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jueves, 29 de mayo de 2014

PAULINA GAMUS, LOS PROFETAS PROCURAN VATICINAR EL FIN DEL GOBIERNO DE NICOLÁS MADURO, UN HECHO QUE SOLO PUEDE LLEGAR CON EL VOTO POPULAR

Cada vez que se habla de la afición que sienten muchas personas por las predicciones de astrólogos, videntes, tarotistas, fumadores de tabaco, lectores de la borra del café y demás individuos con supuestas facultades para otear el más allá y adivinar el porvenir, se piensa que su éxito solo es posible en países subdesarrollados, incapaces entre muchas incapacidades, de superar el estado primario de los pueblos en que prevalece el pensamiento mágico. 

Nada más alejado de la realidad, Inglaterra es quizá el país con mayor número de esotéricos y afines en el mundo moderno y si quisiéramos avergonzarnos por lo que sucede en Venezuela desde hace quince años, sírvanos de consuelo que la nación más poderosa del mundo en tiempos en que aún era Imperio, estuvo gobernada por un presidente muy popular -Ronald Reagan- quien a su vez estuvo dominado por su esposa Nancy y esta a su vez por la astróloga Joan Quigley. Esa intérprete de los designios astrales le hacía saber a doña Nancy cuáles eran los días buenos, cuáles los neutrales y aquellos que se debían evitar para la toma de decisiones trascendentales. Fue tan poderosa su ascendencia sobre la Primera Dama que logró modificar la agenda de la Casa Blanca con sus predicciones. Los días eran clasificados por colores según el consejo de la astróloga Quigley y se decidían los más convenientes para la seguridad y el éxito del presidente. El asunto alcanzó tales proporciones que condujo a que el presidente Reagan despidiera a su jefe de Gabinete, Donald Regan, por estar este en desacuerdo con el método de toma de decisiones según se presentaba el color del día.

Dicho esto los lectores podrían ser un poco más comprensivos con lo que ha venido ocurriendo en Venezuela casi al unísono de la llegada de Hugo Chávez al poder y de su división del país en dos bandos enfrentados: los que están conmigo y los “sinmigo”, es decir, los opositores que debían ser aplastados como alimañas. 

Para un pueblo acostumbrado a vivir en democracia, a expresar públicamente y sin temores sus opiniones, a criticar abiertamente a los gobernantes sin que eso le acarreara consecuencias que lamentar, lo que nos estaba ocurriendo no podía ser normal. Algo había en aquel hombre ordinario, insolente, abusador y vociferante para que más de la mitad del país estuviera postrada a sus pies. Empezó a correr el rumor de unos babalaos que, instalados en la residencia presidencial -el Palacio de Miraflores-, hacían sacrificios de animales y le daban a beber la sangre al mismo Chávez. Al mismo tiempo, en Cuba, ya transformada en la sede del verdadero gobierno venezolano, Fidel Castro tenía bajo sus órdenes a santeros que con sus Elegua, Obátala, Changó y Ogun, protegían al pupilo Chávez

Era de lógica que los opositores no permaneciéramos con los brazos cruzados o mejor dicho, con las mentes cerradas a estas poco ortodoxas formas de hacer política. Nuestra astróloga más popular iniciaba sus informes rutinarios con noticias que todos habíamos leído en la prensa, luego utilizaba un lenguaje bastante críptico para sugerir que en algún momento Chávez saldría de la presidencia. Antes nos anunciaba que moriría un personaje famoso y que habría un terremoto en cualquier lugar del planeta lo que indefectiblemente ocurría. Pero Chávez, ayayay Chávez, ese era realmente un hueso duro de roer hasta para la astrología. El fracaso estrepitoso de la astróloga se produjo a raíz del paro semi nacional de fines de 2002 y primeras semanas de 2003, cuando -ya sin tapujos- nos aseguró que nos libraríamos del caudillo bolivariano y socialista del siglo XXI. Ante ese desprestigio la astróloga debió autoexiliarse del país lo que no le impide seguir enviando sus predicciones pero sin asumir demasiados compromisos. Confieso que todas las semanas caigo en la tentación de leer lo que nos va a suceder a los Capricornio, pero ni me dejan una herencia ni aparece la mujer de pelo negro que me hará daño ni el hombre que está loco por mí ni el negocio que me hará rica.

Fueron muchos otros los astrólogos que con sus anuncios de la muy próxima salida de Chávez, previos baños de sangre y otra serie de tragedias y luego la llegada de un tiempo luminoso para Venezuela, nos robaban tiempo precioso de nuestras incursiones en Internet. Entonces se enfermó Chávez. No recuerdo que haya sido algún esotérico quien advirtiera lo que iba a sucederle a aquel hombre de apenas 57 años. Fueron los médicos cubanos quienes lo diagnosticaron, operaron, trataron y enterraron. Pero poco antes del desenlace para algunos fatal, apareció en el escenario nacional un hombrecito de perenne sonrisa, cola de caballo y ojillos entrecerrados, que con una vocecita de marcado acento brasilero, nos fue llevando hasta la fecha exacta en que el comandante presidente pasaría a la eternidad. No se crea que se trataba de un vidente cualquiera, era nada menos que el Profeta de América. Su fama devenía de haber vaticinado el ataque terrorista a las torres gemelas de Nueva York y otras cuántas catástrofes. El Profeta estaba metido día y noche en nuestros hogares mirándonos con aquellos ojillos y casi contando los días de vida que le quedaban al moribundo que, al fin y como era de esperar, murió. El profeta fue elevado rápidamente al rango de héroe. Pero poco dura la alegría en casa del pobre y de los profetas. Apenas empezaron las protestas estudiantiles el 12 de febrero de este año, el profeta le fijó fecha a la inminente salida de Nicolás Maduro: ¡cuatro días! Han pasado más de tres meses.

Decepcionados de tantos estafadores de esperanzas parecíamos resignados a soportar indefinidamente al desastroso sucesor del desastroso Hugo Chávez, cuando un teórico marxista exasesor del difunto, el alemán Heinz Dietrich, sentenció que a Maduro le quedaban ocho semanas en la presidencia. Han pasado diez. Pero el 22 de mayo un periódico alemán publicó como una novedad el plazo de las 8 semanas por lo que suponemos que Dietrich pidió una prórroga.

Con tantos fracasos a cuestas, es muy lógico que una parte de la oposición venezolana haya dado paso a otra clase de profetas, los del desastre. Los que ya no creen en salidas electorales, ni en diálogos, ni en la dirigencia política que organizó unas primarias impecables y luego condujo a la oposición a las elecciones del 7-10-12 y del 14-4-13. Tampoco cree en el candidato que si no le ganó a Maduro en abril de 2014, lo empató y eso después de un esfuerzo titánico apenas al mes del fallecimiento de Chávez y de toda la explotación electorera de su muerte. Esos escépticos e indignados regresan, sin percatarse de ello, al pensamiento mágico y a la esperanza en soluciones rápidas enviadas por alguna fuerza ignota, una que no es de este mundo: aquí va a pasar algo o tiene que pasar algo, pero nadie sabe cómo ni cuándo. Ojalá pasara, me cuesta creer en fuerzas sobrenaturales que producen milagros, pero que bueno sería que ocurriera alguno para no tener que esperar a que este infame gobierno sea expulsado por el voto popular.

Paulina Gamus
gamus.paulina@gmail.com
@Paugamus

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martes, 1 de octubre de 2013

ALEK BOYD, LA HEGEMONÍA COMUNICACIONAL DEL CHAVISMO

El deplorable estado en el que se encuentra la prensa en Venezuela no puede sorprender a nadie. Ya lo decía Andrés Izarra, uno de los multiministros chavistas, poco después de la suspensión de la licencia y robo de equipos a Radio Caracas Televisión (RCTV): “La hegemonía comunicacional yo la lancé como una reflexión en el marco de la construcción del socialismo y lo dije en el sentido gramsciano. Gramsci no habla de hegemonía como lo están haciendo estos intelectuales de derecha, que lo quieren hacer ver como una imposición, como una dictadura, como una coacción sobre la pluridad, sobre la libertad de disentir, en lo absoluto.”

Es evidente que Izarra ha debido leer una versión edulcorada de la propuesta ideológica de Antonio Gramsci. Lo cierto es que en Venezuela, la hegemonía que existía y que mantenía el capitalismo del status quo -según el concepto gramsciano- ha sido suplantada por otra. Un simple enroque. Donde había una pluralidad representada por unos cuantos canales de televisión y periódicos, que en los 40 años previos al arribo del golpista Hugo Chávez al poder criticaban a tirios y troyanos, ahora hay una cuasi hegemonía comunicacional que ha ido apagando una a una las voces críticas. Pongamos ejemplos:

RCTV era el canal de TV con mayor audiencia en Venezuela, su licencia fue revocada en el 2007, y sus equipos robados por el estado venezolano -sin haber pagado hasta el día de hoy la debida compensación. RCTV fue relanzado como TVes y su audiencia desapareció;

Venevisión, tradicionalmente el rival de RCTV, ha erradicado la crítica de su programación desde que en aquella reunión no tan secreta de Jimmy Carter con su dueño (Gustavo Cisneros) y con Hugo Chávez en 2004 se obró el milagro de hacer desaparecer a esa planta del horizonte de blancos mediáticos del chavismo;

Globovisión era el único canal de noticias 24 horas en Venezuela, sus directivos fueron objeto de todo tipo de asedios legales y ataques, hasta que la situación se tornó tan insostenible que decidieron vender a un “grupo de empresarios” (liderados por Raul Gorrín) que se han hecho de oro con el chavismo;

Cadena Capriles, cuyos periódicos Últimas Noticias y El Mundo son, y con mucho, los de mayor tirada en Venezuela, adquirido recientemente por el banquero Víctor Vargas, quien se comenta habría operado como testaferro del gobernador chavista Tareck El Aissami;

El Nacional, uno de dos periódicos (junto a El Universal) considerado como decanos de la prensa en Venezuela, controlado por la exasistente del radical chavista Juan Barreto (Antonieta Jurado) y entre cuyos accionistas mayoritarios se encontraría Danilo Díaz Granados, uno de los operadores financieros predilectos del chavismo.

Tenemos entonces que los medios impresos y de televisión de mayor audiencia en Venezuela han sido o silenciados, o sobornados, o comprados por el régimen o sus testaferros. Habida cuenta del primitivismo que caracteriza la ideología chavista, tenemos que uno de los argumentos favoritos es aquel que mantiene que “los medios están en manos de la oposición”, o aquel otro que propugna que la “revolución bolivariana es víctima de una guerra mediática en su contra”.

El líder de la oposición, Henrique Capriles Radonsky, se ha visto en la necesidad de lanzar un nuevo medio virtual (Capriles.tv) cuyos valores de producción revelan la precariedad de su presupuesto. Este emprendimiento es producto de la disminución del número de medios independientes dispuestos a darle tribuna a sus opiniones. Así de plural es la arena mediática actual en Venezuela.

Mientras el régimen cuenta con una cantidad innumerable de radios comunitarias, canales de televisión nacionales e internacionales, medios impresos, oficinas y agentes de propaganda, sitios web, etcétera, los medios independientes que tradicionalmente proveían una perspectiva alternativa a la linea oficial están ahora en manos de los leguleyos del chavismo.

Es decir, salvo algunas excepciones a nivel regional, los medios de importancia en Venezuela han sido subyugados. Aun cuando las voces disidentes aún presentes en dichos medios no han sido del todo apagadas, en los medios creados por el chavismo -la hegemonía comunicacional de Izarra- no existe la pluralidad, no existe la critica, no existe el cuestionamiento, no existe el derecho a réplica, es decir, en el proceso de contrarrestar a la prensa “enemiga” el chavismo abandonó toda pretensión de objetividad, y presenta una irrealidad tal que ni siquiera sus propios partidarios sintonizan para recibir el dogma.

La hegemonía comunicacional de Izarra no busca, ni pretende, informar. Es proselitismo puro, estilo Gramsci, que solo busca suplantar valores arraigados en la sociedad venezolana por aquellos del “socialismo del siglo XXI”, algo que ni siquiera el mismísimo Hugo Chávez logró conceptualizar.

Alek Boyd es periodista.
alek.boyd@gmail.com

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