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miércoles, 14 de octubre de 2015

JOSÉ TORO HARDY, CHÁVEZ MURIÓ, EL PETRÓLEO CAYÓ Y MADURO FRACASÓ

Curiosa campaña electoral la que estamos viviendo. En lugar de hablar  del futuro, los candidatos del chavismo  hablan del pasado y se aferran desesperadamente a Chávez: "Chávez vive", repiten. Las loas al "comandante eterno" maximizan su imagen mientras minimizan  la figura del actual.

Quieren crear una religión entorno a la figura de Chávez, como si pretendiesen vender la idea de que va resucitar para venir a rescatarlos de los entuertos creados por el líder que lo remplazó.

Pretenden imitar el culto que los argentinos construyeron entorno a Perón, quien murió el 1 de julio de 1974 -hace 41 años- pero cuyo recuerdo aún  gravita sobre la política argentina. Pero las diferencias entre Chávez y Perón son notorias. El último llegó a gobernar una nación que estuvo a punto de franquear la barrera entre en tercer mundo y el primero. Cuando uno aterriza en Buenos Aires (Ezeiza)  sobrevuela kilómetros y kilómetros repletos de industrias. Y donde hay industrias, hay sindicatos. Ese era el secreto de Perón: sindicatos, enormes y poderosos -que además adoraban a Evita- que le sobrevivieron y  que mantienen  vivo su legado político.

Pero el comandante eterno no cuenta con esa ventaja. En Venezuela hasta los sindicatos fueron arrasados. Por eso Chávez murió y no será revivido.  Quienes lo sustituyeron no tienen la autoridad moral para alimentar ningún mito.

Además, cayeron los precios del petróleo. Chávez llevaba una P de petróleo grabada en la frente. Basó su campaña electoral en una crítica feroz contra PDVSA y la Apertura Petrolera. Contó con la suerte de que el 2 de julio de 1997 estalla una crisis en Bangkok que afectó a Tailandia, Malasia, Indonesia y Filipinas, repercutiendo también fuertemente en Taiwán, Hong Kong y Corea del Sur y en menor grado a Japón e incluso a Singapur. Se la denominó la "primera gran crisis de la globalización". Aquello provocó una caída inesperada en la demanda mundial de petróleo, que disminuyó en dos millones de barriles diarios con respecto a lo esperado. El resultado es que se desplomó el precio de los hidrocarburos.

En  Venezuela el impacto fue brutal. En su peor momento la cesta venezolana llegó a 7 dólares el barril. Muchos creyeron que Chávez lo había previsto y que era un genio. Su popularidad creció como la espuma y en diciembre de 1998 arrasó en las elecciones.  Ocurrió entonces otro fenómeno. La fuerte caída de los precios del petróleo estimuló una aceleración de la economía mundial y una rápida  recuperación de los países afectados por la crisis,  con lo cual se restableció la demanda y se fortalecieron los precios.

En los años siguientes Chávez navegó sobre una ola de precios petroleros nunca antes imaginados. De 7 dólares el barril  llegaron a 116 dólares.  Nunca entendió aquel líder que la característica fundamental de los precios del petróleo es su volatilidad y, en lugar de aprovechar aquel maná caído del cielo para promover una economía sustentable capaz de resolver de manera permanente los problemas sociales, se embarcó en políticas marcadamente populistas que lograron su objetivo: lo transformaron en un fenómeno político que lucía invencible. Pero en realidad  era un ídolo con pies de petróleo, quiero decir de barro.

El sucesor de Chávez se encuentra ahora con dos problemas insuperables: Ya no está el comandante, ni tampoco cuenta con los ingresos petroleros que aquel disfrutó. En la actualidad cayeron hasta uno 40 dólares. Sin esos dos elementos, el legado que intenta mantener vivo ya no es viable.

La economía se hunde en problemas insuperables (al menos dentro del actual modelo): Venezuela padece la inflación más alta del mundo, el déficit fiscal resulta inmanejable, el bolívar fuerte se ha transformado en una de las monedas más débiles del mundo, la escasez –con un aparato productivo destruido por tres quinquenios de expropiaciones, controles y políticas irracionales-  resulta insoportable, las colas que padecen los venezolanos cada día también lo son, ya no hay dólares, sin materias primas ni repuestos la industria se viene abajo, el PIB cae a niveles nunca antes imaginados (10% según estima el FMI), la inseguridad es rampante, faltan las medicinas, la salud  y la educación destrozadas, el endeudamiento del estado y de sus empresas es abrumador, al país se le ha cerrado el crédito, PDVSA está severamente dañada, además la crisis eléctrica y la falta de agua agobian a Venezuela entera, al igual que la corrupción, la ineficiencia y el dogmatismo. La lista de los problemas es casi infinita. Es una crisis inducida por el populismo y el marxismo. Culpar de ellos a la “derecha maltrecha” o a una "guerra económica" supone presumir que el pueblo es idiota.

Y no lo es. Las encuestas nos dicen que la popularidad del actual gobernante ha caído a niveles deprimentes. Según José Antonio Gil -de Datanálsis- entre el 2012 y el 2015, el chavismo se ha reducido a la mitad. Y según nos dice la encuesta Venebarómetro al mes de septiembre el 77,9% de los ciudadanos valoran negativamente la gestión del gobierno de Maduro, el 89,3% piensa que la situación del país es negativa y agrega la encuestadora: casi 9 de cada 10 venezolanos les gustaría que cambiara la conducción del país. Según la encuestadora Hercon, a septiembre el 82,7% de los ciudadanos evaluaba negativamente la gestión de Maduro,  el 82,6% piensa que las cosas van por mal camino y responsabilizan por ello al modelo impuesto por Nicolás Maduro. Según IVAD el 76,9% le tiene poca o ninguna confianza al mandatario en tanto que la encuestadora de Alfredo Keller sostiene que el 80% de los propios chavistas creen que un cambio es necesario.

Tres hechos resultan pues incuestionables: Chávez murió, el petróleo cayó y Maduro fracasó.

José Toro Hardy
petoha@gmail.com
@josetorohardy

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martes, 6 de octubre de 2015

JOSÉ TORO HARDY, LA REVOLUCIÓN PERDIÓ SU OPORTUNIDAD

A lo largo del Siglo XX casi todas las fuerzas políticas tuvieron su oportunidad en Venezuela. Aunque agazapada en el pensamiento de nuestros dirigentes, a una tendencia ideológica se le había negado el acceso franco al poder: al marxismo.

Estalla en 1997 una crisis en Tailandia que como efecto dominó arrastró consigo a todo el Sudeste Asiático, dando al traste con el espectacular crecimiento económico de los llamados ¨tigres de papel¨. El resultado fue una caída en la demanda petrolera mundial del orden de 2 millones de barriles diarios, derrumbando los precios y provocando la caída de la cesta venezolana a 7 dólares el barril.

El impacto en nuestra política fue formidable. Partidos tradicionales como Acción Democrática y Copei fueron barridos del espectro político.  En medio de aquel terremoto, la historia optó por brindarle una oportunidad al marxismo.

Llega al poder a finales de 1998 disfrazado de tercera vía, tocado con gorra militar y altamente populista. Surfea sobre una larga ola de  bonanza petrolera sin precedentes. Aquel inesperado maná petrolero hace creer a los más ingenuos que por fin se estaba logrando una etapa de justicia social. Pero el gobernante no quiso aprovechar aquella situación histórica para establecer las condiciones de un desarrollo socioeconómico sustentable.  

Prefirió destruir  todo para construir encima una nueva sociedad. Su interés se centraba en crear una organización política que le garantizase para siempre el control de esa sociedad. El dogmatismo de quienes habían accedido al poder armados con lo que creían un infalible evangelio marxista, les hizo imaginar que a través del verbo hipnótico e irreverente de su líder, podrían instaurar una revolución que duraría para siempre.

Pero no, la revolución se transformó en uno de los experimentos políticos más fallidos que conoce la historia. Todo se basaba dádivas y en una etapa de ingresos petroleros extraordinarios, sin entender que estos son volátiles por definición. Ahora, el petróleo se desploma otra vez, porcentualmente aún más que en 1998. Su caída marca el ocaso de la revolución. Sin aquellos precios ni aquel líder mesiánico, ese fenómeno político ya no tiene bases de sustentación.

Esa revolución fue la última esperanza de quienes desde la desintegración de la URSS aguardaban la resurrección de su credo. Las ideas del ¨Socialismo del Siglo XXI¨  ya han sido descartadas por incompetentes.  Tal como ocurre con la Teoría de la Evolución de las Especies de Darwin, la historia es implacable con las especies políticas que fracasan. El ¨fantasma del comunismo¨ al cual se refería Marx en su famoso Manifiesto ha venido a naufragar en las costas venezolanas.  El ansiado ¨hombre nuevo¨ del marxismo terminó transformado en ¨bachaquero¨.

Faltan apenas unos 60 días para las elecciones del 6D. La incertidumbre se apodera de ambos bandos. Unos se aferran a la ilusión de conservar el poder no importa como: “Dios proveerá” o quizá “un milagro”.  Pero en el otro bando saben que las encuestas los favorecen. Más de 30 puntos de margen lucen definitivos. El ventajismo oficialista o cualquier fraude que pueda superar ese cifra tendría que ser demasiado obvio y podría desatar otras fuerzas impensables.

Desde una perspectiva histórica, ya nada de lo anterior resulta sustantivo. Salga sapo o salga rana es el fin de un ensayo. Una forma de pensar está siendo triturada por la historia y entre sus seguidores no encuentran más explicación que las culpas que se achacan entre ellos mismos. Incapaces de asumir su fracaso ven o inventan espectros en todas partes: guerras económicas, conspiraciones, confabulaciones internacionales, imperios enemigos, conflictos fronterizos, etc.

Con la inflación más alta del mundo, un déficit fiscal inmanejable, brutales niveles de inseguridad, caída de los precios del petróleo, escasez generalizada, destrucción del aparato productivo, pérdida de valores, confabulación de instituciones, ineficiencia rampante y corrupción apabullante, ya la revolución no puede seguir adelante. Los fundamentos de la economía están destrozados.

Como bien le dijo Santos a Maduro, ¨la crisis venezolana es hechura de Venezuela, no de Colombia¨. Parafraseando esas palabras, la crisis económica, política y social del país es hechura de la revolución, de nadie más.

Ni siquiera creo que el chavismo pueda seguir gravitando en nuestra historia. En Argentina ocurrió con Perón porque su poder se afincaba en inmensos sindicatos que le sobrevivieron y cultivaron su imagen. Aquí hasta los sindicatos han sido arrasados.

Habrá que reconstruir a Venezuela. Severamente dañada PDVSA y habiéndose producido profundos cambios estructurales en los mercados petroleros, los venezolanos tendremos que crear una nueva economía menos dependiente del petróleo, más productiva, respeto a la propiedad privada, menos controles, subsidios a los más pobres, privatizaciones, seguridad jurídica, flexibilidad laboral, equilibrio de los poderes, menos estatismo, más abierta a las inversiones, justicia social, prioridad a los valores y énfasis en la educación. 

La revolución perdió su oportunidad.

José Toro Hardy
petoha@gmail.com
@josetorohardy

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martes, 22 de septiembre de 2015

JOSÉ TORO HARDY, EL PETRÓLEO, PARA BIEN O PARA MAL

En 1912 Winston Churchill, Primer Lord del Almirantazgo inglés, decide cambiar los principales buques de la Marina de Guerra británica de carbón a petróleo. Se desata una inmensa búsqueda de petróleo. Un año después, en 1913, se perfora el primer pozo petrolero en Venezuela: el Zumaque No. 1. A partir de allí, nuestra historia tuerce el rumbo.

La economía venezolana, que no había cambiado mucho desde la colonia, comienza a recibir un creciente flujo de ingresos con lo cual la sociedad experimentaría profundas transformaciones en las siguientes décadas. Vendría más de un siglo de paz y Gómez  gobernaría hasta su muerte en 1936.

En esos años el mundo cambió. Se había producido la revolución rusa y la instauración del marxismo en aquel país. Había tenido lugar la I Guerra Mundial. Según Marx un fantasma recorría al mundo: ¨el fantasma del comunismo¨.

Estos sucesos impactaron profundamente en Venezuela. Una nueva generación de jóvenes -la Generación del 28-  aguardaba impaciente el fin de la dictadura de Gómez. Se esperaba que iban a imponerse en la política venezolana. No fue así, por el momento. Eleazar López Contreras toma el poder y sienta las bases de la democracia. ¿Cómo lo logró con una sociedad en ebullición?

En su auxilio vino el petróleo. Entre 1936 y 1938  México nacionaliza el petróleo. En  1939 estalla la II Guerra Mundial. A Venezuela llega un importante flujo de inversiones que dan a López Contreras la estabilidad que necesitaba.

En 1941 llega al poder Isaías Medina.  Venezuela era fundamental para la causa Aliada. Aportamos más del 60% del petróleo que utilizaron en la guerra y, por ende  desde EEUU hasta la URSS todos estaban interesados en nuestra estabilidad política. Y así fue.

No bien termina la guerra, todo cambia. Apenas tres meses después Medina es derrocado. El petróleo venezolano ya no era tan necesario en el mundo. Vienen años de cambios políticos. Rómulo Gallegos no logra sobrevivir y es derrocado en 1948.

Estalla la Guerra Fría y con ello crece nuevamente nuestra importancia petrolera.  Se temía una III Guerra Mundial. En Venezuela se instaura una Junta Militar presidida por Carlos Delgado Chalbaud y después por Marcos Pérez Jiménez.

Mientras tanto el comunismo trataba de apoderarse del Sudeste Asiático lo que desata la Guerra de Corea. Por el lado occidental, aquel conflicto necesitaba de manera imprescindible del petróleo que proporcionaba Irán. Pero en 1952 el Sha de Irán es derrocado por su primer ministro Mossadegh y  se interrumpe la producción petrolera iraní. Parecía inevitable el avance incontenible del comunismo. La importancia de nuestra petróleo aumenta aún más. Apenas dos años después Nasser nacionaliza el Canal de Suez y una vez más el mundo voltea la mirada hacia Venezuela y nuestro ingreso petrolero crece y  se otorgan nuevas concesiones en 1956 y 1957 y fuimos la economía de mayor crecimiento en el mundo.

Aunque con libertades políticas menguadas, fueron años de enorme prosperidad para Venezuela. El petróleo fue  la causa determinante de aquella prosperidad. En 1957 cae Pérez Jiménez y se instaura la democracia.

A partir de 1967 comienza un ciclo de violencia en el Medio Oriente con la Guerra de los Seis Días entre Israel y sus vecinos árabes. Vencidos estos,  Nasser  bloquea el Canal de Suez por donde transitaba toda la producción petrolera del Golfo Pérsico. Ese petróleo tenía entonces que darle la vuelta a toda África y no había tanqueros suficientes en el mundo para cubrir el recorrido adicional. Todos voltean la mirada hacia nuestro país. El petróleo venezolano es cada vez más importante para occidente lo que le da una sólida estabilidad a los gobiernos democráticos.

Un conflicto tras otro afectan al mundo petrolero islámico. Entre ellos cabe mencionar la llegada al poder de Gaddafi en Libia, la Guerra de Yom Kippur, el Embargo Petrolero Árabe, la Revolución en Irán, la Guerra entre Irán e Irak, la invasión de Irak a Kuwait, la Guerra del Golfo y otros que amenazaban el suministro petrolero a los mercados mundiales dándole al petróleo venezolano una enorme importancia estratégica. Fuimos considerados como el abastecedor más seguro y confiable del mundo.

En 1997 estalla otra grave crisis, esta vez fuera del mundo islámico. Se inicia en Tailandia y arrastra consigo a todo el Sudeste Asiático. La demanda de petróleo cae en casi 2 millones de barriles diarios con respecto a lo previsto. Los precios se derrumban hasta unos 7 dólares el barril para la cesta venezolana. El impacto en nuestra política fue dramático. Esa es la causa de que a finales de 1998 Chávez, que venía muy atrás en las encuestas,  ganara las elecciones.

En los años siguientes los precios petroleros alcanzan niveles inimaginables. En su  momento cúspide llegaron a 116 dólares por barril para la cesta venezolana, lo cual alimentó una política populista sin precedentes y un fortalecimiento del chavismo.

Este régimen nunca imaginó que los precios caerían. No tomaron  ninguna precaución. Ahora se están yendo a pique drásticamente. Puesto que el petróleo representa el 96% de los ingresos de divisas del país, el impacto es feroz. Esto sucede en medio de un proceso electoral con una caída radical de la popularidad del régimen. No cabe esperar un aumento del precio del petróleo en el corto plazo.

No es que $ 40 sea un precio bajo. Es que bajo el actual modelo ningún precio sería suficiente. Ya no tenemos capacidad para incidir en el rumbo que tomen los mercados, pero si tenemos la capacidad de actuar sobre el modelo que nos han impuesto.

El petróleo, como siempre,  tendrá un impacto determinante en nuestra política. Algunos piensan: ¨el petróleo los trajo y que el petróleo se los llevará¨.

José Toro Hardy
petoha@gmail.com
@josetorohardy

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lunes, 14 de septiembre de 2015

JOSÉ TORO HARDY, ¿LEGITIMI ... QUÉ?

La vigencia misma de la democracia se basa en dos tipos de legitimidad: la legitimidad de origen y la de desempeño.  El Art 3 de la Carta Democrática Interamericana,  dice:

“Son elementos esenciales de la democracia representativa, entre otros, el respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales; el acceso al poder y su ejercicio con sujeción al estado de derecho; la celebración de elecciones periódicas, libres, justas y basadas en el sufragio universal y secreto como expresión de la soberanía del pueblo… y la separación e independencia de los poderes públicos”.

Mal podría hablarse en Venezuela de “derechos humanos y libertades fundamentales”, cuando se multiplican las evidencias de  violaciones a estos derechos, comenzando por las limitaciones que día a día se imponen por distintas vías a la libertad de expresión.

Mal puede hablarse de legitimidad de desempeño cuando el Estado viene desconociendo de manera sistemática  -en al menos 17 casos diferentes- los veredictos condenatorios que en su contra emanan de la CIDH. Se trata de veredictos inapelables. El desacato de esos dictámenes revela el incumplimiento estructural  de sus obligaciones, corriendo el riesgo de caer en la calificación de "estado delincuente".

Queda muy mal parado el Estado venezolano cuando decide no acatar la decisión de la CIDH esta vez en referencia a RCTV.  Esta falta de acatamiento conlleva una violación al Art. 23 de la Constitución, que establece:

“Los tratados, pactos y convenciones relativos a derechos humanos, suscritos y ratificados por Venezuela, tienen jerarquía constitucional y prevalecen en el orden interno … y son de aplicación inmediata y directa por los tribunales y demás órganos del Poder Público”

¿Dónde quedan los derechos humanos cuando un gobierno utiliza cada vez más frecuentemente el sistema judicial para montar juicios en contra de quienes considera sus opositores políticos?

 “Le pouvoir arrête le povoir” sostenía Montesquieu. “El poder frena el poder”. Vale aquí preguntarse, ¿está el Poder Judicial frenando la injerencia de otros Poderes en el caso de la sentencia sin pruebas contra Leopoldo López?

Mal puede hablarse del acceso al poder como expresión de la soberanía del pueblo, cuando vemos como se inhabilitan por razones políticas a candidatos como María Corina Machado y otros, sin que existan otros motivos que el temor que a su popularidad le tiene el oficialismo. Circunstancias como estas han provocado la protesta de múltiples organismos y personalidades de enorme prestigio, desde Rajoy -presidente de España- y el presidentes de Costa Rica, hasta más de 35 expresidentes iberoamericanos, Parlamentos y Legisladores, premios Nobel de La Paz y de Literatura, ejemplos vivos de virtudes democráticas.

En todo caso, el 6D tendrán lugar los comicios para elegir a los miembros de la Asamblea Nacional. Hasta ahora, los Poderes Públicos venezolanos se niegan a invitar a observadores internacionales, como es la norma en el continente, limitándose a traer a algunos “acompañantes” de UNASUR, con la condición de que actúen como los Tres Monos Sabios -Kikazaru, Iwazaru y Mizaru- los monos que no oyen, no ven y no hablan. Hay una máxima  jurídica que reza: "A confesión de parte relevo de prueba"

Ese día, aunque no lleguemos  a contar con la presencia in situ de observadores, el mundo entero estará observando a  Venezuela. Un eventual fraude, dejaría irremediablemente comprometida la legitimidad de origen que se deriva -conforme a la Carta Democrática Interamericana- del acceso al poder con sujeción al estado de derecho como expresión de la soberanía del pueblo.

La pérdida de la legitimidad conlleva consecuencias graves.  La legitimidad (de origen y de desempeño) constituye la credencial ética para mandar y ser obedecido. El poder legítimo obliga moralmente a la obediencia. Son condicionamientos que se encuentran profundamente enraizados en las convicciones ético-políticas de la comunidad, aunque no se esté consciente de ello. No respetar esta condición abriría las puertas a cualquier aventura, muchas veces dentro del propio bando de quien la ha perdido.

La falta de legitimidad, sumada al deterioro masivo de las instituciones, la escasez, la inflación y en general la profunda crisis económica y social, desatarían fuerzas incontenibles.  Se rompería el "contrato social" al cual aludía Rousseau.

Un eventual fraude electoral  sería la gota que rebase el vaso de la paciencia internacional, que hasta ahora lucía indiferente. ¡Ya no! El Artículo 20 de la Carta Democrática Interamericana establece que: “cualquier Estado Miembro o el Secretario General podrá solicitar la convocatoria inmediata del Consejo Permanente” para adoptar las medidas que estime conveniente.

Y de acuerdo con el Artículo 21 de la mencionada Carta Democrática, si la Asamblea General constata que se ha producido la ruptura del orden democrático en un Estado Miembro (como en el caso de un fraude),  se tomará la decisión de suspenderlo de su derecho de participación en la OEA.

La democracia, por definición, es el imperio de las leyes, en contraste a la imposición de los hombres. Los pueblos que viven bajo el imperio de las leyes, son pueblos libres. Pero cuando las leyes no se  utilizan  para garantizar las libertades ciudadanas sino para coartar sus derechos, los pueblos corren el riesgo de quedar sometidos no al imperio de la ley, sino a la voluntad de un autócrata.

Una Asamblea Nacional producto de un eventual fraude difícilmente sería un triunfo para el oficialismo. Sería una victoria pírrica con graves riesgos para los integrantes del chavismo, lograda a costa de perder de facto la legitimidad. 

Algo muy similar a lo que le ocurrió a Alberto Fujimori en Perú. Fujimori  ganó las elecciones con ventajismo y se enfrentó  a la OEA, pero al hacerlo, perdió la legitimidad.  ¡No duró mucho!  Se tuvo que ir y hoy purga condena.

José Toro Hardy,
petoha@gmail.com
@josetorohardy

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miércoles, 9 de septiembre de 2015

JOSÉ TORO HARDY, LOS TRES MONOS SABIOS

Nuestros ciudadanos no se merecen el ambiente de tensión que se vive en el país. El nivel de angustia de la colectividad es alarmante. Pareciera que todos los demonios están prestos a caernos encima para ensañarse sobre unos habitantes que ingenuamente creyeron en las voces de algunos líderes que les habían convencido de que, por el solo hecho de ser venezolanos, tenían derecho a recibirlo todo de manos de un Estado favorecido por la mano de Dios. De hecho el populismo  es una vieja lacra que a lo largo de la historia ha amenazado a los pueblos que quisieron vivir en democracia, degradando y acabando muchas veces  con el sistema.

La democracia comenzó en la antigua Grecia, cuando aparecen  figuras como  Solón -595 AC- propiciando leyes para limitar el poder de los gobiernos y darle voz a  los ciudadanos. Con las reformas de Clístenes alrededor del 508 a. C. se atribuyen a las asambleas de los ciudadanos el sistema electivo y competencias legislativas, en la administración de la justicia,  así como mecanismos de control de la legalidad. Aunque hubo otras, en la Grecia ninguna democracia fue tan poderosa ni tan estable (o bien documentada) como la de Atenas.

El líder democrático más conocido  fue Pericles, a cuya muerte el sistema se suprimió para ser restaurado después por Eucleudes.

Pero los pueblos no siempre comprendieron la razón de ser ni la importancia de esas libertades. No entendieron que eran preciosas y que por ello conllevaban responsabilidades. Así a lo largo de la historia ocurrió que en un  sin fin de oportunidades surgieron figuras que fueron capaces de abusar de la buena fe de los pueblos y, mediante el señuelo de la demagogia y un verbo encendido, los engañaron y los convencieron de tomar un camino que los llevaba inevitablemente a renunciar a las bondades que les ofrecía la democracia, rindiendo sus propias libertades a la voluntad de algún hombre que terminaba por transformarse en un tirano.

Se había cerrado el círculo. Hombres bien intencionados como Solón habían logrado, como antes se dijo,  aprobar en Atenas leyes para limitar la tiranía. Sin embargo, usando mal esas nuevas libertades los pueblos se dejaron engañar por políticos populistas,  entregándoles ellos mismos el poder a nuevos déspotas.

Como dijo Aritóteles, ¨la nación que no quiere aprender del pasado está condenada a repetirlo¨.

 Después de haber disfrutado de varias décadas de democracia -no siempre exitosa- nuestra sociedad se dejó deslumbrar y torció el rumbo renunciando a sus libertades en nombre de un conjunto de aspiraciones de justicia social que aparentaban ser muy loables pero que resultaron ser  profundamente engañosas. Lamentablemente quienes  ofrecían alcanzar esas metas carecían de las aptitudes para lograrlas. Pretendieron hacerlo aplicando un modelo que ya había fracasado en el mundo entero.  Todo lo que lograron fue simplemente el resultado de una etapa temporal de precios petroleros exuberantes. Se trató de unos de los experimentos políticos más fallidos que haya conocido la humanidad en tiempo recientes.

 Ahora el país luce maduro para un cambio. La historia se apresta a pasar la página. Pero quienes encabezaron el experimento no logran aceptar que la preferencia de los pueblos es por definición voluble y que ahora no parece favorecerlos. Ellos llegaron al poder con el voto y el favor de ese pueblo, pero  ahora se enfrentan a un dilema. Si permiten que el pueblo se exprese con libertad, corren el riesgo de perder lo que consideran los logros de su revolución y el poder mismo que ellos detentan dentro de la misma.  Prefieren acogerse a una de las máximas de Stalin: "Basta conque el pueblo sepa que hubo una elección. Los que emiten los votos no deciden nada; los que cuentan los votos lo deciden todo"

Pero ahora las cosas ya no son iguales. Cualquier meta parecía alcanzable  con precios petroleros altos. Diferente es poder lograr esas mismas metas en medio de una crisis económica de graves proporciones signada por la escasez, la caída de los precios del petróleo, la inflación más alta del mundo, un déficit fiscal incontrolable, un malestar social creciente y la desconfianza cada vez mayor de la comunidad internacional.

 Por eso tienen miedo a la observación internacional. Aborrecen a la OEA y a la UE. Prefieren guardar las apariencias con el "acompañamiento" de  ciertos países de UNASUR que nos recuerdan mucho la antigua leyenda de Los Tres Monos Sabios, Kikazaru  (el mono que no oye), Iwazaru (el mono que no habla) y Mizaru (el mono que no ve). Estos monos parecen militar dentro de la directrices del Foro de Sao Paulo y por tanto serán ciegos, sordos y mudos ante cualquier forma de irregularidad electoral.

José Toro Hardy
petoha@gmail.com
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martes, 1 de septiembre de 2015

JOSÉ TORO HARDY, LOS ESTERTORES DE UN MODELO

Después de la Guerra de Yom Kippur y el Embargo Petrolero Árabe en 1974,  la Unión Soviética atravesó -al igual que Venezuela- por una etapa de gran afluencia económica debido al impresionante aumento que experimentaron los precios del petróleo. El líder de la nación comunista era Leonid Brezhnev, que lucía como un Zar más de Rusia. Poco le interesaban al Premier  soviético los temas económicos; en cambio, tenía una verdadera obsesión por extender el comunismo y por mantener el poderío del imperio que encabezaba. Sus propios ciudadanos no eran su prioridad.

La  URSS no era una nación industrializada. Su economía se basaba en la venta de materias  primas y en su creciente ingreso petrolero. La atención de Brezhnev se centraba en tres estrategias: el gasto militar, el control de los países de la órbita soviética y la expansión del comunismo en otras área como fue el caso de Cuba, Angola y la intervención soviética en Afganistán.  A toda costa quería sobrepasar militarmente a los EEUU. Le  proporcionaba  petróleo subsidiado a los países del Pacto de Varsovia para mantenerlos atados al comunismo y sumisos a Moscú.  El petróleo que estos países recibían lo pagaban mediante trueque. El mecanismo parecía funcionar, al menos hasta que en 1982 se derrumbaron los precios del petróleo soviético que cayó de 40 a 9 dólares el barril.

Brezhnev tuvo la prudencia de morir ese mismo año antes de que estallara el caos que había contribuido a provocar con su dogmatismo marxista, su expansionismo y su imprevisión económica. Le suceden por un corto período Andropov y Chernenko.

Finalmente le toca el turno a Gorbachov.  Cuando llega al poder en 1985 recibe la herencia de Brezhnev:  Una economía soviética en ruinas. Los niveles de escasez obligaban a los ciudadanos a largas colas para conseguir cualquier cosa. Desesperadamente busca financiamientos que no logra obtener. Tratando de salvar a su país, recurre a dos políticas:  "Glassnot"  en favor de la libertad de prensa y la “Perestroika” para reformar la deprimida la economía. Ya era muy tarde.

Se ve obligado a eliminar los subsidios petroleros a la órbita soviética y a Cuba. Sin ese petróleo ya no podía mantener atados a estos países. Como resultado de ello, a partir de 1989 se desmorona la Cortina de Hierro  que había erigido Stalin y cae el Muro de Berlín que había sido obra de Kruschev. Finalmente, en 1991 se desintegra la propia Unión Soviética en 16 países. Todo aquel andamiaje  se viene estrepitosamente abajo sin disparar un tiro. A pesar de contar con un poderoso ejército absolutamente apegado al comunismo el sistema fenece y la URSS pierde la Guerra Fría.nCuando una sociedad está lista para un cambio, nada la detiene.   "Es el fin de la historia”, dictamina Fukuyama.

Guardando las distancias, muchas de las cosas que pasaron en la URSS están ocurriendo hoy en día en Venezuela.  Al presidente Chávez le tocaron años de afluencia petrolera tal como a Brezhnev. Como este último, no se preocupó por construir una economía sustentable sino que se centró en algunos objetivos: Crear una inmensa base política, extender su Socialismo del Siglo XXI,  estimular el gasto militar y construir una zona de influencia a base de subsidios petroleros. Diseñó Alba y UNASUR con el recóndito deseo de emular una suerte de Pacto de Varsovia que orbitara en torno a Caracas.

Pero todo era un castillo de naipes que se basaba en una etapa de precios petroleros excepcionalmente altos  que Chávez creyó iban a durar para siempre. Finalmente, al igual que Brezhnev, tuvo la prudencia de partir antes de que estallara en caos. El primero gobernó durante 18 años, el segundo durante 14 años.

Veamos lo que ocurre ahora en Venezuela. Nos encontramos con una economía severamente dañada por tres lustros de dogmatismo socialista que se tradujeron en expropiaciones, controles de precio, destrucción y estatización del aparato productivo, control de cambio, inflexibilidad laboral, limitaciones a la libertad de expresión, caída de las inversiones y pérdida del equilibrio entre los poderes públicos. Se profundizó la extrema dependencia con respecto al petróleo, que aporta cerca del 96% de la totalidad de los ingresos en dólares que percibe el país.

Pero, súbitamente, se desmoronaron los precios del petróleo y estalla una escasez brutal de los productos más elementales. La economía se paraliza progresivamente. La producción nacional de bienes no alcanza y tampoco los dólares para poder importarlos. Las colas y la escasez abruman a los ciudadanos mientras las empresas del Estado, empezando por PDVSA, están sumidas en una ineficiencia pasmosa. La inflación es la más alta del mundo, el déficit fiscal inmanejable  y ya nadie tiene confianza en el signo monetario. También aquí la sociedad está lista para un cambio.

Yo me pregunto: si la segunda nación más poderosa del mundo cayó de rodillas ante fenómenos similares y el sistema en el cual se sustentaba se vino a pique, ¿qué no podrá pasar en una pequeña nación como la nuestra que pretende resucitar un modelo ya fallecido?

Ciertamente yo no me atrevo a responder. Le pido a cada quien que saque sus propios conclusiones. La historia tiene una terca tendencia a repetirse, pero no siempre lo hace en iguales términos. Ojalá que lo que nos depare el futuro no sea a un Putin.

José Toro Hardy
petoha@gmail.com
@josétorohardy

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jueves, 27 de agosto de 2015

JOSÉ TORO HARDY, BANCO CENTRAL DE VENEZUELA –BCV-

   La economía venezolana atraviesa por el peor momento de su historia. Hoy más que nunca se requieren los indicadores y estadísticas fundamentales que conforme a la Constitución y su propia ley debe suministrar el BCV. Sin embargo, ante el temor de que se conozca la magnitud de la crisis, el organismo se viene absteniendo de cumplir con esta obligación.
   La Constitución de Venezuela establece en su Art 319 que el BCV está obligado a rendir informes periódicos sobre el comportamiento de las variables macroeconómicas. Agrega textualmente:
"El incumplimiento sin causa justificada del objetivo y de las metas dará lugar a la remoción del directorio y a sanciones administrativas de acuerdo con la ley ..."
   Cifras tan importantes como las que se refieren a la inflación, el PIB, balanza de pagos, base monetaria, índices de escasez y muchos otros no han sido publicados desde el 2014. Tampoco algunos indicadores semanales vitales para las actividades de los agentes económicos han sido publicados desde el 2010. Infinidad de contratos están supeditados a muchos de esos indicadores  que el BCV no le presenta al país. Tan vitales son esas cifras  que la propia ley del Banco Central establece en su Artículo 31:
"La gestión del Baco Central se guiará por el principio de transparencia". Después agrega que el organismo está en la obligación de mantener informados a los agentes públicos y privados, nacionales y extranjeros con respecto a "los informes, publicaciones, investigaciones y estadísticas, que permitan disponer de la mejor información sobre la evolución de la economía venezolana".
Al carecer de los cifras requeridas para evaluar la gestión pública del Estado venezolano algunos organismos internacionales simplemente nos ignoran.  En la sección tercera del Estudio Económico de América Latina y el Caribe 2015 de la CEPAL (www.cepal.org), se analizan detalladamente las políticas fiscales, monetarias, cambiarias, variables económicas, datos sobre crecimiento, inflación, remuneración y muchas otras de 19 países de la región (incluyendo Haití y Cuba). Sobre Venezuela ni una palabra, ni siquiera nos mencionan. Esto desde luego contribuye a la percepción sobre el fuerte aumento de riesgo de impago de la deuda soberana que tienen las calificadoras de riesgo internacionales, con lo cual se dificultan y encarecen los financiamientos que la República requiere. Sin excepción, todas las calificadoras de riesgos, incluyendo a Dagong (la más importante de China), coinciden en atribuir un creciente riesgo a Venezuela.
   En todas las economías modernas la norma es que los bancos centrales sean independientes. La razón es evidente. Cuando un banco central se pliega a los deseos de un gobierno, termina emitiendo dinero "inorgánico" para financiar el gasto público. Es por eso que el Artículo 320 de la Constitución, señala textualmente:
"En el ejercicio de sus funciones el Banco Central de Venezuela no estará subordinado a directivas del Poder Ejecutivo y no podrá convalidar o financiar políticas fiscales deficitarias"
   Lamentablemente el BCV, dejó de ser autónomo.  Financia sin ambages  el déficit fiscal que de acuerdo con varios analistas ya se ubica entre el 18 y el 20% del PIB. No es pues de extrañar que tengamos la inflación más alta del mundo.
   Ese dinero "inorgánico" que emite el banco central para financiar el déficit se incorpora a la masa monetaria (m2) que circula en la economía. Se conoce como "high power currency" por su altísimo potencial inflacionario. Genera demanda de bienes, pero como estos son escasos  -tras tres lustros de destrucción de aparato productivo- provoca primero una fuerte presión alcista de los precios, desviándose luego hacia la compra de dólares en el mercado paralelo, contribuyendo así a una elevación sin precedentes en el dólar paralelo que a su vez se transforma en la referencia que utilizan los agentes económicos para calcular el costo de reposición de sus inventarios. Es como un perro que se muerde la cola. Es un mecanismo perverso que se retroalimenta conduciéndonos a un circulo vicioso de empobrecimiento. Es un error atribuir el alza del dólar a una página web en la frontera. Quien lo provoca es el propio BCV al financiar el gasto público, incumpliendo así su razón de ser que es la de preservar el valor de la moneda. Veamos lo que dice el Art 320 de la Constitución:
"El Estado debe promover y defender la estabilidad económica, evitar la vulnerabilidad de la economía y velar por la estabilidad monetaria y de precios, para asegurar el bienestar social" ...

Esto es tan obvio que no se entiende como el TSJ se niega a admitir la demanda presentada por Transparencia Venezuela para que se le exija al BCV cumplir con su obligación, lo cual a su vez genera dudas con respecto a la independencia de los poderes en el públicos.

José Toro Hardy
petoha@gmail.com
@josetorohardy

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martes, 11 de agosto de 2015

JOSÉ TORO HARDY, ¿GRAVITARÁ EN NUESTRA HISTORIA PARA SIEMPRE?

Los venezolanos estamos atravesando por una de las peores crisis económicas  de nuestra historia. ¿Cuándo se gestó?

Muchos creen que es simplemente el resultado de la caída de los precios del petróleo. Representando el petróleo cerca el 96% de los ingresos totales en divisas su baja inevitablemente tenía que producir una gravísima situación; sin embargo, la crisis que padecemos -y que se profundizará-  se sembró durante los años en que el petróleo había alcanzado los precios más elevados por el período más largo que se conoce.

La característica fundamental del petróleo es la volatilidad de sus precios.  Pero en nuestro país  el conocimiento fue reemplazado por el dogmatismo y la experiencia por la petulancia revolucionaria. Creyeron que los precios se mantendrían elevados para siempre, convencidos -tal como lo sostenía Hubbert- que las reservas mundiales de petróleo ya no crecerían al ritmo que lo hacía la demanda. La conclusión de Chávez fue que el barril de petróleo pronto alcanzaría los 200 dólares.

Para él, lo único que hacía falta para que la revolución se mantuviese a perpetuidad era utilizar aquel abundante maná negro para crear una inmensa base política que garantizase el apoyo popular.

Había que destruir cualquier otro mecanismo de generación de riquezas a fin de que la población dependiese únicamente de la voluntad del príncipe.  Centenares de miles de industrias y empresas de todo tipo fueron llevadas a la quiebra. Infinidad fueron expropiadas, cerca de 4 millones de hectáreas productivas también lo fueron en el agro.

Nada, nada importaba. Con la montaña de dólares a disposición del Estado era preferible importar los bienes que se requiriesen para mantener satisfechos tanto al pueblo como a los gobiernos  de los nuevos socios geopolíticos que apoyasen al régimen: China, Rusia,  Irán, etc. 

Cuba era la máxima prioridad. Bajo la óptica del gobierno, también era preferible financiar a los países del Caribe mediante subsidios petroleros. De esta forma se garantizaban cerca de 15 votos en la OEA. Para ello nace Petrocaribe. Y por supuesto el ALBA, fortaleciendo así a quienes constituían una alternativa al ALCA propuesta por el odiado imperio. Desde luego, Brasil, Argentina y Uruguay también eran claves. Eran pocos los gobernantes que resistían la tentación de recibir un apretón de una mano embadurnada de petróleo.

Se establecieron prioridades: “Contribuir al desarrollo de una Geopolítica Internacional en la cual tome cuerpo un mundo multicéntrico y pluripolar que permita lograr el equilibrio del Universo y garantizar la paz planetaria”, (sic) como reza el Plan de la Patria.

Había que impedir el fortalecimiento del aparato productivo nacional en manos de un empresariado que no podía ser controlado por el gobierno.  Ahí está el caso de Polar. No importaba el país, lo único importante era la revolución.

 En cuanto a soluciones sostenibles para los pobres, eso ya lo aclaró el general Guaicaipuro Lameda en entrevista donde narra las posiciones de Giordani -ministro estrella y maestro de Chávez- “Los pobres tendrán que esperar. Los necesitamos pobres”.

Se cumplió la visión de Pérez Alfonzo. El petróleo pasó a ser “el excremento del diablo”.

Así, la revolución creó un colosal aparato burocrático. Destruyeron y arrodillaron a PDVSA. Acabaron con el equilibrio de los poderes y con los DDHH.  Eliminaron la autonomía del BCV y lo transformaron en una imprenta que, con el apoyo del TSJ, se niega a cumplir con las obligaciones que le establece la ley de informar acerca de indicadores fundamentales de la economía.  La educación y la salud también fueron víctimas. Pulverizaron la moral y los valores (entre ellos el del trabajo).

Los objetivos de la revolución se venían alcanzando a paso de vencedores. Pero ocurrieron dos eventos que no esperaban. El primero fue que murió el líder. El segundo que se derrumbaron los precios del petróleo. Todo empezó a venirse abajo como un maderamen podrido.

Venezuela se halla sumida ahora en un trance que estruja el alma y que muchos temen podría devenir en crisis humanitaria.  Esto no surgió con la caída de los precios. Al contrario se gestó cuando éstos estaban más altos. Sus progenitores fueron el rentismo petrolero y el populismo dogmático.

El principal autor de la crisis fue Chávez que exacerbó ambas condiciones; tuvo, sin embargo, la prudencia de desaparecer a tiempo, antes de que estallase el caos. A los ojos de miles de venezolanos  desprevenidos el proyecto de Chávez luce validado.  El culpable será su sucesor. Muy probablemente ese régimen incompetente desaparecerá por una vía u otra. Pero el verdadero causante podría seguir gravitando en nuestro porvenir, tal como la figura de un Perón sigue gravitando sobre la pobre Argentina.

Jose Toro Hardy
petoha@gmail.com
@josetorohardy

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miércoles, 29 de julio de 2015

JOSÉ TORO HARDY, LA INFLACIÓN: EL EXCREMENTO DEL BANCO CENTRAL

De manera muy gráfica y premonitoria Pérez Alfonzo decía que el petróleo era "el excremento del diablo". De manera igual manera podemos afirmar que la inflación es el excremento del Banco Central. La inflación es el resultado de los excedentes de emisión de dinero  "inorgánico" por parte del banco central.

La función de emitir moneda es una de las más delicadas en un país. La moneda nunca debe ser emitida sin mecanismos claros y transparentes que rijan el proceso. En las economías modernas los bancos centrales siempre tienen que ser autónomos. Cuando un banco central deja de serlo inevitablemente quien lo domina -el  gobierno- terminará por exigirle la impresión de moneda para financiar el gasto público.

Mientras más populista es un gobierno, menos acepta que la economía se rige por ciertas  normas que no pueden ser manipuladas. Y mientras más se ignoran esas leyes para cumplir con la voluntad dogmática de algún líder,  más graves serán las consecuencias y más alto el precio que al final del día terminarán por pagar los pueblos.

Suelen creer los líderes populistas que así como con sus discursos pueden manipular a las masas, con su voluntad podrán doblegar también las economías.  Sin entender de las consecuencias de sus acciones, terminan por provocar daños a veces irreparables, convencidos de que ellos son intérpretes de la voluntad popular, a lo cual le agregan que la voz del pueblo es la voz de Dios con lo cual terminan por creerse dioses ellos mismos.

Pocos daños mayores se le puede provocar a un pueblo que destruir el valor de su moneda.  Con razón decía Lenin: "la mejor manera de corromper el sistema capitalista es corromper su moneda".  Ahora bien, el valor de una moneda está estrechamente ligado a su respaldo y al sistema de precios. Los países comunistas siempre intentaron introducir  un divorcio entre costos y precios. Ello los condujo al fracaso del sistema y al establecimiento de monedas sin respaldo y con poca o ninguna aceptación.

Eso está pasando hoy en Venezuela. El gobierno pretende controlar los costos y los precios. Eso es imposible de lograr por vía de imposiciones o decretos. El gobernante puede forzar a un productor a vender un producto a determinado precio, lo que no puede es obligarlo a que lo produzca  si no va a obtener un beneficio. Decide entonces el gobierno producirlo él mismo. La realidad es que en manos del gobierno la producción resulta mucho más ineficiente y los costos considerablemente mayores. Al final del día lo único que logra es que las empresas públicas arrojen inmensas pérdidas -que es el denominador común en Venezuela- o bien que esas empresas se paralicen o produzcan muy por debajo de su potencial.

Todo lo anterior lleva a la sociedad a una escasez creciente de los bienes más esenciales.  Y en la medida en que todas las actividades empresariales del Estado en lugar de aportar recursos al Presupuesto Nacional vía tributos lo que hacen es exigir recursos al Fisco para cubrir sus pérdidas, lo que termina ocurriendo es que cada vez son menores los recursos que se pueden destinar a funciones vitales del Estado como son la educación, la seguridad, la justicia y la salud. Estas terminan por colapsar.

Enfrentado a un déficit fiscal cada vez mayor, el Estado opta entonces por quitarle la independencia al Banco Central para forzarlo a emitir  dinero para financiar el gasto público. Esto nos lleva a cerrar el círculo con los planteamientos hechos al principio de este artículo.

El dinero sin respaldo que imprime un Banco Central para cubrir el déficit fiscal es el peor excremento que se puede vestir sobre un pueblo. Es el responsable de la inflación que le roba el poder adquisitivo al salario de los trabajadores y corrompe la moneda arrojándola a la vorágine de la devaluación.

Muchos bolívares tratando de comprar pocos bienes se traducen inevitablemente en un aumento sostenido de los precios. Como además el gobierno ha desestimulado la producción de esos bienes, el resultado es una paralización progresiva de la economía y una escasez que abruma a la sociedad. Aparecen inmensas colas y racionamientos y se genera ese fenómeno altamente improductivo al cual se le ha dado el nombre de "bachaqueo".

Además al no encontrar bienes que comprar en el país, los excedentes de liquidez generados por la emisión de dinero inorgánico,  se desvían hacia la compra de divisas en el mercado paralelo lo cual explica la brutal devaluación de nuestra moneda en ese mercado.

No sé si es porque ellos mismas son ignorantes o si es porque tratan de engañar a otros más ignorantes que ellos, las autoridades inventan una supuesta "guerra económica" para justificar el daño que ellas mismas están causando con sus políticas injustificables.

José Toro Hardy
petoha@gmail.com
@josetorohardy

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jueves, 23 de julio de 2015

JOSÉ TORO HARDY, "CONTANGO" Y "BACKWARDATION"

Cuando los mercados petroleros tienen razones para suponer que en el futuro los precios petroleros van a ser más altos, se produce un fenómeno conocido como "Contango". Por el contrario,  cuando surgen condiciones que permiten anticipar que los precios petroleros en el futuro han de ser menores, el fenómeno se denomina  "Bacwardation".  En ambos casos los mercados apuestan y comienzan a especular y anticipan el aumento o la baja que terminan ocurriendo como una suerte de profecía auto cumplida.

Fue una situación de "Contango" la que imperó en la mayor parte de los últimos tres lustros, llevando a los dirigentes del Socialismo del Siglo XXI a creer que los precios petroleros seguirían aumentando indefinidamente, que podrían disponer de recursos ilimitados y que su revolución habría de durar para siempre.

Chávez llegó a decir que el petróleo alcanzaría los 200 dólares. ¿En qué se basaba? Pues bien, él era un convencido de la teoría conocida como "el punto de Hubbert" o también como el "peak point" o "peak oil".  Se basaba en las ideas de un geofísico llamado King Hubbert quien en los años 50 vaticinaba que hacia la primera década del siglo XXI  la producción mundial de petróleo habría de alcanzar su  cénit o "punto pico" (ya que las reservas mundiales no podrían seguir creciendo al ritmo requerido) en tanto que el consumo si lo haría. El precio del barril por tanto necesariamente subiría.

Quienes creyeron en Hubbert cometieron el error de no darle importancia a la tecnología. No entendieron que mientras más alto era el precio del petróleo y más inseguro su suministro, mayor estímulo habría para desarrollar agentes energéticos alternos, estimular el ahorro de la energía o desarrollar mejores tecnologías para aumentar la producción de hidrocarburos.

La tres cosas ocurrieron. Nuevos agentes  están surgiendo, a la vez que hoy en día equipos, automóviles y motores  consumen mucho menos energía que antes. Simultáneamente se han desarrollado nuevas tecnologías como el "fracking" que permiten explotar inmensas cantidades adicionales de hidrocarburos en un tipo de rocas conocidas como "lutitas petrolíferas", antes no accesibles por razones de costos. Ya las reservas no son escasas.

Por lo tanto las expectativas han cambiado en los mercados petroleros y han variado también las políticas de la OPEP. Ya los países  árabes de Golfo Pérsico -como Arabia Saudita, Kuwait y Emiratos Árabes- se niegan a recurrir a recortes de producción para propiciar aumentos en los precios. Saben que si lo hacen simplemente serán desplazados de los mercados petroleros.

Hay además un enfriamiento de la economía mundial por lo cual la demanda de petróleo ya no está creciendo como se esperaba en tanto que su oferta sigue expandiéndose.  Ya nadie habla de la teoría del "peak point" de la oferta, sino más bien del "peak point" de la demanda.

Adicionalmente se produce un arreglo entre EEUU  (y otras potencias) con Irán. Este último abandona sus planes vinculados con armamentos atómicos y abre sus plantas nucleares a la inspección internacional lo que conduce al levantamiento de las sanciones contra ese país. Se espera que en los próximos meses la producción petrolera iraní aumente en un millón de barriles diarios, que engrosarán  el excedente de oferta.

Todo lo anterior explica que los mercados hayan entrado en  condición de  "backwardation" y las expectativas son hacia una baja en los precios del petróleo. Aún sin necesidad de esperar a que se materialice el aumento de la producción iraní, los mercados ya están apostando a la baja y especulando en ese sentido.

Volvamos al caso de Venezuela. Nuestro país tendrá que pagar el precio de tres lustros de políticas dogmáticas y populistas.  El 96% de nuestros ingresos en divisas provienen del petróleo y ante  las expectativas de caída en sus precios la situación económica del país podría complicarse considerablemente. El financiamiento externo se cierra ante el temor de un default que  anticipan las agencias internacionales calificadoras de riesgo.

Las reservas internacionales del BCV caen peligrosamente, el déficit fiscal se abulta y el Banco Central lo financia de manera creciente con dinero inorgánico, con lo cual se expande la masa monetaria contribuyendo a una devaluación desbocada del paralelo, los niveles de inflación son tales que el BCV teme informarlos, la escasez se generaliza en el país y las misiones están venidas a menos. Mientras tanto, el Fondo Monetario Internacional vaticina una caída del 7% del PIB.

No sólo los mercados petroleros pueden sufrir las consecuencias de una condición de "backwardation". También a los mercados políticos se les aplica el concepto. En las actualidad la sociedad ha llegado a la convicción de que ante el fracaso que ha demostrado, el chavismo valdrá menos en el futuro . Ya comienzan a anticiparse decisiones y apuestas –inclusive entre sus allegados- que contribuyen a que se esté materializando una profecía de caída auto cumplida. Eso ya lo evidencian todas las encuestas.

Un gobierno desesperado, dando palos de ciego, inhabilitando opositores a los que teme vencer en buena lid, sin atreverse a tomar obvias medidas económicas por temor a su costo, al que la acumulación de errores le está pasando factura por todas partes, desenmascarado y cada vez más aislado en materia internacional, constituye un ejemplo típico de una condición de "backwardation" en el terreno política.

Jose Toro Hardy
petoha@gmail.com
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