“No
permitan que la política los separe, pueden perder la patria”. Esta afirmación
fue pronunciada por S.E. Thaninga Pandit Shope-Linney, embajadora de la
república de Sudáfrica, en el acto formal llevado a cabo con motivo de la
conmemoración de los 25 años del conferimiento del doctorado Honoris Causa al
líder africano Nelson Mandela.
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Thaninga Pandit Shope-Linney |
La frase se encuentra enmarcada en su narración
sobre la lucha empeñada por el pueblo sudafricano para superar el oprobioso
régimen del apartheid. Esta experiencia marcó una ruta en la búsqueda de
espacios donde las partes en conflicto pudieran encontrarse y reconocerse. En
ese país, el deporte, la música y las artes proporcionaron esos espacios para
el reencuentro y la reconciliación y, de ese modo, se evitó que esa nación se
embarcara en una guerra civil de negros contra blancos.
William
Uri, autor del conocido best seller “El camino hacia el sí” (Getting to yes),
es cofundador del Programa de Negociación de Harvard. También es mediador en
conflictos internacionales y empresariales. Junto a Jimmy Carter creó una
asociación para ayudar a terminar las guerras civiles en el mundo. Ha
desarrollado una ingeniosa iniciativa denominada Abraham Path Initiative que
busca crear un corredor turístico en Medio Oriente que siga el camino de
Abraham, una figura unificadora entre cristianismo, judaísmo e islam.
Estas
dos personalidades, ubicadas en contextos distintos, a través de sus
respectivas experiencias proporcionan una gran enseñanza: la polarización, por
muy extrema que ésta sea, puede vencerse. Se requiere imaginación y creatividad
para diseñar la estrategia apropiada que favorezca el encuentro entre las
partes en conflicto.
El
país se encuentra políticamente polarizado. Distintas instituciones y grupos
políticos han llamado la atención sobre la necesidad de delinear una estrategia
que propicie la reconciliación entre los venezolanos. La jerarquía católica, el
Movimiento al Socialismo (MAS) e importante figuras del acontecer nacional, han
hecho de este concepto elemento sustantivo de sus propuestas alternativas.
Recientemente, intelectuales y académicos han advertido que el virus de la
polarización ha penetrado los relatos mediante los cuales sectores de la
oposición describen la coyuntura política. Ramón Piñango, por ejemplo, ha
llamado la atención sobre esta radicalización de posiciones dentro de la misma
oposición. Señala un distanciamiento entre quienes plantean que la atención
política debe concentrarse en las venideras elecciones municipales del mes de
diciembre y, los que por el contrario, piensan que el acento debe ubicarse en
acciones de calle que acompañen a los ciudadanos en sus luchas sociales. Esta
contrariedad se ha agudizado, al punto, que ambos grupos comienzan a construir
identidades alternas: un “nosotros” que se contrapone a un “otro” situado en
espacios diferentes.
Es
imperativo combatir este doble desencuentro. El del país y el que comienzan a
padecer sectores de la oposición. La experiencia sudafricana y los experimentos
de imaginación política llevados a cabo por William Uri constituyen puntos de
partida. Me parece que estamos en el momento apropiado para ensayar
alternativas distintas a las usuales para propiciar este reencuentro entre
venezolanos. Llamémoslo el momento Mandela; exploremos, por ejemplo, el poder
de convocatoria de las artes, música y deportes. Intentemos colocar estas
disciplinas al servicio de la reconciliación nacional.
El
acto celebrado recientemente por la Universidad de Carabobo, conmemorando el
conferimiento del doctorado Honoris Causa a Nelson Mandela constituyó un
ejemplo de cómo desde estos escenarios se puede propiciar el reencuentro de los
venezolanos. De ahí, la necesidad de comenzar a transitar la ruta Mandela.
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