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lunes, 28 de diciembre de 2015

JOSÉ FÉLIX DÍAZ BERMÚDEZ, VALORACIÓN REPUBLICANA DE ANDRÉS BELLO

Cuando se examina el registro de los venezolanos eminentes que han contribuido con su obra a formar Repúblicas y establecer para su tiempo y el nuestro los verdaderos principios que elevan la dignidad del hombre y de la sociedad, debemos citar el nombre ejemplar de Andrés Bello.

A su reconocido aporte en el campo de la lingüística española que alcanza su cima en la "Gramática de la Lengua Castellana" y el mérito de haber sido designado Miembro Honorario de la Real Academia Española de la Lengua y de otras corporaciones, se une su  labor como docente en las facultades de humanidades, filosofía y leyes,  como Rector de la Universidad de Chile y como educador de avanzadas concepciones, defensor de principios democráticos: "haciendo a los individuos útiles a sí mismos y útiles a su semejantes", para que fuesen ciudadanos capaces de adquirir: "el verdadero conocimiento de sus deberes y sus derechos" para así dar razón, sentido y trascendencia a una República.

Otro notable aspecto suyo fue su elevada condición de jurista y de parlamentario, formador de las instituciones y de leyes, como aquel proyecto de Código Civil que redactó previendo el apropiado fundamento de la vida civil. No hubo materia jurídica que no conociese con sapiencia, desde la interpretación de la Constitución hasta el adelantamiento del municipio. En política, consideraba que: "pasó el tiempo de las monarquías en América", pero exigió a la República la manifestación de sus virtudes, para que estos países pudiesen demostrar en su existencia cotidiana que podían ser soberanos e independientes.

Bello se opuso a las especulaciones teóricas en las Constituciones y las leyes y aspiraba que las mismas produjesen: "bienes efectivos y prácticos de que goza el pueblo bajo su tutela". Conocía los riesgos que suscitaban: "los embates del espíritu democrático" entre pueblos inexpertos sujetos a la ignorancia y al servilismo colonial. Auspició la organización de nuestros países y el cumplimiento de la ley, el respeto a las instituciones populares para superar nuestros males históricos y expresó: "¡Quiera el cielo que estos dos sentimientos dominen siempre en todas las almas americanas y sofoquen en su raíz los malhadados disturbios que han contristado a la América!". Reclamó a los gobernantes: "rectitud" y "buen juicio", y contra los magistrados judiciales que quebrantaron su deber, exigió la necesidad de: "promover su corrección, separación y castigo".

En materia de libertad de imprenta, Bello sostuvo su indispensable protección, así como también respetar la reputación y el buen nombre de las personas. Valorando su significado llegó a considerar ese derecho: "tan caro a los pueblos", y fue contrario a que en su regulación fuese únicamente objeto del gobierno, siendo indispensable conocer la postura de la sociedad.

Un proyecto de ley restrictivo a la actividad periodística, en junio de 1839, exaltó los ánimos en Chile. La respuesta del periódico "El Diablo Político", entre otros adversos, fue que: "Nada hay más monstruoso en la historia política de nuestra patria, que ese catálogo de artículos, meditados para esclavizar el pensamiento y concluir con la respetable magistratura de la opinión pública... Sería un delito a imaginar siquiera que las Cámaras sancionen un proyecto que va a despojar a la nación de la prerrogativa más sagrada e inviolable...". El proyecto entonces no avanzó.

Preocupado por el establecimiento de una: "recta administración de justicia", Bello intervino en el año de 1840, en un importante debate sobre la posible suspensión del fiscal de la Corte de Apelaciones de Santiago, donde demostró su rectitud y su concepto ético de la magistratura judicial, respaldando el control sobre los jueces, ya que se requería: "que se administre pronta y cumplida la justicia en la República".

Si faltaba al respecto un testimonio más sobre su pensamiento, ya no desde la tribuna parlamentaria sino desde el paraninfo de la Universidad de Chile, Bello expresó desde allí lo siguiente: "¿Y qué objeto más importante o más grandioso que la formación, el perfeccionamiento de nuestras leyes orgánicas, la recta y pronta administración de justicia, de seguridad de nuestros derechos, la fe de las transacciones comerciales, la paz del hogar doméstico?". En otro instante,  con firmeza expresó: "Nada importan las decoraciones exteriores, los progresos de la industria, los adelantos del comercio, si el poder conservador de la propiedad carece de fuerza..., no son de tanta trascendencia como el fallo injusto de un juez... Las funciones de éste influyen la moral, o la corrupción pública...".

Recordemos a Bello cuando requerimos la lección del pasado, las rectificaciones del presente, la esperanza del futuro. Bello encarna la virtud ciudadana y la perpetuidad de la República. Simboliza la autoridad de la razón en el forjamiento de nuestro destino para llegar a ser un pueblo culto, civilizado y libre.

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