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miércoles, 3 de junio de 2015

JESÚS ANTONIO PETIT DA COSTA, QUITARLE LA CARETA A LOS COLABORACIONISTAS

A los colaboracionistas, que usurpan el rol de la oposición, hay que quitarles la careta para que podamos lograr el objetivo: el fin de la tiranía comunista
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Hasta 2006 hubo oposición. Solamente puede llamarse así a la que combate a la tiranía combinando todas las formas de lucha, sin descartar ninguna, con el objeto de ponerle fin. Aquella oposición usó indistintamente voto y calle, calle y voto, alcanzando el éxito con la renuncia de Chávez en 2002.
Fue el mayor éxito de la oposición desde el 23 de enero de 1958, cuando puso en fuga al dictador.

Se frustró por culpa de la oligarquía caraqueña que cometió una estupidez mayúscula. En lugar de restablecer la vigencia de la Constitución del 61, dando cumplimiento al mandamiento imperativo contenido en el Art. 250, asumió el poder constituyente para sí dictando decretos sin base constitucional. Entonces todo se vino abajo.

No obstante este tropiezo, se mantuvo viva la oposición, tanto que provocó la intervención de la OEA. Vino a mediar Gaviria, su secretario general. Se instaló una mesa de negociación, la cual demostró que el diálogo sólo sirve a la tiranía porque desmoviliza al pueblo apartándolo de la calle donde radica su fuerza. Aparecieron los primeros colaboracionistas sin dar la cara todavía, iniciando su labor de ablandamiento.

Por su influencia se aceptó la propuesta de Chávez de ir a un referéndum revocatorio, cometiendo este error gente insospechable de colaboracionismo como lo ha demostrado su conducta vertical desde entonces.

He aquí el antecedente de la traición a la rebelión estudiantil de 2014.

Está claro ahora que diálogo y colaboracionismo son sinónimos, porque el diálogo es una maniobra de la tiranía para desmovilizar al pueblo, a la cual se prestan los colaboracionistas.

En 2005 hubo oposición por última vez. Pasando por encima de los partidos, el pueblo se convocó espontáneamente al mayor acto de desobediencia civil que se recuerde. Fue la abstención masiva y militante de 2005. El 85% de los venezolanos no fue a votar. Pero los partidos ya no eran de oposición.

En lugar de convocar al pueblo a la calle para desconocer a las autoridades por ser ilegítimas, fueron presurosos a pedirle perdón al gobierno por la ofensa. Allí nació el espíritu colaboracionista. Identificó Chávez al jefe de partido que concurrió a votar, en contra de la voluntad popular, y lo reclutó como su mejor aliado colaboracionista. Le ofreció darle a él solito la cuota de diputados, alcaldías y gobernaciones sobrante del fraude. Al saberlo, todos los buscapuestos de los demás partidos se alzaron e impusieron la línea del reparto reservado a la comparsa electoral.

Desapareció la oposición, pero los colaboracionistas siguieron haciendo uso de la careta para disimular ante el pueblo. Todos con su careta puesta se sentaron a repartir la cuota asignada por la tiranía. Para organizar el reparto formalizaron una alianza electoral que permite sumar los votos.

Vieron los colaboracionistas que con sólo una alianza electoral corrían el riesgo de que surgieran líderes rebeldes, que se aprovecharan de la suma de votos para conseguir puestos y al mismo tiempo les hicieran competencia, por la derecha y por la izquierda, decidieron amarrarlos a un botalón (así llaman los campesinos al poste grueso de madera que clavan en medio de los corrales y plazas para amarrar a las reses). Con el pretexto de la unidad, constituyeron una estructura que no es partido pero se le parece porque funciona como partido, con un vocero y disciplina. Lo usan los colaboracionistas para garantizarle a la tiranía la comparsa electoral y garantizarse ellos que nadie se atreva a hacerles competencia. Al dejarse amarrar a ese botalón todos los políticos perdieron su identidad ideológica y su perfil propio. Todos quedaron subsumidos en la personalidad de los colaboracionistas, comportándose a su imagen y semejanza.

Estamos presenciando ahora que, sin soltarse del botalón, Ledezma, López y Machado vienen haciendo gestos de independencia, que han tenido el efecto de desesperar a los colaboracionistas, quienes se han retratado de cuerpo entero con el rechazo a la convocatoria de manifestación. Los colaboracionistas han quedado desnudos. Y la careta ha comenzado a caérseles.

Quitarle la careta a los colaboracionistas puede ser tarea que termine uniendo a disidentes como Ledezma, López y Machado con la resistencia, siempre con un objetivo: la renuncia de Maduro, primer paso para el fin de la tiranía comunista que nos ha impuesto Cuba.

Jesus A. Petitt Da Costa
petitdacosta@gmail.com
@petitdacosta

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jueves, 23 de octubre de 2014

ENRIQUE G. AVOGADRO, DESENMASCARAR A LA REINA, DESDE ARGENTINA

"Algunos causan alegría donde quiera que vayan; otros, donde quiera se vayan". Oscar Wilde
La enorme presión del fondo MNL, de Paul Singer, que sólo mostró una puntita de lo mucho que sabe sobre las rutas del dinero Bóvedas Báez/Kirchner y Timba López/Kirchner por el mundo entero, y el natural terror que generó en el ánimo de la Presidente la certeza de quedar desnuda, hizo que cambiara radicalmente la postura del Gobierno respecto a la anunciada negativa a negociar después del 1° de enero de 2015, cuando el artificial argumento de la cláusula Rufo haya dejado de tener vigencia.

El viernes se supo que Alejandro Vanoli, Presidente del Banco Central, comentó ante un grupo de banqueros internacionales que el Gobierno sí negociará entonces; está por verse cuánto durará ahora en su sillón, ya que la Casa Rosada estará tironeada entre dos frentes: cambiarlo, a días de su nombramiento, sería un nuevo papelón mayúsculo; mantenerlo, iría contra la costumbre de matar a quienes dejan filtrar información reservada.


Como Cristina había exigido pegarse un nuevo tiro en el pie, el obediente Congreso sancionó hace poco la Ley de Pago Soberano, que impide ofrecer a los fondos buitre algo más que lo que fue aceptado por quienes entraron en los canjes de 2005 y 2010. Este escollo legal, pequeño para quien está dispuesta a transgredir todas las leyes, Constitución Nacional incluida, no será nada en comparación con el arduo trabajo que deberá desarrollar el área de comunicación del Gobierno para transformar, en el discurso militante, el lema "Patria o buitres" en otro que transfigure a las aves carroñeras en simpáticos canarios; resultará patético observar como digieren los "pibes para la liberación" la sopa de afiches que deberán tragar y aplaudir.

De todas maneras, auguro que este tardío arreglo con quienes obtuvieron sentencias favorables en las cortes norteamericanas no redundará en la lluvia de dólares que el Gobierno espera para transitar, con cierta tranquilidad, el final de su prolongada década. Así, sin dinero y con un panorama económico-social a punto de explotar, sólo le ha quedado el desesperado intento de aterrorizar a quienes reciben tantos planes y subsidios con el fantasma de una oposición aniquiladora; Alfredo Leuco, en su columna de ayer en el diario Perfil, se preguntó si esa campaña para infundir miedo no se refería en realidad a su prolijo inventario de las atrocidades que se cometieron en estos años.

La opinión pública y el periodismo independiente están contemplando, azorados, la falta de iniciativa de todos los "presidenciables" para intentar recuperar el centro de la escena política, ocupada hoy exclusivamente por doña Cristina, dueña de una innegable capacidad de generar hechos que, aunque carezcan de efectos prácticos, consiguen concitar un debate de bajísimo nivel pero no por ello menos efectivo a la hora de ganar los títulares de los diarios.

Quienes desempeñan el rol de opositores en ambas cámaras del Congreso sufren, día a día, el peor "ninguneo" imaginable de parte de sus colegas del oficialismo quienes, escudados en la obligación de responder a mayorías circunstanciales ya perdidas -como quedó demostrado en octubre de 2013-, ejercen su papel de meros votantes formales de todos y cada uno de los disparates que el Ejecutivo envía para su aprobación. El resto de los partidos con representación parlamentaria resulta así totalmente incapaz de modificar la agenda que impone la Casa Rosada, aún cuando ésta contenga iniciativas suicidas o se transformen en simples dibujos, como el Presupuesto Nacional.

En los últimos tiempos, y en los que seguirán hasta que el kirchnerismo abandone -por las buenas o por las malas- el poder, han pasado y pasarán por el Congreso leyes trascendentales para un futuro mensurable en décadas, como el nuevo Código Civil y Comercial, la citada Ley de Pago Soberano, la Ley de Abastecimiento, la Ley Antiterrorista, los futuros nuevos Código Penal y Procesal Penal, la limitación de las medidas cautelares y de la responsabilidad del Estado y sus funcionarios, los acuerdos secretos con el Club de Paris, con Repsol, con Chevron, con China y sus swaps y su base en la Patagonia, con Rusia y, en general, el alineamiento internacional que Cristina nos está imponiendo con estos verdaderos campeones de la libertad y de los derechos humanos. Muchos de esos proyectos, hay que recordarlo, fueron acompañados por algunos idiotas útiles que aún creen ver buenas intenciones tras las iniciativas oficialistas.

De cara a la ciudadanía, y como se ve en todos los medios de comunicación, la oposición está siendo esmerilada por la irremediable falta de acción activa a la que la condena la forma atomizada en que los argentinos hemos votado. En general, los ciudadanos de a pie ignoran quiénes fueron los legisladores que formaron parte de la "lista sábana" que eligieron en cada oportunidad y, mucho menos, saben cómo votaron cada uno de los proyectos que envió el Ejecutivo.

Para cambiar esa imagen, me permitiré formular una sencilla propuesta a todos los senadores y diputados que hoy integran ese confuso magma que, aún oponiéndose, no consigue siquiera unificar su discurso en temas tan absolutamente graves.

Les sugiero que, cada vez que se llame a sesión, en cualquiera de las cámaras, no solamente no presten su presencia para dar quórum, dejando al oficialismo y a sus aliados en soledad, sino que se reúnan en la Plaza de los Dos Congresos. Si es necesario, que armen allí una carpa, como la que tuvieron tantas organizaciones sociales, para sesionar en paralelo; que pasen lista de los presentes y que, tanto la concurrencia cuanto cada una de las intervenciones, sean difundidas en tiempo real por los medios de prensa. Esta conducta permitirá a los argentinos saber quién es quién, y cómo cada uno de ellos representa a sus mandantes y a los intereses de éstos y evitará que el desgaste al que los somete el oficialismo siga contribuyendo al desprestigio de toda la actividad parlamentaria.

Así, la desnudez de la Reina quedará expuesta, y se verá que sólo cubren sus cada vez mayores impudicias los legisladores cómplices que pretenden conservar sus prebendas y, para ello, están dispuestos a cometer las más injustificables bajezas. Si la oposición no asume, ya mismo, una actitud como la propuesta, u otra similar, demostrará que es verdaderamente incapaz de comandar, en el corto plazo, la indispensable recuperación de la Argentina.

Cuando el hombre comenzó a organizarse en comunidades, creó una organización, a la que llamó "estado", para encomendarle algunas funciones básicas para la vida en común:  la creación de una moneda que permitiera las transacciones superando al trueque, la seguridad de la comunidad, la salud y la educación de sus miembros, la defensa pública y la administración de justicia. Desde ese punto de vista, resulta claro ya que el nuestro es un Estado fallido, puesto que no está cumpliendo -ni se encuentra en condiciones de hacerlo- ninguna de esas funciones que el pacto social -la Constitución Nacional- le ha delegado. 

Si nuestra sociedad no recupera rápidamente a su Estado y termina con todos los males que dejará el kirchnerismo -el narcotráfico es uno de los principales-, la propia Argentina se transformará en un país inviable y, como ha sucedido con tantos otros en la historia, dejará de ser una nación independiente. Se convertirá así, simplemente, en un rico territorio susceptible de desmembración, ya que el mundo no puede darse el lujo de dejar que tantos dones de la naturaleza, que le han dado un lugar de privilegio a la hora de producir alimentos y energía, se encuentren en manos de cuarenta millones de imbéciles suicidas.

Tal vez, sólo tal vez, podamos evitarlo si conseguimos ser muchísimos quienes, el 13 de noviembre, saldremos a decir que no queremos ese destino. Depende de nosotros.

Enrique Guillermo Avogadro
ega1avogadro@gmail.com
@egavogadro

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