BIENVENIDOS AMIGOS PUES OTRA VENEZUELA ES POSIBLE. LUCHEMOS POR LA DEMOCRACIA LIBERAL

LA LIBERTAD, SANCHO, ES UNO DE LOS MÁS PRECIOSOS DONES QUE A LOS HOMBRES DIERON LOS CIELOS; CON ELLA NO PUEDEN IGUALARSE LOS TESOROS QUE ENCIERRAN LA TIERRA Y EL MAR: POR LA LIBERTAD, ASÍ COMO POR LA HONRA, SE PUEDE Y DEBE AVENTURAR LA VIDA. (MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA) ¡VENEZUELA SOMOS TODOS! NO DEFENDEMOS POSICIONES PARTIDISTAS. ESTAMOS CON LA AUTENTICA UNIDAD DE LA ALTERNATIVA DEMOCRATICA
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viernes, 28 de noviembre de 2014

OSWALDO ÁLVAREZ PAZ, CONVIVENCIA O CAMBIO

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La más reciente diarrea legislativa, mediante decretos producto de la Ley Habilitante, obliga a conclusiones definitivas en el campo de los sectores democráticos de la nación. 

El despelote está calculadamente dirigido a la destrucción de lo poco de institucionalidad que aún conservamos. Ninguna de las disposiciones que conocemos contribuye a resolver problema alguno. 

Todo lo contrario. Los sectores afectados no tendrán ninguna posibilidad de recuperación. Están condenados a lo peor. Los pobres serán cada vez más pobres y los ricos menos ricos, con la excepción de los prevalidos del régimen, reyezuelos de la corrupción y el tráfico de influencias. 

El aparato productivo primario, la industria y el comercio condenados a muerte. También nos alejamos de tener un sistema educativo eficiente a todos los niveles y la salud convertida en vergüenza nacional e internacional. La seguridad de las personas y de los bienes, la estabilidad familiar, los trabajos estables y bien remunerados no forman parte de las prioridades del régimen. Todo lo contrario. El despelote anárquico en el mundo de las policías y organismos de seguridad, anuncian mayor represión y violencia tanto física como institucional. Paremos de contar, todo está sobre diagnosticado.

Frente a esto hay que actuar de manera irreversible. No me abandona la preocupación de ver a parte del liderazgo opositor trabajando más por la convivencia, supervivencia según algunos, que por el cambio radical que la realidad nacional nos impone a los demócratas. Es indispensable discutir a fondo, con sinceridad y sin cálculos personales o de grupo, el objetivo que nos unifique a todos en la lucha. Es la única manera de definir una estrategia que pueda ser seguido por todos, cada uno desde su particular perspectiva.

Debemos tener presente que una revolución, si es verdadera, no puede estar sometida a un orden jurídico, a una Constitución, que se le convierta en camisa de fuerza y le impida a avanzar en sus propósitos de dominación totalitaria. Para este régimen, primero van los hechos y después el Derecho, siempre de plastilina y de interpretación amplia y acomodaticia. La situación impone definir el cambio de régimen como objetivo primario de la lucha. Esto pasa por la sustitución de, eso que llaman, el alto gobierno cívico-militar, empezando por quien teóricamente lo dirige, aunque en la práctica no está muy claro el punto.

Entender que la verdadera naturaleza del problema de Venezuela no es electoral sino existencial, resulta indispensable para que en esta lucha pongamos integralmente la cabeza, el corazón y el coraje que cada quién lleva por dentro. El cambio no se logrará mediante ese diálogo pendejil que algunos solicitan a un régimen ya definido por palabras y acciones que no dejan lugar a dudas. Entre otras acciones posibles, forzar la renuncia del probadamente incompetente que está al frente de la república es perfectamente constitucional e internacionalmente legitimado mediante ejemplos a la vista.

Oswaldo Alvarez Paz
oalvarezpaz@gmail.com
@osalpaz 

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lunes, 22 de septiembre de 2014

OSWALDO ÁLVAREZ PAZ, CONVIVENCIA O CAMBIO, DESDE EL PUENTE

Con un abrazo fraterno a la familia Simonovis por el retorno circunstancial al hogar de Iván, trasmito un nuevo mensaje de aliento a quienes están decididos a luchar por el cambio. 

El país está muy mal y camina hacia peor. Nada indica que las cosas puedan mejorar a corto, ni mediano plazo. No hay manera de disfrazar la tragedia. Debemos prepararnos para una confrontación definitiva, única manera de poner punto final a la actual incertidumbre que reina en la nación.

Actualmente se presentan dos caminos: continuidad o cambio. Lo grave es que la continuidad es tan indeseable como imposible. El problema está en acertar en el camino hacia un cambio tan radical como irreversible. Necesitamos un instrumento capaz de derogarlo todo, una especie de cartucho de dinamita legal que obligue a la reconstrucción integral de la República. 

Podemos discutir la oportunidad y las modalidades para constituir al pueblo en constituyente, de abajo arriba y no a la inversa. Con seriedad y honradez integral. Ya basta de protagonismos triunfalistas del gobierno y de la oposición, de contratar multitudes como comparsas, aplaudidores de oficio a punta de dinero y comida. No es tiempo para eso.

En la oposición no podemos continuar dando pasos tan calculados, como cortos y lentos. La anhelada unidad se oxida por el inmovilismo cada día que pasa y por las oportunidades que se pierden. El impulso político necesario está en la calle y en los medios de comunicación que logran vencer la censura, aunque sea parcialmente. 

La falta de unidad afecta también a un gobierno que flota a la deriva y está sin dirección eficiente, pero tiene objetivos claros de control definidos ideológica y políticamente. El malestar crece en el oficialismo ante una dirigencia culturalmente desnutrida. No marca rumbos, ni lidera a la nación. Ya no hay misterios, sólo cosas que se ocultan y otras que se ignoran, como por ejemplo, el matiz diferencial entre la legalidad y le legitimidad. Algo nuevo irrumpirá.

Oswaldo Alvarez Paz
oalvarezpaz@gmail.com 
@osalpaz

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lunes, 15 de septiembre de 2014

OSWALDO ÁLVAREZ PAZ, CONVIVENCIA O CAMBIO, DESDE EL PUENTE

No hay espacio para comentar las terribles calamidades que soportan los venezolanos en este tiempo. Lo único cierto es que se plantea un debate de fondo, más que de forma, entre la inmensa mayoría de ciudadanos descontentos, protestatarios y de algunos hasta ahora identificados con el régimen. El tema se plantea en la MUD y en otras organizaciones opositoras. También dentro y fuera del PSUV, cuyas grietas están a la vista de todos.

Tenemos que optar entre dos caminos: continuidad o cambio. La naturaleza de ambas opciones puede tener matices diferenciales, pero terminan siendo lo mismo. Exigir y obtener modificaciones de algunas políticas económicas puede conducir a la continuidad dentro de una relativa convivencia con el régimen. Profundizar hacia el cambio verdadero necesita definiciones sobre la reconstrucción institucional de la República y la sustitución de lo actual por un régimen que lo haga posible. Definir el objetivo es indispensable para que la unidad sea verdadera y se termine el juego hipócrita de tantos intereses personales y de grupos, tanto del gobierno como de las alternativas opositoras.

El tiempo se agota después de quince años. Las opciones no van más allá de reformar para convivir o romper para la construcción de un futuro mejor. Con o sin este gobierno debemos constituir al pueblo en constituyente, de abajo hacia arriba y no al revés. 

La verdadera naturaleza del problema no es electoral, sino de principios y valores fundamentales que desaparecen. En consecuencia los demócratas no podemos continuar dando pasos demasiado cortos y demasiado lentos. Quienes asumen nuestra representación se diluyen cada día que pasa. Ya basta de triunfalismos infantiloides. 

Sabemos que la continuidad es tan indeseable como imposible de tolerar. 

El impulso necesario no está ni en la MUD ni en el gobierno. Está en la calle con la ayuda de los medios que logren vencer la censura. Algo nuevo irrumpirá. Lo viejo y agotado debe terminar.

Oswaldo Alvarez Paz
oalvarezpaz@gmail.com 
@osalpaz

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miércoles, 18 de septiembre de 2013

SAÚL GODOY GÓMEZ, EL NACIONALISMO

Isaiah Berlin estaba conteste en que, dentro de las necesidades del ser humano, éste  requiere de  comida, saciar su sed, tener seguridad, un techo y, entre las muchas cosas que necesita, precisa “pertenecer”, ser parte de una sociedad, con un mismo lenguaje, estar con gente que comparta una misma cultura, que entre ellos se sienta a gusto, que cuando hablen, no haya que explicar muchas cosas, pues todos se entienden.

Pero si además se le da la promesa y la ilusión de que van a pertenecer a un grupo dominante, con poder, a un Estado Nación con un plan histórico, con un pasado glorioso y un futuro de triunfos, la oferta puede ser demasiado tentadora, sobre todo para gente ignara, incapacitada para decidir por ellos mismos cosas tan importantes como qué hacer con sus vidas; una propuesta de esta naturaleza les resuelve todas sus angustias, ya no tienen que pensar, todo viene preparado, las preguntas y las respuestas, qué hacer y cómo hacerlo, a dónde ir, con quién estar, qué decir… sólo hay que seguir al líder, obedecer y jamás cuestionarse las razones y las consecuencias de sus actos.
El nacionalismo necesita de las masas, mientras más necesitadas e ignorantes mejor, y, por supuesto, de un líder (tratar de hacer nacionalismo sin un líder es un absurdo, pero es imposible tratar de hacerlo con un extranjero). Entre los líderes, el demagogo es el más peligroso, ya que utiliza las ideas y la palabra sin importar sus consecuencias, y al contrario de otro tipo de conductores de hombres, que usan el poder de la masa para fines constructivos y para el progreso de sus naciones, el demagogo conduce a las masas, inevitablemente, por caminos oscuros hacia la destrucción.
Eso fue lo que hizo Hitler en la primera mitad del siglo XX en Alemania, y lo que hizo Stalin en Rusia, Mao en China, Pol Pot en Camboya, Fidel en Cuba, Chávez en Venezuela; por supuesto, cada uno de esos nacionalismos tenía sus diferencias, sus características regionales e históricas, sus muy particulares líderes y circunstancias; pero, a pesar de los matices, había un trasfondo común para todos esos nacionalismos: una patria y un proyecto.
En primer lugar, tenemos que admitir que el nacionalismo representa la fuerza social más poderosa en muchos lugares del mundo, y no es exclusivo de la derecha, la izquierda lo sufre con igual intensidad y frecuencia; no importa la ideología cuando el nacionalismo revuelve las pasiones más profundas de un pueblo, y como pasión que es, apela a las más básicas y primitivas  de las pulsiones del ser humano, esas que atañen a la tribu, al grupo, al terruño, a los ancestros… por ello no es de extrañar que muchos intelectuales y personas preparadas se dejen arrastrar por esa marejada de patriotismo y supremacía, consciente o inconscientemente se entregan a la fiebre de un líder y una cultura, creen fervientemente en la superioridad de ideales y posibilidades del grupo, en sus promesas de una mayor gloria y alcances, que están fuera de las posibilidades de un individuo.
El nacionalismo necesita de una herida abierta o una humillación, el resentimiento es clave para el surgimiento de este movimiento, bien sea por un pasado colonial, una guerra perdida, una ideología diferente, la envidia a una cultura superior inalcanzable, la riqueza de los otros… Siempre hay una o varias razones que funcionan como espuelas en los ijares del pueblo y que el líder utiliza para provocar ese reclamo histórico, ese deber impostergable de hacer justicia; aquí surge el segundo ingrediente, pegadito del resentimiento y el desprecio hacia los otros, y es la creencia inculcada por el líder a las masas de un destino superior para su pueblo, primero en la negativa a seguir patrones o copiar comportamientos ¿O es que no somos tan buenos como ellos… quizás hasta mejores?  Entonces empieza el proceso de transformar en veneno todo lo que viene de “allá” para “acá”, comienza la descalificación del otro, de su sistema de vida, de su cultura, todo con la intención de alimentar el odio y definir el enemigo.
Berlin asume que se trata de un complejo de inferioridad, sublimado en uno de superioridad, con el fin de justificar agresiones, levantar muros, iniciar persecuciones, expulsar embajadores y declarar la guerra. Para ello hay que enaltecer los valores autóctonos, se devela un pasado glorioso, de grandes avances, con idearios insuperables y dignos de seguir, algunos llegan a falsificar evidencias y modificar la historia para construir una edad dorada que todo el mundo quisiera tener como suya.
De aquí nace un perverso altruismo; el deber de una nación de imponer a las otras su visión del mundo, sus costumbres, sus glorias, se transforma en un acto de “caridad” al ayudar a los otros a surgir, al civilizarlos en la verdad verdadera, esa es la misión que justifica el dominio y el conflicto.
Berlin creía en una conciencia nacional, saludable, armónica y necesaria para los pueblos; al llevarla al extremo, los nacionalistas la convirtieron en una patología. Uno de sus más nocivos catalizadores, nos señala, es la soberanía, que es cosa muy distinta a la independencia nacional; la soberanía conduce a los grupos humanos en curso directo hacia el conflicto y los enfrentamientos, es por ello que los nacionalismos tienen en la soberanía su piedra angular, la idea de soberanía sostiene todo el edificio del nacionalismo, la soberanía es y será, según Berlin, el mayor obstáculo para una convivencia mundial.

(Este artículo se basó en una entrevista para radio que le hizo Bryan Mcgee, en 1992, a Sir Isaiah Berlin). – 

saulgodoy@gmail.com


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jueves, 13 de diciembre de 2012

OCTAVIO LEPAGE, ÚLTIMA OPORTUNIDAD

Cuando Nelson Mandela, después de 27 años de cárcel, fue electo presidente, Sudáfrica era un país desgarrado por odios profundos generados por la discriminación racial (apartheid). Sin embargo, Mandela logró la convivencia. Sudáfrica es hoy un país en paz. ¡Qué diferencia!
En Venezuela se ha producido una saturación de arbitrariedades. La capacidad de los venezolanos para continuar soportando abusos oficiales se está agotando. Está por verse si seguimos cruzados de brazos ante esta arremetida final para implantar el fracaso cubano-soviético, hoy desaparecido del mapa político mundial
Con descaro, digno de mejor causa, poderosos jerarcas del gobierno, como efectista argumento disuasivo, amenazan con que las gobernaciones que gane la oposición el 16 de diciembre no van a recibir los recursos presupuestarios correspondientes, por disposición expresa de la Constitución Nacional.
La amenaza no es del todo desdeñable ya que, efectivamente, en  el periodo de gobierno que acaba de terminar las gobernaciones a cargo de la oposición nunca recibieron la totalidad de los recursos que constitucionalmente le correspondían. Tampoco los recibieron aquellas alcaldías gobernadas por la oposición.
El caso más indignante ha sido el de Antonio Ledezma, alcalde metropolitano de Caracas, que incluso fue despojado de la sede tradicional de la alcaldía. Con estos antecedentes, la amenaza podría tener efecto negativo si no se contrarresta. La verdad verdadera es que ya en Miraflores se tomó la decisión de “esfaratar” (Aristóbulo dixit) gobernaciones y alcaldías, sustituyéndolas por las comunas, si los venezolanos no nos decidimos a impedirlo.
Si la política fuese estática –y no lo es- podría tener fundamento la amenaza. Pero en Venezuela se ha producido una saturación de arbitrariedades. La capacidad de los venezolanos para continuar soportando abusos oficiales se está agotando.
Está por verse si seguimos cruzados de brazos ante esta arremetida final para implantar el fracaso cubano-soviético, hoy desaparecido del mapa político mundial. Por lo demás, a muy corto plazo, la situación económica se volverá insoportable.
Hay que prepararse para resistir esta arremetida final. Sin tomar en cuenta los imponderables, que tienen su propia dinámica incontrolable, un objetivo importante para la oposición es conservar las gobernaciones que ya tiene y conquistar otras: Anzoátegui, Monagas, Sucre, Bolívar, Guárico, por lo menos.
Es de suma importancia el tono de la campaña electoral en estos últimos días. No puede tener ritmo sosegado. Los electores, en buena parte desconcertados por el desenlace del 7 de octubre, requieren que se les inyecte optimismo, entusiasmo, voluntad de pelea y determinación de triunfar. Asimismo, que los venezolanos se den cuenta que sería funesto que este gobierno siguiera actuando sin frenos y sin controles.
Cuando Nelson Mandela, después de 27 años de cárcel, fue electo presidente, Sudáfrica era un país desgarrado por odios profundos generados por la discriminación racial (apartheid). Sin embargo, Mandela logró la convivencia. Sudáfrica es hoy un país en paz. ¡Qué diferencia!
olepageb@gmail.com

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lunes, 5 de noviembre de 2012

MIREYA LOZADA, POLARIZACION, DIALOGO Y CONVIVENCIA EN EL PAIS

Se trata de ejercer una ciudadanía responsable y comprometida con la defensa de los derechos humanos
En diciembre de 1998, al asumir la Presidencia de la República, amplios sectores nacionales cifraron sus esperanzas en Hugo Chávez. La ilusión del cambio estaba centrada en la superación de la crisis socioeconómica y política que atravesaba el país. Hoy, catorce años después y luego de los resultados electorales del 7 de octubre, Chávez continúa siendo figura central y se mantiene la ilusión del cambio, cambio que para un sector de la población sólo es posible cuando éste deje la Presidencia y, para otro, mientras se mantenga en ella. 


Esta paradójica ilusión da cuenta también de un proceso de polarización social que a la par de convocar la adhesión, la confianza y la identificación con el propio grupo, llama a despreciar, desconfiar y odiar al grupo contrario considerado enemigo. El profundo impacto psicosocial que ha generado la polarización en Venezuela se refleja también en espacios familiares, laborales, comunitarios, mediáticos, religiosos, etc., donde se reproducen las mismas actitudes de exclusión y negación del otro presente en la lucha política. 

Convivencia social 

Aun cuando la polarización constituye un eficaz mecanismo de control sociopolítico, resulta difícil social y psicológicamente mantener una postura polarizada durante tiempo indefinido. La convivencia social requiere un ámbito, así sea mínimo, de sentido común, de confianza en el Otro, de aceptación de reglas comunes para todos. Sin ese espacio y sentido compartido se dificulta la vida social. De allí, la urgencia de propiciar el diálogo entre grupos políticos hoy enfrentados. Este diálogo es indispensable para avanzar en el proceso de reconocer y respetar las diferencias y generar un debate pro positivo sobre los graves y múltiples problemas que confronta el país, los cuales difícilmente podrán ser resueltos sin la convergencia de todos. 

Dado que la polarización se apoya en actitudes y creencias que bloquean el diálogo, se requiere generar algunas claves para facilitar dicho diálogo en distintos espacios, con la concurrencia de distintos sectores políticos y sociales, que sin renunciar a sus posiciones, puedan analizar los acontecimientos, su significado y el costo social que genera la polarización al fracturar el tejido social y dividir la población en nosotros y ellos. Algunas de estas claves refieren a claridad y flexibilidad ideológica, la ruptura de la imagen en espejo o estereotipo mutuo negativo; el reencuentro con la realidad del otro, intentando entender qué es lo que "el otro" está entendiendo y qué es lo que está sintiendo y matizar la diferenciación dentro y fuera del grupo: no todos nosotros somos así, ni todos ellos son lo opuesto. 

Se trata pues de ejercer una ciudadanía responsable y crítica comprometida con la defensa de los derechos humanos, el reconocimiento del Otro, con la creación y preservación de espacios plurales de debate y participación democrática. Se trata de convivir en paz y en democracia, celebrando la diversidad de voces, rostros y sueños que somos como país. 


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domingo, 6 de mayo de 2012

ZENAIR BRITO CABALLERO, “LA CULTURA DE LA PAZ SÓLO ES POSIBLE EN UNA SOCIEDAD TOLERANTE”

La tolerancia como virtud cívica y como valor ético sigue extraviada en el ambiente político venezolano. Parece imposible lograr ese consenso mínimo, indispensable para que la democracia funcione civilizadamente; la convivencia pacífica, en medio de las diferencias,  sigue siendo una asignatura pendiente en nuestra Venezuela, porque históricamente ha prevalecido la intolerancia como práctica política nociva. De ahí han surgido los radicalismos y la larga  confrontación.

El diálogo constructivo entre contrarios no ha sido posible y parece que no bastan los cientos de miles de muertes y asesinatos de manos de la delincuencia desbordada en este socialismo del siglo XXI, para entender y aceptar que el único camino hacia la paz pasa por la tolerancia y el debate civilizado. La cultura de la paz sólo es posible en una sociedad tolerante, caracterizada por la diversidad ideológica y cultural,

Tolerar es aceptar la pluralidad en todos sus campos y expresiones. Es respetar las ideas, visiones, credos y prácticas de los demás, aunque difieran de los propios, siempre y cuando todas se ajusten a los principios, valores e instituciones sobre los cuales se sustenta la democracia.

La tolerancia, junto a la justicia, la libertad, la igualdad ante la ley, la participación ciudadana y la soberanía popular  son pilares sobre los que debe sostenerse todo régimen democrático. Obviamente no hay que confundir la tolerancia con la indiferencia ni con la permisividad ante posiciones o prácticas socialmente perjudiciales

La diversidad, la heterogeneidad, las diferencias y la pluralidad, son, desde todo punto de vista, enriquecedores y vitales porque generan interacciones, cambios, transformaciones y dinamizan los procesos sociales. La homogeneidad absoluta no es posible y sería un freno al desarrollo.

La tolerancia debe ser un compromiso de todos, de los ciudadanos, de las comunidades y desde luego del Estado. Venezuela es un país pluricultural, diverso, variado. Caraqueños, andinos, llaneros, maracuchos, guayaneses, orientales, occidentales, indígenas, etc., tenemos distintas maneras de actuar y de expresarnos y dentro de esa diversidad se dan también las diferentes visiones del mundo y de las cosas y a partir de ahí surgen las ideologías contrarias como algo consustancial a la democracia. Es así en todo el mundo. Ninguna sociedad es homogénea

En Venezuela, por desgracia, los contrarios no se reconocen como adversarios políticos sino como enemigos irreconciliables y cada uno señala al otro como único responsable del problema. No se permite el disenso, la obstinación es eliminar al contrario. La hostilidad se exacerba permanentemente y copa todos los escenarios donde deberían reinar el diálogo y la conversación constructiva.

El insulto, el agravio y la ofensa marcan un estilo practicado desde siempre y afianzado por el verbo incendiario y escatológico del teniente coronel y sus seguidores socialistas comunistas. La discriminación se ha disparado también. Todas las  expresiones vulgares a la oposición comienzan con expresiones descalificadoras, igual ocurre con los gobernadores y alcaldes no chavistas; las críticas contra su desempeño han estado siempre marcadas por el odio y el resentimiento. En un país cargado de tanta juventud, hay quienes se creen que ésta no es capaz de sacar al país de tanta desvergüenza.

Tanta intolerancia atenta contra el derecho a la vida,  crispa los ánimos y acentúa la confrontación; las amenazas contra líderes populares, políticos, sindicalistas, periodistas son intensas.

Muchos hombres y mujeres disidentes, sufren en serio, el riesgo de ser apresados, secuestrados o asesinados por bandas criminales que, con nombres como “La piedrita, “los enanos”, anuncian que “tienen la orden de apresar” a dirigentes de oposición y a miembros de organizaciones de mujeres y defensores de derechos humanos.

A todos los acusan de manejar un discurso de derecha, de inventar que hay delincuencia, desempleo, corrupción, narcotráfico, de criticar la nueva LOT y de promover la restitución de tierras expropiadas a sus respectivos dueños. Mientras tanto, los no violentos, unamos voces de paz y de reconciliación y soñemos con una Venezuela donde quepamos todos y donde prevalezcan la convivencia y la justicia social

britozenair@gmail.com

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viernes, 13 de enero de 2012

RAÚL AMIEL: DESAFÍOS

Desafíos, queridos amigos, son retos para combatir en gestas singulares; son encrucijadas en que necesitamos destrezas más que fuerzas para salir airosos; son dificultades o problemas de solución difícil, vencibles en la medida en que los encaramos con determinación y sacrificios o renunciamientos, pero sobre todo, los Desafíos son oportunidades para enfrentar los obstáculos, vencerlos y progresar en la realización.
Los Desafíos son pruebas no siempre superadas. En ellos nunca está ausente la incertidumbre, la fatiga y a veces el desconcierto. Al enfrentarlos, no rara vez nos invade el desaliento o la renuencia, la tendencia a la comodidad, o la excusa para evadirnos sin sufrir derrotas en los intentos.
Todos tenemos Desafíos. La vida entera es un proceso de incesantes y crecientes Desafíos. Venezuela tiene desafíos como Nación que anhela vivir en democracia, con la seguridad y justicia que otorga el imperio del Derecho, gozando de bienestar espiritual y material compartido por todos sus hijos.
Creo que tenemos desafíos que se arrastran por demasiado tiempo, porque a pesar de saber cómo aliviarlos o resolverlos nos falta la voluntad política suficiente para hacerlo. Y tenemos también desafíos nuevos, secuela de la modernización de nuestras Instituciones y pueblo, frente a los cuales aún carecemos de juicios certeros.
Cuando hablamos de democracia le pedimos mucho a la palabra Democracia. Parece que fuera la perfección y, por eso, siempre estamos insatisfechos, porque, como dice Rosseau, la democracia es para los dioses; nosotros, humildes mortales, no hacemos nada más que caminar hacia la democracia.
Por tanto, sin intentar responder de manera ordenada a las preguntas que se han planteado, sino de manera desordenada, para que después cada uno haga sus reflexiones, creo que una primera idea que se podría poner sobre la mesa es la siguiente: ¿Por qué le pedimos a la palabra democracia que siempre sea tan perfecta? Queremos una democracia perfecta. Pero, ¿por qué queremos esta perfección en la democracia?
La democracia es una forma de organizar la convivencia, que es el gran problema de la humanidad, y de trasladar la propia vida hacia los otros, que es un tema profundamente político. Como el tema de la convivencia no lo tenemos resuelto, recurrimos a la democracia para ver si nos ayuda. ¿Cuáles son, por consiguiente, los Grandes Desafíos de la Democracia en Nuestra Patria?
Nuestra democracia debe ser una Democracia Constitucional, no al estilo del Buen Salvaje de Rosseau en El Contrato Social, sino una democracia que comporta una manera de gobierno que se ejerce de acuerdo con un contrato que es la Constitución. Eso tiene consecuencias importantes desde el punto de vista democrático; por ejemplo, es incompatible con la revolución.
La Democracia Constitucional comporta un régimen de derechos fundamentales; comporta unos derechos básicos, como la libertad de expresión y, por tanto, está relacionada con los medios de comunicación, que tienen una tarea fundamental dentro de la Democracia Constitucional, la de crear una opinión pública libre. Por eso, la democracia se fundamenta en la concepción de que el ser humano es un ser racional, es decir, que piensa, presunción sobre la cual se ha montado el esquema democrático y que iría muy bien demostrar.
Este nuevo modelo, Democracia Constitucional, nos permitirá el tránsito efectivo y verdadero hacia la Democracia Participativa y el Estado de Derecho, permitiendo la flexibilidad necesaria para plantear con la frecuencia conveniente las acciones y las estrategias necesarias para lograr el desarrollo integral y equilibrado del país, ampliar la base de ciudadanos emprendedores que produzcan riqueza, reducir las desigualdades y sacar adelante a los grupos y regiones más necesitados.
Sobre la democracia, yo haría un diagnóstico de los problemas que me preocupan. En primer lugar, la erótica del poder (cuando alguien llega al poder le coge gusto, porque manda); en segundo lugar, la soberbia (los políticos necesitan una dosis de humildad para restaurar la idea clásica de servicio público); y, por último, los cambios generacionales. Estamos instalados en la cultura de la transición.
El descubrimiento y configuración del Estado-Gobierno anhelado en la Democracia Constitucional nos sitúa en una agenda de transformaciones honda y vasta. Por eso pensamos en la instauración del Estado Regional, entendido como instrumento para aumentar la participación social, vigorizar la democracia directiva y lograr mayor efectividad en la satisfacción de las necesidades públicas mediante la gestión de proximidad, es decir, la que acerca el servicio a la comunidad que lo recibe y donde el Ciudadano es parte activa.
Quienes así pensamos queremos, por esa vía, incrementar la gobernabilidad de la Sociedad Estatal, a través de mayores y mejores instancias de información, transparencia, control, ejecución y responsabilidad Ciudadana.
Pensamos que no hemos llegado aún a comprender y practicar la democracia como estilo de vida. Es decir, no la hemos asimilado lo suficiente como para forjar una conciencia y sentimiento que trascienda la sola forma de gobierno o elenco de reglas procesales de esa estirpe, pese a la corrección con que ellas fueron y, desde 1999, son aplicadas en Nuestra Carta Fundamental.
En otras palabras hemos entendido la democracia en cuanto conjunto de normas para que el Pueblo elija libremente, cada cierto tiempo, a determinadas autoridades y las controle a través de sus representantes.
Pero hemos olvidado que ella es, además y principalmente, un estilo y finalidad de convivencia caracterizado por la vigencia -diaria y constante de valores, tales como la participación, el respeto y la tolerancia, la solidaridad y la responsabilidad resultantes de asumir, la Sociedad misma, nuevas y múltiples actividades conducentes al bien común en términos de un desarrollo o progreso humano armónico y persistente.
Pensamos que el baluarte ante el Individuo Solo y el Estado Todo se halla en la Sociedad Civil fuerte, activa, participativa, solidaria, pero a la vez en sí misma descentralizada. Y acentuamos esta descentralización socioeconómica, pues nada o poco de avance en la renovación de nuestro Estado-Sociedad para lograr la gobernabilidad y el desarrollo armónico de Venezuela se alcanzará de mantenerse la concentración, territorial y funcional, de las decisiones y recursos privados en Caracas, o en diminutas organizaciones que resuelven desde allí.
Las reflexiones que hemos expuesto se fundan en el carácter nuestro, con sus virtudes y defectos. De ese temperamento venezolano y debemos realzar cinco rasgos culturales, porque corregirlos es parte, tal vez lo más difícil, de los Desafíos que tenemos.
En efecto, Desafío es vencer la corrupción, deteniendo su avance para no llegar a la situación dramática del colapso institucional, conscientes que esa patología es letal para la Democracia y el Derecho.
Desafío tenemos, además, por nuestra mala memoria, a raíz de lo cual no aprendemos las lecciones de la historia y, con obcecación, reincidimos en los errores aduciendo que los fracasos anteriores se debieron a sucesos ilegítimos y que necesitamos otra oportunidad para ensayar nuestros proyectos.
Desafío tenemos, en seguida, para ser transparentes, decir la verdad en donde sea, sin ocultarla ni entregarla a medias, acomodándonos en función de oportunidades y conveniencias, lograr ventajas arbitrarias, alcanzar éxito sin sacrificio, en fin, recurrir a tácticas o estrategias que son eufemismos, acuñados por quienes han militarizado la Política, para maquillar el maquiavelismo.
Desafío tenemos también para resolver diversas patologías políticas, v.gr., el odio y rencor; el instinto de venganza, aunque nunca se diga que eso no es efectivo; por último, la envidia y el resentimiento.
Desafío tenemos, finalmente, de cara a la violencia en los espíritus y las manos. Debemos erradicarla cuando se ejerce contra la naturaleza, depredándola sin pensar que las generaciones de hoy no tenemos derecho a hipotecar el bienestar de nuestros hijos; o tratándose de erradicar la violencia contra la familia evidenciada en el abuso de niños y los ataques, físicos y psicológicos, en el hogar; violencia contra la persona, patente en el atropello a sus derechos inalienables, comenzando con el derecho a la vida; violencia contra la seguridad ciudadana, a raíz de la escalada delictiva, común o sofisticada; violencia ejercida en contra de grupos, sean estratos sociales, sectores económicos o etnias; violencia en contra de los Estados, atropellados en su Soberanía e Independencia; violencia, en fin, en contra de quienes tienen fe o practican la tolerancia, arrinconados por el fundamentalismo, las sectas y el relativismo ético.
Digo entonces que los Desafíos se vencen con análisis y reflexión; con inteligencia y templanza; con prudencia y perseverancia; pero también con Coraje o Voluntad Política, como ahora se le llama.
Pienso en el Coraje más que como arrojo o bravura con el significado de una disposición del carácter, habituada a afrontar dificultades, resistir adversidades, doblegar obstáculos y, a raíz de todo eso, volverse, prueba tras prueba, más valeroso. Por lo mismo, pienso en el Coraje como una cualidad de hacernos valientes al realizar actos de valentía.
Coraje es saber elevarse sobre la comodidad y el ocio; es recordar siempre que los venezolanos debemos entendernos, aceptarnos como somos y ayudarnos; es dar antes que recibir, sin discriminaciones pero con preferencia por el desamparado y el desvalido; es identificarse con los valores del espíritu, tan acosados, impugnados o disminuidos en tiempos de desenfrenado materialismo y subjetivismo.
Tener Coraje es hacer lo que la conciencia revela que es correcto, aunque la opinión de la mayoría, la presión del ambiente o la conveniencia utilitaria indiquen lo contrario.
Tener Coraje es confiar en Venezuela y en nosotros mismos cuando otros dudan de nuestra capacidad para enfrentar y vencer los Desafíos. Los Desafíos se vencen con Coraje.
Si asumimos los Desafíos y los vencemos, entonces seremos dignos de decir que hemos superado las causas y recuerdos de las discordias, borrándolas con un olvido eterno, para avanzar en la realización del sueño de todos los venezolanos que es vivir en Paz, con Justicia y en Democracia.

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