Chávez ganó con votos, no con trampa en las máquinas. ¿Pero con qué usos y abusos consiguió parte de esos votos? La dirigencia opositora supo de su derrota temprano en la noche antes del primer boletín del CNE cuando empezaron a llegar las informaciones de sus testigos y miembros de mesas y los conteos rápidos sustituyeron a los alentadores exit polls.
Capriles en la derrota mostró un temple político y espiritual más extraordinario que en su admirable campaña. En la mañana del 7 los venezolanos tuvimos motivos de agrado por la concurrencia, la paz y el respeto; no tanto en la tarde y en la noche. Lo que es totalmente inaceptable en una democracia es el descarado abuso de los recursos del Estado por parte de la candidatura gubernamental, delitos continuados contra la Constitución y básicos principios éticos: uso del dinero público, chantaje, calumnia, miedo y coacción. Por ello el voto de varios millones no fue verdaderamente libre, y sin la amenaza hubieran votado de otro modo. El Gobierno sabía y sabe que sin esos atropellos el voto libre favorece a la alternativa democrática; y echaron el resto. Creo que éste es el duro cuadro real. La democracia venezolana está atrapada por una monstruosa apropiación partidista; es recuperable con realismo, conciencia y mejor trabajo, no con culpabilizaciones de despechados y menos con la siembra de “nunca más votar”.
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| MUESTRA DEL VENTAJISMO |
En el extraordinario esfuerzo unitario por rescatar la normalidad democrática hay que resaltar junto con Capriles el nombre de Ramón Guillermo Aveledo, con muchos equipos de trabajo y millones de ciudadanos que se unieron. ¡Extraordinario!
La multimillonaria gestión fracasada ganó con una maquinaria eficaz en el uso de todo el poder del Estado y violación de derechos y de la Constitución. Tenemos un país que se cae a pedazos bajo un gobierno inepto con un poder concentrado frente a unas tareas gigantes que sólo son enfrentables exitosamente con un país reconciliado y decidido a sincerar la realidad. En el abismo entre el discurso y la realidad, la ineficiencia y la corrupción se reflejan en escuelas, hospitales, viviendas, empresas y servicios básicos, en la ruina de las empresas de Guayana, en Agropatria o en las terribles revelaciones-confesiones de Aponte Aponte y Makled. No hay salida para la pertinaz mayor inflación de América Latina, el alarmante endeudamiento, el déficit fiscal y la devaluación inevitable, sin el rescate de la dinámica productiva con cientos de miles de empresarios con inversión, creatividad y millones de trabajadores bien remunerados, unidos en la transformación educativo-productiva del país.
La trágica violencia desatada, que secuestra y mata, requiere valores de amor al prójimo y una política coherente en todos los frentes. Nada de esto es posible sin una reconciliación nacional que incluya en cada área las mejores fuerzas y talentos, y una conversión espiritual y reconocimiento del otro, en toda su pluralidad. Empezando por los presos políticos.
Lamentablemente, los “revolucionarios” están atrapados en su afán de implementar un fracasado modelo estatista totalitario a la cubana, para una imposible sociedad sin propiedad, ni iniciativa no estatal ni autonomía personal solidaria. Ellos no pueden reconciliarse con los “enemigos” sentenciados a desaparecer. Así, el desastre está garantizado y continuará la agonía de una sociedad profundamente enferma con un Presidente enfermo. Duele escribirlo.
No hay vida nacional sin reconciliación con el otro y apertura a un horizonte no totalitario. El cambio lo haremos más pronto que tarde los demócratas de todos los colores.
lugalde@ucab.edu.ve
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