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sábado, 23 de noviembre de 2013

PEDRO CORZO, MADURO RUMBO AL SOCIALISMO REAL

Todo parece indicar que Nicolás Maduro pretende conducir a Venezuela al Socialismo Real, aunque la ruta para alcanzar esa meta transite por el caos social, del que podrían derivarse situaciones cruentas con consecuencias catastróficas para el país.

La anarquía inducida favorece al régimen. La agudización de las crisis le posibilita imponer controles  más férreos en el aspecto económico y en el político. Un estado de crispación social justificaría vigilancias más estrictas y disposiciones que limitarían los derechos ciudadanos a niveles sin precedentes en los gobiernos bolivarianos, y menos todavía en la democracia venezolana que el difunto Chávez bautizó como la "cuarta república".

Una especie de aviso de lo que puede ser el futuro para los venezolanos es la intensa campaña de descredito patrocinada por el gobierno contra los líderes de la oposición, y el hecho de que recientemente las autoridades clausuraran cincuenta páginas en las redes sociales en las que se informaba sobre la cotización del dólar. 

El gobierno de Venezuela, como nunca antes en el pasado, favorece la lucha de clases y la conflictividad social, al responsabilizar a los propietarios y a los políticos de la oposición de  los problemas que padece el país, situación que conduce a la radicalización del proceso del que Maduro confía salir fortalecido, porque aunque no cuenta con el absoluto respaldo de los partidarios del régimen, está conscientes que la nomenclatura actuará en base a los intereses de todos, y en ese juego tiene un papel clave la cúpula de las fuerzas armadas.

El escenario que se aprecia en Venezuela no deja de ser paradójico, porque mientras la dictadura de los hermanos Castro se mueve hacia algunos aspectos del modelo que Hugo Chávez bautizó como Socialismo del Siglo XXI, el heredero del déspota, Maduro,  está reproduciendo las fórmulas económicas y políticas de gobierno que fracasaron en la extinta Unión Soviética y en la propia Cuba.

Veamos. Los espacios de prensa libre se han reducido radicalmente. Las fuerzas gremiales y sindicales no tienen la relevancia del pasado. La presencia militar y burocrática del castrismo en las fuerzas armadas y los servicios públicos,  es una copia a carbón de la soviética en Cuba a partir de 1960, fortaleciéndose en las décadas siguientes hasta la desintegración de la Unión Soviética.

Un aspecto en el que el modelo castrista nunca será copiado por los bolivarianos es la economía.

En la isla desapareció la propiedad privada, mientras en Venezuela eso no será posible porque el régimen Chávez-Maduro, permitiendo todas las formas de corrupción, ha creado una nueva clase de ricos que gustan mucho de los Rolex y Lamborghini.

Respetar y ayudar al enriquecimiento de ese sector con los privilegios que le confiere el gobierno, es casi tan importante como controlar las instituciones del estado y el alto mando militar. Los nuevos ricos venezolanos no solo compiten en lujos y bienes con sus pares que les precedieron, sino que esperan que sus inmensos bienes les otorguen legitimidad más allá de la existencia del régimen que los creo.

No obstante Maduro procederá contra la propiedad privada en la medida que esta  sea independiente de su autoridad y apoye a los sectores de la oposición. La campaña contra la "especulación y el acaparamiento", está dirigida a los propietarios que no respondan al gobierno, incluido los "nuevos ricos" que se atrevan a cuestionar las acciones de la cúpula del régimen.
Son muchos los factores que han determinado que Maduro busque “blindarse”, entre ellos, no contar  con el apoyo popular que disfrutó Chávez, ni con el respaldo que el desaparecido comandante disfrutó entre los factores que conformaron el movimiento político que lo llevó al poder, una situación que obliga al gobernante a buscar diferentes mecanismos para proyectar su imagen y llenar el vacío dejado por el conductor desaparecido.

Maduro heredó de Chávez el control absoluto de las instituciones  del estado, lo que permitió a la mayoría oficialista de la Asamblea Nacional, desaforar a una diputada y alcanzar el  número de votos necesarios para aprobar una Ley Habilitante que según la legislación venezolana permite al Presidente dictar “decretos con rango, valor y fuerza de ley”, una potestad que lo sitúa por encima del resto de los poderes del estado.

Maduro,  similar a lo que hizo Chávez en varias ocasiones durante sus mandatos, imita a los patricios romanos y  procura legitimar la dictadura con el voto de los legisladores para actuar sin restricciones legales contra los sectores que le adversen, porque al igual que Fidel Castro, el gran mentor de los tiranos, su voluntad es la de la nación y quienes se opongan a ella están contra el pueblo, porque él es el único capaz de representar las necesidades y aspiraciones de todos los ciudadanos venezolanos.

Pedro Corzo 
pedroc1943@msn.com

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viernes, 25 de octubre de 2013

JUAN PÁEZ ÁVILA, EL DISCURSO PRESIDENCIAL

         El recurso más valioso con que el finado  Presidente Chávez para vincularse con los sectores populares y con la sociedad nacional e internacional en general, sin duda alguna que fue su discurso de contenido populista y aparentemente revolucionario, que le  permitió por cerca de 14 años de gobierno atraer la atención de la mayoría de sus interlocutores, el respaldo de un importante porcentaje de la población y el asombro hasta el temor de muchos de sus adversarios, que no podían determinar su intención de cambio pacífico o de guerra sin cuartel. 
         Transcurrido  los primeros 6 meses de su heredero en un ejercicio de gobierno entre promesas para unos y amenazas para otros, entre pasos atrás y luego adelante según los indicadores de su olfato político y convicciones ideológicas, el país ha comenzado a evaluarlo más por los resultados de su gestión administrativa, que por su verbo, tratando de imitar a su comandante supremo, pero cada vez menos convincente.
        
La mayoría de los pobres, a quienes el extinto Presidente logró sacar del clóset para enrostrarles su miseria a los gobernantes que le precedieron, acusándolos de  corruptos en el manejo de los dineros públicos, y de haberlos abandonado a su suerte para atender exclusivamente sus intereses personales, los de la oligarquía económica que había contribuido a elevarlos al poder y al imperio americano, siguen siendo pobres, con la excepción de los que Dietrich, su otrora asesor ideológico, ha señalado como la boliburguesía  que surgió al amparo de la corrupción, y que constituye una burla a ese pueblo que creyó en sus promesas de cambio.
            Y el otro sector de los venezolanos que temió la llegada del comunismo y por lo tanto la confiscación  de sus propiedades, ha sufrido los embates de la arbitrariedad y del militarismo, que desde el poder ejerció el gobierno del desaparecido Comandante Chávez para obligarlos a vender sus bienes personales, para fortalecer un Estado capitalista y la nueva oligarquía del dinero formada por amigos y partidarios del Presidente, se ríen del socialismo del siglo XXI que les ha permitido enriquecerse rápida e ilegalmente.
         Entre los pobres de siempre y los nuevos ricos, el discurso de Nicolás Maduro se desvanece por fantasioso y demagógico. Los primeros lo abandonaron el 14 de abril y lo repetirán el 6 de diciembre. Los segundos alistan sus maletas para ir a disfrutar sus habilidades inescrupulosas para enriquecerse.
        
Todo parece indicar que Maduro no ha encontrado la brújula para darle a su gobierno un cariz personal, presionado por los fanáticos del estalinismo se encuentra en un callejón sin salida, que lo conduce a repetir las políticas estatistas que han fracasado en todos aquellos países cuyos gobernantes lo impusieron o intentaron hacerlo predominar. Su camino es hacia un abismo políticamente  insuperable cuando no mortal, porque la inflación se le hace incontenible y como consecuencia una mayor pobreza, desempleo y protesta social de dimensiones cada día más agresivas por parte de los engañados por promesas incumplidas. No tiene los suficientes dólares para importar  los alimentos que consume la mayoría de los venezolanos, y los aumentos de sueldos y salarios que ha decretado se  los traga la inflación.
         Y como no parece tener posibilidades para cambiar las políticas económicas y sociales, cada día que pasa se profundizan las contradicciones internas en el gobierno y en partido oficial, entre quienes  no tienen ideas  susceptibles de modificar, sino creencias que convierten en dogmas, y quienes guiados por la  experiencia de otros países, incluso comunistas como China, abandonaron el dogmatismo y se abrieron al mercado mundial. Y frente a estas graves contradicciones que se extienden a toda la vieja estructuras que creó el difunto Comandante, que sin su presencia, sin su liderazgo, podría estar llegando al final. Amanecerá y veremos.  
Juan Paez

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domingo, 27 de mayo de 2012

SOLEDAD MORILLO BELLOSO, EL PRECIO DEL PAÍS

Los países que aceptan lo que debería ser intolerable han tomado la senda de la liviandad
Encendamos los reflectores sobre lo que sucede. País de barbarie, de acróbatas de la política que nada saben de gestión de gobierno, pero que vaya si han exprimido estos años para volverse billonarios. No importa cuánto lo nieguen, la verdad está ahí, cruda, presente, indisimulable. 

No necesitamos posdoctorados en finanzas para saber a dónde ha ido a parar buena parte del monumental ingreso petrolero de estos años. 

El nuevo riquismo tiene entre sus defectos el exhibicionismo. Abundan los trajes de marca, las carteras de firma, los carros carísimos y además blindados, las joyas que alumbran toda la avenida como el diente de oro de Pedro Navaja. El derroche y la ostentación se dan la mano en este festival de ladrones pegados como sanguijuelas a la nación, haciendo negociados y succionando a la República sin empacho alguno.

Según los estudios, la corrupción no es un punto grave en la mente de los ciudadanos. Todo indica que no es óbice para la decisión política. No es de extrañar que en un país donde los valores se han escurrido por las alcantarillas, donde las instituciones son entes esclavos de un presidente hecho deidad y donde abundan los funcionarios públicos de alto nivel que en poco tiempo pasaron de clase límite a magnates, la gente sienta que la corrupción es irremediable y es el menor de los males.

No falta quien diga que Capriles sería un presidente honesto porque "como su familia tiene dinero, él no tendrá que robar". Tal comentario lo he escuchado en boca de personas que se supone entienden la gravedad del tema. Estamos en serios problemas cuando la clase "pensante" se permite evaluar así la calidad moral de un posible presidente. Eso es aceptar aquella consigna horrorosa de Chávez cuando advirtió que la gente tiene razones para robar, justificando así el delito.

Los países que aceptan lo que debería ser intolerable han tomado la senda de la liviandad. Por ese camino se llega a la entronización de la entropía, como ocurrió en Estados Unidos en la época de la prohibición y ocurre hoy en ese mal boceto de país que es Cuba. Si todos tenemos un precio, el país termina teniendo un precio. Y los gobernantes de turno se sentirán con licencia para venderlo al mejor postor. Es decir, a quien les haga hincharse los bolsillos. Esos son los verdaderos vende patria.


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SOLEDAD MORILLO BELLOSO, EN EL PANTANO, LOS NUEVOS RICOS


Como una cadencia imparable, hemos ido perdiendo al presidente. Ya dejó de estar. Se ha convertido en una presencia ausente. Dejemos de lado ya, por inútil, aquello de insistir en un parte médico dado por facultativos y no por diversos agentes de la desinformación gubernamental. 

Dejemos también de lado la barbaridad que supone eso de gobernar vía twitter. Y dejemos de lado la fútil narrativa nocturna del individuo ese que tiene un agrio show todas las noches en esa aberración que es Venezolana de Televisión. 

Pongamos sí en primer plano, en primerísimo primer plano, lo que sucede en la cotidianidad venezolana. País de barbarie, de acróbatas de la política que nada saben de políticas publicas y de gestión de gobierno, pero que vaya si han aprovechado estos años para volverse billonarios. No importa cuánto lo nieguen, la verdad está ahí, cruda, presente, indisimulable. 

No necesitamos grandes estudios estadísticos para saber que buena parte de esa gigantesca mole de dólares producto del petróleo mejoró la calidad de vida de apenas un puñado de venezolanos y algunos extranjeros. El nuevo riquismo tiene por defecto el exhicionismo. Abundan los trajes de marca, las carteras de firma, los automóviles caros y además blindados, las joyas que alumbran la avenida como el diente de Pedro Navaja. El derroche y la ostentación se dan la mano en este festival de ladrones pegados como sanguijuelas a la piel de la Nación, una piel de la cual han succionado la sangre de la república sin empacho alguno. 

El asunto es tan nauseabundo que los periodistas no hallan palabras en el diccionario para describirlo. Dicen los estudios que la corrupción no es considerada un punto grave en la mente de los ciudadanos. Que todo indica que no es óbice para la decisión política. 

No me sorprende. No es de extrañar que en un país donde los valores se han escurrido por las alcantarillas, donde las instituciones son entes esclavos de un presidente hecho deidad, donde cada dia se agradece el mero hecho de seguir respirando, la gente sienta que la corrupción es el menor de los males. 

No falta quien diga que Capriles sería un presidente honesto porque "como su familia tiene dinero, él no tendrá que robar". Tal comentario lo he escuchado no sólo en los contactos con los estratos populares, sino, para mayor desagrado, en boca de personas que se supone han tenido todas las oportunidades para disfrutar de una estructura sólida en su vida. 

Estamos en serios problemas cuando la clase media se permite pensar de tal manera sobre la calidad moral de un posible presidente. Los países que aceptan con displicencia lo que debería ser intolerable, han tomado la acomodaticia senda de la liviandad. Y por ese camino se llega a la entronización de la entropía, tal como ocurrió en Estados Unidos en la época de la prohibición y ocurre hoy en ese mal boceto de país que es Cuba. Si todos tenemos un precio, el país termina teniendo un precio. Y los gobernantes de turno se sentirán en derecho de venderlo a quien supongan el mejor postor. El cerebro sirve para reflexionar. Pero hay que saber usarlo.


smorillobelloso@gmail.com

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