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miércoles, 9 de mayo de 2012

EPABLO AURE, ¡HASTA CUÁNDO! , JUNTA MÉDICA YA

En la calle cada día son menos los que piensan que el presidente no está enfermo. Se han dado cuenta de que no es un ardid publicitario el asunto del cáncer presidencial. Que va, el hombre ciertamente está demasiado mal, pero los comunistas buscarán sacarle provecho y exprimir hasta más no poder la figura populista de Hugo Chávez. Lo esconden de vez en cuando y lo sacan en ciertas ocasiones como para decirle a la gente: ¡Chávez respira! Ese es por ahora el jueguito que a control remoto manejan desde La Habana. Veremos hasta cuándo.

Sabemos que no tenemos al frente de las instituciones a gente creíble. De acuerdo con la Constitución se impondría que el Tribunal Supremo de Justicia nombrara una junta médica para que certifique el estado de salud del presidente. No basta decir que la enfermedad y sus pormenores forman parte de un derecho a la vida privada del paciente, porque su bienestar o malestar en este caso afecta directamente el presente y el futuro de todo un pueblo.

No es igual votar por un ciudadano cuyas expectativas de vida sean muy pocas que votar por alguien sano.

Recordemos que a esta fecha no tenemos una información calificada de qué es lo que afecta al presidente. Casi un año tratando de enterarnos sobre el verdadero padecimiento de Hugo Rafael y nada serio y confiable se conoce. La falta de sinceridad oficial es lo que desata los rumores y nos hace estar pendientes de tuiteros que dicen tener informantes cercanos al equipo médico que vela por la salud de Chávez. Por ejemplo Nelson Bocaranda, que por cierto el sábado recibió una absurda crítica de parte de la Sra Marisabel Rodríguez, ex esposa del presidente, quien calificó a Bocaranda de “necrófilo” sin saber, ni remotamente lo que significa esa palabra. Bueno, andamos dando cabezazos por falta de un parte médico.

El artículo 233 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela nos habla de las faltas absolutas del presidente, y una es la incapacidad física o mental permanente certificada por una junta médica designada por el Tribunal Supremo de Justicia con la aprobación de la Asamblea Nacional. Más que un capricho de la oposición, es un deber del Poder Judicial y Legislativo esclarecer la verdad de la situación.

El 7 de octubre son las elecciones presidenciales y aunque Henrique Capriles sea mi candidato, reconozco sin apasionamiento que Chávez tiene posibilidades de triunfar. Siendo esto así, debemos preguntarnos: ¿qué ocurriría en el caso de que Chávez gane y a los pocos meses fallezca? De acuerdo al artículo 233 debe procederse a una nueva elección dentro de los 30 días consecutivos siguientes, y mientras esto sucede se encargaría de la presidencia el vicepresidente.

En la práctica, Venezuela desde hace tiempo dejó de tener presidente, porque Hugo Chávez ha permanecido en el lecho de enfermo y fuera del país sin dejar encargado al vicepresidente como lo ordena la CRBV. Más que una curiosidad es una necesidad saber el verdadero estado de salud de Hugo Rafael, y eso solo puede aclararlo una junta médica.

Las elecciones van el 7 de octubre

Por algún tiempo pensé que las elecciones presidenciales pudieran ser suspendidas, pero hoy, he cambiado de opinión. Dado al deterioro de la salud de Chávez, el oficialismo sería el menos interesado en posponer el acto electoral. Desde luego pondrá todo su empeño en mantener respirando a Chávez por lo menos hasta el 7 de octubre. Él es el único que pudiera representar una opción de triunfo frente a la oposición. Ningún sustituto le ganaría a Henrique Capriles. Chávez pudiera ganar hasta postrado en una cama, porque sin dudas es un astuto encantador de serpientes sin escrúpulos para usar los recursos públicos en su campaña y aprovecharse de los más bajos resentimientos del ser humano, pero otro ejemplar así no existe.

Vuelve el debate de la tarjeta única

A estas alturas del partido y dada la debilitada salud de Chávez, pensamos que la tarjeta única beneficiaría tanto a la oposición como al oficialismo. Una sola tarjeta, una sola foto del candidato, una sola campaña y un solo resultado.

Aunque no he escuchado a ningún miembro del Gobierno promoverla, sí he visto cómo desde la oposición la vienen promoviendo incluso quienes antes la desechaban. Hay que entender que no es lo mismo una elección presidencial que una elección parlamentaria donde los partidos deben mantener vigencia para no deslegitimarse, y la selección interna suele ser traumática.

Voluntad Popular, en el año 2009, fue la primera organización política que se manifestó públicamente a favor de la tarjeta única y su propuesta no tuvo aceptación. Ahora las cosas cambian. Una tarjeta única daría una demostración de verdadera unidad, tanto del candidato como de su plataforma. Un solo nombre, una sola cara y una sola tarjeta.

Muchos sostienen que eso sería contraproducente porque estaríamos en desventaja frente a Chávez que llenaría la boleta electoral con una sopa de letras y todas con la misma foto, mientras nosotros, solamente tendríamos una única tarjeta quién sabe en qué sitio de ese inmenso tarjetón. Pero también pudiera ser también desfavorable al oficialismo si a pocos días antes del 7 de octubre Chávez muere. Ustedes se imaginan en el tarjetón ese poco de tarjetitas con la fotografía de un muerto, frente a una sola tarjeta con la cara de Capriles Radonski. La selección no sería nada difícil.

Las elecciones no pueden suspenderse por la muerte de un candidato, ya que esa eventualidad no está prevista legalmente como causal de suspensión. Según la Ley orgánica de procesos electorales (artículos 62 y 63) al oficialismo no le quedaría otra que sustituir su candidato muerto. Ya no habrá tiempo para reemplazar su cara ni su nombre. Esto quiere decir que entre tantas caras de un muerto y una sola de un vivo la gente preferirá votar por el vivo que garantice gobernar. Cosa distinta sería presentar una sola tarjeta del oficialismo. Sería menos aparatoso y quizá hasta más entendible su sustitución. Y si es por alguien con el apellido Chávez el cambio pudiera ser aceptado por los que todavía están envenenados con el discurso oficialista.

@pabloaure
pabloaure@gmail.com

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martes, 15 de noviembre de 2011

CARLOS SCHULMAISTER: DE LA TRIBU A LA HUMANIDAD, SIEMPRE MATANDO (DESDE ARGENTINA)

Matar al otro implica suicidarse uno. Nos matamos a nosotros en nuestra víctima. Matar no es una afirmación de la vida ni un sentimiento vital como pregonaron algunos en los años sesenta, enfermos del delirio de “La Revolución”.
Pero los síntomas más evidentes y extremos de que una sociedad no funciona, de que no sirve para la vida, están dados por el hecho de la muerte irracional, arbitraria y siempre cruel de los niños.
Estamos acostumbrados a la guerra, la otra gran irracionalidad, en la que mueren los que combaten y los que no combaten, pero cuando las sociedades eliminan a los niños ellas mueren como concepto y como proyecto.
La muerte de los niños es vista como abstracción entre nosotros, en Argentina y en América latina. Es objeto de seminarios, cátedras y proyectos gubernamentales.
“¡Tenga mano, compañero, que eso no sucede entre nosotros! ¡Eso pasa en los continentes negros o amarillos pero acá no! ¡No se olvide que Perón estableció los derechos de la niñez constitucionalmente!”
Claro, no somos negros, ni amarillos, pero tampoco blancos. Y no queremos saberlo ni decirlo, pero queremos parecer. Parecer aquello que se cotiza más.
Pensar los problemas humanos desde la tribu, la etnia, el territorio, la religión o la patria, es lo menos humanista que existe. Por ese camino se aprestan los puños y las armas para cuando llegue la ocasión, de cuyos resultados unos dominarán, otros serán dominados, muchos sufrirán y muchos morirán antes de tiempo.
Nacionalismo, patriotismo y populismo (sintéticamente “patrioterismo”) van siempre juntos, por más maquillajes que se intenten y páginas que se escriban negándolo.
Por eso sólo podremos mejorar nuestra cultura política y nuestro lugar en el mundo  recién cuando ya no asociemos más argentino con sociedad europea de tez blanca ni cuando asociemos América latina con tez morena (boutade literaria de tipo esencialista), sino cuando tengamos en cuenta que la humanidad preexiste a las naciones, que las naciones preexisten a los estados nacionales, que los estados nacionales preexisten a las sociedades actuales.
En suma, que las formas y moldes actuales no vienen de tiempos remotos. Que la humanidad se ha agrupado de distintas maneras, simultánea y sucesivamente, a lo largo del tiempo y el espacio. Que ha recorrido el planeta de muchas maneras, que no existen identidades históricas consideradas como herencias culturales atávicas, milenarias y por lo tanto deterministas. O sea, que nada es para siempre. Que la vida no marcha hacia atrás, sino hacia adelante.
Postular características culturales atávicas con carácter moral es un error, por no decir una mentira, pues no existen identidades únicas y puras sino que, por lo contrario, las identidades son diversas. Y no es que sean impuras sino múltiples y nada está constituido por una serie de caracteres inmutables en el tiempo. Por eso está muy mal que hablemos de argentinos, bolivianos, incluso europeos, como si estuviéramos frente a poseedores de determinadas características espirituales y culturales mediante las cuales pretendemos  atravesar el futuro bajo la supuesta verdad, de que así hemos atravesado millones de años hasta llegar a hoy. ¡Eso no es cierto!
La discriminación proviene de haber nacionalizado el ama a tu prójimo como a ti mismo en lugar de haberlo universalizado. Deriva de haber hecho del amor una religión estatal frente a otras religiones, de haber convertido ese mandato en un principio exclusivo de un pueblo particular, de cada pueblo particular, para acabar amando exclusivamente al nosotros respectivo. Y el mismo error se repite en todos los pueblos.
Si entramos a considerar la interminable lista de objeciones, rechazos, reparos, exclusiones, antipatías, oposiciones declaradas, hasta llegar a los odios ancestrales que en casi todas las sociedades sus miembros reciben como legado de sus mayores y sus antecesores, podemos reconocer que ellas son tremendamente más numerosas que los mandatos de sentido contrario recibidos en esas mismas sociedades.
Es decir, las afirmaciones expresas de carácter positivo, conteniendo sugestiones, preferencias, simpatías, adhesiones, aceptaciones, mandatos e imperativos categóricos de inclusión e integración son muchísimo menos que aquellas antes señaladas.
Pero ésa no es la única diferencia. Más grave aún es que el peso, el poder de incidir en la conciencia y en los actos concretos de las personas, es inmensamente superior en aquellas que se expresan por la negativa.
Vale decir que somos preparados culturalmente mucho más para heredar odios ajenos y ejercerlos que para amar.
De ahí que tantas veces creamos que ir a la guerra a defender la patria es algo que ha de agradar a Dios; lo mismo si tomamos las armas para echar a una dictadura… (“¡Si Jesucristo viviera sería guerrillero!”); o como era tan común en los tiempos de la Gran Inmigración en Argentina y alrededor de las dos Guerras Mundiales, que muchos hombres preclaros, en nombre de profundas convicciones católicas hablaban de impedir la entrada de ciertos inmigrantes porque su presencia atentaba contra el biotipo nacional y contra el ser nacional.
Expresiones todas de diferentes tiempos históricos, replicadas en muchos lugares del mundo, formuladas en nombre del amor inmenso a los nuestros, a los propios, a nuestra tribu, con deseos e invocaciones a la paz y al trabajo… mientras se hacían mitines, marchas, desfiles, se calzaban uniformes, se llevaban garrotes escondidos entre las ropas… y más tarde pistolas… entretanto se escuchaban discursos y arengas, se blandían puños en alto, tanto de manos izquierdas como derechas, y aparecían caras de energúmenos poseídos...
Ciertamente, el pasado no tiene remedio. Pero… ¿y el presente? ¿Y el futuro? Acaso no podemos darnos cuenta de la violencia que está presente en nuestras sociedades actuales? ¡Ya no importa quién supuestamente tiene la culpa o quién empezó primero! La violencia es dialéctica, dicen, y parece que es cierto, pero en criollo todos sabemos que quien a hierro mata a hierro muere.
Matar. ¡Como si fuera un acto de libertad! ¡Cómo si la liberación fuera posible mediante el suicidio!
Y sin embargo, siempre aparecen después las medallas, los museos, los epitafios, las reparaciones”, la supuesta gloria de haber quedado en la memoria de los vivos, sin poder comprender que mientras vamos viviendo ya estamos muriendo, que estamos destinados al olvido, al silencio, a la nada.
Carlos Schulmaister
carlos@schulmaister.com

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sábado, 27 de noviembre de 2010

HASTA CUANDO SERA… VÍCTOR JUAN MIÓN PIVETTA

¿Cómo así? ¿No puedo pensar diferente? ¿Cómo he de entender que el respeto es una orden, que es obligatorio? El respeto nace, se fomenta. Es un juicio de valor, un mérito y no un precio, no es tasable. No vales por lo que tienes, sino por lo que eres.

¿Sera que se pretende, en pleno siglo XXI, aquí y en esta época de bizarro proceder, debamos agacharnos ante el idiota en genuflexa y servil caravana, para poder vivir o sobrevivir?

No logro entender, ¿de qué tamaño debe ser la estupidez de una persona, qué tipo de educación recibió o que cosas debió ver en su niñez en casa, para en palestra pública rebajarse expresando de otra persona y en este caso un dudoso gobernante con “A nuestro amado, imprescindible, incansable y único Comandante Presidente Hugo Chávez” o “El presidente [Chávez] viene a ser en nuestra constitución como el sol que, firme en su centro, da vida al universo….esta suprema autoridad debe ser perpetua y permanente”?

Lo lamento, eso es incongruente con mi pensamiento, debe ser error de programación. Aprendí de muy joven que la palabra vale más que una firma en un papel y que un apretón de mano es suficiente para empeñar la palabra. Aprendí además que Dignidad, Honorabilidad y Respeto a tu persona valen más que todos los patriotismos juntos y más cuando se trata de vulgar patrioterismo, esa caustica mezcla de cretinismo con chauvinismo.

Como dijera Bernard Shaw “Patriotismo es tu convencimiento de que este país es superior a todos los demás” y remató con “Nunca se tendrá un mundo tranquilo hasta que se extirpe el patriotismo en la raza humana”.

¿Cómo se respeta a quienes reducen a simple meretriz de beodos ideólogos, al Libertador Simón Bolívar juntándolo con los criminales hermanos castro y con el asesino che guevara, con los narcoterroristas marulanda y el mono jojoy, con los brutales stalin, mao, hussein o simplemente con chavez? ¿Cómo?

Digno es, el asociarlo con Mahatma Gandhi y Martin Luther King, luchadores por la vida, la igualdad, la inclusión, la libertad, la fraternidad.

Gracias al miedo de perderlo todo, desde los bienes materiales, la identidad y el sentido de pertenencia, la dignidad como persona y la propia vida, hemos ido permitiendo que la vorágine del dinero corrupto y mal habido, la fuerza de la vulgaridad y la grosería, la perversa manipulación de nuestra gloriosa historia, la falta de intelectualidad y estudios de la población, el hambre, la miseria y el ventajismo del poder, nos socave como pueblo, haciendo que perdamos nuestro propio respeto.

Eso ya lo vemos en la calle a diario, ya hasta nos permitimos abusar con el argumento de que “todos lo hacen”. Ya no nos soportamos mutuamente y la ciudad nos engulle. Solo emitimos un quejido, largo y profundo, solo quejidos y hablamos mucho. Nos esperanzamos con unas nuevas elecciones. Esperamos un mesías político como esperamos la navidad.

¿Hasta cuándo seremos capaces de vivir con la careta del conformismo y el “no vale, no lo creo”? ¿Hasta cuándo mantendremos el yugo opresor del temor? ¿Hasta cuándo seguiremos volteando la cara y esperaremos para volver a ser ciudadanos de una nación prospera?
¿Hasta cuándo será?

Arq. Víctor Juan Mión Pivetta
www.vmreporte.blogspot.com
vmreporte@gmail.com
@Mionvi
26.11.10


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domingo, 18 de julio de 2010

¿QUIÉN ES PATRIOTA?, ALICIA FREILICH

Hace medio siglo se quiso popularizar el slogan "venezolano siempre, comunista nunca". Hasta comprobados antirrojos sintieron molestia ante ese falso dilema dogmático que confundía nacionalidad con ideología.

Total rechazo civilista produce el "patria, socialismo o muerte", lema que cunde en actos militares y sectarios del PSUV, partido del régimen por ahora en el poder. Es una disyuntiva excluyente que impone la opción de venezolano sociocomunista sí, pero liberal socialcristiano, conservador, socialdemócrata y etcéteras, no. Y justifica una inminente guerra entre paisanos, hermanos, vecinos.

Una mayoría venezolana lo es por nacimiento, adopción o querencia y no olvida ni tiene por qué olvidar su origen o que sus padres y/o antepasados nacieron en otros países, practican diversas creencias religiosas y simpatizan con distintas tendencias ideológicas.

Simón Bolívar nació en colonia española, hizo Venezuela y murió expatriado en Colombia.

Andrés Bello pudo realizarse en Inglaterra y Chile. Nunca se les exigió olvidar Venezuela y jamás la olvidaron porque patria es familia, paisaje o suelo, idioma, olor, sonido y emoción al desnudo, sin uniformes.

En ningún escrito bolivariano ni en los textos de quienes forjaron la venezolanidad conceptual y concreta se discrimina entre venezolanos de primera, copartidarios de una tolda político-partidista, y otros de segunda clase, sometidos a vigilancia armada y patriotera sobre la buena fe de su nacionalidad. Y no hay tal señalamiento porque constitucional y emotivamente el patriotismo venezolano se ha sustentado en ideario, doctrinas, hechos y personajes de fusión étnica, religiosa, ideológica y cultural.

De seguir el actual intento por transformar en ley de identidad nacional la citada, marcial y sectaria consigna, se fundará una revolucionaria nación basada en la premisa "sólo los caribes son hombres", grito salvaje justificable si acaso en barbarie troglodita.

Pero todavía hay una Venezuela moderna, integral, integrada e integracionista que sabe cómo el nacionalismo a ultranza parió guetos en África y América del Norte, campos de prisión, tortura y exterminio en la corte de Mao, en la Europa fascista de los imperios nazi y soviético-estalinista con su satélite cubano, en los gorilatos de Centroamérica y Suramérica.

Y esa no ha sido nuestra historia básica. Mucho menos esencia de la venezolanidad.

alifrei@cantv.net

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jueves, 27 de agosto de 2009

JUEGOS PATRIOTEROS, TEODORO PETKOFF, EN TAL CUAL

Chávez ha iniciado una escalada frenética para tensar al máximo las relaciones con Colombia. Es su manera de preparar la presencia del gobierno en la próxima reunión de Unasur, convocada a instancias de Lula, para conversar con Uribe sobre el tema de la presencia gringa en bases militares colombianas. Chávez intenta presionar y, diríase que, incluso, chantajear a los gobiernos suramericanos, para tratar de obtener una modificación en la línea moderada que privó en la anterior reunión del grupo regional, que se levantó sin la declaración de condena a Colombia que promovían Chávez -y el Correa anterior a sus últimas aperturas hacia su vecino del norte-. Chávez quiere que la reunión tenga lugar en el contexto de una acentuación de la conflictividad colombo-venezolana.

Este tema no puede ser visto a través del lente de la extorsión patriotera con la cual Chávez pretende manipular a la opinión pública nacional.

Tampoco a través del lente polarizado, igualmente chantajista, de la disyuntiva chavismo-antichavismo. Lo que está en juego es extremadamente delicado como para que el país se deje arrastrar, por la política caprichosa e irresponsable del primer mandatario, a un escalamiento del conflicto cuyas consecuencias indeseables podrían ser impredecibles. Sin embargo, tratar de contener el rumbo que Chávez ha planteado no significa, en modo alguno, asumir una postura indiferente frente al acuerdo del gobierno de Uribe con Estados Unidos.

Comprendemos ­y compartimos-, y así lo dijimos en un editorial anterior, las aprensiones expresadas por algunos gobiernos de Sur América, en especial el de Brasil, que también tiene frontera con Colombia -e incluso el nuestro-, frente a los alcances de esa presencia militar norteamericana en Colombia.
También en el país vecino existen fuertes reservas en distintos sectores acerca de la jugada de Uribe. No hay consenso alguno en el mundo político. El respetado columnista político Antonio Caballero, que no es, ni de cerca, un tirapiedras, lo expresó en "Semana" de manera brutal y tal vez hiperbólica: "Uribe cree que defender la soberanía es entregarla". De modo que la cosa no es en blanco y negro.

Pero, un gobierno responsable actúa en el senti do en que lo vienen haciendo algunos otros, que aún críticos del acuerdo colombo-norteamericano, colocan por delante el respeto a las decisiones soberanas de cualquier país y es dentro del marco de ese principio irrenunciable donde se afanan en obtener garantías de Colombia en cuanto al alcance del uso de esas bases por los gringos.

La declaración del domingo, de Hugo Chávez, disponiendo pública y abiertamente una intervención en los asuntos internos de Colombia, constituye un acto de manifiesta provocación, inaceptable no sólo para los colombianos sino para nosotros los venezolanos. Chávez no tiene derecho a hablar en nombre de la nacionalidad para dar piso a su descocada política. Irresponsabilidad que se eleva al cuadrado con la anunciada "preparación" para la ruptura de relaciones diplomáticas. Pero todo este agite tiene una explicación. El patrioterismo es el último recurso de un mandatario que siente bajo sus pies la sorda ebullición del fracaso, en los asuntos internos de su país. No hay que olvidar a las Malvinas.


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