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LA LIBERTAD, SANCHO, ES UNO DE LOS MÁS PRECIOSOS DONES QUE A LOS HOMBRES DIERON LOS CIELOS; CON ELLA NO PUEDEN IGUALARSE LOS TESOROS QUE ENCIERRAN LA TIERRA Y EL MAR: POR LA LIBERTAD, ASÍ COMO POR LA HONRA, SE PUEDE Y DEBE AVENTURAR LA VIDA. (MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA) ¡VENEZUELA SOMOS TODOS! NO DEFENDEMOS POSICIONES PARTIDISTAS. ESTAMOS CON LA AUTENTICA UNIDAD DE LA ALTERNATIVA DEMOCRATICA
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jueves, 22 de octubre de 2015

SIMON GARCIA, DÍAS DECISIVOS.

El país giró definitivamente hacia el cambio. La decisión es compacta, casi consensual. Menos del 20% de la población se atrinchera en una defensa imposible y cada vez menos compartida, del gobierno. Solo los que tienen un buen enchufe gubernamental pueden decir que las colas son sabrosas o ser tan burlones para ofrecer a los golpeados por la escasez y los bajos salarios, piedras como manjar.

Silenciosa y sin demasiados alardes, la pasión por el proceso se ha idodiluyendo. No es la primera vez que ocurre un fenómeno de esta naturaleza. Algo similar se produjo cuando el pueblo, conquistado en profundidad por los líderes y las tesis de AD, dejó de ser  adeco para hacerse chavista.
Es una mutación cultural que se expresará en las costumbres, los mapas mentales y tanto en opiniones como en conductas de la gente. El primer hábito que se está astillando es el de votar por el proceso. Son millones los venezolanos que, por primera vez en quince años, han decidido o están pensando migrar hacia los candidatos de la Unidad.
Un motor de ese desplazamiento es la intuición de que el proceso comenzó su final y que el chavismo ya es una caricatura de la versión inicial. Esa conclusión se acompaña con la  desilusión con el equipo de dirigentes que sustituyó a Chávez, la frustración ante promesas incumplidas y el descontento que suscita en todos los sectores una crisis que el gobierno alarga y profundiza.
La fuga de oficialistas es constante y tiene como destino principal a la MUD,  aunque el crecimiento de ésta aun se coloca por debajo del tamaño que está tomando el descontento. Una brecha que va a permanecer mientras la población no digiera el antídoto al virus ideológico que se inyectó a la población durante 15 años. 
En anteriores situaciones, cuando se han roto ciclos de hegemonía y dominación política el país ha dado un salto hacia adelante. Así ocurrió en el 36 con la alianza entre el Ministro de la defensa de la dictadura gomecista y las nacientes fuerzas democráticas. Puede decirse algo parecido sobre el segundo ciclo de dominación de AD después de la caída de la dictadura de Pérez Jimenez y la fase de disolución del régimen puntofijista. Ahora le ha llegado al chavismo el momento de dejar de ser el primer actor en escena y abrir paso, con su despedida, a una nueva época.
Buena parte de quienes sostuvieron al proceso constituyen una reserva democrática y un factor que expresa legítimos intereses de la población que está en el piso de la pirámide de ingresos o tradicionalmente excluida del reparto de renta. Son una fuente de crecimiento valiosa para quienes piensan en conservar valores de justicia y solidaridad con los más débiles a la hora de desmontar el populismo y el estatismo. Ellos portan una demandas sociales que ayudaran a equilibrar el desarrollo capitalista de la producción nacional. Son indispensables si se piensa en unir al país. Por todo eso, deben ser bienvenidos al gran empeño alternativo de elaborar una estrategia para reconstruir la economía y realizar el relanzamiento que requiere la democracia.
El tema es cómo formular explícitamente un llamado y tener una conducta para lograr que esos tres millones de venezolanos, detenidos por dudas y temores, voten por los candidatos de la Unidad. Son varios los puntos que debemos abordar, pero entre ellos son claves: afirmar una cultura política dialogante en el electorado de la MUD, trabajar por transformar el descontento en voluntad de cambio, denunciar los actos de ventajismo de Estado que afectan los resultados y la aplicación del repertorio de trampillas que el CNE aplicará el mismo día de las elecciones. Mientras tanto hay que hablar más con la gente y elevarle el volumen al relato sobre el país que viene después que contemos los pollos el 6.
Simon Garcia
simongar48@gmail.com
@garciasim

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viernes, 9 de octubre de 2015

SIMON GARCIA, EL TECHO DE LOS FRACASOS,

No hay recodo en la situación nacional. En el primer plano, siempre dentro de un mismo guión, siguen sucediendo nuevos eventos. Cada uno atrae la atención pública hasta que, cumplido el objetivo de distraerla, pasa tras el telón donde se  acumulan los fracasos. Lo malo es que los errores gubernamentales, sobre todo en materia económica y de seguridad, lo pagan inmediatamente todos los espectadores. Aumentan las calamidades cotidianas.

Nadie se explica el empeño gubernamental en multiplicar sus desaciertos. Sus estropicios obedecen no sólo al choque con su nivel de incompetencia. Derivan también de un plan que copia revoluciones fallidas, ejecutado con la convicción ciega que el modelo conducirá a liquidar a la burguesía, aunque se ahorque al país entero. 
El razonamiento parece una locura porque lo es: se le ocasiona a toda la sociedad daños graves para probar que ella puede existir sin capitalistas. Este ya largo período del no hay, de colas, pulverización de los salarios, inflación de tres dígitos y hampa haciendo de las suyas es el sacrificio que hay que rendir hasta que desemboquemos en una igualdad donde todos tengan que pelear por su subsistencia. Todos, menos los enchufados.  
Maduro pasa a ser el nuevo terrible ejemplo de que la ideología aliena. Sin fuerza para corregir rumbos o dar un paso atrás, repite lo de la guerra económica, embiste a la oposición, inventa enemigos afuera para unir al país adentro, genera división, intimida, crea desesperanza y él mismo se desespera ante un descontento que ya no puede contener. Pero no atina ni con la mitad de una solución.
La magnitud del fracaso presidencial es tal que, a pesar de que tiene en sus manos la descomunal fuerza del Estado, ha entrado en una fase de debilitamiento en la que hasta sus operaciones ofensivas muestran desgaste y terminan olvidándose como golpes en el vacío. 
Tres hechos están modificando el escenario. El primero es que los fracasos gubernamentales están tocando techo a medida que la reducción de su base social de apoyo obliga a tantear donde colocar la escalera que lo mantenga en el poder. El segundo es que al usar la crisis como mecanismo de control y sumisión de la sociedad al Estado, ha terminado por cosechar la resistencia y el rechazo de prácticamente todo el país. El tercero es que el gobierno es socialmente una minoría y a partir de diciembre pasará también a ser formalmente una minoría electoral y política.
Maduro tiene que acostumbrarse a gobernar en minoría y a contar con una nueva Asamblea que le exigirá apego a la Constitución Nacional y que ejercerá su cooperación con autonomía.
La nueva situación le exige más democracia, más persuasión, más dialogo, más entendimientos. Pero el aturdimiento, el miedo al cambio, la infiltración de grupos delictivos y el apego a los privilegios pareciera que está tentando a sectores de la cúpula a replicar con autoritarismo, provocaciones y violencia. Si el PSUV asume esa línea, sus corrientes internas partidarias de introducir rectificaciones, se fortalecerán y se verán obligadas a deslindarse.
Para disfrazar su condición de minoría  el gobierno apela a presentar la distinción entre oposición social y oposición política como una debilidad de la MUD.  Pero por su dimensión, la oposición social surge cuando el gobierno se hace insoportable hasta para quienes votaron por él. 
Si es la sociedad la que expresa una actitud de resistencia al gobierno, es evidente que se ensancha el terreno donde la oposición política puede crecer y aumentan los estímulos para que la MUD intensifique la comunicación, la presentación de soluciones y el llamamiento a que juntos, todos los venezolanos, puedan acordarse sobre qué es lo que queremos para Venezuela.  
Simon Garcia
simongar48@gmail.com
@garciasim

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jueves, 17 de septiembre de 2015

SIMON GARCIA, VOTAR POR OTRO FUTURO.

Las encuestas y la calle continúan registrando  una tendencia favorable a la victoria de los candidatos de la MUD. Luce improbable que el oficialismo pueda reconquistar a quienes le dieron su confianza en anteriores procesos y que hoy, disgustados y decepcionados, han decidido no votar por candidatos que representen la crisis.  

            La crisis no es un nubarrón señalado por los economistas y de lo que se pueda hablar como algo lejano. Ella ha invadido cada hogar y cumple cotidianamente la misión de empobrecernos. Su labor corrosiva del futuro es tan notoria que por primera vez la expectativa negativa sobre la situación económica del país, coincide con el juicio sobre la situación personal y familiar.
            El régimen involucionado hacia una revolución fallida sólo puede escamotear el futuro ofreciendo más de lo que ya tenemos: el incontenible incremento de la inseguridad, la imposibilidad de cubrir con el salario las necesidades alimenticias básicas o la realidad de la escasez que genera colas y estimula el alza de los precios.  La disminución de nuestras vidas, la degradación de la convivencia social y la destrucción del país seguirán acumulándose como un desvío inaceptable del futuro que se merece nuestro país. 
            La percepción de pérdida de futuro es tan real y tan acuciante que se ha convertido en motivo para la fuga de talentos. Es la forma pasiva que han escogido centenares de miles de venezolanos para intentar eludir los costos que nos imponen las políticas del actual gobierno. La forma activa para decirle no al modelo del fracaso es convertir el voto en una palanca de cambio y en una herramienta para deslegitimar el plan gubernamental.La esperanza de cambio es la tabla de salvación ante el naufragio.
            La campaña constituye la gran oportunidad para poner en la calle un discurso y unas iniciativas para trabajar por la unidad de los venezolanos, para favorecer el diálogo entre quienes sostienen distintos puntos de vista y convertir el descontento en un puente para elaborar juntos soluciones concretas a los problemas de todos. La unidad, más que una necesidad electoral, es un requisito de sobrevivencia nacional.  
            La mayoría quiere un futuro distinto a los dos modelos de país que hemos tenido en los últimos años. La mayoría demanda que la MUD ofrezca la posibilidad de construir identidades más amplias y sólidas que la simpatía por un partido.
            La mayoría asume la campaña como el inicio de una transición hacia un país sostenido en objetivos y responsabilidades comunes. La campaña además de ganar votos debe reunir voluntades dispuestas a iniciar el paso pacífico de un Estado autoritario inviable a una sociedad basada en la democracia y la justicia. Esta motivación de futuro está influyendo cada vez más en las opiniones y decisiones de los votantes. No es cierto, al menos en este momento, que la gente no vote por su futuro.
            Hay que seguir las indicaciones de la mayoría. Mirar hacia el futuro es comenzar a construir juntos un cambio de rumbo. Un comienzo que obliga a realizar un trasplante urgente del corazón de la campaña: ponerla en sus manos de la gente; cambiar la espectacularidad de la videopolítica por la multiplicación de la relación directa; proporcionar motivaciones, argumentos y propuestas para que el pasado no sea una trampa para reducir el tamaño y el sentido de un triunfo el 6 de diciembre.
            El solo hecho de votar es un acto de confianza en el futuro.
Simon Garcia
simongar48@gmail.com
@garciasim

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viernes, 28 de agosto de 2015

SIMON GARCIA, LA UNIDAD SUPERIOR

La vía electoral es decisiva para comenzar a combatir la crisis. Aunque se resistan a admitirlo, el PSUV tendrá que leer sus resultados como un aviso muy claro para ponerle fin a sus erradas políticas que crearon y agravan las calamidades que ya no se aguantan.

Es también el mejor escenario para la oposición porque le permite avanzar en los grandes virajes que exigen los ciudadanos.  Y para el país, porque asegura paz y el mayor grado posible de estabilidad institucional y social.

El más inmediato y principal desafío de la oposición es ganar y defender ese triunfo. Le toca arreciar las acciones dirigidas a reducir el ventajismo de Estado, elevar la presión por la presencia de la observación internacional, evitar las trampillas que el CNE saca siempre de su catálogo de ilegalidades y trabajar el descontento como la materia prima de una conciencia de cambio. El voto castigo está a punto de cosecha. 

Pero los objetivos electorales a pesar de ser prioritarios y exigir la mayor concentración de esfuerzos, son temporales. La  derrota contundente del oficialismo abrirà nuevos cursos. El segundo desafío, desde ahora, consiste en construir las conexiones entre una victoria electoral y la exigencia general de enfrentar la crisis con otro modelo y otras políticas públicas.

 La oposición debe tomar la iniciativa en el sentido de exigir sistemáticamente al gobierno que abandone su línea de amenazas, de acusaciones fabricadas y de provocaciones para alterar la realización normal del proceso electoral. En primer lugar, porque una cúpula gubernamental con una menguante base de apoyo y  responsable de la peor crisis que haya vivido el país  debería comenzar a entender que su ciclo de poder entró en declinación.

Todas las tendencias apuntan hacia una situación de transición inevitable. A la oposición le corresponde actuar en representación de la mayoría y ofrecer al oficialismo la disposición al diálogo y para aquellos acuerdos que sean favorables a solucionar las calamidades que estamos soportando. Esta será una misión de la nueva Asamblea Nacional.

Ni a la oposición ni al país, incluida la base popular que apoya al gobierno, le interesa que la cúpula de Miraflores siga manejando la crisis como un instrumento de control y un medio para remachar la servidumbre de los ciudadanos al estado.

La resolución de la crisis es el tema prioritario de los venezolanos. Sus calamidades están afectando a seguidores del gobierno y de la oposición, ahora hay que unirse para lograr las soluciones de fondo que permitan irla superando. Este gobierno que la creó, tiene que adoptar ya las medidas para compensar los estragos de la escasez, de la inflación, de la inseguridad y para ponerle fin a su propia corrupción. Debe hacerlo y hay que exigirlo unidos.

Las luchas de la oposición no se proponen transformar radicalmente la estructura de la sociedad, sino tener un país donde el precio de un kilo de caraotas no se lleve 15% del salario mínimo, la mensualidad de un Colegio sea superior al ingreso mensual del 80 % de los venezolanos o en el que pensar diferente sea tratado como un delito.

La oposición está preparada para emprender medidas que hagan compatibles la justicia social y el combate a las desigualdades con el fortalecimiento de la economía privada. La oposición quiere asegurarle a la gente paz, seguridad, trabajo, ingresos, oportunidades equitativas, ascenso social, buenos servicios de salud y educación. Pero el primer requisito es generar un nuevo modelo de desarrollo, un nuevo sistema político y sobretodo, una nueva cultura ciudadana.

El voto es la llave para transitar ese camino. Llegó el tiempo de mostrar que ninguna mayoría puede ser ejercida para aplastar a las minorías. La mayoría social unida en el descontento, se expresará en diciembre como una nueva mayoría electoral de origen diverso, integrada también por votantes que vienen de apoyar al gobierno o de haber resistido su hostilidad y sus ataques.

Esa nueva mayoría es la base para conformar y elaborar una unidad superior cuyo primer objetivo sea asumir juntos el país que nos merecemos los venezolanos.

La unidad superior es integradora, democrática, plural. La unidad superior contiene la necesidad de justicia y la libertad. La unidad superior significa dotarnos de una nueva identidad que sea algo más que la de la MUD que la ayudó a formarse. Una unidad abierta a un proyecto común y a un país que hay que soñar de nuevo para trabajar fuertemente para hacerlo realidad por encima de todas las dificultades actuales.

Simon Garcia
simongar48@gmail.com
@garciasim 

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jueves, 6 de agosto de 2015

SIMON GARCIA, LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS TOTALITARIAS,

El debate sobre la forma del poder establecido en nuestro país es un asunto académico y político. Necesita el auxilio de la teoría para formular sus conclusiones y de la política para validarlas. Su objetivo inmediato es lograr una estrategia que mejore la calidad y la eficacia de la lucha por los cambios.

            Definir con la mayor precisión posible la naturaleza del poder permitirá calcular las respuestas que pueden esperarse de él, la clase de impugnación que puede debilitarlo y el tipo de oposición necesaria para derrotarlo. Asunto que tiene que ver con el país y la situación personal que queremos tener.
            Durante mucho tiempo sectores importantes de la oposición han tomado decisiones suponiendo qué actúan dentro de un régimen democrático o han realizado iniciativas de enfrentamiento radical que permiten al poder justificar su autoritarismo. Aunque hemos ido afinando el punto para acumular fuerzas con sentido alternativo.
            Entre las dificultades que opacan la comprensión del actual poder pesa el hecho de que, en varios aspectos, no se comporta como una dictadura convencional. Promueve sus eventos  electorales o no acude al terror masivo y sistemático. Desde esa perspectiva, usando los viejos lentes para caracterizar a una dictadura, el actual gobierno no se parece en nada al de Pérez Jiménez. Es peor.
            La proyección de una imagen democrática enmascara la aplicación de nuevas formas y métodos para lograr el control y la subordinación absoluta de la sociedad al poder. El célebre tratado sobre el totalitarismo de Hanna Arendt fue escrito en 1951. Desde entonces se desentrañó la estructura del ADN y se completó el mapa del genoma humano, se desarrolló la incursión en el espacio, apareció la computación, se crea la TV en colores, el CD, la Internet, Google, la nanotecnología. Nacen modalidades que hibridan autoritarismo y democracia.
            Karl Schogel, autor de Utopia y terror, señala que el uso de nuevas formas de violencia dictatorial no implica una reproducción directa del estalinismo. Los enemigos de la democracia han desarrollado adaptaciones formales a ella para mimetizarse mientras la  destruyen. No tiene campos de concentración, pero  a los declarados como enemigos se les excluye del funcionamiento del sistema, se descalifican y se hostigan constantemente.
            El hecho determinante es la sustitución del propósito de gobernar por el de dominar, el servicio a la sociedad por la exaltación del Estado, el terror por el temor y el aparato policial por el aparato ideológico. En esta fase no han podido instaurar el partido único, pero lograron el control de la armas, de las comunicaciones, de la economía y del aparato institucional. Su lógica está articulada en torno a perpetuar una élite de privilegiados en el manejo del poder.
            Lo nuevo es que han perdido el apoyo de masas requerido para imponer sostenidamente relaciones totalitarias y que la sociedad misma está abriendo cursos para reunificar el país, tener crecimiento económico con justicia social y mejorar la calidad de vida de los sectores que están luchando por sobrevivir.
            Subsisten elementos propios de una democracia, pero es una democracia enjaulada. Los gatos aparentan un cambio de color, pero siguen comiendo ratones.
Simon Garcia
simongar48@gmail.com
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sábado, 25 de julio de 2015

SIMON GARCIA, NUESTRAS LUCHAS POR LA DEMOCRACIA.

El actual gobierno, que comenzó con ellos, está padeciendo un terrible miedo a los votos. Temen a una mayoría electoral que ponga fin a sus privilegios y al estropeado plan de perpetuarse en el poder. Su más poderosa razón existencial, comprobado el fracaso de su viejo modelo de revolución, es la defensa de una élite frente a la petición universal de que no sigan profundizando la crisis.  

El miedo a los votos los tienta a impedir que la voluntad popular se exprese libremente. Trabajan por inhibirla, estimulan la abstención, difunden desesperanza, propician la división, criminalizan a los opositores y restringen los derechos democráticos a toda la sociedad.
            Gesto tras gesto, el poder envía la señal de que entorpecerá elecciones libres. Henrique Capriles presentó un conjunto de propuestas económicas para comenzar a combatir la crisis y aliviar las calamidades en los sectores económicamente más débiles y el sistema de censuras las desapareció. Apabullaron sus declaraciones con una rueda de silencio.
             Es una censura que prescinde de la figura de un Vitelio Reyes, vetando artículos en una redacción. Ahora se usan mecanismos indirectos. Las nuevas formas de totalitarismo, como el que se ensaya aquí transportado de Cuba, impone una hegemonía comunicacional y una sistemática presión a los medios de comunicación independientes para confinarlos a la banalidad comunicacional. Nada de política y menos de la oposición.  
             Se acaban de perpetrar las inhabilitaciones de María Corina Machado y Enzo Escarano con una vileza que sólo puede explicar el miedo. El Secretario General de la OEA habló como un demócrata: en materia de elecciones lo que  habilita o inhabilita a un candidato son los votos. No la decisión de una Contraloría, presta a hacer los chanchullos que mande el Ejecutivo Nacional. 
            El plan ventajista aspira rebajar, con operaciones de este tipo, la inmensa brecha con la que la oposición supera al gobierno. Su máxima carta es poner en marcha una sarta de obstáculos y provocaciones para buscar que explote con alguna locura, la minoría radicalizada de la oposición. El objetivo es preciso: sacar del camino electoral a la oposición porque en ese terreno está ganando.   
            No parece que puedan descarrilar a la oposición. La MUD puede desmontar esas trampas.  Pero la gran respuesta consiste en entusiasmar al país con un compromiso parlamentario de cambios viables y confiables. En elevar los esfuerzos para atraer al descontento y abrir una oferta de diálogo, de luchas coincidentes y de inclusión con quienes provienen del campo oficialista, pero son vistos con desconfianza e incomprensión. Atraer tiene dos formas de concreción: atraer para compartir unos mismos objetivos o atraer para convivir civilizadamente aunque subsistan diferencias.
            Nuestras luchas por la democracia son tan vitales como las que tocan el bolsillo, la seguridad o los salarios. Hay que unirlas a las reivindicaciones económicas y sociales porque la democracia es el oxígeno de la sociedad.
Simon Garcia
simongar48@gmail.com
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sábado, 18 de julio de 2015

SIMON GARCIA, EL ESPEJO GRIEGO.

A veces, los asuntos políticos no tienen, como un partido de beisbol o de futbol, resultados claros.  En estos, el score priva sobre las informaciones, opiniones y juicios que se tengan sobre las carreras o los goles hechos.

           Pero en política también lo que se piensa de un suceso forma parte de ese hecho. Es muy probable que el triunfo del NO en Grecia y el espinoso camino de negociaciones que se abrirá con la unión europea, sea juzgado por lo que se piensa previamente sobre Tsipras. Muchos defensores de aplicar línea dura a Grecia lo justifican diciendo que es un pueblo flojo, despotrican contra Syriza y ocultan deshonestamente que apenas tiene unos meses en el gobierno y que en la oposición están los partidos responsables de la crisis. 
           Lo que pide el actual gobierno griego es que le concedan un respiro. Unas posibilidades mínimas de que la austeridad no destruya totalmente la recuperación productiva. Pero los que prestaron dinero a Grecia, haciéndose los ciegos sobre los desvíos hacia la corrupción y el despilfarro, ahora exhiben la severa falsa moral de un cobrador que sólo piensa en recobrar sus euros.
            El gobierno griego quiere pagar sin que se les desborde un desempleo situado en 26%, recuperando el crecimiento del PIB o sin ser obligados a desmantelar la salud pública, que en el 2014 recibió 650 millones de Euros y en el primer semestre del 2015 apenas 40 millones. 
            El FMI ha solicitado suavizar las condiciones de pago y establecer un alargamiento de los desembolsos que permita a largo plazo cobrar la deuda. Según sus estimaciones se esperaba un crecimiento económico de 2.5 % para el 2015 y un superávit de más de  4 puntos del PIB en el presupuesto primario. Pero este inicio de un repunte fue bloqueado por una voracidad que entre otras cosas quiere ponerle la mano a los activos públicos de Grecia a precios de saqueo europeo. 
           En Grecia el referendo se hizo y se ganó para darle un aval democrático a sus negociadores. El plan que inmediatamente presentaron los griegos demuestra que es una falacia argumentar que el pueblo votó contra la reforma de las pensiones o del IVA, ambas medidas estaban incluidas en un plan de ajuste que intentó, sin embargo, algunas mini minimizaciones a los daños que se le lanzarán a la población. Pero la cayapa se envalentonó.
            La tragedia griega interroga a todos. ¿Será posible que las severas exigencias de austeridad puedan hacerse compatibles con niveles de protección de la inversión social? ¿Podrán los organismos internacionales tomar en cuenta criterios para redistribuir el costo de un modo que los sectores más vulnerables no sean los que se traguen todo el purgante? ¿Pueden aplicarse principios de justicia que impidan condenar a un país al ciclo endeudamiento, ajuste, recesión? Son aspectos que nos interesan porque hoy es Grecia, pero mañana podría ser Venezuela.
            Es difícil valorar, desde tan lejos, si en estos primeros meses de gobierno Alexis Tsipra ha manejado la crisis con responsabilidad. Muchos, probablemente con más informaciones y conocimientos, afirman desde acá que no. Pero es evidente que detrás de esa opinión  mayoritaria, apoyando la línea dura de Merkel, se está proyectando una identificación entre Chávez y Tsipra. El rechazo al primero se traslada automáticamente al segundo, sin examinar el grado de validez de la identificación.
            Esa posición tiene un punto interesante: el rechazo, casi radical, al populismo. Pero tiene la preocupante derivación de reponer ideológicamente la vieja divisoria entre izquierda y derecha, que en la vida real Zyriza no está encarnando. Bastaría citar que el acuerdo del Congreso griego, después del triunfo del domingo, fue firmado por todos los partidos menos por los neonazis y los comunistas.
            Los antiguos griegos nos enseñaron a perder el miedo a formular preguntas y dieron muchos aportes a la civilización occidental, además del aceite de oliva.  Estos de ahora, me suscitan una duda, ¿Estaremos nosotros siendo víctimas de un alejamiento de posiciones progresistas y avanzadas sólo porque las consideramos temas de los cuales el chavismo se ha apropiado? 

Simon Garcia
simongar48@gmail.com
@garciasim

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jueves, 18 de junio de 2015

SIMON GARCIA, LA VIDA DE NOSOTROS.

Nuestra vida cotidiana choca constantemente con la combinación de crisis que está devastando al país. La fidelidad ideológica al modelo comunista por parte de un grupo de dirigentes que puso de lado el interés general, nos está sumergiendo en el peor país posible. La responsabilidad del insoportable desastre nacional recae en el Presidente Maduro.
           
La buena noticia es que la polarización oficialista, que logró enfrentar a una parte de la sociedad contra la otra, se atascó. Su principal instrumento para dividir, convertir en enemigos a la llamada oligarquía y criminalizar a la oposición, mientras  mejoraba el reparto de la renta hacia los sectores populares y distribuía privilegios entre los suyos, ya no está en su caja de herramientas. Maduro desapareció los inmensos ingresos petroleros. Dólares, no hay.
           
La versión de polarización autoritaria fracasó. El gobierno, aún en posesión de la no despreciable fuerza del Estado, se aferra a una base de apoyo a punto de precipitación. Su lecho de arenilla no genera polarización política, pese a los recurrentes manotazos gubernamentales para restablecerla. La polarización electoral se está evaporando, lo que eleva la presión para evitar el fin de su predominio político.

El polo oficialista comenzó a experimentar desvíos y fugas desde la candidatura de Capriles, aunque posteriormente buena parte de quienes lo abandonan no fluyen hacia la MUD sino que se detienen en una sala de espera junto a los que no sienten suficientes motivos para apoyar otra opción y los que piensan que todos, oficialismo y MUD, son iguales. Es la última estación para las dudas.

El motor para dejar en el pasado los términos tradicionales de la polarización es la conformación de una nueva mayoría social, cuya referencia no es la inclinación partidista sino la universalización del descontento. Es imposible concebir esa mayoría sin el desplazamiento de sectores que respaldaron a Chávez y es difícil aspirar a gobernar sin redoblar los esfuerzos por comunicarse con esos sectores y abrirles participación en la construcción de las alternativas.
           
Esta aproximación entre las dos mitades de país que ahora hacen una mayoría distinta a la que está en disolución, es el primer paso que da el país para reunificarse, reconocer las convicciones del otro y admitir que proyectos opuestos de sociedad puedan promoverse sin las imposiciones hegemónicas que están destruyendo al país.
           
La nueva mayoría social favorece, pero no asegura automáticamente una mayoría política que pueda proyectarse en la MUD. Una lectura es considerarla como parte de una demanda de diálogo entre oficialismo  y oposición. Esto implica modificar los hemisferios polarizados instalados en los modos colectivos de pensar, sentir y actuar. Descargarnos de los prejuicios que adquirimos, en uno y otro de los extremos, durante la era de Chávez.

La MUD está obligada a generar un repertorio de alicientes para traducir el descontento en base de una nueva cultura cívica y en palanca para un cambio de actitud electoral. Tiene tiempo para hacerlo: seis meses.

Afortunadamente existen indicios, atenuados por la fiebre incómoda de la planchitis, de que se propone abordar una reformulación de su discurso, redefinir las reglas para expandir la unidad, solucionar  las tensiones entre formas de lucha, ampliar las coincidencias estratégicas y practicar vías más eficaces para alcanzar los objetivos de cambio que desesperadamente exige el país.

Una de sus claves es pisar, con disposición de diálogo y convivencia, en territorio bajo influencia del proyecto y del imaginario chavista. Otra es acercarse  a los sectores críticos que están emergiendo en la base y entre una fracción de dirigentes del PSUV.
           
El gobierno no puede recibir lealtades para profundizar las crisis. Hay que explorar salidas pacíficas y democráticas. Se trata del destino del país. Es decir, de la vida de nosotros. No hay que ignorarlo.

Simon Garcia
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jueves, 11 de junio de 2015

SIMON GARCIA, AHORA, ¿UNIDAD?

El país presenció, el pasado sábado, una movilización nacional exitosa. No fue formalmente unitaria, pero hubo gente de diversas procedencias sociales y partidistas. La MUD informó que la convocatoria era responsabilidad sólo de una de sus organizaciones. No dio las razones por las que no se adhería a ella. Señaló el derecho de Leopoldo López a convocarla, valoró sus motivos y consideró que sus objetivos formaban parte de la plataforma de la MUD.

            No comunicó ninguna orientación sobre asistir  o no. Esa decisión quedó a conciencia de cada organización. Unas se pronunciaron a favor y otras se abstuvieron de declarar. Capriles informó que asistiría, Falcón que no. López se adosó un triunfo.
            Pero, surgieron evidencias de que la concentración y el inicio de la huelga fueron pensadas con el propósito deliberado de marcar, otra vez, una diferenciación. Para ello se requería no informar de ambos eventos al resto de los integrantes de la MUD. Más fácil que grabar el video hubiera sido enterar a la MUD. Leopoldo como Bertebly, aquel  personaje de Melville, prefirió no hacerlo.
            El incumplimiento de las reglas de juego provocó malestar. Porque frente a la ofensiva autoritaria del gobierno no se puede jugar en solitario. También porque la unidad se basa en construir confianza mutua y en asegurar corresponsabilidad en las decisiones y  solidaridad en las acciones. Las reglas, las amarras de la unidad, existen en función de elevar la eficacia política de los esfuerzos destinados a ponerle fin a los fracasos de Maduro y a los errores del modelo. No son un invento burocrático.
            La pertenencia a la Unidad ha implicado que cada partido renuncie a perseguir algunos de sus objetivos particulares. Lo consienten porque todos saben que para doblegar al poder hegemónico, hay que sumar esfuerzos. Se avienen a concertar un liderazgo  colectivo porque no se puede reproducir caudillismos ni establecer competencias como si viviéramos en una democracia convencional.
            La competencia indebida por el liderazgo conduce a desatar una pugna por la redistribución de los apoyos dentro de la oposición y coloca en segundo plano la comunicación con el gran país. Y en el momento actual, verse el ombligo no sirve ni para perder tiempo.
            El gran desafío es captar la enorme masa de descontentos que ha dejado de estar con Maduro y aún no están convencidos de respaldar a la oposición. La crisis se va a encargar de acentuar el rechazo general de la sociedad al gobierno. Pero la oposición debe hablarle al descontento. No puede actuar para restablecer los viejos términos de la polarización ideológica que convirtió a una mitad del pueblo en enemigo de la otra.
            Victoria electoral sin alteración de ideas, valores y conductas en el conjunto de la MUD puede lanzarnos a un triunfo sin cambios reales. Preservar la unidad de la MUD significa romper el quietismo sin desesperación, mantener la combinación virtuosa de calle y votos, saber que también en política actuar juntos genera fuerzas mayores que la simple suma de las partes.      
             Esta semana la MUD ha dado unos primeros pasos para ir al encuentro del país descontento y ofrecerle unitariamente una estrategia, un plan y unos objetivos que necesitan muchos brazos y mucha diversidad de actores. Parece oportuno acentuar un discurso para encontrarnos con otros venezolanos que también quieren una Venezuela diferente a la actual, aunque no todos coincidamos plenamente sobre las líneas de su futuro.
            Reconforta volver a las decisiones en conjunto. Pero por lo pronto está el deber ético de ayudar a que salga bien la lucha de los 17 huelguistas por la paz, la vigencia de los derechos humanos, la libertad de los presos políticos y la fijación de elecciones con observancia internacional imparcial. Primero, lo primero.
Simon Garcia
simongar48@gmail.com
@garciasim

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domingo, 31 de mayo de 2015

SIMON GARCIA, ACUERDOS Y DESACUERDOS,

           Es natural que la trayectoria unitaria pase por sucesivos acuerdos y desacuerdos. Su palanca es el contraste porque se comparten los mismos objetivos. Pero, hay que sujetar con firmeza las riendas para canalizar las tensiones entre las agendas particulares y las exigencias de mayor energía unitaria. Si este equilibrio se rompe, surge el conflicto.

            La unidad está bajo tensión. Las decisiones unilaterales adoptadas por uno de los tres principales líderes de la oposición crearon la dificultad de consentirlas por consideración al preso político o disentir de ellas, por poner a los demás frente a hechos cumplidos y porque no se pudo establecer su oportunidad, la forma óptima de llevarlas a cabo o las ventajas de otras iniciativas.
            Leopoldo López pudo evitarlo. Ha comprobado que sabe cumplir el segundo deber de todo preso político: encontrar los medios de comunicarse con quienes están afuera. Realizó sus anuncios por video, evento más sofisticado que enviar un papelito miniaturista a quienes podían ayudarlo a rodear la huelga de hambre y la marcha de un respaldo unitario y más allá de la MUD. A menos que no le interesara compartir triunfos. 
            Si una motivación de este nuevo acto unilateral es mover la calle para equiparar una estrategia con el éxito de las primarias, entonces debería atraer a quienes le dan prioridad a la vía electoral. Pero como a veces las buenas intenciones hacen el trabajo de las malas, ha surgido una ola de discriminaciones e insultos que ha dejado instalada la rabia contra la banda de opositores colaboradores y agentes del mal. Indeseable división maniquea desde la acera que sea.
            Es legítimo formular objeciones, ser exigentes con los requisitos a cumplir e incluso oponerse a la huelga de hambre. Ningún dirigente puede tomarse el derecho de comprometer su vida si esa acción está rodeada de incertidumbre sobre sus desenlaces y puede poner en riesgo la esperanza de todo un pueblo. Es un acto de valentía, pero no ha sido la falta de coraje lo que nos ha generado limitaciones y derrotas.
            Gandhi, quien  realizó diecisiete huelgas de hambre, nos enseña la importancia  de la pasión social, de la organización, de las relaciones, del discurso y de otros factores que llevan al éxito. Sólo hay que sopesar un dato: tras la marcha de la sal hubo 60.000 activistas de la no violencia presos.
            En la otra banda, cuando la falta de resultados obliga a honrar los principios, ocurren desgracias terribles como la de los diez huelguistas irlandeses que fueron muriendo, mientras se realizaban elecciones y donde uno de ellos, Boby Sands, resultó electo diputado. La osadía no es atreverse a frotar el vidrio para liberar al genio, porque a veces, como relata Stevenson, el que sale de la botella es el diablo.
            El punto no es volver a discutir si estamos ante una segunda edición de La Salida. Las peticiones y exigencias planteadas por Leopoldo López forman parte de la visión de la MUD. El mensaje transmitido por Patricia de Ceballos a nombre de su esposo, concediendo perdón a quienes lo encarcelan y despojándose de odios es ejemplar.
            La cuestión es la confianza en el otro. Alianzas entre partidos, como las de la MUD, suponen que la competencia es secundariamente rivalidad y dominantemente solidaridad. Exige actuar con reglas claras y de obligatorio cumplimiento por parte de todos, no por responder a un principio burocrático de autoridad sino para contribuir conjuntamente a la calidad de la política y la eficacia de los resultados.   
            Ahora, en mitad del rio, necesitamos pasar de los reparos a la promoción activa de la causa de los huelguistas. Una solidaridad para sumar, sin descalificaciones que aíslen,  radicalismos que ahuyenten o amenazas que restablezcan la vieja polarización.   
            Es momento del aporte de todos para enfrentar las provocaciones del gobierno, resguardar la solidaridad internacional y añadir nuevos sectores a la lucha por otra Venezuela. Después habrá que definir otros modos de hacer política y comenzar a practicarlos.

Simon Garcia
simongar48@gmail.com
@garciasim

     
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sábado, 23 de mayo de 2015

SIMON GARCIA, EL RUMOR EN TIEMPOS AUTORITARIOS,

En tiempos autoritarios la verdad es, con más frecuencia que en la democracia, sustituida por el rumor. Se hacen consustanciales, porque el autoritarismo necesita imponer la horma de un pensamiento único para asegurarse el control de la sociedad y la perpetuación en el poder.

           El autoritarismo, particularmente el tentado por desenlaces totalitarios, niega el diálogo porque no le interesa la convivencia política o procesar críticas, sino hacer desaparecer en bloque toda expresión del desacuerdo, incluso entre sus seguidores. Ejerce la forma más nociva de hegemonía, la excluyente. Por eso criminaliza a la oposición.
            El autoritarismo y el rumor tienen como punto de contacto su indiferencia por la verdad. Una conexión potenciada por dos circunstancias: el rumor es información anónima y sin pruebas, el autoritarismo desecha la investigación imparcial  y se ampara en el secreto. Por eso elimina el debate de la vida pública.
            En los actuales momentos el poder ha terminado de consolidar la institucionalización de  la desinformación. La matriz de opinión sobre las calamidades que vive el país se configura desde los máximos órganos de los poderes públicos y se difunden a través del sistema de medios para el que sólo existe el país bambi de la retórica oficial.
            Se continúa operando agresivamente para cerrar las ventanas informativas que sobreviven y normalizar la autocensura de medios inundados de noticias rosas y  píldoras tranquilizadoras sobre espectáculos, salud o deportes. Ante sus fracasos económicos, el desgaste de su discurso y la reducción de su capacidad populista el gobierno bloquea la libre circulación de la verdad. No la resistiría.
           
Pero, la discrepancia entre versión oficial y realidad, entre discurso y situación, entre poder y sociedad es evidente para todo el mundo. Esas distancias ocasionan un vacío de orientación porque el gobierno no sólo ha dejado de representar el interés general, sino que se percibe como el principal obstáculo para realizarlo. Los rumores, además de llenar vacios informativos, comienzan a encarnar deseos colectivos de cambio.
            En esas condiciones, cada quien puede leer cotidianamente la agenda de los rumores: sus temas, sus objetivos, sus destinatarios, sus resultados y alcances. Y decidir individualmente que es lo que conviene difundir. Negarse a repetir ingenuamente rumores que no son neutros y que buscan favorecer unos intereses o servir a un plan.
            Un ejemplo reciente de la incertidumbre inconveniente que crean los rumores ha ocurrido en torno a Cabello desde la primera  reunión entre Shanon y Maduro.  A partir de allí se prendió una batidora de rumores de todo tipo y origen. Cada vez se le agrega un nuevo elemento y cada día se extiende una madeja que nos aleja del esclarecimiento de los señalamientos y de la atención a hechos que deben interesar al país en ese y otros temas.
             Disipar el rumor sería fácil. Bastaría con un debate en la Asamblea Nacional y una investigación imparcial. A todos debería interesar resolver lo que es especulación y lo que haya de verdad en la relación entre altos funcionarios del gobierno, la corrupción y el narcotráfico.
            Pero el presidente no tiene fuerza para hacerlo. Se prefiere la campaña de solidaridad automática, poner al ministro de la defensa como juez de opiniones y arreciar demandas contra medios y periodistas.
             Respuesta incorrecta que justifica que el rumor pase a ser un arma secreta de la democracia.

Simon Garcia
simongar48@gmail.com
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jueves, 14 de mayo de 2015

SIMON GARCIA, LA CAMPAÑA DE LA CRISIS.

La crisis está haciendo su campaña. Mientras más se agrava, más aumenta la convicción de que hay que detener esta racha de fracasos que castiga al país. Una voluntad que, afortunadamente, comienza a marchar junto a la comprensión de que hay que ir a votar a como dé lugar. Y prepararse para hacer respetar los resultados. 

            La crisis se está llevando en los cachos al gobierno que la engendra. La  acumulación de problemas que hacen inaguantable la situación, la explosión de frustración entre quienes pensaron que el presidente Maduro aportaría verdaderas soluciones, el ostensible amparo gubernamental a las grandes corruptelas o hechos indignantes como la negativa a investigar las denuncias sobre vínculos de funcionarios con el narcotráfico son factores que están avivando un universal rechazo al gobierno.
            La crisis está modificando el sentimiento de la gente. Proporciona el primer escalón hacia un cambio de opinión, de actitud y finalmente de conducta en una inmensa mayoría de ciudadanos. También justifica a quienes se han comido las verdes y soportado agresiones por parte de una cúpula cuyo sectarismo se pasa de maraca hasta con los suyos.
            La necesidad de salir de la crisis brota ya de modo silvestre. Se está esparciendo  una ruptura de lealtad con un gobierno cuyos errores sepultaron la devoción popular hacia Chávez. La mayoría que lo respaldó se ha evaporado, unos se han refugiado en una nostalgia inactiva; pero son muchos los que están mirando hacia la MUD, con la expectativa de reforzar su base popular y aumentar la capacidad de ella para exigir e influir cuando haya que definir nuevos rumbos.
            En cuanto a la clase media, las reacciones parecen ser diversas. En su mayoría, portadora de una cultura democrática adquirida antes del chavismo, se inclina firmemente por la vía pacífica y democrática. Le otorga a las elecciones parlamentarias la posibilidad de iniciar un proceso de cambios progresivos en el modelo y la gestión bajo un gran acuerdo nacional o abrirle cauces constitucionales a un desplazamiento de la actual élite gobernante, combinando consensos, presión y votos.
            Sin embargo, una parte de la población está experimentando una radicalización negativa que difunde una nueva ola de descalificación de los partidos, negación de la política y defensa eufórica de unos desenlaces para los cuales no existe ni la fuerza suficiente para provocarlos ni la capacidad necesaria para gobernarlos, en el caso hipotético de que llegaran a ocurrir. Una rebelión sin plan ni compromiso.
            La chispa que incendia esta radicalidad negativa es la desesperación y la compulsión por resultados instantáneos. Dos impulsos que bajo el espejismo de la calle como llave única del cambio han contribuido a la pérdida de importantes jornadas de lucha.
            La radicalización negativa concluye en una posición que objetivamente favorece la perpetuación del gobierno: porque restarle votos a la MUD y neutralizar el descontento con una prédica de abstención es el mejor regalo que se le puede hacer a Maduro. No es una acusación, sólo simple matemática.
            Otro asunto es la presencia de una insatisfacción respecto a la MUD, que alcanza picos cada vez que ella se priva o se coloca por debajo del nivel de exigencias promedio de los venezolanos. Es también preocupante que el descontento aún no haya podido ser conquistado por los partidos de la oposición formalizada en la MUD.    
            Uno espera que la MUD sepa leer las señales críticas que emiten situaciones de este tipo y opiniones de la calle. Y que no las deseche antes de verificar, con nuevos ojos, si contienen algo más que hostilidad inútil. Tras la insatisfacción hay exigencias justas, algunas de las cuales no pueden ser toreadas con manidas justificaciones.
            Las dificultades y desafíos de la MUD incumben a todos los demócratas. Es momento para construir  un discurso, no liberal ni populista, y adoptar un compromiso progresista sobre la equidad del bienestar y la calidad de la democracia.
            No basta con las alteraciones de opinión que producen las calamidades cootidianas. La crisis genera rechazos y descontentos que no se convierten espontáneamente en votos. La gente quiere oír ideas claras sobre cómo salir del túnel. Quiere darle valor país a su voto.
Simon Garcia
simongar48@gmail.com
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sábado, 2 de mayo de 2015

SIMON GARCIA, QUERER OTRO PAÍS,

Los venezolanos están manifestando un deseo casi unánime de tener otro país. Querer otro país es una voluntad nacional, en el sentido de que constituye una aspiración de quienes han sido opositores al gobierno y de muchos de los que lo han apoyado.

            La crisis nos está volviendo a unir. La opinión sobre la gravedad de la situación, sobre sus responsables y sobre la imposibilidad de Maduro para resolverla es sostenida por todo el mundo. Por primera vez personas que han estado en polos de opinión opuestos durante años, se atreven a reconocer los problemas comunes que los afectan y a explorar soluciones por las que se puede luchar juntos. 
            La necesidad de cambiar el modelo es evidencia a la vista. Seguir dándole vueltas es correr alrededor del ombligo. Lo que todo el mundo espera son las orientaciones, las propuestas y las acciones coincidentes respecto a cómo salir del atolladero y cuáles políticas económicas y sociales estamos dispuestos a poner en práctica. 
           Primero, con una definición clara del sacrificio, el aporte y las ganancias que corresponderán al empresariado. Segundo, convenciendo al pueblo que el populismo ni reduce la pobreza ni genera condiciones estructurales para que los sectores populares construyan su desarrollo humano y su bienestar económico. Es tiempo de justicia social efectiva.
            Recuperar el país que perdimos y volver a tener indicadores avanzados respecto a América latina va a suponer un acuerdo progresista para distribuir sus costos. La sequía que produjeron dos malos gobiernos va a retardar el regreso de las vacas gordas. Pero, mientras más pronto se comience más temprano podrán obtenerse los beneficios.  
            Es un hecho afortunado que buena parte de los seguidores tradicionales del oficialismo haya dejado de avalar políticas y decisiones que generan más pobreza, desempleo, salarios precarios y descenso constante de la calidad de vida. Unos, afectados por la frustración, optan por la abstención. Pero, buena parte de ellos, que quiere otro país y mantiene la esperanza de alcanzarlo, ha decidido restablecer comunicación y relaciones con los sectores que no han creído que el socialismo autoritario sea una puerta al paraíso.
            Este cambio de conducta, humana y política, está influido por el fracaso de la gestión y del modelo, por el rechazo a la corrupción y por no avalar políticas que han provocado desabastecimiento, altos precios, inseguridad y el uso del miedo como herramienta de control social. 
       Lo triste de la situación actual es que el gobierno simula que manda mientras todo el país se convence de que no es capaz de resolver siquiera la devaluación del bolívar o la escasez de alimentos, medicinas y repuestos. Su comportamiento ante las colas es emblemático: decidió esconderlas.
            Y lo dramático en esa situación es que la inutilidad gubernamental se ha vuelto crónica. Es decir, un hábito de inhibición de larga duración. Por eso, la amenaza no es una destrucción abrupta e inminente del conjunto de la economía y de las instituciones, sino una mengua constante que destruye en cámara lenta. Una especie de efecto termita que logra proyectar la inexacta impresión de que el gobierno sigue sólido. 
            El único motor del gobierno es perpetuarse en el poder. Todo lo que hace se enmarca en una campaña electoral cuyo primer objetivo es impedir nuevas fugas de apoyo y tratar, por medios extraordinarios, de ofrecer atractivos a quienes están dejando de seguirlo. El segundo es estimular la abstención opositora, para evitar el más contundente castigo electoral que haya recibido gobierno alguno en la historia del país
            Respecto a la MUD hay que registrar insatisfacciones  que no deberían ser despachadas con visiones que reciclan las viejas formas de defender a la política, a los partidos y a los dirigentes. Reconocer también su necesidad y sus logros.
             La MUD hace un gran esfuerzo para no colocarse por debajo de las expectativas de la gente constantemente castigada por la crisis. Un desafío que esperamos sea resuelto exitosamente por un liderazgo  que pueda apoyarse en la inmensa, plural y compleja nueva mayoría que quiere otro país. 
Simon Garcia
simongar48@gmail.com
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