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sábado, 5 de marzo de 2011

CONTRA LAS CUERDAS. AMERICO MARTIN

El hombre conspira contra sí mismo, eso es verdad. Pero también lo es que, contra las cuerdas, su instinto lo induce a recuperar alguna forma de iniciativa, echando mano de cualquier recurso, así niegue lo que minutos antes ha postulado. Sus arrobados leales ven en tales esguinces una diestra manera de convertir las derrotas en victorias. Olvidan que esas derrotas son gratuitas: se las inflige él mismo, y por lo tanto no hace más que mitigar sus disparates. No es mal gladiador, pero se desgasta luchando contra sus propias fantasías.

CONTRA LAS CUERDAS
Lo demuestra el salto atrás que protagonizó al poner en libertad al líder de la Ferrominera estatal, después de ordenarle a su tribunal que lo sentenciara a ocho años por dirigir una huelga legítima, pacífica y legal. Fuera de Venezuela quizá se ignore que el régimen socialista ha enjuiciado a más de cien dirigentes sindicales, muchos de los cuales eran de su partido y ahora están en la disidencia. La sentencia contra el líder ferrominero Rubén González fue como la nariz de Cleopatra. Estuvo en trance de estallar una huelga general en el territorio nacional.

Digamos de paso que el presidente confirmó la docilidad del Poder Judicial. Recibió éste la orden de sentenciar, y pocos días después, la contraorden de liberar. Pero el país tomó nota de que la inmensa mayoría de los trabajadores disiente fuertemente. Con la fiebre de las expropiaciones que en todos los casos condujo a una caída de la producción, muchos miles de ocupados en el área privada se convirtieron en empleados públicos. Puesto que en los últimos cinco años la inflación venezolana ha superado holgadamente la del resto del hemisferio, y la creciente deuda pública ha desdorado el interés en los bonos emitidos por el Estado y PDVSA, el gobierno se puso la soga al cuello, como el Chacumbele del danzón cubano.

Es, a confesión de un desconsolado Fidel, el fracaso del sistema. Por eso la política de shock que Cuba oficializará en abril deja en pañales las del socorrido neoliberalismo. El señor Chávez se ha colocado en el disparadero de despedir, como en Cuba, cientos de miles de empleados públicos o, por el contrario, sepultar con piedra y lodo sus salarios. Sencillamente no tiene salida y el país lo está percibiendo. Si hace una hecatombe de despedidos, detonará la bomba, y también ocurrirá eso si mantiene la abultada nómina sin incrementar el ingreso real. Como el pobre Odiseo, su barco pendulará entre Caribdis y Scila, dos furiosas corrientes marinas enfrentadas. ¿Qué puede hacer? Ni él ni nadie lo sabe. Lo que sí sabemos es que con gas tóxico y bayonetas todo empeorará, según demostraron los estudiantes de la huelga de hambre y los trabajadores que rescataron a Rubén González. Liberando a González, Chávez quitó el detonante pero dejó la bomba. A correr la arruga se reduce su celebrada habilidad.

De la misma naturaleza es la mediación en la crisis libia que, con desparpajo, postuló el presidente Chávez, flanqueado por Fidel y Ortega. Fidel es hoy un librepensador que no necesariamente interpreta al gobierno; el descrédito de Ortega es abismante, y Chávez está más aislado de lo que admite. El mundo se alineó, con más y menos, a la condena del genocida.

¿Se habrá estancado la guerra de liberación? Kadafi es odiado por el pueblo, pero está atrincherado en Trípoli con sus mercenarios y un armamento superior. Condenado universalmente, sabe que si pierde el poder no tendrá donde esconderse. ¿Ahora quién podrá ayudarlo? ¡El chapulín venezolano empuñando el martillo de la mediación! Porque aunque lo descalifica su apoyo a Kadafi, soñar nada cuesta. En Colombia se le desinfló una similar por ser juez y parte. Ceteris paribus en el conflicto libio los rebeldes y sus amigos difícilmente aceptarán que el réferi juegue para el equipo contrario.

Si se trata de dialogar, habrá que buscarse a otro.
@AmericoMartin

http://www.elnuevoherald.com/2011/03/05/897582/americo-martin-contra-las-cuerdas.html#ixzz1FjaRPjK3

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jueves, 20 de noviembre de 2008

*ALBERTO BARRERA TYSZKA: CHÁVEZ CONTRA CHÁVEZ. 20/11/2008

La derrota del presidente venezolano en el referéndum sobre la reforma constitucional de 2007 mostró que era vulnerable. Por eso en las elecciones locales del domingo quiere que su partido no pierda ni una sola calle

Es una victoria de mierda", dijo el presidente frente a las cámaras de la televisión nacional, desdoblando en su rostro una mueca de pésimo humor. Apenas habían transcurrido tres días del referéndum, cuando fue rechazada su propuesta de reforma de la Constitución. La tiranía del rating imbatible de Hugo Chávez de pronto titiló. Ese 2 de diciembre del año 2007 marcó un hito crucial en el proceso de la llamada "revolución bolivariana".

Hugo Chávez no sólo había perdido, por primera vez, una elección popular. También, en el interior de su movimiento político, salía derrotado. Hacía ya muchos meses, el debate en el seno del oficialismo se había centrado en dos opciones: "acelerar o consolidar". Todo formaba parte de una discusión interna entre quienes pensaban que era necesario radicalizar de una vez el proyecto socialista, y entre quienes creían que, antes, se requería tener un control aún mayor del poder en el país. En ese momento, Chávez decidió que él podía lograr las dos cosas al mismo tiempo, que ambos verbos podían complementarse: acelerando, consolidamos.

Los resultados electorales, sin embargo, mostraron que, en política, la gramática es un ejercicio impredecible. El proyecto socialista, incluyendo la oferta de la reelección indefinida de Chávez, fue rechazado también por sus seguidores. Más aún: la derrota, en realidad, se debió fundamentalmente a la abstención de los chavistas. El 2 de diciembre del 2007 más que un domingo parecía un frenazo. Durante casi diez años, Chávez trabucó su popularidad en un sistema personal, reinventando y controlando el Estado y casi todas las instituciones del país. Ahora, se estrenaba con un fracaso en la batalla civil. Era políticamente vulnerable.

Pero Hugo Chávez es, antes que nada, esencialmente, un militar. Y un militar muy persistente. Sabe esperar, sabe insistir. Pasó 20 años soñando con ser presidente, conspirando dentro de la Fuerzas Armadas, antes de intentar el golpe de Estado de 1992. En el 2008, también ha continuado con la misma agenda, como si nada hubiera pasado: acelerar y consolidar. Aprovechando los poderes especiales para legislar, que le había otorgado la Asamblea Nacional, trató de imponer a la sociedad algunos de los planteamientos que fueron rechazados en el proyecto de reforma constitucional. Uno de los más emblemáticos es una nueva propuesta de división administrativa del país, que organiza el territorio en cinco regiones cuyas autoridades son designadas directamente por el presidente de la república. Este reordenamiento, llamado "la nueva geopolítica del poder", ya fue aprobado en primera discusión por la Asamblea Nacional.

Sin embargo, dos proyectos de ley no corrieron la misma suerte. La nueva Ley de Educación, diseñada de acuerdo a los objetivos y valores del "proceso bolivariano", encontró en la protesta ciudadana un gran obstáculo: su discusión y aprobación fue postergada para el año que viene. La ley de inteligencia y contrainteligencia, que proponía obligar a los venezolanos a ser vigilantes y delatores al servicio del Estado, fue derogada por el propio presidente, al ser fuertemente cuestionada por la población y por diversos organismos de Derechos Humanos.

En el 2008, Chávez ha seguido sin variar el plan que ya tenía concebido antes del referéndum. En la perspectiva de construir una "economía socialista", continuó con el proceso de nacionalizaciones que había iniciado el año anterior. Este año, se han nacionalizado las principales cementeras, la mayor empresa siderúrgica del país y el Banco de Venezuela, propiedad del Grupo Santander. Igualmente, el Gobierno venezolano ha proseguido en una carrera armamentista desproporcionada, comprando este año equipo bélico a Bielorrusia, submarinos, helicópteros y aviones Sukhoi a Rusia, radares y aviones K-8 a China... pasando a ocupar el cuarto lugar en gastos de defensa en América Latina, detrás de Brasil, Colombia y Chile.

En el ámbito internacional, Chávez ha mantenido, de la misma manera, la ruta de radicalización que también venía desarrollando: la confrontación, sobre todo verbal, con Estados Unidos (este año la "provocación" fue un poco más allá: convocó a los rusos a realizar maniobras militares en aguas territoriales venezolanas); la promoción del Alba (Alternativa Bolivariana para las Américas); el acercamiento cada vez mayor a Rusia, Irán, China... Tal vez Chávez sea, en realidad, el más dolido viudo político de Bush. La salida del presidente norteamericano lo deja prácticamente danzando solo. Bush es indefendible: el enemigo perfecto.

Nada, entonces, parece haber variado sustancialmente, después de la derrota en el referéndum para una reforma constitucional que, entre otras cosas, proponía la "reelección indefinida" del presidente de la república. Incluso hay quien piensa que Chávez tan sólo obvió ese resultado adverso y decidió seguir adelante con su proyecto. Pero no es así. Las elecciones del 23 de noviembre, para escoger autoridades locales, representan un desafío importante. Aunque las encuestas más optimistas calculan que la oposición, tal vez, pueda ganar 5 o 6 de las 22 gobernaciones que elegirán nuevas autoridades, Chávez no desea perder ni una calle. Ha desplegado sus mayores esfuerzos para que no se repita la experiencia.

Lo primero que hizo fue consolidar su partido, el PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela), y controlar, de manera soterrada y vertical, la selección de los candidatos. Tanto, que este proceso ha producido disidencias fundamentales y, en algunas dependencias federales, el Partido Comunista o el partido Patria Para Todos, aliados históricos del Gobierno, llevan candidatos diferentes a los impuestos por Chávez.

Por otra parte, en una acción inconstitucional sin precedentes, el Contralor General de la República inhabilitó políticamente a 260 funcionarios públicos, en su mayoría opositores, entre quienes destacan por lo menos seis líderes regionales importantes, con sobradas posibilidades de triunfar en los próximos comicios. Finalmente, Chávez se ha dedicado de manera incansable a la campaña electoral, articulando nuevamente la decisión de los votantes alrededor de su persona: ha denunciado intentos de magnicidio, ha afirmado que "todos los candidatos de la oposición son capitalistas", instrumentos del imperio; ha asegurado que la oposición quiere ganar los espacios regionales para sacarlo del poder en el 2009... Otra vez, con un ventajismo oficial en el uso y abuso de las funciones y de los espacios públicos, le propone al país un acto definitivo y emocional. No en balde hemos hecho del sentimiento una industria y exportamos cursilerías telenoveladas: el próximo 23 de noviembre, votar es casi un acto de amor. Chávez se juega la vida en las urnas.

Sin embargo, el panorama no luce demasiado favorable. Aun ganando las elecciones, la crisis financiera mundial y la caída de los precios del petróleo se alzan como una gran amenaza, sobre todo para quien le ha vendido a los venezolanos que "la revolución" es un sueño de liquidez, una riqueza que no necesita producirse, que sólo requiere ser distribuida: la gran utopía del consumo de todo país petrolero. El "socialismo del siglo XXI" sólo existe con altos precios de crudo. Tiene poco que ver con la izquierda del continente. Está más cerca de Detroit que de La Habana.

La economía venezolana depende, casi exclusivamente, de su ingreso petrolero. Aun con las reservas internacionales y con los enormes yacimientos que el país posee, el futuro nunca será tan espléndido como ha sido el pasado en la mayor parte de esta década. Llegó el tiempo de los barriles flacos. Un gasto público inmenso, el pago pendiente de las nacionalizaciones, la inflación más alta del continente... Todo parece acorralar a Chávez, orillarlo a hacer algo que jamás imaginó: tomar medidas impopulares, hacer ajustes, desdecirse, conspirar en contra de lo que mejor ha sabido administrar: la esperanza de los pobres.

Con Barack Obama en la Casa Blanca, con la crisis económica rondado peligrosamente a Venezuela, con el desgaste político de diez años al frente del Gobierno... Al presidente venezolano le va a costar eludir esta pelea, su verdadera confrontación, el enemigo al que siempre ha tratado de evitar: Chávez contra Chávez.
Alberto Barrera Tyszka es autor, junto a Cristina Marcano, de Hugo Chávez sin uniforme: una historia personal (Debate).