Hace
un año empezó el país a enterarse que el todopoderoso y popular presidente
Chávez no era un titán mitológico sino un ser humano que, por muy fuerte y
trabajador que sea, se enferma. Lo que empezó por una presunta rodilla
lesionada, terminó en un cáncer del cual se sabe poco, más allá de rumores y de
informaciones teñidas de propaganda política.
Hace
un año empezó también la incertidumbre de un Presidente que pasa más tiempo
fuera del país que dentro del territorio nacional y gobierna a distancia. En
medio de rumores que van y vienen, es imposible no empezar a hacerse preguntas
inquietantes. Más que sobre el verdadero estado de la salud del Presidente,
sobre el origen de decisiones que se están tomando.
¿Maneja
el Presidente personalmente su Twitter y escribe él todos los mensajes que
envía, incluyendo tanto saludos como especialmente informaciones e instrucciones
ejecutivas? ¿Está analizando y decidiendo el Presidente por sí mismo, sin
interferencias cubanas –necesariamente interesadas? En medio de las duras
condiciones de su enfermedad y su tratamiento médico, ¿tiene la tranquilidad
para analizar las condiciones políticas de su partido y de su proyecto
electoral?
La
condición de salud del Presidente lo afecta a él como individuo, y también a todo el país por ser el Jefe del
Estado, pero tal como se ha estado manejando, más allá de las emociones
populares y de las diarias y repetitivas alabanzas de funcionarios del Gobierno
y dirigentes del PSUV, la verdad es que llevamos un año viviendo e incluso
decidiendo por rumores. Y ésa es una base muy peligrosa para decidir, al punto
que ya hay quien llegue a afirmar, incluso, que ya el Presidente no gobierna.
Lo malo es que da la impresión que el Gobierno tampoco
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