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LA LIBERTAD, SANCHO, ES UNO DE LOS MÁS PRECIOSOS DONES QUE A LOS HOMBRES DIERON LOS CIELOS; CON ELLA NO PUEDEN IGUALARSE LOS TESOROS QUE ENCIERRAN LA TIERRA Y EL MAR: POR LA LIBERTAD, ASÍ COMO POR LA HONRA, SE PUEDE Y DEBE AVENTURAR LA VIDA. (MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA) ¡VENEZUELA SOMOS TODOS! NO DEFENDEMOS POSICIONES PARTIDISTAS. ESTAMOS CON LA AUTENTICA UNIDAD DE LA ALTERNATIVA DEMOCRATICA
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miércoles, 23 de julio de 2014

ALBERTO RODRIGUEZ BARRERA, AGRADECIMIENTO PÓSTUMO

Viéndolo bien, algunas cosas tengo que agradecerle al “Comandante ETERNO”, HOY MUERTO
-Aprendí varios idiomas porque me he visto obligado a viajar hasta con 700 dólares CADIVI durante una semana, por lo cual tengo que hablar mucha paja en otras lenguas para pedir rebaja, que entiendan que a lo mejor la tarjeta no pasará y me den factura hasta por un perro caliente, además aprendí a hacer manualidades de tanto arreglar carpetas con etiqueticas para el banco.

-Soy mas creativo: Endulzo las cosas sin azúcar, frío sin aceite, me limpio sin papel y me cepillo los dientes sin pasta dental ni agua.

-Mi visión nocturna es insospechada para alguien de otro país, los apagones me han convertido en una especie de felino que es capaz de conducirse en la oscuridad absoluta, gracias a la costumbre de vivir sin electricidad.

- Mi oído se ha potenciado inmensamente, soy capaz de escuchar un motorizado a kilómetros de distancia y el murmullo del agua cuando llega al tanque para proceder a llenar cuanta perola tenga en casa.
-Soy un Ninja criollo: me escabullo y desaparezco imperceptiblemente luego de sacar dinero de un cajero automático.

-Me convertí en ecologista: Lavo los platos, me baño y riego las matas con media totuma de agua, y como no consigo jabón, no contamino los ríos.

-Mi salud ha mejorado: La ausencia de carne y pollo me ha hecho comer más vegetales que, además, como crudos porque no hay gas, razón por la cual mantengo sus vitaminas. 

No como frituras pues no hay aceite, más nunca he tomado café, la diabetes me es ajena porque no hay azúcar, subo y bajo 11 pisos por las escaleras ante la falta de electricidad y el miedo de quedarme encerrado ante un apagón repentino.

-Soy casi un piloto de Formula 1: esquivo treinta huecos por minuto y manejo de maravilla en una carretera sin raya blanca y sigo vivo... Y ya no me preocupa que me roben el carro: No rueda por falta de repuestos, lo cual ha hecho que mire cada detalle de mi país cuando viajo en bus y desarrolle mis músculos por tanto caminar y trotar.


Todo "eso" y mucho más, se lo agradezco a que ahora sí tenemos patria!!!!

Alberto Rodriguez Barrera
albrobar@gmail.com
@albrobar

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domingo, 4 de mayo de 2014

AMÉRICO MARTÍN, EL COMANDANTE ETERNO

Llegó a ser hombre de epopeya.

Durante los sombríos años de la dictadura perezjimenista creó leyendas a su paso, paso de fantasma debo decir, oculto y perseguido como pocos. Ascendió al liderazgo como si fuera para él un destino escrito en los libros de la política. Fue una marcha natural, no impuesta ni adornada de jactancias. Ejemplo de sencillez creativa, sus ejecutorias y su universal crédito no le debieron nada a los medios. Estos no podían hablar libremente de un perseguido político, ni el perseguido podía delatar su presencia o divulgar lo que hacía sin infringir peligrosamente las exigencias de la clandestinidad.

Formaba parte de la camada más bien reducida de dirigentes que fueron sepultados en escondites signados por la provisionalidad y sin embargo con el arrojo suficiente para echarse al hombro el malogrado país, atrapado como estaba en la garra de la dictadura militar. Cuando se compara a aquellos con éstos se le abona a los que se forjaron en la sombra y el silencio una mayor y desinteresada abnegación porque en lugar de plagar los medios audiovisuales o escritos, más bien estaban obligados a rehuirlos. Sus méritos no caían bajo la sospecha del interés y el exhibicionismo, eran de una certificada pureza.

ANTONIO PINTO SALINAS
Pero hay mucho de injusto en este reparto de reconocimientos. Nadie escoge libremente las circunstancias bajo las que se desempeña, y por eso las generaciones que no nacieron a la política en tiempos de dictadura, tendieron correctamente a multiplicar el liderazgo con la mayor exposición en las cámaras de radio y televisión o en los espacios de prensa. No era vanidad personal. Así lo demandaban los tiempos.

El nuevo líder ­hijo de la democracia debía en parte su nombradía a la publicidad recibida y la destreza como utilizaba aquellos instrumentos por fin al alcance de la lucha. Signado por el ruido de la competencia y la confrontación abierta, mientras más expuesto esté, más garantiza su sobrevivencia. Es lo adecuado a estos tiempos.

En cambio el viejo líder era hijo de la organización y el secreto. Mientras más expuesto estuviera menos chance tendría de sobrevivir.


 Las organizaciones más duramente acosadas fueron AD y el PCV, sin desconocer el notable papel jugado por Jóvito Villalba (URD) y Rafael Caldera (Copei), quienes a la postre terminaron en el exilio. AD era dirigido por dos conductores de primera. Rómulo Betancourt desde el extranjero y Leonardo Ruíz Pineda en los breñales de la clandestinidad. No era un reparto cómodo ni fácil. Ruíz Pineda sabía que Rómulo ni descansaba ni dejaba de preparar un eventual desembarco a la vieja usanza. No desaparecía de su memoria el episodio del Falke, que puso al general Román Delgado Chalbaud en Cumaná, en una aventura en la que factores no imputables le impidieron al joven Betancourt hacerse presente, como estaba decidido. Supe que en la década de los años 50 seguía trabajando para culminar lo que no pudo lograr en aquel episodio antigomecista.

Desde México, Rómulo había dicho que la dictadura desesperaba de arrestar “el cadáver” de Leonardo, y efectivamente poco después sus espías lo asesinarán.

Su cadáver ensangrentado en San Agustín estremeció la conciencia de América.

ALBERTO CARNEVALI
Se elevó a la cumbre de los héroes auténticos. Pero como el espectáculo debe continuar, lo sucedió en la secretaría general del partido otro hombre excepcional, Alberto Carnevali. Consciente de que los golpes de Estado no llevaban a parte alguna, reformuló la estrategia. Habló de la rebelión civil. La mecha de combustión rápida sustituida por una mecha de combustión lenta.

Para honrar su nueva política, Alberto se reunió con los demás partidos democráticos. Así se consagró la unidad de todos contra la dictadura. A nadie se le pidió que depusiera sus convicciones, porque la unidad lo es de la diversidad. Es esa la verdadera fórmula, lo demás es impostura.

Carnevali tuvo el acierto de comunicarse con el jefe de los comunistas. Pompeyo era un líder extraordinario, con una gran visión política. En aquel momento Alberto y Pompeyo, los dos hombres más perseguidos, se reunieron. Simón Alberto Consalvi y Homero Arellano oficiaron de intermediarios. En reunión con Domínguez Chacín de URD, resolvieron encomendarle a Pompeyo la redacción del primer Manifiesto de la resistencia. No era poca cosa. No era usual poner en manos de un comunista un texto como ese, pero Alberto y Pompeyo eran de una madera especial.

Carnevali será detenido. Al enterarse del -sin hipérbole- trágico suceso, Pompeyo suspende la redacción, pero la idea quedó sembrada. Pocos años después la Junta Patriótica retomará la tarea hasta el episodio final.

Caída la dictadura, conocí a Pompeyo.

A los honores que la leyenda le otorgaba, sumé su estupenda sencillez, su bondad.

Era un acusado rasgo personal suyo. Tras la mítica figura del admirado líder se descubría fácilmente la presencia de un ser humano extraordinario.

Militó en un partido internacional que rindió culto a Stalin, pero nunca dio señales de que cedería a una pasión como aquella. La gigantografía que nos habla del héroe entre los héroes, la momificación, los necios pedestales, la mirada que desde todas las esquinas nos advierte con severidad acerca de ignotas amenazas. El Gran timonel, El Padre de la Patria y demás zarandajas.

Por eso cuando en 1956 escuchó Pompeyo el valiente e histórico discurso del XX Congreso del PCUS, que demolió al endiosado monstruo, no le resultó difícil jurarse que nunca aceptaría la repetición de semejante perversión.

¡El Comandante eterno! ¿Pompeyo? No lo aceptaría. ¿Chávez? No lo merecería.

Pompeyo permanece en la cima iluminada de sus 92 años.

Americo Martin
amermart@yahoo.com
@AmericoMartin

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