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LA LIBERTAD, SANCHO, ES UNO DE LOS MÁS PRECIOSOS DONES QUE A LOS HOMBRES DIERON LOS CIELOS; CON ELLA NO PUEDEN IGUALARSE LOS TESOROS QUE ENCIERRAN LA TIERRA Y EL MAR: POR LA LIBERTAD, ASÍ COMO POR LA HONRA, SE PUEDE Y DEBE AVENTURAR LA VIDA. (MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA) ¡VENEZUELA SOMOS TODOS! NO DEFENDEMOS POSICIONES PARTIDISTAS. ESTAMOS CON LA AUTENTICA UNIDAD DE LA ALTERNATIVA DEMOCRATICA
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jueves, 1 de mayo de 2014

RAFAEL BELLO, INVENCIBLE EN LA CALLE

La libertad se defiende en las calles, donde el pueblo lucha y vence

Con la certeza que se abriga cuando el acontecer de la libertad se muestra evidente por la persistencia y razón de la lucha, el mundo democrático siente que el pueblo venezolano va camino a la recuperación de las libertades públicas. Analistas avezados, estudiosos de los complejos problemas sociales y políticos, así lo observan y remarcan en su agenda de trabajo. La certidumbre de una Venezuela en pos de recobrar su dimensión de nación libre y democrática, no es una actitud romántica, sino que significa la decisión ciudadana de ponerle término a un régimen marcadamente servil totalitario.

Es de advertir todo cuanto tiene lugar en el ámbito que rodea la vida venezolana, donde la conspiración internacional se regodea con el aprovechamiento de nuestros recursos. Pero Venezuela es inmensa y no hay mal que dure tanto tiempo, por lo que ya se está en sintonía con lo que es inevitable: la vigencia de la democracia para la reconstrucción nacional. Esa es la lucha persistente en las calles de Venezuela por el cambio. No es la formalidad expresa de la manera exquisita que propugnan los serviles de componendas infamantes.

La firmeza de las convicciones democráticas avanza en la lucha con un nuevo liderazgo digno, decente, valiente y prominente en la vigencia del Estado de Derecho. Ese que se asume en la lucha para abrirle cauce a las instituciones en el proceder democrático. Un pueblo que sabe, ahora más que nunca, lo que significa la entrega de la vida por la libertad. La libertad se defiende en el escenario de siempre: las calles, donde el pueblo lucha y vence.

Venezuela es un país saqueado por la arpía codiciosa de la delincuencia política que oprime y asesina. El accionar de los diversos sectores tiene en la protesta nacional en las calles la fortaleza de su espíritu democrático con la juventud estudiantil que suma voluntades.

Rafael Bello
bello.rafael@yahoo.es
@unidadylagente

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lunes, 18 de noviembre de 2013

CARLOS BLANCO, EL INVENCIBLE IMPERIO DEL CAOS, TIEMPO DE PALABRA

"Hoy la pregunta es si Maduro manejará el caos o si este se lo terminará de tragar"

EL INVENCIBLE IMPERIO DEL CAOS

¿Hay especulación? Es decir, ¿que todo el que puede sube los precios y que se hace sin orden ni concierto, como si fuera una casa de locos? ¡Cierto! Es una casa de locos y la responsabilidad esencial de lo que el Gobierno llama especulación, es suya. En medio del caos hasta la pequeña parcela de cada cual, su minifundio de intereses, está sumido en la vorágine. 

Todo es caos: Maduro y los precios, la Asamblea Nacional y el albergue La Casona, las cárceles y sus custodios, los pranes de adentro y los de afuera. Por eso resulta pueril ver a Nicolás en su empeño de que los precios salgan de la punta del fusil porque hay ganancias excesivas. Y más patético aún a algunas buenas almas opositoras que en su empeño lamentable de ser "neutrales", aseguran que "si bien hay especulación indebida, no menos cierto es que tampoco se justifican los saqueos", como si lo uno y lo otro no fueran consecuencia de lo mismo. El justo término medio, neutral, entre el represor y el reprimido; ni con uno ni con otro; en contra de "los radicales de lado y lado" y toda esa apestosa retórica de falso diálogo, camuflado en inocencia. Uff...!

En Venezuela no hay ley. Todo el andamiaje constitucional y legal es un parapeto que el régimen usa mientras le convenga para los efectos de la opinión pública internacional. El país ve el desarrollo de un nuevo golpe de estado posmoderno. Sus elementos son: la toma de la AN para lograr el diputado adicional que votó el adefesio habilitante; los tumultos en los comercios en una operación de asedio programado contra un enemigo artificial; los comerciantes; las milicias del PSUV prevenidas al bate en un proceso de ocupación de las calles con la endeble excusa de proteger el vaciamiento de los anaqueles; sucesos en el marco de unas elecciones que el Gobierno se dispone arrebatar -si puede-, suspender o colocar en el marco de una ofensiva brutal contra "los ricos" y la oposición.

DÓLAR CELESTIAL.

Véase el caso del dólar. ¿A quién se acusa de su vuelo sideral? ¿Quién es el responsable de esa elevación mística de la lechuga verde? Giordani y Chávez quisieron echarle la culpa a las casas de bolsa y a varios de sus directivos; unos cuantos fueron a parar a la cárcel en medio del indecible goce del monje criminal. El dólar siguió elevándose aun con los "culpables" presos. Y siguió y sigue.

Si usted lo que hoy compra con 1.000 bolívares mañana lo tiene que comprar con 1.500, lo que usted intenta es preservar el valor de su dinero. Tiene dos formas: una es convertir sus bolívares en dólares (por eso en la revolución bolivariana el dólar es el bien más apetecido); otra, es comprar cuanto bien duradero pueda (vehículos, los mágicos electrodomésticos, neumáticos, bujías, lo que sea). Usted sabe que si deja sus bolívares en el banco o debajo del colchón, hoy valen menos que ayer y mañana menos que hoy.

El Gobierno incrementa la cantidad de bolívares en la calle (bonos, aumentos de sueldos, misiones, liberalidades, y más bonos) y al hacerlo el precio en bolívares de las mercancías sube por esa cosa horrible que todavía Nicolás no entiende, que es la relación entre demanda y oferta. Claro que podría haber más bienes en la calle para comprar, pero hay que importarlos si no se producen en el país, pero... no hay ni cama para tanta gente ni dólares para tanta necesidad. ¿Y por qué no se producen esos bienes en el país? Porque en casos la producción doméstica ha sido sometida a ruina o porque no es competitivo o tecnológicamente viable producirlos.

El dólar oficial es la mercancía más preciada en una situación ruinosa como la actual. Y fuera de los dedicados a tarjetas de crédito, enfermos, estudiantes y otros, los negociados consisten en conseguir dólares a Bs. 6.30, importar lo que sea y vender al dólar incógnito cuya cuantía es un secreto que sólo comparten venezolanos y extranjeros. En esa brecha se han hecho fortunas en pocos días o semanas, tanto por los que reciben como por los que asignan.

LA ESPECULACIÓN.

Hay quienes suben los precios hasta que pueden y, permítase a este narrador decirlo, es una conducta racional en un ambiente caótico. Si usted no sabe si va a ser expropiado mañana, si le van a obligar a vender por debajo del costo, si la gente del gobierno no entiende que usted tiene que vender el producto hoy no lo por lo que le costó sino por lo que le va a costar volverlo a poner en los anaqueles, si puede ocurrir que a algún camarada se le ocurra que usted gana mucho, si usted conoce que es imposible programar no ya para cinco años sino para cinco semanas, si usted admite que a lo mejor al diputado fulano se le antoja proponer una ley para impedir que usted se embolse lo suficiente para viajar cuatro veces al año, si pasa todo eso, aunque tenga mala prensa y signifique remordimiento, va a intentar maximizar su beneficio de corto plazo. Esto lo han entendido muy bien los del gobierno que han comprado vehículos blindados y sin blindaje, apartamentos para estrenar, motocicletas de alta cilindrada, plasmas y plasmas, y hasta la fecha no se les había aguado el ojo.

En sociedades estables en las que se respete la ley, un modesto 5% de ganancias obtenido regularmente a lo largo de los años, es más apetecido que 100% en una sociedad en la que hoy usted está arriba, mañana asediado, pasado mañana preso o exiliado, y siempre con un Giordani en el pescuezo a ver si usted es socialista estoico o capitalista gozón.

CAOS.

El caos está instalado. Se come a Maduro y, sabiéndolo, intenta navegarlo con mayor desparpajo que el conocido. Hoy la pregunta es si él manejará el caos o si este se lo terminará de tragar. No le está yendo mal estos días en que naufraga la sociedad y gana votos con los "precios justos", pero no evita con esas jugadas su propio naufragio a mediano plazo.

Se acabaron las leyes, las reglas de tránsito, de urbanidad, de buena conducta. La fuerza, como última razón de todo acto, se blande desnuda en la punta de las armas de soldados, policías, ladrones, atracadores, guerrilleros, narcos y guardaespaldas. La Constitución, la de Maduro, yace en la cuneta de esto que quiso ser una revolución y se volvió un circo patético.

Sobrevive a toda esta historia el deseo de los próceres de tener más -muchos están llenos, gordos de cuerpo y de bolsillo-. También existe la compulsión de los empresarios de obtener en semanas lo que no saben si podrán obtener en meses. Pero lo más significativo es que el pueblo llano, con una comprensión profunda de la farsa que expresa el régimen, en el momento indicado deja de atender la cháchara inútil del socialismo y se vuelca, esperanzado, a llenarse de mercancías a como dé lugar.

Una revolución que terminó hace rato, a la que solo le queda la represión policial y judicial, así como la orgía del consumo a "precios justos", carece de fuerza moral y de aliento para seguir.

 Twitter @carlosblancog

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viernes, 6 de septiembre de 2013

LUIS UGALDE, ¿CORRUPCIÓN INVENCIBLE?

El político Gonzalo Barrios hace unas décadas sentenció agudamente que en Venezuela se roba porque no hay razones para no hacerlo. Lamentablemente, los hechos parecían darle la razón. Más adelante, un Presidente desde su solemne tribuna “revolucionaria” afirmó que en Venezuela muchos tenían justificadas razones para robar. Ahora, desde el Gobierno, se dice: “Si no acabamos con la corrupción, ella acabará con nosotros”. ¿O ya lo hizo?

Es un chiste decir que Maduro y su predecesor no han podido combatir la corrupción  porque la población y la Asamblea Nacional no les han dado un especial poder habilitante para legislar.

Corrupción no es solamente el robo, es también el nepotismo que ha florecido de manera frondosa y descarada en los últimos años, empezando por la familia presidencial. Corrupción es el nombramiento de personas incompetentes e ineptas para los cargos por el mero hecho de ser leales a la “revolución”. En consecuencia, en sus manos se hundirá esa empresa, ministerio o instituto. Corrupción es apropiarse del poder judicial para ayudar a los míos y a la “revolución”, y perseguir a los otros. Corrupción es despojar a la mitad del país de su condición respetable por no ser del partido oficial, ni comulgar con el fracasado modelo soviético-cubano, y es elaborar listas para expulsarlos de su trabajo y convertirlos en delincuentes “fascistas” y “lacayos del imperialismo”. Corrupción es desviar los ingresos petroleros en lugar de invertirlos para incrementar la capacidad productiva nacional de bienes y servicios prioritarios y generar más trabajo fructífero. Corrupción es no producir para 70% más pobre del país una educación de calidad que les permita salir de la pobreza y disuadir a los que tienen vocación de educadores con una descalificada carrera y pobremente remunerada; es dejar que los hospitales públicos se caigan a pedazos, abandonar las políticas de salud, pagar una miseria al personal y empujar a los médicos fuera del país. Corrupción es tratar los bienes públicos como botín privado de un grupo que se los apropia para sí y los suyos, y con especiales facilidades e impunidad para los que ejercen altos puestos.

La corrupción no es una fatalidad sino la falta de voluntad eficaz y competente para vencerla por su carencia de virtudes públicas, transparencia y sanciones. Cuando la sociedad y las empresas están ante funcionarios que se compran y venden, la corrupción se vuelve ley porque, como dijo Guzmán Blanco: “Aquí ningún negocio prospera sin mi bendición, ni fracasa si yo participo y respaldo”. La oscuridad y falta de transparencia, cultivadas sistemáticamente en las finanzas y presupuestos multimillonarios son criaderos de corruptos. Si además le preparamos el piso cultural haciendo creer que somos un país riquísimo, donde lo público no cuesta sino que llueve del cielo, fomentamos la cultura del saqueo y de la corrupción.

Si los recursos son abundantes como el aire, no es delito despilfarrar, sin ahorrar, invertir, sin  crear, sin rendir cuentas, sin producir ni administrar bien. Éste es el mejor terreno para que la población tolere y cultive la corrupción y la apropiación de lo público, siempre que se deje algo para los demás. Corrupción es impedir que se enseñe en la escuela el “no matarás”, “no robarás”, “amarás al prójimo como a ti mismo”; es también anunciar una Constitución como “la mejor del mundo” y violarla cuando impide adueñarse del poder y perpetuarse en él. Corrupción es obligar a los medios de comunicación social a deformar y ocultar la realidad o vender lo falso como verdadero.

Se me acaba la página y no puedo mencionar los cientos y cientos de casos escandalosos y multimillonarios que se han denunciado y no han sido investigados porque son de “nuestro bando” (ver el Estado Delincuente de Carlos Tablante y Marcos Tarre Briceño).

¿No les parece una tomadura de pelo decir que con todo esto el Ejecutivo nada puede hacer sin poderes especiales “habilitantes” para el Presidente y si la Asamblea no le concede sus funciones de legislar? ¿No sería mejor que renunciara si no puede?

La primera fuente de anticorrupción es la responsabilidad ciudadana y el respeto a la dignidad de los venezolanos con la profunda convicción de que los actos de robo, corrupción y asesinato son atentados a la vida digna de los venezolanos, sobre todo de los más pobres. Es lamentable que estas cosas tan sencillas y evidentes se conviertan en politiquería y nos quieran tapar el sol con un dedo.

lugalde@ucab.edu.ve

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