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lunes, 16 de diciembre de 2013

NARCISO GUARAMATO PARRA,PANEGIRICO A MADIBA



No importa cuán estrecho sea el camino,

cuán cargada de castigo la sentencia.
Soy el amo de mi destino;
soy el capitán de mi alma.


El 18 de julio de 1818 nace en Mvezo, una diminuta aldea en la rivera del río Mbashe, en el distrito de Umtata, Sudáfrica,  un niño de nombre de Rolihlahla, que en idioma xhosa, quiere decir literalmente “arrancar una rama de un árbol” y que coloquialmente se traduce como “revoltoso”, nombre promisorio de su desempeño ante una de las mayores aberraciones del ser humano, el “Apartheid”.      
 
Perteneciente a la gran nación xhosa, y como muestra del mayor respeto, este niño va a ser llamado con el nombre de su clan, Madiba, Posteriormente, en su primer día de colegio, Rolihlahla Mandela, recibiría el nombre Cristiano de “Nelson”, nombre con que se reconoce a uno de los líderes más grande del siglo XX, Nelson Mandela, o simplemente Madiba.
¿Pero quien fue este hombre?, recién fallecido a los 95 años de edad, ¿Por qué es considerado un gran líder de su pueblo? ¿Qué hizo?. Trataremos de contestar estas preguntas, en el poco espacio que nos permite este medio.

 Richard Stengel, redactor jefe de la revista “Time”, un periodista británico, que compartió la intimidad de Mandela cuando lo ayudaba en la redacción de su autobiografía, “un largo Camino a Casa”, nos describe al hombre de la siguiente forma: “Nelson Mandela es un hombre con muchas contradicciones. Es duro, pero se le hiere con facilidad. Es sensible a cómo se sienten los demás, pero a menudo no presta atención a los que tiene más cerca. Es generoso con el dinero, pero cuenta los peniques a la hora de dar una propina. Nunca pisará un grillo o una araña, pero fue el primer comandante de la rama militar del Congreso  Nacional Africano. Es un hombre del pueblo, pero disfruta la compañía de las celebridades […] Su físico es una mezcla de Rey Africano y aristócrata británico. Parece un caballero victoriano  con dashiki (prenda de gran colorido utilizada por los hombres africanos) de seda. Es de modales elegantes, después de todo, los aprendió en los colegios británicos coloniales de directores que leían a Dickens cuando aún este escribía […] es meticuloso. Coge pañuelos de papel de una caja y vuelve a doblarlos individualmente antes de guardarlo en el bolsillo delantero. Duerme en un lado de su cama extragrande, y deja el otro prístino e intacto. Se levanta antes del amanecer y hace la cama a conciencia, ya esté en su casa o en un hotel. He visto la cara de estupor  de los encargados de los hoteles cuando lo encuentran haciendo la cama. Detesta llegar tarde y considera que la impuntualidad es un defecto […] Es una persona irresistiblemente encantadora, sabedora que lo cautivará, de una u otra manera. Es atento, elegante, atractivo y, para usar una palabra que detestaría, seductor. Y se esfuerza en ello. Averiguará todo lo que pueda sobre ti antes de reunirse contigo. 

Cuando salió en libertad, leía los artículos de los periodistas y los elogiaba individualmente con detalles concretos […] El encanto es político y personal. La política es en última instancia, cuestión de persuasión, y él se considera a sí mismo no tanto el Gran Comunicador como el Gran Persuasor.” (Richard Stengel. 2010. “El legado de Mandela”. Planeta)

            La Descripción detallada presentada por Stengel, de un hombre humilde, que se educó para subir de estrato social, fue en la realidad un aristócrata, educado para ser en su Adultez, el consejero del Rey. Mandela se graduó de abogado y ejerció su profesión. La vida lo llevó a la política sudafricana o como el nos señala: “No puedo precisar en qué momento se produjo mi politización, Ser Negro en Sudáfrica supone estar politizado desde el momento de nacer, lo sepa uno o no. Los niños africanos nacen en hospitales para negros, les lleva a casa en autobuses sólo para negros, viven en barrios exclusivamente de negros y, si  asisten a ella, acuden a acuden a una escuela donde únicamente hay niños negros.” Mandela. 2010. “El largo camino hacia la libertad”:106).

            Creció en un país gobernado por la minoría blanca. “La declaración formal de los principios que alentaba el partido gobernante (National  Party) era conocida como «Apartheid». Era una palabra nueva, pero que resumía una idea ya vieja. Significa literalmente «segregación», y representaba la codificación en un sistema opresivo de todas las leyes y normas que habían mantenido a los africanos en una posición de inferioridad respecto a los blancos durante siglos.” (Mandela. Ob.Cit.:121)

            Muy joven, y bajo la tutela de Walter Sisulu (1912-2003), dirigente del Congreso Nacional Africano (CNA), comienza su  largo camino hacia la libertad de su pueblo. Escala toda la jerarquía del CNA, hasta encargarse de la creación del “Umkhonto we Sizwe”, el brazo armado del Congreso Nacional Africano. En el año 1962 es capturado y puesto tras las rejas. Su cautiverio duró un poco más de 27 años. La mayor parte de este tiempo la pasó en la prisión de Robben Island, ubicada a 12 Km de la costa de la Ciudad del Cabo.

            Pasar 27 años en prisión es una dura prueba para cualquiera y es capaz de derribar la más fuerte de las voluntades. Sin embargo, Mandela, un fanático de la educación, “…la educación es el gran motor del desarrollo personal. Sólo a través de ella la hija de un campesino se puede convertir en médico, el hijo de un minero puede llegar a ser director de la mina, o el de un granjero puede llegar a ser el presidente de una gran nación (suponemos que en este caso se refería  a su caso). Lo que separa a una persona de otra es el partido que consigue sacar de lo que tiene a su disposición, no lo que obtiene sin esfuerzo…” (Mandela. Ob. Cit.:176)  se dedicó a estudiar, a convertirse en el líder que necesitaba su pueblo.

            Veintisiete años en prisión  te enseña a muchas cosas entre ellas la paciencia, practicar lo que él llama el juego largo. De joven Mandela era impaciente: quería el cambio para ayer. La cárcel le enseñó a ir más despacio, y reforzó su sentido de que la prisa conduce al error y a los juicios equivocados. Sobre todo, aprendió a posponer la gratificación. (Stengel: Ob. Cit.:127) Aprendió un nuevo idioma el de sus enemigos, el “Afrikáanns”. Esto le permitió hablar con sus carceleros para estudiarlos y comprender sus sentimientos. Comenzó a leer su literatura; la lectura de la historia afrikáner le enseñó también algo sobre su forma de luchar: lo ingenioso y astuto que eran, cuan decididos y tenaces.

            Mandela, estando todavía en prisión, sin que se enterase su propio partido, el CNA, inició negociaciones, con el gobierno de Frederik De Klerk , Presidente de Sudáfrica, con la cual se logró la libertad de todos los presos políticos (Mandela fue el último en salir, ya el no permitió su liberación hasta que todos fueran puestos en libertad) y el fin del apatheid. El comité del premio Nobel de la Paz les concedió el premio Nobel a Mandela y De klerk, en el año 1993.

            Mandela  había  conseguido con el diálogo lo que no pudo alcanzar con las armas. Finalmente fue el primer hombre negro en ser elegido presidente y en vez de tomar el camino de la venganza, que quería un gran porcentaje  de su pueblo, tomó el camino de la paz y la integración interracial. Es curioso que haya utilizado el deporte como medio para lograr este fin, como se ilustra excelentemente en la película dirigida por Clint Eastwood, “Invictus”, protagonizada por Morgan Freeman y Matt Damon, basada en el libro "El Factor Humano" de John Carlin.

            Nelson Rolihlahla Mandela, fue el hombre, el líder y el ser  humano que admiramos al comprender la magnitud de lo que logró. A los 95años, Madiba entra en el panteón de los inmortales a ocupar su asiento junto  a Mahatma Gandhi, el Dr. Martin Luther King y la madre Teresa de Calcuta. Madiba terminó su largo caminar hacia la libertad de su pueblo.

Narciso Guaramato Parra
@guaramatoparra


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sábado, 7 de diciembre de 2013

CARLOS VILCHEZ NAVAMUEL, NELSON MANDELA HA MUERTO, SU MENSAJE SERA ETERNO,

El abogado y político Nelson Mandela murió a la edad de 95 años, fue conocido en su país, Sudáfrica, como Madiba, un título honorífico otorgado por los ancianos del clan de Mandela; también lo llamaron Tata;  fue el primer presidente de la República de Sudáfrica (1994-1999) elegido por la vía democrática mediante sufragio universal. 

Wikipedia nos informa queNelson Mandela nació el 18 de julio de 1918 en Mvezo, Unión de Sudáfrica, un poblado de 300 habitantes cerca de Umtata en el Transkei. Pertenecía al clan Madiba de la etnia xhosa, fue uno de los 13 hijos, que tuvo su padre Gadla Henry Mphakanyiswa y era su vez era bisnieto de rey (Ngubengcuka, que falleció en el año 1832); su madre era Nonqaphi Nosekeni Fanny tercera de las esposas de Gadla Henry Mphakanyiswa.”   

La misma fuente nos dice que fue “Después de la creación del Partido Nacional Sudafricano en 1948, con su política de segregación racial, (el apartheid), cuando Mandela cobra importancia dentro del Congreso Nacional Africano, especialmente en la Campaña de desobediencia civil de 1952, y el Congreso del Pueblo de 1955, en el que la adopción de la "Carta de la Libertad" provee el programa principal en la causa contra el apartheid. Durante esta época, Mandela y el abogado Oliver Tambo dirigen un despacho de abogados que proporciona consejo legal de bajo costo a muchos negros que de otra manera no hubieran tenido representación legal. Inicialmente comprometido con los métodos no violentos de resistencia, siguiendo la inspiración de Gandhi, Mandela y otros 150 compañeros son arrestados el 5 de diciembre de 1956 y sentenciados a prisión, que cumplen entre 1956 hasta ser liberados en 1961, cuando se les declaró no culpables.”  Y agrega que  “Nelson Mandela fue arrestado en 1962 por sabotaje, además de otros cargos, y condenado a cadena perpetua y encarcelado en la prisión de Robben Island, donde permaneció durante dieciocho del total de veintisiete años de presidio. En la cárcel, su reputación creció y llegó a ser conocido como el líder negro más importante en Sudáfrica. En prisión, él y otros realizaban trabajos forzados en una cantera de cal.”  Se dice que  cuando salió de allí no podía llorar debido a que el polvo de los trabajos forzados habría dañado sus glándulas lacrimales. 

Mandela recibió más de 250 reconocimientos y muchos premios entre ellos: la Orden del Águila Azteca (2010), Orden del Mérito de la FIFA (1998), Orden al Mérito del Reino Unido (1995) Premio Nacional de la Paz (1995), Premio Nobel de la Paz en 1993, Premio de la Paz de Mahatma Gandhi, Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional (1992) y Doctor Honoris Causa por 8 universidades.

Mario Vargas Llosa describió a Mandela como “El estadista sudafricano que  transformó la historia de su país de una manera que nadie creía concebible y demostró, con su inteligencia, destreza, honestidad y valentía, que en el campo de la política a veces los milagros son posibles.”  http://www.ultimahora.com/elogio-nelson-mandela-n700322.html

Entre las frases más famosas de “Madiba”  recordamos las siguientes: "Si yo tuviera el tiempo en mis manos haría lo mismo otra vez. Lo mismo que haría cualquier hombre que se atreva a llamarse a sí mismo un hombre". "Me gustan los amigos que tienen pensamientos independientes, porque suelen hacerte ver los problemas desde todos los ángulos". "Nunca me he considerado un hombre como mi superior, ni en mi vida fuera, ni dentro de la cárcel".   "La muerte es algo inevitable. Cuando un hombre ha hecho lo que él considera como su deber para con su pueblo y su país, puede descansar en paz. Creo que he hecho ese esfuerzo y que, por lo tanto, dormiré por toda la eternidad".  "Yo no tenía una creencia específica, excepto que nuestra causa era justa, era muy fuerte y que estaba ganando cada vez más y más apoyo". “Conoce bien a tus enemigos… y aprende de ellos.”  

En su última visita a Sudáfrica, el presidente Barack Obama afirmó que “El exmandatario sudafricano Nelson Mandela, es un héroe para el mundo y agregó que su legado perdurará pese al paso del tiempo.” Dijo además que “Mandela ha sido una inspiración para él mismo. Y  que el tiempo que Mandela estuvo encarcelado y su aparición como líder de la reconciliación demostró lo que es posible cuando “la gente virtuosa, la gente de buena voluntad, trabaja junta por una causa mayor”.  http://gestion.pe/politica/barack-obama-nelson-mandela-heroe-mundo-2069751   

Luego antes de regresar  expresó  “El mensaje de Mandela será eterno”  “Porque está extraído de las elecciones que dio con su vida, una de las cuales es que, si África como continente puede actuar junto, si sus países están unidos, si se resisten a ser divididos por tribus, razas o religiones, entonces el levantamiento de África continuará”.  El gráfico que acompaña este escrito capta muy bien este comentario.  http://internacional.elpais.com/internacional/2013/06/28/actualidad/1372440322_377692.html

Ha muerto un gran hombre, ejemplo para su país y para el mundo, la humanidad recordará su sacrificio y su trabajo.






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JESUS ELORZA GARRIDO, NELSON MANDELA, UN HOMENAJE SOLIDARIO DEL DEPORTE VENEZOLANO

Son pocos los seres humanos con una fuerza interior capaz de generar cambios extraordinarios en el mundo. Una de esas figuras es Nelson Rolihlahla Mandela, para quien un simple adjetivo calificativo no es suficiente, porque él, es el símbolo de valores como la libertad, la paz, el perdón y la reconciliación, todos tan necesarios en los albores del siglo XXI, por eso en su tierra lo llaman simplemente “Madiba”, como muestra de respeto y reconocimiento a su sencilla pero profunda sabiduría.

En la soledad de la cárcel revisó sus ideas e hizo una autocrítica radical de sus convicciones
Mandela estuvo 27 años en la cárcel, identificado como el prisionero número 466/64, lo que significa que fue el preso número 466 del año 1964 en la Isla de Robben. Durante los primeros 17 años vivió en condiciones precarias, confinado a trabajos forzados en una cantera de cal;  como preso político no tenia privilegios, recibía una ínfima ración diaria de comida, y sólo se le permitía recibir una visita y una carta cada seis meses. Sin embargo, en este tiempo de penuria, su reputación creció y llegó a ser conocido como el líder negro más importante en Sudáfrica.

“Lo que cuenta en la vida no es el mero hecho de haber vivido. Son los cambios que hemos provocado en la vida de los demás lo que determina el significado de la nuestra”

El mundo cambio el 11 de febrero de 1990, y no sólo para Nelson Mandela o para su país, cambió para todos, cuando el hombre, ya convertido en leyenda, salió en libertad, y emprendió un nuevo camino para demostrar su talante y la fortaleza de sus convicciones. Era el símbolo antiapartheid, pero pocos sabían realmente quien era este individuo de 71 años maltratado tras 27 años de encierro e injusticias, incluso mucho dudaron si estaría a la altura del monumento que se había construido alrededor de su figura. Pero el sencillo, menudo y contundente Madiba  superó las expectativas en cuanto a presencia, carisma, encanto y lucidez, desde la primera vez que apareció ante los medios, cuando afirmó que la fórmula para el fin del Apartheid era “reconciliar las aspiraciones de los negros con los temores de los blancos”.

Habría que ir a la Biblia, a aquellas historias ejemplares del catecismo que nos contaban de niños, para tratar de entender el poder de convicción, la paciencia, la voluntad de acero y el heroísmo de que debió hacer gala Nelson Mandela todos aquellos años para ir convenciendo, primero a sus propios compañeros de Robben Island, luego a sus correligionarios del Congreso Nacional Africano y, por último, a los propios gobernantes y a la minoría blanca, de que no era imposible que la razón reemplazara al miedo y al prejuicio, que una transición sin violencia era algo realizable y que ella sentaría las bases de una convivencia humana que reemplazaría al sistema cruel y discriminatorio que por siglos había padecido Sudáfrica. Yo creo que Nelson Mandela es todavía más digno de reconocimiento por este trabajo lentísimo, hercúleo, interminable, que fue contagiando poco a poco sus ideas y convicciones al conjunto de sus compatriotas, que por los extraordinarios servicios que prestaría después, desde el Gobierno, a sus conciudadanos y a la cultura democrática.

“Todo parece imposible hasta que se hace”

Mandela es el mejor ejemplo que tenemos —uno de los muy escasos en nuestros días— de que la política no es sólo ese quehacer sucio y mediocre que cree tanta gente, que sirve a los pillos para enriquecerse y a los vagos para sobrevivir sin hacer nada, sino una actividad que puede también mejorar la vida, reemplazar el fanatismo por la tolerancia, el odio por la solidaridad, la injusticia por la justicia, el egoísmo por el bien común, y que hay políticos, como el estadista sudafricano, que dejan su país, el mundo, mucho mejor de como lo encontraron.

Los Entrenadores Deportivos de Venezuela recordamos con orgullo solidario que Nelson Mandela, el 28 de Julio de 1991, fue distinguido como Presidente Honorario de nuestra organización gremial como un merecido homenaje a la figura de un hombre que representaba para el mundo entero la lucha contra la oprobiosa discriminación del Apartheid.

El Presidente del Colegio de Entrenadores de Venezuela notificaba a Mandela su designación como “Presidente Honorario” de la organización.
Valencia, Estado Carabobo 28/07/1991.

Jesus Elorza Garrido 
jesuselorza@hotmail.com

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viernes, 5 de julio de 2013

MARIANELLA SALAZAR, EL EJEMPLO DE MADIBA

El domingo pasado el Gobierno sorpresivamente transmitió por el “canal de todos los venezolanos” la película Invictus –1999– dirigida por Clint Eastwood y protagonizada por Morgan Freeman en el papel del presidente sudafricano Nelson Mandela, y Matt Damon, desempeñando a Francois Pienaar, capitán del equipo sudafricano de rugby, los Springboks.

Se trata de una historia real, de un drama deportivo a través del cual el espectador puede entender los esfuerzos hechos por Nelson Mandela por construir una política de reconciliación entre la mayoría negra, que fue oprimida durante el apartheid, y la minoría blanca. De los métodos que utilizó para desmantelar el odioso régimen del apartheid, sacar a su país del hoyo, construir una sociedad multirracial y lograr la igualdad política.

El mensaje intrínseco en Invictus es la reconciliación, que puede aliviar las tensiones sociales y evitar guerras civiles. ¿Cuál fue la intención de asomar ideas tan edificantes a través de un canal de televisión donde a diario, y en todo horario, linchan moralmente a dirigentes demócratas de Venezuela y el mundo? No hay cambio de señas en la planta oficial, porque el lunes volvieron a las mismas andadas de siempre, agarraron de sopa a los dirigentes estudiantiles y profesores universitarios que libran una lucha en defensa de la autonomía universitaria, los calumniaron e insultaron como hacen siempre con el resto de los venezolanos que critican y disienten de la revolución bolivariana.

Es una excelente iniciativa la de repasar a través de películas, documentales y libros la vida, obra y pensamiento de Mandela, un verdadero revolucionario, sabio, generoso, culto, que nunca dejó de luchar por la justicia y la igualdad de los derechos políticos. Ese es el gran legado que deja este premio Nobel de la Paz a toda la humanidad.

Si la persona que autorizó la transmisión de Invictus en horario estelar ha hecho otra lectura, no entendió el verdadero mensaje y me alegro que esa película haya llegado hasta los espectadores más radicales y sectarios, que hayan podido conocer y comprender la dimensión del líder sudafricano, capaz de perdonar a aquellas personas que lo encerraron en una prisión durante casi 30 años, que construyó un país nuevo, sin discriminaciones, donde todo el mundo pudo hablar libremente, criticar sin miedo a que lo metieran preso.

En una Venezuela degenerada por una crisis de valores, donde se ha degradado tanto la forma de hacer política y se promueve la violencia, incluso en las instituciones –como sucede en la Asamblea Nacional–, es un logro que al menos un funcionario, que hace vida en un mundo en el cual se desprecia al contrario, donde reinan la intolerancia y los sentimientos de venganza, haya tomado la iniciativa de exhibir en la pantalla un filme que exalta cualidades que escasean más que muchos productos de primera necesidad: la moral y la decencia, que en política son virtudes paradigmáticas.

Posiblemente no hubo intención de hacer pedagogía política al transmitir la cinta sobre Mandela; pudo ser consecuencia de algún imprevisto que siempre surge en las programaciones de los medios audiovisuales, pero el resultado fue muy oportuno, porque en un momento de fuertes presiones sociales, lo único que impedirá que estallen y se lleven al gobierno bolivariano por los cachos es unir las dos porciones de país, la que ejerce con unos energúmenos el control de la nación, de sus recursos y de su gente, y la de una multitud –sin duda, la mayoría– que se resiste a ser sumisa.

Necesitamos hombres como Mandela, mediadores y conciliadores que puedan unir al país más dividido del mundo, como fue Sudáfrica en la época del apartheid. 

@AliasMalula

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martes, 2 de julio de 2013

MARIO VARGAS LLOSA, ELOGIO DE NELSON MANDELA.

Nelson Mandela, el político más admirable de estos tiempos revueltos, agoniza en un hospital de Pretoria y es probable que cuando se publique este artículo ya haya fallecido, pocas semanas antes de cumplir 95 años y reverenciado en el mundo entero. Por una vez podremos estar seguros de que todos los elogios que lluevan sobre su tumba serán justos, pues el estadista sudafricano transformó la historia de su país de una manera que nadie creía concebible y demostró, con su inteligencia, destreza, honestidad y valentía, que en el campo de la política a veces los milagros son posibles.

Todo aquello se gestó, antes que en la historia, en la soledad de una conciencia, en la desolada prisión de Robben Island, donde Mandela llegó en 1964, a cumplir una pena de trabajos forzados a perpetuidad. Las condiciones en que el régimen del apartheid tenía a sus prisioneros políticos en aquella isla rodeada de remolinos y tiburones, frente a Ciudad del Cabo, eran atroces. Una celda tan minúscula que parecía un nicho o el cubil de una fiera, una estera de paja, un potaje de maíz tres veces al día, mudez obligatoria, media hora de visitas cada seis meses y el derecho de recibir y escribir sólo dos cartas por año, en las que no debía mencionarse nunca la política ni la actualidad. En ese aislamiento, ascetismo y soledad transcurrieron los primeros nueve años de los veintisiete que pasó Mandela en Robben Island.

En vez de suicidarse o enloquecerse, como muchos compañeros de prisión, en esos nueve años Mandela meditó, revisó sus propias ideas e ideales, hizo una autocrítica radical de sus convicciones y alcanzó aquella serenidad y sabiduría que a partir de entonces guiarían todas sus iniciativas políticas. Aunque nunca había compartido las tesis de los resistentes que proponían una “África para los africanos” y querían echar al mar a todos los blancos de la Unión Sudafricana, en su partido, el African National Congress, Mandela, al igual que Sisulu y Tambo, los dirigentes más moderados, estaba convencido de que el régimen racista y totalitario sólo sería derrotado mediante acciones armadas, sabotajes y otras formas de violencia, y para ello formó un grupo de comandos activistas llamado Umkhonto we Sizwe, que enviaba a adiestrarse a jóvenes militantes a Cuba, China Popular, Corea del Norte y Alemania Oriental.

Debió de tomarle mucho tiempo —meses, años— convencerse de que toda esa concepción de la lucha contra la opresión y el racismo en África del Sur era errónea e ineficaz y que había que renunciar a la violencia y optar por métodos pacíficos, es decir, buscar una negociación con los dirigentes de la minoría blanca —un 12% del país que explotaba y discriminaba de manera inicua al 88% restante—, a la que había que persuadir de que permaneciera en el país porque la convivencia entre las dos comunidades era posible y necesaria, cuando Sudáfrica fuera una democracia gobernada por la mayoría negra.

En aquella época, fines de los años sesenta y comienzos de los setenta, pensar semejante cosa era un juego mental desprovisto de toda realidad. La brutalidad irracional con que se reprimía a la mayoría negra y los esporádicos actos de terror con que los resistentes respondían a la violencia del Estado, habían creado un clima de rencor y odio que presagiaba para el país, tarde o temprano, un desenlace cataclísmico. La libertad sólo podría significar la desaparición o el exilio para la minoría blanca, en especial los afrikáners, los verdaderos dueños del poder. Maravilla pensar que Mandela, perfectamente consciente de las vertiginosas dificultades que encontraría en el camino que se había trazado, lo emprendiera, y, más todavía, que perseverara en él sin sucumbir a la desmoralización un solo momento, y veinte años más tarde, consiguiera aquel sueño imposible: una transición pacífica del apartheid a la libertad, y que el grueso de la comunidad blanca permaneciera en un país junto a los millones de negros y mulatos sudafricanos que, persuadidos por su ejemplo y sus razones, habían olvidado los agravios y crímenes del pasado y perdonado.

Habría que ir a la Biblia, a aquellas historias ejemplares del catecismo que nos contaban de niños, para tratar de entender el poder de convicción, la paciencia, la voluntad de acero y el heroísmo de que debió hacer gala Nelson Mandela todos aquellos años para ir convenciendo, primero a sus propios compañeros de Robben Island, luego a sus correligionarios del Congreso Nacional Africano y, por último, a los propios gobernantes y a la minoría blanca, de que no era imposible que la razón reemplazara al miedo y al prejuicio, que una transición sin violencia era algo realizable y que ella sentaría las bases de una convivencia humana que reemplazaría al sistema cruel y discriminatorio que por siglos había padecido Sudáfrica. Yo creo que Nelson Mandela es todavía más digno de reconocimiento por este trabajo lentísimo, hercúleo, interminable, que fue contagiando poco a poco sus ideas y convicciones al conjunto de sus compatriotas, que por los extraordinarios servicios que prestaría después, desde el Gobierno, a sus conciudadanos y a la cultura democrática.

Hay que recordar que quien se echó sobre los hombros esta soberbia empresa era un prisionero político, que, hasta el año 1973, en que se atenuaron las condiciones de carcelería en Robben Island, vivía poco menos que confinado en una minúscula celda y con apenas unos pocos minutos al día para cambiar palabras con los otros presos, casi privado de toda comunicación con el mundo exterior. Y, sin embargo, su tenacidad y su paciencia hicieron posible lo imposible. Mientras, desde la prisión ya menos inflexible de los años setenta, estudiaba y se recibía de abogado, sus ideas fueron rompiendo poco a poco las muy legítimas prevenciones que existían entre los negros y mulatos sudafricanos y siendo aceptadas sus tesis de que la lucha pacífica en pos de una negociación sería más eficaz y más pronta para alcanzar la liberación.

Pero fue todavía mucho más difícil convencer de todo aquello a la minoría que detentaba el poder y se creía con el derecho divino a ejercerlo con exclusividad y para siempre. Estos eran los supuestos de la filosofía del apartheid que había sido proclamada por su progenitor intelectual, el sociólogo Hendrik Verwoerd, en la Universidad de Stellenbosch, en 1948 y adoptada de modo casi unánime por los blancos en las elecciones de ese mismo año. ¿Cómo convencerlos de que estaban equivocados, que debían renunciar no sólo a semejantes ideas sino también al poder y resignarse a vivir en una sociedad gobernada por la mayoría negra? El esfuerzo duró muchos años pero, al final, como la gota persistente que horada la piedra, Mandela fue abriendo puertas en esa ciudadela de desconfianza y temor, y el mundo entero descubrió un día, estupefacto, que el líder del Congreso Nacional Africano salía a ratos de su prisión para ir a tomar civilizadamente el té de las cinco con quienes serían los dos últimos mandatarios del apartheid: Botha y De Klerk.

Cuando Mandela subió al poder su popularidad en Sudáfrica era indescriptible, y tan grande en la comunidad negra como en la blanca. (Yo recuerdo haber visto, en enero de 1998, en la Universidad de Stellenbosch, la cuna del apartheid, una pared llena de fotos de alumnos y profesores recibiendo la visita de Mandela con entusiasmo delirante). Ese tipo de devoción popular mitológica suele marear a sus beneficiarios y volverlos —Hitler, Stalin, Mao, Fidel Castro— demagogos y tiranos. Pero a Mandela no lo ensoberbeció; siguió siendo el hombre sencillo, austero y honesto de antaño y ante la sorpresa de todo el mundo se negó a permanecer en el poder, como sus compatriotas le pedían. Se retiró y fue a pasar sus últimos años en la aldea indígena de donde era oriunda su familia.

Mandela es el mejor ejemplo que tenemos —uno de los muy escasos en nuestros días— de que la política no es sólo ese quehacer sucio y mediocre que cree tanta gente, que sirve a los pillos para enriquecerse y a los vagos para sobrevivir sin hacer nada, sino una actividad que puede también mejorar la vida, reemplazar el fanatismo por la tolerancia, el odio por la solidaridad, la injusticia por la justicia, el egoísmo por el bien común, y que hay políticos, como el estadista sudafricano, que dejan su país, el mundo, mucho mejor de como lo encontraron.

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viernes, 21 de junio de 2013

JOSE FELIX DIAZ BERMUDEZ, NELSON MANDELA, ESTADISTA,

Nelson Mandela es uno de los hombres esenciales de nuestra época. Su nombre se vincula al de los grandes forjadores del mundo moderno: Gandhi, Roosevelt, Churchill, King.

Nelson Mandela es uno de los hombres esenciales de nuestra época. Su nombre se vincula al de los grandes forjadores del mundo moderno: Gandhi, Roosevelt, Churchill, King, defensores eminentes de la humanidad, de los derechos y de la libertad.

Abogado opuesto a la desigualdad de los negros en Sudáfrica, participó en numerosas causas en defensa de ellos, enfrentando un sistema de leyes injustas, de despojo y discriminación, que condenaba a la represión y la pobreza por creencias de dominio racial.
Mandela se destacó como líder político y uno de los más activos impulsores de las reformas. Su postura era decididamente a favor del desmantelamiento del “apartheid”, así como de todas las medidas racistas, reclamando la igualdad legal, la justa distribución de las riquezas y el cese de las expropiaciones contra las mayorías oprimidas.

Adquirió progresiva relevancia como uno de los líderes del African National Congress (Gandhi, por su parte, había fundado en 1894 el Congreso Nacional Hindú) y su vida se desenvolvió entre el terrible dilema de “obedecer la ley y obedecer a nuestra conciencia”, como señalaba. Optó por esta última, lo que le deparó persecuciones y condenas.

Durante 20 años en la cárcel de Robben Island, fue objeto de aislamiento y tuvo que realizar trabajos forzados, y, sin embargo, siguió creyendo en la existencia de una nación multirracial, en la cual no pretendía la expulsión de los blancos ya que, como indicaba: “Son de aquí; éste es su hogar”.

Una vez liberado de prisión, reconocido por su gran autoridad política y moral, al haber alcanzado la presidencia de la República, Mandela no desató innobles sentimientos de venganza y de odio, de violencia y desquite contra sus enemigos, sino, por el contrario, logró integrar a su nación, fortalecer la democracia, dictar leyes de reconocimiento e igualdad, asegurar la convivencia en paz de sus conciudadanos, obra singular que le sitúa en el nivel de los grandes estadistas, esos capaces de transformar su tiempo y realizar el porvenir.

Mandela es un demócrata auténtico. Opuesto al sistema comunista, ha sostenido siempre su apego a las libertades políticas y al ejercicio de elecciones democráticas. Su concepto político lo expresó al señalar: “Estábamos inspirados por la idea de una república democrática en la cual todos los sudafricanos gozaran de derechos humanos sin la menor discriminación; en la cual africanos y no africanos pudieran vivir en paz, compartiendo una nacionalidad común y una lealtad común a este país…”. Su concepto de democracia y de igualdad adquiere particular relieve al requerir: “una constitución que garantice derechos democráticos a todos los sectores de la población”, la cual era necesaria y posible no obstante la injusticia que existió en su país.

Mandela es el artífice de la nueva Sudáfrica, es el líder que transformó a su nación sin destruir la unidad y la paz. Una misma patria para todos los hombres es su legado eterno contra todo egoísmo, contra toda exclusión, contra todo sistema que impida y arrebate: ¡igualdad, democracia, derechos, libertad...!

 jose felix diaz bermudez 
jfd599@gmail.com

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