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jueves, 24 de octubre de 2013

NELSON ACOSTA ESPINOZA, ¿ENEMIGO INTERNO?

Julia es estudiante de artes escénicas. Como muchos jóvenes de su generación, está preocupada y ocupada por la grave situación que vive el país. 

La conocí hace dos años. A propósito de un taller que dicté sobre el discurso político democrático en Venezuela. Desde entonces hemos estado en comunicación. Julia es una estudiante disciplinada, honesta, idealista y buena amiga. Gusta de la actividad cultural. Con un grupo de compañeras de su edad, ha organizados "performances" donde critican aspectos de la revolución bolivariana. Ha participado en marchas y ha desarrollado una intensa actividad opositora a este régimen.

Su característica más sobresaliente es, quizás, la más peligrosa. Julia tiende a decir lo que piensa. De acuerdo al Centro Estratégico de Seguridad y Protección de la Patria (CESPPA) las opiniones y actividades teatrales de esta joven, que ironizan y critican al socialismo del siglo XXI, podrían ser calificadas como actividades propias de un "enemigo interno".

El amigo lector bien puede pensar que estoy exagerando y, de ser así, está usted en su derecho. Es más, ojalá esta opinión no se ajuste a la realidad: una desproporción, pues. Sin embargo, es importante prestar atención a esta nueva creación del gobierno. El CESPPA ha sido decretado con la finalidad de neutralizar la "actividad enemiga interna y externa". De acuerdo al decreto que ordena su creación, este organismo podrá requerir información a cualquier ente estatal o privado y estos estarán obligados a entregarla. Asimismo, tendrá la facultad de determinar que información pública quedará reservada sin reparar en otros criterios como el derecho de acceso a la información, consagrado en la Constitución vigente pero que el oficialismo siempre se ha negado a normar en términos prácticos por ley.

¿Por qué jóvenes como Julia deben preocuparse? O, dicho en términos más contundentes ¿Constituye este organismo militarizado una amenaza para los sectores opositores? ¿Es legítimo, en un orden democrático, hablar de enemigos internos? ¿No es este un lenguaje apropiado en situaciones de orden bélico?

El CESPPA, es importante tenerlo en mente, remite a la Doctrina de Seguridad Nacional. Recordemos que esta política fue implementada durante las décadas de los 70 y 80 por los gobiernos militares de Brasil, Chile y Uruguay. Se buscaba legitimar la represión contra individualidades y agrupaciones catalogadas como "enemigos" de la seguridad interna de esas naciones. Bajo su cobertura se destruyó el régimen democrático de esos países y se produjeron horrendas violaciones a los derechos humanos.

Nos acercamos a la celebración de las elecciones municipales. Parece un contrasentido, en el marco de estos comicios, crear un organismo militarizado que "solicitará, integrará y evaluará las informaciones de interés para el nivel estratégico de la nación, asociadas a la actividad enemiga interna y externa, provenientes de todos los organismos de seguridad e inteligencia y otras entidades públicas y privadas; según lo requiera la dirección Político-Militar de la Revolución Bolivariana".

Voy a insistir en el argumento de la Doctrina de Seguridad Nacional. Los estudiosos del tema la califican como una doctrina de carácter militar. Y estas "constituyen, en esencia, conjuntos de proposiciones no necesariamente escritas, que fundan un corpus más o menos coherente, orientadoras del accionar institucional de las fuerzas armadas en lo que es la manifiesta función principal de las mismas: hacer la guerra"

Es razonable, entonces, que Julia y sus amigos se sientan preocupados. Este organismo, de carácter militar, al servicio de la dirección política de la revolución bolivariana (esta no es una institución del Estado), pudiera evaluar como enemiga las actividades de estos jóvenes opositores.

Todos los estudiantes como Julia y, desde luego, la totalidad del sector democrático, se enfrentan con una amenaza real a la libertad de opinión y, con argumentos como el de enemigo interno, tienen sobre sus cabezas una “espada de Damocles” para reprimir a discreción la actividad opositora. Esperemos que este decreto no se transforme en la partida de nacimiento de un nuevo Pinochet tropicalizado que intentaría aniquilar la actividad política en el país.

acostnelson@gmail.com

http://autonomiaspoliticas.blogspot.com/2013/10/enemigo-interno.html

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martes, 6 de agosto de 2013

NELSON ACOSTA ESPINOZA, LA RUTA MANDELA, OBSERVATORIO VENEZOLANO DE LAS AUTONOMÍAS

“No permitan que la política los separe, pueden perder la patria”. Esta afirmación fue pronunciada por S.E. Thaninga Pandit Shope-Linney, embajadora de la república de Sudáfrica, en el acto formal llevado a cabo con motivo de la conmemoración de los 25 años del conferimiento del doctorado Honoris Causa al líder africano Nelson Mandela. 

Thaninga Pandit Shope-Linney
La frase se encuentra enmarcada en su narración sobre la lucha empeñada por el pueblo sudafricano para superar el oprobioso régimen del apartheid. Esta experiencia marcó una ruta en la búsqueda de espacios donde las partes en conflicto pudieran encontrarse y reconocerse. En ese país, el deporte, la música y las artes proporcionaron esos espacios para el reencuentro y la reconciliación y, de ese modo, se evitó que esa nación se embarcara en una guerra civil de negros contra blancos.

William Uri, autor del conocido best seller “El camino hacia el sí” (Getting to yes), es cofundador del Programa de Negociación de Harvard. También es mediador en conflictos internacionales y empresariales. Junto a Jimmy Carter creó una asociación para ayudar a terminar las guerras civiles en el mundo. Ha desarrollado una ingeniosa iniciativa denominada Abraham Path Initiative que busca crear un corredor turístico en Medio Oriente que siga el camino de Abraham, una figura unificadora entre cristianismo, judaísmo e islam.

Estas dos personalidades, ubicadas en contextos distintos, a través de sus respectivas experiencias proporcionan una gran enseñanza: la polarización, por muy extrema que ésta sea, puede vencerse. Se requiere imaginación y creatividad para diseñar la estrategia apropiada que favorezca el encuentro entre las partes en conflicto.

El país se encuentra políticamente polarizado. Distintas instituciones y grupos políticos han llamado la atención sobre la necesidad de delinear una estrategia que propicie la reconciliación entre los venezolanos. La jerarquía católica, el Movimiento al Socialismo (MAS) e importante figuras del acontecer nacional, han hecho de este concepto elemento sustantivo de sus propuestas alternativas. Recientemente, intelectuales y académicos han advertido que el virus de la polarización ha penetrado los relatos mediante los cuales sectores de la oposición describen la coyuntura política. Ramón Piñango, por ejemplo, ha llamado la atención sobre esta radicalización de posiciones dentro de la misma oposición. Señala un distanciamiento entre quienes plantean que la atención política debe concentrarse en las venideras elecciones municipales del mes de diciembre y, los que por el contrario, piensan que el acento debe ubicarse en acciones de calle que acompañen a los ciudadanos en sus luchas sociales. Esta contrariedad se ha agudizado, al punto, que ambos grupos comienzan a construir identidades alternas: un “nosotros” que se contrapone a un “otro” situado en espacios diferentes.

Es imperativo combatir este doble desencuentro. El del país y el que comienzan a padecer sectores de la oposición. La experiencia sudafricana y los experimentos de imaginación política llevados a cabo por William Uri constituyen puntos de partida. Me parece que estamos en el momento apropiado para ensayar alternativas distintas a las usuales para propiciar este reencuentro entre venezolanos. Llamémoslo el momento Mandela; exploremos, por ejemplo, el poder de convocatoria de las artes, música y deportes. Intentemos colocar estas disciplinas al servicio de la reconciliación nacional.

El acto celebrado recientemente por la Universidad de Carabobo, conmemorando el conferimiento del doctorado Honoris Causa a Nelson Mandela constituyó un ejemplo de cómo desde estos escenarios se puede propiciar el reencuentro de los venezolanos. De ahí, la necesidad de comenzar a transitar la ruta Mandela.

autonomiaspoliticas@gmail.com

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viernes, 10 de mayo de 2013

OBSERVATORIO VENEZOLANO DE LAS AUTONOMÍAS, TALLER: EMOCIONAR PARA CONVENCER

El OBSERVATORIO VENEZOLANO DE LAS AUTONOMÍAS organizará próximamente un taller sobre la temática de la política de las emociones.
Su eje central girará sobre la problemática implícita en la falsa dicotomía, (presente en la concepción moderna de la política) entre razón y emoción. Se explorará el caudal cognitivo de las emociones y su rol en la construcción de un nuevo relato político para el país.
Se abordarán los avances desarrollados por las neurociencias y la antropología. Mención importante a autores como Antonio Damasio, George Lakoff, Clifford Geertz, Ernesto Laclau, entre otros.
Este taller es de carácter divulgativo dirigido a politólogos, activistas políticos, comunicadores y público en general y será dictado por el directivo del Observatorio, Nelson Acosta Espinoza.
Si usted está interesado en participar, por favor envíenos una nota a nuestro correo autonomiaspoliticas@gmail.com. Próximamente anunciaremos la fecha, lugar y costo del taller.
autonomiaspoliticas@gmail.com

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miércoles, 23 de enero de 2013

NELSON ACOSTA ESPINOZA, RECICLAR EL ESPÍRITU DEL 23 DE ENERO, OBSERVATORIO VENEZOLANO DE LAS AUTONOMÍAS,

El 23 de enero del año 1958 es una fecha emblemática. Se celebra no tan solo la caída de una dictadura de diez años, sino, igualmente, el inicio de un proyecto político. El Pacto de Punto fijo proporcionó sustentabilidad a la democracia que se reiniciaba en ese año. Por primera vez en la historia del país, actores políticos, corporaciones privadas, la institución eclesiástica y el mundo sindical se acordaron en proporcionar apoyo a este proyecto democrático.
Este acuerdo se concretó en los siguientes puntos: defensa de la constitucionalidad y del derecho a gobernar conforme al resultado electoral; gobierno de unidad nacional. Esto es, considerar equitativamente a todos partidos firmantes y otros elementos de la sociedad en la formación del gabinete ejecutivo del partido ganador y programa de gobierno mínimo común. Los firmantes fueron los representantes de Acción Democrática, Unión Republicana Democrática y el partido Social Cristiano COPEI. Desde luego, este compromiso político se acompañó con un proyecto económico y de desarrollo que giraría en torno a la creación de una industria sustitutiva de importaciones, expansión de la educación y salubridad pública y creación de polos de desarrollo.
Forma parte del conocimiento común el hecho del agotamiento de este acuerdo y sus perversiones que dieron inicio a la crisis de gobernabilidad que aún padecemos. No vamos a insistir sobre este punto. Si vale la pena resaltar un aspecto. En esos años se consolidó una cultura política democrática que ha servido de contrafuerte y ha resistido empujes autoritarios de distinto signos.
En la actualidad el mundo político se encuentra polarizado. Dos acuerdos expresan esta dicotomía: Polo Patriótico y Mesa de la Unidad Democrática. Extremos mutuamente excluyentes que practican con fervor lo que he denominado endogamia política. Esta práctica es sumamente peligrosa. Primero, amenaza los esquemas de convivencia social y achica los espacios comunes y necesarios para la negociación y resolución de los conflictos presentes en la sociedad. Segundo, el no reconocimiento del otro en cualquier direccionalidad, es una práctica antidemocrática y abre caminos para la profundización de los mecanismos autoritarios. Vencer estas mañas endogámicas y salir al encuentro del otro debería constituir punto de partida en la búsqueda de un acuerdo nacional.
Esta nueva celebración, entonces, debería dar pie para la formulación de un nuevo arreglo. Desde luego, para ser exitoso, deberá trascender los intereses electorales y las mañas endogámicas. Estamos hablando de un nuevo relato político que pueda interpelar a toda la población y que ajuste cuentas definitivas con el centralismo asfixiante que caracterizó a la llamada IV República y con ese nuevo centralismo comunal que intenta implantar el gobierno bolivariano.
Dos términos definen esta urgencia: reconciliación y compromiso histórico. El primero, lo interpretamos como la necesidad de reconciliarse con la diversidad cultural que constituye el país. Esta tarea no debe concebirse exclusivamente entre actores políticos. Es necesario tomar nota de las particularidades culturales que definen nuestras identidades regionales. En fin, este discurso político debe federalizarse.
El segundo, debe servir para crear una plataforma que propicie la despolarización. Hacer esfuerzo imaginativos para ubicar temas de interés común que puedan dar inicio al deshielo político. En otras palabras, rescatar el espíritu del 23 de enero implica transitar sobre estas sendas señaladas. No es tarea fácil, nunca la ha sido. Sin embargo, los tiempos por venir se muestran proclives para reciclar el espíritu del 23 de enero de 1958.
autonomiaspoliticas@gmail.com

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