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LA LIBERTAD, SANCHO, ES UNO DE LOS MÁS PRECIOSOS DONES QUE A LOS HOMBRES DIERON LOS CIELOS; CON ELLA NO PUEDEN IGUALARSE LOS TESOROS QUE ENCIERRAN LA TIERRA Y EL MAR: POR LA LIBERTAD, ASÍ COMO POR LA HONRA, SE PUEDE Y DEBE AVENTURAR LA VIDA. (MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA) ¡VENEZUELA SOMOS TODOS! NO DEFENDEMOS POSICIONES PARTIDISTAS. ESTAMOS CON LA AUTENTICA UNIDAD DE LA ALTERNATIVA DEMOCRATICA
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jueves, 29 de enero de 2015

JOSÉ FÉLIX DÍAZ BERMÚDEZ, UNION Y DEMOCRACIA

El año 1958 fue un año singular no solamente por el restablecimiento de la democracia en Venezuela sino para su reafirmación. Su sostenimiento se apoyó en dos principios esenciales: la conformación de un gobierno de Unidad Nacional y el establecimiento de una Tregua Política, indispensables para conjurar los riesgos y las amenazas del momento, las fallas de las experiencias políticas anteriores para así consolidar un nuevo régimen que contaba con el respaldo de las mayorías inaugurándose de esa forma en la historia contemporánea del país una era excepcional de libertades políticas.

Tal y como señalamos en nuestro texto "El Gobierno Provisorio de 1958", inmediatamente después del  derrocamiento de la dictadura militar el 23 de enero de ese año, se conformó en la República un Gobierno Provisorio al cual la historia debe reconocerle su alto sentido democrático, el cabal cumplimiento de su misión política y la forma ejemplar como se condujo.

La situación en la que se encontraba Venezuela al término de la dictadura y las amenazas que surgieron entonces para revertir el proceso político iniciado el 23 de Enero, demandó la formación  de un gobierno serio, responsable, legalista, integrador, con evidente autoridad moral, ciudadana y política. Urgía recuperar y hacer efectivos los derechos y las libertades conculcadas,  la renovación democrática de las autoridades, el restablecimiento de la independencia de los poderes y la vigencia de las instituciones.

Igualmente asegurar de manera efectiva el retorno a la vida ciudadana y democrática, el reconocimiento de los partidos, la participación de los sectores nacionales, la formación de un compromiso político que no obstante las aspiraciones propias de cada agrupación, privilegiase el interés nacional para consolidar el sistema democrático y apuntalar su viabilidad y permanencia.

En tal sentido se concretó el denominado Pacto de Punto Fijo, suscrito el 31 de octubre de ese año por los tres principales partidos de entonces y que contenía entre sus propuestas las siguientes: 

1) Defender la constitucionalidad y el derecho a gobernar en conformidad con el resultado electoral; 

2) Formar un gobierno de Unidad Nacional;

3) Establecer y desarrollar un programa mínimo común.  

Como consecuencia de este acuerdo el país vivió un importante período de estabilidad y desarrollo político bajo los dictados de la Constitución de 1961.

Si alguna lección se hacía indispensable aprender en la Venezuela de ese tiempo como resultado de los errores del pasado: el sectarismo político,  la pugnacidad inmisericorde,  las ambiciones personales y grupales que causaron, entre otras razones, la pérdida de la democracia en el año 1948, se encuentra que la lucha por el poder no podía realizarse desconociendo la necesidad de preservar la institucionalidad democrática y que la misma evidenciase prácticas, conductas y resultados consecuentes con las aspiraciones nacionales, la formación cívica del país y la vigencia del orden democrático tantas veces alterado en nuestra historia.

Advirtiendo tales propósitos, entre los importantes logros del Gobierno Provisional de 1958, resaltan como indicábamos en nuestro escrito, la elaboración y promulgación de la Ley Electoral; la instrucción de conductas administrativas acordes con los valores democráticos; la promoción del diálogo y la unidad nacional; la adopción de medidas contra el peculado; el otorgamiento de garantías de equilibrio político, imparcialidad, civilidad, compromiso con el Estado de Derecho;  la defensa de la moralidad pública y el reconocimiento de las libertades ciudadanas.

Entre las prioridades de ese Gobierno, tal y como lo expresó el doctor Numa Quevedo, meritorio Ministro de Relaciones Interiores, se encontraba: "el aseguramiento de los bienes adquiridos por el exPresidente depuesto, y para detener preventivamente a aquellos funcionarios que la opinión pública señala como presuntos culpables de delitos cometidos contra la integridad y la dignidad humanas"; la adopción de medidas que permitieron restablecer: "la confianza nacional en la probidad administrativa del Gobierno"; el desconocimiento de: "la herencia recibida, que se apoya en un trípode que suma adulación, represión y corrupción"; la exigencia a los gobernadores y demás autoridades de una: "escrupulosa imparcialidad entre las distintas corrientes de opinión", basada en un: "comportamiento equilibrado" para: "darle al debate el cauce clarísimo que impone la democracia".

La orientación y la acción política del Gobierno Provisorio de 1958 estuvo a la altura de las exigencias nacionales, conforme al espíritu que inspiró el 23 de Enero, al saber escribir para bien de Venezuela una página honrosa de virtud republicana y democrática, necesaria ayer,  aleccionadora siempre.

José Félix Díaz Bermúdez
Jfd599@gmail.com
@jfd599

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lunes, 26 de enero de 2015

LUIS DANIEL ÁLVAREZ V., SENDAS DE DEMOCRACIA

El 23 de Enero es uno de los momentos históricos que siempre dará variables para analizar y que puede ser estudiado desde diversas perspectivas. La gesta heroica que obligó a que una dictadura cruel y represiva abandonara el gobierno sigue recordándose, lamentablemente no con la efervescencia debida, 57 años después de ocurrida.

Sobre el 23 de Enero de 1958 irrumpe la unidad, no solo para enfrentar democráticamente a la dictadura, sino para trazar las líneas de la nueva Venezuela que debía imperar, en la que se alcanzara una satisfacción plena de las necesidades del individuo en un escenario puramente democrático y bajo el amparo de un marco general de convivencia y respeto.

No pudo la siembra del miedo, la macabra política de delación, la persecución al disenso y la militarización de la sociedad frenar los ímpetus de grandeza de una sociedad que se cansó de la imposición y el atropello. Ni el silencio de la prensa, a través del rojo de los lápices de la censura, pudo evitar que la ciudadanía se enterara que detrás del supuesto orden nacional imperaba un régimen corrupto y derrochador.

Tampoco  lograron las cárceles, los rines y las panelas de hielo de la lúgubre Seguridad Nacional silenciar un grito que pedía libertad y que se negaba a aceptar que los logros económicos, no tan marcados como algunos señalan, justificaban el tormento a quienes osaban criticar el régimen o simplemente discrepaban de algún funcionario.

Izar las banderas del 23 de Enero es rendir tributo a los que dieron su vida combatiendo una oprobiosa dictadura militar y es homenajear  a una dirigencia política que gallar damente, y dando ejemplo de compromiso y madurez, entendió que la única manera de salir del régimen era trabajando mancomunadamente con objetivos claros y luego, una vez superadas las tinieblas del perezjimenismo, trazar un gran acuerdo unitario que sentara las bases de una gran Venezuela.

Luis D. Alvarez V
luisdalvarezva@hotmail.com
@luisdalvarezva

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miércoles, 21 de enero de 2015

JOSÉ FÉLIX DÍAZ BERMÚDEZ, EL GOBIERNO PROVISORIO DE 1958

JOSÉ FÉLIX DÍAZ BERMÚDEZ
Luego del derrocamiento de la dictadura militar el 23 de enero de 1958 se conformó en el país un Gobierno Provisorio al cual la historia debe reconocer su alto sentido democrático y la forma ejemplar como alcanzó sus objetivos nacionales. Se hizo indispensable en atención a los intereses del país la existencia de un gobierno serio, responsable, legalista, integrador, con significativa autoridad moral y política.

Entre sus importantes logros se encuentran la elaboración y promulgación de la Ley Electoral; la instrucción de conductas acordes con los valores democráticos; la promoción del diálogo y la unidad nacional; la adopción de medidas contra el peculado; el otorgamiento de garantías de equilibrio político, imparcialidad, civilidad, compromiso con el Estado de Derecho;  la defensa de la moralidad pública y el reconocimiento de las libertades ciudadanas.
Entre sus prioridades, tal y como lo expresó el doctor Numa Quevedo, meritorio Ministro de Relaciones Interiores, se hizo preciso: “el aseguramiento de los bienes adquiridos por el ex Presidente depuesto, y para detener preventivamente a aquellos funcionarios que la opinión pública señala como presuntos culpables de delitos cometidos contra la integridad y la dignidad humanas”; igualmente adoptar medidas que permitieron restablecer: “la confianza nacional en la probidad administrativa del Gobierno”; conjurar de manera efectiva: “la herencia recibida, que se apoya en un trípode que suma adulación, represión y corrupción”; la exigencia a los gobernadores y demás autoridades de una: “ escrupulosa imparcialidad entre las distintas corrientes de opinión”, basada en un: “comportamiento equilibrado” para: “darle al debate el cauce clarísimo que impone la democracia”.
La orientación política del Gobierno Provisorio de 1958 estuvo a la altura de las exigencias nacionales el cual supo escribir para bien de Venezuela una página honrosa de virtud republicana.

Jose Felix Diaz Bermudez
jfd599@gmail.com
@jfd599

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martes, 6 de enero de 2015

FERNANDO OCHOA ANTICH, 1958, AÑO DE PROFUNDOS CAMBIOS POLÍTICOS

FERNANDO OCHOA ANTICH
El bombardeo del palacio de Miraflores, en la madrugada del 1° de Enero, permitió percibir a los venezolanos la inmensa debilidad que presentaba el régimen dictatorial de Marcos Pérez Jiménez. Su decisión de no convocar a elecciones en diciembre de 1957, como establecía la constitución de 1953, y tomar el atajo del plebiscito para prolongarse en el poder, había activado la resistencia popular. Ciertamente, el dictador logró controlar inicialmente la insurrección militar, pero el creciente descontento existente mayoritariamente en las Fuerzas Armadas  se manifestó de dos maneras: la primera, la presentación, el 9 de enero,  de un memorando por el general Rómulo Fernández, jefe del Estado Mayor General, exigiéndole  al dictador una rectificación en la política del régimen, la reorganización del gabinete Ejecutivo y una mayor presencia militar en el gobierno; la segunda, el inicio de una nueva conspiración. El general Pérez aceptó las sugerencias  reorganizando, de inmediato,  el gabinete ministerial.
         La salida del gobierno de Laureano Vallenilla Lanz  y de Pedro Estrada, incrementó la violencia en las calles. El 9 de enero se realizó una multitudinaria manifestación popular en El Silencio, la cual fue  duramente reprimida. El 13 de enero, el dictador detuvo al general Fernández y lo envió al exterior, encargándose del ministerio de la Defensa. Estas medidas aumentaron el descontento militar. La conspiración empezó a tomar fuerza. Al mismo tiempo, circularon  diferentes manifiestos  de importantes sectores  nacionales: el Colegio de Ingenieros, la Asociación Venezolana de Periodistas, grupos de intelectuales, federaciones obreras y sectores empresariales. La Junta Patriótica convocó a una huelga general el 21 de enero. En la noche del 22 de Enero, un grupo muy importante de oficiales pertenecientes a la Escuela Militar y Básica iniciaron un proceso de desobediencia que empezó a generalizarse en los distintos mandos de las Fuerzas Armadas.
         Ante esta realidad, el general Marcos Pérez Jiménez decidió abandonar el país en el avión presidencial, acompañado de su familia, y algunos ministros. En la Escuela Básica se constituyó una Junta Militar formada por el contraalmirante Wolfgang Larrazábal, quien la presidió y los coroneles  Carlos Luis Araque, Pedro José Quevedo, Roberto Casanova y Abel Romero Villate. Al hacerse pública estas designaciones, sectores populares se lanzaron a la calle, rodeando el palacio de Miraflores, protestando las designaciones de los coroneles Roberto Casanova y Abel Romero. Presionados, al mismo tiempo por oficiales jóvenes, los mencionados coroneles fueron obligados a renunciar, siendo designados en su reemplazo Eugenio Mendoza y  Blas Lamberti.  La nueva Junta de Gobierno designó un gabinete provisional constituido de figuras independientes y del general Jesús María Castro León, ministro de la Defensa. Grandes manifestaciones de alegría conmocionaron al país.
         Las amenazas en contra del nuevo régimen empezaron casi de inmediato. La primera crisis militar surgió alrededor del teniente coronel Hugo Trejo, el cual inició una gira por todas las guarniciones  provocando fuertes tensiones. El ministro de la Defensa y su jefe del Estado Mayor General, coronel Jesús Manuel Pérez Morales solicitaron su destitución. Fue designado embajador en Costa Rica. Al mismo tiempo, algunos grupos militares empezaron a mostrar un creciente descontento, rodeando al general Castro León, quien recibió apoyo de todos los comandantes de Guarnición. El 23 de julio, envalentonado por ese apoyo, decidió  desconocer la autoridad de la Junta de Gobierno. El respaldo mayoritario de todas las fuerzas políticas y la convocatoria de una gran manifestación en El Silencio lo hizo renunciar a su cargo. Otro intento de insurrección ocurrió el 7 de septiembre en el cuartel de la Guardia de Honor. Grupos de manifestantes, en medio del fracaso del golpe, asaltaron dicho cuartel.
         Estas amenazas fueron analizadas por las más importantes fuerzas políticas, las cuales negociaron un gran Acuerdo Nacional entre los partidos Acción Democrática, URD y Copei,  con la finalidad de oponerse a cualquier amenaza en contra del régimen democrático, mantener una gran altura en el debate político, respetar el resultado electoral y constituir un gobierno de Unidad Nacional. A los pocos días, Rafael Caldera lanzó su candidatura presidencial, URD y el partido Comunista le ofrecieron la candidatura presidencial a Wolfgang Larrazábal, quien la aceptó renunciando a la presidencia de la Junta y solicitando su baja de las Fuerzas Armadas. A los pocos días,  Rómulo Betancourt lanzó su candidatura. El 7 de diciembre se realizaron las elecciones. El resultado fue muy competido obteniendo Rómulo Betancourt: 1. 284. 092 (59,4 %), Wolfgan Larrazábal: 903.479 votos y Rafael Caldera: 423,262 votos. El 13 de febrero asumió la presidencia de la República, Rómulo Betancourt, iniciándose un largo período de cuarenta años de democracia y libertad…
Fernando Ochoa Antich,
fochoaantich@gmail.com
@FOchoaAntich   

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sábado, 3 de enero de 2015

FERNANDO OCHOA ANTICH, 1958, AÑO DE PROFUNDOS CAMBIOS POLÍTICOS

FERNANDO OCHOA ANTICH
El bombardeo del palacio de Miraflores, en la madrugada del 1° de Enero, permitió percibir a los venezolanos la inmensa debilidad que presentaba el régimen dictatorial de Marcos Pérez Jiménez. Su decisión de no convocar a elecciones en diciembre de 1957, como establecía la constitución de 1953, y tomar el atajo del plebiscito para prolongarse en el poder, había activado la resistencia popular. Ciertamente, el dictador logró controlar inicialmente la insurrección militar, pero el creciente descontento existente mayoritariamente en las Fuerzas Armadas  se manifestó de dos maneras: la primera, la presentación, el 9 de enero,  de un memorando por el general Rómulo Fernández, jefe del Estado Mayor General, exigiéndole  al dictador una rectificación en la política del régimen, la reorganización del gabinete Ejecutivo y una mayor presencia militar en el gobierno; la segunda, el inicio de una nueva conspiración. El general Pérez aceptó las sugerencias  reorganizando, de inmediato,  el gabinete ministerial.

         La salida del gobierno de Laureano Vallenilla Lanz  y de Pedro Estrada, incrementó la violencia en las calles. El 9 de enero se realizó una multitudinaria manifestación popular en El Silencio, la cual fue  duramente reprimida. El 13 de enero, el dictador detuvo al general Fernández y lo envió al exterior, encargándose del ministerio de la Defensa. Estas medidas aumentaron el descontento militar. La conspiración empezó a tomar fuerza. Al mismo tiempo, circularon  diferentes manifiestos  de importantes sectores  nacionales: el Colegio de Ingenieros, la Asociación Venezolana de Periodistas, grupos de intelectuales, federaciones obreras y sectores empresariales. La Junta Patriótica convocó a una huelga general el 21 de enero. En la noche del 22 de Enero, un grupo muy importante de oficiales pertenecientes a la Escuela Militar y Básica iniciaron un proceso de desobediencia que empezó a generalizarse en los distintos mandos de las Fuerzas Armadas.
         Ante esta realidad, el general Marcos Pérez Jiménez decidió abandonar el país en el avión presidencial, acompañado de su familia, y algunos ministros. En la Escuela Básica se constituyó una Junta Militar formada por el contraalmirante Wolfgang Larrazábal, quien la presidió y los coroneles  Carlos Luis Araque, Pedro José Quevedo, Roberto Casanova y Abel Romero Villate. Al hacerse pública estas designaciones, sectores populares se lanzaron a la calle, rodeando el palacio de Miraflores, protestando las designaciones de los coroneles Roberto Casanova y Abel Romero. Presionados, al mismo tiempo por oficiales jóvenes, los mencionados coroneles fueron obligados a renunciar, siendo designados en su reemplazo Eugenio Mendoza y  Blas Lamberti.  La nueva Junta de Gobierno designó un gabinete provisional constituido de figuras independientes y del general Jesús María Castro León, ministro de la Defensa. Grandes manifestaciones de alegría conmocionaron al país.
         Las amenazas en contra del nuevo régimen empezaron casi de inmediato. La primera crisis militar surgió alrededor del teniente coronel Hugo Trejo, el cual inició una gira por todas las guarniciones  provocando fuertes tensiones. El ministro de la Defensa y su jefe del Estado Mayor General, coronel Jesús Manuel Pérez Morales solicitaron su destitución. Fue designado embajador en Costa Rica. Al mismo tiempo, algunos grupos militares empezaron a mostrar un creciente descontento, rodeando al general Castro León, quien recibió apoyo de todos los comandantes de Guarnición. El 23 de julio, envalentonado por ese apoyo, decidió  desconocer la autoridad de la Junta de Gobierno. El respaldo mayoritario de todas las fuerzas políticas y la convocatoria de una gran manifestación en El Silencio lo hizo renunciar a su cargo. Otro intento de insurrección ocurrió el 7 de septiembre en el cuartel de la Guardia de Honor. Grupos de manifestantes, en medio del fracaso del golpe, asaltaron dicho cuartel.
         Estas amenazas fueron analizadas por las más importantes fuerzas políticas, las cuales negociaron un gran Acuerdo Nacional entre los partidos Acción Democrática, URD y Copei,  con la finalidad de oponerse a cualquier amenaza en contra del régimen democrático, mantener una gran altura en el debate político, respetar el resultado electoral y constituir un gobierno de Unidad Nacional. A los pocos días, Rafael Caldera lanzó su candidatura presidencial, URD y el partido Comunista le ofrecieron la candidatura presidencial a Wolfgang Larrazábal, quien la aceptó renunciando a la presidencia de la Junta y solicitando su baja de las Fuerzas Armadas. A los pocos días,  Rómulo Betancourt lanzó su candidatura. El 7 de diciembre se realizaron las elecciones. El resultado fue muy competido obteniendo Rómulo Betancourt: 1. 284. 092 (59,4 %), Wolfgan Larrazábal: 903.479 votos y Rafael Caldera: 423,262 votos. El 13 de febrero asumió la presidencia de la República, Rómulo Betancourt, iniciándose un largo período de cuarenta años de democracia y libertad…
Fernando Ochoa Antich
fochoaantich@gmail.com
@FOchoaAntich   

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jueves, 1 de enero de 2015

FERNANDO OCHOA ANTICH, LA CRISIS CÍVICO MILITAR DE 1958

FERNANDO OCHOA ANTICH
         En mi anterior artículo mantuve la necesidad de analizar y discutir las circunstancias políticas que produjeron el derrocamiento del general Marcos Pérez Jiménez y el importante esfuerzo que se hizo para lograr  un gran acuerdo nacional entre todos los partidos políticos, de izquierda y de derecha, para aprobar la constitución de 1961. Justamente, la votación en esas elecciones alcanzó una mínima abstención de 6,58 %. Al contrario, en el referendo aprobatorio de la constitución de 1999 hubo una de las mayores abstenciones de nuestra historia al alcanzar el 55,62 %. Ese resultado electoral indica que esa constitución nunca ha tenido el respaldo mayoritario de los venezolanos, aunque reconozco que tiene importantes aciertos que permitirían utilizarla  como marco de referencia para una transición política. El acuerdo nacional de 1958, se fue constituyendo progresivamente, durante el año de 1957, entre los partidos políticos, las Fuerzas Armadas, la Iglesia Católica y los sectores empresariales.

         La crisis política de ese año empezó a manifestarse de una manera espontánea como consecuencia del final del período presidencial y la obligación constitucional existente de llamar a elecciones para elegir a un nuevo presidente de la República. Los factores de oposición le hicieron ver al gobierno dictatorial que la oposición, en caso de que se convocara a elecciones en diciembre de 1957, lanzaría a Rafael Caldera como  candidato único. La respuesta del régimen fue ordenar su prisión por un corto tiempo con el objeto de abortar  las perspectivas de su candidatura. Una vez puesto en libertad se vio obligado a pedir asilo en la Nunciatura Apostólica hasta obtener un salvoconducto para viajar al exterior. La posibilidad de una convocatoria a elecciones quedó sin efecto, al tomar Marcos Pérez Jiménez la decisión de convocar a un plebiscito con la finalidad de que los venezolanos decidieran si  debía o no  continuar ejerciendo la presidencia de la República por un nuevo período.
         Desde los primeros meses de 1957, empezó a observarse un importante incremento en las tensiones sociales y políticas. El 1 de mayo, una trascendente pastoral del arzobispo de Caracas, monseñor Rafael Arias Blanco, la cual fue leída en todas las Iglesias, impactó  de manera muy importante a la opinión pública ante sus denuncias sobre la situación de pobreza y corrupción que se vivía en Venezuela. El 11 de Junio se creó la Junta Patriótica, formada por los partidos URD, PCV y Copei. Inicialmente, Acción Democrática, no respaldó esta posición, hasta hacerlo el 12 de enero de 1958.  El 29 de junio, la Junta Patriótica  hizo circular 200.000 volantes en Caracas, incitando al pueblo a fortalecer la unidad en la resistencia a la dictadura. La inquietud social empezó a tomar cuerpo en  los sectores estudiantiles. El 20 de noviembre, la Universidad Central de Venezuela y los liceos públicos más importantes de Caracas iniciaron una huelga, la cual fue reprimida con gran violencia por el régimen. 
La crisis económica empezó a manifestarse a mediados de ese año al no poder el gobierno nacional cancelar las grandes obras públicas que debían entregarse el 2 de diciembre. Eugenio Mendoza trató de convencer al gobierno que, ante su insolvencia, transformara la deuda interna en deuda externa. El régimen no aceptó esa recomendación por más que los banqueros y empresarios nacionales le hicieron ver el riesgo de una inmensa crisis económica que impactaría a la sociedad a través de una elevada inflación y un alto desempleo. Al mismo tiempo, un creciente descontento empezó a generarse en los cuadros medios y subalternos de las Fuerzas Armada ante las dificultades que enfrentaban para cubrir sus gastos familiares y la creciente corrupción de la camarilla militar y civil que rodeaba al dictador. Un ciclo de conferencias, que empezó a dictar Marcos Pérez Jiménez en las principales guarniciones para mostrar sus grandes obras, incrementó el descontento militar.
La Junta Patriótica y los frentes estudiantiles y obreros organizaron distintas acciones populares contrarias al régimen durante los meses de noviembre y diciembre. La dictadura convocó, el 15 de diciembre, a un plebiscito mediante el cual el pueblo decidiría si el general Marcos Pérez Jiménez ejercería por cinco años más la presidencia de la República. El resultado electoral confirmó el triunfo del sí al obtener 2.374.90 votos.  Al mismo tiempo, los principales líderes de los partidos políticos, Rómulo Betancourt, Jóvito Villalba y Rafael Caldera, se reunieron en Nueva York, en diciembre de 1957, para lograr un acuerdo político que permitiera el derrocamiento de la Dictadura. De manera sorprendente, un amplio sector de las Fuerzas Armadas se insurreccionó, el 1° de enero de 1958, en las guarniciones de Caracas y Maracay. Este alzamiento militar fue controlado por el dictador, pero produjo tal impacto en la opinión pública que permitió  el llamado a una huelga general, la cual culminó con el derrocamiento de Marcos Pérez Jiménez el 23 de enero de 1958.
Fernando Ochoa Antich
fochoaantich@gmail.com
@FOchoaAntich 

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