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sábado, 18 de mayo de 2013

MERCEDES MONTERO, LA VERDADERA HISTORIA DEL CRIMEN COMETIDO POR EL M-19 EN COLOMBIA

Síntesis  del contenido del libro DESAPARECIDOS. Autor Coronel Alfonso Plazas Vega con Prólogo del ex. Ministro Fernando Londoño Hoyos.
Ante una situación como la que se vive actualmente en el Hemisferio Occidental, en el cual todos sus pueblos están sufriendo los embates del Castro comunismo es necesario que se conozca  la verdadera historia de lo sucedido durante la toma del Palacio de Justica  colombiano, por parte del M-19 (Movimiento guerrillero) en connivencia con la mafia de los narcos, con el objetivo  de doblegar a la democracia más antigua de Latinoamérica y convertirla en un narco estado.
El año 1.985 tiene un significado especial en la historia de Colombia, ya que se libraba una cruenta guerra entre el menguado ejército colombiano y el muy adinerado narcotráfico que para nada le temía al primero. A lo único que le temía era a su extradición a USA; razón por la cual apelaron a la contratación de un verdadero ejército de abogados, entre los cuales se encontraban ex magistrados de las Cortes de Justicia quienes con mentalidad mercenaria serían capaces de cualquier cosa, para combatir el tratado que había suscrito el gobierno colombiano con USA.
La vía judicial no le era favorable a las FARC, era del conocimiento público que la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia tenía lista la ponencia para declarar válida la extradición de narcotraficantes, medida esta que contaba con respaldo unánime. Las amenazas continuas y crueles contra los jueces no habían surtido efecto. Los centenares de pliegos escritos por sus bien aceitados leguleyos, tampoco. El Tratado iba a aprobarse. A la mafia sólo le quedaba la aplicación de la violencia que sería desplegada mediante su unión con el M-19 grupo de origen comunista, cuyos miembros eran en buena parte militantes antiguos de las FARC.
Se darían dos golpes de Estado reunidos en una sola operación. Con  el primero, se asesinaría parte de la Corte y se conservaría el resto como rehén para conseguir la rendición del Gobierno y la promesa formal de que no habría extradición de colombianos. Con el segundo, el Presidente tendría que abandonar su Palacio para sentarse en una mesa de negociación abierta, nada menos que en el Palacio de Justicia, para resolver los problemas del país de acuerdo con lo expresado por el Comunismo, mezcla de Marx con discursos extravagantes sobre Justicia Social. Sobre esta base se selló la alianza para que la mafia pusiera las armas, dinero y cuanto resultara menester (su  capacidad económica, era tanta que podía ofrecer, como en efecto ocurrió, hacerse cargo de toda la deuda pública externa de la Nación, como contraprestación a los beneficios judiciales que esperaban). Las FARC pondrían el atrevimiento para desafiar con las armas y en semejantes condiciones a la más antigua y estable democracia de América Latina.
Los días 6 y 7 de noviembre de 1.985, ante la curiosa y nunca inexplicada  ausencia de la Policía de custodia,  los guerrilleros penetraron al Palacio de Justicia, previo el asesinato de sus casi inermes guardianes. Rápidamente se apoderaron de todas las instalaciones, hicieron trincheras de los sitios estratégicos, prendieron el fuego que les interesaba, asesinaron a sangre fría a unos cuantos magistrados y se dispusieron a esperar la llegada del Presidente de la República. En su lugar llegaron los soldados, que hicieron cara a los armamentos ultramodernos y a los sitios previamente definidos como los mejores por la turba asesina. Pero nada los arredró. Un puñado de héroes salvó la República y  liberó a centenares de inocentes que iban a ser masacrados, a costa de los mayores sacrificios y la vida de soldados y policías, que dejaría una inmensa cuota de dolor.
Todo terminó, muchas horas después. Cuando del Palacio en cenizas solo quedaron los últimos rescoldos, los colombianos que estuvieron a punto de perderlo todo, sintieron a salvo la libertad, la fe en el destino de Colombia y de su honor sin mancilla.  Por eso saludaron  el paso de las tropas y a su Comandante Alfonso Plazas Vega.
El número de muertos en este lamentable hecho fue de 94. Entre ellos hay 14 cuerpos sin identificar, que no corresponden ni a Magistrados, ni a guerrilleros, ni a miembros de la Fuerza Pública, ni a visitantes del palacio. Esos son los cadáveres de los desaparecidos, que no están desaparecidos sino sin identificar. Los jueces de 1986 a 1992 así lo manifestaron, y responsabilizaron de su muerte al M-19. Pero en el 2005 el Fiscal Mario Iguarán abrió una investigación de corte estalinista para condenar a los militares y exculpar a los guerrilleros del M-19, que ahora están en el poder (Petro es Alcalde de Bogotá, Navarro Wolf fue Ministro, Senador, Gobernador y ahora da clases de moral, Oti Patiño es columnista de El Tiempo, Vivian Morales fue Fiscal General de la Nación, Alirio Uribe preside el colectivo de abogados, José Alvear Restrepo que es el acusador contra Plazas Vega)
En 1985 los militares rescataron  260 personas con vida de las garras de los terroristas del M-19, ese logro en cualquier nación civilizada les hubiera permitido vivir llenos de reconocimiento por parte de la sociedad y protegidos con sus familias, sin embargo hoy están  privados de libertad y han tenido que sacar a sus hijos del país.
Entre 1985 cuando sucedieron los hechos del Palacio de justicia y 2005 hay 20 años, pero durante ese tiempo Plazas Vega fue  Jefe de Estado Mayor de una Brigada, Agregado Militar en España, Profesor en la Escuela Superior de Guerra, luego se retiró del Ejército porque el ministro Navarro Wolf (M-19) no lo dejó ascender a General, teniendo las más altas calificaciones de su promoción en todas las áreas. Ya en el retiro fue cinco años profesor universitario, Gerente de una empresa, Ministro Plenipotenciario en Sudáfrica, y finalmente nombrado por el Presidente Álvaro Uribe Vélez como Director Nacional de Estupefacientes. Es decir su vida pública se proyectaba muy bien, en dos comentarios de prensa (ambos de un par de renglones en el diario El Tiempo), mencionaban su nombre como ministeriable. De hecho la DNE era un Ministerio sin cartera. Los terroristas de cuello blanco tenían el temor de que siguiera ocupando posiciones en las cuales pudiera hacerles daño político o judicial.
Su labor en Estupefacientes fue tan sólo de dos años y medio, entre 2002 y 2004. Sin embargo en ese lapso le quitó a los diferentes carteles de la droga la suma de mil millones de dólares en bienes, razón por la cual es odiado y lo tienen condenado a muerte.  Aun así dice que nunca ha sido objeto de atentado alguno contra su vida. Salvo su traslado a la fuerza del Hospital Militar a la cárcel de la Picota en el año 2009 donde apenas permaneció nueve días y, se negó a recibir medicinas ni comida del INPEC (guardia penitenciaria). La inteligencia militar afirma que el plan era envenenarlo. No lo consiguieron. Apenas salió de la DNE  inventaron el proceso de los desaparecidos del Palacio de Justicia.
El 29 de Enero de 2012 fue condenado en Segunda Instancia por dos magistrados que no conocían el proceso. Quien lo conoció, que fue el ponente, pidió su  absolución y la revocatoria de la sentencia de primera instancia. Como los otros dos no lo secundaron,  Hermens Lara Acuña hizo el salvamento de voto. Pero aun así fue condenado por  el señor de la cafetería Rodríguez Vera y, la guerrillera Irma Franco quien si está desaparecida, porque salió viva del Palacio de justicia y fue llevada al sitio donde la Inteligencia Militar identificaba a los rescatados y determinaba su destino. Ese lugar es un museo conocido como "la casa del Florero". Allí llegó viva. Plazas Vega no tenía ninguna responsabilidad sobre el manejo de inteligencia ni de las personas que allí llegaban. Su responsabilidad terminaba cuando entregaba a ese lugar los rescatados vivos. ¿Porque lo quieren hacer responsable también de la guerrillera?
Han pasado 26 años y Colombia está de nuevo amenazada por el mismo enemigo, pero ahora las armas son distintas, mucho más sofisticadas, más mortíferas, mejor calibradas. Aquellos que no pudieron dar un golpe de Estado, ahora lo intentan por otros caminos. Les basta el artificio de una justicia indigna; los testigos falsos e inexistentes;  la ingenuidad y la cobardía de una sociedad que no sabe defenderse; se agazapan detrás de una toga y un birrete para ametrallar  honor, sentimientos,
Valores  y aspiraciones.
Los muertos del Palacio de Justicia, que el Coronel Plazas Vega demuestra en su libro DESAPARECIDOS EL NEGOCIO DEL DOLOR, que están donde dice que están, quieren ser canjeados por sus herederos por un puñado de dólares concedidos por algún tribunal de justicia. Para lo que se requiere, claro está, que Plazas Vega sea condenado por un delito que nadie ha cometido. Los supuestos desaparecidos,  no desaparecieron. Fueron cruelmente sacrificados por los compañeros de guerrilla de uno de los demandantes, un tal René Guarín.
mechemon99@yahoo.co.ukEL ENVÍO A NUESTROS CORREOS AUTORIZA PUBLICACIÓN, ACTUALIDAD, VENEZUELA, OPINIÓN, NOTICIA, REPUBLICANO LIBERAL, DEMOCRACIA, LIBERAL, LIBERALISMO, LIBERTARIO, POLÍTICA, INTERNACIONAL, ELECCIONES,UNIDAD, ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA,CONTENIDO NOTICIOSO,

jueves, 20 de septiembre de 2012

RICARDO VALENZUELA, DESDE IBERIA PARA PEÑA NIETO, REFLEXIONES LIBERTARIAS

Durante los últimos veinte años he producido decenas de artículos explorando las raíces de la patética diferencia entre nuestro desarrollo y el de nuestro vecino del norte; los EUA. Sin embargo, siempre al final arriendo mi caballo ante primero de los barrancos, algo que Octavio Paz afirmaba al referirse al perfil de dos muy diferente Américas: “Una de habla inglesa, es hija de la tradición que fundó el mundo moderno: la Reforma y sus consecuencias políticas—sociales, democracia y capitalismo. La otra de habla española y portuguesa, es hija de la monarquía universal católica y la contra Reforma produjo la autocracia y el mercantilismo.”

Ya Simón Bolívar me daba una pista en uno de sus escritos del siglo XIX: “En tanto nuestros compatriotas no adquieran los talentos y virtudes que distinguen a nuestros hermanos del norte, los sistemas populares lejos de favorecernos, temo vengan a ser nuestra ruina. Desgraciadamente esas cualidades parecer estar muy distantes de nosotros y, por el contrario, estamos dominados por los vicios  que se contraen bajo la dirección de una  nación como la española que solo ha sobresalido por su fiereza, ambición, venganza y codicia.”

Los EU nacían como la primera democracia moderna y la poderosa frase de Jefferson en su declaración de independencia, dictaba su futuro; “Dios creó a todos los hombres iguales”—pero iguales ante la ley, concepto que no entendieron los revolucionarios franceses, mucho menos los mexicanos. Emergían como la primera economía de mercado de la era moderna sin ligas al feudalismo, y ambos conceptos le daban vida al capitalismo democrático para crear el milagro del siglo XIX.

México, en contraste, al lograr su independencia se deshacía del yugo de España, pero mantendría el mismo esquema económico—político de la era colonial. La concepción del Estado benefactor, tutelar, paternal que conciliaba al interior o, si no era posible, suprimía todas las disidencias, es obra de los neo tomistas españoles del siglo XVI. Es el diseño que echó raíces en la colonia, fue luego adoptado por Porfirio Díaz con ropaje liberal, y finalmente fue consagrado en la Constitución de 1917.

Durante décadas los orígenes culturales de ambos países han sido la explicación más popular de este desconcertante fenómeno, y en actitudes de algunos de nuestros líderes encontrábamos algo semejante a la condena de un destino predeterminado y, al igual que nuestro valle de lagrimas, dócilmente deberíamos de aceptar algo totalmente fuera de nuestro control: “Somos latinos y ellos son anglosajones.” Nuestro modelo fue España y lo debería seguir siendo per secula seculorum. Sus modelos en nuestro país son inoperantes.

Pero nuestros sesudos analistas congelaron la historia de España y se han dedicado a ignorar su transformación de los últimos 40 años. Han ignorado cómo el Rey Juan Carlos, quien fuera preparado por el mismo Franco para continuar su dictadura, primero coqueteara con el liberalismo y luego le daba al pueblo español la ansiada libertad negada por el dictador. Han ignorado cómo Adolfo Suárez emergiera como el cirujano político de España, logrando los acuerdos para cimentar la democracia liberal y pluralidad.

Ignoran la transformación de Felipe González de ser un carismático líder socialista, a un estadista abrazando los mercados libres, luego de entender que la derecha y el conservadurismo moralista de Franco, no era el credo liberal. Pero lo que más han decidido ignorar, es el papel del ex Presidente José María Aznar quien, habiéndolo identificado—en su limitado mundo—como un hombre de “derecha,” se resisten tozudamente a reconocer su aportación de los años en los cuales España se consolidó como un ejemplo admirable y un país de primer mundo.

Aznar había convertido a España no sólo en un gran aliado de los EU—dejando en el pasado el complejo de ultraje tan popular en México—la había convertido en un dinamo económico y algo más; dejaba el poder en sus propios términos, sin buscar otra reelección que fácilmente ganaría. Este hombre de corta estatura y gran determinación, había transformado la política española. Habiendo heredado los remanentes del conservadurismo de Franco—activista, aislado y místicamente español en su catolicismo—los transformó en una estructura liberal clásica y moderna.

Con orgullo afirma ser esta la primera vez en su muy larga historia que en España se habían aplicado políticas liberales en toda su pureza. Ello había producido prosperidad para todos los españoles, una economía envidiable y de las pocas que crecían en la Europa unificada. Sus asertivas políticas desde mercados libres hasta el Supply—Side, tan impopulares en el resto de los países de la Unión largamente controlados por el socialismo cristiano, produjeron una rugiente ola de bienestar no conocida en Iberia. Cuando en un país de 40 millones de habitantes se crean 4 millones de empleos, ello es una verdadera revolución social.

Al cuestionarlo de su retiro en la cúspide de su carrera y a tan temprana edad; con sabiduría responde: “Porque es lo que prometí al pueblo de España y debo respetar mi promesa. Porque no quiero que la serie de cambios y políticas implementadas, se confundan como logros personales, debemos institucionalizar nuestro proceder en la política. Esos logros no se deben de observar como de Aznar, sino como los de una gran generación de españoles.” “Hasta ahora” continua, “me he dedicado a actuar y poco a persuadir. Es ya la hora de dedicar todo mi tiempo a la persuasión en el universo de las ideas.”

Pero Aznar no contaba que con el miedo los españoles entregaran el poder a un Peje churumbel, luego de los ataques terroristas a los trenes de Madrid. Zapatero dedicó dos periodos de gobierno para destruir la obra de Aznar y a España, de ser el gran ejemplo a seguir, la convirtió en otro paria de la Unión Europea que tal vez, como Grecia, deba ser rescatada de la Euroeclerosis aguda en su segunda avenida. Entonces ¿fue cuerda la retirada de Aznar?

José María Aznar se ha convertido en la cabeza de una Fundación de liberalismo clásico: Fundación para Estudios Sociales y Análisis. Pero todos se preguntan si eso es suficiente para este dinamo que había logrado cambiar la sociedad más conservadora del mundo civilizado. España es uno de los países europeos que cuenta con más centros de ideas liberales, mientras que nosotros todavía navegamos en el subdesarrollo, retraso mental y nostalgia, a través de las venas abiertas de Galeano.

Hace unos días al escuchar un mensaje del Presidente electo, Enrique Peña Nieto, no pude evitar hacer la comparación con Aznar. No sólo porque sean dos hombres de corta estatura, inteligencia y, me parecen ambos, determinación. Sus mensajes liberales suenan muy claros, similares, coordinados y provenientes del mismo canal. Sigue esa vereda Presidente Peña, metiéndole el machete a los chirahuales y rastreando los chóllales para sacarlo de raíz.

chero@cox.ne 
Twetter@elchero

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miércoles, 16 de mayo de 2012

MARTHA COLMENARES. FERNANDO LONDOÑO HOYOS SOBREVIVE AL TERROR

Los terroristas fallaron en sus pretensiones de darle muerte aunque si lograron acabar con la vida de dos de sus escoltas

Las esquirlas se alojaron entre el corazón y los pulmones, gracias a la cirugía se han podido extraer

Fernando Londoño Hoyos sobrevive al terror. El ex ministro de Interiores cuando la primera gestión de Alvaro Uribe vive de milagro. Objetivo de  un atentado en Bogotá perpetrado por los terroristas de las FARC (así lo confirmo el general Luis Eduardo Martínez, comandante de la Policía), resultó herido, no sabemos que secuelas puedan dejarle las esquirlas que se alojaron  entre el corazón y los pulmones, que gracias a la cirugía se han podido extraer.  Un artefacto explosivo fue puesto en su camioneta y activado. Los terroristas  fallaron en sus pretensiones de darle muerte aunque si lograron acabar con la vida de dos de sus escoltas, causar además decenas de heridos en estado grave y cuantiosos destrozos.

Quienes lo admiramos nos sentimos conmocionados por lo ocurrido a este hombre  siempre presente por la causa de la justicia, la democracia y las libertades, de convicciones, sin tapujos, con una grandiosa capacidad de oratoria como pocos colombianos, y también con “habilidad para convencer”, algo que leí sobre su trayectoria, muy acertado por cierto.

Si  por algo es reconocido Fernando Londoño, es por su firmeza frente al terrorismo, a pesar de las amenazas. Hace tres años cuando se encontró  un computador a guerrilleros criminales de las FARC, en uno de los documentos incautados se  mencionaba que Fernando Londoño debía morir. El lo denunció con gallarda valentía en su artículo (lo publiqué en mi blog) Condenado a muerte, entonces me conmovió, hoy me indigna, la indulgencia que se pretende con esta banda de narcoterroristas que tanto daño ha causado. Decía una de sus partes:

“La fe en Dios hace al hombre invulnerable al miedo y hasta insensible al dolor de la despedida. Es tan poco lo que dejo y tanto lo que espero, que siento defraudar a mis asesinos. Porque ni les temo ni los odio y esa forma de desprecio será el más duro castigo para su iniquidad. He descubierto también que no hay nada en el universo que se parezca al amor. El que he sentido de los míos, de mis amigos y de gente que nunca conocí, no solo es consuelo suficiente sino premio inmerecido. 

He comprendido, igualmente, que la plena conciencia del deber y la justicia vuelve al hombre inútil para la fuga y aun para la súplica. Tengo la esperanza de que al quedarme evitaré el destierro de muchos otros. Que al no silenciarme cobarde reemplazaré muchas voces que se apagan en silencios inútiles”.

Una vida en peligro, sin embargo, en su transcurrir las denuncias son expuestas con el coraje acostumbrado, desde su tribuna radial, ese formidable programa de radio “La Hora de la Verdad”, así como en sus artículos, y no se le escapa una.  Los últimos dos editoriales de su programa por ejemplo,  los  de este lunes 14 de mayo, y el del martes 15 de mayo minutos antes del atentado, me llaman la atención:

En primer lugar,   el relacionado al Marco Jurídico para la paz II, expresaba su preocupación por el que pudiera ser aprobado un proyecto  de Reforma Constitucional que pretende darle “facultades al fiscal general de la nación y al presidente de la República para que procedan a lo que se llama priorización y selección y de los casos y de las personas autoras de esos casos que a su juicio merezcan el esfuerzo del Estado para buscar una condena. Los demás, los que no queden seleccionados entre la fiscalía y el gobierno nacional quedan perdonados”. Lo cual a su juicio, significaría la total impunidad para las FARC, su libertad absoluta, que celebrarán con el presidente Santos y sin intervención del congreso, limitado apenas a dar un “visto bueno”.

Lo grave, lo condenable, es que  a pesar del atentado terrorista, a la Cámara no le tembló el pulso para aprobar el  tal  marco legal  y los únicos que salen con ganancias aquí son los narcoterroristas FARC.

Otro asunto inconveniente para la banda y sus aliados, es con motivo de lo que él llama “montaje”, en relación al “tinglado de la farsa para la liberación del francés Langlois. Un periodista  muy de izquierda que ha participado en muchos actos en los que casualmente siempre interviene la gente de las farc. Pero pues no tenemos elementos de juicio que nos permitan decir que el señor Langlois es miembro de las farc, simplemente es un simpatizante de extrema izquierda, le parece que los muchachos de las farc como le parece también a la Corte Suprema de Justicia obran por altruismo, es decir que son una especie de Robín Hood que le están robando a los ricos de Colombia para dárselo a los pobres…”.

Oportuno resaltar el llamado caso de los “paracachitos”, hoy reivindicado a raíz de las confesiones del ex magistrado chavista del tribunal Supremo de Justicia, Aponte Aponte, al reconocer que se trató de un montaje como así lo denunciaba  Londoño entonces, porque me dejó una experiencia aleccionadora: la del hombre que no abandona a sus conciudadanos.

Me complace poder decir que para entonces, 2004 al 2006,  se trató el tema, el de estos muchachos  colombianos que fueron encarcelados por varios años acusados por el delito de rebelión militar, acusados de paramilitares, quienes dieron testimonios de las torturas que padecieron para que señalaran a oficiales de las fuerzas armadas venezolanas. Atento estuvo cada semana, cada actuación del tribunal para darles apoyo. Vía telefónica participé en aquellos programas a los cuales fui gentilmente invitada, era emocionante escuchar su vehemencia,  la comprensión absoluta de lo que a miles de kilómetros ocurría en una sala de juicio o en una  cárcel militar venezolana. Ya luego, recientemente,  ha sido muy grato cuando hemos tratado los asuntos electorales en Venezuela o sobre los presos políticos.

La noticia está en las primeras planas de los medios colombianos y del mundo, impactada la comunidad internacional por lo ocurrido que deja  una ola de conmoción y angustia, en  un país, donde se comenzaba  a sentir destellos de paz por la política de seguridad implantada por el entonces presidente Álvaro Uribe,  y de pronto, ahora, se nota una especie de camino de regreso, donde la banda pareciera andar a sus anchas…

marthaccolmenares@yahoo.com

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