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lunes, 5 de agosto de 2013

CARLOS RODRÍGUEZ BRAUN, ADAM SMITH.

El filósofo y moralista escocés Adam Smith (1723-1790) es considerado el fundador de la economía y del liberalismo económico. Aunque ambas reivindicaciones son sumamente cuestionables, porque hubo pensamiento económico y liberal desde mucho antes, la convención tiene algún sentido porque la obra de Smith La riqueza de las naciones (1776) fue el punto de partida de la influyente escuela clásica de economía –con figuras como David Ricardo, Thomas Robert Malthus y John Stuart Mill– e incluyó ideas críticas del intervencionismo y defensoras de la libertad de mercado.

Adam Smith nació en Kirkcaldy, cerca de Edimburgo, en enero de 1723. Su padre murió poco antes de nacer él, y Smith, que nunca se casó, vivió siempre con su madre, a la que sobrevivió apenas seis años. Estudió primero en la Universidad de Glasgow y después en Oxford. A comienzos de la década de 1750 es nombrado catedrático de Filosofía Moral en Glasgow, recibe la influencia de la Ilustración escocesa y anuda una gran amistad con David Hume. En 1759 aparece su primer libro: La teoría de los sentimientos morales, a raíz del cual le ofrecen ser tutor del joven duque de Buccleugh; abandona la docencia y emprende con su pupilo un viaje por el continente europeo. De vuelta a casa en 1767, y con una generosa pensión vitalicia que le concedió el duque, dedica los nueve años siguientes a redactar la Riqueza. Dos nombramientos recibiría desde entonces: comisario de Aduanas de Escocia y rector de su alma mater, la Universidad de Glasgow. Adam Smith murió en Edimburgo en julio de 1790.

Nótese que, en una vida relativamente larga y apacible, el escocés publicó muy poco. De hecho, los dos que hemos mencionado fueron sus únicos libros aparecidos mientras vivió. En 1795 sus albaceas publicaron, con su autorización, Ensayos filosóficos, una colección de estudios sobre diversos asuntos relativos a la filosofía de las ciencias y las artes que prueba la amplitud de sus inquietudes intelectuales. Como Smith ordenó la destrucción de sus otros papeles y manuscritos, sus obras se reducen a estos tres títulos, disponibles todos ellos en castellano –Riqueza y Sentimientos morales, en Alianza Editorial, y Ensayos en Ediciones Pirámide–. Mucho tiempo después de su muerte fueron encontrados unos juegos de apuntes tomados por alumnos suyos, sobre filosofía del derecho y sobre retórica y bellas letras. Han sido publicados en inglés, en la cuidada edición de sus obras; y, en el primer caso, existe una traducción española de Lecciones sobre jurisprudencia, en la editorial Comares de Granada.

El principal problema económico para Smith es el crecimiento, y de ahí el título de su segundo libro. Se aparta de las nociones tanto del viejo mercantilismo –que valoraba los metales preciosos, el saldo exportador en el sector exterior y el fomento de determinadas empresas y actividades comerciales e industriales– como de sus contemporáneos los fisiócratas franceses, que circunscribían la productividad exclusivamente al sector agrícola. Para Smith, el fundamento de la riqueza es el trabajo humano en un marco institucional que promueva la propensión de todas las personas a mejorar su propia condición. Sostuvo que la clave de la prosperidad no estribaba en los recursos naturales sino en un contexto propicio, caracterizado por "paz, impuestos moderados y una tolerable administración de justicia".

Sólo en ese restringido marco institucional cabe el establecimiento de lo que llamó "sistema de libertad natural", en el que cada uno persigue su propio interés en un proceso competitivo que, a través de la "mano invisible" del mercado, fomenta la división del trabajo y los intercambios voluntarios y desemboca en un mayor bienestar general, porque en esas condiciones la riqueza se crea y la holgura de unos no equivale a la miseria de otros.

Se trata, por tanto, de algo muy lejano de la caricatura usual de Smith y del liberalismo como partidarios de un "capitalismo salvaje" sin freno alguno a su cruel explotación. El economista escocés defiende precisamente los frenos, y por eso aplaude la competencia y condena severamente a los empresarios que, con toda suerte de excusas, arrancan monopolios, subsidios y protecciones varias del poder político, a expensas del pueblo.

En ningún caso apoyó Adam Smith (ni ningún liberal) un sistema totalmente anárquico, sin leyes ni normas. Y en ningún caso creyó que el mercado era perfecto y funcionaba mágica y automáticamente, sin fallos ni interferencias. Con realismo admitió que un comercio plenamente libre era una utopía; sus temores ante los prejuicios e intereses que conspiran contra el mercado libre fueron confirmados a lo largo del tiempo, como se vio con el notable crecimiento del Estado registrado hasta nuestros días, en contraste con la prédica generalizada acerca de los peligros de un supuesto liberalismo hegemónico que no es sino una pura ficción.

Otra caricatura de Adam Smith y del liberalismo es su consideración del ser humano como frío artefacto asignativo, sólo preocupado por egoístas intereses materiales y desprovisto de ética alguna. A quien más sorprendería esto sería al propio Smith, que fue, como hemos dicho, catedrático de Filosofía Moral en la Universidad de Glasgow y cuyo primer libro, que le interesó hasta el fin de sus días, como lo prueban las importantes modificaciones que introdujo en sucesivas ediciones, fue La teoría de los sentimientos morales.

Jamás respaldó Smith el egoísmo y la inmoralidad. Al contrario, subrayó la preocupación de todos los seres humanos por la suerte del prójimo, y explicó cómo ese proceso de "simpatía" da lugar a principios morales y preceptos legales imprescindibles para la convivencia en paz y libertad. La atención al propio interés no es necesariamente egoísmo, porque es compatible con atender otros intereses, y tampoco es inmoral, puesto que puede cultivarse dentro de límites éticos. La moral, así, opera como freno a nuestra conducta, análogamente a como el mercado limita nuestras aspiraciones y nos fuerza a servir a los demás, a ajustarnos a sus demandas y servirlas si deseamos prosperar.

El pensamiento económico de Adam Smith, por tanto, es muy distinto del que vulgarmente se le supone, y difiere también de la ortodoxia económica ulterior, la teoría neoclásica, porque no enfatiza una asignación de recursos técnica a cargo de un homo economicus abstracto sino las condiciones concretas del crecimiento económico, condiciones históricas, institucionales, imperfectas y constreñidas por pautas morales y jurídicas.

Como sucede con varios de los demás integrantes de la Escuela Escocesa de Filosofía Moral –David Hume, Francis Hutcheson, Adam Ferguson y otros–, Adam Smith tiene una visión interesante para una época en la que supuestamente se idolatró la razón y se arbitraron mecanismos y doctrinas sobre un profundo cambio social. Los escoceses eran notablemente cautos al respecto. No tenían en muy alta estima las capacidades de nuestra razón a la hora de organizar la sociedad: Ferguson afirmó que las instituciones humanas brotaban más de la acción de las personas que de su designio preconcebido, y Adam Smith censuró en La teoría de los sentimientos morales a los arrogantes intelectuales que fantaseaban con que la sociedad era muy sencilla y con que se podía disponer de las personas como quien despliega las piezas en un tablero de ajedrez. En su libro sobre economía también desconfió de los políticos que pretenden actuar en pro del bienestar general: el escocés no pensaba que solían hacerlo, y se fijó más en las aportaciones de las personas corrientes, que con su trabajo silencioso y anónimo eran la genuina fuente de La riqueza de las naciones.

La atención a la gente común se observa también en el criterio que desde Smith emplearán los economistas para medir el desarrollo de un país: ya no será nunca más la opulencia de los príncipes o grandes potentados, sino la de los ciudadanos, cuyos intereses en tanto que consumidores era menester proteger de las usurpaciones de sus mandatarios, y de las de los grupos de presión de productores y comerciantes que medraban a su socaire, consiguiendo prerrogativas para limitar la libre competencia.

Aunque numerosos partidarios del capitalismo y el mercado lo esgrimen desde hace mucho tiempo en su apoyo, el liberalismo de Smith fue matizado, tanto que algunos liberales de nuestro tiempo, en particular miembros de la Escuela Austriaca de Economía, lo han acusado directamente de intervencionista. Y no les falta razón, puesto que Smith, aparte de defender una teoría objetiva del valor, fue capaz de admitir, como ya denunció en 1927 el destacado economista de Chicago Jacob Viner, un amplio abanico de intervenciones del Estado en la economía, incluso algunas de honda raigambre mercantilista, como las Leyes de la Usura, que fijaban los tipos de interés, y las Leyes de Navegación, que protegían a los barcos británicos de la competencia extranjera. No puede olvidarse, sin embargo, que los autores no suelen vivir en burbujas, y que su pensamiento debe por tanto ponderarse a la luz del de sus contemporáneos y predecesores. Y en ese caso el liberalismo de Smith y sus sucesores parece más articulado y sólido que el de buena parte de los economistas anteriores.

A lo largo del siglo XX se registró una creciente insatisfacción por los horizontes demasiado estrechos de la llamada "economía neoclásica", y parte de la reacción que eso produjo comportó una vuelta a Smith y a los clásicos. Así sucedió con la teoría del crecimiento económico y con otros aspectos micro y macroeconónicos donde el papel de las instituciones, como había intuido Smith, tenía interés y relevancia. También ejerció un impacto, como cabía esperar, la práctica social y política, puesto que el final de dicho siglo vio caer el comunismo, con lo que pudo comprobarse que, siendo el liberalismo un sistema claramente imperfecto, el intento de sustituirlo por el socialismo real había sido una catástrofe.

Que la crisis del comunismo –o, a otra escala, el abanico de deficiencias del Estado del Bienestar­– haya impulsado la relectura de Adam Smith y otros liberales más o menos radicales es algo que no debería sorprender.

@rodriguezbraun



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martes, 24 de julio de 2012

NARCISO GUARAMATO PARRA, LA MANO INVISIBLE,

"Pero si el ingreso anual de la sociedad es prácticamente igual al valor de cambio del total del producto anual de sus actividades económicas, o mejor dicho, se identifica con el mismo. Ahora bien, como cualquier individuo pone su empeño en emplear su capital en sostener la industria doméstica, y dirigirla a la consecución del producto que rinde más valor, resulta que cada uno de ellos colabora de manera necesaria en la obtención del ingreso anual máximo para la sociedad. Ninguno se propone, por lo general, promover el interés público, ni sabe hasta que punto lo promueve. Cuando prefiere la actividad económica de su país a la extranjera, únicamente considera su seguridad, y cuando dirige la primera de tal forma que su producto represente el mayor valor posible. Solo piensa en su ganancia propia; pero en este como en otros muchos casos, es conducido por una mano invisible a promover un fin que no entraba en sus intenciones. Más ni implica mal alguno para la sociedad que tal fin no entre a formar parte de sus propósitos, pues al perseguir su propio interés, promueve el de la sociedad de una manera más efectiva que si esto entrara en sus designios. No son muchas las cosas buenas que vemos ejecutadas por aquellos que presumen de servir sólo al interés público.  […] Cual sea la especie de actividad doméstica en que pueda invertir su capital, y cuyo producto sea probablemente de más valor, es un asunto que juzgará mejor el individuo interesado en cada caso particular, que no el legislador o el Hombre de Estado." 
Adam Smith.
La extensa cita que inicia este artículo. Es uno de los párrafos más citados en la historia económica mundial, ya que, a favor o en contra, se le atribuye como la esencia del pensamiento económico liberal. No creemos equivocarnos al pensar y afirmar, que aunque muchos la mencionan en sus críticas o alabanzas, pocos son los que la han leído. Por tal motivo la hemos transcrito, lo más extenso posible (dado las limitaciones del espacio) para que todos la puedan leer y sacar sus propias conclusiones.

Esta alegoría, de la mano invisible aparece por primera vez en  un libro que marca un hito, un antes y un después, ya que formalmente aparece en el acta de nacimiento de la "Ciencia Económica", como rama del saber humano y como materia de estudio y de polémica.

En el año 1776, el mundo académico ve la publicación de: "An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations" ("Investigación sobre la Naturaleza y Causas de la Riqueza de la Naciones". La cita fue tomada de la edición en español, publicada por el Fondo de Cultura Económico. México, 1982. P.402. Traducción de Gabriel Franco de la Univ. De Puerto Rico) escrito por el Filósofo y Académico escoses, Adam Smith, quien a partir de la publicación de este libro, se le atribuye la paternidad de los estudios económicos.

Smith nació en  Kirkaldy, pueblo de la costa escocesa, en 1723. A lo largo de su importante carrera académica, Smith ejerce las funciones de profesor de filosofía moral, de cuyo estudio y reflexión sale la obra que para muchos, es el inicio de la idea de la libertades individuales: "Teoría de los sentimientos morales" (1759). Smith se relacionó con lo más granado de la intelectualidad europea de la época. Fue amigo y colaborador del otro gran filósofo escoses: David Hume (1711-1776). Fue admirador del gran filósofo francés: Voltaire (1694-1779), con quien se reunió en variadas ocasiones en la ciudad de Ginebra. Se sabe que "la Riqueza de las Naciones" (como usualmente se le conoce por lo largo del título) inicialmente se la dedicaría  a Quesnay, el fundador de la escuela Fisiocrática, pero la muerte de este último malogró a intención de Smith.

Entre los cargos académicos, podemos mencionar: miembro de la Literaty Society of Glasgow; presidente de la  Philosophical Society de Edinburgo; rector de la Universidad de Glasgow en 1787 y releecto en 1789. Fue nombrado director de Aduana de Edimburgo en 1778, puesto que desempeñó hasta su muerte el 17 de julio de 1790 a causa de una enfermedad, viviendo con su madre y su prima, en Edimburgo.

El periodista Max Lerner (1902-1992), en la introducción del el libro editado en inglés, en 1937 afirma que La Riqueza de la Naciones constituye una extraña mezcla de economía, filosofía, historia, teoría política, programa de acción; un libro escrito por un hombre de vasta cultura y sutil perspicacia.  En fin, es un libro que hay que leer.

@guaramatoparra 

viernes, 11 de mayo de 2012

NELSON MAICA C., BREVES DE ECONOMIA

Según expertos el nacimiento de la economía como ciencia de estudio, independiente de la política y la filosofía, puede ubicarse en el año 1776, cuando Adam Smith publicó su Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones.

Smith expuso una teoría simple del valor, una visión poco elaborada sobre la distribución, una interpretación aún menos desarrollada sobre el comercio internacional y una concepción primitiva sobre el dinero; pero, a pesar de todas las imperfecciones, su libro sirvió de base para toda la economía posterior. La influencia de la obra de Smith radico, en gran parte, en las posibilidades de desarrollo de sus teorías.
La aparición, en 1817, de “Principios de Economía política e Impuestos”, de David Ricardo, se consideró como una forma de crítica a “La Riqueza de las Naciones” de Smith.
Con la publicación de Ricardo, se dio paso a una nueva perspectiva: la Economía Política.
A D. Ricardo se le atribuye la creación del concepto de modelo económico, un instrumento analítico que consiste en un entramado de ecuaciones que tenían en cuenta unas pocas variables estratégicas y que permitía, tras unas operaciones lógicas, obtener conclusiones relevantes sobre el comportamiento de las variables económicas.
En 1867 se publica “El Capital”, de Karl Marx. Se puede considerar que Marx fue el último economista de la escuela clásica porque su obra se basaba en las enseñanzas de Smith y Ricardo, quienes, con anterioridad, habían enunciado la teoría del valor trabajo.
Lamentablemente la supuesta economía marxista no tiene, aun, respuestas para los problemas prácticos a los que se enfrentan a diario los economistas de cualquier sociedad. Este hecho es suficiente para explicar por qué muy pocos economistas académicos se hicieron marxistas, aunque desde el punto de vista económico-político, si influenciaría a futuros gobernantes, apareciendo como otra alternativa económica.
La década 1870-80 supuso una ruptura con la economía política anterior; se denominó la revolución marginalista, promulgada por tres economistas: el inglés William Jevons (Escuela de Cambridge), el austriaco Carl Menger (Escuela Austriaca) y el francés Léon Walras (Escuela de Lausanne). Su aporte consistió en sustituir la teoría del valor trabajo por la teoría del valor basado en la utilidad marginal. Ese aporte, de la noción de marginalidad, fue la que marcó la ruptura entre la teoría clásica y la economía moderna.
Los economistas políticos clásicos consideraban que el problema económico principal consistía en predecir los efectos que los cambios en la cantidad de capital y trabajo tendrían sobre la tasa de crecimiento de la producción nacional. Sin embargo, el planteamiento marginalista se centraba en conocer las condiciones que determinan la asignación de recursos entre distintas actividades, con el fin de lograr resultados óptimos, es decir, maximizar la utilidad o satisfacción de los consumidores.
Durante las tres últimas décadas del siglo XIX los marginalistas ingleses, austriacos y franceses, fueron alejándose los unos de los otros, creando tres nuevas escuelas de pensamiento:
1. La Escuela Austriaca (Carl Menger) se centró en el análisis de la importancia del concepto de utilidad como determinante del valor de los bienes, atacando el pensamiento de los economistas clásicos;
2. La Escuela de Cambridge, liderada por Alfred Marshall, y quien intentaba conciliar las nuevas ideas con la obra de los economistas clásicos. Según Marshall, los autores clásicos se habían concentrado en analizar la oferta; la teoría de la utilidad marginal se centraba más en la demanda, pero los precios se determinan por la interacción de la oferta y la demanda.
3. Léon Walras, el principal marginalista francés (Escuela de Lausanne), profundizó en este análisis estudiando el sistema económico en términos matemáticos. Ésta visión diferente de las tres escuelas marginalistas en la concepción de los precios de los bienes, es la primera gran diferencia en sus respectivas teorías de política económica.
El tiempo que paso entre la publicación de los Principios de Economía (1890) de Marshall y el crac de 1929, han sido considerados por algunos especialistas como años de reconciliación, consolidación y refinamiento de la ciencia económica. Las tres escuelas nacionales de pensamiento económico fueron acercándose poco a poco hasta crear una única corriente principal de pensamiento.
La teoría de la utilidad se redujo a un sistema axiomático que podía aplicarse al análisis del comportamiento del consumidor para estudiar las diversas situaciones.
El concepto de marginalidad aplicado al consumo permitió crear el concepto de productividad marginal al hablar de la producción, y con esta nueva idea apareció una nueva teoría de la distribución en la que los salarios, los beneficios, los intereses y las rentas dependían de la productividad marginal de cada factor de producción.
El concepto de Marshall (economías y deseconomías a escala externa) fue desarrollado por uno de sus discípulos más destacados, Alfred Pigou, para distinguir entre costos privados y costos sociales, lo que sentó las bases para la formulación de la teoría del bienestar: una nueva rama dentro de la economía.
De forma paralela el economista sueco Knut Wicksell y el estadounidense Irving Fisher, desarrollaban una teoría monetaria, que explicaba cómo se determinaba el nivel general de precios, diferenciándolo de la fijación individual de cada precio.
De 1930-40 la creciente armonía y unidad de la economía se rompió, primero con la Gran Depresión de 1929, que constituyó un replanteamiento del sistema económico imperante, y segundo, por la aparición en 1936 de la Teoría general sobre el empleo, el interés y el dinero de John Maynard Keynes.
Éstos dos acontecimientos (sumados a otros de menor relevancia relativa, como el “New Deal” de Roosevelt y la desconfianza en el mercado) derivaron en el abandono, casi definitivo, de las Escuelas Marginalistas; la Escuela Austriaca quedó aislada, dada que era de un pensamiento más radical y extremo, mientras que por el otro lado, las escuelas de Cambridge y Lausanne se complementaron, creando la Escuela Neoclásica Principal, que es la que prevalece como ciencia económica en casi todos los gobiernos del mundo, así como en casi todas las Facultades de Economía de las diferentes Universidades.
¿A cual escuela pertenecerá el supuesto modelo económico “implantado en Venezuela” desde 1999 que nos lleva al desastre? ¿Quiénes sus teóricos? ¿Cuál modelo económico “de esperanza” propone el candidato de la “oposición” al País? ¿Quiénes sus teóricos?
Tips:
  • ¿Cómo se adquieren los derechos de propiedad? Simplemente de tres maneras: una, mediante descubrimientos y transformación de recursos (producir, producción, trabajo); dos, mediante el intercambio de un producto por otro (compra-venta; sentencia judicial), incluyendo aquel producto que con el uso y el tiempo se transforma en “medio de intercambio” o “dinero”, y, tres, a través de regalos o donaciones. ¿Cuál de estos tres aplica el gobierno? Ninguno. Aplica la apropiación indebida, con las armas y por la fuerza bruta, igual como lo hacen los amigos de lo ajeno. Violando derechos constitucionales, tal como el art. 115CN99.
  • ¿Concejo…Consejo…de que? ¿Mas de lo mismo o una manera de comprometer a las “guabinas”?
  • ¿Y por que esperan tanto los funcionarios que han fracasado en su gestión para renunciar? ¿Y por que no hacen renunciar a los “mercaderes” instalados en los Estados?

Lema Histórico de Venezuela: “Dios y Federación”. Orquídea. Amazonas: El Caucho.

“Con un poder absoluto hasta a un burro le resulta fácil gobernar”. Lord Acton, 1834 – 1902, Ingles, historiador.

Caracas, Venezuela, 09/05/2012.EL ENVÍO A NUESTROS CORREOS AUTORIZA PUBLICACIÓN, ACTUALIDAD, VENEZUELA, OPINIÓN, NOTICIA, REPUBLICANO LIBERAL, DEMOCRACIA, LIBERAL, LIBERALISMO, LIBERTARIO, POLÍTICA, INTERNACIONAL, ELECCIONES,UNIDAD, ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA

lunes, 23 de enero de 2012

CÉSAR AUGUSTO MONTOYA: EL LIBERALISMO. CONCEPCIÓN FILOSÓFICA

John Gray sostiene que el liberalismo constituye un proceso cultural acumulativo en el que las diferentes fases de la evolución del pensamiento occidental van dejando su huella, siendo considerado por algunos autores como la teoría política de la modernidad.
Como elemento primigenio para tratar de abordar lo que en el desarrollo del presente trabajo constituye una proyección general de la doctrina política conocida como LIBERALISMO, debemos efectuar una distinción – si se quiere – semántica, con referencia a lo que en ideología política significa ese término.
La primera de las acepciones que tradicionalmente se le ha dado a dicha expresión, es aquella que la relaciona con la filosofía política defensora a ultranza de la libertad, del desarrollo intelectual y de la libertad de pensamiento. Así las cosas, bajo esta concepción ha de entenderse que el liberalismo como tal significa avance, renovación, progreso.
La segunda de las acepciones que ha tenido el LIBERALISMO es aquella que la refiere a los inicios del industrialismo maquinista el cual tuvo su origen en el siglo XVIII, aplicándose la teoría del laissez faire inspirada en la ideas deslumbrantes para aquella época del famoso pensador inglés Adam Smith.
El ideólogo inglés A. Smith, (1723-1790), en su trabajo Investigación sobre la naturaleza y causa de la riqueza de las naciones (1776), afirma que la economía está regida por unas leyes inmutables que poseen mecanismos propios de autorregulación. De tal suerte – prosigue A. Smith – la misión de los economistas es descubrir esas leyes y eliminar los obstáculos que impidan su puesta en práctica social. Esto es, dejar la máxima libertad a los individuos que buscan enriquecerse supone conseguir una producción óptima al menor coste posible, así como la armonía social. De ahí el que los poderes públicos intervengan en el plano económico sea un error gravísimo, salvo en los aspectos que atañen al bien común de la sociedad. (Ver: Amartya Sen, Sobre ética y economía. Alianza. Madrid. 1989).
Ese liberalismo primario operó bajo una óptica ideológica muy clara que consistía en elevar el culto al individualismo en franca oposición a la; o, a las corrientes de corte colectivista.
El escritor George H. Sabine, en su obra Historia de la teoría política FCE., 5ª reimp., 1972, nos explica su criterio personal sobre lo que significa el LIBERALISMO, y dice lo siguiente:
[…] Puede tomarse el liberalismo, con amplia justificación histórica, como la culminación contemporánea de toda la tradición política occidental. En este lato sentido, liberalismo sería igual en su significado, a lo que en el uso político popular se llama generalmente “democracia”.
Algunos politólogos estudiosos del liberalismo sostienen que dicha doctrina conforma una mentalidad que ha llegado a ser la doctrina política principal de la civilización occidental; y con mayor causa después de los acontecimientos históricos que tuvieron lugar en 1989. (Ver: Laski H.J., El liberalismo europeo, FCE. México 1969).
Por su parte John Gray sostiene que el liberalismo constituye un proceso cultural acumulativo en el que las diferentes fases de la evolución del pensamiento occidental van dejando su huella, siendo considerado por algunos autores como la teoría política de la modernidad. (Ver su obra: Liberalismo. Alianza. Madrid. 1994)
En la Enciclopedia del Pensamiento Político, bajo la dirección de D. Miller, encontramos que las características particulares de el liberalismo sobre las cuales se han construido tanto sus variedades posteriores como sus desviaciones radicales y conservadores son: la ausencia en la naturaleza de una guía moral positiva, la prioridad de la libertad sobre la autoridad, la secularización de la política y la promoción de constituciones y principios de derecho que establezcan los límites de gobierno y determinen los derechos de los ciudadanos frente a éste.
Resulta importante destacar que las primeras ideas liberales surgen prácticamente a finales de la Edad Media y aparecen en franca oposición a las llamadas trabas feudales. Esa oposición tiene su explicación porque la sociedad feudal era estamental, corporativista, anti individualista, teocéntrica, hiper religiosa, estática y pesimista. Contra todo ellos se presentará el liberalismo y se enfrentará a la última etapa del feudalismo; esto es las sociedades del Antiguo Régimen dirigidas por monarquías absolutas.
Surgen cambios esenciales en la manera de pensar y particularmente en el comportamiento de las personas y de aquellas corporaciones que con el advenimiento de la máquina de vapor y el incremento del desarrollo industrial va creciendo en Europa. Esto es, que la clásica forma de ver las cosas por parte de los católicos quienes para la época consideraban a la pobreza como una virtud y al rico como un egoísta pecador se pasa gracias a la Reforma protestante a tener una visión distinta. Por ello, John Gray, propone que las libertades básicas se conciban como la armazón de las condiciones necesarias para la acción autónoma. Un hombre libre –dice Gray – es aquel que posee los derechos y privilegios para pensar y actuar autónomamente, para regirse a sí mismo y no ser gobernado por otro (Ver: John Gray: Liberalismo, op. Cit. P.97).
Ahora bien, los cambios sustanciales que ha dado el hombre como el mundo que le rodea, desde la caída del Muro de Berlín, incluyendo obviamente la llegada del hombre a la Luna, y toda una serie de acontecimientos, descubrimientos y adelantos logrados por la mente humana, y que hoy en día conforman toda una base sustancial que nos permite prever que la humanidad – si preserva su entorno natural – y se organiza para vivir en paz y libertad, tomando igualmente en consideración el consecuente derrumbe del socialismo rojo marxista que humilló, asesinó y esclavizó en nombre de una mal llamada revolución popular a millones de seres humanos en lo que fue la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas desde 1917, nos permiten pensar que los pueblos; particularmente aquellos que habitan los llamados países del Tercer Mundo o países en vías de desarrollo, tendrán que reconocer que todas las llamadas revoluciones de corte socialista ocurridas y conocidas hasta ahora; particularmente en el Siglo XX, lo que han traído a los pueblos es: miseria, división, dependencia y atraso, entre otros males.
Frente a ese panorama desolador, parece que hay una nueva ola doctrinaria que está llevando a muchos pueblos a recapacitar y abandonar la idea de que las izquierdas son buenas, pues los fracasos permanentes que vienen cometiendo en todos los órdenes son evidentes. En tales circunstancias, hoy en día observamos cómo el actual Presidente de Francia se identificó en su campaña electoral como DERECHISTA y triunfó por una significativa mayoría. Amén de estar demostrando su liderazgo en Europa. De igual forma, el Alcalde de la ciudad de Buenos Aires en la República de Argentina también se identificó plena y claramente como DERECHISTA y ganó de manera abrumadora las elecciones ocurridas recientemente en dicha ciudad. Otto Pérez Molina, derechista ganó recientemente las elecciones presidenciales en Guatemala y tomó posesión del cargo el 14 de enero de 2.012. Esto sin olvidar al actual Presidente de Chile. Sin embargo, cabe notar que durante los gobiernos Chilenos previos izquierdistas, nadie osó convocar a marchas para protestar por: mejores presupuestos, elevación de salarios, reforma constitucional, etc., etc.… ¿acaso esos problemas no existían, y aparecieron al día siguiente de tomar el poder un DERECHISTA?... Por favor, no crean los izquierdistas que el mundo está lleno de protozoarios…
Por el contrario resulta irrefutable el desastre al cual han llevado gobiernos de izquierda a muchos países, incluyendo europeos, como lo es el caso de: Grecia, Portugal y España. Las izquierdas son buenas para hacer campañas políticas – porque ofrecen de todo, incluyendo puentes en lugares donde no hay ríos – pero al llegar al poder cometen el enorme desacierto de entramparse en el populismo; despilfarran el dinero a diestra y siniestra a fin de mantener y conquistar adeptos. Atacan la propiedad privada; invaden y secuestran todo aquello que les dé popularidad, sin enterarse que con ello están postrando la economía, pues desaparecen las fuentes seguras de ocupación; esas mismas que generan riqueza; tratan de crear un monolítico procurando que las distintas ramas del poder público del estado queden sujetas a los mandatos del Ejecutivo; colocan al frente de la alta gerencia gubernamental a aquellos personajes que más se han destacado por su participación en la campaña política con la cual se alcanzó el triunfo electoral, pero sin darse cuenta que esos personajes – posiblemente – para lo único que sirven es para montar “saraos”.
En fin, cuando las arcas propias están vacías, entonces corren a las potencias que les interesan en búsqueda de préstamos a objeto de repartir el dinero sin control alguno entre las masas populares, pues consideran que lo que ellas necesitan y claman es pan y circo…
El final, todos lo conocemos, cuando el mismo pueblo que los llevó al poder los desaloja del mismo por ineptos, y ladrones, entonces, son las Derechas las que tienen que comenzar a poner orden en la casa y a tratar de enmendar toda la serie de locuras y de desafueros que ocurrieron durante esos mandatos izquierdistas (posiblemente lo que ahora ocurra en España después de la espectacular derrota sufrida por los socialistas españoles) De paso sea dicho, todos los líderes izquierdistas hablan de revolución; de igualdad; de humildes, de pobres, etc., pero se cuidan de vivir en zonas privilegiadas; sus hijos no van estudiar en escuelas públicas; nadie los ve frecuentando taguaras o ventorrillos; por el contrario frecuentan con espectacular cotidianidad los mejores restaurantes y bares; y obviamente, consumen las bebidas embriagantes más costosas y los platos más sofisticados. Eso sí, son tan vulgares que no les da vergüenza llevar el uniforme. Cuando pueden viajan de incógnitos y se proveen vestimentas, perfumes y útiles personales en la cuna del capitalismo (New York, Londres, París o Berlín, entre otras ciudades) pero al regresar a sus lugares de origen comienzan nuevamente con su trepidante discurso contra las oligarquías; contra el capitalismo; contra los vende patrias…
Ello nos lleva a pensar, que frente al lenguaje SOCIALISTA, demasiado trillado por cierto, y con resultados fatales para la economía de los pueblos, emerge quizá con un frescor cautivante lo que podríamos denominar LIBERALISMO, O LA DERECHA HUMANISTA DEL SIGLO XXI, cuyos postulados podríamos resumir de la manera siguiente:
Construir países, donde el ESTADO deje de ser empresario (pues hasta ahora lo ha sido, con resultados catastróficos) y permitir que la iniciativa privada maneje la economía, pero sometida esa actividad a evitar los monopolios y a tomar las medidas que sean necesarias para mantener y preservar el BIEN COMÚN.
Países en donde el gobierno de turno sepa y entienda que el INDIVIDUO (Persona Humana), no está al servicio del ESTADO, sino que es éste último el que está al servicio del HOMBRE. Estados, donde la libertad de expresión y de información sean intocables por parte de los entes gubernamentales y la censura la ejerza el ciudadano de manera particular. Países donde la propiedad y el capital no estén concentrados ni en cien familias, pero tampoco en un Estado socialista centralista omnipotente, sino que la prioridad esté focalizada en que TODOS los ciudadanos pasen de ser simples usuarios a ser propietarios de los bienes tanto muebles como inmuebles que requieran para llevar una vida decente y humana.
Esto es, donde se respete la PROPIEDAD PRIVADA, honrada y legalmente adquirida. Gobiernos, donde sean extirpados tanto el capitalismo salvaje explotador del hombre por el hombre, como los regímenes socialistas desconocedores de los más elementales derechos inherentes a la persona humana. Naciones donde haya una justa y auténtica distribución de la riqueza que sirva para lograr un auténtico equilibrio social y económico. Países donde quienes adquieren grandes beneficios apreciables en dinero no sólo se conformen con pagar las cargas fiscales que les impone el Estado, sin que además, sean promotores, creadores y soportes directos de fundaciones y asociaciones dedicadas a proteger a los más débiles: niños, enfermos y ancianos.
Países donde la pirámide de gobierno en las universidades oficiales sea conformada única y exclusivamente por la voluntad libremente expresada en las urnas, mediante votación universal y secreta, por los ESTUDIANTES, sin que el régimen de turno pueda intervenir en la elección de sus autoridades, ya sea ellas estudiantiles, administrativas o académicas.
Naciones, donde las autoridades dediquen su energía, pero de manera permanente, a cubrir sólo – como inicio - los siguientes objetivos prioritarios:
a) Seguridad de los ciudadanos (orden público).
b) Seguridad y defensa de la República.
c) Administración de Justicia designando jueces probos pero altamente calificados desde el punto de vista intelectual.
d) Mantenimiento y desarrollo progresivo de la infra estructura del país: escuelas, liceos, tecnológicos, universidades, con maestros y profesores altamente calificados. Hospitales, medicaturas, dotados del elemento humano competente y de los insumos necesarios para llevar a cabo una política de salud no sólo preventiva sino curativa de avanzada. Construir vías de penetración, acueductos, etc.,) con lo cual se provea a la ciudadanía en general de los medios necesarios para alcanzar su propio desarrollo. Apuntalar una auténtica SEGURIDAD SOCIAL.
e) Absoluta y total independencia de las altas ramas del poder público del Estado.
f) Limitar el mandato presidencial a cinco (5) años sin posibilidad de reelección.
g) Sistema bicameral (diputados y senadores) limitando tal mandato a dos (2) períodos, para que así todos tengan la oportunidad de ejercer el poder.
h) Eliminar, como en el caso particular de Venezuela, el artículo 330 de la Constitución, a fin de que los uniformados regresen a sus cuarteles y cumplan su misión primigenia. Despojarlos del derecho al voto, pues ellos no pueden pertenecer a ningún partido o grupo de electores; ellos pertenecen y deben ser el alma de la patria.
i) Un régimen político en el cual, para que no se pueda abusar del poder, el poder detenga al poder…
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Interesante resulta analizar la obra de Isaiah Berlin, eminente filósofo liberal. El centenario de su nacimiento, viene por cierto de conmemorarse, particularmente en Europa y Estados Unidos de Norte América. Este personaje nació en Riga, Letonia, hijo de un comerciante en maderas emigrado a Inglaterra, el que era descendiente putativo de quien fue la cabeza "de una de las sectas más importantes de judíos hasídicos de Europa oriental, conocidos con el nombre de lubabich [...]" (Ignatieff, 1999: 27). Fue el primer judío en ser elegido para recibir una beca en el All Souls College de Oxford. Entre 1957 y 1967 fue Chichele Professor de Teoría Social y Política en la Universidad de Oxford. En 1967 ayudó a fundar el Wolfson College de Oxford, y se convirtió en su primer presidente. Recibió el título de Knight Bachelor en 1957 y la Orden de Mérito en 1971. Fue presidente de la Academia Británica entre 1974 y 1978. Recibió también el Premio Jerusalén en 1979 por sus escritos sobre la libertad individual en la sociedad.
La obra de Berlin fue vasta pero dispersa, debido a que en su mayoría consiste en artículos y recensiones en revistas especializadas. Solo dos de las ahora numerosas recopilaciones de sus trabajos fueron editadas directamente por él: Four Essays on Liberty (1969) y Vico and Herder (1976). Su más famoso artículo, la conferencia inaugural como Chichele Professor de 1958, intitulada "Two concepts of liberty", ha sido de enorme influencia tanto en la teoría política contemporánea como en la teoría liberal. En dicho artículo presenta la ya famosa distinción entre libertad positiva y libertad negativa.
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“… Fines permanentes de la tiranía:

PRIMERO: el abatimiento moral de los súbditos, porque las almas envilecidas no piensan nunca en conspirar.
SEGUNDO: crear desconfianza de unos ciudadanos respecto de los otros, porque no se puede derrocar la tiranía mientras los ciudadanos no estén bastante unidos para poder concertarse.
TERCERO: extenuar y empobrecer a los súbditos, porque no se emprende ninguna cosa posible, y por consiguiente el derrocar a la tiranía, cuando no hay medios de hacerla.
En suma: producir la desconfianza entre los ciudadanos; debilitarles y degradarlos moralmente. Tal es el primer método de conservación para las tiranías”.
Tomado del Capítulo VIII, de la Obra “LA POLÍTICA”, escrita por el filósofo griego Aristóteles, quien falleció en el año 322 antes de Jesucristo…
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martes, 20 de diciembre de 2011

MARÍA BLANCO: VIVIR DENTRO DE NUESTRAS POSIBILIDADES (FUENTE INSTITUTO JUAN DE MARIANA DESDE ESPAÑA)

Seguimos a la espera de las noticias que Mariano Rajoy tiene que darnos. Seguimos a la espera de saber qué medidas nos traerán los Reyes Magos para este 2012. Y mientras tanto, con una prima de riesgo más relajada de momento, la población española, la de base, aún se pregunta "qué es lo que ha pasado".

Esta semana publica Truman Factor una estupenda entrevista con el Nobel de economía Vernon Smith. En ella, el economista explica su visión sobre la crisis europea, y acaba con una reflexión:

"La lección a largo plazo podría ser que aquellas viejas virtudes como el trabajo, el ahorro y el vivir dentro de nuestras posibilidades son más valiosas que el oro y los diamantes, y sobre todo dignas de encomio pues nacieron de la experiencia humana".

Una sabia conclusión. Pero, puestos a darle una vuelta de tuerca más, no tan sencilla como podría pensarse a primera vista, la razón es que en la España en que vivimos es difícil saber cuáles son nuestras posibilidades, los límites dentro de los cuales deberíamos vivir.

Seguramente por deformación profesional, creo que lo que sucede en la calle, las decisiones políticas, la forma de vida de la gente descansa en una concepción particular del ser humano y de su relación con su entorno. Y en este país, desde hace demasiado tiempo lo que prima es eso que Ayn Rand, la controvertida y criticadísima filósofa libertaria, llamaba la moral del esclavo de la tribu.

Una cosa es que por naturaleza el ser humano sea social, que necesitemos del grupo para sobrevivir, y otra que acabemos siendo secuestrados moralmente por el pensamiento colectivista. Claro que llevamos impresa en nuestra naturaleza la tendencia al intercambio, la reciprocidad: de hecho, ha sido una de las llaves de nuestra supervivencia. Claro que hemos aprendido a defender al débil y ayudar al que no tiene sin que nadie nos obligue. Pero en lo que hemos acabado es en dejarnos imponer una moral que premia al que no se esfuerza, al que no ahorra, al que no vive dentro de sus posibilidades.

Y no solamente eso. Nuestros gobiernos se han comportado siguiendo ese mismo criterio. Así que gobernados y gobernantes se han dedicado a gastar lo que no tienen y a vivir por encima de sus posibilidades. Pero ¿cómo se sabe cuáles son tus posibilidades más allá de lo que dicta el equilibrio presupuestario?

La clave está en la competencia. Ese concepto que Adam Smith consideraba como sana rivalidad, y no necesariamente como codazo en los riñones del adversario. El ser medido en un entorno competitivo con tus pares te lleva a darte cuenta cuál es tu nivel respecto a los demás. Y a partir de ahí, puedes mejorar, corregir, cambiar tu estrategia... perfeccionarte. Pero ¿qué sucede cuando no hay competencia? Pues sucede lo que estamos viviendo. La competencia se ha demonizado, resulta que es cruel porque pone a cada cual en su sitio, porque deja en la estacada al que no está al nivel requerido. Y en realidad, solamente la competencia nos da información relevante de qué quieren los que demandan y qué tienen que ofrecer los oferentes. Y sobre todo, nos dice cuál es el precio que hay que pagar. No solamente en el mercado de bienes, o de factores, o de dinero... en la vida cotidiana. Si tú no sabes el esfuerzo que debes aplicar para conseguir tus metas, si no sabes si ese objetivo está realmente a tu alcance o debes reconsiderar tus planes, si crees que todo es gratis y fácil, y alguien "mágico" va a venir a dártelo con el dinero de otros, entonces estás perdido, y la sociedad en la que vives también lo está.

Y ese ha sido nuestro "modus vivendi" durante muchos años.

Pero ahí no acaba el drama. Hay dos aspectos muy preocupantes que no hay que olvidar.

El primero es que ese es el ejemplo que hemos dejado en herencia a las generaciones más jóvenes, justo a aquellos ciudadanos que van a tener que pagar nuestros desmanes.

El segundo es que la cosa no parece haber cambiado. Cuando se habla de recortes hay mucha gente dispuesta a tirarse a la calle para protestar porque no pueden seguir viviendo de los demás. Y enarbolan la bandera de los más desfavorecidos para defender subvenciones a la "cultura" o a lo que sea.

Ha llegado el momento de meditar seriamente las palabras de Vernon Smith y de recuperar el sano espíritu de rivalidad que infunde la competencia.


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lunes, 15 de agosto de 2011

NELSON MAICA C: ESTRATEGIA LIBERAL. POLÍTICA

Nota 1. ¿Qué dice o pregona el pensamiento liberal sobre estrategia, sistemas, programas, metas?
Importante: que la libertad es el objetivo político, la meta de la filosofía liberal en lo político.
Eso no quiere decir que es el objetivo último del hombre. Cada persona tiene sus propios y variados objetivos.
Cada persona, cada individuo, como sostenía Thomas Jefferson, 1743 – 1826, cofundador y ex presidente USA, tiene libertad para buscar y perseguir sus propios objetivos, para… “perseguir la felicidad”.
El liberal, entonces, seria un ciudadano, una persona comprometida con el… “sistema natural de la libertad” (frase atribuida a Adam Smith, 1723 – 1790, economista escocés).
El liberal tiene como objetivo la libertad; tiene la libertad como meta de la política. Pero en la práctica, en la realidad eso no ha sido así.
Aquí, ahora, luchamos por la libertad. La libertad es un principio moral, parte de la propia naturaleza del hombre. Es un principio de justicia porque exige la eliminación de la violencia en toda relación humana. La justicia debe ser una fuerza que motiva para alcanzar la libertad.
La libertad, siendo meta de la política, debe buscarse, debe conseguirse, debe trabajarse, con los medios más eficaces y eficientes, con todo aquello que prontamente nos asegure alcanzarla.
El liberal debería luchar en todo momento por abolir, por quitar, por eliminar todo obstáculo, toda invasión, todo tropiezo a la libertad.
Aquí, ahora, el liberal debería luchar por eliminar ya todas esas disposiciones ilegales e ilegitimas que coartan la libertad y, por lo demás, contrarias a la propia naturaleza humana, al sentimiento del pueblo, del ciudadano.
¿Y la estrategia? ¿Y el realismo?
Vemos que alcanzar de nuevo la libertad perdida, quitada por este régimen, requerirá de nuestros esfuerzos para ser obtenida en un futuro cercano.
A principios del año 2011 expusimos, bajo el rotulo UNA ESTRATEGIA I, II, III, lo que nos parecía debían acometer los liberales en este país, la elaboración y puesta en practica de una estrategia de participación para la reconquista de la libertad política amenazada, pisoteada y conculcada.
Hoy retomamos el tema de la estrategia en otros aspectos. La estrategia de quienes deseamos quitarnos de encima este régimen dirigido por los ahora dueños del paciente desde la Habana.
Felipe Gómez Pallete, Español, apunta: “Planificar, evaluar, controlar, diseñar, consultar, asesorar o programar, son actividades basadas en la información. Constituyen las nuevas fuentes de riqueza”.
Para la política, la información (datos que sirvan de base para tomar decisiones, recursos y control) y la comunicación (interacción mediante símbolos, reafirmación de valores, de cultura, visualización de imágenes, cambio social) son vitales.
En el pasado importaba más la información. Hoy, ambas, información y comunicación, son importantes; pero la comunicación, para la política y para los políticos y para los ciudadanos, para el pueblo, para la sociedad, es esencial.
¿Cómo andan los “Opositores” en esta materia de informar y comunicar? ¿Están relacionados y/o agrupados la mayoría de los ciudadanos, del pueblo, que esta en la oposición? ¿O solo están agrupados algunos y/o la mayoría de los partidos que se definen y/o se ubican, así mismos, en la “Oposición”? ¿Esos partidos agrupan a la mayoría de sus familiares, militantes, relacionados, amigos, votantes?
¿A quienes identifica y/o ubica el ciudadano, el pueblo, en la “Oposición”? ¿A los partidos solamente? ¿A quienes? ¿A los ciudadanos, al pueblo? ¿A cual ciudadano, a cual pueblo?
¿El ciudadano, el pueblo, acepta y/o tolera y/o le agrada y/o rechaza a la “oposición” y sus líderes como un todo y/o establece diferencias y/o afinidades en ella? ¿El ciudadano, el pueblo, esta de acuerdo en que exista una sola “oposición” y actúe con libertad? ¿La oposición reconoce a sus líderes como tales?
¿Los ciudadanos, el pueblo, identifica a quienes están en el gobierno y a quienes están en la oposición y el por que? ¿Los ciudadanos, el pueblo, se identifican claramente con un cambio de gobierno, ahora? ¿Cuántos y cuales? ¿Los ciudadanos, el pueblo, sienten que los de la “oposición” tienen, exhiben condiciones para llegar y ejercer el poder, el gobierno?
De estos y otros tópicos habrá que ocuparse en su oportunidad. Pero vamos a ubicarnos y empezar por que y para que.
Primero, la humanidad, la sociedad, pasó de cazadores a agricultores. De agricultora a industrial. De industria productiva a industria de servicios (mercancías menos tangibles y mas simbólicas).
Segundo, de procesar energía (parece que aquí comenzó el retroceso de este régimen) pasamos (el resto del mundo) a procesar información; de la sociedad post industrial a la era de la información y de la comunicación. Fase global y conectada. Etapa nueva. Actual.
El mundo de hoy nos luce un poco inestable y, en consecuencia, se ha perdido bastante la capacidad de predecir, de anticiparse. La competencia es fuerte y global. Parece que cada día se necesita más innovación, creatividad, conocimiento. Los pueblos, sus estados, son más interdependientes y están más conectados por sistemas cada día más modernos.
Las estructuras jerárquicas existentes, basadas en controles y órdenes, están cambiando.
El ciudadano, en su sociedad, tiene, ha adoptado, una actitud de rechazo hacia el totalitarismo y la jerarquía en casi todas partes. Hoy, aquí, es una ventaja comparativa y competitiva con relación al régimen y en beneficio de la democracia plural.
En consecuencia, en el seno de toda organización, sobre todo en las políticas, están ocurriendo cambios de todo tipo. El más notable es que están colocándose en primer orden los valores, las cualidades, esos intangibles valiosísimos, para la toma de decisiones. Cada nueva fase desplaza a la anterior y ésta es obligada a reacomodarse y/o a reinventarse y/o quedarse.
En alguna parte, no recuerdo donde, leí que…”solo podemos ver nuestro futuro con claridad y amplitud cuando conocemos el camino que nos ha conducido hasta el presente”. ¿Es valido en nuestro caso?
Este mundo “actual” nos plantea un reto a todos, pero en especial a los “directivos”, “dirigentes”, “lideres”, “jefes”, en general, y, ahora, el ciudadano, el pueblo, el elector, esta reclamando un liderazgo basado mas en la capacidad de persuadir a los demás y menos, en nada, en la imposición autoritaria de ordenes. Esta reclamando un coordinador(a), un líder y/o una líder diseñador(a) de futuro, capaz de concebirlo y compartirlo con el ciudadano, el pueblo, y alcanzarlo juntos.
Y, tengo la impresión, que uno de los principales problemas que tiene la agrupación de partidos, por ahora, es la falta de predisposición a la acción.
Allí, se traduce al publico, que se toman mas del tiempo necesario para pensar, hablan y discuten demasiado, planifican demasiado y realizan poco, falta la actuación, la movilización estratégica; la acción, es casi imperceptible, con relación a las necesidades y demandas del pueblo, del ciudadano. Y, de paso, están cortos en la información (propaganda), en la comunicación, y en el manejo de una plataforma tecnológica de comunicación adecuada.
Es imperceptible la organización masiva de la colaboración de los opositores entre ellos y para con los “movimientos sociales” existentes y en formación y en oposición.
Aspectos resaltantes: a. Develar el y/o los fracasos del régimen, uno por uno, bien documentados; b. denuncia de hechos concretos (informar, comunicar, divulgar, actos, reuniones, manifestaciones, etc., presentar ante los órganos competentes, seguimiento desde el principio hasta el fin); c. presentar soluciones, alternativas, nuevas realidades; c. confiar en los ciudadanos, el pueblo, ya que son el único sujeto que lucha por su propio bienestar todos los días y a cada momento, lucha por romper las cadenas que este régimen quiere imponer. Todos debemos romper las cadenas. ¡Unidad para romper las cadenas!
Avívense, pónganse y recarguen las pilas, las neuronas, vivimos hoy a la velocidad de internet, redes, etc., las organizaciones políticas, electorales, basadas en el principio de permanencia eterna y quietud están fuera de foco, desubicadas. Seguimos en el próximo.
Tips:
¿Habrá que hacer un referéndum para impedir el gasto excesivo en armamento? ¿Otro para colocarle limite al endeudamiento público de este régimen? ¿Otro para dejar claro que lo cívico, lo civil, debe prevalecer sobre lo militar?
¿Qué pasa con la selección del Contralor? ¿Quién controla y verifica los gastos de este régimen? ¿Cobran, pagan y se dan el vuelto?

“Ninguna nación occidental tiene que construir un muro a su alrededor para mantener a su pueblo dentro de ella”.
Margaret Thatcher (Margaret Hilda Roberts), “La Dama de Hierro”, “La Baronesa Thatcher”, Inglesa, 1925 -, política conservadora, Primer Ministro 1979-1990.

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