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LA LIBERTAD, SANCHO, ES UNO DE LOS MÁS PRECIOSOS DONES QUE A LOS HOMBRES DIERON LOS CIELOS; CON ELLA NO PUEDEN IGUALARSE LOS TESOROS QUE ENCIERRAN LA TIERRA Y EL MAR: POR LA LIBERTAD, ASÍ COMO POR LA HONRA, SE PUEDE Y DEBE AVENTURAR LA VIDA. (MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA) ¡VENEZUELA SOMOS TODOS! NO DEFENDEMOS POSICIONES PARTIDISTAS. ESTAMOS CON LA AUTENTICA UNIDAD DE LA ALTERNATIVA DEMOCRATICA
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jueves, 5 de marzo de 2015

OLGA RAMOS, JUEGO GANADO NO SE TRANCA

Un buen jugador de dominó sabe que hay en cada mano, viendo lo que hay en la mesa, si ha llevado bien la cuenta de las piezas jugadas por su compañero y los adversarios. Su precisión será mayor, en la medida en que recuerde el contexto en el que cada quién colocó cada pieza y algo del orden de las jugadas.

Un buen jugador de dominó sabe que en la mesa todos juegan, que cualquiera puede trancar y que, a la hora de contar, suman tanto las piezas no colocadas por la pareja adversaria, como las no colocadas por él y su compañero. Por eso, por muy buena mano que tenga, no jala siempre el juego para su lado, sino que coordinando con el de su compañero, hace la jugada más conveniente para el equipo. Un buen jugador, sabe que en dominó no se gana sólo o a pesar del compañero.

Un buen jugador de dominó, sabe también como sortear las dificultades de una mala mano y sabe incluso que cuando la mano no se puede salvar, hay que descontar la mayor cantidad de puntos para poder seguir en el juego.

Pero sobre todo, un buen jugador de dominó sabe cuánto juegan él y su compañero y sabe que parte importante de su arte, es aprender acoplarse con su pareja y leer juntos a los adversarios, para poder descubrir cuánto juegan, si lo hacen en equipo y cuán buenos son ocultando su estrategia. Porque un buen jugador de dominó no subestima nunca a sus adversarios, sabe que cuando sus adversarios no son buenos jugadores, no se entienden o no siguen una estrategia, no es tan fácil descubrir las piedras que les quedan y pronosticar sus próximas jugadas. Y es que en dominó, un buen jugador sabe que cuando los adversarios juegan mal, o no siguen una buena estrategia, creer que se está en la situación más favorable, es el error que con más seguridad puede llevarlo a perder una partida, incluso aunque parezca ganada.

En política, y en la Venezuela de estos tiempos, un buen jugador de dominó, nunca usaría la máxima “juego ganado no se tranca”, para tildar de inconveniente la firma del comunicado “Acuerdo Nacional para la Transición” porque “sabotea” la ruta hacia las parlamentarias. De hacerlo, sabría que estaría asumiendo como premisa que, porque la popularidad del gobierno está en decadencia, y parece que así seguirá, el resultado causalmente lineal, sería el triunfo abierto de la oposición en las elecciones y que, en consecuencia, sus resultados serían reconocidos y respetados por los grupos oficialistas y bienvenidos por sus bases.

En su afán por apuntalar la estrategia que considera irremediablemente ganadora, estaría cometiendo los mismos errores que critica: pensar que “su estrategia” es, sin compañía y sin discusión, la verdadera ruta hacia la salida de esta crisis y dar por descontado su éxito, vendiendo a sus seguidores una falacia.

Porque un buen jugador de dominó sabría que las parlamentarias, a pesar de la pérdida progresiva de popularidad del gobierno y de las dificultades financieras que, por falta de dinero, este tendrá; y que a pesar del malestar que la crisis está generando y seguirá generando en la población, no se ganan con voluntarismo, ni porque se decrete; se ganan con mucha táctica en el marco de una buena y compleja estrategia.

Se ganan sabiendo que el CNE hace trampa y que seguramente cambiará los circuitos electorales, que el gobierno abusa de su poder utilizando a mansalva los recursos del Estado en propaganda y campaña, y que para rematar, tiene de su parte el miedo, producto del uso que hace de la violencia, a través de la represión y la reiterada violación de los derechos humanos, por parte de los organismos del “seguridad” del Estado, pero también, a través del uso de sus grupos irregulares armados, para controlar social y políticamente buena parte de su, no tan voluntario, electorado, en el momento de la votación y, en la dinámica cotidiana que ha sembrado en sus espacios de “convivencia”.

Sabiendo y diciendo, claramente, al menos, todo esto, las parlamentarias se ganan, en el marco de una estrategia que abarque mucho más que lo electoral, sumando votos, más allá de las filas opositoras, y construyendo una base de apoyo que salga a votar, cuide las mesas y defienda los resultados, en los lugares en los que hasta ahora, a pesar de que algunos se han empeñado en decir lo contrario, la oposición no ha tenido real presencia.

Y por cierto, sabría que dominó no es truco y por tanto, “blofear” no funciona, pero que empeñarse en blofear es mucho menos eficaz cuando todos están cansados de saber cómo es el juego.

Un buen jugador de dominó, en la Venezuela de estos tiempos, también sabría que forzar la jugada para que tu compañero siga obligatoriamente tu juego, y para rematar, ante adversarios con piedras bajo la manga, sigue siendo el error más grande que puede cometer, porque la construcción de la unidad requiere que todos cedan poder y espacio, para lograr ensamblar una estrategia conjunta.

Sabría que generar alianzas de “potenciales ganadores” excluyendo a otros, con el argumento de tener mayoría de votos o militancia, – como estamos cansados de ver, en múltiples oportunidades, incluso en los más recientes eventos electorales- es parte del error que se comente cuando se privilegia la “operación política” sobre la negociación y el acuerdo para la construcción de espacios compartidos. Porque no se trata de replicar el estilo excluyente del oficialismo, o la lógica de la hegemonía del que tiene el “poder” en ciertos contextos; sino de profundizar la democracia y el ejercicio de la política, abriendo espacios para la inclusión y los acuerdos, cediendo “poder” donde se “estima” que se tiene. Se trata de cambiar la lógica del gobierno de las mayorías relativas que aplastan e ignoran a las minorías relativas, por una lógica de conciliación de la diversidad que abra espacios reales para la inclusión de todos.

Pero sobre todo, un buen jugador de dominó sabría que la dinámica socio-política de Venezuela, en este momento, no se puede trivializar con frases y analizar sin tomar en cuenta la complejidad de cada acción en su contexto. Sabría que, a pesar de todos los acuerdos de unidad y programas conjuntos que la oposición ha suscrito en estos 16 años, a pesar de todos los esfuerzos muy bien intencionados de buena parte del liderazgo, y no tan bien intencionados por parte de la otra, hemos logrado, con mayor éxito, una extensa galería de fotos posando juntos, que acoplar puntos de vista, y cuerpos de ideas divergentes, en estrategias comunes.

Un buen jugador de dominó también sabría que hay un importante porcentaje de la población que, para salir del espacio de “confort” que el gobierno le ha construido a punta de populismo, se requiere una unidad que trascienda los planteamientos y el liderazgo opositor, una unidad que garantice que, el sacrificio que de ellos se espera, sea recompensado con el respeto y el reconocimiento que ahora, con razón o sin ella, sienten que tienen, que no recuerdan haber tenido antes, pero sobre todo, que no han tenido de la mayoría los grupos opositores, durante estos 16 años.

Un buen jugador estaría leyendo y reflexionando sobre la hipótesis de Laureano, de una transición con un gobierno alternativo, pero “oficialista” y estaría pensando en cómo comunicarnos a todos, la construcción de rutas de salida de la crisis, muy diferentes a las que hemos transitado en acción o en idea, durante estos 16 años y que es insostenible e inviable plantearse la acción política, en este momento, en términos de parlamentarias y nada.

Un buen jugador de dominó, sin lugar a dudas sabría, que usar la máxima “Juego ganado no se tranca”, en ciertos momentos y contextos, no es más que una inútil bravuconada.

Olga Ramos
oiramoss@gmail.com
@olgaramos

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domingo, 2 de febrero de 2014

OLGA RAMOS, ¡CABALLOS DE HIERRO SITIAN LA CIUDAD!


El año chino del caballo, comienza con una manada de caballos de hierro sitiando la ciudad.

Hoy la ciudad está revuelta, asustada. El país está enredado tratando de procesar el potencial de los motorizados como comunidad, con sus propias reglas, que es capaz de organizarse y protestar.

Motorizados Unidos de Venezuela se llama la organización que se hizo vocera de la protesta de este viernes.

Su vocero dijo cuatro cosas en sus declaraciones (*) que no podemos perder de vista:

1. “Hemos sido punta de lanza de este proceso, muchas veces hemos tenido choque con la oposición en los momentos políticos que se han dado en Venezuela”

2. “Nos ponen como interlocutor a Gerardo Blyde junto con Capriles Radonski, para que tome una decisión en contra de los motorizados bolivarianos”

En estas dos primeras afirmaciones es obvia la distorsión de lo que sucede. Un problema que es de seguridad y que está abordado por las autoridades con competencia para ello, es planteado como un problema partidista, para el que esta organización pretende “escoger” a sus interlocutores.

Las otras dos afirmaciones, tomadas de la misma fuente:

3. “Nosotros en la calle podemos dar buenos resultados,  tenemos planes de seguridad e inteligencia”

4. “Somos los que estamos en la calle, sabemos cómo,  cuándo y hasta quiénes cometen los delutos”

También presentan una distorsión del problema y la institucionalidad asociada. Los cuerpos de seguridad del Estado son los encargados de los planes de seguridad e inteligencia, pero ellos, los motorizados oficialistas, que son los que están en la calle -ambas cosas dichas por su vocero- tienen sus propios planes. ¿Qué significa ésto para la institucionalidad y en qué se traduce para la seguridad ciudadana? ¿Será que alguno piensa que los ciudadanos tendremos que acudir a ellos cuando uno de sus colegas motorizados no ataque, nos robe o golpee nuestro carro, o cuando saqueen una gandola como la del distribuidor de Los Ruices,  con la muerte del conductor incluida?

Pero la última afirmación es la más grave de todas: ellos saben “hasta quienes cometen los delitos” y me pregunto, ¿lo saben y no lo han dicho a las autoridades? ¿su ética revolucionaria permite que contribuyan con la seguridad, señalando a los que cometen los delitos?

Ellos, como atienden a su propia lógica y enfoque del problema, entregaron un documento al INTT, con exigencias sobre la regulación de horarios y seguridad. Ellos escogieron a su interlocutor, para que les garantice incidir en las decisiones.  No respetan los canales institucionales, pero dicen llamar al “diálogo”. En otro medio, se dice que “los motorizados elevan su voz por la pacificación y una mejor patria”. (**)

Habrá que preguntarles qué significa eso para ellos y si no recuerdan el reglamento parcial de la Ley de Transporte y Tránsito Terrestre promulgada por Hugo Chavez en octubre de 2010 (GO 39.771), en la que se regulaban los términos de circulación de motos y se prohibían cosas obvias, como no circular por las aceras o llevar menores de 10 años en moto, que son cosas que vemos a diario, tres años después,  en la ciudad.

También habrá que preguntarles como calza su visión de “pacificación y mejor patria” con la acción de los motorizados en Ocumare del Tuy, el pasado miércoles, que “protestaban” por el “ajusticiamiento” de uno se los promotores del Movimiento por la Paz y la Vida, portando armas, en una acción que los habitantes denominaron como un “toque de queda hamponil”. (***)

Estas protestas, y esta visión distorsionada del problema y su institucionalidad, es producto de las reglas de juego que los motorizados han “construido” con el poder de turno, para garantizar el binomio adhesión- complacencia.

Esas reglas informales son ilegales, en la mayoría de los casos, y algunas, violatorias de la Constitución,  pero son tan reales como cualquier otra y ese es un gran problema a resolver, por la distorsión institucional fraguada esta última década.

Estamos, como país, entrampados  en las consecuencias de un populismo-autoritarismo, que pretende esconderse en la ilusión de “democracia participativa”.

Pero nos toca lidiar con ello y re-construir una visión del problema y de la institucionalidad relacionada, de manera urgente, pero señores motorizados oficialistas, respetando la institucionalidad, sin amenazas y menos frente a sus armas.

(*) Ultimas Noticias
(**) Venezuela al Día
(***) Toma de Ocumare del Tuy

¡CABALLOS DE HIERRO SITIAN LA CIUDAD!
El año chino del caballo, comienza con una manada de caballos de hierro sitiando la ciudad.

Hoy la ciudad está revuelta, asustada. El país está enredado tratando de procesar el potencial de los motorizados como comunidad, con sus propias reglas, que es capaz de organizarse y protestar.

Motorizados Unidos de Venezuela se llama la organización que se hizo vocera de la protesta de este viernes.

Su vocero dijo cuatro cosas en sus declaraciones (*) que no podemos perder de vista:

1. “Hemos sido punta de lanza de este proceso, muchas veces hemos tenido choque con la oposición en los momentos políticos que se han dado en Venezuela”

2. “Nos ponen como interlocutor a Gerardo Blyde junto con Capriles Radonski, para que tome una decisión en contra de los motorizados bolivarianos”

En estas dos primeras afirmaciones es obvia la distorsión de lo que sucede. Un problema que es de seguridad y que está abordado por las autoridades con competencia para ello, es planteado como un problema partidista, para el que esta organización pretende “escoger” a sus interlocutores.

Las otras dos afirmaciones, tomadas de la misma fuente:

3. “Nosotros en la calle podemos dar buenos resultados,  tenemos planes de seguridad e inteligencia”

4. “Somos los que estamos en la calle, sabemos cómo,  cuándo y hasta quiénes cometen los delutos”

También presentan una distorsión del problema y la institucionalidad asociada. Los cuerpos de seguridad del Estado son los encargados de los planes de seguridad e inteligencia, pero ellos, los motorizados oficialistas, que son los que están en la calle -ambas cosas dichas por su vocero- tienen sus propios planes. ¿Qué significa ésto para la institucionalidad y en qué se traduce para la seguridad ciudadana? ¿Será que alguno piensa que los ciudadanos tendremos que acudir a ellos cuando uno de sus colegas motorizados no ataque, nos robe o golpee nuestro carro, o cuando saqueen una gandola como la del distribuidor de Los Ruices,  con la muerte del conductor incluida?

Pero la última afirmación es la más grave de todas: ellos saben “hasta quienes cometen los delitos” y me pregunto, ¿lo saben y no lo han dicho a las autoridades? ¿su ética revolucionaria permite que contribuyan con la seguridad, señalando a los que cometen los delitos?

Ellos, como atienden a su propia lógica y enfoque del problema, entregaron un documento al INTT, con exigencias sobre la regulación de horarios y seguridad. Ellos escogieron a su interlocutor, para que les garantice incidir en las decisiones.  No respetan los canales institucionales, pero dicen llamar al “diálogo”. En otro medio, se dice que “los motorizados elevan su voz por la pacificación y una mejor patria”. (**)

Habrá que preguntarles qué significa eso para ellos y si no recuerdan el reglamento parcial de la Ley de Transporte y Tránsito Terrestre promulgada por Hugo Chavez en octubre de 2010 (GO 39.771), en la que se regulaban los términos de circulación de motos y se prohibían cosas obvias, como no circular por las aceras o llevar menores de 10 años en moto, que son cosas que vemos a diario, tres años después,  en la ciudad.

También habrá que preguntarles como calza su visión de “pacificación y mejor patria” con la acción de los motorizados en Ocumare del Tuy, el pasado miércoles, que “protestaban” por el “ajusticiamiento” de uno se los promotores del Movimiento por la Paz y la Vida, portando armas, en una acción que los habitantes denominaron como un “toque de queda hamponil”. (***)

Estas protestas, y esta visión distorsionada del problema y su institucionalidad, es producto de las reglas de juego que los motorizados han “construido” con el poder de turno, para garantizar el binomio adhesión- complacencia.

Esas reglas informales son ilegales, en la mayoría de los casos, y algunas, violatorias de la Constitución,  pero son tan reales como cualquier otra y ese es un gran problema a resolver, por la distorsión institucional fraguada esta última década.

Estamos, como país, entrampados  en las consecuencias de un populismo-autoritarismo, que pretende esconderse en la ilusión de “democracia participativa”.

Pero nos toca lidiar con ello y re-construir una visión del problema y de la institucionalidad relacionada, de manera urgente, pero señores motorizados oficialistas, respetando la institucionalidad, sin amenazas y menos frente a sus armas.

(*) Ultimas Noticias
(**) Venezuela al Día
(***) Toma de Ocumare del Tuy

Olga Ramos


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miércoles, 30 de octubre de 2013

OLGA RAMOS, ¡EL MOMENTO LLEGÓ!, OPINIÓN PURA Y DURA LO QUE PIENSO, TAL CUAL…

Hora de mi receso vespertino, para variar lo uso para ponerme al día con las noticias del momento, veo con tristeza y preocupación que la situación tiene el mismo tenor que ayer, por lo que, para poder volver al trabajo, con la necesaria concentración, uso la escritura para expresarme. Algunos ya leyeron buena parte de ésto mientras lo escribía en twitter, pero para quiénes no lo hayan leído o para quiénes prefieran verlo completo y revisado, publico este post.

¡Buenas tardes #Twitterlandia!

Hoy era un día para amanecer chalequeando a los caraquistas o sólo concentrada en la llegada de mi hermanita que viene a visitarnos después algún tiempo de haber tomado la decisión de establecer su vida en otros predios, donde estuviera garantizado el derecho a la seguridad y a la vida.

Sin embargo, en Venezuela y en estos tiempos, los motivos de felicidad siempre están acompañados por otros que indignan y preocupan:Venta de leche y azúcar por cucharadas; guarimbas y “protestas” montadas artificialmente para impedir la manifestación de otros, acompañadas de amenazas y amedrentamiento, todo ello protegido por quienes tienen el deber de garantizar los #DDHH de todos (que si a ver vamos, si coinciden manifestaciones de protesta, que coincidan y coexistan, que el derecho a la protesta sea ejercido por todos y garantizado por los órganos de seguridad del Estado y no que la protesta sea criminalizada o protegida, dependiendo de a quién beneficie su presencia) y para rematar, la continuación de la guerra del miedo, ahora empapelando del centro de la ciudad con estos afiches, en los que se pretende convertir en “enemigos” de la gente y “culpables” de lo está sucediendo, a los principales líderes de la oposición




Racionamiento, abuso de poder y amedrentamiento, dibujan un claro ambiente de promoción de la violencia que sólo hace sonreír a los que se valen del miedo para conservar el poder, o a los que se aferran a todo lo que pueda prefigurar una salida mágica que les devuelva el poder perdido o que restablezca un “orden” añorado.

A algunos de ellos, los podemos identificar por sus claros discursos y a otros, porque tienen semanas llamando a la abstención desde el anonimato o haciendo gala de su acostumbrada práctica de sólo reclamo y no acción, en una computadora ubicada en el país o cómodamente en el exterior.

Pero quienes promueven la violencia para justificar o provocar sus salidas deseadas, sólo tendrán éxito si les hacemos el juego, sólo si caemos en la dinámica de la violencia, el miedo, el ensañamiento y la confrontación.

De nosotros depende el camino que tomemos.

Aunque no lo parezca, éste es un momento crucial, el momento de tomar partido, el momento de asumir un rumbo y sostener la decisión; el momento de decidir si le hacemos el juego a los que sólo entienden la violencia y el enfrentamiento como forma de coexistencia, o si optamos por la construcción de una Venezuela diferente, que sea de verdad incluyente, en la que todos, a partir de las diferencias que existen y que tenemos que reconocer y respetar, construyamos un espacio de convivencia.

Venezuela, aunque le disguste a algunos, debe ser hogar para todos, y todos que tenemos el deber y oportunidad de hacerla posible.

¡Este es un momento de definiciones, toma tu decisión y actúa en consecuencia!

Olga Ramos 

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martes, 27 de agosto de 2013

OLGA RAMOS, ¡ENEMIGOS DEL PUEBLO!


I- Sobre las tablas: Skena

Uno lee en cartelera: “El Grupo Teatral Skena (@SkenaTeatro)  presenta a Jorge Palacios (@JorgePalaciosx)  y Basilio Álvarez (@BasilioAlvarezC) en “Enemigo del pueblo” (@ElEnemigoSkena) de Henrik Ibsen, versión de Ugo Ulive”, y sin duda alguna, compra la entrada, respira profundo y se va al encuentro de ese retrato que, seguro, te restregará en la cara una parte importante de nuestra miseria nacional.

(Aclaratoria para los que no sepan: “En folkefiende” en noruego, o “un enemigo del pueblo” en castellano, es una obra de Henrik Ibsen publicada en el 82, pero en 1882. Esa obra, detalles más, detalles menos, retrata una conducta social y política que, lamentablemente, sigue vigente).

Skena tiene sus funciones en Corpbanca (@cculturalbodcb) hasta mediados de octubre, por lo que están todos a tiempo de ir a verla. (La versión de Ugo Ulive es excelente, cuenta con una tremenda puesta en escena y muy buenas actuaciones, en especial las de Basilio Álvarez y Jorge Palacios. “Un enemigo del pueblo” es del grupo de obras de teatro, presentadas en estos tiempos, que nos invita a reflexionar como sociedad política).

II – por aclamación: Henry y Lázaro

Conocí a Henry Vivas en una marcha, la primera en la que se cruzaban, a la altura de La Hoyada y a dos niveles, manifestantes opositores con simpatizantes del gobierno. Los segundos se dieron cita en respuesta a la convocatoria opositora, también fue una de las primeras puestas en escena de la táctica que podríamos denominar: “en la calle nos medimos“

En el cruce, hubo un momento de “lluvia de objetos y botellas” generosamente enviados por los que que circulaban por el piso de abajo. Los que andábamos por el de arriba nos asombramos-asustamos-molestamos y buscamos refugio temporal, para inmediatamente-escampando, continuar la marcha.

A unos cuantos metros, en una esquina y en su moto, estaba Henry Vivas, con su uniforme de Policía Metropolitano, conversando amablemente con todo el que pasaba y escuchando con mucha humildad y paciencia los reclamos de los manifestantes molestos por el ataque inesperado.

Me detuve a conversar con él un rato. Me encantó su mezcla de sencillez y preparación. Siempre recordaré de aquella conversa, como Henry defendía a Lina Ron porque consideraba que era una mujer que sólo luchaba por los ideales en los que creía. -Henry era amigo de Lina, desde su punto de vista la entendía y nunca dudó en defenderla.

Lázaro Forero fue mi alumno en una de las promociones del curso de formación de Líderes Emergentes que hace unos años ofreciera el IESA. En un par de promociones, un pequeño grupo de agentes de la Policía Metropolitana y otro de Bomberos, compartieron ese espacio de formación con miembros de las juventudes de algunos partidos políticos y con jóvenes de diversas organizaciones sociales.

Lázaro, como Henry, tenía esa mezcla de sencillez y preparación que le permitía cumplir con excelencia su trabajo y a la vez tener el espíritu de servicio que se espera de alguien que ejerza esa difícil profesión. Por cierto, Yajaira Castro de Forero, esposa de Lázaro y una aguerrida comisario de la PM e incansable luchadora, también participó en el curso. Ella fue una de las mejores estudiantes de su promoción, en mi materia.

Forero y Vivas estaban listos para jubilarse y decidieron postergar el trámite, porque sentían que podían dar un poco más, en momentos complicados para el país, en los que, entre otras, apenas se consolidaban los esfuerzos para la profesionalización de la Policía Metropolitana.

En esa extensión de su tiempo de servicio, se produjeron los hechos por los que han pretendido convertirlos, injustamente y por “aclamación popular”, en “enemigos del pueblo”.

III – y… “operadores políticos”, por sus propios méritos

(Sección no apta para todo público)

Cuando se vive en sociedad, llevar a cabo propuestas, políticas públicas, visiones de país, o de comunidad, pasa por el ineludible proceso de construir la “viabilidad política” de lo que se quiere emprender, es decir, lograr la combinación de fuerzas y el apoyo necesario, como para que la iniciativa en cuestión, forme parte de la agenda pública, se apruebe en el proceso de toma de decisiones correspondiente y cuente con los recursos y el apoyo que garantice que se instrumente de manera exitosa.

Muchos son los espacios y dimensiones en los que esta viabilidad se trabaja y se construye, así como diversos son los mecanismos y prácticas que se emplean para ello.

En el ámbito de la ciudadanía política, debatir y manifestar son dos tipos de prácticas de uso común. Sin embargo, como en todo, y ética política mediante, hay prácticas y prácticas.

“El enemigo del pueblo” nos ilustra cómo estas dos prácticas, en lugar de ser utilizadas como mecanismos para promover la participación y facilitar la construcción colectiva de acuerdos en torno a una situación o propuesta, pueden convertirse en espacios para forzar “viabilidad política” por encima de toda argumentación y así, complacer a determinados intereses.

El lobby o el cabildeo, es otra práctica política común y corriente. Es cada vez más utilizada como mecanismo para influir en la toma de decisiones, promoviendo que los actores clave en ella, conozcan y apoyen iniciativas concretas. Pero como todos, es un mecanismo que, como nos ilustra “El enemigo del pueblo“, puede ponerse al servicio de algunos haciendo uso del chantaje y la corrupción.

Debatir, manifestar, cabildear, como prácticas, como parte del ejercicio de la ciudadanía política, en democracia, requieren de una ética política que las sustente.

“El enemigo del pueblo“, nos recuerda ésto, nos ilustra como pueden cambiar las cosas dependiendo de la “ética política” que se practique. Nos enseña como funciona la “construcción de viabilidad política” en el marco de acción de que los que a algunos les ha dado por denominar “operadores políticos“, un ámbito de acción reservado a “entendidos” y habilidosos.

(A partir de aquí que se moleste quién quiera…)

Los “operadores políticos” pululan por los espacios de poder. En algunos casos, los encabezan y hasta los presiden. Para ellos, la “acción política” es como una especie de arte que cultivan, la “dinámica política“, el espacio para “demostrar” su maestría y “la política” el campo de batalla en el que apuestan a vencer, desplegando, a cualquier costo, su capacidad de influencia.

En nuestro país, abundan estos elementos. Tuve la oportunidad de conocer personalmente a muchos de ellos, en los tiempos en los que participaba activamente en la extinta Coordinadora Democrática. Allí pude verlos en plena acción y en primera fila. Los había para todos los gustos, oficialistas, opositores y “ni-ni”; político-partidistas, gremialistas, agentes libres o miembros de grupos diversos de la sociedad organizada; militares y civiles; novatos y experimentados; tejedores finos o de acción torpe y burda. Una gama muy amplia y variopinta que, sin embargo, tenían -aún tienen- en común como propósito “construir a como dé lugar, viabilidad política” -así resultara sólo una construcción mediática- y que comparten el maquiavélico principio de la realpolitik, sobre la utilidad de la ética en la acción política.

En algunos círculos, los “operadores políticos” son aclamados como héroes, o como los grandes artífices de las estrategias, exitosas o fallidas, de la oposición, de los no alineados o del oficialismo. Otros, en cambio, pasan desapercibidos. A algunos, desde mi punto de vista, los más afortunados, los he visto reinventarse, ajustar su ética política y dejar fluir su vena democrática y ciudadana.

Paradójicamente, pocos de ellos corren el riesgo de ser declarados como auténticos “enemigos del pueblo“.

¡Salud!

Olga Ramos 

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domingo, 26 de mayo de 2013

OLGA RAMOS, ¿LA FAMILIA COMO SOCIO ESTRATÉGICO?

Hoy tuve el placer y el honor de participar como invitada en el debate presencial sobre el Tema 7 que se realizó en Caracas.
De entrada les confieso que tenía la intención de tuitear mientras se desarrollaba, pero no me resultó tan sencillo hacerlo desde el rol que me tocaba cumplir hoy y menos cuando comenzó el debate y tenía que intervenir -necesito entrenar-, así que mi rol de insider fue casi que de sombra.
Sin embargo, a lo largo del encuentro, tomé algunas notas que ordeno y comparto a continuación.
Cuando comenzaron las presentaciones, lo primero que me vino a la mente, fue esta pregunta: ¿cuando comenzamos a preguntarnos cómo es o debe ser el rol de la familia como socio estratégico de la educación? en lugar de preguntarnos ¿cómo debe ser la escuela como socio estratégico de la familia en la educación? Creo que, en este tema, ese debe ser un primer escaño en la reflexión.
Pero también creo que, en este momento, hay una gran oportunidad para reconstruir los conceptos que hemos tenido y tenemos sobre educación, los roles de los actores que participan en ella, los espacios y formas en las que se da el aprendizaje, porque estamos “descubriendo” algunas cosas que, aunque siempre han sido así, las veíamos de otra manera -como nos pasó con la biodiversidad que siempre existió como condición sistémica, pero que comenzamos a valorar y a cuidar cuando la descubrimos, cuando nos dimos cuenta de que existía.
En el ámbito de la educación, las cosas que estamos “descubriendo”, son cosas como:
1. La educación es un proceso que se desarrolla en todos los ámbitos de la vida, dicho en palabras de César Coll “el aprendizaje es ubicuo”, por lo que la familia y la escuela son dos de los espacios en los que se aprende. Dos espacios, muy importantes, pero no exclusivos. En el resto de los espacios en los que se desarrolla nuestra vida, reales y virtuales, si cabe hacer esa distinción, también se aprende y eso es algo que tenemos que dejar de considerar irrelevante o, en el mejor de los casos, de dejar de considerar como una competencia para los espacios educativos tradicionalmente reconocidos.

Asumir ésto como una premisa, nos lleva a hacer un par de consideraciones complementarias:
a) Una que parece obvia, aunque la práctica nos demuestra que no lo es y sobre la que César Coll llamó nuestra atención, es que hay un sólo aprendiz, no existe el hijo como un ser diferente al estudiante o al ciudadano, no se trata de aprendices diferentes o que cambian, se trata de un aprendiz que transita por espacios de aprendizaje diversos. Esta es una cara no puesta en relieve de la integralidad en la formación: diversas dimensiones, distintos espacios, múltiples interlocutores. Esto nos lleva a la segunda consideración.
b) La educación es distribuida e interconectada por lo que tenemos que pasar de la noción de colaboración entre contextos, a la corresponsabilidad en el proceso educativo. Distintos espacios en los que actúan múltiples interlocutores con incidencia y responsabilidad sobre el proceso educativo.
2. La segunda “cosa” que estamos descubriendo en este contexto, es que el espacio real de la educación es la interacción, porque se aprende por relación, aprendemos permanentemente en intercambio con otros. En la relación y el intercambio, construimos y reconstruimos nuestros conocimientos, los conceptos que usamos, los criterios con los que valoramos, la forma en la que comprendemos, las maneras en las que hacemos, todas son sujetas a reconstrucción en nuestras interacciones cotidianas. Aprendemos preguntando, pero también respondiendo; aprendemos leyendo, escuchando y viendo que presume una interacción asincrónica con el autor de lo escrito, escuchado, visto; aprendemos conversando y haciendo, aunque no estemos conscientes de qué y cómo aprendemos; y aprendemos enseñando, porque ayudando a comprender a otro, estamos aprendiendo.
Asumiendo ésto como una premisa, podemos entender a la educación como un arte, el arte de crecer, de construimos, de formarnos juntos.
3. Si la educación se desarrolla en todos los ámbitos de la vida y es producto, fundamentalmente de la interacción, es natural la tercera cosa que estamos “descubriendo”: que se aprende a lo largo de toda la vida. Aprendemos a emplear mejor nuestras capacidades y a desarrollar nuevas; aprendemos a comprender mejor a los otros, a la naturaleza, al mundo; aprendemos a ser mejores personas y ciudadanos, a disfrutar la vida, a apreciar a los otros y a apreciarnos por lo que somos, a convivir, a valorar, a transformar y sacarle el jugo a lo que tenemos. Nuevamente entendemos la integralidad de la formación y que la educación es para toda la vida y en todas las dimensiones del ser.
En un contexto de cambios y desarrollo de nuevos lenguajes y tecnologías, tenemos además, la responsabilidad y el placer de desarrollar nuevos alfabetismos.
4. Y una cuarta cosa que estamos “descubriendo” aunque no tenemos mucha idea de como lidiar con ella, es que  cada quién aprende de forma diferente y para cosas distintas, dependiendo de sus intereses, por tanto, la personalización es un elemento importante a incorporar en el contexto educativo.
Estos “descubrimientos” nos sirven para dimensionar la magnitud de los cambios que requieren nuestras escuelas y sistemas educativos, así como las expectativas que tenemos de ellos.
César Coll se refería a esos cambios en términos de refundación que incluía: transformación de los sistemas de educación escolar; reconfiguración de la relación entre familia, escuela y sociedad; sustitución de los planes educativos nacionales por planes educativos integrales territorializados en entornos comunitarios; adopción de la nueva lógica que se desprende de esta forma de entender la ecología del aprendizaje, en la que familia y escuela se conciben como nodos centrales de la red de aprendizaje de las personas y como puertas de acceso a otros nichos de educación; y calibración de nuestras expectativas de resultados a la formación de “aprendices competentes” como logro fundamental del proceso educativo.
Complejo y abstracto es el tenor del cambio así dibujado, pero enunciarlo y discutirlo, son pasos fundamentales para comprenderlo, asumirlo y emprenderlo. En nuestro caso, en el país, espero que, aunque sea, estemos haciendo los primeros intentos de gateo en esto.
En el debate, que por cierto, estuvo muy bien dirigido y aderezado por la ingeniosa Charo Méndez, se presentaron muchas inquietudes que hicieron interesante el intercambio y la dinámica.
Voy a aprovechar mis notas y recuerdos para compartir también algunas reflexiones a propósito de ellas.
La primera es que es importante que comprendamos que cuando hablamos de una buena educación de base, no nos estamos refiriendo, como en otros momentos, a personas con una gran acumulación de información o con cierto nivel de especialidad en algunas áreas del conocimiento, sino que nos estamos refiriendo al desarrollo de ciertas competencias, muchas de las cuales serán comunes para todos, que le permitirán a cada quién encontrar su camino y desarrollarse de forma exitosa, en las diversas dimensiones del ser. Hablamos de aprender a decidir, a aprender, a convivir, a estructurar, a clasificar, a identificar patrones, a validar, a identificar lo que es válido en un contexto, a cuando un conocimiento es válido de acuerdo a ciertos criterios, a que existen reglas de juego, a comprender y seguir instrucciones, a crear, a construir, a compartir, por poner sólo algunos ejemplos de lo que todos debemos aprender.
La segunda es que no podemos confundir formación con certificación. La certificación nos permite tener referencia de los aprendizajes alcanzados, pero tiene una función específica en la dinámica del sistema. En una concepción de educación como la que aquí nos estamos planteando, la certificación apuntará al nivel de desempeño con respecto a las competencias logradas y tendrá que determinarse cuál es la mejor forma de obtener y procesar dicha certificación en el sistema educativo.
La tercera es que en términos de la educación de nuestros niños y jóvenes, los adultos tenemos una responsabilidad irrenunciable, en la escuela, en la familia y en todos los ámbitos de relación en los que se produce la educación. Toda la sociedad es responsable de la educación de los más jóvenes. En nuestro caso, en Venezuela, hay aspectos en el ámbito de las políticas públicas asociados a la violencia, la inseguridad, pero también a la dinámica política y a como asumimos la convivencia dentro de la familia y fuera de ella que tenemos que trabajar y revisar. Tenemos que asumir, como dijo César Coll en su intervención inicial, que como somos en la familia, nos expresamos en la vida, por tanto, es necesario revisar y reconstruir la noción de convivencia que tenemos desde la familia, porque muchas de las cosas que suceden en las escuelas, como el bulliying, por poner un ejemplo, comienzan en la noción de convivencia que tenemos en la familia.
Y finalmente, un aspecto relacionado con la educación sobre el que creo importante llamar la atención, es sobre el valor que, como sociedad, le estamos dando al conocimiento, a tener conocimiento, a saber hacer las cosas y a hacer y saber hacer las cosas bien. Eso es algo que tenemos que revisar en el plano de las creencias colectivas y las que compartimos desde nuestras casas. Algo que tenemos que revisar dentro y fuera del sistema educativo, porque para los cambios que mencionamos al principio, los cambios que la lógica actual de vida le demanda a la educación, requerimos también escuelas y docentes capacitados para cumplir el rol que les corresponderá asumir. El valor del conocimiento, es entonces un tema que tenemos que abordar con urgencia para comprender el valor que le damos a la educación y a lo que sucede y dejamos que suceda, entre otras, en nuestro sistema educativo.
oiramoss@gmail.com

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martes, 21 de mayo de 2013

OLGA RAMOS, PATRIMONIO INTANGIBLE: ENTRE VILLA DE CURA Y SAN FRANCISCO

Nada como despertarse un domingo y dirigir la atención -sin anestesia, ni desayuno- a twitter y de allí, al país.
Un elefante y para colmo enfermo, es la imagen recurrente con la que @Leonardo_Padron, en su crónica -magnífica como siempre pero irremediablemente triste- nos entrelaza relatos que deben sonarnos a todos cotidianos. Entre ellos, llama mi atención la despedida de alguien que deja el país por falta de oportunidad.

LA HORA LEGAL DE VENEZUELA.

En Venezuela, el Servicio de Hora Legal, fue establecido en 1912 y se le asignó al Observatorio Naval “Juan Manuel Cagigal” la tarea de administrar la Hora Legal de Venezuela. Para ese entonces se decidió que el Meridiano que iba a servir de base para la misma sería el Meridiano 67° 30´ que pasa por la población de Villa de Cura, Estado Aragua. Como cada Huso Horario posee una extensión de 15° (360°/24horas), la escogencia de este Meridiano se corresponde con la línea divisoria entre los Husos Horarios -4 (Meridiano 60°) y -5 (Meridiano 75°).
Una hora más tarde, me descubro con los ojos pegados al texto del Proyecto de Ley Orgánica de Cultura que, amablemente, compartió @giselakozak en su cuenta de twitter esta mañana. Después de una primera lectura y sin ánimos de análisis, mi vista se pasea entre los artículos 3, 4 y 42.
Entre ellos se lee que “la cultura venezolana es multiétnica, pluricultural, diversa, intercultural, dinámica”, (art. 3) que por ello, el Estado y los particulares tenemos el deber de fomentar el diálogo intercultural para lo que “todas las culturas populares constitutivas de la venezolanidad serán especialmente protegidas y promovidas, reconociéndose y respetándose bajo el principio de igualdad de las culturas”, (art. 4) y si alguien osara dañar “Patrimonio Cultural tangible e intangible de la nación” será sancionado moralmente (art. 42)
Mientras hacía ese recorrido recurrentemente, varias imágenes vinieron a mi memoria:
La casa de Inocencio Utrera, una especie de sabio que vivía frente a la Panadería Bolívar en Villa de Cura.  Recuerdo que era una persona tranquila y pausada y que su casa parecía un oscuro e inquietante laberinto lleno de cosas, entre las que resaltaban libros por todas partes y unas viejas máquinas de escribir. Más allá de su casa, Inocencio era un personaje respetado y admirado por la comunidad de la Villa.
A unas cuadras de allí, también en el mundo de las palabras, quedaba la oscura Librería Principal. El librero, el Sr Echeverría, un vasco -conocido como el comunista- era un hombre muy simpático con una conversa muy interesante.
Los domingos, después de misa, se citaban en una mesa de la Panadería Bolívar, los tres curas del pueblo, el Padre Marcos, el Padre Felipe y el Padre Salvador, este último el artífice de los Niños Cantores de Villa de Cura, los tres promotores de la escuela artesanal y de un par de excelentes escuelas en la Villa -una ellas tenía un internado en el que becaban a jóvenes que no tenían recursos para que pudieran estudiar. La retórica usada en sus sermones y algunas conversas en la panadería, tuvieron como consecuencia que me declarara “atea” a los 9 años. A pesar de ello, siempre contaron con mi respeto y admiración por su trabajo.
En esa misma panadería, otras tardes, recuerdo prepararle el café a los amigos de la familia que pasaban de visita, mientras Saúl, un villacurano que comenzó como ayudante de panadero y terminó comprando la panadería, colocaba los dulces en la nevera. Preparar café, poner la cantidad de café adecuada, compactada dependiendo del tipo de café; calentar la leche y sacarle espuma sin el exceso de vapor que la pusiera “aguada”; aprender la combinación y el gusto de cada cliente-amigo; era un arte que se me daba bien, al decir, entre otros, del Sr Silva -un simpático amigo portugués, dueño de una ferretería, de ojos verde claros y conversa inteligente.
Nadia, una amiga de la familia, creo que libanesa, pasaba de vez en cuando por la casa con su maleta repleta de “trapos” para la venta. Si querías comprar muebles, ibas a la mueblería del Sr Jorge, que era Sirio o Libanés, pero si de hacer mercado se trataba, lo que salía era ir al supermercado chino.
El Señor Marcos, esta vez no el cura sino el del transporte que nos llevaba a la escuela, tenía 23 hijos de su propia cosecha y de la misma madre. En su autobús, con Waleska Hernández y su pequeña hermana Sarahy, aprendí a tocar cuatro y a cantar hermosas tonadas; también aprendí muchas canciones -tonadas, pasajes, joropos y valses- en clases y fuera de ellas con las “Señoritas” Tibisay y Gisela, las maestras de quinto y sexto grado de mi escuela primaria. Gracias a ellas, por cierto, salíamos de parranda en navidad -tocando y cantando- en la parte de atrás de un camión por toda la Villa -que peligro-. Mientras en casa, al compás del Laud de mi padre, aprendí a tocar guitarra y timple, a cantar isas, folías, malagueñas canarias, así como a apreciar la música clásica y hasta la pop del momento, pegada del tocadiscos de casa, con la colección de discos de mis padres. A cantar serenatas aprendí con mi Tío Neptalí, un tremendo serenatero de gran corazón y piel aceitunada, con una aterciopelada voz y una buena guitarra. Unos años más tarde, de la mano del maestro Bino Ruta, aprendí a tocar piano y conocí a maravillosos acordeonistas italianos como Salvador y María Pía Vona.
Con una mezcla de tiempos, a lo largo de mi infancia, esas y otras muy parecidas, eran las imágenes de mi pueblo, la Villa de Cura en la que crecí. En ella, a un lado de la Iglesia, hay o había un busto de Bolívar y Villegas, el abuelo del Libertador; muy cerca por cierto, de la casa del Santo Sepulcro donde se dice que se vio alguna vez a Zamora y del lado opuesto de la iglesia al que se encuentra la gruta donde se dice que la Virgen de Lourdes apareció una vez y por la que miles de peregrinos, todos los años, se dan cita en el pueblo.
Alternando con esas imágenes, recuerdo un par de opuestos ríos de gente cruzándose diagonalmente en una esquina al cambiar el semáforo.
Una imagen imponente que nos dejó congelados contemplándolos.
Desde el primer peldaño de la escalera del autobús que nos llevó del aeropuerto al hotel, tenía la impresión de estar en la India, en China, en Ecuador o Bolivia, en algún país europeo, en Japón, todo mezclado e intermitente.
Así fue mi llegada a San Francisco. No de Asís que quedaba a pocos kilómetros del Villa de Cura, sino a San Francisco en Estados Unidos.
Los pocos días que estuve allí, los dediqué a las reuniones y actividades del curso por el que llegué a aquellas tierras y a recorrer la ciudad a pié que es como mejor se conocen los lugares y su gente. En mis paseos por San Francisco, tenía la misma sensación que cuando vivía en Villa de Cura, pero obviamente magnificada por las dimensiones de la ciudad, por el tipo de actividades y su nivel de desarrollo y también porque la gama de su diversidad cultural era mucho más amplia. Se que suena loco o extraño, en el mejor de los casos, pero es cuestión de esencias.
 (Aquí va mi confesión en este post: desde que comencé a escribir me he reído mucho imaginando la cara de algunos lectores, ante mi osadía de comparar a San Francisco con Villa de Cura, aunque no menos de lo que me he reído de mi osadía)
De hecho, pensándolo bien, esa es una de las razones por las que San Francisco me atrae como ciudad, porque, en esencia tiene el mismo atributo que Villa de Cura, es un lugar de encuentro, un espacio de mezcla, intercambio, coexistencia y convivencia, que no es precisamente lo mismo.
Si tuviera que identificar lo que para mi define la venezolanidad diría, sin duda alguna y a los ojos de mi experiencia en Villa de Cura, que la diversidad cultural es una de sus cualidades fundamentales, pero no sólo con el tamiz de los ojos “ancestrales” con el que se ha pretendido acotar en estos últimos años, sino con la riqueza de la construcción y reconstrucción permanente que le han imprimido tanto las oleadas de emigrantes que nos hemos dado cita en estas tierras, como la reconocida “hospitalidad” y “calidez” del venezolano, originario -o emigrante de varias generaciones y con varias combinaciones y mezclas- Esa, que se ha bombardeado a mansalva últimamente, es parte de mi “patrimonio cultural intangible” más preciado.
Pero me refiero a la diversidad en acción, en intercambio, en convivencia, no simplemente en coexistencia que, amable u hostil, no implica ni el reconocimiento y aceptación que la preceden, ni la integración que se requiere para que podamos hablar de una diversidad efectiva.
Esa cualidad existe, a pesar de que está resquebrajada por la evolución de nuestra dinámica socio-política teniendo como consecuencia que, en lugar de ampliarse el espacio de intercambio y encuentro, se profundicen el desconocimiento y el desencuentro.
Esa es una cualidad que se puede identificar como emergente del sistema porque es el producto de la interacción de las diversas culturas que lo conforman y que forma parte importante de la venezolanidad, por lo que debe ser reconocida e integrada en lo que asumamos como “nuestro patrimonio” -con el perdón de las precisiones técnicas y de la UNESCO- o, si lo ponemos en términos de identidad, como nuestra “conciencia histórica” (*).
Esa, que como dije antes, considero parte de mi “patrimonio cultural intangible” más preciado, es la más hermosa imagen que podemos reconocer cuando, como habitantes de esta nación, nos miramos al espejo.
(*) Asumiendo la precisión propuesta por Gisela Kozak @giselakozak y recogida por Michelle Roche @michiroche en su Álbum de Familia, me refiero a la definición de Manuel Caballero.
Olga Ramos
oiramoss@gmail.com

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miércoles, 8 de mayo de 2013

OLGA RAMOS LA LLUVIA, COMO LA TRISTEZA, NO CESA. OPINIÓN PURA Y DURA, LO QUE PIENSO, TAL CUAL…

Como si fuera día de elecciones, me desperté este domingo de madrugada.
Aún no había salido el sol y el sonido de la lluvia, el de un torrente aguacero, me trasladó a mis días de infancia.
Sin salir de la cama, para variar, porque debo confesar mi adicción a la información, me puse a revisar el twitter y las noticias, mientras me preguntaba si estaban a buen resguardo los libros en la Feria de la Lectura de Altamira y pensaba, como de costumbre cuando llueve, en cómo estarían quiénes no tienen un buen techo para resguardarse o aquellos cuyo techo está ubicado en zonas con riesgo de derrumbe o inundación.
Amaneció y se develó un cielo del mismo gris nube-aguacero que tantas veces disfruté, en otro tiempo, pero a la misma hora, en Villa de Cura.
Sin embargo, a diferencia de aquellos días, la de hoy es una mañana triste.
Triste porque paseando por los 140 caracteres de mis panas, encontré el video que documenta la agresión a la Red de Observadores Electorales de Asamblea de Educación (@observa14a), el día de las elecciones. En él, reconozco el talante paciente y pacífico de mis colegas, especialmente el de José Domingo Mujica que, como se ve en el video, fue el que salió desde el principio a ver qué pasaba y trató de “negociar” paz en tan inaceptable incursión. Lástima que no se grabó el audio, porque las imágenes no dicen los mismo sin él. Al final, les dejo el video para que Ustedes lo vean.
Triste también, porque pensando en esa agresión, tan extraña y fuera de lugar el día de las elecciones, no podía sacar de mi mente las imágenes del Diputado Suplente del PSUV, arremetiendo a “coñazo” limpio y con furia desmedida a sus colegas opositores. Ese “carajito” como diría mi padre, es ”docente”, preside el Sindicato Nacional de la Fuerza Unitaria Magisterial en el estado Aragua , (Sinafum), y es villacurano, -aunque a la luz de los hechos, creo que le sale más decir que es “villano”- para vergüenza de todos los que, aunque no oriundos, nos criamos o pasamos por ese pueblo, el del Santo Sepulcro y el abuelo de Bolívar.
Triste porque ese episodio fue la “respuesta” que la bancada oficialilsta pudo dar, ante el reclamo por un hecho que, por sí sólo, revestía una gravedad inconmensurable: la decisión reiterada del Diputado Presidente de la Asamblea Nacional, de volarse la institucionalidad para “silenciar” a buena parte del país, negando la intervención en el debate a los diputados opositores, en una clara y flagrante violación a nuestros derechos políticos.
Y finalmente, para no hacer la lista más larga, triste porque iniciando el Día Mundial por la Libertad de Prensa, fue asesinado un periodista, Johny González reportero del diario Líder, saliendo de su trabajo al terminar su guardia. Triste la pérdida, tristes las condiciones en la que se produjo, pero más triste e indignante la reacción de Nicolás con sus declaraciones poco serias y “paranoicas” a juro, vieja estrategia castrista por cierto, totalmente fuera de lugar en el país, en éste y todo momento y que produjo una oleada de indignación en mucha gente, recogida y reconocida, cuando #ECDTMNM se convirtió en TT en twitter anoche. Afortunadamente, frente a este hecho, hay muchas posiciones razonables, entre las que se encuentra la reacción de su gremio.
Termino de escribir y la lluvia, como la tristeza, no cesa.
oiramoss@gmail.com

Difunden video sobre el ataque que sufrieron observadores electorales el 14-A http://www.caraotadigital.net/?p=83610  

http://youtu.be/9Pr0BEla-i4


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lunes, 29 de abril de 2013

OLGA RAMOS, AL QUE NO LE GUSTE, ¡QUE SE VAYA!

Hoy tuve el placer de escuchar una maravillosa tertulia, con la excusa del libro “Armando el rompecabezas de un país” de @EdicionesBVzla, entre Cesar Miguel Rondón @cmrondon, Colette Capriles @cocap y Alberto Barrera Tyszka @Barreratyszka.
Como una buena tertulia puso a danzar varias ideas al ritmo de la necesidad de comprensión y profundidad. Tuvimos mucha suerte los que allí nos citamos, pero espero que alguien la haya grabado formalmente –además de un par de chicas que lo hacían con sus celulares-, la transcriba y la ponga a disposición de todos, para que muchos más tengan la oportunidad de pasearse por esas reflexiones y permitan que les orienten las propias.
En mi caso, hay un par de hipótesis que tengo y que quiero comentar.
1. NO PODEMOS CONFUNDIR POLARIZACIÓN POLÍTICA CON IDENTIDAD NACIONAL FRACTURADA
La polarización política, en este momento, ha cobrado la forma de dos grandes opciones electorales, dos grupos casi iguales de electores, en magnitud. Esta expresión es el producto, por una parte, de la evolución del proyecto personal de Chavez y por la otra, del esfuerzo por concretar una alternativa de gobierno fraguada desde la mesa de la unidad. La primera con una cohesión que se ha puesto en alto riesgo a partir de la desaparición física de Chavez y la segunda, con una cohesión en consolidación, a partir de la emergencia de un liderazgo claro y reconocido encarnado en el candidato presidencial y los principales voceros de la unidad.
Hablo de opciones electorales y no de visiones de país, porque creo que, a pesar de que ahora está mejor dibujada la unidad opositora en términos de la visión nacional que persigue, aún no se trata de un proyecto de país, claro, sólido y compartido por todos, por una parte; y porque, por la otra, dentro de las filas del oficialismo, con la desaparición física de Chavez, se perdió la cohesión en torno a un grupo de ideas que por muy desestructurado y contradictorio que haya resultado durante estos 14 años, constituía un proyecto político, personalísimo, pero que dibujaba algunos rasgos de un país deseado.
Hasta aquí podemos decir que tenemos dos grupos electorales en pugna por el poder, con visiones de país en construcción o en destrucción, según el caso.
En términos de visiones de país, la opción opositora construye su cuerpo de ideas en un espacio de debate signado por el pluralismo político. Esta construcción, dada la diversidad ideológica presente, no ha resultado muy fácil, pero se ha identificado un grupo de ideas base. En ésta, los millones de electores que la forman, aún no tienen unidad sobre las ideas identificadas. Sin embargo, el liderazgo emergente de su candidato presidencial y de sus principales voceros, ha marcado algunas importantes pautas. La cohesión está dada por la existencia de un liderazgo claro y reconocido.
Por su parte, la opción oficialista, que hasta hace poco derivaba su cuerpo de ideas de lo dicho por su líder máximo, ahora, en ausencia de una plataforma pluralista que reconozca y legitime sus facciones, se revuelve en pugnas internas, que formalmente, no hace aguas, mientras la necesidad de defender su permanencia en el poder los obliga a mantenerse cohesionados en contra de los opositores. En este grupo, las ideas de país en sus bases, se mantienen alineadas con las promesas, incumplidas, pero idealizadas del proyecto vendido por quién fuera su líder máximo. La fuente de cohesión se perdió y ahora se trata de mantener, a duras penas, por la fuerza.
Está claro entonces que existe polarización y fuerte fractura política, sin embargo, en términos de identidad nacional, la cosa es de otro tenor.
2. VIVIMOS UN ESFUERZO DE IMPOSICIÓN DE UNA NUEVA NARRATIVA
Al respecto voy a comenzar diciendo que concuerdo con Colette cuando afirma que vivimos la intención de imponer, por parte del grupo que detenta el poder, una nueva identidad nacional que desconoce y excluye todo lo que le resulta diferente e inconveniente.
Sin embargo, particularmente pienso, que este esfuerzo más que intentar construir e imponer nuevos rasgos de una identidad nacional, plantea la imposición de una nueva narrativa sustentada en una re-lectura o una lectura fabricada nuestra historia y de los rasgos constitutivos de nuestra cultura, que no recoge aspectos muy relevantes de lo que somos, porque solamente está dirigida a sustentar la polarización política y no tanto a producir una real transformación social, a partir del reconocimiento e inclusión en nuestra identidad de rasgos y fragmentos integrantes de la venezolanidad que también definen lo que somos, pero que han sido recurrentemente excluidos.
Esta narrativa, está concebida como una nueva interpretación de nuestra estructura y dinámica social que, por su afán polarizador, está constituida por la confrontación de dos facciones, fabricadas para sustentar la polarización y la división política, los pobres excluidos contra los traidores a la patria vendidos al imperialismo.
Esta narrativa no asoma, ni por equivocación, la complejidad de nuestra estructura socio-cultural, producto, entre muchas otras cosas, de nuestra larga tradición de migraciones, ni nuestra intrincada dinámica social y política, signada por un toque de adolescencia en nuestro nivel de madurez republicano-ciudadana. No las asoma, y mucho menos las refiere como base necesaria para comprendernos y a partir de ellas y de otras, reconstruir la idea de venezolanidad.
Pero insisto, es más una narrativa a la que, recientemente se le ha respondido con otra narrativa mucho más consistente con la lectura de nuestra dinámica social y política cotidiana, que una identidad nacional nueva, aunque en dicha narrativa se apele a algunos ingredientes que podrían formar parte de un referente de identidad.
3. LA ANTI-IDENTIDAD COMO IDENTIDAD NACIONAL

Como dije antes, el asunto de la identidad nacional, es de un tenor diferente tanto al de la polarización política, como al de la narrativa que pretende sustentarla. De hecho, el tema de la identidad nacional es tan complejo que sería pretencioso tratar de plasmar su problemática en pocas líneas. Por ello, sólo voy a esbozar un par de ideas que creo debemos considerar en el debate.
La primera es que, después de mucho tiempo y de haber tenido unos claros rasgos con los que orgullosamente la mayoría de los venezolanos nos identificábamos, actualmente, una de nuestras mayores coincidencias, en términos de identidad, es que nos sentimos extranjeros en nuestra patria, ya sea que nos sentimos extranjeros gran parte del tiempo o que nos sentimos así en parte importante de su territorio. Es decir, nos define la “no pertenencia” como cualidad de vinculación con el territorio y su gente.
Esta “no pertenencia” es propia de la estructura de guetos que experimentamos de forma generalizada durante los últimos años y que, a pesar de que una parte de la población que se encontraba excluida podía haberla experimentado desde hace muchos más años, se convirtió en un rasgo generalizado, bajo el impulso de la polarización política. Esta, que, en un primer momento, hacía que nos sintiéramos extranjeros en partes específicas del territorio, con el tiempo, se ha magnificado y hemos terminado sintiéndonos ajenos al país.
Este rasgo es más importante en algunos grupos sociales que en otros, pero todos sufrimos una especie de desarraigo de la patria, porque, en este momento, no se parece a la que ninguno de nosotros soñó. Ese desarraigo, constituye un nivel de escisión de la identidad muy profundo y personal porque no está construido por grupos de personas cohesionados que se identifican entre sí, pero que no se reconocen en grupos distintos, sino que se desprende de una ruptura de cada persona con su sueño de país que, a falta de proyectos compartidos, se produce desde la intimidad del ser.
La segunda es que, a esa sensación de no pertenencia nueva para algunos y de vieja data para otros, se une el vacío por la inexistencia de una “idea” compartida que nos dé un nuevo sentido de identidad nacional, esa especie de engrudo que nos permite tener cohesión como país, a pesar de la diversidad y las diferencias. Pero la inexistencia de una “idea” compartida, buena parte de ese vacío que sentimos, creo que es más el producto del empeño en desconocer y menospreciar al otro que de la real ausencia de elementos que puedan constituirse en esa “idea” de nos compartida; empeño que, por cierto, a pesar de que ya existía como un rasgo latente en nuestra idiosincrasia, se ha exacerbado, extendido y arraigado como una más de las consecuencias de la polarización política.
Así tenemos como identidad un sentimiento de no pertenencia, unido a un rechazo al otro al que soy incapaz de reconocerle virtudes aunque tenga las mismas que yo me reconozco y de paso, le achaco todos los males y le endilgo todos mis defectos sin reconocerme reflejado en ellos; es decir, “ni pertenezco” “ni me identifico” se perfilan contradictoriamente, como dos de los rasgos comunes de identidad que tenemos actualmente los venezolanos.
No obstante, si pudiéramos mapear socio-cultural y geográficamente a nuestra sociedad, podríamos dibujar un mapa de grupos con rasgos culturales diversos, distribuidos en guetos a nivel espacial, que no se reconocen mutuamente, pero en los que podemos identificar superpuesta una red de valores y de creencias compartidas y cruzadas. Obviamente, aun cuando en términos espaciales están bastante claros los bordes, en términos socio-culturales, no podríamos identificarlos con tanta claridad, porque la superposición los permea y los trasciende, como también los traspasa la sensación de no pertenencia.
Finalmente, la tercera idea, es que a pesar de que no nos gustan y de que no las queremos reconocer como propias, en este momento hay una serie de creencias que son en las que coincidimos con mayor fuerza y las que, de hecho, podemos reconocer como parte de nuestra identidad. Creencias como: “Las reglas del juego están hechas para ser violadas cuando no me convengan, pero si las viola otro, y eso me afecta, lo considero una afrenta y reclamo su no cumplimiento”; y “Venezuela es un territorio en disputa, el que gane se queda y el que pierda, se asimila y si no le gusta, se va”; son creencias que están de diversa manera y con distintos niveles arraigadas en nuestro pensamiento, que se manifiestan, más de lo que aceptamos, cotidianamente y muchas veces en acciones que pasan desapercibidas porque no nos resultan relevantes. Pero son creencias que están ahí y si ponemos atención podremos sentir su presencia abrumadora.
La “no pertenencia”, la “no identificación” y nuestro “lado oscuro”, lamentablemente, son ideas comunes que actualmente, aunque no queramos, nos identifican y sobre ellas tenemos que actuar, comenzando por reconocer su existencia, para poner la reconstrucción de la identidad nacional en otro plano y poder comenzar efectivamente a trabajar sobre ella.
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