¿Cuánto días, meses o años más sobrevivirá Venezuela al cáncer que corroe sus fundamentos de nación más o menos libre, pacífica, feliz y soberana?

Me lo pregunto, porque, de un tiempo a esta parte, me invade una sensación de rabia que algunos amigos, supongo que de buena fe pero confundidos, califican de pesimismo. Sobre todo porque a veces, cuando pienso en el futuro, dudo. ¿Llegará Venezuela a las elecciones de diciembre de 2012 tranquilamente, como si en realidad nada demasiado grave o trascendente pasara a nuestro alrededor? Mi desazón no tiene que ver con las elecciones primarias para seleccionar al candidato de la oposición, de eso hablaremos pronto, con el nombre de nuestro próximo presidente, nuevo o excesivamente visto, y ni siquiera con aquella amenaza real o figurada del general en jefe Henry Rangel Silva, de que las armas de su tropa no permitirían una derrota electoral de Chávez en 20012.

Sencillamente, quisiera saber si Venezuela llegará a ser algo así como lo que el viento se llevó, o si en efecto arribaremos sanos y salvos a esa todavía remota jornada electoral.

Vean: hace exactamente siete días comenzaba mi artículo de la semana formulando una pregunta igual de inquietante. ¿Vuelve la crisis eléctrica?, me preguntaba.

Voceros oficiales del sector eléctrico acababan de anunciar la cancelación de todas las medidas adoptadas un año atrás para contribuir entre todos a superar la crisis eléctrica, experiencia por cierto inédita en Venezuela hasta la llegada del socialismo redentor. ¿No te das cuenta, insistían mis amigos, de que estamos en período electoral y que en estas circunstancias de ninguna manera Chávez permitirá un colapso eléctrico? El argumento era razonable, pero la realidad indicaba lo contrario. A pesar de los aspavientos y de la falsa euforia gubernamental, en Venezuela venían produciéndose suficientes señales como para pensar con razón que una vez más Chávez y su gente habían fracasado a la hora de remediar su insuficiencia y su improvisación para resolver la crisis, aunque a todos nos consta que Venezuela, desde hace más de un siglo, prácticamente sólo produce energía. A estas señales se sumaban en esos días frecuentes interrupciones del servicio eléctrico, aquí, allá, incluso en el Metro de Caracas. Por su parte, las ambiguas declaraciones del ministro Alí Rodríguez Araque, obligado a tranquilizar con su aparente seriedad la impaciencia de la población, no resultaban convincentes. Cada día nuevas fallas del servicio hacían temer lo peor.

Hasta que el pasado jueves, poco después de las 3:00 de la tarde, ocurrió lo que irremediablemente se veía venir: de golpe y porrazo, en un solo y terrible instante, 18 estados del país se quedaron súbitamente sin energía eléctrica durante varias horas.

El dramatismo de esta situación se acrecienta notablemente si tenemos en cuenta que esta crisis no es la consecuencia natural de políticas públicas o errores cometidos por un mal gobierno, mucho menos de una feroz acometida de la naturaleza, como ocurrió el mes pasado en Japón, sino de una política de Estado muy bien definida, cuya única finalidad es, precisamente, la demolición sistemática de la estructura del propio Estado y de la sociedad.

Lo que hoy sufrimos los venezolanos es el resultado, primero, de estos 12 años perdidos en la obsesiva tarea de construir un régimen que en este momento estratégico apenas transmite la triste impresión de ser un gobierno personal y autoritario, basado exclusivamente en la ambición de poder, en la distorsión de las metas profesionales de su jefe y en infinitos rencores sociales, todo ello adornado, y nada más que adornado, con la coartada de un socialismo del siglo XXI que según Fidel Castro sólo existe en la imaginación inservible de Heinz Dieterich. En segundo lugar, nuestro padecer actual es fruto de la fascinación que siente Chávez por la posibilidad de concentrar en sus manos todo el poder político, económico y militar del país.

A estas alturas, con el agravante de su terco afán por negar a toda costa el naufragio de su proyecto y el hecho indiscutible de que él ya no tiene quién le escuche, que sus peroratas encadenadas han terminado en rutina cacofónica y contraproducente, que de la magia de su liderazgo sólo quedan unos pocos jirones esparcidos a lo largo del camino y que este regodeo suyo en el disparate le ha arrebatado a sus promesas la ilusión embaucadora de que más allá del abismo nos aguarda una recompensa maravillosa y muy merecida. Ya saben, la mentira de padecer hoy hambre y miseria con devota alegría, porque pronto gozaremos a plenitud las bondades del reino de los cielos en esta tierra.

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martes, 12 de abril de 2011

MILITARISMO 3. NELSON MAICA C. POLITICA

Continuamos con JO. “Cuando el gobierno de Pérez Jiménez colapsó en 1958 por las acciones subversivas de los militares que lo desestabilizaron y que llevaron a una rebelión popular generalizada incontrolable, se inició la etapa más luminosa de las Fuerzas Armadas del siglo XX. Ésta llevó a la formulación de la doctrina de la Fuerza Armada del Estado democrático.

La guerra olvidada: En marzo de 1961, dos meses después de haberse formulado en el artículo 132 de la Constitución la doctrina de lo que deben ser las Fuerzas Armadas de un Estado democrático, el III Congreso del Partido Comunista de Venezuela aprobó una política de guerra armada revolucionaria.

Un año antes, la separación del grupo marxista-leninista de Acción Democrática dirigido por Domingo A Rangel había creado el MIR. A partir de allí los miembros del PCV y del MIR se dejaron encandilar por lo que había sucedido en Cuba en 1959, y pensaron que ello era repetible en Venezuela. Para ello, contaron con el apoyo material y político ofrecido y pactado con F Castro y la URSS.

Para lograr sus propósitos, agentes de ambos partidos realizaron una activa labor de penetración y persuasión de las Fuerzas Armadas y lograron contagiar a varios oficiales con su manera de pensar, en especial en la Marina.

La "lucha armada" se inició el 4 de mayo de 1961 en Carúpano, cuando un batallón de Infantería de Marina fue llevado a sublevarse por su comandante, el capitán de navío J. T. Molina Villegas con la abierta y activa participación de los diputados Eloy Torres, del PCV, y Simón Sáez Mérida, del MIR.

Esa primera rebelión comunista fracasó. A diferencia de la rebelión militar del 4 de febrero de 1992, no desestabilizó al gobierno de R Betancourt ni descuadernó a las Fuerzas Armadas. Por el contrario, la "lucha armada" que allí comenzó, fortaleció y unió a las Fuerzas Armadas en la defensa del sistema democrático que acababa de iniciarse.

El segundo intento estalló un mes después en Puerto Cabello, cuando otro batallón de la Infantería de Marina, al mando del capitán de navío Manuel Ponte Rodríguez se alzó con la activa y directa colaboración de, entre otros, los dirigentes del MIR Raúl Lugo Rojas y del PCV Teodoro Petkoff.
Ese alzamiento, tampoco desestabilizó al gobierno de R Betancourt ni socavó la moral del Ejército, pero sí le costó la vida a más de 400 venezolanos.

Tras el fracaso de Carúpano y Puerto Cabello, el PCV y el MIR empezaron a actuar cada uno por su cuenta, con guerrillas "urbanas" que ejecutaron actos de terrorismo, secuestro y asesinato de policías y quema de fábricas.

Éstas tampoco desestabilizaron al gobierno de R Betancourt y unieron todavía más las Fuerzas Armadas. Éstas se adaptaron rápida y eficientemente, de la organización de guerra convencional que tenían, a la que la nueva situación requería.

En 1963 se fundaron las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN) comunista, bajo la dirección de Pompeyo Márquez, y el Frente de Liberación Nacional (FLN) del MIR, bajo la dirección de Domingo Alberto Rangel.

El 28 de septiembre de 1963, el incidente del asalto al tren turístico de El Encanto, en el que fueron masacrados cinco guardias nacionales y gravemente heridos dos niños y ocho mujeres, produjo un estallido de indignación nacional.

En el clima creado por estos hechos, el presidente R Betancourt decretó la suspensión de las actividades legales del PCV y del MIR y ordenó la detención por la justicia militar de Gustavo Machado, Jesús Faría, Pompeyo Márquez, Domingo Alberto Rangel y Simón Sáez Mérida, quienes actuaban amparados por su inmunidad parlamentaria.

El hecho fue que la cohesión de las Fuerzas Armadas, la mano firme de R Betancourt y la voluntad democrática del pueblo apagaron el fuego revolucionario que la subversión comunista pretendía, sin éxito, encender.

El fin de la lucha armada: Así llegamos a las elecciones de 1963, las cuales fueron la gran derrota de la tesis que sostenía la justicia, necesidad y viabilidad de la lucha armada para instalar en Venezuela un régimen similar al que se estaba instalando en Cuba. A partir de allí, la lucha armada maniobró en retirada hasta que quedó totalmente extinguida.

La lucha armada duró 13 años. Muchos de sus actores se integraron leales y sinceramente a la vida política democrática y con los años alcanzaran posiciones de relevancia nacional.

Pompeyo Márquez y Teodoro Petkoff demostraron con sus escritos y obras, una seria, sincera y constructiva rectificación, mucho más allá de la simple enmienda; al punto de que se adelantaron en sus críticas a lo que se consideraba la ortodoxia marxista y que poco después fue seguida por las críticas de Gorbachev, lo cual fue el preludio del desmoronamiento del bloque soviético.

DOUGLAS BRAVO Y ALI RODRIGUEZ
En contraste, algunos marxistas recalcitrantes, como Douglas Bravo, entendieron el momento como de repliegue táctico. Este grupo fue el que capturó ideológicamente a Adán Chávez, estudiante de ingeniería de la ULA, y a su hermano Hugo Chávez, antes de que ingresara a la Escuela Militar.

Las ideas marxistas del PRV, el partido de Douglas Bravo, fueron las que movieron tras bastidores la rebelión militar de 1992.

Los rebeldes, en especial Hugo Chávez y Francisco Arias Cárdenas, se cuidaron mucho de hacer conocer sus ideas. Por eso, muchos vimos en su rebeldía lo que queríamos ver y no su realidad íntima.

Cuando la rebelión de 1992 fracasó, aunque logró un formidable eco en la opinión, los que habían fracasado en la lucha armada de los años 60 y quienes habían colaborado con ellos, como Luis Miquilena y Guillermo García Ponce, vieron en el liderazgo popular de los golpistas fracasados la gran oportunidad de hacerla suya y resucitar sus ideas; esta vez por la vía del engaño y la trampa. Esos fueron los que secuestraron el caudal electoral logrado por Hugo Chávez en 1998.

Sin salirnos del tema que nos ocupa, lo que ahora interesa recordar y destacar es que la doctrina de lo que deben ser las Fuerzas Armadas de un Estado democrático, formulada en el artículo 132 de la Constitución, pasó exitosamente su primera y más dura prueba en la década de los 60.

Ni ayer ni hoy se podía decir verazmente que las Fuerzas Armadas que exitosamente defendieron las instituciones democráticas en los 13 años que duró el intento de importar a Venezuela la revolución cubana, eran el brazo armado de Acción Democrática.

El carácter no deliberante y obediente de unas fuerzas armadas disciplinadamente sometidas a la jefatura de un presidente democráticamente elegido, su vocación primordial para la defensa nacional y la estabilidad de las instituciones democráticas y su juramento de respetar la Constitución "por encima de cualquier otra obligación" y la explícita declaración de que las Fuerzas Armadas están al servicio de la República y no de ninguna persona o parcialidad política, se probaron en los hechos. ¿Y, ahora?

Hoy nadie puede decir lo contrario sin mentir. Esto se olvidó porque no fue reconocido así.

También se miente callando verdades que merecen ser dichas: la política de "pacificación" implicaba la indulgencia de quienes habían sido derrotados, esperando que su reinserción en la vida política fuera de buena fe. Ello era un trago amargo para los paladares de quienes habían puesto la sangre de sus heridos y la vida de sus muertos para derrotar la lucha armada. Y sin embargo, tragaron. Y la reinsersión se produjo, en buena hora.

Desgraciadamente, no se tuvo la decencia, la honestidad la entereza ideológica ni la visión histórica para hacer de la victoria sobre la subversión castro comunista la columna vertebral de la ideología de institucionalidad militar de lo que debe ser la fuerza armada de un Estado democrático. Esta debía ser enseñada en la Escuela Militar a los cadetes. No lo fue.

Hoy no se conoce el nombre de un solo oficial, de un solo soldado muerto defendiendo la democracia.

El sistema democrático de partidos, reinstalado en 1958, cantó la heroicidad de sus muertos durante la década militarista de 1948 a 1958, pero impidió que se reconociera la heroicidad de los policías y los militares caídos en defensa en la década de los 60.

Los gobiernos que siguieron resbalaron por la pendiente de la corrupción y relegaron a la Fuerza Armada al papel de guardia pretoriana de sus desafueros”.
¿Sacara Ud algunas conclusiones prácticas para el buen futuro de este, su país? ¿Dejaremos que este militarismo jurasico reviva?

Gracias a Jorge Olavarría, qepd. Fin, por ahora, de estas tres notas.

Nelson Maica
nmaicac@cantv.net
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RESULTADOS. RAMÓN GUILLERMO AVELEDO. 08/04/2011

El viernes 8 amaneció la prensa con las noticias de la falla eléctrica que dejó a oscuras a dieciocho estados, el 62% de la demanda nacional, y sin argumentos al ministro que acababa de declarar con agresividad contra los “agoreros” que vienen advirtiendo la peligrosa situación de la crisis eléctrica y los errores o insuficiencias del plan gubernamental, aunque el ministro Giordani informe que se le han metido 5.500 millones de dólares en 2010. También leímos que fueron detenidos en Fuerte Tiuna periodistas de El Nacional que cubrían una protesta de damnificados refugiados en una instalación deportiva del complejo militar, antes protestaron los alojados en el refugio “Cruz Villegas” y en El Poliedro. Reclamos por agua, alimentos y problemas de convivencia. Que continúa y se radicaliza la protesta de los enfermeros y enfermeras. Que Venirauto, la empresa automotriz del gobierno y su socio iraní, perdió 33 millones de bolívares fuertes el año pasado.

La víspera, voceros empresariales expresaban su preocupación porque no se diseñan políticas “que conduzcan a la salida de esta recesión” y por las fallas de servicios, como el eléctrico, y de infraestructura, como (otra vez) la autopista Caracas-La Guaira. Ya se cuantifican, oficialmente, en 923 los casos de gripe AH1N1. Los datos del Banco Central marcan una inflación de 28.4% para la clase media en el último año. Que la Memoria del Ministro de Alimentación revela que 78 de cada cien rubros vendidos en la red Mercal son importados, y que esta ha perdido 794.494 compradores, 6.7% de sus clientes. El lunes, el Presidente había anunciado su ampliación “hasta en 50%”. Que el gobierno admite déficit de 1.500 megavatios de energía eléctrica. Que Venezuela es el miembro de la OPEP con peor desempeño económico. Que 80 reclusos de La Planta están en huelga de hambre.

El miércoles supimos que en el primer trimestre, normalmente el de menos presión sobre los precios, la inflación pega un brinco de 6%. Los alimentos subieron de precio 33.7% en el acumulado de doce meses. San Cristóbal, Barcelona, Maturín, Mérida y Valencia son las ciudades donde el costo de la vida sube más. Que el ministro de electricidad afirmaba que no había racionamiento, mientras trasciende que la Electricidad de Caracas cierra en rojo 2010. Que damnificados cerraron la autopista Valle-Coche. Que la mayoría oficialista en la Asamblea Nacional se negó a investigar el caso Mackled y que la primera presidenta de la Comisión Anti-droga de este gobierno afirmaba que el Presidente “conocía los vínculos de Mackled con el narcotráfico”. Que en Guanarito trancan la vía para exigir reparaciones en las carreteras. Que los trabajadores de la Universidad Simón Rodríguez reclaman deudas laborales. Que la empresa gubernamental Vtelca no logra producir suficientes celulares “vergatarios” para disminuir la dependencia de los importados.

Un día antes, nos informábamos de que la producción de Pdvsa bajó por fallas eléctricas. Que fueron asesinados, víctimas de la violencia urbana, un sargento de la Guardia Presidencial y un cabo de la Policía Metropolitana. Que el Presidente del BCV Merentes cree que el “boom del consumo volverá este año y el próximo”. Que los industriales creen que la crisis eléctrica impedirá reactivación del sector manufacturero, cuya caída se prolonga, y que Caracas es más dependiente de Guri por los problemas de Tacoa.

La semana informativa comenzó con las colas de los merideños para vacunarse contra la gripe AH1N1. Que Contraloría dice que el Ministerio de las Comunas no rinde cuentas hace cinco años. Que puede venir desabastecimiento porque la agroindustria agota sus reservas en abril. Que a otro efectivo de la PM lo mataron a pocas cuadras de una estación del Dibise. Que solo el 53% del ingreso petrolero entró al BCV en 2010.

Son los resultados de lo que el gobierno hace, de los que el gobierno dice, de lo que el gobierno deja de hacer.

¿Agoreros? ¿Y ahora?

“Agoreros” llamó el Ministro a quienes advirtieron sobre la grave evolución de la crisis eléctrica. Eso mientras anunciaba nuevos racionamientos de energía, formalización de los apagones que se viven en diversas regiones del país. En seguida, un apagón en Caracas, eventualidad que venían cuidando por pura conveniencia político-propagandística, cayó sobre sus argumentos.

La verdad es que el gobierno ha venido mintiendo tanto sobre las causas del problema como sobre las soluciones que le ha dado.

Todo indica que la respuesta gubernamental a la crisis eléctrica causada principalmente por sus propios errores y omisiones no ha funcionado. Un dineral gastado en un plan marcado por la improvisación y el escaso profesionalismo, por parte de un gobierno que desprecia la experiencia y el conocimiento de los expertos venezolanos, a quienes no escucha porque si lo hace se le desbarata la argumentación. Millones de dólares, ministros cubanos, decretos de emergencia. Las consecuencias de la grave falta de sentido común de los gobernantes las paga el venezolano común.

Sin suministro de energía eléctrica suficiente, regular y confiable no es posible que una economía funcione y mucho menos que crezca. Sin crecimiento no habrá los nuevos empleos que necesitamos ni la mayor producción que requerimos, ni podrán bajar los precios de los artículos que consumimos. Pero si la economía no funciona la cosa empeora más y más, porque se perderán empleos que tenemos hoy y disminuirá la ya muy menguada producción nacional. Puede que a los cerebros del gobierno esto les parezca una maravilla porque se estaría “destruyendo la empresa capitalista”, lo cual permitiría sustituirla por empresas socialistas, lo malo es que las empresas, sean capitalistas o socialistas, necesitan electricidad para poder trabajar. Ahí está el detalle. Aunque si nos atenemos al pensamiento del Doctor Giordani, quien incluso ha inventado un álgebra revolucionaria, esa terrible circunstancia sería una buena noticia, porque “el socialismo progresa en la escasez”. Pero para los venezolanos a los que la llamada “construcción del socialismo” les tiene sin cuidado, y que lo que quieren, con toda razón, es vivir y progresar en libertad y en paz, la idea del pesadísimo ministro les parece macabra. Convertirnos en un país de hambrientos es un precio demasiado alto para hacer realidad la fantasía ideológica de un puñito, en la que simula creer también el grupo de vivos que se enriquece con base en la corrupción desenfrenada que es tan grande que hasta el Presidente de la República no tuvo más remedio que reconocer en estos días, aunque fuera con una timidez que le es ajena.

En los sectores de la clase media y en los barrios, los apagones frecuentes hacen daño de verdad. Los negocios sufren porque lo que tienen almacenado puede pudrirse, eso los obliga a mantener inventarios menores y, por lo tanto, a pagar más caro y vender más caro. La falta de luz estimula la delincuencia que si visible es ya una amenaza, cómo será a oscuras. Los aparatos electrodomésticos, que con esfuerzo se adquieren para mejorar en lo que se puede la calidad de vida, se echan a perder. Los alimentos conservados en los refrigeradores de las casas se descomponen. Los muchachos no pueden hacer las tareas escolares. Y ni siquiera con la distracción de la radio o la televisión se puede contar. Cuando la novela no te la interrumpe una cadena, te la quita un apagón.

¿Cómo pueden funcionar sin electricidad los hospitales y las clínicas, los dispensarios y los ambulatorios, los consultorios odontológicos? ¿Cómo hacen las farmacias? ¿Qué ocurre en el tránsito de nuestras ciudades?

El gobierno, cuando le provoca o cuando no puede evitarlo porque la realidad le cae encima, ofrece excusas políticas disfrazadas de explicaciones técnicas. Pero sus altos funcionarios no sufren en carne propia estos inconvenientes. Están muy lejos de la vida real de la mayoría.

La gente, en cambio, sí que las padece. Los consumidores, los vecinos, las amas de casa, los estudiantes. Los comerciantes grandes, medianos y pequeños. Los industriales, los agricultores, los profesionales, los gerentes y los trabajadores.

La Extradición

“Vamos a ver qué pruebas tiene Mackled” declara el Ministro de la Defensa acerca del acusado de narcotráfico detenido en Colombia que, según ha dicho el Presidente Santos, será extraditado a nuestro país. Grave compromiso para nuestro gobierno que sea recluso de nuestro caótico sistema penitenciario. Mantenerlo con vida, que no se escape y que la verdad salga a la luz con todas sus consecuencias. Ni más ni menos.

No hay que cotizar demasiado alto los abundantes señalamientos del detenido, pero es tal su gravedad que investigarlas y esclarecerlas completamente se hace imperativo. Porque es una agresión a la Fuerza Armada el mantener la sombra de la duda. Eso sin contar la precisa información dada de haber contribuido generosamente en la campaña por el SI en el referéndum constitucional.

Una señal positiva es que el titular de Fuerte Tiuna, quien no se especializa en emitirlas, haya dicho “hay una institución y en la institución hay hombres. Esperemos las investigaciones”. El Ministerio Público asegura que actuará. A la altura de la promesa implícita deben estar. Si los señalados han sido calumniados, es necesario que ello quede establecido más allá de toda duda. Si fueran culpables, la ley tiene respuestas para eso y su aplicación debe servir de ejemplo.

A este fin, desde luego, tenemos un problema cuya severidad es indisimulable. La confiabilidad de nuestro sistema de justicia está en puntos muy bajos, lo que implica una considerable responsabilidad para el Ejecutivo, que tan fuertemente los interfiere por la influencia política y personal.

Esta semana, en los medios…

“No confundan uso racional con racionar. Hablamos de medidas de eficiencia como cambiar los bombillos incandescentes”

Luis Acuña

Diputado PSUV-Ex Ministro-Presidente Comisión Energía y Petróleo de la AN

En El Nacional, miércoles 6.4.11., p. 1 (Estrategia. Economía y Finanzas)

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lunes, 11 de abril de 2011

TIRO LOCO MAKLED. JUAN CARLOS APITZ

Las declaraciones del narcotraficante Walid Makled en las que vincula a altos funcionarios del gobierno chavecista con el narcotráfico me recuerda aquel afamado personaje de los dibujos animados, creado por los estudios de animación Hanna-Barbera, llamado Tiro Loco McGraw. Este representa a un U.S. Marshall de Nuevo México que nos muestra cómo ser un inepto total. Lento al hablar por ser lento al pensar, su acento es pesado pues habla arrastrando las palabras. Cuando al fin logra sacar su pistola de la funda, suele tirarle al hombre equivocado o a sí mismo, sea que el arma le estalle en plena cara, o bien, en una de sus pezuñas inferiores. Eso mismo le sucede hoy al traficante parlanchín, sólo que sus ráfagas nos anuncian el advenimiento de un narco-Estado. 


Así, nuestro Tiro Loco bolivariano dijo que sobornó a altos funcionarios del Gobierno venezolano para obtener contratos oficiales para sus empresas y que tenía una nómina de militares a quienes pagaba para obtener sus "favores". También habló sobre la existencia de organizaciones terroristas que operan en Venezuela bajo la protección gubernamental y aseguró que las FARC colombianas trafican con drogas en territorio nacional además de señalar que el grupo Hezbollah también tiene actividades en el país. Según Makled, los cargamentos de cocaína despachados desde Venezuela han aumentado dramáticamente en los últimos años y reveló además cuáles son las rutas que los narcotraficantes venezolanos usan para hacer llegar su mercancía ilegal a Estados Unidos y Europa. 


Igualmente, afirmó que el gobierno del moderno Prometeo de Sabaneta tiene conocimiento sobre los cinco o seis vuelos que a diario salen desde Apure hacia Honduras con cargamentos de droga. Makled aseguró que había trabajado con el Ejecutivo durante ocho años, en los que mantuvo contratos millonarios con Pdvsa, el Ejército, el Partido Socialista Unido de Venezuela y la Asamblea Nacional. 


También apuntó que las redes de producción y distribución de estupefacientes operan en el país con la colaboración del Ejército. Señaló a los generales Hugo Carvajal y Dalal Burgos como dos de los efectivos a los que pagaba cuotas semanales de 100 millones de bolívares. Insistió en que cinco diputados oficialistas estaban en su "nómina", a quienes les conseguía lo que pidieran. Asimismo mostró recibos y copias de un cheque del último pago de una transacción con Pdvsa, que asciende a 7 millardos y medio de bolívares. Agregó que había obtenido una concesión de cinco años sobre el puerto de Puerto Cabello, pagando 5,5 millones de dólares al actual comandante general de la Armada venezolana, almirante Carlos Aniasi Turchio, para sacar droga del país. También indicó que circulaba libremente por el territorio venezolano con credenciales oficiales. 


Finalmente, ante la terquedad del Gobierno venezolano para que Makled sea extraditado a nuestro país y su resistencia a investigar a fondo las comprometedoras declaraciones; recuerdo que, en ocasiones, cuando Tiro Loco sale lastimado en alguna de sus locuras, Pepe Trueno, su fiel ayudante, le advierte: "¡Jefe! Creo que debería renunciar!", tras lo cual aquel le interrumpe con su inconfundible frase: "¡Yoooooo soy el único que cree o piensa aquí, Pepe Trueno! ¡Y tuuuuuuuuuú no debes olvidarlo!". 




twitter: @justiciapitz
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¡SR. PRESIDENTE, DEJE EL SALARIO MÍNIMO EN 1.224 BOLÍVARES...! ENVIADO A NUESTROS CORREOS POR MARIA WALTER (FIRMADO POR TRABAJADORES VENEZOLANOS)

Dios habla a través de la matemática:
¡Sr. Presidente, deje el Salario Mínimo en 1.224 bolívares...!
Carta Abierta de Trabajadores Venezolanos
Al Presidente de la República, Hugo Chávez Frías
Sr. Presidente:

Seguramente usted reconocerá que lo más sagrado para un trabajador venezolano, después de su familia, es su salario, ya que cuidar de la familia, núcleo fundamental de la sociedad, es HACER PATRIA. Nuestra Constitución consagra la importancia del salario, cuando establece en su artículo 91 que “Todo trabajador o trabajadora tiene derecho a un salario suficiente que le permita vivir con dignidad y cubrir para sí y su familia las necesidades básicas materiales, sociales e intelectuales”. Por consiguiente, el Estado tiene el deber de garantizar a los trabajadores un salario digno y suficiente, y es su responsabilidad como Presidente cumplir y hacer cumplir este mandato constitucional. En consecuencia, no entendemos la agresión directa e injustificada contra los trabajadores venezolanos cometida por el Ministro del Poder Popular de Planificación y Finanzas y el Presidente del Banco Central de Venezuela, cuando acordaron los Convenios Cambiarios Números 14 y 15, de fechas 8 de enero de 2010 y 10 de enero de 2011, respectivamente, que elevaron el precio del dólar estadounidense desde Bs. F. 2,15 en el 2009 a Bs. F 4, 30 en la fecha actual, sin tomar en consideración, el grave deterioro que causarían al poder adquisitivo de los trabajadores.
En efecto, el salario mínimo en bolívares fuertes al cierre del año 2009 era de Bs. F. 959, que a la tasa de cambio vigente en ese entonces era equivalente a 446 dólares. Pero por efecto de esos convenios el salario mínimo actual (Bs. F. 1.224) se ha reducido a tan solo 285 dólares. Es decir, el Estado Venezolano ha reducido el salario mínimo en un 36%, en momentos en que la tasa de inflación supera con creces el 30% y la canasta alimentaria sobrepasa los Bs. F 1.446, lo que la coloca muy por encima del salario mínimo actual. Como consecuencia de esos convenios cambiarios, el salario mínimo de 285 dólares es en la actualidad uno de los más bajos del continente.
Cuando los funcionarios, Giordani y Merentes emitieron los mencionados convenios cambiarios, estaban sin duda desacatando los artículos 318 y 320 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, los cuales establecen que:
Artículo 318 CRBV: “El objetivo fundamental del Banco Central de Venezuela es lograr la estabilidad de precios y preservar el valor interno y externo de la unidad monetaria”.
Artículo 320 CRBV: “El Estado debe promover y defender la estabilidad económica, evitar la vulnerabilidad de la economía y velar por la estabilidad monetaria y de precios, para asegurar el bienestar social…”
Obviamente la devaluación contenida en esos convenios cambiarios es un atentado no sólo contra los salarios de los trabajadores, sino también contra la estabilidad de los precios, contra el valor de la moneda y contra el bienestar social de los venezolanos.
Sr. Presidente, como ya se ha hecho tradicional, suponemos que usted proyecta conceder un aumento del salario mínimo del orden del 30 o 40 % a partir del próximo 1° de mayo. Como siempre ha ocurrido, ese aumento se volverá sal y agua para la fecha en que se haga efectivo, simplemente porque el aumento de los bienes y servicios para ese entonces superará con creces el aumento del salario mínimo.
Por lo tanto, nosotros, trabajadores venezolanos, a los fines de romper definitivamente con ese círculo vicioso en los precios y el salario mínimo que se presenta cada año, responsablemente exigimos:
  1. No aumente el salario mínimo el próximo 1° de mayo. Por el contrario, manténgalo en Bs. F. 1.224, con la condición de que
  2. Revierta de inmediato los convenios cambiarios números 14 y 15, para que retorne la tasa de cambio vigente al 31 de diciembre de 2009 (Bs. F. 2,15/dólar) y el salario mínimo actual pase de 285 a 570 dólares.
Conscientes de la pertinencia y justicia de nuestra propuesta y de la fuerza de los trabajadores como sostén fundamental del sistema democrático, confiamos en que nuestras peticiones serán concedidas para salvaguardar la paz social, y procurar el progreso y la estabilidad de la República.
Ciertamente, Sr. Presidente, hay que insistir “en el conocimiento matemático como necesidad para entender la sociedad, la política, el pasado, el presente y el futuro”…
Firmantes(*)
Osmar Castillo
Eudes Vera
Victoriano Felizardo
María Walter
Gilberto Román
Jairo Larotta
Armando Roo
Luís González
Es Justicia!
María Walter
Eudes Vera
(*) Números de cédula en archivo
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EL MEJOR GOBIERNO. GABRIEL BORAGINA. DESDE ARGENTINA


Criterios para establecerlo.

¿Cuáles son los criterios o pautas para establecer cuando estamos frente a un gobierno "bueno" o frente a un gobierno "malo"? La respuesta difiere según cuál sea la posición ideológica del lector, es decir, sea liberal o antiliberal. Liberales y antiliberales tienen patrones antagónicos para determinar cuando un gobierno es "bueno" y cuando no lo es. Veamos muy superficialmente unos y otros.



En la óptica corriente (la antiliberal) o mayoritaria, se juzga que se está ante un "buen" gobierno cuando éste interviene activamente en la economía, otorga subsidios, hace obras públicas abundantes, financia todo tipo de actividades (sobre todo si son educativas, sanitarias y previsionales) fija altos impuestos a los "ricos" y distribuye cuantiosos recursos a los "pobres", etc. La pauta general en esta postura hoy prevaleciente, es que cuanto más gasta un estado "mejor" es su gobierno, es decir, la filosofía que inspira esta manera de pensar no es otra cosa que lo que comúnmente se llama en economía el keynesianismo, en recuerdo de su inspirador máximo, el economista y político inglés John Maynard Keynes, de alguna manera, unos de los mayores promotores del estado de bienestar, si bien el Welfare State, reconoce su antecedente en la Socialpolitik del "canciller de hierro", Otto von Bismarck. No falta, claro, quien intente encontrar aun antes en el tiempo ciertos fundamentos filosóficos en esta tesitura. Posiblemente y sin proponérselo quizás, J. Bentham contribuyó involuntariamente a esta corriente de pensamiento.

De él dice L. v. Mises:

"El radical Bentham gritaba: «Derechos naturales, puro dislate;imprescriptibles derechos, vacua retórica», En su opinión, «el único fin del gobierno debería estribar en proporcionar la mayor felicidad al mayor número posible de ciudadanos»“.[1] Precisamente en estas últimas palabras podemos decir que se basa fundamentalmente la teoría del "estado benefactor". Pero no era esta –al parecer- la intención de Bentham, ya que como el mismo L. v. Mises agrega renglones más abajo: "El utilitarismo no se opone al gobierno arbitrario y a la concesión de privilegios personales porque resulten contrarios a la ley natural, sino porque restringen la prosperidad de las gentes. Preconiza la igualdad de todos ante la ley, no porque los hombres sean entre sí iguales, sino por entender que tal política beneficia a la comunidad."[2] Resulta claro que el "estado benefactor" sólo puede ser "benefactor" en la medida que concede privilegios personales, aun cuando lo haga desembozada o encubiertamente a ciertos grupos de personas, con lo cual concluye siendo arbitrario. En los hechos, esta doctrina justifica el "estado de bienestar" que predica, precisamente como su misión ampliar la prosperidad de "todos" haciéndolos, al mismo tiempo, "iguales".

En general, puede decirse que antes de Keynes los gobiernos sentían un cierto pudor (no mucho desde luego) en adoptar políticas "activas" o intervencionistas en la economía, y cuando se veían "forzados" a hacerlo, buscaban todos los argumentos posibles a su alcance para justificarse a los ojos de la ciudadanía. Por cierto, ya los gobiernos intervenían decisivamente en la economía bastante antes de popularizar J. M. Keynes sus teorías. Después de la inmerecida fama ganada por Keynes, el panorama –en cuanto a ese cuasi "pudor"- cambió y se sintieron "legitimados", en parte por la enorme influencia y prestigio del que gozaba el economista inglés, y a partir de su obra más famosa "La teoría general" se sintieron como liberados de culpa; y desde dicho momento, "autorizados" para convertirse en una suerte de enorme Santa Claus repartidor de toda clase de dádivas y favores económicos a quien se lo solicitare.

La fórmula política -en este modo de pensar- podría sintetizarte así "cuanto más gastes mejor gobernarás". Este parece ser el norte que persiguen casi todos los gobiernos en la actualidad, o al menos en América Latina. Por ello, observamos a diario, en las campañas electorales, que los candidatos oficialistas exhiben con gran orgullo y ufano, como "logros", lo mucho que gastaron en hacer "felices" a los que ellos consideraron "infelices", y en cuyos votos se hallan esperanzados.

Como hemos señalado antes, esta es la opinión corriente de lo que hoy se consideraría un "buen" gobierno.

Mi óptica liberal

Como liberal, mis parámetros para medir la bondad de un gobierno son bastante diferentes a los del común denominador que he esbozado antes. Como tal, entiendo que un gobierno no es un gigante Santa Claus que debe estar presto para sacarnos de toda dificultad de la vida apenas se nos presente, ya que si lo intenta (o concreta y realiza el intento) lo mejor que podrá hacer es beneficiar a una minoría a costa de una enorme mayoría, justamente lo contrario a lo que los gobiernos suelen pregonar y los pueblos suelen creerles (y algunos gobiernos, también suelen convencerse a sí mismos de tal error). Como se ha demostrado en las páginas precedentes, cuanto más gasta un gobierno menos riqueza y prosperidad tendrán los gobernados, quienes en esa tendencia, pronto se convertirán en mendicantes de su propio gobierno.

Mi idea de un estado o gobierno ideal o bueno, es la de un cuerpo policial organizado jurídicamente para la defensa de los gobernados, algo así como la concepción que Popper esboza en las primeras páginas de su libro La sociedad abierta y sus enemigos y que él llama la función proteccionista del gobierno. El mismo Popper aclara que no usa el término "proteccionismo" en el sentido económico que tiene corrientemente. En economía, se entiende por proteccionismo las políticas de amparo y privilegios que el estado otorga a ciertos grupos empresarios a costa de otros. Sin embargo, Popper, no utiliza el término en este sentido, el proteccionismo que Popper expresa está orientado hacia el individuo y no hacia grupos económicos, y en este sentido, es lícito hablar de ese tipo de proteccionismo como una función adecuada del "estado".

Los parámetros, pues, para medir la excelencia de un gobierno, desde una perspectiva liberal, serían otros, por ejemplo, el más significativo a mi modo de ver, es del índice de delitos, crímenes y delincuencia. Si este indicador es bajo, estamos ante un muy buen gobierno y si es alto, estaremos en la situación inversa, un gobierno con tendencia a ser malo. Dentro de los delitos incluimos, desde luego, aquellos que el gobierno (o sus representantes, como se quiera) cometen a diario contra los ciudadanos indefensos, y que, por supuesto, ese mismo gobierno no considera delitos en su caso.

Lo dicho tiene una arista económica: si la eficiencia en combatir el delito y la delincuencia la logra el estado a bajo costo (bajos impuestos y gravámenes) tanto más eficaz y mejor será dicho gobierno. En el caso contrario, a la inversa.

*Fragmento del Capítulo 6 encabezado "El mejor gobierno", incluido en el libro del autor titulado Análisis económico sobre el gobierno. (clic en el título del libro para acceder al mismo)

[1] Ludwig von Mises, Acción humana, Tratado de economía. Unión Editorial, Madrid, 1980. Pág. 274.
[2] L. v. Mises, Acción...ob. cit. Pág. 274
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