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jueves, 8 de mayo de 2014

PACIANO PADRON, MUERAN LA INTELIGENCIA Y LA ACADEMIA

         
En nuestra vapuleada historia republicana, gobierno alguno había atacado y atropellado las universidades como el régimen de Maduro, que con hechos afirma: mueran la inteligencia y la academia. Para el momento en que escribo estas líneas, dieciocho universidades han sido atacadas por la Guardia Nacional, la Policía y los paramilitares que sirven al gobierno comunista y procubano del ilegítimo Maduro, que no solo allana autonomía, sino que daña infraestructuras y, peor aún, atropella, hiere y veja a los estudiantes. Ya basta. Para que vivan la inteligencia y la academia, el gobierno debe cambiar o debe ser cambiado. No debe gobernarnos un régimen de muerte que hiere y pretende asesinar la democracia y la libertad.

         El incendio que produjeron los paramilitares conducidos por policías cubanos y protegidos por la Guardia Nacional en la Universidad Fermín Toro de Barquisimeto, es tal vez la mejor expresión del primitivismo de un gobierno que manifiesta su desprecio por la academia. Este pasado lunes 5 de mayo prendieron fuego y lograron incendiar más del 40% de las instalaciones de esa Alma Máter, lo que afecta a más de cuatro mil estudiantes que ven paralizadas sus actividades docentes y de investigación. Los bomberos de Barquisimeto -de la Alcaldía democrática del Municipio Iribarren- requirieron de 6 unidades y de 45 funcionarios para detener el fuego, una vez que este había destrozado la Facultad de Derecho y áreas comunes, mientras los bárbaros saquearon y destrozaron la biblioteca.

         Destruyeron con fuego la Facultad de Derecho, donde he tenido el privilegio de participar en actividades académicas y dictar conferencias. Tal vez resulta simbólica la destrucción de esa Facultad, ya que querían y quieren acabar con el Derecho, les fastidia que haya abogados que levantan la voz y luchan contra la manipulación de las leyes, no obstante que el gobierno controla todo el aparato judicial venezolano, incluidos la policía científica, el Ministerio Público, los tribunales y los otros órganos auxiliares. La “justicia” está al servicio del régimen, y actúa conforme a los mandamientos de Maduro y el cogollo.

         Igualmente significativo es el saqueo, destrozo e incendio de la biblioteca de la Universidad. No podemos dejar de pensar en Hitler, en el nazismo violador de derechos e impositor de su doctrina por encima de la vida; cómo olvidar las quemas públicas de pilas de libros, pretendiendo incinerar las ideas de libertad e igualdad, intentando dejar sobre la faz de Alemania y el mundo únicamente la ideología excluyente y criminal del nazismo hitleriano.

         El ataque a la Fermín Toro -universidad que lleva el nombre de uno de los más ilustres próceres civiles de la República- no es un hecho aislado sino parte de un plan sistemático para desestabilizar la academia y castigar y atemorizar a los estudiantes que luchan en la calle por la libertad, contra el gobierno represivo que usa métodos desproporcionados e inconstitucionales para intentar hacerlos desistir, métodos que van mucho más allá del gas del bueno y de los perdigones, para dar paso a las balas que eliminan vidas y matan esperanzas.

         Las Universidad Central de Venezuela -nuestra rectora e inspiradora primera casa de estudios superiores- ha sido varias veces atacada inclementemente, tanto en Caracas como en el Núcleo de Maracay donde funcionan las facultades de Agronomía y Veterinaria; en sus salvajes ataques, los paramilitares han llegado hasta desnudar a un estudiante para exhibirlo sin ropa, en intento de amedrentar a sus compañeros, quienes responden con calle y más calle. También han sufrido atropellos LUZ, UCLA, UCAB, UDO, URBE, URU, Carabobo, UPEL y hasta la UNEFA, entre otras. Los atropellos no matan la academia, cuando la inteligencia y el ímpetu de la juventud universitaria la defienden con todo. 

Viva la Universidad, muera la violencia; vivan la libertad y la democracia, muera el atropello intolerante, la ineficiencia y la corrupción.  Viva la vida, muera la muerte.

PACIANO PADRÓN
pacianopadron@gmail.com
@padronpaciano

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viernes, 10 de enero de 2014

IVAN OLAIZOLA, PARANINFO DE LA SEMANA, PAIS EN ROJO

Fácil Nicolás, si le bajas dos al discurso violento de tu gobierno, bajarán los crímenes en el país. Así de simple.

Seis guardias nacionales asesinados. Más de 100 efectivos policiales asesinados. El tío de un vicepresidente asesinado. 25 mil asesinatos en el año. Una actriz y su pareja asesinadas. Un profesor de la UPEL y su madre asesinados. Unos compadres atracados. El suegro octogenario de un profesor del IUA atracado. 2 jóvenes asesinados en Macarao. Y las morgues full. Cuando los asesinados son gentes conocidas, públicas, cercanas, familiares, parientes, amigos, estos dejan de ser simples estadísticas para convertirse en una cruda y cruel realidad. Y eso es precisamente lo que viene pasando en nuestro país desde hace ya bastante tiempo. La inseguridad del país no es cuestión de percepción como se empeñan en señalar altos funcionarios del Estado. Matan a ricos, a pobres, a gente de los barrios y de los cerros, a gente de las urbanizaciones, del este y del oeste. Niños, adultos, ancianos,  funcionarios. Nadie está a salvo en este país. Pero lo peor es que las autoridades responsables de la seguridad ciudadana solo mienten, esconden cifras, desvían acusaciones. Y planes y operativos, que cambian a cada rato, pero todos ineficientes. Pero qué es lo que pasa, cual es el problema, por qué esta situación. Claro que es una cuestión política y politizable.

Insisto en una tesis que mantengo desde hace tiempo, justo desde que comenzó este proceso “revolucionario”.  Recuerdo con claridad el discurso que pronunciara el teniente coronel felón, el 4 de febrero de 1999, en ocasión del desfile militar de toma de posesión del cargo de presidente de la República, acto que debió de realizarse el día 2, pero que para conmemorar un acto criminal contra la constitución se realizaba ese día. Allí le oímos decir, dirigiéndose a la para entonces presidenta de la CSJ, Dra. Sosa, que si alguien estando desempleado con hijos pasando hambre roba tiene alguna justificación. Dos incitaciones a delinquir en un mismo acto y en cadena nacional. Justo al mes de aquel discurso asesinaban, subiendo del aeropuerto, a un buen amigo, el negro Azócar, cuando regresaba del exterior de conocer a un nieto. A los pocos días detenían al asesino y éste daba por excusa el que estaba desempleado y tenía hijos con hambre. Que quede claro que no señalo al ahora supremo y eterno y su gente de mandar a matar a nadie. Lo que quiero decir es que su discurso, sus actuaciones, sus odios han sido el germen de cultivo para tanta violencia desatada en el país.

Tantas horas en cadena nacional con un discurso escatológico, guerrerista. Insultado a todos los que no comulgaban con sus ideas. Escuálidos, burgueses, derecha parasitaria, criminales, especuladores, hambreadores del pueblo, enemigos de la patria, apátridas, y cuantas palabras insultantes se le venían a la mente, fueron sembrando ese odio entre clases, entre ricos y pobres, entre blancos y negros. Entre las urbanizaciones y los barrios. Entre los cerros y las colinas. Se armaron a los círculos bolivarianos. Nacieron las FBLN al amparo del gobierno y se le dio beligerancia a la narco guerrilla colombiana. Se permite el libre tránsito y actuación de grupos armados como los Tupamaros y la Piedrita. Se elogió y elogia permanentemente los actos criminales en contra de la constitución, 4F y 27N. Se lleva a altos cargos gubernamentales a ex guerrilleros, ex asaltadores de bancos y secuestradores. Se hace amistada con gobiernos facinerosos, dictadores criminales, violadores de derechos humanos. Se llama caballeros a asesinos públicos. Se protege a “pranes” en las cárceles. Los motorizados por la libre y con patente de corso. Se establece como política, oficial u oficiosa, que los cuerpos de seguridad del Estado que ni con el pétalo de una rosa a los malandros y asesinos. La justica encubre. Los jueces actúan según la conveniencia política. Una franela roja es símbolo de impunidad.

Ese era el panorama con el extinto y esa es la misma situación con el elegido. O a lo mejor peor.  Política de desarme, mentira. Política anti corrupción, mentira. Política de diálogo, mentira. Continúa el discurso del odio, de la división, de las amenazas.  Señores del gobierno no valen golpes de pecho ni declaraciones fuertes. Son mentiras. La política de esta revolución castro comunista sigue siendo la apología del delito; mientras más crímenes más seguridad para el régimen. Hay que cambiar esto, para que regrese la tranquilidad a la familia venezolana. Basta de tantos asesinatos. Viva la vida, muera la muerte.

Iván Olaizola D’Alessandro
iolaizola@hotmail.com       

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