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domingo, 15 de marzo de 2015

PEDRO CORZO, LOS DESAPARECIDOS DEL CASTRISMO

Se suele creer que las dictaduras ideológicas no incurren en crímenes extrajudiciales y menos aun practicar la desaparición de  quienes se les oponen, no porque sean más tolerante que el despotismo uniformado, sino porque como controlan las instituciones del estado, legitiman cualquier crimen por horrible que haya sido.
No obstante en Cuba, aunque la pena de muerte se ha aplicado miles de veces, hay muchos desaparecidos.
El más notorio es Andrew de Graux Villafana, cuya hermana, Mary, lleva décadas reclamando a la dictadura cubana información sobre su hermano.
Andy, ciudadano estadounidense por vía paterna, con menos de 19 años, se unió a las guerrillas del  Escambray para luchar contra el castrismo.
El joven guerrillero fue herido en la finca Limones Cantero durante un enfrentamiento con las milicias el 13 de septiembre de 1962. Recibió dos balazos. Uno de los proyectiles entró por el hombro, impacto la quinta vértebra dejándolo inmóvil.
Capturado fue conducido al hospital de Trinidad, su pueblo natal, a dos cuadras  de la casa de sus padres.  Conocía al médico y le pidió que avisara a su madre, pero otro galeno, mas represor que curador, Cuco Lara,  ordenó que el herido fuera sacado de la sala y recluido en un cuarto aislado, en consecuencia,cuando los padres llegaron al sanatorio, no lo pudieron ver.
No recibió atención médica. Después de ser torturado física y psicológicamente, le trasladaron por orden de la Seguridad del Estado al hospital de Cienfuegos.
Mientras, la madre de Andy, Maria, visitó a la delegación suiza en La Habana que representaba a Estados Unidos en Cuba. Se entrevistó con un funcionario, pero las gestiones fueron infructuosas.
Recuerda Mary que su hermano había sido operado por el doctor Rodriguez Marcoleta. La cirugía fue un éxito, pero la familia seguía sin saber de él.
El 18 de septiembre el galeno Rodriguez Marcoleta fue a ver a Andy.No lo encontró. Preguntó por el operado y le respondieron que había muerto. En la morgue pidió ver el cadáver, tampoco estaba.
Días después la Seguridad del Estado le pidió que firmara el certificado de defunción de Graux Villafana, a lo que el médico se negó rotundamente.
Mary de Louise de GrauxVillafaña, quien no cesa en la búsqueda de su hermano, también expresa preocupación por otros jóvenesdesaparecidos que se alzaron en armas contra la dictadura.
Recuerda a los hermanos Pedrozo y los Becerra, quienes también se habían sumado a los insurgentes. Los cuatro jóvenes trinitarios fueron absorbidos por la tierra en la que habían nacido.
Desaparecidos están Orlando Collazo y Lázaro Fernández. Se supone que murieron en combate. Los restos de Fernández según algunas versiones, fueron expuestos en el parque del pueblo de Guao, pero sus familiares nunca vieron su cadáver. Tampoco  informados de su muerte.
Hace varios años la señora Yolanda Ibáñez, presentó al Comité Cubanos Pro Derechos Humanos en La Habana, Cuba, una denuncia por la desaparición de su padre, el agricultor Carlos M. Ibáñez, quien según las autoridades había sido arrestado y fusilado sumariamente en 1965.
La familia Ibáñez nunca ha visto el cuerpo de su deudo, ni tampoco donde fue sepultado.
Situación similar deben vivir los familiares de los 18 enterrados en una tumba colectiva, sin identificación, en el cementerio de San José de los Ramos en Colon, Matanzas.
Miles de familias cubanas, suponen que sus familiares fueron sepultados o muertos en combate, pero nunca pudieron velarlos  ni sepultarlos, aun peor, ignoran donde están los restos mortales de sus parientes.
Según investigaciones de Jose Luis Fernández Maymo, en la finca San Gabriel, Las Villas, los guerrilleros Juan Antonio Benítez, Gabriel Morales y Onelio Perez fueron abatidos por la milicia, sin embargo, es un supuesto. No hay quien atestigüé que vio los cadáveres o diga conocer donde están enterrados.
José Alberto Álvarez Bravo, ha denunciado públicamente la desaparición de Alberto Sigas, avalada con los testimonios de su esposa, Carmen Núñez Armesto y su señora madre, Elia Echevarría.
Alberto Sigas le dijo a su esposa que iría a casa de su madre el 18 de enero del 2010. Núñez Armesto hizo la denuncia y horas más tarde le informaron que Sigas estaba arrestado en Villa Marista y que antes de 72 horas estaría en su casa. Han trascurrido cinco años y Sigas sigue desaparecido.
Poco se ha escrito sobre los desaparecidos por el totalitarismo cubano y es que hasta en ese aspecto el control de la información instaurado por la dictadura le ha sido útil.
Hay mucho que investigar al respecto, por suerte el activista Álvarez Bravo, en Cuba y en Miami, el ex prisionero político Fernández Maymó, se han impuesto la tarea de investigar sobre los desaparecidos del castrismo, otra cuenta pendiente con el pueblo cubano de los hermanos Castro.

Pedro Corzo
pedroc1943@msn.com
@PedroCorzo43

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domingo, 23 de junio de 2013

ANGÉLICA MORA, DESIDIA, APUNTES DE UNA PERIODISTA, DESDE NUEVA YORK

De un tiempo a esta parte, he recibido en mi correo electrónico una serie de mensajes de mis contactos, muchos de ellos  preocupados por desapariciones de personas quienes opinaban o enviaban artículos en Internet sobre la problemática cubana y venezolana.

"La gente desaparece de Facebook", me comenta una amiga que vive en Florida.

"Le perdí la pista a un participante de twitter que era gran batallador", me dice Marcos desde Caracas. 

Es la clásica fatiga de la lucha diaria por dar a conocer los abusos que llevan a cabo los gobiernos de Cuba y Venezuela y que parece que ha afectado a muchos participantes en los debates que se llevan a cabo en la red social de Internet.

La gente se cansa de que "nada suceda" y no reacciona frente a la rutina de saber los hostigamientos e injusticias cometidos en sus respectivas patrias.

"Para qué luchar, si siempre ganan los cómodos" se queja una conocida desde Miami. quien agrega "yo siempre voy a los desfiles y protestas, pero hay mucho protagonismo y la verdadera causa se pierde en el deseo de figurar de algunos personajes en comentarios y fotos para la prensa..."

"El verdadero tema queda opacado por el "centrismo", me explica Cari, hija de un gran amigo, quien viaja desde Orlando a la Calle Ocho de Miami en fechas históricas cubanas.

"Los figurones quieren destacarse y dicen que ayudaron en Cuba a los que llegan, aunque no hayan enviado un centavo" critica otra persona, desencantada con las actividades del exilio cubano.

"Debemos unirnos en causas y no criticarnos", advierte otro mensaje.

La apatía, la frustración, el desinterés y el aburrimiento están afectando la lucha que se lleva a cabo en la diáspora cubana y venezolana.

Mientras tanto, los grupos de izquierda ganan terreno en sus respectivas campañas para perpetuar los regímenes de fuerza.

angelica mora
angelicamorabeals@yahoo.com

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sábado, 18 de mayo de 2013

MERCEDES MONTERO, LA VERDADERA HISTORIA DEL CRIMEN COMETIDO POR EL M-19 EN COLOMBIA

Síntesis  del contenido del libro DESAPARECIDOS. Autor Coronel Alfonso Plazas Vega con Prólogo del ex. Ministro Fernando Londoño Hoyos.
Ante una situación como la que se vive actualmente en el Hemisferio Occidental, en el cual todos sus pueblos están sufriendo los embates del Castro comunismo es necesario que se conozca  la verdadera historia de lo sucedido durante la toma del Palacio de Justica  colombiano, por parte del M-19 (Movimiento guerrillero) en connivencia con la mafia de los narcos, con el objetivo  de doblegar a la democracia más antigua de Latinoamérica y convertirla en un narco estado.
El año 1.985 tiene un significado especial en la historia de Colombia, ya que se libraba una cruenta guerra entre el menguado ejército colombiano y el muy adinerado narcotráfico que para nada le temía al primero. A lo único que le temía era a su extradición a USA; razón por la cual apelaron a la contratación de un verdadero ejército de abogados, entre los cuales se encontraban ex magistrados de las Cortes de Justicia quienes con mentalidad mercenaria serían capaces de cualquier cosa, para combatir el tratado que había suscrito el gobierno colombiano con USA.
La vía judicial no le era favorable a las FARC, era del conocimiento público que la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia tenía lista la ponencia para declarar válida la extradición de narcotraficantes, medida esta que contaba con respaldo unánime. Las amenazas continuas y crueles contra los jueces no habían surtido efecto. Los centenares de pliegos escritos por sus bien aceitados leguleyos, tampoco. El Tratado iba a aprobarse. A la mafia sólo le quedaba la aplicación de la violencia que sería desplegada mediante su unión con el M-19 grupo de origen comunista, cuyos miembros eran en buena parte militantes antiguos de las FARC.
Se darían dos golpes de Estado reunidos en una sola operación. Con  el primero, se asesinaría parte de la Corte y se conservaría el resto como rehén para conseguir la rendición del Gobierno y la promesa formal de que no habría extradición de colombianos. Con el segundo, el Presidente tendría que abandonar su Palacio para sentarse en una mesa de negociación abierta, nada menos que en el Palacio de Justicia, para resolver los problemas del país de acuerdo con lo expresado por el Comunismo, mezcla de Marx con discursos extravagantes sobre Justicia Social. Sobre esta base se selló la alianza para que la mafia pusiera las armas, dinero y cuanto resultara menester (su  capacidad económica, era tanta que podía ofrecer, como en efecto ocurrió, hacerse cargo de toda la deuda pública externa de la Nación, como contraprestación a los beneficios judiciales que esperaban). Las FARC pondrían el atrevimiento para desafiar con las armas y en semejantes condiciones a la más antigua y estable democracia de América Latina.
Los días 6 y 7 de noviembre de 1.985, ante la curiosa y nunca inexplicada  ausencia de la Policía de custodia,  los guerrilleros penetraron al Palacio de Justicia, previo el asesinato de sus casi inermes guardianes. Rápidamente se apoderaron de todas las instalaciones, hicieron trincheras de los sitios estratégicos, prendieron el fuego que les interesaba, asesinaron a sangre fría a unos cuantos magistrados y se dispusieron a esperar la llegada del Presidente de la República. En su lugar llegaron los soldados, que hicieron cara a los armamentos ultramodernos y a los sitios previamente definidos como los mejores por la turba asesina. Pero nada los arredró. Un puñado de héroes salvó la República y  liberó a centenares de inocentes que iban a ser masacrados, a costa de los mayores sacrificios y la vida de soldados y policías, que dejaría una inmensa cuota de dolor.
Todo terminó, muchas horas después. Cuando del Palacio en cenizas solo quedaron los últimos rescoldos, los colombianos que estuvieron a punto de perderlo todo, sintieron a salvo la libertad, la fe en el destino de Colombia y de su honor sin mancilla.  Por eso saludaron  el paso de las tropas y a su Comandante Alfonso Plazas Vega.
El número de muertos en este lamentable hecho fue de 94. Entre ellos hay 14 cuerpos sin identificar, que no corresponden ni a Magistrados, ni a guerrilleros, ni a miembros de la Fuerza Pública, ni a visitantes del palacio. Esos son los cadáveres de los desaparecidos, que no están desaparecidos sino sin identificar. Los jueces de 1986 a 1992 así lo manifestaron, y responsabilizaron de su muerte al M-19. Pero en el 2005 el Fiscal Mario Iguarán abrió una investigación de corte estalinista para condenar a los militares y exculpar a los guerrilleros del M-19, que ahora están en el poder (Petro es Alcalde de Bogotá, Navarro Wolf fue Ministro, Senador, Gobernador y ahora da clases de moral, Oti Patiño es columnista de El Tiempo, Vivian Morales fue Fiscal General de la Nación, Alirio Uribe preside el colectivo de abogados, José Alvear Restrepo que es el acusador contra Plazas Vega)
En 1985 los militares rescataron  260 personas con vida de las garras de los terroristas del M-19, ese logro en cualquier nación civilizada les hubiera permitido vivir llenos de reconocimiento por parte de la sociedad y protegidos con sus familias, sin embargo hoy están  privados de libertad y han tenido que sacar a sus hijos del país.
Entre 1985 cuando sucedieron los hechos del Palacio de justicia y 2005 hay 20 años, pero durante ese tiempo Plazas Vega fue  Jefe de Estado Mayor de una Brigada, Agregado Militar en España, Profesor en la Escuela Superior de Guerra, luego se retiró del Ejército porque el ministro Navarro Wolf (M-19) no lo dejó ascender a General, teniendo las más altas calificaciones de su promoción en todas las áreas. Ya en el retiro fue cinco años profesor universitario, Gerente de una empresa, Ministro Plenipotenciario en Sudáfrica, y finalmente nombrado por el Presidente Álvaro Uribe Vélez como Director Nacional de Estupefacientes. Es decir su vida pública se proyectaba muy bien, en dos comentarios de prensa (ambos de un par de renglones en el diario El Tiempo), mencionaban su nombre como ministeriable. De hecho la DNE era un Ministerio sin cartera. Los terroristas de cuello blanco tenían el temor de que siguiera ocupando posiciones en las cuales pudiera hacerles daño político o judicial.
Su labor en Estupefacientes fue tan sólo de dos años y medio, entre 2002 y 2004. Sin embargo en ese lapso le quitó a los diferentes carteles de la droga la suma de mil millones de dólares en bienes, razón por la cual es odiado y lo tienen condenado a muerte.  Aun así dice que nunca ha sido objeto de atentado alguno contra su vida. Salvo su traslado a la fuerza del Hospital Militar a la cárcel de la Picota en el año 2009 donde apenas permaneció nueve días y, se negó a recibir medicinas ni comida del INPEC (guardia penitenciaria). La inteligencia militar afirma que el plan era envenenarlo. No lo consiguieron. Apenas salió de la DNE  inventaron el proceso de los desaparecidos del Palacio de Justicia.
El 29 de Enero de 2012 fue condenado en Segunda Instancia por dos magistrados que no conocían el proceso. Quien lo conoció, que fue el ponente, pidió su  absolución y la revocatoria de la sentencia de primera instancia. Como los otros dos no lo secundaron,  Hermens Lara Acuña hizo el salvamento de voto. Pero aun así fue condenado por  el señor de la cafetería Rodríguez Vera y, la guerrillera Irma Franco quien si está desaparecida, porque salió viva del Palacio de justicia y fue llevada al sitio donde la Inteligencia Militar identificaba a los rescatados y determinaba su destino. Ese lugar es un museo conocido como "la casa del Florero". Allí llegó viva. Plazas Vega no tenía ninguna responsabilidad sobre el manejo de inteligencia ni de las personas que allí llegaban. Su responsabilidad terminaba cuando entregaba a ese lugar los rescatados vivos. ¿Porque lo quieren hacer responsable también de la guerrillera?
Han pasado 26 años y Colombia está de nuevo amenazada por el mismo enemigo, pero ahora las armas son distintas, mucho más sofisticadas, más mortíferas, mejor calibradas. Aquellos que no pudieron dar un golpe de Estado, ahora lo intentan por otros caminos. Les basta el artificio de una justicia indigna; los testigos falsos e inexistentes;  la ingenuidad y la cobardía de una sociedad que no sabe defenderse; se agazapan detrás de una toga y un birrete para ametrallar  honor, sentimientos,
Valores  y aspiraciones.
Los muertos del Palacio de Justicia, que el Coronel Plazas Vega demuestra en su libro DESAPARECIDOS EL NEGOCIO DEL DOLOR, que están donde dice que están, quieren ser canjeados por sus herederos por un puñado de dólares concedidos por algún tribunal de justicia. Para lo que se requiere, claro está, que Plazas Vega sea condenado por un delito que nadie ha cometido. Los supuestos desaparecidos,  no desaparecieron. Fueron cruelmente sacrificados por los compañeros de guerrilla de uno de los demandantes, un tal René Guarín.
mechemon99@yahoo.co.ukEL ENVÍO A NUESTROS CORREOS AUTORIZA PUBLICACIÓN, ACTUALIDAD, VENEZUELA, OPINIÓN, NOTICIA, REPUBLICANO LIBERAL, DEMOCRACIA, LIBERAL, LIBERALISMO, LIBERTARIO, POLÍTICA, INTERNACIONAL, ELECCIONES,UNIDAD, ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA,CONTENIDO NOTICIOSO,