BIENVENIDOS AMIGOS PUES OTRA VENEZUELA ES POSIBLE. LUCHEMOS POR LA DEMOCRACIA LIBERAL

LA LIBERTAD, SANCHO, ES UNO DE LOS MÁS PRECIOSOS DONES QUE A LOS HOMBRES DIERON LOS CIELOS; CON ELLA NO PUEDEN IGUALARSE LOS TESOROS QUE ENCIERRAN LA TIERRA Y EL MAR: POR LA LIBERTAD, ASÍ COMO POR LA HONRA, SE PUEDE Y DEBE AVENTURAR LA VIDA. (MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA) ¡VENEZUELA SOMOS TODOS! NO DEFENDEMOS POSICIONES PARTIDISTAS. ESTAMOS CON LA AUTENTICA UNIDAD DE LA ALTERNATIVA DEMOCRATICA
Mostrando entradas con la etiqueta CONFESIONES. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta CONFESIONES. Mostrar todas las entradas

viernes, 5 de diciembre de 2014

MARIO VARGAS LLOSA, CONFESIONES DE UN LIBERAL LATINOAMERICANO, DESDE ALEMANIA

MARIO VARGAS LLOSA
LINDAU, Alemania.- 

Agradezco muy especialmente al Consejo de los Encuentros Lindau con ganadores del Premio Nobel y a la Fundación Encuentros Lindau por invitarme a dar esta conferencia, pues de acuerdo a sus “considerandos”, han tomado en cuenta no sólo mi labor literaria sino mis ideas y opiniones políticas.
Créanme si les digo que esto es algo bastante novedoso. En el mundo en el que suelo moverme, ya sea en Latinoamérica, Estados Unidos o Europa, cuando alguna persona o alguna institución rinde tributo a mis novelas o ensayos literarios, usualmente agrega de inmediato frases como aunque discrepamos con él, a pesar de que no siempre estamos de acuerdo con él o esto no implica que aceptemos sus críticas u opiniones sobre cuestiones políticas. Aunque ya me he acostumbrado a esta bifurcación de mi persona, me alegra sentirme reintegrado por esta prestigiosa institución, que en vez de someterme a un proceso esquizofrénico, me ve como un ser humano unificado: un hombre que escribe, piensa y participa del debate público. Me gustaría creer que ambas actividades forman parte de una realidad única e inseparable.

Pero ahora, para ser honesto con ustedes e intentar responder a la generosidad de esta invitación, siento que debería explayarme con cierto detalle sobre mis posiciones políticas. Y no es tarea fácil. Mucho me temo que no alcance con decir -tal vez fuese más sabio decir que creo ser- un liberal. Ya de por sí, ese término entraña una primera complicación. Como bien saben, “liberal” tiene significados distintos y usualmente antagónicos, dependiendo de quién lo use y en qué contexto. Mi difunta y querida abuela Carmen, por ejemplo, solía decir que un hombre era liberal para referirse a sus costumbres disolutas, alguien que no sólo no iba a misa sino que además hablaba pestes de los curas. Para ella, el prototipo que encarnaba esa idea de “liberal” era un legendario ancestro mío que un buen día, allá en mi Arequipa natal, le dijo a su esposa que iba hasta la plaza del pueblo a comprar el diario, para nunca más volver. La familia no tuvo noticias de él durante 30 años, hasta que el fugitivo caballero murió en París. ¿Y por qué se escapó a París ese tío liberal, abuela? ¿Y a dónde más si no a París, hijito? ¡Para corromperse, por supuesto! Esta anécdota tal vez esté en el remoto origen de mi liberalismo y de mi pasión por la cultura francesa.

En Estados Unidos y en el mundo anglosajón en general, el término liberal tiene connotaciones izquierdistas y a veces suele asociárselo con el socialismo o con posturas radicales. En contrapartida, en Latinoamérica y España, donde la palabra fue acuñada en el siglo XIX para describir a los rebeldes que luchaban contra la ocupación napoleónica, me llaman liberal -o peor aún, neoliberal-, para exorcizarme o desacreditarme, porque la perversión política de nuestra semántica ha transformado el significado original del término -el de un amante de la libertad que se alza contra la opresión- hasta darle una connotación conservadora o reaccionaria, vale decir, un término que cuando es usado por un progresista, es sinónimo de complicidad con todas las explotaciones e injusticias que padecen los pobres del mundo.

En  Latinoamérica, el liberalismo fue una filosofía intelectual y política progresista que en el siglo XIX se oponía al militarismo y a los dictadores y que aspiraba a la separación entre la Iglesia y el Estado y al establecimiento de una cultura civil y democrática. En la mayoría de esos países, los liberales fueron perseguidos, exiliados, encarcelados o ejecutados por los regímenes brutales que con pocas excepciones -Chile, Costa Rica, Uruguay y paremos de contar-, prosperaron en todo el continente. Pero en el siglo XX, la aspiración de las elites políticas de vanguardia era la revolución, y no la democracia, y esa aspiración era compartida por muchísima gente que quería copiar el ejemplo de la guerrilla de Fidel Castro y sus “barbudos” de Sierra Maestra.

Marx, Fidel y el Che Guevara se convirtieron en íconos de la izquierda y la extrema izquierda. Dentro de ese contexto, los liberales fueron considerados conservadores, defensores del status quo, tergiversados y caricaturizados a tal punto que sus verdaderos objetivos políticos y sus ideas genuinas sólo tenían llegada a círculos muy pequeños, mientras que grandes sectores de la sociedad eran ajenos a ellos. Esa confusión sobre el liberalismo estaba tan extendida que los liberales latinoamericanos se vieron obligados a dedicar gran parte de su tiempo a defenderse de las distorsiones y ridículas acusaciones que recibían por derecha y por izquierda.

Recién en las últimas décadas del siglo XX, las cosas empezaron a cambiar en Latinoamérica, y el liberalismo empezó a ser reconocido como algo profundamente distinto del marxismo extremo y de la extrema derecha, y es importante mencionar que eso fue posible, al menos en la esfera cultural, gracias al valiente esfuerzo del gran poeta y ensayista mexicano Octavio Paz y de sus revistas Plural y Vuelta. Tras la caída del Muro de Berlín, el colapso de la Unión Soviética y la transformación de China en un país capitalista (por más que autoritario), las ideas políticas también evolucionaron en Latinoamérica, y la cultura de la libertad hizo importantes avances en todo el continente.

Más allá de eso, para mucha gente sigue siendo difícil asimilar el verdadero sentido de la palabra “liberal”, y para complicar aún más las cosas, ni siquiera los liberales parecen poder ponerse de acuerdo del todo sobre lo que significa el liberalismo y lo que significa ser un liberal. Quien haya tenido oportunidad de participar de alguna conferencia o congreso de liberales sabrá que esos encuentros suelen ser de lo más divertidos, ya que las discrepancias prevalecen sobre el acuerdo y porque como solía ocurrir con los trotskistas, cuando existían, todo liberal es a la vez un hereje y un sectario en potencia.

Como el liberalismo no es una ideología, vale decir, no es una religión dogmática laica, sino más bien una doctrina abierta y en evolución, que en vez de forzar la realidad para que ceda, se acomoda a la realidad, existen entre los liberales profundas discrepancias y las más diversas tendencias. Respecto de la religión y otros temas sociales, los liberales como yo, agnósticos y propulsores de la separación entre la Iglesia y el Estado y defensores de la despenalización del aborto, el matrimonio homosexual y las drogas, solemos ser ásperamente criticados por otros liberales que tienen opiniones opuestas sobre estas cuestiones. Esas diferencias de opinión son saludables y útiles, ya que no violan los preceptos básicos del liberalismo, a saber, democracia política, economía de mercado y la defensa de los intereses individuales por sobre los intereses del Estado. Hay por ejemplo liberales que creen que la economía es el campo donde deben resolverse todos los problemas, y que el libre mercado es la panacea para los problemas, desde la pobreza hasta el desempleo, desde la discriminación hasta la exclusión social.

Esos liberales, que son como verdaderos algoritmos vivientes, muchas veces le hacen más daño a la causa de la libertad que los marxistas, primeros campeones de la absurda teoría de que la economía es la base de la civilización, fuerza impulsora de la historia de las naciones. Eso es simplemente falso. Son las ideas y la cultura las que marcan la diferencia entre civilización y barbarie, y no la economía. La economía por sí sola, sin el puntal de las ideas y la cultura, tal vez produzca óptimos resultados en los papeles, pero no le da sentido a la vida de las personas, ni les ofrece a los individuos razones para resistir la adversidad, mantenerse unidos en la compasión, o vivir en un ambiente de verdadera humanidad. Es la cultura, ese cuerpo de ideas, creencias y costumbres compartidas -entre las cuales debe incluirse obviamente también la religión-, la que da vida y aliento a la democracia y permite la economía de mercado, con su matemática fría y competitiva de recompensar el éxito y castigar el fracaso, para evitar que todo degenere en una lucha darwiniana en la cual, como dijo Isaiah Berlin, la libertad de los lobos es la muerte de los corderos. El libre mercado es el mejor mecanismo existente para generar riqueza, y cuando se lo complementa con otras instituciones y usos de la cultura democrática puede impulsar el progreso material de una nación a los espectaculares niveles a los que nos tiene habituados. Pero el libre mercado es también un instrumento implacable que sin el componente espiritual e intelectual que aporta la cultura, puede reducir la vida a una feroz batalla egoísta a la que sólo sobreviven los más aptos.

Por lo tanto, el valor central del liberal que yo aspiro a ser es la libertad. Gracias a esa libertad, la humanidad ha podido hacer su viaje de las cavernas a las estrellas y la revolución informática, y progresar desde las variadas formas de colectivismo y asociaciones despóticas hacia los derechos humanos y la democracia representativa. Los cimientos de la libertad son la propiedad privada y el imperio de la ley. Ese sistema garantiza las menores formas de injustica posibles, produce el mayor progreso material y cultural, frena con mayor eficacia la violencia y genera el mayor respeto por los derechos humanos. Para este concepto de liberalismo, la libertad es un concepto único e integral. La libertad política y la libertad económica son inseparables, como las caras de una moneda. Y como en Latinoamérica la libertad no es entendida de esa forma, la región ha sufrido varios intentos fallidos de gobiernos democráticos.

Eso ocurrió ya sea porque las democracias que emergieron después de las dictaduras respetaron la libertad política pero rechazaron la libertad económica, que produjo inevitablemente más pobreza, ineficiencia y corrupción, o porque condujeron a gobiernos autoritarios convencidos de que sólo con mano dura y represión podría garantizarse el funcionamiento del libre mercado.

Esa es una peligrosa falacia que quedó demostrada en países como Perú, durante la dictadura de Alberto Fujimori, y Chile, bajo Augusto Pinochet. El verdadero progreso nunca ha surgido de regímenes como esos. Así se explica el fracaso de las llamadas dictaduras “del libre mercado” de Latinoamérica.

Ninguna economía libre puede funcionar sin un sistema de justicia eficiente e independiente, y ninguna reforma tiene éxito si se implementa sin el control y la crítica de la opinión pública que sólo son posibles en democracia. Quienes creyeron que el general Pinochet era la excepción a la regla porque su régimen obtuve éxitos económicos luego descubrieron, junto con las revelaciones del asesinato y tortura de miles de ciudadanos, que el dictador chileno no solo era un asesino, sino un ladrón que tenía cuentas con millones de dólares en el exterior, como el resto de los dictadores latinoamericanos. La democracia política, la libertad de prensa y el libre mercado son los cimientos de la posición liberal. Pero así formuladas, esas tres expresiones poseen una cualidad abstracta y algebraica que las deshumaniza y las aleja de la experiencia de la gente común. El liberalismo es mucho, mucho más que eso. Básicamente, es tolerancia y respeto por el otro, y especialmente por quienes piensan distinto, por quienes practican otras costumbres, veneran a otro dios o a ninguno. Al aceptar convivir con quienes son diferentes, los seres humanos dieron el paso más extraordinario en el camino hacia la civilización. Fue una predisposición o un deseo que precedió a la democracia y que la hizo posible, y que contribuyó más que cualquier descubrimiento científico o que cualquier sistema filosófico a contrarrestar la violencia y a aplacar el instinto de controlar y matar en las relaciones humanas. Es también lo que despertó una natural desconfianza en el poder, en cualquier poder, y que es como una segunda naturaleza de nosotros, los liberales.

El poder es inevitable, salvo en esas encantadoras utopías de los anarquistas. Pero el poder sí puede ser controlado y contrarrestado para que no se exceda. Es posible despojarlo de sus funciones no autorizadas que oprimen al individuo, ese ser que para nosotros, los liberales, es la piedra angular de la sociedad, y cuyos derechos deben ser respetados y garantizados. La violación de esos derechos desencadena inevitablemente una espiral de abusos que como ondas concéntricas, barren con la idea misma de justicia social.

Defender a los individuos es la consecuencia natural de creer en la libertad como valor individual y social por excelencia, porque en el seno de una sociedad, la libertad se mide por el nivel de autonomía del que gozan los ciudadanos para organizar sus vidas y trabajar en pos de sus objetivos sin interferencias injusticias, vale decir, la lucha por la “libertad negativa”, tal como la definió Isaiah Berlin en su célebre ensayo. El colectivismo era necesario en los albores de la historia, cuando los individuos eran simplemente parte de una tribu y dependían del conjunto de la sociedad para su supervivencia, pero empezó a declinar a medida que el progreso material e intelectual permitieron que el hombre dominara la naturaleza y superara el miedo al rayo, a las bestias, a lo desconocido y al otro, todo aquel que tenía otro color de piel, otro idioma y otras costumbres. Pero el colectivismo ha sobrevivido a través de la historia en esas doctrinas e ideologías que sitúan los supremos valores de un individuo en su pertenencia a un grupo específico (la raza, la clase social, la religión o la nación). Todas esas doctrinas colectivistas -nazismo, fascismo, fanatismo religioso, comunismo y nacionalismo-, son enemigos naturales de la libertad y feroces enemigos de los liberales. En todas las épocas, ese defecto atávico, el colectivismo, ha levantado su horrenda cabeza para amenazar a la civilización y arrastrarnos de vuelta a la era del barbarismo. Ayer tomó el nombre de fascismo y comunismo; hoy se lo conoce como nacionalismo y fundamentalismo religioso.

Un gran pensador liberal, Ludwig von Mises, siempre se opuso a la existencia de partidos liberales porque sentía que esas agrupaciones políticas, al intentar monopolizar el liberalismo, terminaban desnaturalizándolo, encasillándolo, y forzándolo a entrar en los estrechos moldes de la lucha partidaria por el poder. Por el contrario, Mises creía que la filosofía liberal debía ser una cultura general compartida por todos las corrientes y movimientos políticos coexistentes en una sociedad abierta y prodemocrática, una escuela de pensamiento que nutriera a los socialcristianos, los radicales, los socialdemócratas, los conservadores y los socialistas democráticos por igual. Hay mucho de verdad en esa teoría.

De eso modo, en el pasado reciente, hemos visto casos de gobiernos conservadores, como los de Ronald Reagan, Margaret Thatcher y José María Aznar, que impulsaron profundas reformas liberales. Al mismo tiempo, hemos visto a líderes presuntamente socialistas, como Tony Blair en Inglaterra, Ricardo Lagos en Chile, y actualmente José Mujica en Uruguay, que implementaron políticas económicas y sociales que sólo pueden ser calificadas como liberales.

Aunque el término “liberal” sigue siendo una mala palabra que todo latinoamericano políticamente correcto tiene obligación de detestar, desde hace un tiempo, hay ideas y actitudes esencialmente liberales que han comenzado a infiltrarse por derecha y por izquierda en el continente de las ilusiones perdidas. Eso explica por qué en años recientes, las democracias latinoamericanas no han colapsado ni han sido reemplazadas por dictaduras militares, a pesar de las crisis económicas, la corrupción y el fracaso de tantos gobiernos para alcanzar su potencial.

Por supuesto que algunos siguen allí: Cuba tiene esos fósiles autoritarios, Fidel Castro y su hermano Fidel, que tras 54 años de esclavizar a su país, se han convertido en los líderes de la dictadura más larga de la historia latinoamericana, así como la desafortunada Venezuela, que de la mano del presidente Nicolás Maduro, el sucesor a dedo del comandante Hugo Chávez, sufre ahora las políticas estatistas y marxistas que muy pronto convertirán a Venezuela en una segunda Cuba.

Pero son dos excepciones, y hay que enfatizarlo, en un continente que nunca antes había tenido una sucesión tan larga de gobiernos civiles surgidos de elecciones relativamente libres. Y existen casos interesantes y alentadores como el de Brasil, donde primero Lula da Silva y luego Dilma Rousseff, antes de llegar a la presidencia, abrazaron la doctrina populista, el nacionalismo económico y la tradicional hostilidad de la izquierda hacia los mercados, pero que tras asumir el poder, practicaron la disciplina fiscal y fomentaron la inversión extranjera, la inversión privada y la globalización, a pesar de que ambos gobiernos se sumieron en la corrupción, como ha ocurrido siembre con los gobiernos populistas, y finalmente fracasaron en la continuidad de la reforma.

Más que la revolución, el mayor obstáculo actual para el progreso en Latinoamérica es el populismo. Hay muchas maneras de definir populismo, pero tal vez la más exacta sea que es una forma de demagogia social y económica que sacrifica el futuro de un país a favor de un presente efímero. Con un discurso fogoso imbuido de bravatas, la presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner ha seguido el ejemplo de su marido, el fallecido presidente Néstor Kirchner, con nacionalizaciones, intervencionismo, controles y persecución de la prensa independiente, políticas que han llevado al borde la desintegración a un país que es, potencialmente, uno de los más prósperos del planeta. Otros tristes ejemplos de populismo son la Bolivia de Evo Morales, el Ecuador de Rafael Correa y la Nicaragua del comandante sandinista Daniel Ortega, quienes en varios aspectos, siguen implementando el centralismo del control estatal que tantos estragos ha causado en todo nuestro continente.

Pero son las excepciones y no la regla, como era hasta hace poco en Latinoamérica, donde no sólo se están desvaneciendo los dictadores, sino también las políticas económicas que mantuvieron a nuestros pueblos en el subdesarrollo y la pobreza. Hasta la izquierda se ha mostrado reacia a faltar a su palabra de privatizar las jubilaciones -ya se ha hecho en 11 países latinoamericanos, hasta la fecha-, mientras que la izquierda de Estados Unidos, más reaccionaria, se opone a la privatización de la seguridad social. Son todos signos positivos de cierta modernización de la izquierda, que sin reconocerlo, admite que el camino hacia el progreso económico y la justicia social pasa por la democracia y los mercados, algo que los liberales venimos predicando en el desierto desde hace mucho tiempo. De hecho, si la izquierda latinoamericana ha aceptado las políticas liberales, tanto mejor, por más que las disfracen de una retórica que lo niega. Es un paso hacia adelante que deja entrever que Latinoamérica finalmente se estaría deshaciendo del lastre de las dictaduras y el subdesarrollo. Se trata de un avance, al igual que el surgimiento de una derecha civilizada que ya no cree que la solución a los problemas es golpear la puerta de los cuarteles, sino más bien aceptar el voto y las instituciones democráticas y hacerlas funcionar.

Otra señal positiva del incierto escenario latinoamericano actual es que el acendrado y antiguo sentimiento antinorteamericano que recorría el continente ha disminuido notablemente. Lo cierto es que hoy, el sentimiento antinorteamericano es más fuerte en ciertos países de Europa, como Francia y España, que en México o Perú. Es cierto que la guerra en Irak, por ejemplo, movilizó a vastos sectores de todo el espectro político europeo, cuyo único denominador común parecía ser no el amor por la paz sino el resentimiento y el odio hacia Estados Unidos. En Latinoamérica, esa movilización fue marginal y estuvo prácticamente confinada a los sectores de la izquierda más radicalizada, aunque en los últimos días el apoyo de Estados Unidos a la invasión israelí a la Franja de Gaza y la feroz masacre de civiles ha revivido un sentimiento antinorteamericano que parecía haberse desvanecido.

Ese cambio de actitud hacia Estados Unidos reconoce dos razones, una pragmática y otra del orden de los principios. Los latinoamericanos que conservan el sentido común entienden que por razones geográficas, económicas y estratégicas, las relaciones comerciales fluidas y sólidas con Estados Unidos son indispensables para nuestro desarrollo. Además, la política exterior norteamericana, en vez de apoyar a las dictaduras, como hacía en el pasado, ahora apoya sistemáticamente a las democracias y rechaza las tendencias autoritarias. Eso ha contribuido ostensiblemente a reducir la desconfianza y la hostilidad de las filas democráticas latinoamericanas frente a su poderoso vecino del norte.

Ese acercamiento y esa colaboración son cruciales para que Latinoamérica avance rápidamente en su lucha para eliminar la pobreza y el subdesarrollo.

En los últimos años, este liberal que habla ahora frente a ustedes se ha visto enredado con frecuencia en la controversia, por defender una imagen real de Estados Unidos, que las pasiones y los prejuicios políticos han deformado, en ocasiones, hasta el punto de la caricatura. El problema que enfrentamos quienes intentamos combatir esos estereotipos es que ningún país produce tanto material artístico e intelectual antinorteamericano como el propio Estados Unidos -país natal, no olvidemos, de Michael Moore, Oliver Stone y Noam Chomsky-, al punto que uno se pregunta si el antinorteamericanismo es uno de esos astutos productos de exportación fabricados por la C.I.A. para hacer posible que el imperialismo manipule ideológicamente a las masas del Tercer Mundo.

Antes, el antinorteamericanismo era especialmente popular en Latinoamérica, pero ahora se produce en algunos países europeos, especialmente en aquellos que se aferran al pasado que ya fue, y que se resisten a aceptar la globalización y la interdependencia de las naciones en un mundo en el que las fronteras, antes sólidas e inexpugnables, se han vuelto porosas y cada vez más difusas.

Por supuesto que no todo lo que pasa en Estados Unidos es de mi agrado. Lamento, por ejemplo, que muchos estados todavía apliquen ese horror que es la pena de muerte, al igual que muchas otras cosas, como el hecho de que la represión está por encima de la persuasión en la lucha contra las drogas, a pesar de las lecciones que dejó la Prohibición. Pero en el balance de sumas y restas, creo que Estados Unidos es la democracia más abierta y funcional del mundo, y la que tiene mayor capacidad de autocrítica, que le permite renovarse y actualizarse más rápidamente en respuesta a los desafíos y las necesidades de un contexto histórico en cambio. Es una democracia que admiro justamente por lo que temía el profesor Samuel Huntington: una formidable mezcla de razas, culturas, tradiciones y costumbres, que han logrado coexistir sin matarse unas a otras, gracias a la igualdad ante la ley y la flexibilidad de un sistema que hace lugar en su seno para la diversidad, bajo el denominador común del respecto por la ley y por el otro.

En mi opinión, la presencia de 50 millones de personas de origen latinoamericano en Estados Unidos no amenaza la cohesión social o la integridad del país. Por el contrario, potencia a la nación, aportando una corriente de vitalidad cultural de enorme energía, en la cual la familia es un bien sagrado. Con su deseo de progreso, su capacidad de trabajo y su aspiración al éxito, esa influencia latinoamericana será de gran provecho para una sociedad abierta. Sin renegar de sus orígenes, esta comunidad se está integrando con lealtad y cariño a este nuevo país, y forjando fuertes vínculos entre las dos Américas. Y eso es algo de lo que puedo dar fe casi en carne propia.

Cuando mis padres ya no eran jóvenes, se convirtieron en dos de esos millones de latinoamericanos que emigraron a Estados Unidos en busca de oportunidades que su país no les ofrecía. Vivieron en Los Ángeles durante casi 25 años, ganándose la vida con sus manos, algo que nunca habían tenido que hacer en Perú. Durante muchos años, mi madre fue obrera textil en una fábrica llena de mexicanos y centroamericanos, entre los cuales hizo excelentes amigos. Cuando murió mi padre, pensé que mi madre regresaría a Perú, como él le había pedido. Pero ella decidió quedarse, vivir sola, e incluso solicitó y obtuvo la ciudadanía estadounidense, algo que mi padre nunca quiso hacer. Más tarde, cuando los achaques de la edad la obligaron a volver a su tierra natal, siempre recordó Estados Unidos como su segunda patria, con orgullo y gratitud. Para ella, nunca hubo incompatibilidad en sentirse peruana y estadounidense al mismo tiempo: ni el menor atisbo de un conflicto de lealtades. Y creo que el caso de mi madre no es excepcional, y que hay millones de latinoamericanos que sienten lo mismo y que se transformarán en puentes vivientes entre dos culturas de un continente que hace cinco siglos fue integrado a la cultura occidental.

Tal vez este recuerdo sea más que una evocación filial. Tal vez, en este ejemplo veamos un atisbo del futuro. Soñamos, como suelen hacer los novelistas: un mundo libre de fanáticos, terroristas y dictadores, un mundo de distintas razas, credos y tradiciones, coexistiendo en paz gracias a la cultura de la libertad, en el que las fronteras sean puentes que hombres y mujeres pueden cruzar en pos de sus objetivos, y sin más obstáculo que su suprema y libre voluntad.

Entonces, ya no hará falta hablar de libertad, porque será el aire que respiramos, y porque todos seremos verdaderamente libres. El ideal de Ludwig von Mises de una cultura universal, imbuida de respeto por la ley y por los derechos humanos, se habrá hecho realidad.

Traducción de Jaime Arrambide

Mario Vargas Llosa
vargas_llosa@gmail.com
@vargas_llosa

EL ENVÍO A NUESTROS CORREOS AUTORIZA PUBLICACIÓN, DIARIO DE OPINIÓN, ACTUALIDAD, VENEZUELA, ACTUALIDAD INTERNACIONAL, OPINIÓN, DEMOCRACIA, LIBERAL, LIBERALISMO, REPUBLICANISMO, LIBERTARIO, POLÍTICA,ELECCIONES,UNIDAD, ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA,CONTENIDO NOTICIOSO,

jueves, 1 de mayo de 2014

OLGA KRNJAJSKY (OLGAK), CONVERSACIONES, CON ALGUIEN, QUE FUE GUARIMBERA, TERCERA PARTE, CONFESIONES,

OK:  ¿Alguna vez le tuviste miedo a alguno de tus compañeros?  La gente que guarimbeaba contigo eran vecinos de la zona  o eran importados?

Guari: Si, pero no eran gente que yo conociera. Nunca tuve conciencia de infiltrados como tales. Yo guarimbeaba en mi zona y en la de mis amigos según fuera el caso.  Eran guarimbas auténticas.  No había show. Ni plata. Puro nervio. Nosotros salimos a la calle para una marcha el 27F, la reprimida fue brutal y nos quedamos  espontáneamente en la calle. No sabría si se parecen a las del 12F.  Lo que pasa ahora es…no se…Te echo otro cuento de estos días: en los Samanes, donde vive un amigo mío, las amas de casa vienen y te cierran la calle. Mi amigo les preguntó cuando no lo dejaron pasar:  ¿Y donde están sus maridos? A lo que ellas le respondieron  ¨¡Trabajando!¨. Y mi amigo les dijo: Y entonces? Yo también tengo que ir a trabajar.

La pequeña historia , además de sonreír, afloja la tensión y nos hace repasar un abanico de inconsistencias, incongruencias y dislates sobre las trancas y quienes las hacen. Hablamos del Chacao de hoy convertido en ruina y destrozos…

Vuelvo al cuestionario
OK: Cuando guarimbeabas, ¿cuánto había de rabia y cuánto de propósito?

Guari: lo que había era pura arrechera.  ¿Propósito? …Piensa largo  y no recuerda que hubiera alguno.  Lo que queríamos era que se fuera Chávez…

El silencio se balancea como una pereza y lo dejo estar. 

Que cada quien vaya vinculando lo que cuenta Guari con lo que ocurre hoy.

OK:  ¿Cómo murió para ti la guarimba?

Guari:  para muchos la mesa de diálogo fue la culpable. Ja! Siempre había que echarle la culpa a otro.  Hoy lo veo diferente.  Cuando dejaron de agredirnos murió la guarimba.   Así de simple. Dejaron de darnos gasolina.  Por eso, porque lo viví, tengo la certeza que  las guarimbas de hoy  le interesan al gobierno. Las alimenta para que no hablemos de otra cosa. Y los chamos están cayendo.

Las guarimbas de mis días murieron de mengua.  Chica, pasamos de caernos a piedras con los del barrio  hasta jugar un partido de futbolito en la autopista de Santa Fe ¿te acuerdas de eso? .  Y la parte fashion…que vergüenza: zarcillitos de bandera, franelita de bandera…buah…

Me pregunto oyéndola si el equivalente fashion de hoy serán las mascaras, los guantes-para-atajar-bombas, los morrales con piedras, la cara tapada con una franela volteada… Sin embargo no le formulo la pregunta.

OK: ¿Y cómo veías a los vecinos? ¿qué eran los vecinos para ti?
Guari: Chica, pues nada. Totalmente ajenos a los vecinos. Ese no era nuestro rollo. (cualquier similitud con los días recientes no es coincidencia) . Sí, algunos participaban.  Pero pasado el tiempo, la verdad simple es que no sumamos gente. NUNCA. Ni sumaron entonces, ni suman ahora.

OK: Y las huelgas de hambre. Las apoyaste?

Guari: ¡Nunca! La forma mas estúpida de protesta…eso de agredirse uno mismo….

Deja la frase inconclusa…y yo no insisto.

OK: Te preguntaste alguna vez de dónde salía el dinero? Qué se hacía con él?

Guari: NPI. La comida a veces venía de los vecinos. No estábamos lejos de nuestras casas…hasta íbamos, comíamos y regresábamos.  No había logística como ahora.  Anda a ver el campamento ante la ONU. Que si kiosco de comida, kiosco médico…plantas eléctricas, baños portátiles, pinturas, umjum…ahí hay plata pareja y que nadie se caiga a cobas.  Lo que nadie se ha preguntado es quien la administra.¨

Su pregunta tiene tanto peso específico, tanto…calla ella y callo yo.
Continuó Guari:  Me recuerda la logística de Altamira cuando lo de los militares en el sótano. No mija, estas guarimbas de hoy son otra cosa. Nada que ver.

Te lo pongo así:  Espontaneo versus  orquestado. Anda a ver qué partidos están ahí, las agendas… y quién está pagando

OK: Visto a la distancia: ¿cuánto de satisfacción y cuánto de frustración te quedó del guarimbeo?.

Guari hace ruidos y gestos  imposibles de trasladar a letras…Y por fin habló

Chst!! Frustración to-tal! Total, total!
Cuando te das cuenta que lo que estabas haciendo…es que…no fue de golpe…es que me fui alejando del 350…es que cuando lo pienso…bueno coño! No funcionó. No funcionó. La gente se apagó.

OK: ¿La gente? Que esperas o esperabas que haga la gente?
Guari hace  silencio y la veo  dudar. Y cuando arranca me cuesta tomar nota por la velocidad que agarra. Un torrente que me cuesta atajar con mi bolígrafo y mi libreta.

Guari: Están perdiendo una energía valiosa que se podría ocupar. Tu te imaginas ese gentío empujando en la misma dirección? ¡Seriamos invencibles!

Que se olviden del inmediatismo
Que se informen
Que se analicen objetivamente y se pongan a ver lo que hacen desde otra perspectiva.
Están arriesgando sus vidas y la de otros.

No se qué están pensando o si siquiera lo están haciendo. No se qué pensaron que iba a pasar.

Se detiene a tomar aire. Ahora habla con mucho dolor...y despacito.

Guari: Energía, tiempo. Yo se que están fajados y verlos que no van a llegar a nada… Su gesto, su tono, su lenguaje corporal, todo habla con dolor.

¨…A nada Olga. Están tan convencidos como estaba yo. Pero la verdad es que están perdiendo el tiempo…y están haciendo que se pierda Tiempo.

¿Cómo le sacas a alguien el chip del inmediatismo ah?.

Guardo silencio y tengo la pluma presta.

Guari: Si queremos ser como éramos antes, con diferencias, pero unidos, por que no nos portamos como antes, ah? Por que  no están viendo que estas guarimbas de hoy nos separan y nos enfrentan entre nosotros mismos!? Lo que están haciendo es aumentar la polarización. ¡Si se acaba la polarización se acaba el gobierno! ¿Cómo no lo están viendo?

La división nos tiene rejodidos. Ahora tienes que convencer, no sólo a los del otro lado, sino a los de tu lado.  Aunque estemos claros,  ahí hay mucho bluf porque twitter magnifica lo que no hay.

La tarea es menos grande de lo que la quieren hacer sentir en twitter.
¿Tu crees que en un pueblito están pendientes de lo que se dice en twitter? Ja! ¿Creen que el país es eso, la red?. Y lanza un reto difícil de discutírselo: Que agarren un mapa de Venezuela, que miren los pueblitos. ¿Creen que a ese pueblito le interesa lo que dices en twitter? …donde ven puro VTV…? Nah chica…

Hay que hacer un trabajo bien arrecho.  Lástima que uno tiene que trabajar para vivir…si pudiera me fuera a recorrer esos pueblitos sin nada de twitter pero eso si,  con mucho VTV.

La siguiente pregunta en mi cuestionario era ¿Qué le dirías a un guarimbero de hoy? Pero mi amiga Guari lo contestó en su andanada anterior  antes de preguntárselo.  Se lo comento y me dice muerta de risa y repitiendo:

-Un mapa mija, que esos carajitos agarren un mapa de Venezuela. Mas nada.

Llego así a la última pregunta que le había preparado

OK: ¿Qué le reconoces a los chamos que hoy protestan?¿Sobre qué les advertirías?

Guari: ¡La valentía obviamente!  Habla con auténtico respeto. Y vuelve

Guari a ponerme a correr sobre mi libreta.

¨Que no sean manipulados. Manipulación en todo sentido. Lo social…ese gentío diciéndote eres valiente, eres un héroe, tu sí tienes bolas…y la presión de la ¨gente¨ esa que los quiere ver ahí…pero ni de vaina se les unen ni tienen ahí uno de los suyos.

Son chamos pana, chamos, que se deben sentir ¨este es mi rol, lo tengo que hacer¨…y cuando se los llevan presos, la gente dice ¨pobrecitos¨  y lloran, pero ni así se les terminan de unir.

Dos meses. ¡Dos meses! Y la gente no se les ha sumado. ¿ Eso no les dice nada, ah? ¿No se han sentado a pensarlo?
¿Cuántos estudiantes tiene este país?  ´tan ahí?
¿Cuántos jóvenes tiene este país?  ´tan ahí?
¡No! No están.  ¿ Eso todavía no les dice nada?

Guari fue tan contundente en sus respuestas y tan incisiva con sus preguntas, que solo me queda concluir esta nota con una petición.  Hagámonos todos las mismas preguntas.  Solo eso.  No importa la edad que tengamos. Después de dos meses, más que decirnos ¨yo quiero¨, nos toca plantearnos , tal como hizo Guari el difícil pero imprescindible ¿cómo puedo?.

Nota: A los 4 días le envié a Guari el borrador de esta nota para su revisión y evitar alguna mención que comprometiera a alguien. En su respuesta incluyó un link de una forista cuyo nick es Ovario quien hizo una recopilación de todos los horrores y atropellos en esta larga lucha, cosas que se han olvidado. Cosas que los muchachos de hoy deben saber, no solo para entender que la lucha lleva muchos años y no empezó en 2014, sino sobre todo, para aprender de los errores. La guarimba, la automutilación  y la división, encabezan la lista.

Olga Krnjajsky
olgak26@gmail.com
@olgak26EL ENVÍO A NUESTROS CORREOS AUTORIZA PUBLICACIÓN, ACTUALIDAD, VENEZUELA, ACTUALIDAD INTERNACIONAL, OPINIÓN, DEMOCRACIA, LIBERAL, LIBERALISMO, REPUBLICANISMO, LIBERTARIO, POLÍTICA,ELECCIONES,UNIDAD, ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA,CONTENIDO NOTICIOSO,

lunes, 28 de abril de 2014

OLGA KRNJAJSKY (OLGAK), CONVERSACIONES CON ALGUIEN QUE FUE GUARIMBERA (PRIMERA PARTE)

Nuestro encuentro fue de esas cosas fortuitas que procuran las redes. De las redes al ¨cafecito en persona¨ transcurrió el tiempo que transcurre en estos asuntos.

Mi nueva amiga, la que fue guarimbera, está en esa edad en que las certezas ya nacen de la experiencia y no del deseo.  Esa edad donde las dudas no se resuelven con arrebatos sino con razonamiento.  Donde la vista traspasa mas allá del horizonte visible y precisamente por eso,  más que decirse ¨yo quiero¨, se plantea seria y con sentido de propósito: ¿cómo puedo?

Por razones obvias su nombre para efectos de esta nota no es el suyo.  Será ¨Guari¨. Y muchas de las cosas que conversamos y los personajes que mencionó  durante 4 entrañables horas bajo un jabillo, viendo un barrio emblemático al otro lado de la vía, quedarán entre ella, el jabillo y yo.

No supe que había sido guarimbera hasta pasado un tiempo desde que nos conociéramos.  La sorpresa inicial  ante su confesión, dio pie a una  curiosidad…una posibilidad que se me escurría entre velos de  sensaciones imprecisas  y como un fogonazo se me aclaró cuando me vino el título de esta nota ¨Yo, que fui guarimbera¨.  Me costó mucho convencerla para que habláramos del tema.  Mientras la convencía, en paralelo iba elaborando una suerte de cuestionario.  Lo que quería saber de alguien que había sido guarimbera arrojada  y convencida.  El Jueves Santo, finalmente accedió y cuadramos el encuentro.

La conversa no inició con mi cuestionario.  Nos remontamos a 2000-01… Los jóvenes que hoy acampan, y protestan tenían 10, 12 años. El pensamiento nos provocó a ambas esa sonrisa cargada, cargada de pesares nuevos y de recuerdos viejos…y la tristeza de ver cuanto ha pasado y cuanto sigue siendo lo mismo. Ya entonces, hace 13 años, muchos decíamos con urgencia ¨ es que hay que hacer algo¨.  Hace una pausa y me dice mirando a lo lejos…Olga, esto es un deja vù. Ya pasamos por aquí… Todo eso ya lo hicimos.
Dejo que el silencio haga su trabajo de evocación.

OK: Cuéntame….

Guari: Yo fui súper radical. La cosa empezó en un foro, varios en realidad.  Eran los días cuando el término  COMACATES (siglas de Coroneles, Mayores, Capitanes y Tenientes) culebreaba como una esperanza… y que como tantas cosas en estos años, también resultó ser falsa.  Otro engaño. Me da hasta risa…¿recuerdas quien era la vocera de eso? Pues Patricia Poleo… ¿Viste? siempre aparece la Poleo en y con sus equivocaciones. …Ella y el cuento de los comacates, ella y los cuentos que inventa.
Se sacude el nombre con algo parecido al disgusto y continua.
…En los foros los comentarios eran fuertes, rudos, no había tibiezas. Queríamos que los militares salieran a la calle. En uno de ellos participábamos varios miles de personas.  Descubrimos,-luego claro-, que había personajes que usaban varios nicks para generar y calentar discusiones.  Hoy lo llaman ¨laboratorio¨. También supimos –después- que se trataba de una manera de monetizar el espacio. El anonimato, entonces como hoy, es un arma para los que buscan y, lamentablemente encuentran,  a sus tontos útiles. Puyaban la radicalidad con el argumento ¨a la gente le gusta un buen peo¨…
Visto a la distancia, aquello era un nido de rumores que hacían daño al país …y a los que allí estábamos. En el calor de la urgencia, no nos dimos cuenta que estábamos siendo manipulados.
Guari hace una pausa y dice con honestidad cruda ¨Pero la verdad,  también nos gustaba sentirnos ¨en algo¨. No nos sentíamos manipulados. Nos sentíamos actores importantes.
Guari hace un nuevo silencio. Su cara serena, al solecito de las 4pm  hace un gesto indescriptible. Una leve sacudida de cabeza que parece significar muchas cosas a la vez.

OK: ¿Fuiste dirigente o dirigida?

Veo que la pregunta directa, la sorprende. Y a mi me sorprende que la sorprenda.

Extrapolando su reacción a los días que estamos viviendo, me pregunto qué contestarían a esto los campistas que han ocupado la plaza Bolívar y Av. Fco. de Miranda de Chacao,  la plaza Alfredo Sadel de Baruta, en los estados ¿qué  responderían a su mamá o a algún amigo si les preguntaran: chamo, eres dirigente o dirigido?  Y si eres dirigido: ¿Sabes quién te dirige? ¿le conoces? Confías en él…?¿en base a qué…?

Mi amiga Guari siguió desenterrando recuerdos. La dejé hacer.  Parecía como si ella estuviera haciendo un bordado con hilo fino y puntada pequeña. Fue así como me narró uno de los hitos en el acontecer opositor desde un ángulo que no esperaba y sobre el que no tenia ni pensado preguntar.
-¨La ida a la Plaza Altamira de los militares  el 22 de octubre de 2002…bah…no reflejaba la verdad¨
-¿La ¨verdad¨?  le pregunto sorprendida ¿qué verdad?
-Todos ellos, los militares que se entarimaron estaban de hecho fuera de la FAN. Chávez los tenía pillados. Fueron a Plaza Altamira para protegerSE. Lo que buscaban era salvar su pellejo. Olga, muérete,  ¡No nos salvaban… los salvábamos! . Ellos estaban acabados ANTES de montarse en esa tarima. Continuó embalada:

¨Olga, yo dormí en la plaza,  estuve allí día y noche.  Escuché a todos los que se montaron en esa tarima. Vi lo que se hacía en el sótano. Vi cosas que hubiera preferido no ver.   Ahí también corrió plata. Las habitaciones en el Four Season´s, la caña…las locas que les ponían las lolas para que se las firmaran…(hace un ruido que suena a rechazo…algo así como arghh) Se montaron carpas en la plaza . Carpas! ¿Te das cuenta? ¿ves que  lo que están haciendo ahora los chamos también se hizo ya? .  Y esa vaina empezó en octubre y siguió durante meses.  ¡meses!  Y allí  también hubo una masacre, ¡una masacre!,  el 6 de diciembre, el ¨caballero Gouveia nos cayó a tiros.
En mayo ya se habían ido los militares y seguía habiendo gente en la plaza.  Echa números. ¿Cómo es que se olvidaron, ah? Se olvidaron, como si no hubiera pasado.

¨Y cuando los militares desaparecieron porque se resolvieron, los que estuvimos tan cerca de ellos no recibimos ni un comentario, ni una carta, un gracias…nada. Se fueron idos.  Chica…ni una nota. ¿Puedes creerlo? Dicen que unos están en Costa Rica…no me interesan.  Pero ¿sabes? Fue una decepción agradable.

OK: Barájame eso ¿cómo puede ser agradable una decepción?

Guari: No fue ahí mismo. En 2006 fue que se me hizo el click.  Y cuando se te abre la mente para ser objetiva y empiezas a  ver el todo, a ponerte en la posición de los que no piensan como tú, ves el mapa completo y no sólo tu pedacito. Reconocer al otro y entenderlo. Lo que sienten y piensan y por qué. La cosa cambia.

Trato de volver a mi cuestionario pero  ella misma insiste en la pregunta que la descolocó: Dirigente o dirigida?

-Guari: Las guarimbas fueron en 2004. No se quien las planificó. Imagino que Robert Alonso, la gente de ORVEX, los mayameros habituales …los mismos chica, los mismos de ahora. (Acoto que no hay respeto en la mención de esos nombres.)

Pero entre ellos había una competencia horrible  por el protagonismo que ni te cuento. Se tiraban zancadillas. Horribles.  Cada uno se auto-consideraba líder y la separación, la ruptura, los insultos…no-no-no…

Y estos carajitos de ahora que creen que todo esto es nuevo…y el fulano 350 solo es un Salto Atrás.  Nada mas.  Recuerdo una noche que nos dijeron  con aquel sentido de inminencia … ¨Esta noche activamos el 350 (con Peña Esclusa)… Que emoción! Mis amigos y yo nos montamos  súper decididos en  un par de carros y nos lanzamos para Altamira…llegamos…dimos vueltas, vueltas…y ahí no había na-da, nada, nada, nada…nada ni NADIE…nosotros como unos pendejos dando vueltas esperando el milagro del 350…Hoy cuando lo pienso, me digo: ¿Y cómo íbamos a aplicar el 350 si no teníamos  receta…si solo queríamos  ¨hacer algo¨ pero nunca hubo plan… y los que nos empujaron a eso se escondieron?  Igualito que se esconden ahora. Nunca les ves las caras.  Solo pinchan desde fuera para que caigan los incautos.

Ellos siempre están a salvo. ¿Te suena familiar?

Ay Olga…nadie se acuerda de los heridos de bala, de los muertos, de los torturados…ya nadie recuerda sus nombres. ¡¡¡Ya nadie recuerda siquiera que los hubo!!! Como si esta lucha hubiera empezado en febrero de 2014 y antes de eso nadie hubiera  hecho nada.

Nos arrastraron los mismos, nos hicieron cometer las mismas barbaridades. Esto no es nuevo. Esto ya lo hicieron.  Y estos muertos de hoy también quedarán en el olvido. Hoy se habla  de los colectivos…nada cambió, solo el nombre. Son los mismos que ayer eran los Círculos Bolivarianos…como que nadie, nadie, se acuerda de eso…

Una tristeza ensombrece el momento.  Presiento una historia oscura que no me va a contar. Una quietud se posa como una mota invisible.

Y continua: Dirigido? Hum…es la misma gente, los mayameros en 2001, 2002, 2003, 2004 pero hoy tienen una tribuna mayor en twitter. Poleo, Alonso,. No son nuevos. Van en contra de todo. No se lo que quieren. Llegar al poder? No. Son guerrilleritos que se quedaron en la nota.. Verlos es como ver a los izquierdosos que se quedaron pegados en los ´60.

CONTINUARA

Olga Krnjajsky
olgak26@gmail.com

@olgak26

EL ENVÍO A NUESTROS CORREOS AUTORIZA PUBLICACIÓN, ACTUALIDAD, VENEZUELA, ACTUALIDAD INTERNACIONAL, OPINIÓN, DEMOCRACIA, LIBERAL, LIBERALISMO, REPUBLICANISMO, LIBERTARIO, POLÍTICA,ELECCIONES,UNIDAD, ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA,CONTENIDO NOTICIOSO,