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domingo, 23 de junio de 2013

CARLOS BLANCO, "EL CAMBIO DEL PAÍS SERÁ EL CAMBIO DE LA FUERZA ARMADA NACIONAL Y VICEVERSA", TIEMPO DE PALABRA MILITARES...INEVITABLES

Buenos propósitos en relación a la inconveniencia de la presencia militar en los asuntos políticos no pasan de eso: ardientes deseos de no ver nunca más al país en tono de cuartel y proclama. Sin embargo, los militares están allí, metidos en la mitad del medio de la crisis; son su ingrediente y expresión. Ellos estarán en su salida y aunque no son claras sus opciones, allí estarán como han estado desde el golpe de estado de Chávez en 1992.

Los militares forman parte de la estructura del poder. Han sido factor esencial a lo largo de la historia. A partir de 1958 se creó un nuevo status: se dedicaron sin ambages a su labor profesional. La democracia los reconoció como baluarte en su defensa luego que contribuyeran a aplastar la insurrección de la izquierda alzada y de grupos militares de derecha. Siempre hubo conspiraciones y fueron no sólo las de la década de los 60 sino que existieron a lo largo de todo el período democrático. Alguna contra Luis Herrera, otra más peligrosa en el período de Jaime Lusinchi y las conocidas en contra de Carlos Andrés Pérez, con algunos coletazos posteriores. Todas derrotadas, incluida la de Chávez, con una peculiaridad en este caso: las élites de la democracia se dividieron y un sector notable comenzó a conspirar. Las élites aprovecharon el descontento, que desde el 4-F tuvo el rostro de un comandante alzado, al que se adosaron los que querían tumbar el gobierno. 

Vino el otro golpe de estado de 1993 revestido de pamplinas constitucionales para destituir a CAP. Hoja de parra inútil que no desvirtuó ni el objetivo ni los procederes de las élites suicidas.

Desde entonces entraron los militares a la dinámica política cotidiana y no han salido de allí. Su presencia hasta en la sopa no se resuelve con la compartida aspiración de su vuelta a los cuarteles. No basta poner reversa y regresar al regimiento como si los oficiales hubiesen ido a dar un paseíto por la calle. No; los militares salieron de los cuarteles; hoy son diferentes a los que salieron hace dos décadas y siguen en la calle. Son otros; algunos irreconocibles de tanto que les han cambiado los procederes y los principios.

RESISTENCIA.

Contra lo que se cree, los militares han resistido hasta donde han podido su implicación con el bochinche bolivariano. Muchos llegaron a querer a Chávez, pero hubo una doble resistencia; la primera fue a cumplir un papel abiertamente político partidista, como el de aquellos oficiales entrenados para proferir la indignidad de "patria, socialismo o muerte", hasta quedar desinflados de tanto esfuerzo físico y miseria moral. Fueron evidentes los que se pusieron en esa cómica, pero menos evidentes fueron los miles y miles que no lo hicieron y que, además, se burlaban de sus protagonistas. La otra resistencia es hacia los cubanos y su intolerable papel como jefes de los jefes militares venezolanos.

Se podría decir que el profesionalismo se constituyó en un refugio para evitar ser molidos en la maquinaria vociferante del chavismo. Unos lo lograron más que otros. Precisamente, ante esta resistencia, se generó una política destinada a reventar las barreras del profesionalismo porque éste fue leído por Chávez, en forma correcta, como un freno a sus pretensiones.

Las políticas aplicadas tenían varias facetas y un mismo propósito: convertir en "chavista" a la FAN. Un paso importante fue la militarización del aparato institucional del Estado. Muchos oficiales se convirtieron en ministros, presidentes de empresas, gobernadores, alcaldes, y otras posiciones que les permitieron mejores remuneraciones (sueldos adicionales, bonos, etc.) y para los pilluelos, oportunidades preciosas para la depredación.

Un instrumento adicional fue el convertir a sectores de la FAN en fuerza de choque en contra de los sectores democráticos. Está el caso notable de la Guardia Nacional. Debe recordarse que Chávez se propuso la eliminación de la GN, pero hubo un alzamiento de baja intensidad que lo impidió; ante esa situación comenzó a usar esta fuerza militar como instrumento de choque en la calle. Guardias Nacionales en el oficio de golpear y empujar ciudadanos, especialmente mujeres, dañaron el relativo aprecio que se les tenía por su contacto habitual con la población.

Otro ingrediente fue el cambio de la estructura institucional de la FAN en la cual el Ministro de la Defensa pasó a ser una figura administrativa, así también los comandantes de componente; se creó una estructura de mando operacional con el Comando Estratégico bajo dependencia directa de Chávez que, como Presidente se suponía eterno y quería estar involucrado en las operaciones tácticas. Este trastrocamiento ha determinado una destrucción institucional sin precedentes, a lo cual se une la repudiada presencia cubana y el intento -medianamente exitoso- de crear un cuerpo armado del PSUV en la forma de la Milicia. Hoy la institución armada tiene muchos juguetes pero poco profesionalismo sin el cual, aun con los más sofisticados equipos no pasan de Naguanagua cuando se decrete la III Guerra Mundial.

Un elemento esencial por parte de Chávez fue la creación de un alto mando leal a él como individuo y no como Comandante en Jefe. Es posible que no hayan sido tan chavistas como se suponía, pero el hecho real es no se le alzaron en los años recientes. El problema que se presenta ahora es que Nicolás Maduro no puede heredar aquel liderazgo militar, salvo el fervor de los impresentables chillones que quieren los cargos.

FIN DE LA CARRETERA.

Cuando se habla del papel de Diosdado Cabello dentro del sector militar o de otros dirigentes es casi seguro que se esté introduciendo una distorsión. Los militares se moverán hacia quien piensen que representa un cambio de la situación actual. Sin ninguna duda, la mayoría estaba dispuesta a apoyar a Capriles si éste los llamaba a defender su victoria electoral; ahora hay unos cuantos que piensan que Cabello es el factor de transición y hacia allá se mueven.

Hasta Maduro, si se enfrenta a las mafias, podría serlo. Otros oficiales parecen deliberar sobre otras salidas constitucionales para enfrentar la dominación cubana y la descomposición institucional.

Así como los militares salieron de sus cuarteles para participar activamente en la vida política y civil de la República, más allá de sus funciones legales e históricas, asimismo sólo volverán a los cuarteles acompañados del descontento civil. Nadie sabe cómo será este tránsito a un nuevo estadio pero no será el que fue antes de 1998.

El cambio en el país será el cambio en la FAN y el cambio en la FAN será también parte del cambio en el país. La alianza cívico-militar para asaltar el poder como lo postuló Chávez puede ser la misma alianza para el retorno a la institucionalidad democrática. ¿Golpe de estado? No parece. ¿Líneas paralelas y convergentes? Puede ser.

www.tiempodepalabra.com
Twitter @carlosblancog

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sábado, 4 de mayo de 2013

DARIO ACEVEDO, NO HAY IZQUIERDA SIN DERECHA Y VICEVERSA

Si la política, como dijera alguien, es dinámica, entonces hemos de aceptar que las nociones que la constituyen también son dinámicas. Uno de los temas más importantes en cualquier sistema, doctrina, corriente u organización pública moderna es el atinente a su ubicación en el espectro político.
Los franceses en plena agitación revolucionaria inauguraron un sistema clasificatorio que pervive hasta el presente. En la Asamblea Nacional los diputados más moderados se sentaban en el lado derecho del recinto parlamentario, eran los girondinos. A la izquierda se sentaban los más radicales, los jacobinos.
DOS ALAS PARA VOLAR
De ahí en adelante la díada izquierda-derecha ha sido enriquecida y envilecida. Todavía en algunos países se utiliza la designación para denigrar al adversario y para descalificarlo moralmente. La pregunta ¿cuándo una persona o movimiento político es de derecha o de izquierda? se sigue planteando desde inquietudes teóricas hasta para satisfacer pasiones y ánimos militantes.
La distinción se ha hecho cada más difícil de precisar. Los temas usados para aclarar qué significa ser de derecha y qué ser de izquierda han girado en torno por ejemplo a si se es partidario o no de la democracia, si se defiende la idea de libertad o no. Las nociones de democracia, libertad, orden, tradición, justicia e igualdad siempre han sido parte del debate.
El filósofo italiano Norberto Bobbio en el libro Derecha e Izquierda, que recomiendo ampliamente sobre todo a la respetable intelectualidad colombiana, se ocupa de mirar los problemas nada simples de aplicar esta díada de manera superflua y sectaria. Definir es acotar para llegar a algún consenso.
Bobbio concluye que hoy en día derecha e izquierda encuentran su punto nodal de diferencia en la manera como se asume el tema de la igualdad social. Los referentes arriba mencionados ya no sirven para establecer quiénes son de una u otra tendencia. Los ejemplos abundan en las democracias occidentales en las que movimientos de diferente estirpe y tradición defienden todos esos valores. Sólo en el énfasis e importancia que se le prodigue al problema de la igualdad social es donde todavía se encuentran diferencias claves para designar con algún nivel de acierto quién es de derecha y quién de izquierdas. Entre las reflexiones a destacar en el texto la siguiente es digna de tener en cuenta en el día a día de la política: “cuando se atribuye a la izquierda una mayor sensibilidad para disminuir las desigualdades no se quiere decir que ésta pretenda eliminar todas las desigualdades o que la derecha las quiera conservar todas, sino como mucho que la primera es más igualitaria y la segunda más desigualitaria.” Aclara y confunde, pero nos sitúa en un gran valor común a la mayoría de humanos, la búsqueda de la igualdad. Los numerosos matices que encontramos en su abordamiento surgen de inquietudes acerca del cómo, con qué recursos, a quiénes, con cuáles criterios, etc. se busca generar igualdad, pues resulta que, para poner un ejemplo manejado con maniqueísmo como propio de la derecha, el de la economía de libre mercado, hay casos exitosos de enriquecimiento y progreso de los países y otros en los que ha sido un desastre su implementación.
La moderación que la democracia moderna ha propiciado en las tendencias políticas contemporáneas es lo que nos permite entender que gobiernos considerados de izquierda y de derecha estén aplicando recetas de ortodoxia fiscal y recorte del gasto público -indicador de igualdad- para superar la actual crisis de la economía mundial, que gobiernos de izquierda estén sacando de la pobreza a millones de personas con la economía de libre mercado y que en otras épocas, gobiernos de derecha hayan propiciado políticas de mejoramiento que tendían hacia una mayor igualdad y bienestar colectivo como la educación y la salud.
Donde Bobbio encuentra que hay lugar a alarma en los espacios de lucha política es cuando aparecen tendencias extremistas. Lo que identifica a todos los extremistas, según Bobbio, es, en primera instancia, su rechazo a la democracia y a la libertad en nombre de la dominación absoluta de unos sobre otros en torno de causas supremas. Caben aquí los partidarios de todo tipo de dictaduras, que las hay y ha habido de extrema derecha como el régimen nazi, el fascista y el falangista, y de extrema izquierda como el régimen comunista soviético. La invocación del orden, la autoridad, la tradición, la disciplina, la moral, la religión, entre otros valores, ya no sirven como antes para ubicar políticamente. Pero, vale una precisión, el argumento moral desde el cual rechazamos cualquier tipo de dictadura, sea la de Pinochet o la de los Castro, es el relativo al de la ilegitimidad desde la que se generan esos poderes absolutos. Derecha e izquierda coinciden en los términos de condena.
Hay muchas izquierdas y muchas derechas, dice Bobbio, pero, lo que debe quedar claro es que ninguna es superior natural, ética y racionalmente a la otra. Incluso se acercan y hacen causa común. En Francia, por ejemplo, según el diario Le Figaro, una encuesta reciente revela el deseo del 79% de la población de que la crisis económica sea afrontada de forma común por una alianza entre izquierda y derecha.
La actitud favorable de algunos círculos críticos de las negociaciones de paz en La Habana demuestra que esas coincidencias suelen ocurrir aún en ambientes muy crispados. No todos los que aplauden ese intento son de izquierda. Por lo mismo, carece de lógica tildar a los críticos de derechistas o peor, de extremoderechistas, ya que las críticas no se formulan desde una negación de la libertad o la democracia ni de otros preciados valores de nuestra sociedad como la justicia y la búsqueda de la paz. La idea según la cual el Estado debe imponer las condiciones de la negociación, no para aplastar a quienes se fueron a las armas, sino para afianzar la democracia, la justicia y la libertad, es legítima y no tiene asomos totalitarios ni pretende el establecimiento de una dictadura de clase, raza, nación o religión. La paz así entendida no es de derecha ni de izquierda, es un ideal común a los demócratas de ambas tendencias.
En el campo de los extremos políticos nos topamos con una versión tipo lumpen. Movimientos y regímenes cuyo discurso ya no hacen énfasis en valores e ideales sino que sobresalen por el despliegue de la fuerza bruta, la arbitrariedad, las amenazas contra sus críticos, los insultos. Son discursos cuya pobreza ideológica se intenta solapar con el amedrentamiento, el trato soez, la violación flagrante de la legalidad democrática y de la que ellos mismos han establecido. Es lo que podríamos llamar el comunismo o el fascismo ordinario. La Haití de Duvalier, la Nicaragua de Somoza, la Cuba de los Castro, la Corea del Norte de los Kim, y no dudemos, la Venezuela de Maduro y Diosdado.
La díada derecha-izquierda está vigente, pero, es menester tener en cuenta el contexto histórico en que se estudia y se aplica para comprender el significado apropiado y evitar el maniqueísmo. Y para entender que hoy esa distinción ha pasado a segundo plano, en cuanto diversas tendencias y matices coinciden en la defensa de la democracia, la libertad, la justicia, aunque puedan tener diferencias de tono en relación con la igualdad.
Dario Acevedo 
rdaceved@gmail.com

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