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jueves, 17 de septiembre de 2009

*GUERRA DE TITANES, UN ESCENARIO GEOECONÓMICO QUE IGNORA O DESCONOCE CHÁVEZ, ANDRÉS SIMÓN MORENO ARRECHE

Igual que en la mitología griega, los actuales Estados Titanes, esos que en el ayer reciente de la historia de la humanidad y aún hoy día descuellan en casi todos los aspectos del desempeño humano, son gobernados por sistemas y personas cuya su estatura moral y ética han demostrado ser excepcionales. Tres de estos Estados Titanes muestran su excepcional fortaleza en un combate de profundos contrastes que se desarrolla sobre las arenas del destino humano; ellos son China, el Titán Amarillo, Europa el Titán Azul y América en Titán Blanco. Esta es la realidad geoeconómica en la que debe luchar la economía venezolana y éstos, los tres titanes que lideran la contienda:

El Titán amarillo resplandece su poder desde el Oriente. Tiene la fortaleza endógena de un mercado de más de mil quinientos millones de personas con la más alta tasa de desarrollo. La sociedad china era fundamentalmente agraria y ello contribuyó a la permanencia de los valores culturales, al inmovilismo y tradicionalismo milenario que han caracterizado a la civilización china. El auge de China se inició con la gran dinastía Tang (618-907), con la que gozó del periodo más dilatado de prosperidad de la historia mundial. De hecho, la época de la dinastía imperial Tang está considerada por muchos historiadores como la era más gloriosa de la vasta historia de China.

Tras el final de la Guerra Civil China, el Gobierno de la nueva República Popular, bajo la dirección del Partido Comunista de China, comenzó a aplicar una serie de reformas económicas de carácter socialista, tales como la nacionalización de las empresas privadas y la colectivización de la agricultura. Los dirigentes chinos apostaron en un primer momento por el modelo soviético de desarrollo, apoyado en un pacto de cooperación económica con la Unión Soviética, que se reflejaría en el Primer Plan Quinquenal que se desarrolló entre los años 1953 y 1957.

Tras el Primer Plan Quinquenal, el líder chino Mao Zedong decidió alejarse del modelo soviético Las medidas económicas fueron conocidas como el Gran Salto Adelante, que fue en realidad un brinco abismal hacia la pobreza y la hambruna, durante la cual fallecieron 20 millones de personas, y la Revolución Cultural destruyó la quinta parte de su patrimonio cultural.

Después de dicho fracaso en 1958 los dirigentes comunistas chinos empezaron a dar marcha atrás, paralizando y revirtiendo las políticas adoptadas en este periodo. Las políticas económicas pasarían a un segundo plano debido al intenso conflicto ideológico en el seno del Partido, que se manifestaría en la Gran Revolución Cultural Proletaria, periodo durante el cual muchos líderes del Partido fueron apartados del poder.

El nuevo líder que tomó las riendas del poder a la muerte de Mao en 1976, fue un comunista de la vieja guardia llamado Deng Xiaoping, enfrentó una tarea titánica y sin precedentes dada la devastación del país, su inmenso territorio y su numerosa población. Pero Deng tenía un modelo económico inmejorable y cercano por seguir para emprender el desarrollo de China: Taiwán. El PNB de la isla había crecido entre 1960 y 1965 a una tasa promedio altísima: 9.5%. China no había logrado superar el 4.7%. Y entre 1965 y 1972, mientras el PNB chino se había elevado apenas un punto porcentual, Taiwán creció a la tasa de 10.1%. Deng adoptó la receta taiwanesa como base para la ofensiva económica que bautizó como las cuatro modernizaciones y cuyo objetivo era el "desarrollo económico por cualquier medio".

Aunque el Estado conservaba su función planificadora, se comenzó a fomentar la creación de empresas privadas, a la vez que se alentaba la entrada de capital extranjero, necesario para financiar el desarrollo de infraestructuras y de una base industrial que en ese momento, finales de los años 70, era aún muy pobre. A principios de los setenta, el gobierno local había firmado "contratos" con familias campesinas, dejándolas en libertad para plantar lo que desearan a cambio de una cuota para el Estado y permitiéndoles vender el excedente en el mercado. La producción agrícola de la provincia se incrementó 24% en un periodo de tiempo de 3 años (entre 1976 y 1979.

En unos cuantos años, surgió una clase de pequeños empresarios que multiplicaron la producción del campo y establecieron industrias procesadoras de alimentos. Las reformas económicas contribuyeron a un crecimiento económico muy intenso a lo largo de los años 80 y para mediados de esa década, el liderazgo chino y los ministerios del gobierno tenían ya una red de institutos dedicados a la investigación, y equipos de asesores nacionales y extranjeros para promover y encuadrar legal y diplomáticamente la modernización del país.

Un buen número de industrias fueron calificadas como "centros experimentales", y se dejó en libertad a empresarios y directores para establecer una estricta disciplina, modernizar los métodos de producción y despedir a los trabajadores ineficientes y dar bonos a quienes sobresalieran en el trabajo. En 1984, se establecieron Zonas Económicas Especiales (ZEE7) en 14 ciudades costeras, que debían promover áreas de desarrollo industrial y podían otorgar exención de impuestos para los inversionistas extranjeros.

Después se establecieron 3 triángulos cuyo objetivo era acelerar el crecimiento económico. El modelo establecido por Deng Xiaoping estaba ya consolidado cuando pasó las riendas en 1990, a su sucesor, Jiang Zemin. Los herederos compartían su proyecto. Zemin modificó la estructura y los principios del Partido Comunista e incorporó nuevas regiones al desarrollo que se había concentrado en el sureste.

Desde el inicio de los años noventa, la demanda interna de China, junto con sus importaciones, ha crecido con mucha firmeza y el país ha desempeñado una función fundamental de difusión y sostenimiento del impulso de crecimiento en todo el mundo en desarrollo, un proceso al que no se deben poner trabas. Sin embargo, a partir de 1992, Deng Xiaoping dio el respaldo definitivo a las reformas económicas, con su famosa inspección del sur, el viaje en el que visitó las zonas de mayor crecimiento económico.

Tras la confirmación de que la política económica mantenía la orientación reformista y de apertura de los mercados chinos al exterior, la economía alcanzó tasas de crecimiento económico sin precedentes. En ese año el crecimiento del PIB alcanzó el 14,2% manteniéndose en torno al 10% durante los años siguientes, hasta la actualidad. Las políticas de reformas económicas implementadas por China desde 1978 y su ingreso en la Organización Mundial del Comercio, la han convertido en un motor de las economías asiáticas.

Con su ingreso a la OMC los productos elaborados en China han logrado acceder a los mercados internacionales e incrementar las tasas de crecimientos y los índices de exportaciones e importaciones, para la región asiática, al formularse la interrogante, ¿Es o puede ser el comercio un promotor de desarrollo? Todo parece indicar que no es el comercio el que genera desarrollo sino al contrario: en la medida en que los países prosperen es que podrán participar en el comercio mundial de mejor manera y beneficiarse más ampliamente del acceso a los mercados.
El Titán azul es Europa y su comunidad de naciones y es, nominal y porcentualmente, el más grande. Aunque acosada de cerca por el Titán amarillo, la economía de la Unión Europea es la más grande del mundo, según el Fondo Monetario Internacional. En 2005 superó en mil millones de euros a la estadounidense y a pesar de que en 2008 tuvo un crecimiento del PIB negativo (-0.5%) las cifras globales de la economía de este Titán son abrumadoras: 1.110 millardos de euros en exportaciones sólo en el año 2002 (excluidas las intracomunitarias) dirigidas principalmente a países clientes como Estados Unidos, Suiza, China y Japón. Los principales productos de exportación, líderes en sus respectivos renglones son: maquinaria, vehículos, aviones y productos farmacéuticos. La estructura del PIB de la comunidad europea en 2003, distribuida por sectores del PIB total es: Agricultura, Silvicultura y Pesca 2%. Industria y construcción 28%. Servicios 70%. Si estas cifras son impactantes (vistas desde la perspectiva de un 2009 sombrío) la historia de este Titán Azul lo es más todavía: Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, las economías de los países de Europa quedaron virtualmente destruidas, lo que dio fin a la tradicional hegemonía europea en el mundo. Las dos nuevas superpotencias: tanto Estados Unidos (EE.UU.) como la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), tenían un poder económico superior al del conjunto de los estados europeos.

Con el fin de ayudar a la recuperación económica de Europa y así evitar que su parte occidental cayera en el comunismo, los Estados Unidos elaboran el Plan Marshall, un plan de ayuda económica que empezó en 1948 y acabó en 1951 y que aportó más de 12.700 millones de dólares a diversos estados europeos (principalmente a Reino Unido, Francia, Alemania, Italia y Países Bajos).

Con el Tratado de París, en 1951, se constituye la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), primera piedra del desarrollo económico de la Unión Europea, que desde entonces no ha dejado de consolidarse hasta convertir a la unión en la primera potencia comercial, pues actualmente representa el 20% de las importaciones y exportaciones mundiales. Con posterioridad a la CECA se inició la liberalización del comercio entre sus Estados miembros, lo que constituye la clave en el éxito de la Unión. Fue entre 1950 y 1979 cuando se vivió una etapa de fuerte y continuado crecimiento económico, que se acabó con la crisis del petróleo de 1973. Una vez superada esta crisis, los estados europeos volvieron a crecer económicamente, pero nunca tanto como durante aquellos 20 años.

Tras la incorporación de los nuevos miembros, hasta un total de 27 países en 2007, se consideran como áreas económicas más importantes y con características propias de la Unión Europea las siguientes: El área continental, constituida por Francia, Alemania, Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo y Austria. Es la de mayor peso económico, con una fuerte concentración industrial y la que se ha considerado como motor de la economía de la Unión.

El área mediterránea de España, Italia, Grecia, Eslovenia, Portugal, Malta y Chipre. Su nivel de desarrollo es elevado, ligeramente menor que el del área continental, pero concentra el turismo y una importante parte de la agricultura más productiva de la Unión. En el momento en el que Turquía entre a formar parte de la Unión Europea, esta área será una de las más dinámicas y de mayor mercado.

El área del Báltico la forman Finlandia, Suecia y Dinamarca, a los que se han unido Lituania, Estonia, y Letonia. Por un lado son economías muy dinámicas, de gran riqueza forestal y altas inversiones y desarrollo en tecnología, pero su peso no es muy acentuado debido al menor volumen de población y producción que el área continental.
El área del Este, formada recientemente por la mayoría de Estados incorporados. Se caracteriza por ser la de menor desarrollo económico, la que precisa todavía una fuerte reconversión en distintos sectores industriales y mantiene unas vinculaciones económicas importantes entre los propios países que la integran, fruto de su pasado reciente. Estos estados serían tales como Hungría, Rumanía, Chequia, Bulgaria, Eslovaquia y Polonia.

Y el área Británica del Reino Unido e Irlanda, una economía muy consolidada, de fuertes vínculos con la economía de Norteamérica (especialmente con Estados Unidos). y con grandes reservas de petróleo y carbón.

Pero la unión de Europa, cuyos resultados económicos están a la vista, consolidó su estructura siendo una unidad económica monetaria. La Unión Económica y Monetaria (UEM) hace referencia a la zona con una moneda única dentro del mercado único de la Unión Europea, donde las personas, las mercancías, los servicios y los capitales circulan sin restricciones. Conforma el marco para la estabilidad económica, sustentada en un banco central independiente y las obligaciones jurídicas impuestas a los Estados miembros, consistentes en aplicar políticas económicas sólidas y en coordinarlas estrechamente.

Puesto que los intercambios comerciales entre los Estados miembros de la Unión Europea alcanzan el 60% de su comercio total, la Unión Económica y Monetaria es el complemento natural del mercado único. Este mercado funciona con mayor eficacia y desarrolla plenamente sus efectos beneficiosos gracias a la eliminación de los elevados costes de transacción, generados por la conversión de las monedas nacionales y las incertidumbres asociadas a la inestabilidad de los tipos de cambio.

El Euro, la moneda de la eurozona o zona euro, compuesta en 2008 por quince de los 27 Estados miembros de la Unión Europea entró en circulación el 1 de enero del 2002, mientras que el Banco Central Europeo (su sede principal está en la ciudad de Fráncfort del Meno) fue creado diez años antes, en 1998, de conformidad con el Tratado de Maastricht, para introducir y gestionar la nueva moneda, efectuar operaciones con divisas y garantizar el buen funcionamiento de los sistemas de pago. Es también responsable de fijar las grandes líneas y ejecutar la política económica y monetaria de la UE, mantener la estabilidad de precios en la zona euro y preservar el poder adquisitivo del euro. El BCE sustituyó al Instituto Monetario Europeo (IME), institución monetaria creada en 1994 dentro del marco de la UE que tenía su sede en Fráncfort del Meno, y su misión consistía en coordinar la política económica y monetaria de los estados miembros y en preparar la introducción del euro.

La Unión Europea es la primera potencia económica del mundo, y de acuerdo con las cifras del Fondo Monetario Internacional para 2006, supera holgadamente a los Estados Unidos. Según estas cifras del FMI para 2006, el PIB nominal de Europa es de 13.926.873.000.000 $ (el estadounidense es de 13.228.391.000.000 $). Lo cual hace que el PIB (nominal) per cápita de la Unión Europea en 2006 sea de 29.899 $ (en EEUU es de 44.168 $).

Hay que acotar que la economía europea está saliendo de una crisis económica que ha provocado que el crecimiento económico en Estados como Alemania o Italia sea negativo en algunos ejercicios, pero tanto los estados del Este como algunos del oeste (España o Irlanda) el crecimiento económico es importante y las economías están en plena expansión, creciendo por encima de la economía americana (que creció a un 3,3% en 2005), aun así, el conjunto de la economía europea crece por debajo del nivel de la estadounidense o de la china.

La Unión Europea es miembro de la Organización Mundial del Comercio y mantiene una saludable relación bilateral con Rusia, del cual es el principal socio comercial; sostiene una balanza económica favorable con la mayoría de países africanos, con los países europeos no pertenecientes a la UE y a partir de 2005 también con la República Popular China, con transacciones que superan los 100.000 millones de euros al año. Sin embargo la Unión Europea aún no ha reconocido al país asiático como una economía de mercado. Mientras tanto Francia pidió el levantamiento del embargo de armas que Europa mantiene con China desde los hechos de la Plaza de Tian'anmen en 1989. Paralelamente (y dentro del ambiente globalizado que impone la post modernidad) la Unión Europea ha manifestado interés en cerrar acuerdos de libre comercio con dos grupos. Uno es la Comunidad Andina de Naciones, constituida por Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú, y el otro grupo es el Mercado Común Centroamericano.

Estados Unidos de Norteamérica, el Titán blanco, es el más poderoso de los tres. Los Estados Unidos tienen una economía mixta capitalista, que es alimentada por abundantes recursos naturales, una infraestructura desarrollada, y una alta productividad. De acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, el PIB los Estados Unidos es de más de $ 13 billones y constituye más del 25,5% del producto bruto mundial a tipos de cambio del mercado y más del 19% del producto bruto mundial en paridad de poder adquisitivo (PPA). Es el PIB nacional más grande en el mundo, siendo inferior al PIB combinado de la Unión Europea y a su PPA en 2006.

La dinámica de la economía de los Estados Unidos hace que este país ocupe el undécimo lugar en la lista de países por PIB nominal per cápita y el octavo en la de países por Producto Interno Bruto a valores de paridad de poder adquisitivo per cápita. Es el mayor importador de bienes y tercer mayor exportador. Canadá, México, China, Japón y Alemania son sus principales socios comerciales, y el principal producto de exportación es la maquinaria eléctrica, mientras que los vehículos constituyen la principal importación. La deuda nacional es el más grande del mundo, equivaliendo en 2005 al 23% del total mundial. Como porcentaje del Producto Interno Bruto, la deuda de los Estados Unidos ocupa el trigésimo lugar entre los 120 países sobre los cuales se dispone de datos.

Estados Unidos tiene ricos recursos minerales con extensos yacimientos de oro, petróleo, carbón y uranio. Las industrias agrícolas son los principales productores del país de maíz, trigo, azúcar, y tabaco, entre otros productores. El sector manufacturero produce, entre otras cosas, automóviles, aviones, armamento y electrónicos. La industria más grande es ahora el sector servicios en cual trabajan unos tres cuartos de los residentes. La actividad económica varía bastante en las diferentes regiones del país.

Varios países han enlazado su moneda con el dólar estadounidense (como la República Popular China), y otros lo han adoptado como su propia moneda, como Panamá, Ecuador y El Salvador, por ejemplo, lo cual ha fortalecido a una economía que actualmente es cada vez más vulnerable. En 2003, los Estados Unidos figuraron como el tercero de los destinos turísticos más visitados; sus 40,4 millones de visitantes son menos que los 75 millones de Francia y los 52,5 millones de España.

Han aparecido nuevas señales de que la recesión que comenzó en diciembre de 2007 ha dejado de profundizarse. Entre las cifras recientes se cuentan las ventas minoristas que cayeron apenas 0,1% después de un salto de 1,8% en enero. La construcción de casas se incrementó 22% en febrero a una tasa anual estacionalizada de 583.000 frente al mes anterior. Las ventas de casas nuevas subieron 4,7% en febrero, dijo el gobierno esta semana. Una parte del PIB sube fuertemente. El gasto federal se incrementó 7,0% en el cuarto trimestre, un salto mayor al 6,7% esperado. Los gastos del tercer trimestre subieron 13,8%. El gobierno estadounidense ha estado gastando dinero para aliviar el golpe de la recesión y rescatar a Wall Street. Sin embargo, los gastos de los gobiernos locales y estatales cayeron 2,0% mientras que hace horas, el Director de la Reserva federal, Ben Bernanski, anunció oficialmente que el país iniciaba una lenta pero sostenida reactivación económica, luego de una crisis que en su momento fue comparada con la recesión de los años ’30 del siglo pasado.

Venezuela y la guerra de los Titanes:
En esta ‘Guerra de Titanes’, las actuales estrategias geoeconómicas se desarrollan sobre una nueva realidad mundial, consolidada en el transcurso de los últimos 25 años y marcada por tres elementos particulares: La desintegración de la URSS y su modelo económico sustentado en el comunismo; el vertiginoso crecimiento económico de la República Popular China con su doble modelo estructural y la materialización de la unidad económica de buena parte de Europa. Estos cambios han potenciado nuevos polos para la economía mundial que han impulsado el proceso de Globalización. Ahora, la otrora insuperable potencia económica de EE.UU. enfrenta al bloque europeo que le disputa la supremacía en varios campos. Prueba de este enfrentamiento es la disputa que sostienen los dos bloques a causa del éxito del fabricante europeo Airbus que destronó a la estadounidense Boeing como principal fabricante de aviones a nivel mundial.
La República Popular China ha decidido incrementar sus relaciones comerciales con la Unión Europea, en detrimento de los intereses de Japón, que durante las últimas décadas había sido el principal socio comercial de ese país. El impulso de la economía de la Unión Europea se basa principalmente en el llamado "eje franco-alemán", que desde hace cuatro décadas trabaja en la defensa de una política europea y por extensión, una política global conjunta, que constituye el motor de la economía de la unión.

Mientras las estrategias geoeconómicas marcan la ‘hoja de ruta’ de un progreso mundial sostenido sobre los tres titanes de la economía, pareciera que en Venezuela se traza un rumbo equivocado, una trayectoria desconocida, para navegar a la deriva sobre el Mar de las Incertidumbres: Agredimos al Titán Blanco, nuestro aliado comercial tradicional; estamos fuera de los intereses geopolíticos del Titán Amarillo y nos alejamos del marco democrático, que como conditio sine qua non exige el Titán Azul para hacer cualquier tipo de transacciones comerciales con Venezuela.

Es evidente que el más reciente de los periplos turísticos del Presidente Chávez, que lo ha llevado por ‘lo peorcito’ de África, Asia y Europa, nos ha colocado en la mira de los titanes. Los tres nos observan y marcan distancia, y mientras contabilizan el riesgo, uno de los miembros del Titán Azul se arriesga a recibirle en La Moncloa (Rex inclusum) más por asegurar la existencia de sus inversiones que la de incrementarlas. Estamos en el comienzo de la década de ‘las vacas flacas’ y eso lo sabe el señor Presidente. Por eso agrede al pueblo. Por eso aprovecha los últimos cartuchos petroleros para viajar. Por eso vuelve a huir pa’lante, sin saber que pa’lante es para allá, donde lo espera el Destino rodeado por los tres titanes de la economía mundial.

Andres Simon Moreno Arreche
andresmorenoarreche@gmail.com

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domingo, 13 de septiembre de 2009

*CONTRADICCIONES REVOLUCIONARIAS, ESPLENDOR CON HAMBRE, ANDRÉS SIMÓN MORENO ARRECHE, POR LA CALLE DEL MEDIO

Alerto a mis lectores sobre la orientación punitiva de este escrito. Por primera vez me aparto del estilo de ‘denuncia genérica’ y del ‘humor negro’ para convalidar con esta nota la denuncia de la violación específica de los Derechos Humanos de los niños de la calle en Venezuela, violación que el innombrable Presidente de la República ejecuta por su propia ineptitud y la de sus funcionarios con responsabilidades directas en el caso. El hambre es el más cruel de los escarnios a los que se puede someter a un ser humano; pero es una crueldad que se multiplica groseramente, cuando se trata de niños. Nuestros niños venezolanos, esos que viven en diariamente la paradoja de pasar hambre y abandono sobre las calles de un país con un Gobierno inmensamente rico.

LOS NIÑOS DE LA CALLE ACUSAN AL PRESIDENTE

Estamos frente a una de las contradicciones revolucionarias más grotescas del rrrrégimen que encabeza el Héroe del Museo Militar. Más grotesca aún que el seguir llamándose como lo inscribieron al nacer, luego de aquella famosa promesa: “Me dejaré de llamar Hugo Rafael Chávez, si dentro de un año hay un niño abandonado en la calle” Han transcurrido diez largos años desde esa amenaza revolucionaria que asombró a todos, pero que ha sido incumplida a pesar de contar con los recursos económicos y una Ley de Poderes Especiales que lo facultaba para corregir esta situación sin ataduras legislativas, pero su incumplimiento ha llegado al punto que el incremento nominal y porcentual de los niños abandonados en la calle ha crecido exponencialmente, justo a partir de ese día. Por eso media Venezuela también le conoce como ‘El Innombrable’.

Porque las estadísticas de las Naciones Unidas son lapidarias: Muestran que en América Latina los niños de la calle tienen edades que oscilan entre 8 y los 17 años. Las niñas constituyen aproximadamente un 10 y 15%, ya que tienen más posibilidades de elaborar estrategias alternativas (cuidados de hermanos menores, trabajo doméstico, prostitución). A partir de datos obtenidos por UNICEF, tomados por ellos de informantes clave en el año 1991, se pudo estimar que en Venezuela habían 6.000 niños viviendo en la calle, es decir sin vínculos familiares o con vínculos débiles. La gran mayoría (80%) varones y su distribución etárea para la fecha de la investigación era la siguiente: 15% menores de 8 años de edad, 50% entre 8 a 14 años y 35% entre 15 y 18.

La cantidad de niños indigentes se ha elevado, desde 1991 a niveles tan escandalosos, que el Instituto Nacional de Estadística (INE) ha tenido que maquillar las cifras de la investigación 2007 con ejercicios estadísticos fatuos. Entonces, por arte de magia de una matemática mística e irreal, resta 11.000 de un solo plumazo a los 17.950 niños de la calle contabilizados en el censo de ese año, porque esa es la cantidad de niños que en algún momento del día son ‘afectados’ por cualquiera de los ‘programas de inclusión’. Es decir, que según el criterio del señor Eljuri, (Director del INE) dejan de ser ‘niños-de-la-calle’ porque en algún momento del año, algún funcionario los censó y los ‘incluyó’ en alguno de los programas sociales; léase: los anotó en una planilla y les dio un pan o un ticket.

Y como el papel aguanta de todo (incluyendo las excrecencias intestinales) ‘El Innombrable’ se auto-engaña con esa mentira estadística e insiste en hacerse llamar como solían hacerlo antes de la famosa promesa. Cada día que pasa hay más niños viviendo en la calle, abandonados por padres irresponsables, o sin trabajo que deambulan con ellos, y esto es así, señor Presidente, porque sus políticas de inclusión han fracasado estrepitosamente. Porque olvidó la sentencia bíblica aquella del “No le des un pez... Enséñale a pescar”. Porque su visión de Gobierno mesiánico ha convertido al Estado en un ente menesteroso, mientras usted dispone personalísimamente de los fondos del Gobierno y dilapida miles de millones de dólares que regala a países ‘aliados’ del ALBA, a la par que interviene, cierra o ‘espanta’ a las empresas privadas que son las fuentes de empleo que necesitan esos padres para salir de la indigencia y vivir y educar a sus hijos con dignidad.

Señor Presidente, cada uno de los 17.950 niños que hay actualmente en las calles venezolanas lo acusa a usted. Y lo acusa con motivo y razón de ser un incapaz. De populista. Lo acusa de mentiroso y de inmerecer el título, no ya de Presidente, sino de ciudadano venezolano, cuando ven su redonda y abotargada figura, al lado de Oliver Stone en Venecia, caminando sobre la alfombra más capitalista de la humanidad, gastándose los dólares que ellos necesitan para comer este día y tener un futuro promisor, como se merecen.

VENEZUELA, DESNUTRIDA Y CON MÁS HAMBRE

Según la FAO, el término desnutridas se aplica a aquellas personas que, de forma permanente, consumen una cantidad de alimentos insuficiente para sus necesidades, desde el punto de vista de las calorías ingeridas. Por ello, podemos afirmar que en Venezuela existe una situación de inseguridad alimentaria, no únicamente porque no producimos lo que el país requiere, sino porque hay personas que carecen de acceso a una cantidad suficiente de alimentos inocuos y nutritivos y por lo tanto, no consumen los alimentos que necesitan para un crecimiento y desarrollo normales para una vida activa y sana. La inseguridad alimentaria en Venezuela es crónica estructuralmente y por eso produce una desnutrición generalizada en el país.

En Venezuela, la inseguridad alimentaria es crónica hace más de 10 años pero se ha incrementado en gran parte por la incapacidad de las políticas agroalimentarias de este rrrrégimen para la recuperación sostenida de la agroindustria de alimentos y de la ganadería de doble propósito, que son dos de los muchos segmentos productivos que han sido golpeados severamente, tanto por los controles de precios y el control cambiario como por la invasión a los predios productivos y la inseguridad jurídica y personal que se vive en el campo. Sólo por esto, la desnutrición se atornilla en el estómago de los venezolanos y se muestra, en las estadísticas de consumo y en el rostro de la gente, como una realidad inocultable que amenaza a la población, comenzando por los grupos más vulnerables: los más pobres y entre éstos, los niños de la calle.

Es inevitable volver a las cifras, pero no a cualquiera, a las más confiables, las de la UNICEF de las Naciones Unidas. Según sus investigaciones más recientes, uno de cada cinco niños sufre algún tipo de desnutrición en Venezuela, mientras que 24 de cada 100 mil murieron por causas violentas. Nadya Vásquez, representante de Unicef en Venezuela, indicó que se ha registrado un aumento en los homicidios de niños de más de diez años de edad, y además, según esta representante de Unicef, el 20% de los bebés en Venezuela son hijos de madres adolescentes, que nacen ‘prematuros de peso’ por descontrol prenatal de sus madres y por la desnutrición crónica que ellas manifiestan.

Y mientras el señor Presidente ‘payasea’ en Venecia y gasta para sí y su abrumadora comitiva ‘chorrocientos’ de dólares todos los días, la desnutrición infantil se afinca en Venezuela y amenaza con transformarse en una epidemia social de proporciones inimaginables. No lo afirmo sin referente oficial, lo reflejan las cifras del Ministerio del Poder Popular para la Salud: De los niños menores de cinco años, 3,7% sufre de desnutrición aguda, 11,7% de desnutrición crónica y 4,6% de desnutrición global. Estos porcentajes son tomados del reporte más reciente del Ministerio del Poder Popular de Planificación, y corresponden al año 2005.

Según datos de mortalidad de este Ministerio del Poder Popular (¿para la Salud?) 13 de cada 100 mil niños fueron asesinados en 1999, pero en 2006 esa cifra se elevó a 24 de cada 100 mil y además constituyó la principal causa de muerte en adolescentes varones. Y de acuerdo con las declaraciones de la presidenta del Instituto Nacional de Nutrición, Marilyn Di Luca, el índice de prevalencia del hambre o desnutrición en Venezuela llegó a 8% entre 2006 y 2007.

Señor Presidente, la desnutrición crónica que padecen nuestros niños no es cuento ni una ‘percepción mediática’. Es una triste realidad en la cual las reservas orgánicas en el cuerpo de nuestros 17.950 niños de la calle se agotan dramáticamente, día a día, debido a una carencia calórico-protéica. Esto implica que en sus organismos se está sucediendo el sacrificio de una función o el mal desarrollo de un órgano para realizar otra más inminente: subsistir.

Señor Presidente, interrumpa ese viaje ominoso y regrese de inmediato. Usted tiene la obligación constitucional de poner en práctica ¡Ya! un plan coherente, sustentable y de largo aliento de ayuda social que ataque el hambre de nuestros niños de la calle (recuerde: son 17.950) pero que vaya más allá de lo coyuntural: que llegue a todos los necesitados del país, sin tanta burocracia ni tanta corrupción. No tenga miedo político en reactivar mecanismos ‘de la Cuarta’, como los comedores populares, los albergues para niños y personas de extrema pobreza para que allí se les brinde, diariamente, un plato de comida balanceada y sirva de enlace para la inclusión social de los menesterosos y necesitados.

Señor Presidente, pare la gastadera en esos viajes y la regaladera a gobiernos extranjeros, y al regresar siéntese con los productores del campo, con los ganaderos, con los industriales. Escúchelos y acuerde medidas inmediatas y de largo aliento para incentivar la producción de alimentos en el país. Reactive la reunión con los Gobernadores de los Estados, con todos, en un marco de venezolanidad y escúchelos. Óigalos y acuerde con ellos, sin distingos ideológicos, planes contingentes y acciones a futuro para iniciar, desarrollar o incrementar la producción de alimentos.

Señor presidente, si consideramos que en Venezuela hay más de 27 millones de habitantes, y que según el Instituto Nacional de Estadística, el 8% de la población que tiene problemas de desnutrición, estamos hablando de más de 2,1 millones de personas que hoy no comieron lo suficiente. Si usted no se regresa ¡Hoy mismo! para gerenciar con eficacia y eficiencia este oprobioso problema social, entonces no quedará otra que darle la razón a aquellos que afirman que usted es “Candil de la calle y oscuridad de la casa”, y que privilegia el esplendor de las marquesinas vienesas por encima del hambre de su pueblo.

Andres Simon Moreno Arreche
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martes, 8 de septiembre de 2009

*CONTRADICCIONES REVOLUCIONARIAS: CHÁVEZ PA’SIEMPRE ¿ESO ES DEMOCRACIA?, POR: ANDRÉS SIMÓN MORENO ARRECHE

Una de las consecuencias más nefastas de la concentración del poder (de cualquier poder, en cualquier sistema) es la eternización del mandante. Quien se siente ‘ungido’ por el destino no acepta, ni si quiera concibe, la posibilidad que otro pueda desempeñarse en su lugar cimero, con igual performance o incluso mejor que él, y aunque haya llegado a donde está por el voto popular o por la aclamación de sus iguales, rápidamente olvida la legitimidad de su origen, el talante democrático que lo condujo hasta esa posición, y entonces se autoproclama, usualmente por vías de facto, transformándose en el primus imperator, cuya voz no ha de ser contradicha, y cuyo poder habrá de prolongarse ad infinitum.

La reelección permanente de cualquier mandato, en especial la del Presidente de la República transforma el ideal de la horizontalidad socialista protagónica, en la dependencia de un líder ungido y autoproclamado, que además afecta al Estado de Derecho y convertirá al sistema democrático en servidumbre del ciudadano o en mesianismo cuasi-autoritario, con respaldo de opinión.

Desde el momento en que se refrendó el pasado 15 de febrero la reelección del Presidente, se construyó el escenario para el enfrentamiento del pueblo contra la democracia, un pueblo que es instrumento de una clase política poco recatada frente a la moral pública y a la ley, y por un Presidente que controla toda la agenda política y que quiere ser él el Estado, versión caribeña de L'État c est moi.

La reelección coacciona el ejercicio del poder pues al aprovecharse de unos aspectos de la democracia como la participación, se distorsionan otros como el equilibrio de poderes, la alternabilidad y la libre circulación de las ideas. La reelección presidencial no es un auténtico proyecto político de transformación social o de desarrollo ciudadano. Es un proyecto para controlar los hilos del poder, en su manifestación más pura y a la vez más estéril. Un proyecto auto-referenciado, en el sentido de que el poder sólo se justifica si es para “mí”; de modo que desde el “mí” del gobernante, es que el poder adquiere algún valor, y deja de lado las necesidades de la sociedad, para dedicarse a las del gobernante.


El sociólogo Anthony Guiddens decía que el poder adquiría sentido si era para cambiar situaciones; para transformar relaciones, podría agregarse. Pero en Venezuela, el proyecto político de Chávez y poder ciudadano se divorcian a partir del afianzamiento del Presidente en el poder, con lo que comienza a desnaturalizarse el ejercicio mismo de este último, en lo que tiene que ver con su dimensión de buscar consensos y de apropiarse de los recursos para gobernar la sociedad.


El ánimo de prolongar el mandato de un gobernante, aún si es bajo los mecanismos de la democracia, se explica, o bien por el sólo interés de mantener el poder y sus ventajas, es decir, por el interés del gobernante y de su séquito, o bien por sostener un proyecto de largo aliento, que tiene como propósito la conducción transformadora de la sociedad, en ‘algo’ que se le tiene oculto a esa sociedad, como ha sido develado en Venezuela el aberrante proyecto social del Socialismo del Siglo XXI, que ni está contemplado en la Constitución de 1999, ni fue declarado como Visión de Estado, sino recientemente, luego de que el Presidente tomara control de las Instituciones democráticas que habrían de controlarle a él, gracias a una Asamblea Nacional sumisa y obsecuente.

Toda reelección lejos de consolidar la revolución, sólo pone de manifiesto su ausencia. Sostener que hay necesidad de una reelección indefinida para el mismo Presidente es sembrar en el vacío la justificación de un poder que se quiere conservar. Es quitarle de hecho la sustanciación histórica y real que toda revolución requiere para el natural ‘aggiornamiento’ que el tiempo y los cambios sociales obligan a enfrentar. En la historia de la política durante los últimos cien años no hay nada que justifique el entronque histórico entre un líder mesiánico y los colectivos que pretende dirigir. Por muy bueno que haya sido cualquier Presidente en cualquier democracia occidental, no hay nada que obligue a excluir a los demás personajes de la vida política por la sola razón de que fuesen incapaces congénitamente para aplicar proyectos y programas, iguales o distintos, para alcanzar los mismos objetivos de justicia, igualdad y paz social.

Chávez ¿Presidente constitucional o líder mesiánico?

Asumir que Chávez es un sujeto histórico insustituible, una figura providencial, es pisar los terrenos inmateriales e inaprehensibles del mesianismo. Y no simplemente los del interés terrenal y prosaico de una dirigencia política y de un Presidente sin estatura de estadista, aunque, dotado ciertamente de una extraordinaria capacidad histriónica para el mitin, el caradurismo de la mentira como política comunicacional de Estado y el accionar mediático.
En realidad, el reeleccionismo de Chávez, reúne tanto los ingredientes del interés mezquino, el de la simple conservación del poder por una élite política que quiere perpetuarse en medio de los vacíos de un proyecto, como los impulsos primigenios de un mesianismo en ciernes. Lo cual, de prolongarse como es su voluntad, ad infinitum, acarreará efectos políticos, institucionales y culturales de carácter regresivo, desde el punto de vista de la democracia. La consolidación de una figura en el poder, el mesianismo político, sólo es posible en estructuras sociales que nada tienen de democráticas pero mucho de totalitarias. Los efectos de la consolidación del poder en Chávez y para siempre tienen efectos a corto, mediano y largo plazo, que los venezolanos ya podemos apreciar en las instituciones del Estado, en el régimen político del Gobierno y hasta en la cultura de la sociedad.

La reelección permanente de Chávez en el poder no sólo afecta la arquitectura institucional de la revolución socialista, sino que distorsiona el juego democrático y la cultura de la alternancia política, con efectos que ya estamos viendo los venezolanos: Concentración del poder, supresión política de la participación ciudadana e involución de la democracia con desaparición de su condición ‘protagónica’.


La prolongación del gobierno de Chávez implica más y más concentración mayor del poder en manos del Presidente. Como hemos visto en los últimos diez años, la marcha inercial de los mecanismos con los que funciona el Estado, el momento crítico de las decisiones tiende a trasladarse hacia el Presidente; la prolongación de su mandato acumula todas las posibilidades de decisión en él, y el resultado ya está a la vista: Centralización administrativa, des-federalización, castración administrativa de las competencias de las Gobernaciones de Estado y asignación de recursos, programas y actividades a las regiones sólo y exclusivamente por el capricho o la benevolencia presidencial.

En el actual régimen presidencial totalitario, todos los caminos conducen, no a Caracas sino a Miraflores, al entorno del Jefe de Estado, a su ‘anillo cero’. Este último es el que lo conecta con el pueblo y establece una alcabala por donde se filtran necesidades de todo tipo y hasta la realidad cuando ésta debe ser del conocimiento del ‘mesías’, aunque a veces presenta fisuras como la que se observó en el ya famoso ‘Aló Presidente’ y entonces, el mesías se enteró, por mampuesto, que existe una cosa que se llama ‘ruleteo’ en los hospitales públicos, y las mujeres tienen que parir en las aceras, como animales.


La evidencia de que existe totalitarismo en la gestión pública del Gobierno es la mayor acumulación simbólica y material, en los recursos de la decisión y del poder. En primer lugar el fenómeno se presenta por una total subordinación del Poder Legislativo frente al Poder Ejecutivo, y al amparo de un sistema de incompetencia democrática, las actividades de la Asamblea Nacional se ocultan en lo que Guillermo O’Donnell ha dado en llamar una “Democracia Delegativa” que en Venezuela se evidencia en la Ley Habilitante con la que la Asamblea Nacional se auto defenestró, política y legislativamente.

Es decir, se trata de una no-democracia en la que la Asamblea Nacional abdica de su misión legisladora para ofrecerla al señor Chávez. Esta situación es una muestra fehaciente es la confirmación de que la actividad parlamentaria siempre se ha subsumido a la voluntad del Poder Ejecutivo, pero más abiertamente y con mayor descaro a partir del referendo aprobatorio para la reelección del Presidente.

Esta concentración afecta al régimen político, pues ha inclinado la balanza a favor del Presidente, afectando gravemente el Estado de Derecho, ése que formal y funcionalmente fija los controles frente a un centro de poder hegemónico, como es el de la Presidencia de la República. Se trata de controles y contrapesos que provienen de instituciones como la Corte Suprema de Justicia, la Contraloría General de la República, la Fiscalía General y el Conseja Nacional Electoral, organismos en cuya composición y titularidad influye descaradamente la voluntad del Presidente, y cuya autonomía ya no estará asegurada porque los titulares de esos poderes del Estado someten a estos órganos a una línea de sumisión frente al Presidente, facilitándole las condiciones favorables para ejerza su presión sobre ellos.

La excesiva subordinación de la Asamblea Nacional transforma la democracia participativa y protagónica en una democracia delegativa porque rebaja el debate público como proceso previo a las decisiones de Estado; pero la ausencia del control y del contrapeso de la Justicia y la Contraloría y de la Fiscalía, debilita profundamente el Estado de Derecho en Venezuela; de modo que ambos fenómenos van a degradar el concepto revolucionario de la democracia protagónica porque en la realidad se vive en una autocracia mesiánica.

El segundo efecto de la reelección indefinida del Presidente tiene que ver con el empobrecimiento del juego de opciones políticas, aún dentro del PSUV, por la legítima y constitucional aspiración de la conquista del poder; y con las restricciones en perjuicio de la alternabilidad política. Esta última constituye la posibilidad cierta de que otros factores políticos distintos al partido de gobierno, o aún dentro de éste, puedan acceder a la presidencia de la República dentro del juego libre y democrático del contraste de opciones, y dentro de los parámetros de unas reglas transparentes, previamente establecidas y respetadas.

La reelección atenta contra cualquier concepción socialista de Estado porque acrecienta las expectativas de servidumbre con relación al Presidente, convertido en Príncipe maquiavélico, permanentemente empeñado en conservar el poder. Cualquier dirigencia política, aun aquella que se define opositora y fragmentada en partidos y empresas políticas, sin un proyecto propio, como no sea la conservación de la representación parlamentaria, girará al en torno a quien garantice la conservación del poder. Lo hará por supervivencia, por el interés patronal de conservar lo que maneja. O por simple oportunismo, eficaz en cuanto implique mimetizarse bajo el halo que cubre a un gobernante, apoyado por la opinión y casado con sus causas, aunque ello signifique la traición a principios y valores democráticos.

La reelección presidencial de Chávez ha disminuido el debate político, no sólo en el colectivo, sino muy adentro del PSUV; ha reducido el sentido de la pluralidad del pensamiento político en las organizaciones que le apoyan, y desvanece las esperanzas de alternancia en el poder. Alternancia que no sólo encierra la ilusión del cambio sino el abanico de propuestas efectivas para ensayar otras propuestas, igual de válidas aunque enfrentadas ideológicamente a la tesis socialista del Presidente, para ser aplicadas en una sociedad, como la venezolana, apena en permanente construcción. El sólo hecho de que la reelección de Chávez encierre una sola línea de acción política ha mermado las propuestas alternativas dentro de su propio partido y le ha significado un precario crecimiento sin desarrollo, lleno por otra parte de sobresaltos y de situaciones azarosas que corroe a las dirigencias de base y pervierte la visión socialista del partico, como herramienta de emancipación popular.

Con la reelección indefinida de Chávez, se reeditará la continuidad en la sumisión transada por el PSUV y los otros partidos que lo secundan. Las consecuencias políticas ya han mostrado a la luz pública la cara oculta de ese entreguismo. Ya existe claudicación en las opciones de relevo en el Partido Único y obturación de alternativas para la renovación de los dirigentes de base. Es el estancamiento del juego de las alternativas que el sistema debe estimular, en vez de sofocar, tal como lo hace el Presidente Chávez con el razonamiento de que su presencia es necesariamente la única que puede garantizar la consolidación del socialismo en Venezuela. Eso y el híper presidencialismo soviético del camarada Stalin es lo mismo, pues en la Venezuela actual se vive, a partir del referéndum que aprobó la reelección indefinida de Chávez, una serie de deformaciones burocráticas que han reproducido nuevas situaciones de dominación y contradicción de clases, lo que convierte al Socialismo del Siglo XXI (plataforma ideológica de Chávez y del PSUV) en radicalmente opuestos a la filosofía autogestionaria y democrática del socialismo y visceralmente enfrentados a las propuestas o prácticas llevadas a cabo por referentes como Lenin y el partido bolchevique.


La domesticación de los partidos políticos que en su mayoría integran las mesas opositoras, comenzó mucho antes de la aparición de Chávez en la escena política. Se inició desde la debacle de ‘La Gran Venezuela’, pero con la afirmación del referéndum reeleccionario presidencial de febrero de este año, Chávez agrega el fenómeno de un trastrocamiento en el proceso de intermediación política con el Estado. Durante las décadas de la mal llamada Cuarta República (Manuel Caballero tiene mucha tinta derramada en la explicación histórica sobre la inconsistencia numérica de ‘las repúblicas’ del Estado venezolano) durante ese lapso, decíamos, los partidos, las oligarquías, los sindicatos y los parlamentarios se apropiaron, por vía del clientelismo, de la intermediación entre los ciudadanos y el Estado. Ahora se les arrebata con los Consejos Comunales manipulados organizativamente y financieramente desde Miraflores y el PSUV, lo que ha acrecentado la impronta política presidencial y su condición de único intermediario en todos los niveles. Se ha eliminado una porción sustanciosa de la interacción política de los ciudadanos con sus voceros naturales, aunque se mantiene parte de una burocracia regional, representada por las gobernaciones y las alcaldías, cada vez más constreñidas política y administrativamente.


Desde las organizaciones políticas que le dan sustento al Gobierno no se han percatado que la reelección presidencial de Chávez significa, para los partidos y la dirigencia política y social, un trastrocamiento en la intermediación de las vocerías y de las relaciones entre ciudadanos y dirigencias de base, pues la intermediación es, ahora, nominal y por ello vemos que ha desplazado a los parlamentarios, porque los mantiene subordinados a la voluntad presidencial. Es por ello que el juego de la competencia entre las diferentes organizaciones partidistas que apoyan a Chávez se empobrece por la abdicación de la intermediación política y de la voluntad de constituirse en la representación política de quienes les eligieron.

Todo esto no es otra cosa que involución de la cultura política venezolana. La reelección presidencial de Chávez significa la consolidación de un universo de actitudes reactivas para entender la sociedad, es decir, hay una involutiva cultura cívica, en la que los valores prevalecientes no son la libertad, la pluralidad de las ideas o la democracia, sino la consolidación de un proyecto político de reestructuración social, inexistente constitucionalmente hablando, pero vigente y rampante en el accionar del Poder Ejecutivo del Gobierno de la República.
En el discurso del Presidente Chávez, el “enemigo” no es la injusticia social sino Colombia y ‘las bases del Imperio’ en territorio colombiano. Pero hay que recordarle al Presidente Chávez que la desigualdad social existe porque el Gobierno ha sido incapaz para garantizar los principios básicos que establece la Constitución. La injusticia social no provoca los conflictos; son éstos los que no permiten conseguirla. La inseguridad en la que vivimos los venezolanos no es un engendro mediático ni una falsa percepción de la ciudadanía, son acciones concretas, cifras de fallecidos a manos del hampa, muchas veces promovida, por acción u omisión, por los organismos de seguridad ciudadana encargados de reprimirla.


En consecuencia, y dentro del discurso presidencial, no es una determinada forma de organización social, con sus estructuras de poder, las que encarnan la desigualdad, la pobreza y la carencia de progreso. Son la percepción equivocada de la ciudadanía, los agentes de la CIA y sus lacayos, los ‘pitiyanquis los accionantes del paro golpista petrolero ‘mesmo’ y, por extensión, los partidos y organizaciones sociales opositores los que producen los males en la sociedad. Por este descabellado discurso, con el que se debe luchar para lograr transformación (en realidad una no-transformación) es contra ‘el imperio’. Sólo ‘el imperio’ -desde la visión mesiánica del Presidente Chávez- es el culpable de la muerte de más de 150.000 venezolanos, a manos del hampa en los últimos 10 años y medio de su gestión. Sólo ‘el imperio’ carga con la responsabilidad de su ineficiencia en salud, educación e infraestructura física de la nación. Para el Presidente Chávez, el ‘Imperio Contraataca’ siempre y en todo momento.

Como vemos, se trata de un discurso que encuentra su asidero real en los atropellos inauditos que comete el mismo gobierno, por acción u omisión, pero que lleva en su mensaje la manipulada inversión de los valores, la de las relaciones sociales y la de los protagonistas que la encarnan, todos puestos al revés.

- El discurso del Presidente Chávez comporta un elemento de carácter omisivo, el de que las únicas reformas necesarias son las que le atornillan en el poder, y no aquellas que reduzcan la minusvalía de los ciudadanos frente al poder y su responsabilidad en lo social o lo político, pues consolidado el socialismo, el desarrollo sobrevendrá por sí solo.

- Chávez completa su paquete discursivo con la sacralización del Socialismo y la necesidad histórica de su sempiterna reelección. Con la reelección presidencial se garantiza, no el progreso del país, sino la consolidación de un proyecto político personal, profundamente estalinista. Con la reelección presidencial, Chávez se asumió como “el irreemplazable”, como otro caudillo más de la nefasta historia venezolana, que como aquellos, se asume poseído por la voluntad y la capacidad únicas para derrotar a un enemigo, ‘el imperio’, frente al que los demás aspirantes, presentes o futuros, del PSUV o de cualquier otra organización política, retrocederían o claudicarían.
Así ha construido Chávez su discurso y el del gobierno, que no es otro que la necesidad de su presencia y de su mensaje para garantizar los destinos de la Patria. En su Delirio sobre un inexistente Chimborazo, Chávez se nos presenta, epopéyicamente, para que los ciudadanos depositen en él sus anhelos de libertad no practicada. Convierte así en el paladín de una sociedad que se encamina hacia un socialismo más que utópico, no sólo por apellidarse ‘Del Siglo XXI’ (centuria que apenas comienza con la desaparición y el mimetismo del socialismo a nivel mundial), sino porque la utopía está en los referentes: Marx, Bolívar y Zamora, tres personajes que sería imposible hacerlos sentar en una misma mesa sin que se produjese un colapso.

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