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miércoles, 18 de marzo de 2015

NELSON ACOSTA ESPINOZA, ¿PSICOANALIZAR LAS GUARIMBAS?

Amigo lector, la palabra "guarimba" posee diversas significaciones de acuerdo al uso que se haga de este término. Por ejemplo, "La Comuna de París" de 1871; el mayo francés de 1968; la denominada Primavera Árabe del 2010; el movimiento 15 M e indignados del 2011-14, fueron todas revueltas populares o guarimbas. En nuestro país el término, en esta acepción de revuelta popular, aparece durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, cuando los miembros del Partido Comunista trancaban las calles y buscaban refugio en las iglesias para no ser atrapados por los cuerpos de la Seguridad Nacional.

En fin guarimba, en este contexto, significa barricadas y revuelta popular. Desde luego, tiene otras acepciones, por ejemplo, este término se encuentra vinculado con diversos juegos infantiles: "el gárgaro malojo", conocido más tarde como "la ere"; "la taima", entre otros significados.

¿A qué viene esta breve introducción? Veamos. ¿Sería posible, por ejemplo,  homogenizar estas distintas experiencias (guarimbas) a través de un marco cognitivo específico? ¿El psicoanálisis, por ejemplo, ofrecería las herramientas conceptuales para descifrar el sentido de estas diferentes prácticas culturales? Si este fuese el caso ¿obedecerían estas revueltas a un mismo impulso psíquico? ¿Por ejemplo, thanatos o pulsión de la muerte?

Me voy a permitir una licencia antropológica. Desde este punto de vista es inapropiado universalizar particularidades culturales. En otras palabras, no es posible establecer comunes denominadores, ya sean culturales o psíquicos, entre estas distintas expresiones de revueltas populares o, como se conocen en el país, guarimbas. En general, esta perspectiva universalizante es típica del racionalismo político y, es conocida, como la "trampa de la razón".

Demos una vuelta a la tuerca.  Es indudable que ambiciones desaforadas, tendencia a dominar (física y psicológicamente) a los demás, megalomanías y narcisismos, son actitudes típicas del liderazgo  que no profesa el credo democrático. Igualmente, vale la pena resaltar, la existencia de inclinaciones populares a la servidumbre voluntaria a cambio de bienes materiales y de participación, real o simbólica, en algunos niveles en la escala de poder. De ahí que la ciencia política haya formulado esta pregunta básica: ¿por qué las masas desean su propia servidumbre y represión?

El psicoanálisis ha aportado elementos que ayuda a responder esta interrogante. En particular su reflexión sobre los regímenes totalitarios. Por ejemplo, los sistemas fascistas y nazistas fueron un producto complejo de poderosas oleadas populares en Italia y Alemania durante los años 1920 y 1930 hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. Igualmente, los populismos militaristas no escapan de esta admiración ciega hacia la autoridad (Chávez vive).

Sigmund Freud, Wilhelm Reich, Erich Fromm, Félix Guattari, todos estudiosos de la conducta colectiva y psiquis humana, han puesto en evidencia que la marca de los viejos y nuevos autoritarismos es promover la necesidad de admirar y amar a la autoridad. Sentimientos impulsados desde el estado con la finalidad de doblegar a la población. Promueven, "las pasiones tristes", de las que nos habla el filósofo sefardí Spinoza. Las guarimbas, en su acepción de revueltas populares, por el contrario, suscitan las "pasiones alegres" que buscan la politización o repolitización de la ciudadanía.

Repolitizar es un imperativo de estos tiempos.  Los demócratas deben volver a cultivar  los afectos y la dimensión ética de la vida pública. Pareciera, entonces,  que el sentimiento de animadversión  política y la desesperanza ante la posibilidad de un cambio radical hay que combatirlos con el poder constituyente de la multitud. La política, ahora es así.

Nelson Acosta Espinoza
acostnelson@gmail.com
@nelsonacosta64

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viernes, 4 de abril de 2014

NELSON ACOSTA ESPINOZA, GUARIMBAS, HÉROES Y MÁRTIRES

En Venezuela estamos presenciando un desplazamiento del poder. Hoy en día el aparato militar se ha apoderado de las calles y ejerce autónomamente la represión contra los que se atreven a disentir del gobierno. El balance de muertos, heridos, detenidos y la violación constante de derechos humanos parecen confirmar este deslizamiento hacia un régimen cada vez más autoritario y militarista.
Hay 32 personas fallecidas en estas protestas; 400 heridos; más de 1500 presos; 700 procesados por motivos políticos; dos alcaldes presos; persecución despiadada contra la diputada María Corina Machado, amenaza de enjuiciamientos sobre diversos alcaldes opositores; clandestinidad para jóvenes dirigentes, allanamientos de viviendas ejecutados por grupos para militares y la construcción de un clima de intimidación cierra el ambiente político que caracteriza la vida pública en este momento crucial que vivimos.
A este panorama, poco halagador para el cultivo de las virtudes cívicas (la democracia, es bueno recalcarlo, exige una densidad moral y un modo de comportarse que trasciende el simple funcionamiento de determinadas reglas de juego), hay que añadir la compleja situación económica que afronta la ciudadanía en los momentos actuales. Presenciamos, esta semana, la devaluación más brutal de nuestra historia económica. En algo más de un año, se ha producido una perdida masiva de valor del bolívar en relación al dólar: del Cadivi a 4:30 pasamos al dólar 6:30bsf y de allí brincamos al dólar Sicad 1 cuyo cambio es, en promedio, a 11bsf por dólar y la semana pasada emergió el Sicad 2 cuyo cambio se ha estrenado por los 51 bsf por dólar. Digámoslo de una vez: estamos en presencia de una devaluación por el orden del 723%.
En fin, la represión política y la precaria situación económica pareciera que se refuerzan mutuamente. La primera, para contener los efectos políticos que se derivarían de la desastrosa situación que ha provocado las erradas políticas diseñadas por el gobierno. Sin embargo, me voy a permitir hacer una advertencia, la economía por sí misma no provoca cambios en la cultura y conducta política de la población. Para alcanzar este logro, se requeriría de una activación en el plano de las ideas (significaciones) que dispute el discurso ideológico que ha predominado en el país a lo largo de estos últimos 15 años. Sería un error, a mi juicio, hacer descansar exclusivamente en esta dimensión las razones para enfrentar y propiciar un cambio radical del modelo cultura y político del socialismo del siglo XXI.
La protesta protagonizada por los estudiantes, jóvenes y ciudadanos en general, tuvieron un importante valor simbólico y discursivo. Despojaron al régimen de su careta democrática y humanista. Vocablos como dignidad, heroico, sacrificio, valor, en fin, toda una ética y épica fue construida con el sacrificio y la combatividad de estos jóvenes desparramados por toda la geografía nacional. En sus "trincheras de la libertad" alcanzaron logros que la oposición acartonada no pudo alcanzar en esta década y media de revolución.
La situación económica, desde luego, proporciona insumos que deben ser procesados por la práctica política. Pero, insisto, esta actividad debe estar enmarcada en una lógica simbólica; debe expresar una alternativa cultural distinta a la del adversario y engranarse con los problemas que confronta la población. La lucha que se lleva a cabo en las "trincheras de la libertad", más allá de las incomodidades que este tipo de protesta provoca, han tenido un efecto simbólico sustantivo. La oposición posee, gracias a estas confrontaciones, un relato épico que deberá procesar y orientarlo hacia objetivos políticos concretos.
Ahora bien formulemos las siguientes preguntas ¿cómo enfrentar a este régimen político militarizado? Las virtudes cívicas ¿serán suficientes? Pronto lo sabremos.
Nelson Acosta Espinoza
acostnelson@gmail.com
@nelsonacosta64

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lunes, 1 de julio de 2013

CARLOS BLANCO "LOS DUEÑOS DEL PAÍS VEN TODA PROTESTA COMO UN INTENTO DE GOLPE DE ESTADO", TIEMPO DE PALABRA


NI UN PASO ATRÁS...NI ADELANTE

Lo que teme un régimen como este es la movilización en la calle. Los líderes cubanos, expertos en la represión, han enseñado que un vez que un ciudadano descontento pone el pie en el portón de la casa, si se le deja a su aire puede terminar instalado en la silla que estos días calienta Nicolás.

Así ocurre en Brasil; la lucha inicial deja atrás sus motivos inmediatos y se apresta a lograr lo que su fuerza creciente le permite y de los centavos de incremento de la tarifa del transporte público, en pocos días se replantean el sistema político del país y la invasiva corrupción.

También ocurrió en Venezuela y quizá el momento más destacado fue abril de 2002, cuando la protesta civil se convirtió también en militar y culminó con la salida de Chávez de la Presidencia.

Con los medios de comunicación contemporáneos y las redes en las que los ciudadanos se encuentran inmersos (o atrapados, según se le vea) es elevadísima la capacidad de las noticias y de las iniciativas de volverse virales.

Nadie sabe las claves por las que un video se ve un millón de veces en pocos días; nadie sabe cómo incrementar por miles diarios el número de seguidores en twitter; nadie sabe cómo una idea esbozada por algún anónimo detrás de un teclado se convierte en atrevimiento seguido por centenares de miles; sin embargo, estas cosas ocurren. Solo cabe un análisis después que acontecen para entender su por qué, pero no se puede prever su desenlace cuando están en estado embrionario. Por eso los regímenes represivos prefieren matar toda iniciativa en estado primario porque no sabe cuál de las criaturitas que se ven, puede evolucionar como tsunami imparable.

GOLPES Y GUARIMBAS.

Dos de las palabras con las que el régimen ha pretendido -y de cierta forma ha logrado- arrinconar a las fuerzas democráticas es mediante la acusación de que promueven desórdenes insurreccionales -guarimbas- para ambientar un golpe de estado. Es una lástima que una palabra tan musical como "guarimba" haya podido concitar tanto nerviosismo por parte de los próceres de esta hora. Evoca, para ellos, la breve insurrección que se produjo en Caracas en febrero de 2004 antes del referéndum, el día que se reunía el Grupo de los 15 en el Teatro Teresa Carreño. Momento en que las brigadas antimotines de la GN heroicamente sujetaron a Elinor Montes y la tiraron varias veces al piso. Ese día se produjo un amago de rebelión ciudadana que fue rápidamente apagada tanto por el gobierno como por la dirección opositora de entonces. Fueron combates callejeros que después derivaron hacia pequeños focos en algunas urbanizaciones de clase media alta y que se extinguieron en forma lánguida a los tres días. Hubo unas horas, sin embargo, en que la calle cogió candela y el gobierno no supo qué hacer.

Esas guarimbas quedaron marcadas en las zonas más profundas y rocosas del miedo de Chávez y su gente porque se parecieron tanto a los eventos de 2002, que se propusieron no volverlos a permitir bajo ningún concepto. Esto explica el grado de represión exagerada que aplican ante cualquier pequeño brote de descontento porque tienen fijado en la mirada el espectáculo de una calle insurrecta. Sin embargo, esa fijación se ha convertido en excusa para reprimir todo descontento, toda manifestación popular aun cuando sea reivindicativa, porque saben que la calle tiene sus insondables tentaciones.

Los actuales dueños del país identifican toda manifestación de protesta con un intento de golpe de estado. Por esa vía han desarmado -con éxito hay que decir- muchos esfuerzos, al colocar a sus promotores a la defensiva. Incontables veces ha visto la opinión pública cómo genuinas luchas sociales y políticas han tenido que tartamudear explicaciones para insistir en que no hay golpismo en sus intenciones.

BANALIZACIÓN DE LAS ACUSACIONES.

Los que han sido golpistas están en el poder. Muchos de ellos, los de izquierda, fueron promotores por años de las manifestaciones populares para canalizar sus demandas; hoy, colocados en la azotea del poder, no vacilan en desdecirse de su propia historia y usar la fuerza bruta para dominar. Acusan a todos sus adversarios de guarimberos y golpistas; sí, ellos, los golpistas y agitadores de otros tiempos. Cuando se les recuerda, responden con cinismo: sí, pero ahora todo es tan igual que llega a ser diferente.

Estos jerarcas dedican una parte sustancial de sus esfuerzos a formar unidades antimotines, sean las de la GN, las de la Policía Nacional o las de los grupos paramilitares recogidos en el aséptico nombre de "colectivos". También usan todos los mecanismos de espionaje y los que andan en labores de inteligencia hasta tienen algunos periodistas como voceros de la policía política, en la forma de falsos "dateados". El audio con el cual dos altos funcionarios acaban de delinquir, grabado en la intimidad de una conversación entre María Corina Machado y el historiador Germán Carrera Damas, es para demostrar que dos demócratas probados son... ¡golpistas! El Gobierno sacó el fusil, apuntó con cuidado y se dio el tiro en el pie.

RESPUESTA DEMOCRÁTICA.

Muchas veces las fuerzas democráticas, ante las acusaciones oficiales, han dicho y redicho que no son conspiradores. Defensa innecesaria que les hace caer en el juego del enemigo porque nada de lo que digan es suficiente para el régimen que siempre pide más pruebas de "inocencia". Ese esquema a veces logra imponer en cierta gente la idea de que la oposición es golpista o tiene la oscura tentación de serlo.

La trampa que tiende el poder es que solo se puede demostrar que no eres golpista si no se te ocurre agitar la calle porque, si lo haces, allí está la comprobación de tu culpa. Rutina perversa que ha llevado a un cierto abandono de la legítima, democrática, y constitucional protesta callejera. Así ha sido, salvo en las manifestaciones de las épocas electorales y las universitarias que tienen sus propias dinámicas y su dirigentes específicos; también las recientes erupciones populares y laborales que, al menos hasta la fecha, no han tenido capacidad de continuidad.

LA CALLE ES RIESGOSA.

Hay riesgos en la lucha popular precisamente porque los represores siempre acusarán a los manifestantes de aquello que la represión causa. No te disparé sino que tu presencia en la calle me obligó a hacerlo, dirá un represor. Además, ningún dirigente responsable puede llamar a aquello con cuyas consecuencias no esté dispuesto a correr. El asunto es que hasta que las fuerzas democráticas no se salgan del chantaje de las acusaciones gubernamentales -guarimberos, golpistas- no estarán en condiciones de impulsar abiertamente la protesta social. Esto se puede hacer sin aventuras, en forma responsable, pero se puede hacer. Volver a lo que la izquierda que hoy la reprime, llamaba lucha de masas...

@carlosblancog

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