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lunes, 9 de marzo de 2015

GABRIEL S. BORAGINA, ESTATISMO, CAPITALISMO Y DESIGUALDAD

Argentina hacia la década de 1920 se encontraba entre los países con las mejores posiciones económicas, disputando con las potencias mundiales de la época. ¿La razón? Su economía era preponderantemente capitalista, lo que empezó a cambiar hacia la década del 30 del siglo XX en que se inicia el camino primero hacia una economía mixta y luego cada vez más hacia un estatismo más acentuado (peronismo) para volver a un estatismo un poco menos acusado, pero conservando todos los males y descalabros inherentes a las economías mixtas. Situación que se mantiene en el presente con todas sus consecuencias negativas.

Los casos de Alemania, Francia, países nórdicos y Japón que se citan a menudo como "exitosos", lo son en la medida que sus economías no están basadas en la distribución sino en la capitalización. Producción y distribución son dos fenómenos concomitantes, paralelos y simultáneos, como dos caras de una misma moneda y no procesos separados, ni en compartimentas estancos.

Pero, para que la producción (y consecuente distribución) sea posible, el requisito previo, indispensable, y excluyente es la capitalización. Sin capital es imposible producir (e invariablemente distribuir) nada. Ergo, decir que esas economías "deben su éxito" a la distribución es una tremendísima barrabasada propia de incompetentes.

En cuanto a la capitalización, tal y como su mismo nombre lo indica, sólo es posible si la economía es capitalista y no en ningún otro supuesto. Las economías no-capitalistas o anticapitalistas por definición no capitalizan nada, ergo no pueden producir nada, y correlativamente no habrá nada para distribuir. En suma, no pueden recibir siquiera el nombre de "economías". Por ello, querer hablar de "economías mixtas" o "intervencionistas" o "socialistas" o "comunistas" es un contrasentido completo. Estos últimos engendros son antieconomías, no "economías".
Hay que tener muy en cuenta que ningún sistema económico puede disminuir la desigualdad. Si -en cambio- se puede reducir la pobreza. No la desigualdad. Como dice Alberto Benegas Lynch (h) la igualdad es sólo una abstracción de las matemáticas y no existió ni existe en ninguna parte, pese a que se la busca desde que el hombre es hombre. Se trata de una quimera.

La fortuna es fruto del talento o -si se quiere- de la suerte, y ninguno de ambos pueden ser igualados en todos los seres humanos. Y quien tuviera tal potestad dejaría de ser igual a los demás, para pasar a ser un dictador mundial por definición desigual a todos desde su condición de dictador y dueño de todos los bienes y destinos humanos. A este resultado conduciría insistir sobre el dogma de la igualdad como lo hacen los igualitaristas. La pobreza -en cambio- es algo diferente; es un mal que debe ser combatido por todos los medios, y la única arma para batallarlo es el capitalismo y no ninguna otra.

La gente cree que los impuestos abultados disminuyen la pobreza. Pero los tributos exorbitantes son anti-capitalistas, porque aumentan la pobreza. Onerosas tasas impositivas restan, no suman, tan cierto como que 5 - 2 = 3, y que 3 < 5, y no al revés. Quien diga que los "países ricos" lo son porque cobran elevados impuestos deberían volver al colegio primario, porque ni siquiera dominan las reglas de sumar y restar. Si el PBI total de una sociedad es de 100 millones y el gobierno recauda 50 millones en impuestos, tendremos esta cuenta = 100 (PBI) - 50 (impuestos) = 50 (PBI) + 50 (impuestos) = 100 (PBI). ¿Cuál es la "riqueza", el "crecimiento" o el "progreso" que habría "creado" el impuesto? Ninguno. Es igual a cero. Lo único que ocurrió es que la riqueza (ya existente antes del impuesto) simplemente cambió de manos: antes, el 100 % de ella estaba en manos de los productores de esa riqueza. Luego del impuesto, el 50 % de esa riqueza pasó a manos de los burócratas y gobernantes, y sólo el 50 % restante quedó en las de los productivos. ¿Conclusión?: Se enriquecieron los parásitos burócratas a costa de los trabajadores que se empobrecieron. Por supuesto que, la propaganda del gobierno siempre irá a decir que los impuestos "crean riqueza", y es esto lo que la gente cree y repite de memoria casi sin pensar, ya que es lo que todos hemos escuchado sin cesar desde pequeños. Claro ¿qué van a decir los gobiernos contra los impuestos, si estos son el "salario" de burócratas y gobernantes? Si que "crean riqueza", pero sólo para ellos y sus "amigos", pero para nadie más. El pueblo (todos aquellos que no cobran impuestos, sino que sólo se limitan a pagarlos o ir a la cárcel) se empobrece con cada nuevo tributo, o con cada aumento de alícuota de algún gravamen ya existente.

El problema de fondo en esto es la propiedad. Debe ser privada. Esta es la solución. Al pagar impuestos la sociedad productiva (en adelante, SP) se empobrece a favor de la sociedad improductiva que está compuesta por los burócratas, los gobernantes, que con buen tino se los ha llamado la clase parasitaria, (en adelante, abreviada como CP) porque la SP pierde la propiedad privada de lo expoliado por la CP vía impuestos. Al botín, la CP le designa como "recaudación" o "recursos públicos", fórmulas estas más "elegantes", y en apariencia más "decentes" que lo que realmente es: el botín robado a la SP. Es decir, propiedad privada que pasa a ser estatal.

Pero tal como hemos visto, los mal denominados "recursos públicos" no existen. Los recursos siempre son privados. El gobierno los roba y los califica "públicos". Esa es la única diferencia. Pero el nombre que la CP le asigne no cambia la naturaleza ni la esencia final de los bienes expoliados. El gobierno no posee nada sin que antes lo hubiera robado al pueblo (entendiendo aquí por la palabra "pueblo" a no otra cosa que a gente que esta fuera del gobierno, lo que también indicamos SP).

Y la propiedad privada es crucial que se defienda, porque es la única vía existente para capitalizar los recursos. Cuando los recursos privados pasan a ser propiedad estatal su destino es el despilfarro, la dilapidación, el derroche, con lo cual toda la sociedad se convierte en más pobre. Incluyendo a los depredadores burócratas y gobernantes.

Gabriel Boragina
gabriel.boragina@gmail.com
@GBoragina

EL ENVÍO A NUESTROS CORREOS AUTORIZA PUBLICACIÓN, DIARIO DE OPINIÓN, SIN SOCIALISMO, OTRA VENEZUELA ES POSIBLE, ACTUALIDAD, VENEZUELA, ACTUALIDAD INTERNACIONAL, OPINIÓN, DEMOCRACIA, LIBERAL, LIBERALISMO, REPUBLICANISMO, LIBERTARIO, POLÍTICA, ELECCIONES, UNIDAD, ALTERNATIVA, DEMOCRÁTICA, CONTENIDO NOTICIOSO,

sábado, 7 de marzo de 2015

GABRIEL S. BORAGINA, ESTATISMO, CAPITALISMO Y DESIGUALDAD, VISTO DESDE VARIAS ÓPTICAS

Argentina hacia la década de 1920 se encontraba entre los países con las mejores posiciones económicas, disputando con las potencias mundiales de la época. ¿La razón? Su economía era preponderantemente capitalista, lo que empezó a cambiar hacia la década del 30 del siglo XX en que se inicia el camino primero hacia una economía mixta y luego cada vez más hacia un estatismo más acentuado (peronismo) para volver a un estatismo un poco menos acusado, pero conservando todos los males y descalabros inherentes a las economías mixtas. Situación que se mantiene en el presente con todas sus consecuencias negativas.
Los casos de Alemania, Francia, países nórdicos y Japón que se citan a menudo como "exitosos", lo son en la medida que sus economías no están basadas en la distribución sino en la capitalización. Producción y distribución son dos fenómenos concomitantes, paralelos y simultáneos, como dos caras de una misma moneda y no procesos separados, ni en compartimentas estancos. Pero, para que la producción (y consecuente distribución) sea posible, el requisito previo, indispensable, y excluyente es la capitalización. Sin capital es imposible producir (e invariablemente distribuir) nada. Ergo, decir que esas economías "deben su éxito" a la distribución es una tremendísima barrabasada propia de incompetentes. En cuanto a la capitalización, tal y como su mismo nombre lo indica, sólo es posible si la economía es capitalista y no en ningún otro supuesto. Las economías no-capitalistas o anticapitalistas por definición no capitalizan nada, ergo no pueden producir nada, y correlativamente no habrá nada para distribuir. En suma, no pueden recibir siquiera el nombre de "economías". Por ello, querer hablar de "economías mixtas" o "intervencionistas" o "socialistas" o "comunistas" es un contrasentido completo. Estos últimos engendros son antieconomías, no "economías".
Hay que tener muy en cuenta que ningún sistema económico puede disminuir la desigualdad. Si -en cambio- se puede reducir la pobreza. No la desigualdad. Como dice Alberto Benegas Lynch (h) la igualdad es sólo una abstracción de las matemáticas y no existió ni existe en ninguna parte, pese a que se la busca desde que el hombre es hombre. Se trata de una quimera. La fortuna es fruto del talento o -si se quiere- de la suerte, y ninguno de ambos pueden ser igualados en todos los seres humanos. Y quien tuviera tal potestad dejaría de ser igual a los demás, para pasar a ser un dictador mundial por definición desigual a todos desde su condición de dictador y dueño de todos los bienes y destinos humanos. A este resultado conduciría insistir sobre el dogma de la igualdad como lo hacen los igualitaristas. La pobreza -en cambio- es algo diferente; es un mal que debe ser combatido por todos los medios, y la única arma para batallarlo es el capitalismo y no ninguna otra.
La gente cree que los impuestos abultados disminuyen la pobreza. Pero los tributos exorbitantes son anti-capitalistas, porque aumentan la pobreza. Onerosas tasas impositivas restan, no suman, tan cierto como que 5 - 2 = 3, y que 3 < 5, y no al revés. Quien diga que los "países ricos" lo son porque cobran elevados impuestos deberían volver al colegio primario, porque ni siquiera dominan las reglas de sumar y restar. Si el PBI total de una sociedad es de 100 millones y el gobierno recauda 50 millones en impuestos, tendremos esta cuenta = 100 (PBI) - 50 (impuestos) = 50 (PBI) + 50 (impuestos) = 100 (PBI). ¿Cuál es la "riqueza", el "crecimiento" o el "progreso" que habría "creado" el impuesto? Ninguno. Es igual a cero. Lo único que ocurrió es que la riqueza (ya existente antes del impuesto) simplemente cambió de manos: antes, el 100 % de ella estaba en manos de los productores de esa riqueza. Luego del impuesto, el 50 % de esa riqueza pasó a manos de los burócratas y gobernantes, y sólo el 50 % restante quedó en las de los productivos. ¿Conclusión?: Se enriquecieron los parásitos burócratas a costa de los trabajadores que se empobrecieron. Por supuesto que, la propaganda del gobierno siempre irá a decir que los impuestos "crean riqueza", y es esto lo que la gente cree y repite de memoria casi sin pensar, ya que es lo que todos hemos escuchado sin cesar desde pequeños. Claro ¿qué van a decir los gobiernos contra los impuestos, si estos son el "salario" de burócratas y gobernantes? Si que "crean riqueza", pero sólo para ellos y sus "amigos", pero para nadie más. El pueblo (todos aquellos que no cobran impuestos, sino que sólo se limitan a pagarlos o ir a la cárcel) se empobrece con cada nuevo tributo, o con cada aumento de alícuota de algún gravamen ya existente.
El problema de fondo en esto es la propiedad. Debe ser privada. Esta es la solución. Al pagar impuestos la sociedad productiva (en adelante, SP) se empobrece a favor de la sociedad improductiva que está compuesta por los burócratas, los gobernantes, que con buen tino se los ha llamado la clase parasitaria, (en adelante, abreviada como CP) porque la SP pierde la propiedad privada de lo expoliado por la CP vía impuestos. Al botín, la CP le designa como "recaudación" o "recursos públicos", fórmulas estas más "elegantes", y en apariencia más "decentes" que lo que realmente es: el botín robado a la SP. Es decir, propiedad privada que pasa a ser estatal.
Pero tal como hemos visto, los mal denominados "recursos públicos" no existen. Los recursos siempre son privados. El gobierno los roba y los califica "públicos". Esa es la única diferencia. Pero el nombre que la CP le asigne no cambia la naturaleza ni la esencia final de los bienes expoliados. El gobierno no posee nada sin que antes lo hubiera robado al pueblo (entendiendo aquí por la palabra "pueblo" a no otra cosa que a gente que esta fuera del gobierno, lo que también indicamos SP).
Y la propiedad privada es crucial que se defienda, porque es la única vía existente para capitalizar los recursos. Cuando los recursos privados pasan a ser propiedad estatal su destino es el despilfarro, la dilapidación, el derroche, con lo cual toda la sociedad se convierte en más pobre. Incluyendo a los depredadores burócratas y gobernantes.
Gabriel Boragina
gabriel.boragina@gmail.com
@GBoragina

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miércoles, 16 de julio de 2014

CARLOS ALBERTO MONTANER, LA SANA LUCHA POR LA DESIGUALDAD

Comienzo por una anécdota. Me la relató la protagonista, una excelente médico cubana, especialista en implantes cocleares encaminados a devolverles la facultad de oír a niños sordos.

Hace unos cuantos años, al volver de las vacaciones, la esperaba el moralizante comité del Partido Comunista del hospital donde trabajaba. Se proponían reprenderla. Ella no sabía por qué. Pronto lo supo. Era culpable de una conducta impropia del socialismo: se había creado fama de ser la mejor cirujana en su especialidad. Se había destacado. ¿Existía alguna prueba? Por supuesto: sus pacientes prefirieron esperarla y durante su ausencia se negaron a ponerse en las manos de otros médicos.
La acusada escuchó pacientemente la regañina. Le explicaron que la revolución preconiza el trabajo en equipo y es refractaria al éxito egoísta de los individuos, práctica que aparentemente pertenece al ámbito del capitalismo despreciable.
La doctora replicó que nada había hecho para seducir a sus pacientes, salvo ser buen médico, pero secretamente tomó la decisión de escapar de un país dispuesto a castigar la excelencia en nombre del igualitarismo revolucionario. Desde hace unos años ejerce su profesión muy exitosamente en Miami.
Relato esta historia porque hoy, mientras los gobiernos, los partidos políticos y numerosos pensadores, colectivistas y no colectivistas, se preocupan por reducir la desigualdad, satanizan el lucro y esgrimen como bandera el Índice Gini, con el que suelen azotar a quienes se han enriquecido, los individuos, por la otra punta del análisis, luchan por descollar y acentuar las diferencias sociales.
Tienen razón los individuos. Tratar de sobresalir, intentar destacarse, luchar por ser mejores que los demás, diferentes a ellos, incluso más ricos, forma parte de la naturaleza humana y a todos nos conviene que así sea. Reprimir ese impulso, condenarlo moralmente e intentar igualar a los individuos es el camino más corto al fracaso general.
Más aún: como sabe cualquiera que haya observado con cierto cuidado el comportamiento de las personas normales, eso es lo común, lo sano, lo que nos impulsa todos los días a trabajar y a vivir. Sin ese estímulo íntimo, rabiosamente individualista, se genera el aniquilamiento del yo, diluido en medio de una pastosa marea de seres más cercanos al enjambre de abejas idénticas que a la especie competitiva, alerta y desigual a la que pertenecemos.
La autoestima, tan importante para el equilibrio emocional, depende de eso. Quienes están satisfechos consigo mismo poseen más posibilidades de ser felices y de crear riqueza para ellos y para beneficio del entorno en el que viven. Por el contrario, la sensación de mediocridad, y más aún de una cierta inferioridad relativa, suele abatir a quienes la sufren.
Cuando la depresión no tiene una causa fisiológica –un desequilibro hormonal o químico—el origen hay que buscarlo en el terreno oscuro de una autopercepción negativa. Son esas personas que no pueden o quieren levantarse de la cama a luchar porque su ego ha sido aplastado, y ni siquiera entienden qué les ha sucedido, más allá del malestar que las agobia. 
Se equivocan los gobiernos, los partidos políticos y las instituciones religiosas en tratar de demonizar y penalizar la desigualdad. ¿Qué hacemos, intuitivamente, con quienes se destacan? En general, los admiramos. Los declaramos héroes y, si se tercia, los enriquecemos con nuestras preferencias. Puede ser un guerrero valiente, un artista excepcional, un deportista triunfador. Puede ser una persona dedicada a la filantropía, como la Madre Teresa, o a la creación de empresas, como Steve Jobs.
El héroe es alguien extremadamente desigual que ha realizado una hazaña poco común y eso lo convierte en un modelo ideal de comportamiento. A nadie le molesta (o debiera molestarle) que en procura de su singularidad el héroe llegue a convertirse en una persona muy rica, infinitamente más que la media, como sucedió con Picasso, con Bill Gates, con el tenista Rafa Nadal, con la cantante Beyoncé y con los miles de triunfadores que en el mundo son y han sido.
La palabra logro viene de lucro. La creación de riqueza, cuando ha sido ganada limpiamente, es una forma de merecido reconocimiento. El lucro no es un pecado, ni el logro debe ser un delito o un comportamiento censurable. Quien se destaca y triunfa, por el contrario, merece nuestra admiración, nunca nuestro desprecio.
Carlos Alberto Montaner
montaner.ca@gmail.com
@CarlosAMontaner

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viernes, 27 de septiembre de 2013

GABRIEL S. BORAGINA, POBREZA VS DESIGUALDAD

Es bastante frecuente que en la sociología político-económica los términos pobreza e igualdad se traten como sinónimos. Asimismo, ambas suelen relacionarse como un verdadero problema socio-político-económico. Sin embargo, darles este empleo sinónimo es bastante desacertado. 

La pobreza y la desigualdad son cosas distintas. También es incorrecto tratar ambos conceptos como "problemas sociales", ya que si bien la pobreza si es efectivamente un problema -y por cierto muy severo-, la desigualdad -en cambio- no lo es. Intentaremos de ilustrar lo hasta aquí dicho con un ejemplo.
Supongamos que tenemos cuatro personas: A, B, C, y D. Imaginemos que A tiene una mansión, B posee una fábrica, C un caballo y D cinco gallinas. Lo primero que salta a la vista es que A, B, C y D son todos ellos desiguales entre sí, tanto en lo que respecta a sus propias personas como en lo que se refiere a sus bienes. Si A es Juan y B es Pedro, resulta evidente que Juan no es igual a Pedro.
En cuanto a sus posesiones, a pesar de tener bienes mas "valiosos" que los que poseen C y D, A y B son desiguales entre si y, recíprocamente, pese a tener bienes menos "valiosos" que los que poseen A y B; C y D también son desiguales entre sí. Considerada, ya sea en forma horizontal o vertical, en forma cruzada o directa, entre los cuatro existe la más completa desigualdad. Ahora bien, desde otro ángulo, puede decirse que C y D son "pobres" respecto de A y B, y que estos últimos son "ricos" respecto de los primeros, donde las mansiones y las fábricas se consideran "mayor riqueza" que los caballos y las gallinas.
Figurémonos ahora que el gobernante de la isla donde viven A, B, C, y D, (que llamaremos G) decide -en un emotivo acto de "justicia social"- "limar las desigualdades" entre los primeros, trasfiriendo -como hacen todos los gobiernos del mundo- la riqueza o los ingresos de los "ricos" en dirección hacia los "pobres", para lo cual resuelve entregar media mansión de A a C, y media fábrica de B a D. Con lo que C pasará a tener un caballo y media mansión (que antes pertenecía a A) y D ahora tendrá en propiedad media fábrica y las cincos gallinas que antes poseía, en tanto que A sólo le quedará media mansión y a B media fábrica. ¿Ha eliminado o reducido G las desigualdades entre ellos? Obviamente la respuesta es no. 
Siguen siendo los cuatro tan desiguales como lo eran antes del reparto del "estado social" o "benefactor". No obstante lo cual, ha habido un cambio significativo ¿cuál es? Podría decirse que ahora -a primera vista- A y B son más pobres que antes y C y D menos pobres que antes del reparto del "justiciero social", pero si miramos más de cerca notaremos que media mansión no tiene utilidad alguna y -por lo tanto- ningún valor en el mercado, como no lo tiene medio auto, sino el coche completo. Lo mismo sucede con la media fábrica de B (y ahora de D) a ninguno de ellos le servirá para nada, porque lo útil y valioso era la fábrica entera y no las mitades divididas de ella. Ni media mansión le sirve para vivir a nadie, ni media fábrica le sirve para producir ni trabajar a nadie. Con lo que, en suma, los cuatro A-B-C y D han resultado hundidos todos ellos en la más absoluta pobreza. Moraleja: el redistribucionismo y las "políticas sociales de reparto" y de "justicia social" lo que redistribuyen y reparten es más miseria para todos. Pero, y esto es lo más relevante y significativo: no disminuyen las desigualdades, que ya existían antes, existen ahora y seguirán existiendo en el futuro, con o sin la intervención del gobierno. Lo que sí hizo el gobierno es agudizar las desigualdades entre los cuatro, y destruir la riqueza que existía antes de la intervención.
No se redujo la pobreza sino que simplemente se le dio otra dirección diferente. Incluso si la mansión y la fábrica pasan íntegras a C y D, tendremos invariable desigualdad y a la vez más pobreza.
Por supuesto, A, B, C, y D pueden ser una, ciento, miles o millones de personas y, de la misma manera, las mansiones, fábricas, caballos y gallinas pueden ser 1, 100, 1000 o millones. Podrán ser aviones o frutas, buques o zapatos, o sus equivalentes en dinero. El resultado final siempre será el mismo, se traten de los bienes o servicios que se traten.
El verdadero problema social es la pobreza y no la desigualdad, y en tanto la pobreza tiene solución incrementando la riqueza existente mediante la producción, el ahorro y la capitalización del mismo como sólo lo hacen –y pueden hacerlo- los mercados libres, la desigualdad no constituye "problema" alguno, como acabamos de demostrarlo. La desigualdad sólo consiste en un dato de la realidad y nada más que eso. Es cierto que mesiánicos megalómanos pueden llegar a ver (y proclamar a) la desigualdad como "problema", pero tarde o temprano habrán de convencerse que, si así quieren considerarlo, comprobarán que como tal, no tiene "solución" alguna. Y no tiene "solución" porque no es un "problema". 
La "desigualdad" es meramente la excusa perfecta que tienen los envidiosos del éxito ajeno para tratar de arrebatarles por la fuerza o mediante artilugios político-legales, los bienes que los envidiados poseen en legítima ley.
Mientras los pretensos reformadores sociales de buena fe (de los de mala fe no hay nada que decir, excepto que parece ser que cada vez son más) no se concentren en la solución del verdadero problema que es la pobreza y -en cambio- erróneamente sigan enfocados en el falso de la desigualdad, la pobreza será cada vez mayor y más extendida en un mundo que fue, es y será siempre desigual. 
Y la solución a la pobreza es la creación de riqueza, la que sólo el mercado libre y el capitalismo garantizan.
gabriel.boragina@gmail.com

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martes, 16 de julio de 2013

GABRIEL BORAGINA, LOS IMPUESTOS CREAN POBREZA Y DESIGUALDAD

Un tema frecuentemente tabú en la conversaciones corrientes de la gente, inclusive en muchas discusiones académicas, es el del los impuestos. 
No son pocas las personas que comparten la necesidad de desregular los mercados y -en general- los intercambios económicos, pero que al llegar a la materia impositiva cambian bruscamente de orientación, por creer, en buena medida, que los impuestos reportarían o redundarían en alguna clase de "beneficio", sobre todo para los sectores más "desfavorecidos". Este, como tantos otros en materia económica, no se trata más que de un mito, que -a su turno-, se sustenta en otro mito no menor, que es de la tan manoseada (hasta el hartazgo) y mal llamada "redistribución de la riqueza".
No son muchos los autores que han tenido una visión tan preclara de lo nocivo de los impuestos como medio para "redistribuir riqueza" como lo fue el pensador francés decimonónico Frédéric Bastiat, quien decía:
"Pero si llega a introducirse el principio funesto de que so pretexto de organización, reglamentación, protección y apoyo, la ley puede quitar a los unos para dar a los otros, echar mano a la riqueza adquirida por todas las clases para aumentar la de una clase, a veces la de los agricultores, en otros casos la de los manufactureros, negociantes, armadores, artistas o comerciantes. ¡Oh!, por cierto en ese caso, no hay clase que no pretenda -con razón- echar mano a la ley también ella; que no reivindique curiosamente su derecho de elegir y ser elegida, y que no esté dispuesta a trastornar la sociedad antes de renunciar a sus pretensiones. 
Los mismos mendigos y vagabundos probarán que tienen títulos incontestables. Dirán: “Nunca compramos vino, ni tabaco, ni sal, sin pagar impuestos, y una parte de tales impuestos se da por vía legislativa en forma de primas y subvenciones a hombres más ricos que nosotros. Hay otros que hacen servir la ley para elevar artificialmente el precio del pan, de la carne, del hierro y del paño. Ya que cada uno explota la ley en provecho propio, también nosotros queremos explotarla”.[1]
En efecto, aunque los gobiernos pueden de hecho imponer impuestos fuera de la vía legal, la gran mayoría de estos lo son a través de la legislación, la que específicamente denominamos hoy en día legislación fiscal o impositiva. Bastiat hace hincapié precisamente en la desigualad que los impuestos generan a la población y la manera en que los más desfavorecidos tendrían derecho a exigir compensaciones a los gobiernos por los efectos adversos que les acarrean dichos impuestos.
Para Bastiat, los impuestos forman parte de lo que él denomina ingeniosamente la expoliación legal, y va más allá todavía cuando nos explica que la expoliación legal no es más que otro nombre diferente para lo que se conoce como socialismo. En sus palabras:
"Ahora bien, la expoliación legal puede ejercitarse en una multitud, infinita de maneras; de ahí la infinita multitud de planes de organización: tarifas, proteccionismos, primas, subvenciones, fomentos, impuestos progresivos, instrucción gratuita, derecho al trabajo, derecho a la ganancia, derecho al salario, derecho a la asistencia, derecho a los instrumentos de trabajo, gratuidad del crédito, etc. Y es el conjunto de todos aquellos planes, en lo que tienen de común que es la expoliación legal, lo que toma el nombre de socialismo."[2]
 Compara a los socialistas con un jardinero así:
"Y al igual que el jardinero, que para efectuar la poda de los árboles, necesita hachas, serruchos, sierras y tijeras, el público necesita para el arreglo de su sociedad fuerzas que sólo puede encontrar en las leyes; la ley de aduana, ley de impuestos, ley de seguridad social y ley de instrucción."[3]
Y al respecto aclara:
"Nótese que lo que pongo en duda no es el derecho de inventar combinaciones sociales, de propagarlas, aconsejarlas y experimentarlas en ellos mismos a su costo y riesgo; lo que disputo es el derecho de imponernos todo eso por intermedio de la ley, es decir por la fuerza y obligamos a pagarlo con nuestros impuestos."[4]
Bastiat ya criticaba en su tiempo el hoy tan incuestionado por muchos redistribucionismo, llegando a advertir, con total nitidez, como el impuesto (como instrumento del redistribucionismo), no hace más que crear pobreza y desigualdad allí donde se aplica.
Otros autores señalan al impuesto como un instrumento de agresión y de violencia. Por ejemplo, Murray N. Rothbard es uno de sus exponentes:
"... el axioma fundamental de sistema [según Rothbard] es la posesión que la persona tiene de sí misma, esto es, una propiedad privada absoluta que la persona tiene de sí misma y por ende de todos los frutos de su acción libre y voluntaria. La moral objetiva pasa por respetar este axioma y sus consecuencias, una de las cuales sería el principio de no agresión, esto es, nadie tiene el derecho de iniciar la violencia contra un tercero, y tiene consiguientemente el derecho de legítima defensa contra una agresión tal. Por eso Rothbard reconoce a Locke como un antecedente evolutivo de su propia posición, le perdona relativamente su “confusión” respecto a ciertas cuestiones del derecho de propiedad, pero se distancia claramente de Nozick en la aceptación que este último tiene del estado mínimo: en este esquema, un gobierno liberal clásico al estilo mínimo, que cobrara impuestos compulsivamente, es indebido precisamente porque viola el principio de no agresión".[5]
En suma, resulta claro que los impuestos, además de constituir un acto de violencia y agresión contra a los que inexactamente se les quiere llamar "contribuyentes" (denominación errónea, había cuenta quien contribuye a algo -por definición- lo está haciendo en forma voluntaria) no sólo ataca y agrede a quien resulta sujeto pasivo del mismo, sino que asalta y violenta a la sociedad toda en su conjunto, volviéndola cada vez mas y mas pobre.

[1] Frédéric Bastiat. La Ley. Pág. 7.
[2] Bastiat, Ídem. pág. 9
[3] Bastiat, Ídem. pág. 15
[4] Bastiat, Ídem. Pág. 28
[5] Gabriel Zanotti. HACIA UN LIBERALISMO CLÁSICO COMO LA DEFENSA DE LA INTIMIDAD PERSONAL. Libertas. 1º semestre 2005, Pág. 3

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jueves, 1 de noviembre de 2012

MERCEDES MONTERO, DESIGUALDAD , INJUSTICIA, PULCRITUD,




FALACIA
Una falacia es un argumentación aparentemente lógica y verdadera que luego resulta ser falsa. Las falacias lógicas son utilizadas comúnmente para justificar argumentos o posturas que no son justificables utilizando la razón. Suelen enmascarar engaños, falsedades, o estafas. Saber reconocer las falacias lógicas es de gran ayuda para no ser engañado.  

Los venezolanos debemos tener presente que en Venezuela no hay independencia de poderes, característica básica de la democracia. Los poderes Legislativo, Judicial, Moral y Electoral son sumisos al Poder Ejecutivo, representado por el presidente Chávez. En el caso concreto del Poder Electoral, su cuerpo rector está conformado en forma sesgada; de los cinco rectores, que no deberían tener filiación política alguna, cuatro son oficialistas y un rector es de oposición.
De acuerdo con lo expresado en un artículo publicado en NOTITARDE el 24 de Octubre de 2012, para Vicente Díaz, rector del Consejo Nacional Electoral (CNE) venezolano “Las Elecciones fueron pulcras, pero injustas y desiguales” al referirse al proceso electoral del pasado 7 de Octubre 2012.

Cierra el artículo con estas frases “El problema electoral en Venezuela no está en la sala de totalización o en las máquinas de votación. El problema está en el uso electoral del músculo del Estado. Esa es la batalla. Ese es el meollo.”

La verdad es que no se puede entender como unas elecciones pueden ser pulcras, cuando han sido injustas y desiguales, esto es una contradicción aberrante. Ni la injusticia, ni la desigualdad gozan de pulcritud. 

¿Cómo puede ser pulcra una elección en la que una de las partes en competencia, en este caso el oficialismo, goza de todos los privilegios al disponer del uso electoral del músculo del Estado?

Suficientes organizaciones, analistas, políticos y articulistas se han referido al abusivo uso de los medios de comunicación, del dinero del pueblo, del irrito empleo de los efectivos de la fuerza armada en el acarreo de los votantes, obligados a votar a favor del oficialismo por estar inscritos en las misiones en horas adicionales al proceso de votación.

También ha sido harto denunciado que el diseño del proceso de votación estuvo plagado de medidas que lo hacían lento, y que eran proclives a sospechar del secreto del voto. Estas primeras razones hicieron de la contienda una muy desigual batalla, muy ajena a la pretendida pulcritud técnica a la que alude el rector Díaz. Lo técnico debería reflejar el respeto a las condiciones electorales que constituyen los derechos políticos de los venezolanos, garantía de que el resultado de la votación realmente responde a su voluntad.
Los venezolanos debemos tener presente que en Venezuela no hay independencia de poderes, característica básica de la democracia. Los poderes Legislativo, Judicial, Moral y Electoral son sumisos al Poder Ejecutivo, representado por el presidente Chávez. En el caso concreto del Poder Electoral, su cuerpo rector está conformado en forma sesgada; de los cinco rectores, que no deberían tener filiación política alguna, cuatro son oficialistas y un rector es de oposición. Hasta ahora esa mayoría oficialista ha demostrado en forma clara su sesgo a favor del presidente Chávez. Siendo esta la razón por la cual se hacen la vista gorda ante los abusos que cometen él y su partido para hacerse del poder en forma indefinida.

Lo anterior violenta el principio de respeto a los derechos humanos, entre los cuales están los derechos electorales de los venezolanos que son absolutamente iguales para todos los electores no importa en cual partido militen, cual sea su ideología, la religión que profesen, estrato socioeconómico en el que se encuentren ubicados. Al no permitírseles a los ciudadanos la libre expresión de su voluntad cuando se cambian las leyes de forma tal que siempre favorezcan al partido que está en el gobierno o a la voluntad del mandatario, se está confiscando el derecho a la elección libre por parte de los ciudadanos. Al torcer mediante artificios y engaños la verdadera voluntad del electorado se está cometiendo un acto de inmoralidad. Todo esto es contrario a la pulcritud.

Hay algo más, cuando a un sistema computarizado se lo alimenta con basura produce basura. Si el crecimiento demográfico y composición de la población venezolana es inexplicable, también lo es el Registro Electoral (RE) que fue utilizado para las Elecciones habidas en Venezuela el 7 de Octubre 2012. Al cual no le fue hecha una verdadera auditoría, a pesar del clamor popular que exigía que fuera llevada a cabo. El resultado del “pulcro” voto electrónico dejó lugar a dudas acerca de su verdadera pureza.

Sólo en un país en el que el Instituto Nacional de Estadística no ha sido capaz de mostrar unos resultados de Censo creíbles, hay mas adultos que niños; casi 19 millones de votantes cuando solo hay 28 millones de habitantes. Esto es lo opuesto a pulcritud

Lo peor es que a pesar de las dudas sentidas por un pueblo que no celebró el triunfo del “ganador”, quedaron debidamente “legitimados”, seis años más de destrucción, muertes violentas, delincuencia desatada , desempleo, hambre, miseria, desabastecimiento, adoctrinamiento en vez de educación, falta de viviendas, de agua, de electricidad, basura en las calles, falta de recreación, el regreso con energía de diezmo de pueblo hambriento de enfermedades que habían desaparecido , cárceles desbordadas, pranes en vez de policías. Universidades y escuelas en ruinas, pérdida de soberanía y un país invadido por cubanos castristas, chinos, bielorusos, e iraníes. Así como también una nación explotada por cuanto chulo quiera ordeñar a Venezuela en nombre de la “revolución mundial”. También esto es contrario a la pulcritud, así como también es inmundo haberlo legitimado

mechemon99@yahoo.co.uk

martes, 27 de septiembre de 2011

JUAN CARLOS APITZ B: LA REVOLUCIÓN DE LA DESIGUALDAD

   A partir de 1999 una nueva elite asumió el control de la mayoría de las instituciones del Estado venezolano. Desde ahí, con apoyo de una parte importante de la población, que la ha acompanado en sucesivas elecciones, viene intentando construir una hegemonía alternativa a la que existió en los cuarenta años anteriores, en medio de grandes tensiones y conflictos.

GOBERNTAS VS PUEBLO E INDIVIDUO
   Pese a que el contenido del discurso político de la nueva elite ha venido variando desde 1999, este tiene una constante: su vehemente invocacion al igualitarismo.

   En efecto, la idea de igualdad, que comparten la pasada “democracia participativa” y el presente “socialismo del siglo XXI”, presupone no sólo la igualdad de todas las personas ante la ley y la igualdad de oportunidades para competir por bienes y servicios, sino también la igualdad sustancial, tanto de los bienes materiales (igualdad socioeconómica) como de la posibilidad de la participación en la definición de los asuntos públicos (igualdad política) y de la valoración de los diversos estatus sociales (igualdad cultural).

   Ciertamente, el marco constitucional y las políticas públicas impulsadas en esta década, permiten comprobar una voluntad política favorable a los sectores populares y otros sectores discriminados y hacia una visión de igualdad sustancial, expresada en una reivindicación del rol del Estado para la corrección de inequidades, el aumento del gasto social, creación de estructuras extraordinarias para garantizar con más agilidad el acceso a los derechos sociales, aumento en la recaudación de impuestos progresivos y reducción en la alícuota del IVA, ampliación de las condiciones de participación de los sectores populares, capacitación técnico-productiva de los sectores populares y estímulo a su autorganización para la producción cooperativa y autogestionaria, valoración social simbólica de los sectores populares, de las negritudes y pueblos indígenas desde ámbitos de poder estatal y comunicacionales, entre otros.

   Pese a ese comportamiento estatal, como lo ha reconocido el presidente Chávez varias veces, los avances en materia de igualdad socioeconómica son mínimos e, incluso, en algunos momentos, se han producido claros retrocesos.

   Aunque los indicadores de desigualdad en la distribución del ingreso de 2003 a 2010 expresan una leve mejoría con respecto a toda la década anterior, se trata de logros débiles, si se comparan con la radicalidad del discurso igualitarista, la cantidad de medidas adoptadas desde el Estado y la pretensión revolucionaria de modificar la estructura social.

   Concretamente, los avances en la construcción de la igualdad exige la construcción de una economía productiva, que supere el rentismo y amplíe las posibilidades de inclusión socioproductiva y las redes de seguridad y protección social. Eso si,  colocando el acento en la economía social, y democratizando los medios de producción. Aunque ello obliga a evaluar seriamente los pésimos resultados obtenidos hasta ahora en materia de economía social, e identificar y eliminar la creación de elites económico-políticas que obtaculizan la labor reivindicativa.     

   En resumen, si sigue como va esta élite será apenas recodada como la revolucion de la desigualdad.

justiciapitz@hotmail.com

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domingo, 28 de noviembre de 2010

SIEMPRE SE SUPO Y NO SE HIZO ALGO EFECTIVO. VICTOR MACHADO

Que innumerables viviendas eventualmente se derrumbarían o se inundarían por estar mal construidas o edificadas en zonas de alto riesgo. Pero no se hizo algo efectivo.

Que millones de niños nacerían y eventualmente se convertirían en delincuentes por crecer sin acceso a la educación. Pero no se hizo algo efectivo.

Que cientos de sistemas naturales claves, como lagos, ríos, lagunas, áreas silvestres, etc., eventualmente se contaminarían o su flora y fauna desaparecerían por la acción irresponsable de gente inescrupulosa. Pero no se hizo algo efectivo.

Que millones de marginales eventualmente trabajarían como motorizados y buhoneros, o que se transformarían en delincuentes, debido a leyes aprobadas para favorecer la flojera laboral, el mantenimiento de sindicalistas y políticos corruptos y la bajísima generación de empleo digno. Pero no se hizo algo efectivo.

Que individuos incompetentes serían eventualmente electos o designados como funcionarios del Estado, creyendo los ingenuos que harían algo efectivo para solucionar los problemas. Muchos de ellos que ya gobernaron hoy en día viven de la figuración pública criticando a los actuales incompetentes que no hacen algo efectivo, olvidándose de que ellos tampoco aplicaron soluciones para evitar lo que hoy en día sufrimos.

Afortunadamente LA EVOLUCIÓN PRODUCTIVA ayudará a diseñar e implementar nuevos sistemas que desarrollarán algo que jamás ha disfrutado la mayoría de los venezolanos: CALIDAD DE VIDA.

Saludos, Víctor Machado.
machquality2@yahoo.com
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domingo, 10 de octubre de 2010

DE LA EXTREMA RIQUEZA A LA EXTREMA POBREZA. JULIO IGNACIO CARDOZE. EN EL NUEVO DIARIO.COM.NI. DESDE NICARAGUA.

La enorme y obscena desigualdad que existe en Nicaragua impide que la pobreza disminuya y que el país se desarrolle. Los beneficios del crecimiento los coge una minoría que vive en extrema riqueza aprovechándose de un sistema liberal que no debe ser como es.

En END del 3 de octubre de 2010 se publica la razón por la cual Montealegre, representante del gran capital, propuso a Fabio Gadea como precandidato. Dice la noticia que las bases del MVCE no se tragan la candidatura de Gadea y Montealegre tuvo que darles una explicación. Lo propuso por su posibilidad de crear división en el liberalismo por ser del PLC, además como es lógico, por ser consuegro de Alemán. Dice la noticia: “Por su parte, Montealegre resaltó que Gadea era convencional del PLC y ex presidente del Partido Resistencia Nicaragüense, PRN. Según él, eso le permite atraer votos de los mismos miembros del PLC, del MVCE, de ex Contras y de otras facciones que conlleve a unir a la oposición de forma similar a 1990, cuando ganó la ex presidenta Violeta Barrios de Chamorro”.

La estrategia divisionista para destruir al PLC de parte de Montealegre es obvia. Pero solo demuestra una vez más su torpeza y falta de habilidad política. Ni 2011 será 1990, ni Fabio Gadea es Violeta Chamorro.

Nicaragua necesita un cambio, pero no el que promueve Montealegre, todo lo contrario.

Soy liberal y consciente que cada vez más se hace necesario el replanteamiento de la definición de liberalismo y democracia. No creo que las cosas puedan seguir como están en el mundo democrático y liberal. Las ideas adulteradas se han desbordado incontenibles aprovechando la interpretación que cada quien hace a su manera de la doctrina, desvirtuándolas de forma que lo que existe ahora son caricaturas grotescas de los pensamientos originales.

El liberalismo, mentor de la Revolución Francesa y de los derechos del hombre, siempre tendrá vigencia porque la libertad es intrínseca de la naturaleza humana, y no tiene vencimiento, pero ahora está desfigurado, a momentos parece libertinaje y está acercándose a ser un criterio incompleto que no responde a la realidad actual. La democracia no es el poder del pueblo es controlada por grupos de influencia económica, y cada vez acumula en su interior su propia destrucción. Los ciudadanos cada vez más, desde los primeros grados de la escuela, por ejemplo en USA, son convertidos en autómatas víctimas de la tecnología que no los libera pero los aprisiona, pues solo obedecen a lo que ven en la pantalla de un Black Berry o en el Internet. Cada vez más pierden su capacidad natural de pensar, se limitan a seguir instrucciones, sus mentes son formateadas y enfocadas a lo que dicen programas de computadoras.

En estos días será la “gala social en Miami”, que la familia más rica de Nicaragua hace en medio de un esplendor babilónico para recoger fondos para los más necesitados de Nicaragua, que son la mayoría de los ciudadanos. Muchos dicen que es la fiesta anual de esa familia para exponer su fabulosa fortuna y poder en un escenario internacional. Hacen caridad con el dinero de otros, se gastan miles de dólares en una obscena por lujosísima pachanga faraónica que les valdrá una página en las notas sociales. Pero si donaran un pequeño porcentaje de su fortuna no tendrían necesidad de galas sociales y aliviarían la vida de muchos pobres en Nicaragua.

En EL NUEVO DIARIO, el 3 de octubre 2010, se publicó un escrito: “El declive de la doctrina liberal”, de Gustavo Adolfo Vargas, y como liberal me importó leerlo, me pareció interesante, me hizo meditar y me impulsó a escribir esto, pues una de las cosas que en los últimos 20 años he considerado obscena en Nicaragua, es la tremenda desigualdad que existe entre la minoría extremadamente rica y la mayoría extremadamente pobre. Aunque el asunto de las fortunas obscenas, obscenas por ser el segundo país mas pobre del hemisferio, se empezó en Nicaragua, qué contradicción, durante el gobierno del FSLN. Antes del 19 de julio de 1979 había fortunas y se sabía que los dos más ricos eran Pellas y Somoza, las otras eran de unos cuantos millones de dólares, no como ahora de cientos de millones de dólares. En el inicio del exilio me sorprendió que las fortunas de empresarios conocidos, los más fuertes, eran de seis o de ocho millones de dólares promedio, más o menos.

En el escrito Gustavo Adolfo Vargas acertadamente dice… “La ideología liberal representa la lucha en defensa de la libertad del individuo... Libertad de pensamiento, de convicción, de expresión del pensamiento, de participación política y también libertad de actividades económicas; empero, esta última termina por nulificar las anteriores y se contrapone a ellas porque, en la práctica, genera polos de poder económicos que avasallan las libertades de la mayoría desposeída de la sociedad.”

Comparto su criterio cuando dice: “El liberalismo nunca se planteó la riqueza como sustento de la libertad individual ni la distribución del ingreso como infraestructura de la democracia. Incurrió en la ingenuidad de suponer que la igualdad ante la ley, la libertad de contratación, el derecho de propiedad sin limitaciones, la libre empresa y la inhibición del Estado ante tal actividad económica particular contribuían, por sí solos, a cautelar la libertad de los individuos, cuando la realidad práctica se encargó de probar lo contrario: que la abstención de la autoridad pública en la vigilancia del proceso económico, conduce a un estado en que el pez grande se come al chico, frente a un Estado cruzado de brazos.” Igualmente cuando afirma: “La injusta distribución de la riqueza, implica también una injusta distribución de la libertad, donde no es enteramente libre, sino quien tiene los medios económicos para serlo.”

En Nicaragua, particularmente los liberales, tenemos que erradicar tan desarrollada pobreza. Buscar distribuir equitativamente el crecimiento. Ahí está el gran problema que tiene que enfrentar en el proceso electoral que se avecina un buen candidato liberal con mentalidad siglo XXI.

La enorme y obscena desigualdad que existe en Nicaragua impide que la pobreza disminuya y que el país se desarrolle. Los beneficios del crecimiento los coge una minoría que vive en extrema riqueza aprovechándose de un sistema liberal que no debe ser como es.

Lo que necesitan los nicaragüenses son candidatos presidenciales y grupos políticos liberales con mentalidad social que sin codicia y con desprendimiento resuelvan el problema de la mayoría, con proyectos reales de desarrollo social, no con migajas que sigan manteniendo a los nicaragüenses en estado de sobrevivencia.

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lunes, 12 de octubre de 2009

LA PARTIDOCRACIA, RAUL ZAPATA

En Iberoamérica más que democracia hemos una partidocracia, mediante la cual se mantiene el sistema de privilegiaos que impera en nuestro continente. El 10% de los más ricos obtienen entre el 42% y el 47% de los ingresos.

Tenemos bajos índices de desarrollo y altos niveles de desigualdad. En Chile logramos altos índices de desarrollo pero con la misma desigual distribución.

En Venezuela logramos menor desigualdad pero mantenemos bajo nivele de desarrollo, con 12.156,00 dólares de ingreso per cápita, mientras Chile tiene 13.880,00 y Noruega 53.443,00. Esos 12.156,00 dólares son calculados a dólar oficial: 2,15 Bs. F. pero todos saben que su valor real es, en el mejor de los casos, superior a los 430 por dólar, lo que rebajaría nuestro ingreso per cápita a sólo 6.078,00 dólares.

En los países del primer mundo se tienen altos ingresos pér cápita y hay menor desigualdad. En USA, por ejemplo, el 10% más rico obtiene el 31% de los ingresos y en Venezuela; el mejor, en este renglón, de la región; el 10% obtiene el 32,7% de los ingresos.
Tenemos un modelo económico, caracterizado por un fuerte estatismo, que faculta a los políticos, en funciones de gobierno, a otorgar privilegios económicos a una élite, para hacer negocios sin competencia alguna.

Los partidos políticos han sido, por su parte, los garantes del sistema de privilegios que predomina entre nosotros, y los ciudadanos lo perciben. Y los culpan, con razón, de su poca participación en los asuntos públicos y la pobreza general. Vemos además, como en los partidos se encumbran, en los primeros lugares, los aduladores e incompetentes, que garantizan el mantenimiento del estado de cosas, actuando como diques de contención de los reclamos populares. Y como gestores de ciertas mafias empresariales, dominantes. Las formas de asensos sociales y económicos principales, entre nosotros, son la política y las Fuerzas Armadas, y ambas pasan por el compromiso de combatir los intentos de cambio.

Un reto que tenemos, es establecer en la región una economía de mercado, altamente competitiva, donde el protagonismo económico este en manos de nuestros más talentosos y competente empresarios, comprometidos con el país y que garanticen la mejor calidad y precio.
El otro reto es construir partidos políticos democráticos, con elecciones primarias, para que los ciudadanos participen y decidan. Sin tribunales disciplinarios, que sólo sirve de mecanismo represivo contra quienes se atreven a pensar y actuar diferentes. Y donde los dirigentes puedan opinar y votar según su propia conciencia o la opinión de sus electores y no según la línea que le imponga la cúpula partidista. Solo así podremos superar la actual crisis económica y política, sino los comunistas se fortalecerán en nuestro continente.

Raúl Zapata
raulzapataa@hotmail.com
0414-815.1929
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