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domingo, 11 de marzo de 2012

ANDRES OPPENHEIMER: MALAS NOTICIAS PARA MITT ROMNEY

Tábano Informa

El Nuevo Herald (EE. UU.) - 11-Mar-12 - Columnistas

http://www.elnuevoherald.com/2012/03/10/1149362/andres-oppenheimer-malas-noticias.html

El informe Oppenheimer
Malas noticias para Romney

por Andrés Oppenheimer
aoppenheimer@elnuevoherald.com

Dos nuevas encuestas de votantes latinos confirman lo que he venido escribiendo durante varios meses: el probable candidato republicano Mitt Romney es tan impopular entre los votantes hispanos que le resultará muy difícil ganar las elecciones en noviembre.

Una encuesta nacional de probables votantes hispanos que acaba de ser dada a conocer por Fox News Latino revela que si la eleccion fuera realizada hoy, el 70 por ciento de los hispanos votarían por el presidente Barack Obama, y apenas el 14 por ciento votaría por Romney. La encuesta, realizada por teléfono, tiene un margen de error del 2.7. por ciento.

Otra encuesta de votantes latinos registrados a nivel nacional dada a conocer el 24 de enero por la cadena televisiva Univision, revela que el índice de aprobación de Obama entre los hispanos alcanza el 63 por ciento, comparado con el 28 por ciento de Romney. El margen de error de la encuesta de Univision es del 4.4 por ciento.

No resulta sorprendente que ambas encuestas demuestren que los latinos están asustados por la retórica anti-inmigrante de Romney —y, para ser justos, también de los otros aspirantes a la candidatura republicana— en las primarias republicanas.

Romney apoya la draconiana ley inmigratoria de Arizona, que muchos hispanos temen llevará a que la policia local acose a los inmigrantes latinos independientemente de su estado legal. Tambien ha dicho que vetaria el proyecto de ley Dream Act, que ofrece una vía para la obtención de residencia legal a los latinos que fueron traídos al país cuando niños y que ahora están en la universidad o en las fuerzas armadas.

Según la encuesta de Fox News Latino, el 90 por ciento de los latinos que son ciudanonos estadounidenses apoyan el Dream Act, y el 80 por ciento quieren que los inmigrantes indocumentados tengan una oportunidad de legalizar su estatus.

Cuando les pregunté a varios estrategas del Partido Republicano si la encuesta de Fox News Latino no demuestra que a Romney le resultará difícil ganar las elecciones de noviembre, me refutaron la premisa con tres argumentaciones:

• Primero, la encuesta no es muy significativa en términos electorales, porque la mayoría de los encuestados son hispanos de estados demócratas del Oeste de Estados Unidos. Lo que realmente importará en noviembre será el voto hispano en estados oscilantes como Florida, Arizona y Colorado, aseguraron.

“Al gobernador Romney le ha ido bien en estados con gran población hispana, como Nevada, Arizona y Florida”, me dijo el vocero de Romney Alberto Martínez. “Cuando su visión sobre la creación de empleos y la reconstrucción de la economía sea comparada con el pésimo resultado obtenido por Obama en los últimos tres años, el gobernador Romney seguirá siendo exitoso entre los hispanos a nivel nacional”.

Romney conquistó el 38 por ciento del voto hispano de Arizona en las primarias recientes, comparado con el 24 por ciento obtenido por su rival Rick Santorum. En Florida, Romney conquistó el 54 por ciento del voto hispano, según las encuestas de salida de CNN.

• En segundo lugar, todas las encuestas coinciden en que la preocupación mayor de los latinos es la economía, mucho mas que la inmigración, dicen los estrategas republicanos.

• En tercer lugar, muchos latinos que tradicionalmente votan por el Partido Demócrata posiblemente no voten en estas elecciones, porque están desilusionados con Obama por la situación económica, la falta de cumplimiento de su promesa de hacer aprobar una reforma migratoria, y por el número récord de hispanos que han sido deportados durante su presidencia, dicen los republicanos.

Una encuesta reciente del Pew Hispanic Center demostró que el apoyo a Obama entre los latinos cayó del 58 por ciento en el 2010 al 49 por ciento en el 2011.

Mi opinión: Romney tiene un enorme problema con el voto latino. Probablemente, si gana la nominacion de su partido, tratará de resolverlo designando a un latino como compañero de fórmula. Puede que elija al senador de Florida Marco Rubio o a la gobernadora de Nuevo México Susana Martínez, aunque también podría optar por el ex gobernador de Florida Jeb Bush, que habla fluido español y está casado con una mexicana.

Pero aun así, a Romney le resultaría difícil conquistar el 40 por ciento del voto latino que, según los encuestadores, necesitaría para ganar las elecciones de noviembre.

En su afán por ganarse a la extrema derecha de su partido en las primarias, adoptó un tono francamente hostil contra los indocumentados que a ratos parecía dirigido a toda la comunidad latina.

Es cierto, Romney podría hacer un cambio radical en su discurso sobre la inmigración. Pero dudo que con eso le baste: también tendría que cambiar su postura sobre la ley de Arizona, el Dream Act y otros temas que son importantes para los hispanos.

De otra manera, tal como lo demuestra el ínfimo apoyo del 14 por ciento que tiene entre los hispanos en la última encuesta, seguirá siendo considerado el candidato antilatino, y perderá las elecciones de noviembre.


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domingo, 26 de febrero de 2012

ALBERTO BENEGAS LYNCH (H): OTRA VEZ, RON PAUL EN LA MIRA.

Debido a su envergadura moral, su notable trayectoria en el Congreso nacional de Estados Unidos y sus conocimientos de economía, derecho y filosofía, Ron Paul claramente sobresale entre los políticos de la era moderna. Su último libro Liberty Defined está dedicado a sus extraordinarios maestros Ludwig von Mises, Friedrich Hayek, Murray Rothbard, Leonard Read y Hans Sennholz (que han sido también los míos) y el contenido de la obra constituye un ejemplo de solidez y consistencia de la sociedad abierta.

Ronald Ernest "Ron" Paul
Ya en otras oportunidades he escrito columnas sobre Ron Paul, de modo que no repetiré lo dicho, ahora destaco la excelente organización que demuestra en la competencia interna por la presidencia del Partido Republicano, los apoyos especialmente de gente joven (indignados pero que en lugar de pedir más de lo mismo como los otros, apuntan en las direcciones correctas), la notable financiación permanente, lo cual incluye la de miembros de la fuerzas armadas estadounidenses que lo hacen en montos que duplican el volumen que reciben todos los otros candidatos juntos.

Respecto a esto último, en otras de mis notas periodísticas he citado las opiniones de varios de los Padres Fundadores en el sentido de que Estados Unidos debiera dar el ejemplo de libertad y respeto recíproco y no intervenir en guerras y trifulcas en otros países, no solo por las vidas perdidas y las familias arruinadas, sino por el gasto, la deuda y las amenazas a las libertades individuales en nombre de la seguridad y las restricciones a la prensa debido a los llamados “secretos de Estado” y las “traiciones y delitos contra la patria”. También -más contemporáneas- he citado las sesudas reflexiones del presidente John Quincy Adams en esa misma dirección que resumen magníficamente los peligros de involucrarse en luchas armadas en otros lares (para no decir nada de “invasiones preventivas” y guerras sin la autorización del Congreso).

Ahora reproduzco las consideraciones del senador y secretario de estado, el decimonónico Henry Clay: “Por seguir la política a la que hemos adherido desde los días de Washington hemos tenido un progreso sin precedentes; hemos hecho más por la causa de la libertad en el mundo que lo que las armas pudieron hacer, hemos mostrado a otras naciones el camino de la grandeza y la felicidad. Pero si nos hubiéramos visto envueltos en guerras […] ¿dónde, entonces, estaría la última esperanza de los amigos de la libertad en el mundo? […] Deberíamos mantener nuestra propia antorcha brillando en las costas occidentales, como una luz para todas las naciones”.

En esta materia, Ron Paul ha hecho referencia a las sabias declaraciones del general  Dwight Eisenhower que en su discurso de despedida como presidente, en 1961, advirtió de “los enormes peligros del complejo militar-industrial” de Estados Unidos, paradójicamente, peligros “para la seguridad y las libertades” de los norteamericanos.

Es rayano en lo ridículo que se tilde de “peligroso” a un candidato como el Dr. Paul que sugiere no bombardear otros países y reforzar las defensas locales (los peligrosos son en verdad esos críticos-beligerantes) y es del todo contradictorio que se lo tache de “aislacionista” cuando son los guerreros los que aíslan a Estados Unidos ya que, con un argumento u otro, casi todos se oponen a la política exterior norteamericana. Es también insólito que se diga que este candidato presidencial es “extremista” porque defiende la Constitución de su país en el contexto de la limitación al Leviatán (cuando los verdaderos extremistas están radicados en la Casa Blanca desde hace décadas).

Esta persona de gran coraje y claridad opera entre dos fuegos: lo ignoran los medios periodísticos en manos de las izquierdas y está sometido a críticas despiadadas por parte de los llamados neoconservadores, patrioteros nacionalistas éstos, incapaces de comprender los preceptos básicos constitucionales de su propia nación, a lo cual aludí en detalle en mi libroEstados Unidos contra Estados Unidos publicado por el Fondo de Cultura Económica.

No creo que sea proclamado candidato por el Partido Republicano aunque influirá en algo con sus delegados a la respectiva convención, pero desde este rincón lo vuelvo a saludar a Ron Paul -con quien he intercambiado en lo personal un par de correos electrónicos- y subrayo la importancia de su campaña electoral al efecto de dejar valiosos testimonios y para correr el eje del debate tal como efectivamente ha hecho en varios de los temas cruciales (por lo menos para modificar ciertos tramos en los discursos de sus competidores). Se mantiene firme entre los presidenciables que quedan en la contienda y, hasta el momento, sus resultados electorales más descollantes en la carrera de las primarias han sido en el estado de Maine donde obtuvo el segundo puesto (36%) detrás de Romney (39%) y con enormes diferencias respecto a los otros postulantes que quedaron mucho más rezagados. Faltan trece instancias antes de llegar a la convención de Tampa del 27 al 30 de agosto donde se sopesarán los delegados en el contexto de la proclamación del candidato que se enfrentará con Obama en noviembre.

Resulta de gran relevancia el permanente alegato de Paul para eliminar sectores enteros de la administración federal como las secretarías de educación (nada menos que para el control gubernamental de las estructuras curriculares), de comercio (nada menos que para el control gubernamental de las transacciones libres) y la banca central (nada menos que para deteriorar el signo monetario) siempre acompañadas de las rigurosos fundamentaciones del caso. Elabora también sobre la necesidad de ponerle coto a la deuda pública (recordemos que cuando Jefferson, siendo embajador en Paris, leyó la nueva Constitución manifestó que si pudiera agregarle un artículo consignaría la prohibición de emitir deuda por parte del gobierno puesto que es incompatible con la democracia al comprometer patrimonios de futuras generaciones que no participaron en la elección del gobernante que contrajo la deuda).

Es muy atractivo y ciertamente decisiva su prédica para eliminar la llamada “ayuda externa” a través de burocracias internacionales que significan un monumental drenaje de recursos a los contribuyentes para financiar políticas absurdas en el contexto de alarmantes corrupciones.

Este es un candidato que opera a contracorriente del statu quo, sea del establishment republicano o del demócrata y que no apunta simplemente a administrar la crisis y adoptar políticas repletas de componendas y cesiones a los principios y valores básicos de una República. Es por ello que cuenta con la simpatía de una gran parte de los votantes independientes.

Objeta con firmeza los “salvatajes” a empresarios ineptos e irresponsables realizados con el fruto del trabajo ajeno para atender los requerimientos de  los amigos del poder con suficiente fuerza de lobby. Esta fenomenal hemorragia de recursos es una de las razones clave del golpe tan fuerte a los bolsillos de los antes mencionados “indignados” que no parecen saber cuales son los motivos de sus males ni como corregirlos.

Prácticamente toda la corporación política está en contra de Ron Paul precisamente porque sus propuestas y programas se dirigen a abolir los privilegios y prebendas de esta casta que se ha desviado por completo de los preceptos establecidos oportunamente con gran precisión por los Padres Fundadores. Pareciera que hay buena dosis de masoquismo en las políticas estadounidenses…o tal vez sadismo (aunque el asunto no está para chanzas, esto me recuerda una definición de Arthur Koestler: “el sádico es aquel que saluda amablemente al masoquista”).

Termino esta nota un tanto a vuelapluma, con una cita del antedicho libro del Dr. Paul: “La historia de América [Norteamérica] y su ethos político es sobre la libertad […] La libertad significa el ejercicio de los derechos en la manera que las personas decidan, siempre que no interfieran en el ejercicio de los derechos de otros […] Y, sin embargo, la amenaza del gobierno hoy, en todo el mundo, presenta un riesgo que bien puede considerarse el mayor de cuanto ha ocurrido en el siglo veinte. Estamos bajo control en todos lados que vamos: en el trabajo, en las compras, en nuestra casa y en las iglesias. Nada es privado: ni la propiedad, ni la familia […] Lo que está en juego es el mismísimo sueño americano […] Esta crisis demanda una revolución intelectual”.


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domingo, 18 de diciembre de 2011

ALFREDO M. CEPERO: EL ROMANCE SUICIDA DE LOS REPUBLICANOS (ELECCIONES EN LOS ESTADOS UNIDOS)

En política, al igual que en religión y en deportes,  es muy difícil lograr que mucha gente se ponga de acuerdo en cuanto a temas, hechos y hasta estadísticas. Sin embargo, la mayoría de los expertos y analistas en cuestiones electorales coinciden en que las elecciones del 2012 serán no solo las mas importantes y reñidas en mas de un siglo sino las mas virulentas y sucias en muchos años. 

Las razones: un presidente con tal expediente de fracasos y mentiras probadas  que no puede aspirar señalando sus éxitos ni su integridad de carácter, que dispone de una inaudita cuenta de campaña de MIL MILLONES  de dólares y que tiene en el bolsillo a una prensa de izquierda dedicada a mantener en la Casa Blanca al aliado ideológico que ayudaron a elegir en el 2008.

Un Obama triunfante establecería regulaciones más onerosas sobre la empresa privada, aumentaría los impuestos a los creadores de empleo, mantendría a los Estados Unidos a merced del chantaje de la OPEP limitando el desarrollo de fuentes tradicionales de energía en territorio norteamericano, debilitaría la capacidad de este país para competir frente adversarios comerciales como China Comunista, incrementaría el control del gobierno sobre la vida privada de los ciudadanos y hasta pondría en peligro la seguridad nacional de los Estados Unidos.

Estas son solo unas pocas muestras de la larga lista de tragedias que desataría sobre la sociedad norteamericana un ideólogo con una agenda radical, fortalecido por la reelección y sin aspiraciones a un tercer período. Un Obama que, para implantar esa agenda, no tendría la menor inhibición de llevar a la nación al deplorable estado de la  Europa social demócrata que se hunde por estos días en una horrible bancarrota financiera y moral. 

De izquierda a derecha: Rick Santorum, Michele Bachmann, Newt Gingrich, Mitt Romney, Ron Paul, Tim Pawlenty y Herman Cain- EMMANUEL DUNAND (AFP)
De ahí la extraordinaria importancia de que el Partido Republicano seleccione  al candidato con mayores probabilidades de derrotar a Barack Obama. Un candidato con las credenciales, el expediente y el temperamento que le permitan atraer a una proporción considerable del 30 por ciento de electores norteamericanos que se declaran independientes.  Ellos son quienes van a determinar el resultado de los comicios, no el otro 70 por ciento integrado por demócratas y republicanos que sabemos que, a la hora de la hora, votarán por el candidato de su propio partido. 

Empecemos por reconocer que dentro del Partido Republicano existen en la actualidad dos escuelas de pensamiento. Están quienes piensan que Barack Obama no tiene probabilidad alguna de resultar reelecto y que, por lo tanto, cualquier candidato republicano será capaz de derrotarlo el próximo mes de noviembre. Estos son los que se inclinan a postular a un candidato con las sólidas credenciales conservadoras que predominan en la base militante del partido. Estos sentimientos están reflejados en el ascenso vertiginoso de Newt Gingrich en las últimas encuestas sobre primarias republicanas.

Por otra parte, hay quienes consideran que Obama sigue siendo un formidable adversario que sólo será derrotado por un candidato con la capacidad de lograr el apoyo de votantes fuera de la ideología  conservadora sustentada por la base del partido. Estos los que apoyan a Mitt Romney y que, sin dudas, constituyen una minoría dentro del partido.

El peligro reside en que las primarias republicanas se conviertan en una avalancha emocional que postule a un candidato atractivo a la base pero sin probabilidades de derrotar a Barack Obama en las elecciones generales de 2012. Y cuando la razón es apabullada por el fanatismo ideológico los resultados son casi siempre desastrosos.

La experiencia nos demuestra que la política no es la ciencia de lo perfecto sino el arte de lo posible. Que las opciones están limitadas por las realidades del momento político y que la mayoría de las veces se reducen a la selección del menor entre varios males. Una simple mirada a las desastrosas campañas presidenciales del Partido Demócrata en los últimos años debería servirle de advertencia al segmento del Partido Republicano que por resabios ideológicos se resiste a apoyar la candidatura de Mitt Romney.

En los 40 años transcurridos entre 1968 y 2008 la Casa Blanca fue domicilio de 5 presidentes postulados por el Partido Republicano (Nixon, Ford, Reagan, Bush padre y Bush hijo) que gobernaron por un total de 28 años. En el mismo período, sólo dos presidentes postulados por el Partido Demócrata (Carter y Clinton) lograron llegar a la Casa Blanca y sus períodos combinados de gobierno sumaron un total de 12 años. Asumiendo el riesgo de que muchos entendidos reten mi explicación, considero que la razón para este desequilibrio fue el empecinamiento de los demócratas de anteponer ideología a elegibilidad a la hora de postular a sus candidatos.

Hagamos un simple recorrido para ilustrar esta afirmación. A partir de 1968, los demócratas decidieron someter a sus candidatos a una prueba de pureza ideológica en concordancia con la izquierda política de la base más vociferante del partido. Precisamente en 1968 y 1972, los demócratas se negaron a postular a un candidato centrista como el Senador Henry Jackson, quien habría sido un adversario formidable frente a Nixon, y se empecinaron en postular a dos abanderados de la izquierda como Huber Humphrey (1968) y George Mc Govern (1972). Este fue el inicio de una cadena de derrotas en que Nixon le ganó 49 estados a McGovern en 1972, Reagan le ganó 44 estados a Carter en 1980, y 49 estados a Mondale en 1984 y Bush padre le ganó 40 estados a Dukakis en 1988.

En 1992, tuvo que venir el gobernador de un estado sureño como Arkansas, quien no era conservador pero tuvo la habilidad de poner sordina a su ideología de izquierda, para romper el maleficio y poner fin al largo invierno demócrata fuera de la Casa Blanca. Con ello se puso a tono con la corriente de centro derecha que predomina en la sociedad norteamericana y, aunque por estrecho margen, ganó las elecciones. Bill Clinton parecía, sin embargo, estar destinado como Carter a ser presidente de un solo período pero lo salvó la campana de las elecciones parciales de 1994.

Ese año los republicanos ganaron control de la Cámara de Representantes por primera vez en 40 años.  En vez de confrontarlos como hace el ideólogo incurable de Barack Obama, Clinton tuvo la habilidad de moverse hacia la derecha y pactar con sus adversarios para balancear el presupuesto y llevar a cabo una reforma radical del programa de bienestar social. Con ello se aseguró la reelección en 1996. Para su infortunio y sin dudas el de los Estados Unidos, Barack Obama ha demostrado que carece del pragmatismo y la habilidad política de Bill Clinton. Luchará hasta la última bala y, si es reelecto, destruirá a la nación. Por eso hay que derrotarlo en el 2012.

Para lograrlo, los republicanos tienen que liberarse de la euforia ideológica que hasta ahora ha caracterizado a las primarias y tomar nota de las encuestas sobre las posibilidades de sus candidatos de derrotar a Obama en los comicios del próximo noviembre. En la mayor parte de ellas, Romney aparece como el hombre con mayores posibilidades de salir exitoso. La razón es su habilidad de atraer el imprescindible voto independiente. Sabemos que las encuestas son fotografías en un momento específico y pueden cambiar de la noche a la mañana pero quien las ignora corre el riesgo de pagar el precio.

En este caso el precio sería demasiado alto para arriesgarnos a tener que pagarlo. Nos encontramos en la hora definitoria en que la razón debe predominar sobre el corazón. De evitar que cualquier romance ideológico nos conduzca a un suicidio político. De aplicar la sabia y simple advertencia de “better safe than sorry” o en traducción libre: “Mejor ir al seguro que lamentar la derrota”. Por eso yo, que estoy ideológicamente más cerca de Gingrich, echo a un lado la ideología y, por el bien del país y la felicidad de mis nietos, apoyo a Mitt Romney como el camino seguro para salir del pantano en que nos ha metido Barack Obama.

ALFREDO M. CEPERO
Director de www.lanuevanacion.com
alfredocepero@bellsouth.netEL ENVÍO A NUESTROS CORREOS AUTORIZA PUBLICACIÓN, ACTUALIDAD, VENEZUELA, OPINIÓN, NOTICIA, REPUBLICANO LIBERAL, DEMOCRACIA, LIBERAL, LIBERALISMO, LIBERTARIO, POLÍTICA, INTERNACIONAL, ELECCIONES,UNIDAD, ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA

jueves, 4 de agosto de 2011

ANDRÉS OPPENHEIMER: EL IMPACTO DEL ACUERDO DE LA DEUDA DE EEUU

Aunque mucho se ha escrito de que las economías latinoamericanas son en gran medida inmunes a las dificultades financieras de Estados Unidos, el acuerdo alcanzado por el presidente Barack Obama con el Congreso para evitar caer en mora con la deuda norteamericana tendrá un impacto negativo en la región.

Es cierto que las consecuencias habrían sido mucho peores si el gobierno de Estados Unidos no hubiese llegado a un acuerdo —ni siquiera a un mal acuerdo, como el alcanzado— y Estados Unidos hubiese perdido su grado AAA de las agencias calificadoras.

Sin embargo, el acuerdo de la deuda norteamericana, un programa de reducción del déficit presupuestario de al menos $2.1 billones durante los próximos 10 años y recortes adicionales del gasto sugeridos por una comisión legislativa de 12 expertos que deberá expedirse antes del 23 de noviembre, muy probablemente retrase aún más la ya tímida recuperación económica de Estados Unidos, y afecte en mayor o menor medida a todos los países latinoamericanos.

Osvaldo Kacef, el encargado de desarrollo económico de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe de Naciones Unidas (CEPAL), con sede en Santiago de Chile, me dijo que el acuerdo de la deuda de Estados Unidos afectará a América Latina en el corto plazo, porque producirá una desaceleración del crecimiento norteamericano que conllevará a una reducción de las importaciones y una disminución del flujo de turistas estadounidenses hacia la región.

“El impacto más inmediato lo van a recibir los países que tienen un comercio más intenso con Estados Unidos, que son México y los países de Centroamérica”, dijo Kacef. “Los países del Caribe que dependen del turismo norteamericano también sufrirán”.

Para los exportadores de materias primas de América del Sur, incluyendo los países petro-dependientes como Venezuela o Ecuador, los exportadores de minerales como Chile y Perú, y los exportadores agrícolas como Brasil y Argentina, el impacto será indirecto. Según explicó Kacef, la disminución en el crecimiento estadounidense afectara a China, el principal comprador de las exportaciones de esos países sudamericanos.

Eduardo Borensztein, especialista en Sudamérica del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), con sede en Washington, me señaló que “las economías latinoamericanas crecerán a tasas más lentas, pero no será para nada catastrófico. El impacto será desigual: México y América Central serán más vulnerables que Sudamérica.”

Otros economistas temen que, tarde o temprano, los recortes presupuestarios incluyan la ayuda externa de Estados Unidos a países pequeños de Centroamérica y el Caribe.

Entre los economistas más optimistas con los que hablé está Alberto Bernal, de Bulltick Capital. Según él, ni siquiera una desaceleración norteamericana podría afectar las exportaciones sudamericanas, siempre la desaceleración no degenere en una recesión.

“Si el crecimiento de Estados Unidos se reduce del 2.5 por ciento al 1.7 por ciento anual, como se espera, tendrá un impacto mínimo sobre el crecimiento económico latinoamericano, con excepción de México”, me dijo Bernal. “Pero si Estados Unidos entra en recesión, eso sería otra historia.”

Antes del acuerdo de la deuda norteamericana de esta semana, la mayoría de los economistas habían proyectado un crecimiento económico promedio de 4.5 por ciento para América Latina este año, incluyendo un crecimiento del 7 por ciento en Argentina y Uruguay, un 6.7 por ciento en Chile y Perú, un 6 por ciento en Colombia, un 4.5 or ciento en Brasil y México, y un 1 por ciento para Venezuela.

Al momento de escribir esta columna, el miércoles por la tarde, las instituciones financieras internacionales no habían corregido sus proyecciones de crecimiento para la región.

Mi opinión: Soy razonablemente optimista con las perspectivas de Estados Unidos a mediano plazo. A diferencia de Europa, en Estados Unidos existe un cierto consenso social de que hay que ajustarse el cinturón. Mientras en Europa la gente sale a la calle para protestar contra los ajustes, en Estados Unidos los que más gritan son quienes quieren recortes aún mayores.

Y a diferencia de lo que ocurre en China, existe una relativa transparencia que permitirá que el dólar siga siendo la moneda mundial de último recurso para un futuro previsible. Además, espero que los economistas tengan razón al afirmar que existen un 70 por ciento de probabilidades de que Estados Unidos sufrirá una desaceleración, y no una recesión.

Pero en el corto plazo, me temo que el acuerdo al que llegó Estados Unidos, sumado al caos financiero de Europa, cortará las alas de la recuperación económica norteamericana. Por la insistencia de los fundamentalistas del “tea party”, el acuerdo alcanzado contempla demasiados recortes demasiado pronto, en lugar de repartir el costo del ajuste a lo largo del tiempo.

A menos que Obama gane el próximo round y la comisión parlamentaria apruebe mayores impuestos a los más ricos para mantener a flote la recuperación, la economía de Estados Unidos sufrirá las consecuencias, y las de América Latina también.

aoppenheimer@elnuevoherald.com

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lunes, 18 de julio de 2011

EDITORIAL DE RIO NEGRO (ARGENTINA): RULETA RUSA EN WASHINGTON

Puede que a último momento los políticos norteamericanos decidan que, pensándolo bien, no les convendría que el gobierno de su país cayera en default, aunque sólo se tratara de uno virtual puesto que a pesar de los muchos problemas económicos Estados Unidos aún cuenta con los recursos financieros necesarios para continuar saldando sus deudas. Pero también es factible que el gobierno demócrata del presidente Barack Obama por un lado y los legisladores republicanos por el otro no lleguen a un acuerdo sobre el techo de endeudamiento permitido antes del 2 de agosto y que, como resultado, el país más rico de la Tierra declare la suspensión de pagos, lo que, entre otras cosas, significaría que, además de molestar a los acreedores extranjeros, dejare de enviar a muchos jubilados los cheques habituales. Aunque Obama y sus simpatizantes han advertido que las consecuencias de un default serían catastróficas, los republicanos que insisten en que el endeudamiento ha aumentado tanto que es necesario poner límites ya y que hacer subir los impuestos –el remedio preferido por el gobierno– sería contraproducente se han resistido a ceder. Parecería que lo único que los haría cambiar de opinión sería saber que con toda probabilidad la mayoría de sus compatriotas los culparía por las dificultades resultantes.

RULETA RUSA
De todos modos, pase lo que pasare en las menos de dos semanas que nos separan del 2 de agosto, la lucha en torno al límite de endeudamiento permitido por el Congreso al gobierno norteamericano continuará por mucho tiempo más. La terquedad de los legisladores republicanos se debe no sólo a su voluntad de poner en apuros a Obama sino también a la convicción de que sería suicida que Estados Unidos siguiera acumulando deudas cada vez más gigantescas y que por lo tanto hay que tomar ya medidas drásticas para recortar el gasto público. En cambio los demócratas se aferran a la idea de que, para reactivar una economía letárgica, será necesario aplicarle estímulos fiscales que sean todavía mayores que los ya ensayados, apostando a que por fin den pie a una etapa de crecimiento vigoroso que les permita saldar las deudas pendientes con facilidad relativa.

En la Unión Europea un debate muy similar fue ganado por los partidarios de la austeridad, razón por la que en los países que la conforman están poniéndose en marcha ajustes muy severos. Pero los encargados de la política económica del gobierno de Obama creen que la austeridad prematura sólo serviría para demorar la eventual recuperación, además de ocasionarle costos políticos abultados, motivo por el que se han negado a procurar emular a los europeos. Por desgracia, no hay forma de decidir cuál de los dos bandos en pugna está en lo cierto. Aunque la mayoría de los economistas propende a creer en la necesidad de alcanzar un equilibrio antes de que sea demasiado tarde, otros, incluyendo a los premios Nobel Paul Krugman y Joseph Stiglitz, se afirman convencidos de los méritos de los programas "keynesianos" porque a su juicio la alternativa sería llamativamente peor. Asimismo, mientras que en Estados Unidos el impacto de los "paquetes de estímulo" colosales confeccionados por la administración de Obama ha sido decepcionante, en Europa las medidas de austeridad que han elegido tantos gobiernos han provocado la resistencia de amplios sectores sociales y, de todos modos, no han servido para tranquilizar a los mercados, de suerte que los comprometidos con sendas estrategias pueden señalar que la experiencia reciente reivindica su propia postura. Irónicamente, en Europa la opinión pública siempre ha sido propensa a aprobar un nivel muy alto de gasto público, a diferencia de la norteamericana que se le opone por temor al estatismo exagerado, pero en la actualidad los gobiernos europeos están haciendo gala de actitudes "neoliberales" consideradas como norteamericanas y el encabezado por Obama ha optado por una estrategia que, según sus críticos, es típicamente europea. Sea como fuere, no cabe duda de que la magnitud de la deuda pública se ha convertido en el problema económico, y por lo tanto político y social, más apremiante de los países ricos y que en los años próximos habrá muchas batallas como la que, para alarma del resto del mundo, están librando los demócratas y republicanos norteamericanos.

http://www.rionegro.com.ar/diario/opinion/editorial.aspx?idcat=9542&idArt=666467&tipo=2
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miércoles, 10 de noviembre de 2010

EE UU: ¿REPÚBLICA BANANERA?. ANIBAL ROMERO

En 2008 Barack Obama se presentó como factor de unidad nacional que superaría las divisiones de Washington. Como Presidente, sin embargo, ejecutó la agenda del sector radical del partido Demócrata, ante el repudio del electorado. En lugar de concentrarse en la crisis económica optó por imponer, sin un voto Republicano, una ley de seguridad social de 2.600 páginas (sin contar apéndices), un desmesurado proyecto de ingeniería social típico de mentalidades socialistas.

En dos años Obama sumó más a la deuda estadounidense que su predecesor en ocho, y el desempleo alcanzó 10% de la fuerza laboral. Su política exterior consiste en apaciguar a los enemigos (Irán) y enajenar a los amigos (Israel).

Mas si uno lee los editoriales y análisis de la prensa europea y latinoamericana acerca del resultado, no encuentra explicación coherente de lo ocurrido en las recientes elecciones parlamentarias. Al mesianismo pro-Obama se añade ahora el misterio. Una derrota como no se veía desde 1948 es minimizada sin sentido alguno.

Lo peor no ha sido que Obama, quien hizo campaña como centrista, haya gobernado hasta ahora como un socialdemócrata de izquierda europeo. Lo peor es que el primer Presidente de color, en lugar de utilizar su triunfo para alentar a los afroamericanos y latinos a dejar atrás la cultura de la victimización y la dependencia, haya ampliado exponencialmente el poder del gobierno en la economía y sobre las vidas de la gente, en especial de minorías que requieren, por el contrario, abandonar las subordinaciones tutelares y abrirse paso como ciudadanos libres de un país libre, capaces de valerse por sí mismos sin muletas paternalistas.

Da vergüenza pasearse por la mayoría de los comentarios de la prensa izquierdizante en EEUU, Europa y América Latina. En primer lugar ni cuenta se dieron de la importancia del “Tea Party”, un movimiento aluvional con hondas raíces en la sociedad norteamericana y sus tradiciones libertarias. Cuando al fin se percataron de su impacto trataron de descalificarlo como “racista”. Y ahora, consumado su avance, los mismos despistados de antes anuncian que el “Tea Party” dividirá al partido Republicano. ¿En qué quedamos entonces? ¿Es o no es un fenómeno de importancia que requiere explicación en lugar de insultos?

Una significativa mayoría del electorado rechaza la agenda de Obama y el Presidente debería rectificar para dar respuesta a las legítimas aspiraciones de la gente. Si EE UU tuviese un sistema parlamentario Obama ya estaría fuera del poder. Pero las circunstancias le dan la oportunidad de rectificar.

En cuanto a los Republicanos, deberían entender que su imperativo es mantener los principios y a la vez ser flexibles en las tácticas políticas. Si bien el electorado estadounidense es en su mayor parte de centro-derecha, es también maduro y crítico; ha demostrado la capacidad de exigir respuestas a los políticos y juzgarles severamente cuando así lo aconsejan los vaivenes de la vida.

Me parece difícil, pero no imposible, que Obama cambie. A diferencia de Clinton, Obama es poco pragmático y está demasiado comprometido con el ala izquierda del partido Demócrata. Tampoco pareciera poseer la destreza para “conectarse” a estas alturas con la gente. La vanidad, alimentada por sus admiradores internacionales, se le ha subido a la cabeza.

Los Republicanos no tienen sino que actuar con prudencia y equilibrio, proponiendo opciones serias hacia adelante. De lo contrario, con el endeudamiento y la demagogia que le corroen, EE UU se arriesga a convertirse en República bananera.

aromeroarticulos@yahoo.com

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domingo, 31 de octubre de 2010

OBAMA CAMINO A UNA DERROTA. ROBERTO MONTOYA. MIRADAS AL SUR. FUENTE KAOS EN LA RED

Las divisiones internas del Partido Demócrata son una de las razones de más peso que impiden a Obama ir más lejos con sus reformas y una causa fundamental de su anunciada derrota del 2 de noviembre

Obama bajó su nivel de popularidad del 70% al 45% en 18 meses Barack Obama camina desde hace semanas con la cabeza baja camino al cadalso electoral. A una semana de las elecciones del martes 2 de noviembre, con una caída del índice de popularidad desde el 70% al 45% en 18 meses, reconocía de antemano su derrota en el programa de TV “Daily Show” del comediante progresista Jon Stewart. “La gente está frustrada”, dijo el presidente. Y como tímida disculpa añadió: “hay cosas que la gente ni sabe que hicimos”. Una disculpa que suena rara viniendo de boca del comunicólogo por excelencia. Para intentar demostrar que no todo está perdido, Obama dijo en esa entrevista: “nunca dijimos que podríamos conseguir todos nuestros objetivos en 18 meses”.

En estas elecciones a mitad de mandato por las que tiene que pasar cada presidente estadounidense, se elige a los 435 miembros de la Cámara de Representantes y a un tercio de los 100 que componen el Senado; a 38 gobernadores, mientras tienen lugar simultáneamente varias elecciones locales y territoriales.

Todas las encuestas auguran que un “tsunami” republicano arrasará en las dos cámaras y en los principales estados en disputa, dejando maniatado a Obama en sus dos últimos años de mandato y abortando (lapsus, los republicanos no abortan) sus posibilidades de ser reelegido en 2012. La causa de esta derrota anunciada, de este desgaste tan acelerado del “milagro” Obama que obnubiló a medio mundo hace sólo un par de años, no puede atribuirse exclusivamente a las ya de por sí demoledoras consecuencias de la crisis capitalista mundial, que tuvo su origen precisamente en Estados Unidos.

Sin ser ningún radical, si uno atiende a los parámetros internacionales, Obama sí lo es para EEUU. Ya fue demasiado que un partido como el Demócrata, conservador, esclavista y antinegro desde que nació en 1824 y por varias décadas, al punto de ser el apoyo fundamental del Ku Klux Klan (el presidente Harry Truman fue miembro reconocido del KKK), evolucionara durante el siglo XX hacia unas posturas progresistas, cambiándose los papeles con el Partido Republicano (ambos nacieron del mismo tronco, el Partido Demócrata-Republicano) y llegara en el siglo XXI a nombrar a un candidato presidencial afroamericano. Demasiado cambio, sí.

Y es que Barack Obama no sólo viene enfrentando desde que inició su mandato el 20 de enero de 2009 el agresivo hostigamiento y boicot del Partido Republicano y de los principales “lobbies”, que cuentan con gran poder de influencia. No, Obama, a pesar de haber sido votado mayoritariamente en la interna de su partido frente a su gran rival, Hillary Clinton, su actual secretaria de Estado, no tiene el apoyo de todos los demócratas ni mucho menos. Esto se vio en el rechazo de miembros de su propio Gabinete a que investigara las graves violaciones de los derechos humanos cometidos por la Administración Bush al amparo de la “guerra contra el terror”, se vio en su frustrante batalla, por cerrar Guantánamo, y se volvió a comprobar en el debate de la reforma sanitaria, que terminó descafeinándose tanto que poco quedó de su idea original.

Son varias las familias políticas que coexisten dentro del Partido Demócrata y Obama juega un papel bonapartista, haciendo equilibrios entre unas y otras. El jueves pasado, en el prestigioso blog “The Caucus” del New York Times, el analista Michael D. Shear, explicaba las presiones que sufría Obama dentro de su propio partido, y el peso que tienen las distintas corrientes. “¿Es Obama demasiado tímido?”, titulaba Shear su nota.

Y explicaba que esa era la crítica que le hacía el sector más “liberal” de los demócratas, que en EEUU es equivalente a “progresista” o “izquierda”. Shear explicaba que el sector más “liberal” o de izquierda del Partido Demócrata, el “Progressive Caucus”, con 78 miembros en la Cámara de Representantes (de un total de 255 representantes demócratas), presionaba al presidente para que fuera más radical en su programa. Este sector le pide que se apoye en ellos, en “un más pequeño y más cohesionado caucus”.

Pero los llamados “Blue Dogs” y los “New Democrats”, la corriente de los “moderados” y de los “centristas”, acumulan 105 escaños en dicha Cámara, son mayoría en el bloque demócrata .

Barack Obama sabe por tanto que aunque su ideario esté más cercano al “Progressive Caucus”, necesita indispensablemente del apoyo de las otras dos corrientes para intentar sacar su programa adelante.

Shear recuerda en su análisis, para más Inri, que según una última encuesta de Gallup, el 42% de los estadounidenses dicen ser “conservadores”, el 35% “moderados” y sólo un 20 se reivindica “liberal”.Con esas cifras internas y externas sobre la mesa Obama no tiene demasiado para festejar. En las últimas semanas ha concentrado sus esfuerzos en remodelar su Gabinete en un intento por atacar aquellos problemas más inmediatos que acucian a los ciudadanos.

Esta realidad es bien conocida por el Partido Republicano y de ahí su euforia y radicalización. Actualmente tienen 178 escaños en la Cámara de Representantes y 41 en el Senado, pero están seguros de conseguir la mayoría en las dos cámaras.

Desde que Obama llegó al poder, el Partido Republicano radicalizó su discurso y engendró el Tea Party, un movimiento con valores cavernícolas, ultraconservador, xenófobo y homófobo, enemigo acérrimo de todo lo que huelga a Estado y defensor a ultranza de las armas, que ha ido creciendo como la espuma en todo el país.

Liderado por Sarah Palin, ex gobernadora de Alaska y ex candidata a vicepresidenta en tandem con John McCain en las elecciones en las que ganó Obama, en poco tiempo el Tea Party se ha convertido en una poderosísima corriente dentro del Partido Republicano. Palin reconoce públicamente que luchará dentro de su partido para ser la candidata republicana a las presidenciales de 2012. Los comicios del martes darán una primera pauta de cuan cerca están los republicanos de volver a la Casa Blanca.

Roberto Montoya en Kaos en la Red


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miércoles, 15 de septiembre de 2010

PERSPECTIVAS POLÍTICAS EN EE UU, ANÍBAL ROMERO, CARACAS, 15.09.2010

De mantenerse las actuales tendencias, el partido Republicano ganará en noviembre los 39 escaños que necesita para tomar el control de la Cámara de Representantes; también es posible, aunque menos probable, que conquiste el Senado, así como casi todas las gobernaciones en disputa.

¿Qué ha ocurrido? ¿No habían acaso afirmado estrategas del partido Demócrata que la elección de Obama inauguraba un período de hegemonía “liberal” (de izquierda) en EEUU, hegemonía que duraría décadas? ¿No anunció la prensa mundial la llegada de Obama a la presidencia como una especie de epifanía, el descenso de un Mesías a la tierra para sanar a los enfermos, dar pan a los hambrientos, resolver ancestrales conflictos y establecer la paz y la dicha universales?


En sólo pocos meses, y así lo advertimos en su momento los que no nos intimidamos frente a la patética adulación internacional hacia Obama (que tanto daño le ha hecho), empezaron a percibirse los síntomas de desencanto por parte del electorado norteamericano. La prensa mundial volteó la mirada a otra parte, pero ya no puede ocultarlo: Obama y los Demócratas han generado una intensa reacción de repudio y se les avecina una severa derrota.


Algunos comentaristas, perplejos ante la evidencia, destacan la relevancia de la crisis económica para interpretar lo ocurrido. No dudo acerca del peso relativo de este factor, pero como explicación del problema me parece unilateral y simplista.


La verdad es que el electorado norteamericano se apresta a castigar la “arrogancia del poder”, la soberbia de Obama, del partido Demócrata y en general de las élites “liberales” que dominan los medios de comunicación estadounidenses, las Universidades, y Hollywood, y que creyeron haber obtenido en 2008 un mandato para transformar a Estados Unidos en otra blanda y despistada socialdemocracia al estilo europeo.


La paradoja del asunto es que Obama emprendió su cruzada en momentos en que los “Estados de bienestar” europeos empezaban a naufragar en medio de gigantescas e impagables deudas, manifestando su incapacidad para sostenerse en el clima de complacencia y laxitud que les asfixia.


De paso, Obama prometió en su campaña electoral ejercer el poder sin los sectarismos del pasado, pero ha resultado un político polarizante, pugnaz e intolerante ante la crítica.


Por suerte para Estados Unidos, el electorado norteamericano no está compuesto por diputados noruegos, intelectuales parisinos y periodistas latinoamericanos. Se trata de un electorado firmemente anclado en la centro-derecha, que no desea que su país imite a Europa, que defiende la libertad individual y rechaza la excesiva injerencia de los gobiernos y todo tipo de colectivismo. Los estadounidenses, además, no admiten que su Presidente ande por el mundo pidiendo perdón y apaciguando a los enemigos declarados de su país.


La probable derrota de Obama y el partido Demócrata será un merecido castigo. Obama llegó a la Casa Blanca gastando inmensas sumas a pesar del temor del electorado al creciente déficit; impuso una reforma a la seguridad social que la mayoría detesta; y en numerosos casos, como el de las leyes que procuran controlar la inmigración ilegal, o el de la Mezquita a ser construida cerca del lugar donde yacen las cenizas de más de 3000 norteamericanos en Nueva York, el presidente estadounidense ha mostrado una fatal incomprensión de los sentimientos legítimos de sus conciudadanos, así como un desdén imperdonable hacia las opiniones de gran parte de la nación.


Por todo ello les aguarda una lección de humildad.

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jueves, 31 de julio de 2008

*EEUU.- MCCAIN GANA TERRENO A OBAMA PESE A LA GIRA MUNDIAL DEL CANDIDATO DEMÓCRATA, SEGÚN UN SONDEO


*EEUU.- MCCAIN GANA TERRENO A OBAMA PESE A LA GIRA MUNDIAL DEL CANDIDATO DEMÓCRATA, SEGÚN UN SONDEO

NUEVA YORK, 29 Jul. (EUROPA PRESS) -

A pesar de la enorme repercusión mediática que tuvo en Europa la gira realizada por el candidato demócrata a la presidencia estadounidense, Barak Obama, su rival, el republicano John McCain, continúa recortando diferencias, según un sondeo de Gallup publicado hoy por el 'USA Today'.

La encuesta revela que el viaje de Obama a Afganistán, Oriente Próximo y Europa no ha servido para mejorar la perspectiva que tienen sobre él los estadounidenses como futuro comandante en jefe del Ejército norteamericano y ha hecho reaccionar a los electores republicanos en favor de McCain. El candidato republicano obtiene el apoyo como comandante del 76% de las personas consultadas, mientras que Obama tan sólo es del agrado del 52% para desempeñar esas funciones.

Los encuestados consideran que McCain es más capaz que su rival para tratar a los dirigentes extranjeros, para llevar la política exterior del país y para administrar la economía. Obama, sin embargo, lidera la cuestión de Irak y en la lucha contra el terrorismo.

El 62% ve "favorablemente" que sea McCain quien ocupe la Casa Blanca, cinco puntos más de los que obtuvo en la encuesta realizada por Gallup el mes pasado, en lo que parece una reacción de los votantes tradicionalmente republicanos. Además reduce en dos décimas el porcentaje de personas que ven "desfavorable" su elección, del 35% del mes pasado a un 33%.

Obama pierde un punto respecto al porcentaje de personas que ven favorable su elección como presidente. El 61% de las personas consultadas verían favorable a que el candidato demócrata obtuviese la presidencia. El 35% calificó como "positivo" el viaje realizado por el candidato demócrata la pasada semana, el 25% lo consideró "negativo" y el 38% prefirió no pronunciarse al respecto.

La encuesta fue realizada entre el viernes y el domingo de la semana pasada sobre una muestra de 1.007 adultos y tiene un margen de error de 3 puntos.