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martes, 10 de septiembre de 2013

FÉLIX PALAZZI, CREER DESDE LA TOLERANCIA

La inercia que nos consume tiene que empezar a transformarse en la construcción de espacios comunes
Al referirnos a las instancias que hacen posible la tolerancia, inevitablemente tenemos que hacer alusión a los credos religiosos. Ellos han sido y son fuentes de intolerancia o caminos hacia ella. El primer obstáculo que encontramos es el fundamentalismo, sea en su expresión de descrédito o desvalorización del aporte de un sistema de valores y creencias, delimitando la fe a lo individual y subjetivo en la esfera de lo "espiritual", o sea en la utilización de la fe como sistema de Estado. Ambos extremos se alejan de lo que realmente es la fe del creyente. Un fundamentalista no necesita creer, solo obedecer y repetir.
Hace cincuenta años, en una situación de exclusión valorada como normal y hasta legal, un pastor cristiano se atrevió a "soñar" y, así, Martin Luther King con su sueño despertó la conciencia de muchos. En Sudáfrica, cuando se le preguntaba al obispo anglicano Desmond Tutu sobre la esperanza en la reconciliación en su país, comentaba, en las horas más difíciles: "siempre veo el océano, y recuerdo que su inmensidad está formada por pequeñas gotas de agua". Ningún esfuerzo o iniciativa grupal o privada es vana para construir la tolerancia. Recientemente el papa Francisco ha reafirmado el valor de la "cultura de encuentro y del diálogo" como único camino hacia la paz. El tiempo y la historia nos han demostrado que el odio, la venganza, la crueldad y la arrogancia solo tienen una victoria efímera y pasajera. La tolerancia desde la verdad y la justicia es el "medio bondadoso" que permite la tutela y promueve la paz.
A veces la realidad nos lleva a dudar de la eficacia y la oportunidad de estos medios "bondadosos". Pero el papa Francisco nos recuerda: "la fe no es decorar la vida con un poco de religión (... ) la verdadera fuerza del cristiano son la verdad y el amor, la fe y la violencia son incompatibles, el cristiano no es violento, pero es fuerte".
La tolerancia es la forma concreta e histórica en que el cristianismo logra expresar el mandamiento del amor. No se puede amar al prójimo si en la práctica se le excluye o se le niega su espacio. La reconciliación en la Iglesia no es una prerrogativa o una concesión conferida a la misma. La reconciliación es el desarrollo de su misión en el mundo, de manera tal que ella no debe esperar a ser llamada a ningún proceso de reconciliación, ella tiene la obligación de emprenderlo en coherencia con su naturaleza y su misión en el mundo. La Iglesia es el espacio privilegiado para empezar el reconocimiento entre los hermanos fuera del ámbito de la confrontación partidista. Y debe no solo llamar a la reconciliación nacional sino hacerla posible desde sus bases.
La inercia que nos consume tiene que empezar a transformarse en la construcción de espacios comunes; la desesperanza debe encontrar cauces para convertirse en esperanza por una tolerancia que cree en la verdad y la justicia.
felixpalazzi@hotmail.com
@felixpalazzi

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lunes, 2 de septiembre de 2013

FELIPE GUERRERO, SUEÑO Y COMPROMISO,

En esta estación que vive la humanidad recordamos que hace cincuenta años, en los días finales del mes de agosto, se realizó la célebre Marcha sobre Washington. Volver la vista a ese histórico evento cargado de simbolismo nos sirve para reafirmar el apego universal a los valores y principios que aquel día glorioso concentró a cientos de miles de personas, de todas razas, para abogar con firmeza pacifista por la igualdad y la justicia a fin de consagrar para todas los seres humanos sin distinción,  el respeto que corresponde a la dignidad de la persona humana.

A cincuenta años de ese crucial acontecimiento,  los venezolanos amantes de la libertad y de la igualdad volvemos a emocionarnos al escuchar una vez más las conmovedoras palabras con que Martin Luther King  estremeció al mundo y cambió la historia.

La memoria y el legado del gran líder, cuya corta y ejemplar vida constituye paradigma inigualable de consagración a la fe, el humanismo y la firmeza de convicciones, libre de rencores y odios inútiles, nos sigue señalando el camino lleno de enormes obstáculos, posibles incomprensiones y seguros sacrificios, camino tan largo y difícil que puede incluso trascender el espacio temporal de nuestra existencia, camino que recorremos iluminados por el sueño que él nos descubrió y que hoy une a cada vez más amantes de la justicia, convencidos de que el triunfo nos pertenece.

Al conmemorarse cincuenta años de aquel comprometedor mensaje, las realidades del momento demuestran cuán vigente está el legado de Martin Luther King; por eso quienes militamos en el humanismo reafirmamos la convicción y el compromiso  de continuar recorriendo el difícil camino que definitivamente nos lleve a la tan deseada igualdad; sobre todo en  esta hora cuando falsos profetas pretenden izar la bandera de la justicia solo para reafirmar una fidelidad política que tanto les conviene a sus intereses particulares.

El discurso pronunciado hace cincuenta años por el luchador de los derechos civiles Martin Luther King, es recordado como el discurso más emotivo de la historia. «Tengo un sueño», dijo desde las escalinatas del Monumento a Lincoln durante la Marcha en Washington por el trabajo y la libertad. Ante unas trescientas mil  personas, quienes fueron impactadas por ese discurso que encerraba las esperanzas y sueños de toda una generación.

El mensaje de Martin Luther King establece un contraste entre lo que es necesario que ocurra en la sociedad de su época y la situación real, que se caracterizaba ayer y se caracteriza hoy por el descontento de las grandes mayorías.

Cuánta razón tiene Mario Benedetti cuando afirma: 

«  Dale vida a los sueños que alimentan el alma, / no los confundas nunca con realidades vanas. / Y aunque tu mente sienta  necesidad humana, / de conseguir las metas y de escalar montañas, / nunca rompas tus sueños, porque matas el alma».

«Dale vida a tus sueños aunque te llamen loco, / no los dejes que mueran de hastío, poco a poco, / no les rompas las alas, que son de fantasía, / y déjalos que vuelen contigo en compañía».

«Dale vida a los sueños que tienes escondidos, / descubrirás que puedes vivir estos momentos / con los ojos abiertos y los miedos dormidos, / con los ojos cerrados y los sueños despiertos».

Como hablando a la Venezuela de este tiempo, Martin Luther King finalizó su mensaje diciendo: 

«Aunque afrontemos las dificultades de hoy y de mañana, todavía tengo un sueño. Yo tengo un sueño de que este país se levantará un día y vivirá el significado auténtico de su credo: Afirmamos estas verdades evidentes, que todos los hombres son creados iguales».

Con los ojos abiertos y los miedos dormidos: ¡Ese es nuestro sueño y nuestro compromiso!.


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