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sábado, 3 de agosto de 2013

CARLOS E. AGUILERA A., LA CONFRONTACION POLITICA

Hay quienes se preguntan por qué fuerzas sociales y políticas no pueden crear consensos generando paz y estabilidad democrática, para que los problemas del país se comiencen a resolver. Algunos experimentan una sensación de fastidio porque fácilmente, cualquier diferencia, entre políticos, gobernantes y oposición, se convierte en abierta confrontación. Parece que lo racional en quienes detentan el poder hoy en Venezuela  fue desplazado, predominando lo instintivo. De esta manera, discrepancias ideológicas, políticas y culturales derivan en confrontación. Se percibe que no saben actuar con madurez y tolerancia frente al debate político y a los problemas que ultrajan al país nacional

José María Maravall en su libro “La confrontación política” refiere las estrategias de los políticos para detentar el poder y disponer de autonomía respecto de los ciudadanos. La primera cuestión que analiza es la de la crispación. ¿Por qué razones algunos rechazan estrategias de convergencia y moderación, en busca del voto de la mayoría, y optan por una polarización radical? El autor explica esta opción en base  a cálculos racionales que atienden paradójicamente a votantes moderados y estudia sus consecuencias sobre la política democrática.

Por otra parte, algunos politólogos y psicólogos sociales, sostienen que esta práctica tiene que ver con quienes niegan la sicología social y la cultura de los diversos grupos sociales, étnicos y regionales, como es el caso de nuestro país que a lo largo de 14 años rechazan el diálogo, tolerancia y respeto en sus distintas manifestaciones y hacen uso de la violencia, el insulto y el cobarde agavillamiento contra quienes disienten del llamado socialismo del siglo XXI, marxista, bolivariano y como lo afirmara Fidel Castro en una entrevista por VTV hace algunos meses: COMUNISTA

Para otros, la causa proviene del caudillismo y caciquismo que con sus matrices autoritarias y de confrontación, que se expresa en el medio social, y luego se reproduce en la comunidad. Este último aspecto es un elemento que activa esa conducta, pues incide sobre la sociedad, a través de mensajes que penetran en la conducta del individuo. Pero la pregunta que formulamos para comprender esta determinación es ¿Por qué actúan así? ¿Qué es lo que determina esta conducta?

Los aspectos que inciden sobre la confrontación que observamos en estos tiempos que vivimos tiene que ver con:

a) La deficiente calidad y escasa cultura política y conducta de quienes en los actuales momentos detentan el poder.

b) El diseño, presencia y acción de una política tutelada, excluyente, que restringe y bloquea la participación social y del desarrollo democrático. Esto tiene que ver con el tipo de gobierno actual que no procesa ni asume la diversidad socioeconómica, étnica y regional del país. Un gobierno que excluye la sociedad y no educa para el consenso sino para la confrontación y el disenso.

c) Una estructural débil de la cultura, tradición e institucionalidad que se caracteriza por el despotismo, el grito y el insulto.

d) La negación de acuerdos políticos con las distintas fuerzas de la oposición, lo cual evidentemente debilita la institucionalidad, la democracia y a los ciudadanos.

e) La calidad de la educación social y cívica que se imparte en las aulas de escuelas, liceos y universidades y que poco o nada contribuyen a crear un ciudadano crítico, participativo democrático y respetuoso del pluralismo ideológico.
f) La constante confrontación, para crear de esta manera una sicología y cultura del excluido, al que se le considera sujeto político, que esquiva acudir a las a instancias institucionales y legales.

Quienes detentan el poder actualmente no entienden que para hablar hay que saber escuchar y este binomio es el que sustenta el diálogo y crea las bases del respeto y tolerancia. Estos y otros aspectos son la raíz de esa confrontación.

En Grecia,  hubo dos estados democráticos: el ateniense y el espartano. Los atenienses fueron los creadores de la democracia directa, los espartanos de la democracia representativa, una falsificación de la anterior. Los atenienses no sufragaban, pues sabían que el voto favorecía a los acaudalados, a los de "noble cuna", a los embaucadores y a los exitosos. La democracia ateniense era deliberante, racional, expositiva, y los ciudadanos discutían las cuestiones de estado en la plaza. Los ciudadanos espartanos, en cambio, eran simples espectadores, votantes manipulados, pues elegían aplaudiendo o pifiando a los candidatos. La de Atenas era la democracia como gobierno del pueblo. La de Esparta era una democracia como gobierno de los políticos.

¿Cuál es la nuestra?

Miembro fundador del Colegio Nacional de Periodistas  (CNP-122)
careduagui@yahoo.com // @_toquedediana

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martes, 14 de mayo de 2013

CARLOS E. AGUILERA A., EL FASCISMO EN “PENDRIVE”

Cuando a la oposición se le tilda alegremente y sin empacho alguno de fascista, como ha venido ocurriendo en los últimos tiempos, uno se ve en la imperiosa necesidad de aclarar algunos conceptos emitidos por panfletistas del régimen, que pretenden hacer creer a la opinión pública que su revolución socialista, marxista, bolivariana, y por ende comunista,  está enmarcada en las necesidades de las políticas sociales que amerita el país.
Comenzaremos por referir que el difunto eX Presidente  fue un fiel ejecutor de lo que su asesor y mentor en cuestiones ideológicas Norberto Ceresole,  puso en marcha al inicio de la llamada revolución bolivariana, para llevarla a cabo y que hasta ese momento aún no se denominaba Socialista del Siglo XXI. El sociólogo sureño tuvo marcada influencia en los inicios del gobierno  con su llamada noción de Caudillo+Ejército+Pueblo,  que por cierto ya había sido esbozada dentro del chavismo por J.R. Núñez Tenorio.
Ceresole sostenía la tesis de que “el modelo venezolano no se parecía a nada de lo conocido, aunque nos recuerda una historia propia, que generalmente hemos negado por nuestra anterior adscripción y subordinación ante los tabúes del pensamiento occidental-racionalista (marxismo incluido). Se diferencia del «modelo democrático» -tanto liberal como neo-liberal- porque dentro del orden popular (mandato) está implícita — con claridad meridiana — la idea de que el poder debe permanecer concentrado, unificado y centralizado (el pueblo elige a una persona que es automáticamente proyectada al plano de la metapolítica) y no a una «idea» o «institución»” (sic)
Muchos se preguntarán: ¿ Y que tiene que ver Ceresole con el fascismo?. Ciertamente que nada. Salvo la similitud de sus dogmas filosóficos en los que prevalecía el Estado cívico-militar que a la larga marcaría una tendencia que hasta el día de hoy se observa en el gobierno chavista, que va ya para los 15 años, con el nazismo que trata de la ideología oficial del NSDAP (Partido Nacionalsocialista de los Trabajadores Alemanes) comúnmente conocido como Partido Nazi, cuyo fundamento no tuvo excesiva elaboración teórica, apropiándose, en gran medida, de las ideas fascistas según las cuales el Estado, para reservar su cohesión y unidad, debía de ser totalitario.

La admiración por la fuerza bruta y el culto al jefe único fueron otras dos nuevas aportaciones del nazismo. La situación social y económica de Alemania después de la Primera Guerra Mundial y el oportunismo de Hitler hicieron el resto. Hitler y el Partido Nazi lograron un apoyo popular de gran magnitud como para animar a Alemania a lanzarse a la conquista de Europa, y en consecuencia a la Segunda Guerra Mundial. Algo así –salvando las distancias - como la pretensión del chavismo de que con “la espada de Bolívar que camina por América Latina”, ganar adeptos a su causa, en los pueblos favorecidos con las dádivas generadas por los ingentes recursos generados por el petróleo venezolano.
Conviene advertir que desde sectores de izquierda el nazismo ha sido denunciado como un producto inevitable del capitalismo y, sobre todo, como fruto de las tendencias imperialistas de los Estados más fuertes. Según estas impresiones, el germen capitalista que impregna la sociedad hace posible expresiones de este tipo amenacen cíclicamente a la humanidad, y quizás por ello escuchamos a diario por boca de los dirigentes del oficialismo, que todos los males que aquejan a los venezolanos, son producto del capitalismo salvaje impuesto por el imperio de los Estados Unidos. Es algo así como si a cada uno de los militantes del PSUV le hubiesen dotado de un “pendrive”, que lo colocan en su cerebro cada vez que necesitan despotricar contra quienes los adversan
Quienes pretenden hacer creer que la oposición es fascista, están arando en el mar, puesto que no lo lograrán por cuanto el pueblo está totalmente claro con su conciencia nacionalista y piensa en si misma como sujeto de relaciones sociales, institucionales, históricas, políticas, culturales y, en general, de todas las manifestaciones de la convivencia humana. Está consciente además de su protagonismo en los procesos históricos, sociales, políticos, culturales y otros, en el marco y  concepto de soberanía, legitimidad, supervivencia, economía y autodefensa, y por último despojada totalmente de prejuicios étnicos, religiosos y de cualquier otra naturaleza.
En esencia, la oposición no comulga con la teoría fascista de que la desigualdad de clases es natural y provechosa; que las elites dirigentes son las que deben gobernar; que las libertades individuales no son derechos, sino concesiones que hace el Estado, siempre y cuando no sean perjudiciales; que el pacifismo no es sino una muestra de debilidad y que es necesaria la creación de un orden social jerárquico, entre otros puntos. Así actúo el fascismo y Mussolini fue su más fiel exponente.
He allí la diferencia entre una oposición nacionalista y un régimen fascista.
Como solía decir el difunto Ex Presidente y ahora imitado por su devenido inquilino del Palacio de Miraflores: ¡ El que tenga oídos que oiga y el que tenga ojos que vea”
Miembro fundador del Colegio Nacional de Periodistas  (CNP-122)
careduagui@yahoo.com  // @_toquedediana

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martes, 7 de mayo de 2013

CARLOS E. AGUILERA A. EN DEMOCRACIA TODO, SIN DEMOCRACIA NADA….

Se entiende que la democracia es un sistema que permite organizar un conjunto de individuos, en el cual el poder no radica en una sola persona sino que se distribuye entre todos los ciudadanos. Por lo tanto, las decisiones se toman según la opinión de la mayoría. 
También se entiende como democracia al conjunto de reglas que determinan la conducta para una convivencia ordenada política y socialmente. Se podría decir que se trata de un estilo de vida cuyas bases se encuentran en el respeto a la dignidad humana, a la libertad y a los derechos de todos y cada uno de los ciudadanos.
La democracia tiene un significado útil sólo si se le define en términos institucionales. La institución clave en una democracia es la elección de los líderes por medio de elecciones competitivas. Joseph Schumpeter en 1942, señaló que: "El método democrático es aquel mecanismo institucional cuyo fin es llegar a decisiones políticas, en la cual los individuos adquieren la facultad de decidir mediante una lucha competitiva por el voto del pueblo".
En democracia se puede ganar por un voto de diferencia y el triunfo será legítimo en la medida en que el proceso electoral, incluyendo el conteo, sea transparente, para lo cual se requiere que el organismo rector electoral actúe con independencia y al margen de cualquier presión política. Cuando eso no ocurre y la institución electoral se muestra dependiente y servil, las sospechas acerca de un eventual fraude no deben ser descartadas.
Queda también claro que la experiencia de procesos políticos como el de nuestro país tiene marcada la huella del caudillismo, cuya fuerza vital surge de la poderosa presencia de un liderazgo el cual, casi de forma inevitable, no contempla herederos, sucesores ni delfines. Nicolás Maduro podrá invocar cuantas veces quiera el espíritu del ex presidente fallecido, pero jamás será su  duplicado y ese es su gran problema. Maduro es un político del montón, sin carisma ni madera de liderazgo, por lo que ahora se comprende la urgencia con la que se convocó a las elecciones una vez fallecido el ex presidente pues si las elecciones se hubiesen dado, por ejemplo el 15 de mayo, con toda seguridad el resultado hubiese sido un gran revés para Maduro. En todo caso la lección es categórica y se aplica a procesos similares en otros países de la región.
Cuesta admitir, por otra parte, las opiniones de algunos gobernantes amigos del proceso chavista, al manifestar que la victoria electoral de Maduro simboliza el triunfo sobre el oprobio y el yugo representados por la derecha reaccionaria, pues de ser cierta aquella afirmación estaríamos presenciando una verdadera revolución política en Venezuela. 
Lo que ocurrió simplemente es la constancia de una nación que, más allá de estar dividida electoralmente en partes iguales, exhibe las señales de un notable enervamiento social que tiene su origen en el discurso atropellador, excluyente y divisionista que ha caracterizado siempre a la verborrea oficialista. La mitad de Venezuela está harta, no solo de la inseguridad y del mal manejo económico, sino principalmente de ser rehén política de un proceso clientelar y amargo.
La otra lección que nos deja el proceso electoral celebrado el pasado 14 de abril es que en ocasiones se gana perdiendo, pues en realidad si alguien ha salido victorioso en estas circunstancias es Henrique Capriles, quien tuvo el valor de enfrentarse a la enorme logística estatal puesta al servicio de Maduro.  Esto significa que el liderazgo de Capriles y de la oposición se ha reforzado, pero también que el descontento de la población con el manejo del país empieza a sentirse, pues Venezuela  pese a ser el primer productor de petróleo de Sudamérica y el quinto a escala mundial, atraviesa por una situación calamitosa en el ámbito económico e incluso social. La inflación es la más alta de la región (20,1% en el 2012). La escasez de alimentos de primera necesidad como carne, arroz, azúcar y café ronda en el 20%.
El gobierno chavista contrajo  una deuda pública que alcanza los 200 000 millones de dólares, sin contar las obligaciones con China por la venta anticipada de petróleo. Luego el 70% de todo lo que se consume en el país es importado, lo que nos lleva a considerar que el aparato productivo está destrozado. A esto se añade el golpe que ha representado para la economía popular las dos recientes devaluaciones de la moneda.
Pese a que el castro comunismo  se ha jactado de tener una inversión social considerable, los índices de inseguridad y homicidios son uno de los más altos de América Latina y el mundo. Ha rebasado incluso los niveles de México y Colombia. La violencia en Venezuela cobró el año pasado 21 692 personas. En consecuencia, tanto el modelo económico como social aplicado muestra ahora sus debilidades.
No funcionó en su totalidad la estrategia de endosar los votos del difunto a Maduro. Si se analiza en detalle los resultados de las votaciones, todo hace prever que estamos ante el declive del castro comunismo en venezuea. Si finalmente el oficialismo, a través del Consejo Nacional Electoral, logra imponer los resultados, Maduro enfrentará una situación realmente difícil.
El colapso de la economía. La creciente violencia e inseguridad ciudadana. La polarización ideológica y la inminente confrontación política a raíz del cuestionamiento de los resultados electorales, avizoran tiempos extremadamente difíciles.
Miembro fundador del Colegio Nacional de Periodistas (CNP-122)
careduagui@yahoo.com
@_toquedediana

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jueves, 2 de mayo de 2013

CARLOS E. AGUILERA A., LA “MORAL POLÍTICA” DEL OFICIALISMO

 “Los partidos políticos triunfan o son destruidos por sus conductores. Cuando un partido político se viene abajo, no es el partido político quien tiene la culpa, sino el conductor” Juan Domingo Perón
De nada ha servido crear leyes electorales  y dotar de autoridad discrecional a los organismos que rigen esta materia, porque la máxima de Maquiavelo de que “el fin justifica los medios”  termina por demostrar que la lucha por el poder se hace más cruenta, más bárbara, pues no importa pisotear dignidades y sentimientos,  mediante la mofa y falta de respeto a sus adversarios políticos y al país nacional.
Y esto ocurre debido a la pobreza de la cultura política que exhiben ciertos representantes en el seno del Poder Legislativo. El debate por parte de actores del oficialismo  consiste en acusaciones sin sustento, sin pruebas y se convierten en meros pleitos callejeros con lenguaje procaz,  grosero, intimatorio y sarcástica burla que traslada a sus seguidores, quienes hacen gala de una postura radical contra los que se encuentran en la acera de enfrente, por no compartir  sus maneras de pensar y de sentir.
Además de los ataques personales, los sucesos ocurridos en días pasados en la Asamblea Nacional convirtieron a la sede del Poder Legislativo, en un escenario dantesco como si se tratara de un circo romano,  en el que las fieras dan rienda suelta a su voraz apetito destrozando a sus presas indefensas. Antes de este lamentable espectáculo,  se denostó  contra sus víctimas a través de correos electrónicos, redes sociales, canales de la televisión y  medios impresos oficiales. El espionaje telefónico –penado por ley –  fue una de las herramientas para llevar a cabo su alevosa  actitud y despotricar de los “bandidos, ladrones, traficantes, imperialistas, mercenarios y vende patrias” (sic), sin el menor recato y vergüenza.
Estas campañas del miedo, de ataques personales y demás argucias falaces son  conocidas bajo el concepto de violencia política o bien, bullying político. El incremento de la perversión del poder, ha provocado que quienes disfrutan el privilegio de mandar, cometan actos que atentan en contra de la dignidad de la persona, implementando situaciones deshonestas que denigran de la integridad de sus adversarios, además  de campañas y guerras sucias con solo el objetivo de dañar su imagen. Y es que la perversión de los actores del oficialismo ha llegado a extremos insospechables e inauditos.
En numerosas ocasiones hemos escuchado a los personeros del oficialismo invocar a connotados líderes de procesos políticos, como paradigmas de la llamada revolución bolivariana del siglo XXI, entre otros al parlamentario, abogado y político neogranadino Jorge Eliécer Gaitán, vilmente asesinado en Bogotá el 9 de abril de 1948. Pero desconocen que este ilustre hombre, pese a haberse declarado socialista, pues hasta incorporó muchos de los postulados marxistas en  su lectura de la realidad, no proponía un cambio radical del sistema sino una transformación gradual, que beneficiaría no sólo a las clases populares sino a sectores medios y de empresarios.
Históricos son sus discursos en la calle y en el parlamento. Uno de ellos, pronunciado en la Plaza Bolívar de Bogotá y que denominó “Una oración por la paz”,  que debería ser de necesaria lectura para los apóstoles de socialismo, marxismo, bolivariano del siglo XXI,  por lo que nos permitimos transcribir parte del mismo,  para que les de luz y brillo a su accionar político:
"Señor Presidente Mariano Ospina Pérez: Bajo el peso de una honda emoción me dirijo a vuestra Excelencia, interpretando el querer y la voluntad de esta inmensa multitud que esconde su ardiente corazón, lacerado por tanta injusticia, bajo un silencio clamoroso, para pedir que haya paz y piedad para la patria.
Señor Presidente: Serenamente, tranquilamente, con la emoción que atraviesa el espíritu de los ciudadanos que llenan esta plaza, os pedimos que ejerzáis vuestro mandato, el mismo que os ha dado el pueblo, para devolver al país la tranquilidad pública. ¡Todo depende ahora de vos! Quienes anegan en sangre el territorio de la patria, cesarían en su ciega perfidia. Esos espíritus de mala intención callarían al simple imperio de vuestra voluntad.
Amamos hondamente a esta nación y no queremos que nuestra barca victoriosa tenga que navegar sobre ríos de sangre hacia el puerto de su destino inexorable.
Nosotros, señor Presidente, no somos cobardes. Somos descendientes de los bravos que aniquilaron las tiranías en este suelo sagrado. ¡Somos capaces de sacrificar nuestras vidas para salvar la paz y la libertad de Colombia!
Impedid, señor, la violencia. Queremos la defensa de la vida humana, que es lo que puede pedir un pueblo. En vez de esta fuerza ciega desatada, debemos aprovechar la capacidad de trabajo del pueblo para beneficio del progreso de Colombia.
Señor Presidente: Nuestra bandera está enlutada y esta silenciosa muchedumbre y este grito mudo de nuestros corazones solo os reclama: ¡que nos tratéis a nosotros, a nuestras madres, a nuestras esposas, a nuestros hijos y a nuestros bienes, como queráis que os traten a vos, a vuestra madre, a vuestra esposa, a vuestros hijos y a vuestros bienes!
Os decimos finalmente, Excelentísimo señor: Bienaventurados los que entienden que las palabras de concordia y de paz no deben servir para ocultar sentimientos de rencor y exterminio. ¡Malaventurados los que en el gobierno ocultan tras la bondad de las palabras la impiedad para los hombres de su pueblo, porque ellos serán señalados con el dedo de la ignominia en las páginas de la historia!"
Una clara y diáfana demostración del verdadero talante democrático del caudillo colombiano, que debería ser asimilado por quienes exhiben falsos ropajes de demócratas, contrariando la esencia y el espíritu de una pueblo que anhela vivir en paz y armonía, sin odios, rencores, injusticias y atropellos a la dignidad del ser humano.
Necesariamente tendríamos que tomar  como punto de referencia la distinción entre «la moral política» y «la política moral», junto a la valoración que Kant hace de ambas posibilidades, al explicar que una “moral política sería una aberración, mientras una política moral es, precisamente, el fin que debemos desear para la política”.
Se puede concebir un político moral, es decir, un político que entienda los principios de la habilidad política de manera que puedan coexistir con la moral, pero no un moralista político que forje una moral útil a su propia conveniencia. Es decir, la política es moralmente legítima, más no un atributo que la determine para ponerla al servicio de mezquinos intereses, como bien lo refiere un fragmento de “La paz perpetua”.
¡He allí, la lección!!
Miembro fundador del  Colegio Nacional de Periodistas  (CNP-122)
careduagui@yahoo.com
@_toquedediana

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domingo, 24 de marzo de 2013

CARLOS E. AGUILERA A., EL ODIO EN EL ESCENARIO ELECTORAL

No ha habido espacio en el que Maduro, Cabello, Jaua, Jorge Rodríguez y otros voceros del oficialismo descarguen su visceral odio en contra del candidato presidencial de la oposición Henrique Capriles.
En sus diatribas utilizan injuriosos adjetivos con los que pretenden descalificarlo para hacer mella a su candidatura, pero ignoran que este agavillamiento, aunado al ventajismo del poder,(recursos económicos, utilización de bienes del estado, medios públicos de TV, emisoras comunitarias, periódicos, revistas, quincenarios y panfletos), lejos de perjudicar a Capriles le está brindando en este nuevo reto, un inconmensurable apoyo moral no sólo de quienes depositaron su confianza en su candidatura presidencial en el pasado proceso electoral en el que obtuvo nada más y nada menos, que 6.700.000 millones de votos, sino también de gentes que por múltiples razones se abstuvieron en aquella ocasión de depositar su voto.
Y estamos hablando de más de 3.000.000 millones de venezolan@s que ahora ven en la candidatura presidencial del flaco, la expiación de sus “mea culpa” que permitió se atornillaran en el poder  los que ahora no ocultan su ambición por mantenerse en el mismo.
Pero, volviendo al inicio del tema de este artículo de opinión, el odio que expresan en sus declaraciones, ruedas de prensa, entrevistas por VTV y medios del oficialismo estos personeros del partido de gobierno contra Capriles, es una manifiesta demostración de lo que algunos expertos psicólogos califican que este sentimiento proviene del nacimiento y la crianza que a posteriori se convierten en caldo de cultivo de reacciones y sentimientos ruines, pues muchos de quienes expresan odio, en algún momento fueron ignorados, rechazados, maltratados o abandonados y son respuestas que en ocasiones nacen del odio por si mismo.
Entendemos y de acuerdo a lecturas que a lo largo de nuestra carrera profesional hemos realizado, el odio tiene una función de autoprotección de la dignidad, de defensa del ego, pues una válvula del resentimiento o la respuesta a una injusticia notable o reiterada, pero pese a las formas de justificación que puedan tener, es negativo en muchos aspectos, pues además afecta la salud, especialmente el sistema inmune, el hígado y el corazón. Se ha llegado incluso –de acuerdo a numerosas investigaciones – a encontrar relación entre algunos tipos de cáncer y odios profundos no perdonados.
En el marco de las relaciones personales, el odio es un mortífero veneno que impide el encuentro, la comunicación, la armonía y la convivencia basada en la comprensión, el acuerdo, el aprecio y el respeto. Odiar es muy fácil,  pues solo basta con pensar que somos los buenos, los indicados, las víctimas. Menos fácil es dejar de odiar, ya que se requiere mente abierta y corazón dispuesto, para enfrentar el veneno. No hay mucha ciencia en quejarse, morder, gritar, insultar, maldecir y golpear. Para eso sólo basta seguir el instinto animal; tener una excusa, elegir un enemigo y verter en la sangre un poco de adrenalina.
Nunca antes en la historia de Venezuela, en los procesos electorales durante el quinquenio democrático, en la era pre chavista, se había utilizado el poder con tanta abulia, abuso, prepotencia e insultos de toda índole con lenguaje vulgar y falta de respeto contra los adversarios que aspiran a dirigir los destinos de la nación. A ello sumamos el caos  tan profundo, que lo sume en una dolorosa tragedia. Un país en el que  entre otras cosas, la corrupción se ha convertido en un virus mortal que está desarticulando todas las arterias vitales que sustentan su estructura social así como son los principios éticos y espirituales, los valores morales y cívicos, que constituyen el pedestal sagrado que alimenta e impulsa su civismo, desarrollo y grandeza. 
Y es que el candidato del oficialismo está más distraído en atacar a su adversario Capriles, por lo que no ha tenido tiempo en los 100 días que lleva al frente del poder,  para apagar el fuego de la indignación popular que él mismo suscita por falta de un programa de gobierno, serio y responsable como le impone y exige su alta investidura. Esta laxitud ha profundizado la crisis económica, así como de la impunidad ante el incremento de la inseguridad que tanto daño le está haciendo a la familia de miles de hogares venezolanos, y que jamás se había registrado en la historia del país.
Maduro olvidó que su más alto compromiso no es con la tan cacareada y mal llamada revolución bolivariana,  sino con el colectivo nacional anhelante de la paz y tranquilidad de la que siempre disfrutó en años pretéritos.
Tienen vigencia ahora más que nunca las palabras de Lord Chesterfield, quien en cierta ocasión subrayo: "La gente odia a quienes les hacen sentir su propia inferioridad".
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