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viernes, 12 de junio de 2015

JESÚS ALEXIS GONZÁLEZ, MUCHO DINERO Y POCO BIENESTAR

Iniciemos recordando las funciones del dinero: medio de pago--se puede usar para comprar bienes y servicios--, unidad de cuenta—los precios se expresan en términos de dinero--, depósito de valor—se puede ahorrar para transferir recursos hacia el futuro--; funciones que se engloban en su condición de dinero fiduciario—es aceptado porque la gente tiene la confianza que lo podrá utilizar para comprar--, siendo que cuando pierde su valor ante la presencia de una destructiva inflación incluida la no anticipada (asociada con la incertidumbre), se induce un “desinterés” por tenerlo tal como aconteció durante la hiperinflación alemana cuando alguien olvidó un canasto lleno de billetes y se lo robaron…pero dejaron los billetes al lado.

Ha de señalarse, que la emisión de dinero debe estar respaldada por la producción del país (antes se hacía con oro), ya que en caso contrario esa emisión adquiere la condición de dinero inorgánico herramienta a la cual acuden los gobiernos cuando presentan déficit fiscal y no tienen posibilidad de aumentar los ingresos por la vía tributaria (impuestos); o lo que es lo mismo ¡necesitan dinero y simplemente lo imprimen! Tal accionar, se traduce en inflación como malvada equilibradora y desestimuladora de ese deseo por adquirir productos y servicios ¡que no existen!, en razón de haberse aumentado excesivamente la emisión monetaria sin que medie previamente un incremento en la oferta originando obviamente un exceso de demanda o inflación de demanda—la capacidad de producir se mueve a una velocidad muy inferior a la de la demanda—al extremo que no puede ser atendida haciendo uso de la capacidad de producción que estuviese ociosa; dejando por sentado que cuando la velocidad de crecimiento de la liquidez monetaria (monedas y billetes, depósitos a la vista, de ahorro y a plazo) supera la capacidad de compra se origina una pérdida de valor de la moneda (el bolívar para nuestro caso) como consecuencia de esa inflación. Así expresado, los principales efectos negativos de la inflación podemos resumirlos en que el dinero pierde su poder adquisitivo, el costo nominal de los bienes y servicios aumenta y se hace presente el indeseable (pero obligante) “costo de menú”—ajuste de algunos precios para mantenerlos alineados con la inflación--; en el entendido que la elevación de precios condiciona desfavorablemente y de manera simultánea a los actores socioeconómicos: al consumidor le disminuye la capacidad de compra, le restringe las posibilidades de ahorro y le estimula la desconfianza hacia la moneda hasta inducirle una demanda anticipada (compro ahora o nunca) colocando a la economía en un umbral hiperinflacionario; mientras que al productor le dificulta prever nuevas inversiones ante la contracción del flujo de caja como reacción a unos precios congelados y rezagados con respecto al aumento que experimenta la estructura de costos; aunado al resquebrajamiento de los precios relativos que elimina cualquier forma de comparación y de ¡competencia!.

Resulta conveniente mencionar, que la perversa emisión de recursos para financiar el gasto público (al margen de su pertinencia y eficiencia) y para mantener alto el tipo de cambio indujo que la inflación acumulada 1999-2014 alcanzara un 3.150%, la emisión de dinero inorgánico se moviera en un 9.600% desde un 4% del PIB en 2009-2011 a un 8% en 2012-2014 y la sobrevaluación se situara en un 2.600%; al tiempo que el financiamiento (compra de deuda) del BCV a PDVSA se ubicó a marzo 2015 en Bs 925.000 millones, mientras que la liquidez monetaria a mayo 2015 se ubicó en Bs 2.372.117 MM.

Desafortunadamente para la economía, y especialmente para el bienestar de los venezolanos, el Gobierno continua aumentando el gasto público—sin contar con ingresos ordinarios—provocando un déficit fiscal permanente (¡estructural!) que luego intenta cubrir con emisión de dinero inorgánico invadiendo, por una restricción de su autonomía, una prerrogativa del BCV (¡nunca del Gobierno!) a la luz de recibir bonos gubernamentales (¿?) y pagares de PDVSA (¡!), complementado tanto con endeudamiento interno (pan para hoy hambre para mañana) que a la fecha alcanza un monto superior a los US$ 60 millardos, al igual que haciendo uso de las reservas internacionales (divisas y oro) al extremo de reducirlas al 26/05/15  hasta US$ 17.390 millones (¡70% en oro!) y situarlas al menor nivel alcanzado desde 1997; conformando una “crisis de balanza de pagos” que terminará por derrumbar el régimen cambiario, habida cuenta de mantenerse una paridad fija del tipo de cambio ¡sobrevaluada!—utilizándola como estrategia antinflacionaria (¿?)—que ya resulta insostenible en razón a que el BCV no cuenta con dólares para mantenerla, propiciando de tal forma un contexto de crisis cambiaria que indefectiblemente conducirá a más devaluaciones a menos que se flexibilice y se deje flotar el tipo de cambio (con eliminación progresiva del control de cambio) en un escenario de adelgazamiento del Estado que pase por rescatar la credibilidad en sus intenciones económicas, y muy especialmente que ajuste la oferta monetaria al monto de las reservas internacionales.

Concluimos con una interrogante: ¿hasta cuándo el Gobierno seguirá financiando el déficit fiscal con emisión continua de dinero inorgánico, estimulando la malvada inflación? De nuestra parte inferimos que la economía está a punto de colapsar, y que la ¡¡paciencia del venezolano se agotó!!

Jesús Alexis González
Jagp611@gmail.com         
@jesusalexis2020

08/06/2015 EL ENVÍO A NUESTROS CORREOS AUTORIZA PUBLICACIÓN, SIN COMUNISMO UN MUNDO MEJOR ES POSIBLE, ESTO NO PUEDE CONTINUAR, TERCERA VIA, DESCENTRALIZAR, DESPOLARIZAR, RECONCILIAR, DEMOCRACIA PARLAMENTARIA, LIBERTARIO ACTUALIDAD, NACIONALES, VENEZUELA, NOTICIAS, ENCUESTAS, INTERNACIONAL, ALEMANIA, ESTADOS UNIDOS, ESPAÑA, COLOMBIA, ARGENTINA,

martes, 22 de julio de 2014

OSCAR GARCIA MENDOZA, UN DURO FUTURO PARA LA BANCA

Durante casi todo el período del castrochavismo los mercados han tenido alta liquidez monetaria. Ha sido producida por el gasto público desmedido y el control de cambios férreo. La liquidez crea una ilusión de prosperidad y el control es una fuente de corrupción.


Cuando hay mucho dinero en la calle, cuando el gobierno gasta de forma exagerada todos, de una manera u otra, reciben efectivo, con el que pueden acceder a la compra de bienes y servicios. Si mucho dinero está detrás de pocos bienes estos suben de precio. Es la Ley de la Oferta y la Demanda. Esta teoría no es nueva, la Escuela de Salamanca del siglo XVI hablaba de ella.




El gasto desmesurado, la enorme liquidez producen inflación y escasez. Suben los precios de los bienes y servicios y  todo comienza a desaparecer. Inflación y escasez.



Un sector de las empresas del país lo siente de forma distinta.  Ese sector es la banca. Cuando hay mucho dinero en la calle este termina depositado en los bancos que son los agentes de intermediación. Reciben el dinero de los agentes superavitarios (los depositantes) y lo colocan a un interés diferencial entre los deficitarios (los prestatarios) obteniendo un beneficio. Cuando la liquidez es grande los intereses tienden a bajar -tanto los activos como los pasivos-. Tienen mucho dinero en sus cuentas y deben prestarlo.



La banca en estos momentos tiene una enorme, gigantesca, liquidez y enfrenta dilemas: ¿Cómo hacer para rentabilizar la operación? ¿Cómo prestar ese dinero a deudores solventes? Resulta difícil y frustrante. El gobierno, que ha producido el incremento de la masa monetaria, se da clara cuenta y la utiliza entonces para obtener sus fines.



Crean los créditos dirigidos u obligatorios. Se les impuso a los bancos, bajo pena de enormes y desproporcionadas multas, prestar porcentajes importantes del dinero de los depositantes a sectores que no llenan las condiciones requeridas para que los depositantes estén garantizados. 



También, aprovechando la liquidez, emiten bonos y letras del tesoro, sin provisión de pago, para continuar incrementando el gasto corriente y por ende la ilusión de bienestar que creen los mantendrá en el poder. El BCV imprime dinero sin respaldo que termina en la banca.



Esta combinación es explosiva. La banca, aparentemente, luce solvente. Al existir mucha liquidez si un deudor no le puede pagar al banco X, le es sencillo acudir al banco Y, quien le prestará. Si el gobierno no tiene como cubrir los pagos de los bonos y las letras que ha emitido, simplemente emitirá más y los bancos se las compraran. Este círculo vicioso no dura por siempre.



En algún momento o las circunstancias o algunas mentes sensatas deberán decidir que la inflación no puede continuar, pues afecta muchísimo a los más pobres y detiene el desarrollo de la economía. La receta, universalmente aceptada, es reducir la liquidez y realizar una serie de ajustes coherentes. Se  incrementan los intereses, se reduce el gasto público, se suben los encajes legales a los bancos,  se libera el cambio, etc. Cualquiera de esas medidas, o una combinación de ellas, tendrán un efecto detonante en la banca.



Al reducirse la liquidez comienzan las dificultades. Con tasas de interés más altas muchos de sus deudores no les podrán pagar (la morosidad) y los depositantes aspiraran a mejores tasas, con lo cual se reduce el diferencial, o se hace negativo. Si se aumenta el encaje legal entonces una buena parte de la liquidez del banco se queda sin remuneración y ello incide en sus resultados. Los bonos y letras del tesoro dejan de ser atractivos y pueden tener dificultades en su pago. Además la mayor parte de los depósitos de los bancos es de personas jurídicas que esperan la disponibilidad de divisas para efectuar transferencias.


La banca no ha vivido por muchos años una situación de iliquidez. La última fue a principios del milenio, luego del paro, cuando los bancos tuvieron que solicitar al gobierno que impusiera el control de cambios.


Aquí está el problema. ¿Cómo hará la banca para enfrentar la iliquidez?



Oscar Garcia Mendoza

@ogarciamendoza

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miércoles, 18 de abril de 2012

ANALITICA.COM / EDITORIAL / MUCHO DINERO, POCAS SOLUCIONES / MIÉRCOLES, 18 DE ABRIL DE 2012

El Gobierno puede disponer de miles de millones de dólares a su propio criterio sin previas autorizaciones del Poder Legislativo. Lo malo está en que esa avalancha de bolívares no se está sintiendo en un progreso real del país
Es inocultable el derrame de recursos del Gobierno hacia variadas iniciativas y programas. Con grandes reservas a libre disposición del presidente Chávez por la deliberada fijación del dólar petrolero para el Presupuesto Nacional a menos del 50 % del precio promedio internacional, el Gobierno puede disponer de miles de millones de dólares a su propio criterio sin previas autorizaciones del Poder Legislativo.
Lo malo está en que esa avalancha de bolívares no se está sintiendo en un progreso real del país. Puede que muchos venezolanos pobres estén siendo beneficiados con becas, pensiones, asignaciones y en menor grado viviendas, pero las cifras nos muestran día tras día que la inflación no se detiene con su consecuente deterioro progresivo del salario y de la capacidad de compra y consumo de la inmensa mayoría de las familias, que los servicios públicos -léase electricidad y Metro, sólo dos ejemplos- siguen siendo abrumadoramente deficientes, la inseguridad continúa desangrando al país y violentando el derecho a la vida tranquila de los venezolanos de todos los niveles socioeconómicos, la escasez se mantiene como una realidad en todos los establecimientos comerciales, sume y siga.
Un año electoral y sus particulares objetivos son comprensibles y nada nuevos, pero no explican en absoluto la permanencia de la falta de eficiencia en el logro de resultados que beneficien efectivamente a todo el país y no sólo a una parte. Esos votos conquistados resultan exageradamente caros para todos.
Envíe sus comentarios a editor@analitica.com

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