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LA LIBERTAD, SANCHO, ES UNO DE LOS MÁS PRECIOSOS DONES QUE A LOS HOMBRES DIERON LOS CIELOS; CON ELLA NO PUEDEN IGUALARSE LOS TESOROS QUE ENCIERRAN LA TIERRA Y EL MAR: POR LA LIBERTAD, ASÍ COMO POR LA HONRA, SE PUEDE Y DEBE AVENTURAR LA VIDA. (MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA) ¡VENEZUELA SOMOS TODOS! NO DEFENDEMOS POSICIONES PARTIDISTAS. ESTAMOS CON LA AUTENTICA UNIDAD DE LA ALTERNATIVA DEMOCRATICA
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sábado, 4 de abril de 2015

GOLFREDO DÁVILA, ALGUNOS CONTRASTES DEL PRESENTE

La cúpula gobernante y algunos sectores de la oposición consideran que la sociedad venezolana se dirime entre izquierda y derecha o entre capitalismo y socialismo. Todo ese discurso, además de malintencionado es confusionista y no dibuja nuestra realidad. Una manera de identificar lo que se vive, es comparando el discurso con hechos, o conceptos con realidades. Allí se expresan dos caminos, uno señala como seguir hundiéndonos, el otro como salir de este atolladero. Veamos:

1.      Contraste entre la economía productiva y la especulativa. En estos 16 años de régimen, se ha exacerbado el capitalismo rentista petrolero y su componente estatista, se agravaron todos los males heredados y surgieron otros. La especulación financiera es heredada, pero hoy se asume como estrategia de preservación del poder. Además, para cualquier empresario, funcionario público o persona natural que cuente con bolívares, es mucho más fructífero ingresar a ese bajo mundo que invertir en la producción, si a ello le sumamos la maquinita de imprimir dinero inorgánico en que se convirtió el Banco Central, la inseguridad jurídica, los despojos al sector productivo, el resultado es entonces un país que no produce, que vive de los impuestos y del aporte del 96% de las divisas petroleras. La solución está en hacer todo lo contrario, debemos superar la especulación financiera, diversificar la economía y una política dirigida a rescatar el aparato industrial, la agroindustria y construir un nuevo país agrícola.

2.      El populismo contrasta con los intereses populares, evoca al pueblo, pero al mismo tiempo lo niega. El socialismo del siglo XXI, fortaleció la vieja práctica y cultura populista de América Latina. Un Estado embustero y controlador que practica el populismo ramplón, padece de una enfermedad contagiosa, frena el crecimiento individual y colectivo de la gente, la somete a un mundo de alienación absoluta y a una visión disociada de la realidad., socaba las bases de la verdadera participación ciudadana y de las organizaciones autónomas de la sociedad, refuerza el reparto de renta, la dependencia del ciudadano respecto del Estado y un proyecto de nivelación por abajo, que se ha traducido en más pobreza.

3.      Contraste entre democracia y autoritarismo. Que se realicen elecciones con frecuencia, no significa que se viva la democracia y menos si ellas están impregnadas de ventajismo. No cumplir el ordenamiento jurídico o que no haya separación de los poderes, no son los únicos elementos que cualifican a un régimen como autoritario, sino el abandono absoluto de los principios que rigen la democracia como cultura de vida, no por ignorarlos sino por su sed de poder. Humberto Maturana, biólogo chileno, nos dice; “vivir la democracia, es mirar y reflexionar sobre nosotros como seres humanos que podemos vivir en un hacer responsable y ético, en la colaboración y la co-inspiración; un hacer fundado en el respeto por nosotros mismos y los demás, en la continua configuración de un ámbito de convivencia que genera alegría y bien-estar”. El autoritarismo es una convivencia en la exigencia de obediencia y sumisión, también hay a quienes les place obedecer y ser sumisos, entonces no es una condición que se impone sólo de arriba hacia abajo. Un elemento que niega la democracia, es el no escuchar al otro, ignorarlo, ningunearlo y esa es una práctica no solo de quien actualmente ejerce el poder, eso está en los tuétanos de la vieja política.

4.      Contraste entre las nuevas formas de hacer política y la vieja política. La vieja política está arraigada en las dos hegemonías que polarizan. Hay un miedo excesivo a los cambios, a la renovación de liderazgos y de discursos, al debate sincero, desinteresado y diáfano. La política de altura, coloca en primer orden los intereses del país y de la gente, es un apostolado de servicio a la sociedad, guía el camino en la construcción de ciudadanía, en la promoción de nuevos valores, en el ejercicio pleno de la democracia, la amplitud, la inclusión, la unidad sincera y la participación. Para las hegemonías estas cuestiones son baladíes, el dialogar sobre estos aspectos, son perdedera de tiempo. Siguen impregnados del quítate tú para ponerme yo, el asunto es controlar el poder, ahí culmina su política. 

5.      Contraste entre el partido político y las franquicias o los llamados partidos de maletín. Un partido sea de cuadros o de masas, es una expresión de los intereses diversos que coexisten en una sociedad, tiene estructura, tienen principios, programa y funcionan de acuerdo a sus estatutos: Las franquicias tienen un dueño y tienen sucursales, se venden al mejor postor, renacen en cada proceso electoral para negociar la tarjeta y en nada tienen que ver con la gente ni con los intereses de nadie. Allí funciona el interés del dueño, afecta principalmente a quienes hacen vida política, pero terminan siendo un eslabón dañino de la cadena, que repercute negativamente en la sociedad.

6.      Contraste entre transparencia y corrupción. En nuestro país, el ejercicio del poder con transparencia pasó al olvido, acá pulula el pillaje y se promueve desde arriba, sin embargo, no es una condición sólo de la cúpula gobernante, la oposición también tiene sus pillos. En el gobierno la competencia no es por quien presta mejores servicios, sino por ser el corrupto más capaz, aquel que maniobra mejor en los hilos del poder sin ser descubierto. Quienes hoy se preocupan por lo público y la necesidad de combatir la corrupción, son algunos sectores de la sociedad y factores políticos que tenemos por principios la justicia, la honestidad y la honradez; las grandes mayorías, aun cuando reconocen que la corrupción carcome todas las instituciones, se dirimen entre la cola y la zozobra que produce la impunidad y el delito. La sociedad que está por construirse debe blindarse contra la corrupción.

Golfredo Davila
golfredodavila@gmail.com
@golfredodavila

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miércoles, 4 de marzo de 2015

RAFAEL BELLO, LA AGONÍA DEL AUTORITARISMO

Por lo menos un siglo estaremos en el poder, solían decir con el desparpajo arrogante, los envalentonados que se creyeron dueños y señores del destino de los venezolanos. No se imaginaron que algunos años después ante el desastre consumado contra las finanzas públicas, estarían cumpliendo condenas en cárceles del imperio y, otros en vías de estarlo, por lo que ya son hechos que abarcan centimetraje en los diferentes medios de comunicación del  mundo. Todo cuanto se creía imposible se está viendo, mientras nada puede detener el ímpetu colectivo venezolano del cambio. Eso que llamaron revolución se diluye en la perversión del poder abyecto.

  El resultado es la autenticidad de la miseria humana prevalida del ese poder irrefrenable del abuso del poder. Allí está el país en la más lamentable situación en la que campea la desesperación de millones de seres humanos que no encuentran los productos esenciales para la subsistencia.
 Un país petrolero con altos ingresos que los devora la corruptela que deja una larga estela de hechos que, más temprano que tarde, estarán en el lugar que la conciencia nacional asume en la defensa de los valores fundamentales de la república. Todo ello ha representado la tragedia que vive el país en estos años sombríos de su existencia que se cuentan en tres lustros. 
  Es desde todos los ángulos que se mire, lo más triste que se ha vivido en esta nación durante todos estos largos años cuando estaban dadas las condiciones excepcionales para el crecimiento sostenido de la economía y, con ello, el impulso del bienestar económico y social.  Era la Venezuela que miraba con optimismo su porvenir pero que, la política de la miseria humana del oportunismo, configurada en la ambición sin límites de la apropiación del ingreso petrolero, trastocó hasta dejar al país en estado ruinoso y en la más humillante condición de endeudamiento externo.
  Todo fue producto de la perversidad consumada con los ingresos de la nación en miles y miles  de millones de dólares que, ahora forman parte, del expediente del saqueo de los fondos de la República. Venezuela ha sido durante todos estos años de la persistente condición delictual con la apropiación de los bienes de la República, la más insólita manera de la corrupción administrativa en lo que va del presente milenio.
  Se cumple el axioma todo tiene su final, es lo que recorre el sentido ético y moral de la sociedad venezolana. Todo tiene su final es eso que avanza en el alma venezolana que le imprime fortaleza a la lucha sostenida en la calle por la valerosa actitud de sus estudiantes que se manifiesta en la unidad nacional que cobra dimensiones heroicas contra el brutal accionar totalitario. La protesta nacional es cívica con las armas de la razón, mientras la respuesta es el accionar de armas de guerra que dejan muertos y heridos. Todo ello es producto de lo que ya se ve venir en el país: el fin de la barbarie que deja su estela de horror en el pueblo venezolano en tiempos que han debido ser deseables de armonía y paz.
  Estado agónico vive el régimen autoritario. No es posible el olvido de tanto daño causado tan solo por la ambición del poder y la pretensión hegemónica autoritaria en el tiempo. 
  Somos una nación afincada en la fuerza de la dignidad del trabajo y la fe en su juventud talentosa, valiente y desprendida en función del bienestar económico y social de los venezolanos. Ahora: el ejemplo de la lucha del civilismo venezolano, nos colocan frente a la realidad imperativa del desarrollo nacional en la reconstrucción y la paz. Para hacerlo posible es fundamental el espíritu la grandeza de la Unidad Nacional.
Rafael Bello
bello.rafael@yahoo.es
@unidadylagente

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jueves, 5 de febrero de 2015

RAUL ZAPATA, SOCIALISMO: POBREZA Y AUTORITARISMO

La pobreza y el autoritarismo están asociadas fatalmente, al socialismo. Cuando el  Estado toma el control del aparato productivo, cuando asume el proceso de generación de riqueza, desplazando a los particulares, la producción y la productividad decae inexorablemente, así lo dice la historia, de una manera categórica y contundente. La Unión Soviética, Polonia, Cuba, Corea del Norte Etc. Etc. Y por favor no metan en eso a Suiza, Noruega o Dinamarca, todos esos países son de economías capitalistas: los medios de producción están en manos privadas. Que es lo que al fin y al cavo define al capitalismo
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) informa que en Paraguay, El Salvador, Colombia, Perú, Chile y Ecuador la pobreza descendió de una manera importante, mientras que en costa rica, Uruguay, Brasil, República Dominicana y Panamá, descendió también, pero levemente. Solamente en Venezuela la pobreza dio un salto del 6,7% hacia peor  --con cifras suministradas por Instituto Nacional de Estadísticas (INE) de Venezuela--  de esta manera 1.795.884 venezolanos se sumaron a las filas de la pobreza, para un gran total de 9.174.142 y según esos mismos datos oficiales, 723.364 venezolanos más,  pasaron a la condición de pobreza extrema, de indigentes, para sumar un gran total de 2.791.292 personas. Eso en el 2013, con un barril de petróleo por encima de los 100 dólares, es de esperar, que en el 2014 la situación haya empeorado dramáticamente, y que en el 2015, la situación pasara a ser de terror, “rumbo al mar de la felicidad de Cuba”. Pagaremos las consecuencias de tantos disparates económicos. Lo que los gobiernos gastan, lo terminan pagando los ciudadanos.
El socialismo fracasa, porque va contra la naturaleza humana, Tal como Dios la creo, por eso hablan del “hombre nuevo” necesitan personas que produzcan eficientemente, creadores e innovadores, pensando solo en el interés del Estado, del partido, del gran líder. Ignorando sus propios intereses, sus simpatías, sus emociones, dispuestos a renunciar a sus propias ideas y valores. Obedientes siempre a la voluntad del jefe, del Partido, del comandante supremo. Poniendo al Partido y al líder máximo, por encima de Dios, “mande comandante, que yo obedezco”: manipular, engañar, dañar, encarcelar o asesinar, a quien protesta contra el gobierno: lo que sea. simples soldados, esclavos fieles. La revolución requiere y exige obediencia ciega, de todos los ciudadanos, para ello los necesita pobres, para que dependan todos de las gracias del gobierno.
Pero los seres humanos, como criaturas creadas por Dios, necesitamos libertad para emprender para crear, para innovar. Necesitamos saber que nuestro esfuerzo y aciertos tendrán la debida recompensa, que nuestra opinión cuenta. Necesitamos, libertad, democracia, capitalismo, para construirnos, nosotros mismos,  un futuro, cada vez mejor. Y que el Estado vele por los menos afortunados y nos brinde seguridad de los peligros y riesgos internos y externos.
Raul Zapata
raulzapataa@hotmail.com
@RaulzapataA

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lunes, 19 de enero de 2015

EUGENIO MONTORO, TERROR EN CASA

EUGENIO MONTORO
         El cobarde ataque contra la revista satírica Charlie Hebdo donde mataron a doce personas ha catalizado la escritura de estas líneas.
         Los actos terroristas, bombas, disparos, decapitaciones llevadas cruelmente a TV y miles de casos como el ataque a las torres gemelas, poseen algo en común: son planificadas y ejecutadas por fundamentalistas.
         El acto terrorista no es entonces un hecho auto sostenido. Su esencia y respaldo es el fundamentalismo. De forma que si un grupo religioso o político es fundamentalista tiene el potencial, lo use o no, de ejecutar actos terroristas.
         Los fundamentalistas usualmente poseen libros de referencia a los que veneran. La Biblia, El Corán, Mi Lucha (Hitler) y el Libro Rojo de Mao son buenos ejemplos.
         Conectado al fundamentalismo está el fanatismo que es la realización de actividades con una pasión exagerada y es fácil de detectar. 1- Dogmatismo e intransigencia, las creencias  no se cuestionan y no se aceptan críticas. 2-Es reduccionista,  solo hay buenos y malos, negros y blancos. 3-Discriminación, desprecian a los que no cumplen sus modelos. 4- Autoritarismo, tratan de forzar a los demás a pensar igual.
         Para el caso venezolano.
         1-El libro sagrado de los gobernantes actuales son los referidos al comunismo. La técnica de expropiar empresas, fincas, servicios es típica en todos los regímenes comunistas y la idea de operar la sociedad bajo comunas también lo es. En nuestros caso existe un agregado que son unos libritos escritos por Chávez que  los están volviendo catecismo aunque el “plan de la patria” es una colcha de retazos escrita a la carrera por cada Ministerio. Si alguien tiene la paciencia de leerlo se dará cuenta de los estilos diferentes y revueltos de su redacción.
         2-Los dirigentes chavistas no aceptan críticas a su doctrina ni a sus decisiones. Toda falla se explica por la intervención perversa de alguien. Los apagones de gran escala son culpa de iguanas o de la MUD. El problema de alimentos, primero los acaparadores, luego una guerra económica, también los bachaqueros y las colas inducidas por los opositores. Nunca es culpa del gobierno.
3- Pero donde es claro el fanatismo del gobierno es en su machacante reduccionismo, patriotas y pitiyanquis, chavistas y anti revolucionarios. Fanatismo puro que ha creado una división absolutamente cruel e inmoral de nuestra población.
         4-Discriminación, ese tipo no está con el proceso no lo emplees. El empeño en forzar a los demás a pensar igual genera nuevos libros de primaria lava cerebros y, por su parte, las Misiones promueven las lealtades por favores.

         Así que no hay duda que este gobierno es un Al-Qaedita cualquiera, fundamentalista y vengativo. Su acercamiento íntimo con las FARC es una señal y su amenaza de irse a las montañas en caso de perder el mando lo corrobora.
          El mal terrorista vive en el cuerpo de los dirigentes chavistas y solo por eso hay que salir de esta plaga que envenena.
         Será pronto. Viva Venezuela.

Eugenio Montoro
montoroe@yahoo.es
@yugemoto67

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viernes, 28 de noviembre de 2014

ALBERTO RODRÍGUEZ BARRERA, ¿POR QUÉ SE APOYA AL AUTORITARISMO?

ALBERTO RODRÍGUEZ BARRERA
La libertad asusta a quienes no pueden copar con la libre iniciativa y la espontaneidad individual, no sólo en materias privadas y espirituales sino, sobre todo, en la actividad fundamental para la existencia de cada ser: su trabajo. Es interesante dilucidar, aunque sea brevemente y a grandes saltos, por qué alguna gente cae en la tentación de apoyar al totalitarismo, obviando el esfuerzo de planificación y concertación de la sociedad democrática, y de favorecer el mando de unos pocos que se apoderan del poder económico sin  asumir la responsabilidad hacia quienes dependen de sus decisiones.

Cuando uno se pregunta sobre el significado de la libertad para quienes desean – a veces inconscientemente- ir hacia una seguridad limitada, aislada, dependiente y sumisa, estilo medieval, se puede llegar a la conclusión de que buscan alzar el vuelo entre nubarrones totalitarios. A esta gente, integrada a menudo también por supuestos intelectuales, los motiva la rendición de la libertad ante un dictador, como si encontraran atractivo en ser un pequeño diente girando en una máquina, temerosos de una libertad que les causa ansiedad y los lleva voluntariamente a ser autómatas. La libertad dentro del capitalismo, así como también la revolución cibernética en la que se les dificulta montarse, pareciera dejarlos tan sólo con la emoción de la energía física, apartando el cerebro y las reacciones nerviosas, como ajenos a las grandes iniciativas y al incremento de la producción material que se generan en las democracias; y entonces se escudan con la imposición autócrata.

     En estos tiempos no hay duda de que la ansiedad y los deseos de estos personajes es ser autómatas, o “escapar de la libertad”, como lo afirmó Eric Fromm (fuente clave de lo aquí planteado). En el empeño totalitario, estas tristes figuras pasan por encima del hecho de que la libertad es inherente a la naturaleza humana, aunque pueda ser corrompida y suprimida, porque vuelve a reinstalarse una y otra vez. Desconocen la importancia de la consciencia individual y la realidad social, las cuales han crecido, ya que las capacidades intelectuales del hombre se han incrementado mucho más que el desarrollo de sus emociones.

     Estos figurones, con su corazón instalado en la Edad de Piedra, están ciegos al cerebro del siglo 21, a la madurez independiente, racional, objetiva. Necesitan mitos, ídolos, pasión destructiva, odio, envidia, venganza, adoración del poder, dinero, una jungla de superstición e idolatría, sin vergüenza, con sumisión.

    Penetración y razón pueden hacer la diferencia entre vida y muerte. Se requiere expansión e interpretación de carácter más amplio, multidireccional; reconquistar libertades políticas, económicas y espirituales, en contra de quienes construyen una muralla de privilegios. Las luchas contra la opresión no pueden parcializarse con los enemigos de la libertad que crean nuevos privilegios. Libertad no es anhelo de sumisión o lujuria por el poder, no es una carga de la cual huimos, no es una amenaza, no es un cráter hirviendo, no es un individuo enfermo aplicando fenómenos de irracionalidad en la vida social.

     Hoy vemos un exceso de idolatría –en figuras públicas y otros escasos que por medio de la profesionalización de la burla y la desfachatez aspiran serlo- ocupando puestos de fama mohosa, inseguras ante otros y ellos mismos, silenciando dudas tiritescamente, intentando elevar su individualidad de limitaciones e inestabilidad hacia la indestructibilidad que les da ser miembros del exclusivo “dream team” de adoradores que se esfuerzan por apartar la libertad. Se sienten –aunque descoloridamente avasallados ante su ídolo incuestionable- hombres del Renacimiento. Pero en el Renacimiento fue cuando comenzó la individualidad moderna, el desarrollo del capitalismo comercial e industrial, la base social formada por filósofos y artistas, y la columna vertebral de las clases medias.

     Nada que ver con las dudas irracionales de quienes se han dedicado a cultivar la ansiedad y el odio, de quienes aíslan su valor individual transformándose en instrumentos débiles y subyugados de alguna “fuerza” o “poder” irracional, indiferentes a que las dudas racionales se resuelven con respuestas racionales de libertad positiva, mientras que las dudas irracionales no avanzan sino a una libertad negativa. Es así que aparece la sumisión a un líder que asume “certidumbre”. La duda misma no desaparecerá mientras no se supere el aislamiento y no se superen significativamente las necesidades humanas. Este amor por la autoridad genera el odio típico del autoritarismo, como “principio” básico que se inclina hacia la desigualdad, donde tal dios debe tener poder irrestricto sobre los hombres, con su entrega y humillación, proyectando hostilidad y envidia.

     El enorme progreso que el capitalismo ha significado para el desarrollo humano y de la sociedad moderna no puede fundamentarse en un irracionalismo romántico que –en vez de por el bien del progreso- se ensaña en la destrucción de los logros más importantes del hombre en la historia moderna. Hablamos del capitalismo con justicia y amor, donde la acumulación no es para obtener y gastar en lujos, sino para reinvertir como nuevo capital de trabajo, en un círculo que amplía la función económica; porque así como el odio es un apasionado deseo de destrucción, el amor es una apasionada afirmación de un “objeto”. No es un “afecto” sino una búsqueda activa y de relación interior que apunta hacia la felicidad, el crecimiento y la libertad de su objeto. El amor exclusivo es una contradicción en sí mismo.

     La persona egoísta está siempre ansiosamente preocupada consigo misma, nunca está satisfecha, está siempre inquieta, siempre alentada por el temor de no obtener suficiente, de perder algo, de ser privada de algo. Está llena de una quemante envidia de cualquiera que pudiese tener más. Si observamos bien, especialmente en su dinámica inconsciente, este tipo de persona no gusta mucho de sí misma, de hecho tiene un gran disgusto hacia sí; de ahí la ansiedad, la similitud con el narciso que se admira a sí mismo, la devoción codiciosa hacia lo que no es propio y el disfraz subjetivo para la función de objetivo social del hombre en sociedad. Es un publicista que no apela a la razón sino a la emoción hipnótica, presto para impresionar con todo tipo de medios, repitiendo la misma formula incansablemente, por influencia de la imagen autoritaria, con métodos emocionalmente irracionales, incrementando su pequeñez y su carencia de poder, incrementando el sentimiento de insignificancia del votante (aunque lo hacen aparecer importante), con lemas y énfasis que entumecen sus capacidades críticas.

     Entonces, estos “líderes subcapacitados” -en vez de acentuar la libertad positiva en amor y trabajo, con genuina emoción, sensualidad, talento e intelecto, sin renunciar a independencia e integridad- promueven la renuncia a la libertad, remendando su yo con el mundo, desuniendo, prolongando la imposibilidad, llevándolo todo a la libertad negativa, destructiva, neurótica, autómata. Al dejar su independencia, se fusionan con alguien o algo fuera de ellos para poder adquirir la fuerza de la cual carecen, substituyendo lo que han perdido, buscando la sumisión que los domine masoquista y sádicamente, absorbiendo perversamente sentimientos de inferioridad e insignificancia, con tendencia a devaluarse ellos mismos, haciéndose débiles e incapaces de dominar las cosas.

     Pero el “poder” puede ser dominación o potencia, y son mutuamente excluyentes. La impotencia, en todas sus esferas, resulta en una lucha sádica por dominar; y un individuo potente es capaz de basarse en la libertad y la integridad, sin necesidad de dominar y sin lujuria por el poder. El poder, en el sentido de dominar, es una perversión de la potencia, al igual que el sadismo sexual es una perversión del amor sexual.

     En el autoritarismo existen dos sexos: los poderosos y los que no tienen poder. Los adoradores dan su amor, admiración y disponibilidad para la sumisión excitados automáticamente por el poder; y se excitan más cuando y cuanto más desvalidos estén quienes no tienen poder; y también aman las condiciones que limitan la libertad humana, así como ser sometidos al destino. El coraje del autoritarismo es el coraje para sufrir lo que el destino o su “líder” les haya destinado; sufrir sin quejarse es una muy alta “virtud”; no es el coraje de tratar de acabar con el sufrimiento, o disminuirlo; no es cambiar el destino sino someterse a él; es creer en la autoridad fuerte, y su creencia está en las dudas y en intentar compensarlas. Pero no tiene fe, ninguna confianza segura en lo que exista como potencialidad; son relativistas y nihilistas, desesperados extremistas.

     En la filosofía autoritaria el concepto de igualdad no existe, ya que está fuera del alcance de su experiencia emocional. Para el autoritario hay gente con o sin poder, superiores o inferiores, razón por la cual experimenta dominio o sumisión, nunca solidaridad; las diferencias son para él sólo signos de superioridad o inferioridad, luchas sadomasoquistas. Pero hay otra dependencia: la de las personas cuya vida entera se relaciona a algún poder fuera de ellos mismos.

    Las personas que esperan protección de “él”, que desean que los cuide “él”, y que también lo hacen a “él” responsable por lo que pueda ser el resultado de sus propias acciones, y entonces “él” se vuelve nebuloso porque no hay una imagen definitiva que lo una a ese poder; es sólo un “ayudante mágico”, un dios que otorga cualidades mágicas, que hace sentir lo que se llama “estar enamorado”, y que se espera ver en carne y hueso, para dar la impresión de “verdadero amor”. La necesidad del ayudante mágico puede estudiarse cuando la psicología del analizado se ata profundamente a “él”, y su vida, acciones, pensamientos y sentimientos busca complacerlo a “él”, en relaciones que parecen amor con deseos sexuales incluidos. Se trata de una relación caracterizada por la incapacidad de expresar las potencialidades propias, donde se espera conseguir todo a través de “él”, en vez de por acciones propias. (La televisión oficialista ofrece magníficos ejemplos de esta especie.)

  Incapaces de vivir ellos mismos, pasan a manipularlo a “él”, para no perderlo, conseguir lo que ellos quieren y hasta para hacerlo responsable por lo que cada cual debería ser responsable. Y lo usan, bloqueando la espontaneidad, con debilidad, esclavizándose, rebelándose,  creando nuevos conflictos que se reprimen para no perderlo a “él” pero subrayando un antagonismo que amenaza constantemente la seguridad de la relación. La expectativa ilusa cae en la propia esclavitud hacia “él”. El resultado directo del fracaso se debe al intento de obtener por manipulación de la fuerza mágica aquello que el individuo sólo puede lograr por su propia actividad.

     La destrucción no está dirigida a alguna simbiosis activa o pasiva, sino a la eliminación de su objeto, enraizada en lo insoportable de la falta de poder individual y el aislamiento. Al tratar de destruir el mundo exterior, puedo escapar de mi insoportable falta de poder individual; si tengo éxito en eliminarlo, puedo permanecer solo y aislado, pero con un aislamiento espléndido en el que no podré ser derribado-aplastado por el poder superior que está fuera de mi mismo; y destruir el mundo es el último intento desesperado por no ser aplastado; el sadismo tiende a fortalecer al individuo automatizado por la dominación sobre otros; destrucción por medio de la ausencia de amenaza del mundo exterior.

     A ninguno nos impresiona ya la cantidad de destrucción que encontramos a nuestro alrededor. Ya casi que no hay nada que no sea utilizado como una racionalización para la destrucción. Amor, deber, consciencia, patriotismo, entre otros, han sido y están siendo utilizados como disfraces para destruir; cada instante está a la espera de una nueva oportunidad destructiva, sin razón, enfermizamente racionalizadas por los adoradores para que parezcan “realistas”, y lo hacen con pasión, con el insoportable sentimiento de escapar de la libertad.

     Por todo ello, así resumido, no renunciamos a la integridad individual y no nos abstenemos de confrontar las amenazas. La mayoría de nosotros somos individuos libres para pensar, sentir y actuar como queramos, y nos comprometemos para que el autoritarismo y sus adoradores cesen y regrese la libertad positiva, ya que la libertad negativa no contiene mayor dignidad. Los hombres nacen iguales pero son diferentes. Lo único de la individualidad no contradice el principio de la igualdad, porque todos tenemos el derecho inalienable a la libertad y a la felicidad, con sentido de solidaridad y no de dominación-sumisión. Sabemos diferenciar entre autoridad racional y autoridad irracional.

     No podemos darnos el lujo de perder –ni por diferencias ni por abstención- los logros de la democracia que conquistamos, esa donde el pueblo elige limpiamente a su gobierno, que es responsable ante el pueblo por medio de leyes respetadas, donde nadie se muera de hambre, donde la sociedad es responsable por sus miembros y donde nadie debe tener miedo ni ser lanzado a la sumisión, y tampoco perder el orgullo por vía del desempleo. Los logros básicos no sólo deben ser preservados, deben ser fortalecidos y ampliados.
 
     Lo irracional y no planificado en la sociedad debe ser reemplazado por una economía planificada que represente el planificado y concertado esfuerzo de la sociedad. Para ello se requiere de la eliminación del mando secreto de aquellos que, aunque pocos en número, ejercen irresponsablemente gran poder económico y estancan la fuerza superior de una sociedad libre. Debemos reemplazar la manipulación de los hombres por una cooperación activa e inteligente, que pase de la política a la esfera económica para servir al pueblo.

Alberto Rodriguez Barrera
albrobar@gmail.com
@albrobar

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sábado, 27 de septiembre de 2014

ALEXIS MÁRQUEZ RODRÍGUEZ, DICTADURAS

Hay vacilación al caracterizar el actual gobierno. Unos dicen que se trata de una dictadura pura y simple. Otros que es una dictadura suigéneris, distinta de las que tradicionalmente hemos tenido. Hay así mismo los que prefieren definirlo como un gobierno despótico, con rasgos dictatoriales, pero también con ciertos elementos democráticos. Me parece que son cada vez más los que optan por calificarlo como una dictadura, aunque algo distinta de las tradicionales.

Siempre se ha dicho que en nuestro país han predominado las dictaduras. Ello es discutible. En el siglo XIX tuvimos gobiernos despóticos, con definidos rasgos dictatoriales, pero sin llegar a los extremos de las verdaderas dictaduras. El mejor ejemplo fue el despotismo ilustrado de Antonio Guzmán Blanco.

La dictadura propiamente tuvo en Venezuela su expresión en el siglo XX. Casi la mitad de este siglo lo vivimos bajo férreas dictaduras unipersonales, con absoluto dominio por los dictadores de todos los poderes, en primer término el militar, clave en el mantenimiento del régimen dictatorial, y con total irrespeto de los derechos humanos.

El siglo XX se inicia bajo la incipiente dictadura de Cipriano Castro, quien no solo fue un vesánico dictador, sino también un conspicuo exponente del militarismo y el iniciador del andinismo gubernamental. La dictadura de Castro duró algo más de ocho años (1899-1908), y fue producto de la guerra, pues es bien conocida la fulgurante campaña del caudillo desde la llamada Invasión de los Sesenta, por la frontera con Colombia, hasta la triunfal entrada en Caracas.

En un hecho poco frecuente en la historia la dictadura de Castro fue derrocada  y seguida por otra dictadura, la de su compadre Juan  Vicente Gómez, la más larga de nuestra historia, pues se prolongó por veintisiete años (1908-1935), y ha podido durar más, si la muerte de Gómez no le hubiese puesto fin.

La dictadura de Marcos Pérez Jménez fue desembozada y directa entre 1952 y su derrocamiento, en enero de 1958. Pero antes, desde 1945, Pérez Jiménez  ejerció de manera subrepticia el poder como jefe indiscutible de una logia militar, que comenzó a manifestarse desde el derrocamiento del presidente Isaías Medina  Angarita.

Estas tres son, en realidad, las que pueden calificarse de dictaduras tradicionales en la historia venezolana. Sus rasgos comunes fueron  la concentración  despótica en el dictador de todos los poderes, en primer lugar el militar; la  corrupción  administrativa que permitió enriquecerse a unos pocos; una brutal política represiva  plena de presos, exiliados y perseguidos, y el total desconocimiento de los derechos humanos.

Gregorio Alexis Márquez Rodríguez.
sabanaguan@yahoo.com

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lunes, 22 de septiembre de 2014

ANTONIO JOSÉ MONAGAS, MENTIRAS VERGONZOSAS, PIDO LA PALABRA, VENTANA DE PAPEL,

La enfermedad de poder ha afectado a quienes por fungir de gobernantes asumen atribuciones superlativas para abusar mediante la coerción ejercida por vía del despotismo lo cual ha hecho del país un verdadero “hervidero” de problemas.

MENTIRAS VERGONZOSAS

No hay nada más intrigante que el poder. Pero del poder urdido por el resentimiento o la prepotencia confundida con emociones que tocan a todo individuo aturdido por las circunstancias al momento de verse habilitado por las facultades que le confiere la situación en cuestión. La condición política del poder, hace que casi siempre éste se convierta en instrumento de opresión para imponer consideraciones sin el menor respeto por la posición, actitud o pensamiento del otro. Estas personas, se arrogan atribuciones que desbordan las leyes de la moralidad, tanto como de la ética social propia en quien se maneja con cordura, tolerancia y solidaridad, se creen seres superiores. No advierten la igualdad o la responsabilidad social como valores rectores del ordenamiento jurídico y principios de la idiosincrasia nacional, a pesar de ser referidos por la Constitución de la República como fundamentos del Estado democrático y social de Derecho y de Justicia que supuestamente instituyen el sentido y la noción de país que simboliza Venezuela.

Ante lo que el poder es capaz de encubrir o destacar, hay mucho que decir. Sin embargo, el mayor problema se suscita cuando en una situación de gobierno, poco comprensivo y respetuoso de los derechos humanos, la ética y del pluralismo político, el gobernante vive asustado frente a lo que puede ser cualquier manifestación de reproche, protesta o reclamo. Su presunción de “mandamás” lo sitúa en un punto en el cual imagina aprensivamente todo hecho que posibilite su defenestración o rechazo dada la pésima gestión que adelanta. En consecuencia, ante tanto resquemor, quienes así proceden desde posiciones de poder, actúan con la mayor premeditación y alevosía lo que les permite proferir amenazas o tomar medidas sin responsabilidad de lo que ello pueda acarrear.

Estos personajes de marras, se mueven con el ingenio necesario para aprovecharse del engaño, la seducción y la manipulación. Sin duda, estos son los recursos mejor utilizados por gobernantes empeñados en convencer la población con ideologías que no terminan de abrirse y demostrar sus cacareadas ventajas, bondades y capacidades. Aunque en el fondo, ello no representa más que un armatoste montado sobre meras utopías con las que embaucan ilusos y furibundos seguidores. No obstante, cuando así ocurre, como en efecto sucede en el foco de la política camorrera, estos gobernantes apelan a cuanta excusa pueden con el único y perverso propósito de confundir la opinión en nombre de una acción de gobierno “justa” para no decir “pusilánime”.

El caso Venezuela, es digno de estudio. Particularmente, en este respecto. La enfermedad de poder ha afectado a quienes por fungir de gobernantes asumen atribuciones superlativas para abusar mediante la coerción ejercida por vía del despotismo. Este tipo de perturbación ha hecho del país un verdadero “hervidero” de problemas. Los reveses, atropellos, insultos, calumnias y empujones, por mencionar algunas complicaciones que tienen tomado al país, aparte de las de corte económico, anegaron la precariedad del régimen para ordenar su movilidad. No sólo estos gobernantes buscan infundir más problemas con el estrafalario cuento de una “guerra económica”. Ahora, hablan de otra guerra. De una presunta “guerra bacteriológica” acuciada por el “imperio” con la intención de “desestabilizar” al gobierno nacional en su “laudable” propósito de hacer del Estado venezolano un vetusto Estado Comunal. En breve, inventarán la aparición de una “guerra cultural” que inoculará en la población actitudes propias de la tradición anglosajona. Luego, será una “guerra administrativa”, que afectará los modelos contables nacionales. Después, hablarán de una “guerra cibernética” que le restará aún más velocidad a la Internet socialista. En fin, toda una ostentación de ridiculeces avaladas por interminables mentiras vergonzosas.

VENTANA DE PAPEL

¿O DEMOCRACIA O AUTORITARISMO?

La Ciencia Política, explica que la base de la democracia es la gobernabilidad. Entendida ésta, según Carlos Matus Romo, como “la relación entre las variables que controla y no controla un actor en el proceso de gobierno, ponderadas por su valor o peso en relación con la acción de dicho actor”. Pero si además se entiende que la gobernabilidad va estableciéndose como la capacidad institucional que afianza el ejercicio de la ciudadanía, con toda razón puede decirse que la democracia parte de tan significativa noción.

De no comprenderse así, es posible que la democracia sea vista como “mascarón de proa” con el perverso propósito de utilizarse para disfrazar la gestión de gobierno mediante groseras manipulaciones de “verdades” previamente acomodadas a oscuros intereses. Cuando las realidades toman estos caminos, la política gubernamental se vale de cualquier pretexto para salirse con las suyas. De esa manera, busca aprovecharse de cualquier coartada social, política o económica para suplantar a la democracia, o lo que queda de ella, por un régimen político autoritario, militarista e impositivo, fundamentado en la centralización y en la concentración del poder.

Es el momento cuando se advierten posturas que ponen al descubierto la carencia no sólo de conocimientos en materia politológica. También, del sentido común para reconocer la incidencia de procesos políticos que van de la mano con la historia política que está escribiéndose de modo permanente. En medio de tales perturbaciones, luce pertinente que haya claridad sobre la condición del gobernante exigida por la actual Constitución Nacional (Art. 227) pues, a estas alturas de los tiempos, es insuficiente que para ser presidente de la República sólo se exija ser venezolano por nacimiento, mayor de treinta años, seglar y no tener impugnación alguna por parte de las leyes nacionales. Igualmente, dar cuenta del incumplimiento que se da frente al precepto Nº 145 el cual determina que los funcionarios no deben supeditarse a parcialidades políticas cualesquiera que sean.

Deberá comprenderse debidamente lo que significa la función pública. Es decir, que el funcionario sólo está al servicio del Estado venezolano. Y que aparte de los cargos de elección popular, el ingreso de funcionarios será por concurso público, fundamentado en principios de honestidad, idoneidad y eficiencia (Art. 146). No atenderse estos requerimientos, es “caldo de cultivo” a una crisis de severas consecuencias en todos los aspectos del discurrir nacional. Pensando que en lo arriba referido puede hallarse parte de la razón que explica el caos que vive Venezuela, cabe reflexionar de cara a una inaplazable necesidad. Es el debate obligado al que hay que acudir cuando acecha el fantasma de la dictadura. O sea, considerar por dónde trazar el sendero que puede llevar el país hacia derroteros de exitoso desarrollo: ¿o democracia, o autoritarismo?

“ANTIPATRIA”

En esta Venezuela atrasada, gracias al altruismo infundido por la doctrina revolucionaria, los absurdos configuran el orden del día. Ocupan la agenda del gobernante. Basta con leer el Plan de la Patria, para darse cuenta del tamaño de ridiculez con que han puesto en entredicho la funcionalidad del país ante el resto del mundo. Los criterios y consideraciones de empresas internacionales calificadoras de riesgo, han colocado a Venezuela en niveles de alarma. Sobre todo, para inversionistas que puedan pensar en ver al país como posible escenario de negocio. Sólo la inflación, se convirtió en un claro indicador de la tragedia que vive Venezuela.

En medio de tan graves convulsiones provocadas por la ignominia gubernamental, el término “patria” quedó al margen del sentido que le otorga la etimología jurídica y la axiología politológica. Se ha abusado tanto de su sintaxis y concepción, que ahora “patria” se convirtió en adjetivo utilizado por el sectarismo practicado por el régimen para captar ilusos a su causa ideológica. Para ello, se han valido de distintos efectos. Así se le ha dado forma a una estructura comunicacional cuyo objetivo primario es restringir la libertad de expresión para evitar que las verdades sean informadas. Sin duda, esto evidencia el carácter dictatorial de un gobierno que cada día lo empeora todo. Prueba de esto lo constituye las demostraciones del ilegítimo e injusto control sobre la distribución-venta de papel periódico lo cual se hace a manera de canjear papel por alabanzas al régimen.

Por ejemplo, el gobernador de Aragua, valiéndose del abuso que le confiere ser personaje de confianza del régimen, solicita sin prueba alguna limitarle derechos políticos a dirigentes opositores por el simple hecho de atreverse a delatar su arrogancia frente a decisiones que han puesto en ascuas la soberanía nacional. Algunos ministros, arrogándose su condición de miembros del Ejecutivo Nacional, ordenab situaciones que rayan en la incongruencia. Solamente, para alardear de estar haciendo cumplir los principios, derechos y deberes reconocidos y consagrados en la Constitución Nacional cuando en verdad, están procurando todo lo contrario.

La imaginación de estos gobierneros es tan ávida en infortunios, que ven representaciones fantasiosas por todos lados para así acusar a la “oposición” de maniobrar en aras de conflagraciones relacionados con inventados planes terroristas y de desestabilización. Por consiguiente, hablan de atentados contra la salud, o de organización de fugas de importantes presos políticos, sin prueba alguna. Así que sin duda, la oscuridad envolvió la gestión del socialismo bolivariano. Tanto, que por reivindicar su apuesta revolucionaria, violentaron la dignidad del simbolismo sobre el cual descansa el respeto que se le debe al concepto de “patria”. En consecuencia, las mamarrachadas del régimen malograron el desarrollo nacional. Tanto, que hoy cabe hablar de “antipatria”

“Cuando la ineptitud de gobernantes ruines encubren verdades con vergonzosas mentiras, valiéndose indolentemente del poder, las posibilidades de escapar de tan oscuras realidades podrían actuar contrariamente a la inminencia de hallar salidas inmediatas al problema en cuestión” AJMonagas

Antonio José Monagas
antoniomonagas@gmail.com
@ajmonagas

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domingo, 30 de marzo de 2014

ZENAIR BRITO CABALLERO, EN VENEZUELA HAY AUTORITARISMO Y ABUSO DEL PODER

Con la inicua, ilegal y arbitraria decisión del Sr Diosdado Cabello, Presidente de la Asamblea Nacional, de suspender de su cargo como Diputada a María Corina Machado, queda demostrado que en Venezuela, por encima del Estado de derecho, está la politiquería, y que no se respeta la Constitución, ni las leyes, ni al pueblo que la eligió en elecciones.

No es democrático, ni justo, ni razonable, que un Estado que decreta la muerte política, a una ciudadana diputada que no ha cometido ningún delito, ni se ha robado un solo bolívar, ni ha sido condenada por ningún juez, no le perdonaron que destapara el cartel de  la corrupción,  que denunciara irregularidades del régimen socialista-comunista, y que luchara en beneficio de los  electores que la llevaron a ser Diputada.
Tienen miedo  que se destapara la olla podrida de la corrupción. Los directivos de la Asamblea Nacional no fueron justos, ni imparciales, solo acatan los fallos de los jueces si les son favorables y los descalifican si les son desfavorables. Hacen lo que les da la gana, priman sus intereses personales y partidistas, a la politiquería q es un porcentaje más alto que la oposición en la Asamblea.
Se impuso el complot al que se presta un periodismo gobiernero sin independencia, sin veracidad y sin objetividad, porque son el brazo ejecutor del régimen socialista-comunista. Violaron la Constitución y la Convención interamericana de Derechos Humanos; y a pesar que la Corte Constitucional, ha establecido en reiterada jurisprudencia, la obligatoriedad de acatar las medidas cautelares de la CIDH; la Asamblea Nacional y el Sr Presidente Maduro las desacatan. Violaron las decisiones populares  de los ciudadanos que votaron y que llevaron a María Corina Machado a ser Diputada a la Asamblea Nacional.
Como buenos leguleyos Psuvistas interpretaron las normas a su conveniencia, para justificar lo injustificable. Se oponen a que la CIDH intervenga en defensa de los derechos de María Corina Machado, pero invocan su apoyo para sacar adelante un espurio proceso de paz; o para que supuestamente no haya impunidad y se imparta justicia a los prisioneros políticos como Simonovis, Henry Vivas, Forero, 8 policías metropolitanos, el General Baduel y tantos otros que llenarían la cuartilla de este artículo, como así lo exigen los abogados defensores a la Corte Penal Internacional. Viven cuestionando al gobierno de otros países por desconocer los  derechos humanos, pero aquí es peor. Esa es la ley del embudo y la doble moral de este régimen socialista-comunista que desgraciadamente desgobierna a nuestra Venezuela.
La institucionalidad democrática debería estar por encima de la institucionalidad jurídica, la primera defiende la voluntad ciudadana, el sentir de la opinión, de las mayorías, la segunda defiende la veleidosa, voluble y caprichosa interpretación de las normas, por funcionarios públicos o abusivos diputados, y sesgados jueces  o magistrados  impedidos para fallar; que lo hacen de acuerdo con sus intereses, con fallos amañados y parcializados.
No puede existir seguridad jurídica en Venezuela, si las leyes, los convenios o los tratados  no se cumplen y solo se les aplica a los disidentes. Lo que impera es la arbitrariedad, el abuso de un inquisidor con poderes omnímodos y dictatoriales, que se considera intocable, al que nadie controla, ni le aplican las leyes por prevaricar, por incurrir en cohecho o en desacato de las decisiones judiciales.
¿Por qué en defensa de los intereses superiores de la patria el presidente viola constantemente la Constitución y las Leyes venezolanas? ¿Por qué solo defiende sus intereses  políticos, los de su partido PSUV y los del régimen comunista de Cuba?. ¿Por qué las autoridades competentes no han actuado con la misma diligencia y severidad, contra miembros del PSUV que están en cargos claves del régimen y vinculados con el Ejecutivo y con los bienes de la Dirección Nacional de Estupefacientes? ¿Por qué usa el poder  para defender a sus amigos y acólitos y condenar a quienes  tienen ideas contrarias? En Venezuela no hay democracia, ni institucionalidad jurídica, ni división de poderes, hay autoritarismo, abuso del poder, señorío.
Zenair Brito Caballero
britozenair@gmail.com
‏@zenairbrito

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lunes, 24 de febrero de 2014

IVÁN OLAIZOLA D’ALESSANDRO, QUE ALGUIEN NOS EXPLIQUE, PARANINFO DE LA SEMANA

¿Cuántas muertes más tendremos que aportar para impedir que se implante definitivamente el castro comunismo?
Jamás habíamos vivido en Venezuela una situación como la actual. Desde que el teniente coronel felón, hoy difunto, asumió el poder comenzamos a transitar una situación inédita, compleja, difícil. 
El régimen que se instaló en 1999 se inició con toda la apariencia de una verdadera democracia, pero casi inmediatamente se le comenzaron a ver las costuras. El caudillismo comenzó a  tomar fuerza. Los militares se fueron incorporando en mayor número al gobierno. Fidel Castro pasó a desempeñar un papel preponderante en las decisiones del Estado. La democracia se comenzó a poner a un lado suplantándola por un autoritarismo cada vez más fuerte. La autonomía e independencia de los poderes públicos se fue perdiendo. Un solo poder un solo hombre. La política comenzó a copar toda la actividad nacional. La única función del gobierno era hacer política, su objetivo fundamental instaurar su ideología, su tal revolución que fue adquiriendo sucesivas denominaciones hasta llegar a la de socialismo del siglo 21, que por cierto a estas alturas nadie sabe definir, solo Fidel Castro la definió con absoluta precisión: “eso es comunismo”. Hasta la fecha el gobierno rehúsa aceptar ese calificativo, pero aplica sus enseñanzas, y la oposición, nadie explica por qué razón, no lo señala abiertamente.
Así hemos transitado 15 años. Muchas cosas han sucedido. Casi todas, por no decir todas, negativas para el desarrollo del país. La economía de mal en peor, la producción paralizada; la educación, la salud, la seguridad, la infraestructura, el suministro de bienes de primera y de cualquier necesidad, en situaciones precarias, solo bien en la avasallante propaganda gubernamental. Mentiras y más mentiras. Hegemonía comunicacional absoluta. Los derechos humanos y la libertad de expresión cada vez más precarias. Solo unas pocas libertades como para justificación internacional. Presos políticos convertidos en políticos presos. Exiliados. Bandas armadas gubernamentales amedrentadoras de la oposición. Eso sí, elecciones como sorgo, de dudosa limpieza claro. Compra de conciencias. Grosero uso de los recursos y del poder del Estado. Iguales procedimientos, en la compra de apoyo internacional. PDVSA al servicio del partido. La Fuerza Armada igualmente al servicio del partido y la revolución. Pero se insiste en que estamos en democracia. El gobierno justifica lo injustificable. Practica la política del espejo. Lo que yo hago, lo que yo soy, te lo endilgo. Cinismo puro.  Ahora llaman al diálogo eso sí, revolver en mano. Te sientas y me oyes. Y cadenas y más cadenas. Y muertos y más muertos.
Bajo este panorama el país se desangra, se destruye. Cada vez que alguien se atreve a decir algo, a protestar, a pedir algo, a disentir, se les tilda de fascistas, golpistas, apátridas. El ungido se hace más radical, más amenazador, intolerante. Así las cosas llegado a la semana de la juventud, la celebración de los doscientos años de la valiente gesta de los jóvenes seminaristas comandados por el general José Felix Ribas. Y los jóvenes universitarios de hoy se cansaron de ser borregos. Se lanzaron a las calles a reclamar sus derechos, su futuro, sus esperanzas. Imitando a los de 1814. Y al mejor estilo del castro comunismo, el gobierno riposta con agresiones y muertes. Maduro asume el papel de Boves. Pero y ¿quién asume el papel de Ribas? Pienso que tenemos muchos Ribas. López, María Corina, Ledezma y miles más. Pero sin embargo otros, que deberían ser también Ribas, creen en pajaritos preñados y los llamarán creyones. Y así pasan los días. Y más presos, y más idos y más muertos. ¿Se nos va el país? ¿Lo dejaremos ir? Que alguien nos explique.            
iolaizola@hotmail.com
@iolaizola1

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lunes, 10 de febrero de 2014

ZULMAIRE GONZÁLEZ, REPRIMIR ES DELITO, PROTESTAR UN DERECHO

“Nuestro terreno debe ser la calle, nuestra estrategia, la no violencia y nuestro rumbo, una mejor Venezuela”. Leopoldo López
Quien diga que las últimas medidas económicas y sociales adoptadas por el régimen de Maduro consolidarán a Venezuela como una potencia en América Latina después de 15 años de políticas erradas, y además considere que hay voluntad política para atacar los principales problemas del país, debe ser boliburgues, alto funcionario, bolichico, pertenece a una de las tantas misiones-becas que generosamente existen en nuestro país o simplemente está disociado de la realidad.
Aunado a los errores en materia económica, autoritarismo e ineficiencia para atacar los principales problemas del país, el gobierno de Maduro con sus acciones y omisiones coloca al Estado venezolano dentro de los países con conductas alejadas de la promoción y protección de derechos humanos, debido a que existe una clara ineficiencia para garantizar el derecho a la vida, la seguridad e integridad de los venezolanos;  el derecho de igualdad ante la ley; se cercena el derecho de opinión y libertad de expresión, así como el libre tránsito; se coarta el derecho a la libertad económica y criminaliza el derecho a la protesta.
A muchos se les olvida que protestar es un derecho consagrado en nuestra  Constitución y en los artículo XXI y XXII de la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre, por eso es inaudito que dirigentes del oficialismo y algunos de la oposición rechacen la protesta como vía legítima para manifestar el descontento contra el régimen actual,  al calificarla de delito, atajos y conductas antidemocráticas. Asimismo, se debe rechazar una vez más la criminalización de la protesta y las acciones judiciales desproporcionadas  contra los ciudadanos que ejercen su derecho.
Es importante recordar la comunicación dirigida al Estado venezolano por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en mayo de 2013 a propósito de las protestas realizadas después del 14 de abril de 2013, mediante la que advirtió: “(…) El uso de la fuerza en manifestaciones públicas debe ser excepcional y en circunstancias estrictamente necesarias conforme a los principios internacionalmente reconocidos. La criminalización de la legítima movilización y protesta social y del ejercicio de la libertad de expresión, sea a través de represión directa o mediante la iniciación de procesos judiciales originados en el ejercicio de dichos derechos, es incompatible con una sociedad democrática donde las personas tienen el derecho de manifestar su opinión.”
Es el momento de ejercer el derecho a la protesta pacífica en Venezuela, motivos sobran para rechazar, reclamar, quejarse y condenar las actuaciones del régimen, especialmente cuando está en juego nuestra “libertad”.
@zulmaire
zulmairegonzalez@gmail.com

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domingo, 15 de diciembre de 2013

JORGE RAMÍREZ FERNÁNDEZ, CONTRA EL AUTORITARISMO, LA BRUTALIDAD Y LA BARBARIE

Cuando al impacto mental que nos produjo ver las imágenes de los distintos videos que recogían el aborrecible momento de los saqueos a la tienda DAKA de Valencia le sumamos el recuerdo de las diversas ocasiones en las que en la ciudad de Caracas al pasar los cortejos fúnebres   de algunos delincuentes, grupos de motorizados  trancan el tráfico en transitadas avenidas capitalinas y se dedican impunemente a asaltar a los infortunados conductores y a sus acompañantes, que tuvieron la desdicha de quedar atrapados en las colas. 
‘El Guernica’ de Pablo Picasso. 1937. La obra representa la brutalidad de la guerra

O los fastuosos lujos que se dan los llamados “pranes” que con la inocultable colaboración de los funcionarios penitenciarios se convierten en dueños y señores de las vidas de sus compañeros de prisión a quienes someten a la condición de vasallos semi esclavizados. Esa no es la Venezuela que deseamos.

     Y es que nadie que haya recibido valores morales por parte de sus padres y educadores puede ver que desde el gobierno nacional se pretenda auspiciar el pillaje y la delincuencia. Una vez que todos los elementos han ido dejando al descubierto la asquerosa trama de corrupción, incompetencia, engaños y estafa descarada a la confianza que una proporción importante de nuestro pueblo le entregó, inicialmente a un hiperdemagogo, encantador de serpientes que llevó a copar el poder a una casta de delincuentes rapaces, que no se cansan de robar a manos llenas mientras siembran la intolerancia, el odio de clases, el resentimiento social en una incandescente verborrea irresponsable, delictual y sobretodo suicida, ya que obliga a la sociedad a dar una respuesta decidida y terminante que nos arriesga a una lucha sangrienta, en la que quienes más tienen que perder son quienes han acumulado fortunas y poder impensados en la historia de Venezuela.

     En la sociedad venezolana, es común que gente muy humilde haga sacrificios inmensos para asegurar la educación y el futuro de sus hijos, en razón de ello un alto porcentaje de quienes estudian en colegios y universidades privadas son jóvenes provenientes de las más bajas clases sociales. Allí están depositadas las esperanzas de padres que desean que sus hijos sean profesionales y gente de bien, y no los aborrecidos malandros que son la deshonra y el dolor de cabeza de miles de familias venezolanas.

      Cuando en un país en el cual desde 1958, la democracia representativa promovió el ascenso social con la construcción masiva de escuelas, liceos, bibliotecas, universidades, hospitales y centros de salud, viviendas de interés social, instalaciones deportivas y culturales, contrataciones colectivas y legislación destinada a favorecer a los trabajadores y sus familiares y un apoyo decidido a las iniciativas empresariales, comerciales, turísticas, recreacionales o comunicacionales del sector privado generadoras de empleos y riqueza, existía la esperanza de que trabajando honradamente una familia podía mejorar su calidad de vida y su nivel social, mudarse a zonas más cotizadas y relacionarse cada vez mejor. Esto ha cambiado radicalmente desde 1999 que comenzó un proceso radical de marginalización del país.

     Oir a un Presidente de la República despotricando irresponsablemente contra inmensos grupos de venezolanos, en ocasiones en cadena nacional de radio y televisión, sin que jamás a los injuriados se les permita responder con la misma cobertura mediática, además de la cobardía personal y la bajeza reflejadas en ese tipo de actuaciones presidenciales, nunca vemos que haya un mínimo respeto a la propia majestad de la condición de Jefe de Estado, máximo responsable de los poderes públicos. Lo más grave ha sido el irrespeto a la verdad, a los derechos y a la dignidad humanas de todas las víctimas de la bajeza de individuos que aun habiendo alcanzado la cúspide del poder se comportan como vulgares arrabaleros, inmunes a las formas y al decoro mínimos que debe poseer un gobernante.

     La sabiduría universal nos enseña que sólo quien puede dominarse a si mismo puede dirigir a los demás, y nos aconseja que no debemos hablar en demasía, pues el silencio y la prudencia son las muletas en que se apoyan la andadura y la palabra del hombre cuerdo. Por el contrario, nuestros gobernantes se ahogan en una alocada locuacidad con la que dejan en evidencia todas sus carencias intelectuales y morales. Y atacan despiadadamente a quienes desde los medios de comunicación y las redes sociales les echan en cara todas las mentiras y disparates que con increíble mentecatez e irresponsabilidad difunden a los cuatro vientos.

     A los venezolanos de bien debe guiarnos la certeza de que sostener la verdad es amar al mismo tiempo la justicia, y que silenciar la verdad equivale a permitir que palidezca al mismo tiempo la justicia. En ocasión del vigésimo aniversario del 23 de Enero de 1958, el entonces Presidente Carlos Andrés Pérez recordó que. “La lucha por la libertad ha sido gallardo y constante signo en la vida venezolana. Todas las épocas de nuestra historia están signadas por la presencia y el sacrificio de venezolanos que lucharon por la libertad y la dignidad humanas.”

     Estoy seguro que los venezolanos de hoy no defraudaremos a nuestros ancestros y sabremos actuar correctamente y oponernos al mal, en el entendido de que la pasividad en la acción, el no ayudar a la consecución del bien, de la libertad y la democracia verdadera equivale a permitir el triunfo y la permanencia del mal, de la opresión, del autoritarismo, la brutalidad y la barbarie.

Jorge Ramírez Fernández
@jorgeramfer
jorgeramirezfernandez@hotmail.com

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