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sábado, 1 de agosto de 2015

LAUREANO MÁRQUEZ, RESISTIR, EDITORIAL TAL CUAL

Quien escribe siempre fue bruto en materia de economía. No entiendo la naturaleza de los procesos macroeconómicos, ni eso que llaman los equilibrios de las cuentas nacionales. Sin embargo, no hace falta ser un Nobel de economía para darse cuenta de que al país no le espera otra cosa sino hundimiento para los próximos tiempos.

Hasta ahora la destrucción de Venezuela ha sido un magnífico negocio para muchos. Para los que ya eran multimillonarios, porque han sacado excelentes dividendos. Para los que no tenían dinero pero consiguieron poder, también. Estos últimos han amasado nuevas espectaculares fortunas mal habidas que retumban en Andorra, Suiza y otros paraísos fiscales. Los sectores medios han contado con ventajas como el cupo de CADIVI, uno de los mejores negocios improductivos de la historia, porque te permite ganar dinero al tiempo que viajas (algo que para el resto de la humanidad supone un gasto inevitable). También para los menos favorecidos han surgido originales oportunidades de lucrar, como el “bachaqueo”, por ejemplo, que produce ingresos que nunca se podrían conseguir con un salario, por muy decente que este sea.

Hay cosas en Venezuela que si se arreglaran -como el tema de la producción y suministro de alimentos sin regulaciones absurdas- ello significaría la quiebra de mucha gente que ya vive de eso. Una administración pública honesta destruiría demasiados negocios. Una economía que dependa de la eficiencia productiva y no del beneficio extraordinario que produce el desbarajuste cambiario, sería una calamidad para algunos que ya no saben trabajar decentemente.

Sin embargo, al margen de lo señalado, la Venezuela de este tiempo, como suele acontecer en los periodos de anarquía y caos, se acerca a un momento en el cual la situación no será conveniente para nadie. Los dólares se acabaran, la presión de la deuda nos llegará, no habrá productos que bachaquear, ni combustible que vender al otro lado de la frontera.

Cuando ese momento llegue, el país sin duda cambiará, no nos quedará otro camino que el trabajo, en todos los sentidos de la palabra: trabajar y pasar trabajo, que parece que es la única manera que tienen las naciones de progresar y entender. Pasaremos trabajo porque las medidas que se tendrán que tomar serán necesariamente muy duras, como consecuencia de tantos años de desidia, pero aprenderemos la lección de los antiguos griegos: solo se progresa de verdad cuando la polis es floreciente.

Entonces, como diría Lenin, “¿qué hacer?” frente a lo que viene. Lo primero meter la cabeza entre las piernas y colocarse en posición de impacto para capear el temporal de calamidades que se avecinan.

Es esencial tratar de sobrevivir, al hampa, a la cárcel, a la escasez a las inhabilitaciones y al sinnúmero de dificultades que ya los expertos vislumbran. Frente a esto, los venezolanos de bien, es decir, la mayoría, solo tienen las dos opciones que son las que en la práctica han venido tomando en los últimos tiempos: emigrar o tratar de resistir desde la certeza de que es inevitable que esto cambie cuando las contradicciones sean insalvables.

El país está lleno de gente que resiste: empresarios que producen a pérdida para no cerrar sus industrias, agricultores que insisten en sembrar arroz en Portuguesa, profesores universitarios que continúan dando clases con un sueldo de menos de 50 dólares, periodistas que dan la cara por la libertad de expresión, médicos que salvan vidas con las uñas, estudiantes que se forman en la excelencia y una infinidad de etcéteras tan diversos como la complejidad del país.
Irse también es una manera de resistir, sobrevivir y preparase es también hacer patria. Vivir fuera, en la hostilidad del mundo desarrollado, en esa selva que es para uno el imperio de la ley, no es nada sencillo.

La resistencia tiene que ser activa, cada uno de nosotros tiene que contribuir con su talento, inteligencia e integridad a que una Venezuela como la que imaginamos y soñamos se haga realidad algún día.

Este tiempo nos convoca de manera personal, nuestra responsabilidad es impostergable, individual e intransferible, como el voto. Con lo único con lo que contamos para edificar el país que merecemos es nuestra materia gris, por eso aún hay esperanza, porque la inteligencia abunda en Venezuela, aunque esté en este tiempo acorralada, agazapada, subestimada.

Con esa inteligencia debemos afrontar lo que nos viene cuando la factura de la historia nos alcance, porque como dirá Luis Vicente León en su artículo del próximo domingo, es preciso “entender que no habrá salida fácil y que independientemente de quien sea el culpable, todos sin excepción vamos a pagar por él”

Laureano Márquez
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sábado, 20 de diciembre de 2014

LAUREANO MÁRQUEZ, AÑO NUEVO, VIDA VIEJA

LAUREANO MÁRQUEZ
Verdaderamente, desde el punto de vista de las expectativas colectivas, los venezolanos pocas veces habíamos vivido una víspera de año nuevo con tanta desesperanza. Parece que hasta los pocos partidarios que le van quedando al gobierno tienen, no ya la sospecha, sino la certeza de que el año que viene va a ser mucho peor que este. Usualmente, nuestra iconografía decembrina suele representar al año viejo como un ancianito que -desmejorado por los males del período que culmina- se despide para dar paso a un infante recién nacido lleno de futuro y posibilidades. 

Pero el 2015 nacerá anciano, porque el sueño se volvió pesadilla y la “vieja política” la representan hoy los que ayer la desmontaban. Hoy son ellos lo que Venezuela quiere cambiar.

El presidente anuncia que él directamente va a tomar en sus manos la conducción de la economía. Lo hace con el propósito de generar sosiego, cordura y lo que se escucha desde el fondo del alma nacional no es un suspiro de alivio, sino un angustiado “¡¡¡noooooooooo!!!”, como salido de una escena de película de terror. Es que todo va de cabeza: en un país en el que hay 500 personas haciendo cola en una sola tienda para compar neveras algo anda mal. Ni siquiera en China deben venderse 500 neveras diarias. Una medicina con 30 cápsulas cuesta Bs 3,25, un agua mineral 8 y un tanque de gasolina de sesenta litros, 6. El taxi al aeropuerto sale mas caro que el boleto de avión, unos zapatos deportivos valen lo que costaba hace 20 años un apartamento.

El país despierta de la borrachera petrolera y se da cuenta de que, no sólo no ahorró en el mejor momento económico de su historia, sino que encima estamos endeudados como nunca, quebrados, destruido el sistema productivo, dinamitada la convivencia política, desmanteladas las instituciones. Casi como si 200 años no hubiesen pasado, como si hubiese que comenzar de nuevo, cual sísifos de la venezolanidad, a arrastrar la piedra desde el fondo del barranco.

Como si lo señalado no fuese suficiente, Cuba nos madruga esta semana anunciándonos que nos deja, que salta del autobús, justo cuando faltan metros para el barranco al que nos animaron a dirigirnos incitándonos a meter chola a fondo. Además lo hace en la misma semana en la que en Venezuela el susodicho hace una marcha escuálida en contra del imperio, sin siquiera una llamadita de cortesía: “no hagas esa marcha el lunes, no anuncies quemas de visa el martes, porque el miércoles mi acere Obama y yo filmamos un acueldo”. Ni un mensajito de ttextos siquiera para evitarle el ridículo de tener que decir el jueves, después de sanciones, marchas y hogueras de visas: “que tipo tan chevere es Obama, estamos contentísimos con él”. ¿Y si Raúl al final fuera de la CIA?

Debemos terminar el año con un mensaje esperanzador. Venezuela va a salir adelante luego de que empeore un poco más. Venezuela sobrevivió con un barril de petróleo a menos de 10 dólares y bastante menos indecencia y latrocinio.La esperanza de cambio está dentro de nosotros. El país de la inteligencia, la tolerancia y la democracia terminara marcando el rumbo, porque los pueblos no se suicidan.No somos malos, como Jessica Rabbit, en esta historia nos dibujaron así, pero libremente podemos tomar el lápiz del destino en nuestras manos y dibujarnos de otra forma.

Al que pierda la paciencia con esto de la reconstrucción, ahí cerquita tenemos a Cuba, que dentro de muy poco será un plan B perfecto, ya lo verán.¡Cosa mas grande!

De todas formas, para no perder la tradición: Feliz año 2015.​

Laureano Márquez
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miércoles, 17 de diciembre de 2014

LAUREANO MÁRQUEZ, ABSURDIDADES

LAUREANO MÁRQUEZ
Examinemos las noticias de la semana que termina:

* Desde la Fiscalía nos dicen que la inhabilitación de Leopoldo López se venció, pero se renueva automáticamente porque “un período finaliza y otro está comenzando” y así como existen los ciclos de la vida, también tenemos los de la inhabilitación. En otras palabras, en un país en el que un pasaporte –que es una cosa tan cotidiana– es tan difícil de renovar, la inhabilitación de un ciudadano por sus opiniones políticas no tiene vencimiento.

* A María Corina Machado la citan por preparar un magnicidio junto con Gustavo Tarre. Entra a la Fiscalía por magnicidio y sale imputada por conspiración. Se pregunta uno si hay un bombo lleno de papeletas con acusaciones al azar para los opositores y una mano inocente las va sacando.

* A Capriles lo van a investigar porque ha viajado al exterior. Lo investigan los mismos que se niegan, no digamos a indagar, sino a medio preguntar, por no dejar, por qué se usan los aviones de Pdvsa para viajes privados de los familiares de funcionarios (vale recordar que una de las banderas usadas para criticar la corrupción que aquí había era la de las famosas “colitas de Pdvsa”). ¿Ustedes se imaginan el escándalo que se habría armado en el país si encuentran a la niñera de Capriles con una pistola?

* Desde el alto gobierno señalan que Estados Unidos corre peligro de una Hecatombe + IVA por una forma de extracción de petróleo que mientan fracking. Y dice uno: si nuestro propósito es acabar con el imperio, ¿qué hacemos nosotros previniéndoles acerca de que les viene un terremoto, en vez de callarnos la boquita y dejar que se hundan definitivamente?

* El gobierno anuncia que juega al rebote de los precios del petróleo para que lleguen al precio “justo”, que está sobre los 100 dólares por barril. Simultáneamente, anuncia una exhaustiva fiscalización de EPK para garantizar “precios justos” en sus ventas. Parece que la cotización de la justicia está peor que la del petróleo en Venezuela.

* “Las puertas de todos los recintos penitenciarios del país están abiertas para `saciar la curiosidad’, para informar de los logros en materia carcelaria”. Nada que agregar, su señoría.

* Los conductores de la economía explican que, con la caída de los ingresos a poco menos de la mitad, no habrá reducción en el gasto público. Suponemos que al frente de las finanzas pondrán a Nuestra Señora de Coromoto.

En el contexto que hemos dibujado, nos visita el gran Maradona para asistir a un acto público con el presidente y nos lanza esta perla, antes de dormir el discurso: “Maduro está haciendo una presidencia fenomenal. A mí me gusta.”… ¡Pibe: venite a vivir acà! Eso es to… eso es to… eso es todo, amigos.

Laureano Márquez
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viernes, 28 de noviembre de 2014

LAUREANO MÁRQUEZ, ÍTACA, EL REGRESO

LAUREANO MÁRQUEZ
En el estado de Nueva York, a mitad de camino entre Manhattan y el Canadá, se encuentra un pequeño pueblo llamado Ithaca, que debe su nombre a la famosa isla griega de Ulises, cuyo viaje de regreso lleno de maravillas motivó a Kavafis a decir: “Cuando emprendas el viaje hacia Ítaca, ruega que el camino sea largo, lleno de aventuras, lleno de descubrimientos”. 

Allí fui a dar con la rectora de nuestra Alma Máter, la profesora Cecilia García Arocha, para una conferencia en la Universidad de Cornell –auspiciada por su decanato de estudios latinoamericanos– sobre esta patria nuestra tan difícil de explicar para quienes no la han vivido desde las angustias cotidianas; esta patria nuestra llena de contradicciones: pobre en medio de riquezas; el país más hermoso pero lleno de fealdades; sin democracia en medio de tantas elecciones; una tierra llena de vida en el que la muerte se nos ha hecho costumbre.

Allí nos reunimos con un grupo de jóvenes venezolanos: Andrés, Antonio, Julio, Jorge, Gerardo y César, quienes apenas sobrepasan los veinte y ya llevan, algunos, como 15 años fuera.

Pertenecen a la Fundación La Visión Latinoamericana, que organizó la conferencia. Unos muchachos demasiado jóvenes para arrastrar con el peso de la culpa de haberse ido y que la mitigan organizando eventos, conferencias y formándose en la excelencia para volver a la edificación de la idea de Venezuela una vez que este tiempo de destrucción haya pasado. La rectora y yo nos sentimos conmovidos hondamente solo de percibir la nobleza de sus hermosas almas venezolanas, que se sientan al piano a ejecutar magistralmente un Pajarillo, usando el piano a modo de arpa. Una frase cayó como postre en la mesa de nuestro apresurado almuerzo, en esos momentos en que las lágrimas se tragan mejor con un baklava.

Uno de nuestros muchachos dijo: “Aquí es donde yo vivo, pero solo cuando voy a Venezuela siento que estoy en casa” y cabalgó por mi cabeza una frase de uno de los guerreros de The Warriors (película inspirada en la Anábasis de Jenofonte, donde se relata el regreso de los diez mil soldados a Grecia), cuando al ver el mar se emociona y dice: “When I see sea, men, I feel home”, porque cuando los griegos ven el mar, sienten que están en casa.

Antonio me mostró la biblioteca y no pude contener el llanto y le expliqué que Borges, quien lamentaba que la Providencia le hubiese dado a la vez los libros y la noche, imaginaba el Paraíso bajo la forma de una biblioteca. Los libros. Solo los libros nos salvarán. “¿Qué es más importante, la libertad o los libros?” me reclamaba alguien esta semana. Mi respuesta: los libros, sin sombra de duda, porque antes de existir en las calles, la libertad existió en los libros. Sin ellos no hay libertad posible.

La Universidad de Cornell me dio un maravilloso viaje al alma. Le comenté a nuestra rectora: “Es bella esta universidad, está llena de libros, de aulas hermosas, de calles seguras y de jardines cuidados que invitan a pensar”. Al conocer a Cornell aumentó mi admiración, no tanto por sus estudiantes, que la merecen, sino por los nuestros, que en medio de esta adversidad de la historia transitan los caminos de la excelencia y nos hacen sentir orgullosos de ellos.

En la madrugada me fui de la helada Ithaca en autobús, con la esperanza de que semillas venezolanas esparcidas en su campus florecerán cuando llegue la primavera. Tuve que ir a Panamá, porque ya no existen vuelos directos, o no se consiguen, y al final, en la siguiente madrugada, llegué a Maiquetía. “¡El mar! ¡El mar!”, me dije feliz. Mientras el retrato del comandante me contemplaba, yo hacia mi cola de inmigración para volver a la dura realidad.
Y si la encuentras pobre, no creas que Ítaca te ha engañado.

Sabio como te has hecho, tan pleno de experiencia, habrás entendido lo que significan las Ítacas.

Laureano Márquez
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viernes, 7 de noviembre de 2014

LAUREANO MÁRQUEZ, LOS GUARDIANES DE LA ESPERANZA, EDITORIAL TAL CUAL

LAUREANO MÁRQUEZ
En el aeropuerto, en uno de esos días en los que el abuso te rebasa, en los que te apetece abandonar tus convicciones y lanzarte al estercolero nacional de la viveza, al estilo de las colitas de PDVSA tan cuestionadas en otros tiempos; cuando los que saben moverse como pez carroñero en el agua turbia se te colean sin pudor alguno y toman el vuelo en el que tú tendrías que estar, las colas se convierten en terapia colectiva donde se organiza la resistencia de la honestidad, cada vez más acorralada en la tierra de Bolívar.

Hablamos de todo: de los negocios milmillonarios que se hacen con la reventa de cemento, a pesar de que el Banco Mundial dice que este no es un país para hacer negocios; hablamos de los raspacupos, no ya individuales, sino de las grandes corporaciones de raspacupos (mayoristas del raspado, pues); hablamos de que en Venezuela cada descalabro, cada metida de pata oficial genera un negocio floreciente que se nutre de la incompetencia; de que es muy complicado adecentar el país, porque ya es demasiada la gente que vive de la indecencia y que perdería su chamba de dinero fácil y no trabajado a la que se ha venido acostumbrando durante todo este tiempo; nos reconfortamos en hacer lo correcto, pero con la inevitable sensación de sentirnos profundamente pendejos, al ver al vivo exitoso y triunfante y en algunos casos, incluso, haciendo mofa de tu compromiso con lo que es justo y bueno.

Hablamos de la gente que se va. Me encuentro en inmigración (¡nunca tan bien dicho!) a un querido amigo, una eminencia médica venezolana que se irá el año próximo. Lo llaman de Estados Unidos, quieren su talento allá, le facilitan la vida para que se vaya, le garantizan hasta la universidad de sus hijos. Este gobierno que tanto critica al imperio le ha entregado en bandeja de plata la flor y nata de nuestra formación profesional. La UCV llena de médicos al mundo desarrollado y, la USB, de ingenieros petroleros a Noruega, Canadá y Escocia. La UC le da un rector al MIT. Nuestro país está exportando su inteligencia.

Ya son dos horas de cola; estoy desde las dos de la mañana para el vuelo de las seis. Se me ocurre que podríamos fundar la Universidad de la Cola. Aprovechar las colas cotidianas para formar gente. Todos estamos en alguna cola en este momento. Sería una extraordinaria oportunidad de llevar cultura a la gente. Teoría política en la cola del supermercado; introducción a la economía en Farmatodo; principios básicos de derecho en el aeropuerto. El dilema de la perfectibilidad de la democracia solo tiene una salida: compartir cultura, elevar la inteligencia de nuestros hermanos, salvarlos del que los quiere embrutecidos para dominarlos.

Un compañero de infortunio me pregunta: ¿y usted tiene alguna esperanza? Sí, le respondo: el otro día fui a San Cristóbal y el señor que me hizo el servicio de transporte me contó que le regaló un carro a su hijo, estudiante universitario y le dijo: “Hijo, si yo me llego a entrar de que usted está vendiendo su cupo de gasolina yo le quito el carro ¿oyó? Porque si usted quiere ganar dinero, hágalo decentemente, trabajando, pero nunca de manera deshonesta”.

Ese hombre modesto, solitario y anónimo se rebela contra la mediocridad imperante. Cuando todos a su alrededor se corrompen, él le dice a su hijo, como el evangelio de Mateo: Etiam si omnes, ego non: aunque todos lo hagan yo no y tú tampoco, hijo mío. Son este hombre y muchos como él los que, quizá sin saberlo, le dan forma a la Venezuela que va a venir (porque va a venir). Son los guardianes de la esperanza.

Laureano Márquez
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jueves, 30 de octubre de 2014

LAUREANO MÁRQUEZ / EDITORIAL TAL CUAL / 67,5%

Según la última encuesta de Datanálisis, la desaprobación al desaprobado alcanza la cifra que da título a este escrito (superando incluso a la de la supuesta inflación).

LAUREANO MÁRQUEZ
La verdad es que el dato no deja de ser sorprendente, no por el 67,5%, sino por ese 32,5% que, frente a la debacle que se vive, todavía tiene coraje y guáramo no solo para apoyarlo, sino incluso para decírselo a Luis Vicente León en esos fuckings groups que realiza para obtener eso que él llama irreverentemente “la data”, ignorando la fórmula oficial que establece que debe decirse “el dato y la data”.

Hay gente que duerme en las colas de las farmacias y las madrugadas venezolanas están plagadas de largas filas en los centros de su ministro. La inseguridad llega a unas cotas tan elevadas que, a la hora de las mediciones, sale más barato colocar mejor la tasa de gente que ha salido ilesa. La salud no se queda atrás: las clínicas se parecen a los hospitales cuando funcionaban bien y los hospitales ya no se parecen a nada que el entendimiento humano pueda procesar asociado al concepto de “salud”.

El Banco Central, para evitarse problemas, cortó por lo sano: no se publican las cifras del deterioro económico. Parece más razonable registrar 30 millones de huellas que fomentar una economía productiva. Se robaron 42 armas de fuego en la Policía de Guarenas. Ya está en camino el segundo cargamento de crudo argelino para Venezuela. Tenemos la gasolina más barata del planeta, pero no hay. Algunos sectores del oficialismo quieren fundar partidos y ahora se consiguen con que Frankenstein no se lo permite. Los colectivos quieren marchar, pero la famosa guardia del casco no sabe si debe usarlo esta vez. En medio de esta Chikungunya política que atravesamos, al 32,5% de los encuestados les parece que está bien, que avanzamos rumbo al progreso a paso de vencedores. La verdad es que a uno lo que verdaderamente le indigna de la encuesta es el tipo ese 0,5 que todavía está indeciso, que medio cree y medio no cree. Porque un 33/67, incluso un 32/68, se acepta, pero ese 0,5 yo quisiera saber quién es, a qué se dedica, donde hace mercado y si se ha planteado irse del país, porque la cosa está tan peluda, que hasta los partidarios del gobierno están explorando el plan B.

En relación con la oposición, los números son más o menos así: Capriles 42,1% / 46,4% y Leopoldo López 45,6% / 40,0% (evaluación positiva y negativa). Es decir, que si sumamos nuevamente a Capriles y a Leopoldo tenemos un 87,7% (Sí, ya sé, Luis Vicente, que es una suma incorrecta, pero déjame soñar).

Mientras escribo estas líneas, llegan a mis oídos los gritos de los niños de un kínder cercano al edificio donde vivo. Están aprendiendo a contar. ¿Cuándo aprenderemos nosotros?

Laureano Márquez
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sábado, 20 de septiembre de 2014

LAUREANO MÁRQUEZ, RAYMA

Sin duda, las mujeres humoristas son mucho más peligrosas. Imagínese usted, caro lector, la explosiva confluencia de la inteligencia femenina y la agudeza humorística. 

RAYMA SUPRANI
El ingenio de Rayma Suprani y su compromiso con la democracia y la libertad en Venezuela harán historia.

Cuando este tiempo pase (porque pasará) y este pueblo olvidadizo nuestro ya no recuerde a los signatarios de su fracaso, aún entonces el nombre de Rayma prevalecerá como emblema de virtud, como estandarte de la justicia anhelada.

Cuando las generaciones venideras examinen este tiempo, junto a la incredulidad por lo vivido y la vergüenza histórica de los acontecimientos pasados, hallarán razones de orgullo para ser venezolanos en personas como Rayma, quien, a pesar de insultos, agresiones, multas, sanciones y muchas otras amenazas a su libertad de expresión, persistió en hacer lo correcto.

Lo correcto de un humorista es decir la verdad.

La verdad de la caricatura de Rayma es incontestable: la salud de Venezuela está en el suelo, los médicos se están yendo del país, las medicinas no se consiguen, muchas operaciones electivas se suspenden, los procedimientos médicos ante la escasez de insumos no son los adecuados. La salud pública está en el suelo; todos conocemos por lo menos a 10 víctimas del chicungunya y solo hay oficialmente 398 casos en el país. La brillante línea continua del electrocardiograma de Rayma solo da debida cuenta de esto y denuncia su origen. Ejerce el derecho que tiene todo ciudadano decente a proclamar su punto de vista, su opinión, su criterio, sin ser sancionado por ello. Por algo se persigue el humorismo en Venezuela: es el último reducto de la libertad de expresión.

Usemos el concepto de “pueblo” tan manipulado en estos tiempos: si alguien está del lado del pueblo es Rayma, sin duda. Su caricatura da cuenta del calvario cotidiano de la gente más humilde, esa misma que los poderosos dicen defender, mientras la hunden más en la miseria. El humor es pueblo y está al lado de las angustias populares, para proclamarlas al viento, para que alguien se conmueva y les busque solución, no para acallarlas como hacen los poderosos cuando la gente tiene el coraje de expresarlas abiertamente en una de sus múltiples cadenas.

Rayma Suprani trascenderá. Su eternidad será brillante (así como eterna será la mediocridad de quienes la persiguen). No podrán silenciarla porque no hay manera de acallar el ingenio.

Algún día, cuando la Venezuela civil, tolerante, de justicia y paz, reconozca a los héroes civiles, Rayma tendrá un lugar de honor en la lucha por la democracia y la libertad en Venezuela.

Frank Brown dijo alguna vez que tanto mejor es una obra humorística cuanto más se acerca a la seriedad.

Nuestra Rayma, resumiendo en sus dibujos el sentir de esta tierra, ha proclamado con valentía algunas de las verdades más serias que se han dicho en este tiempo.​

Laureano Márquez
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domingo, 14 de septiembre de 2014

LAUREANO MÁRQUEZ, SOBERANA DEUDA

La expresión “deuda soberana”, para referirse a lo que un Estado debe a otros Estados y a particulares, es sin duda contradictoria, porque la soberanía se refiere al hecho de no estar sometido a ningún poder superior, pero todos los que hemos pagado alguna vez una hipoteca sabemos que no hay peor sometimiento que el de deber real.


Hablar de “deuda soberana” es como hablar de “inseguridad segura”, de “corrupción decente” o de “violaciones respetuosas de los derechos humanos”. A mayor deuda menor soberanía.

El próximo octubre se vencen bonos de la deuda de la República y de la petrolera estatal PDVSA por casi 6.000 millones de dólares. Los responsables dicen que ahora es cuándo, que aquí hay plata para eso y más, que qué es eso para nosotros y que me canso ganso. Afirmaciones que son hechas con frecuencia y contundencia tan inusuales que hacen temer que la sospecha de El País de España de esta semana sobre nuestra capacidad de pago debe tener algo de base. Deuda soberana de un país al que han entrado 1.600.000 millones de dólares en 16 años.

“¡Manda huevos!” ha podido ser también el título del artículo sobre la economía venezolana, porque nosotros no tenemos “deuda soberana”; nosotros lo que tenemos es una soberana deuda.

Tan sobrados estamos que vamos a vender CITGO, como el que vende el carro “pa’ completá” una platica. Según el diario español, Venezuela le debe a las líneas aéreas 4.000 millones de dólares, amén de algunos otros pequeños detallitos de compromisos incumplidos de otorgamiento de divisas. Tenemos la inflación más alta del universo universal, golpizas y correcorre como en la toma de La Bastilla por conseguir harina y leche, consecuencia de una escasez que ha motivado que en algunas regiones se haya implementado un captahuellas en los supermercados para controlar el consumo. Dentro de poco, en esta tierra en la que a todo se le busca la vuelta, comenzarán a robar dedos para conseguir cupo para comida.

En medio de esta situación dantesca, se nos proclama, orwellianamente, que “la escasez es por abundancia” y “la crisis es progreso”, que vamos del carajo. Ayer mismo se nos dijo que Venezuela “tiene todas las condiciones para dar un salto económico”. Parece que ya lo dimos, solo que estábamos al borde del abismo.

Hay una luz al final del túnel, pero es una gandola que viene de frente y sin frenos.

Dicen que tenemos que bajarnos de la mula con los reales en octubre. Ojalá que sea el 28, día de la festividad de san Judas Tadeo, abogado de los casos desesperados, a quien también, por cierto, le debemos una vela.

Laureano Márquez
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lunes, 8 de septiembre de 2014

LAUREANO MÁRQUEZ, HABLAR BIEN DE VENEZUELA

Quien suscribe hace tiempo que dejó de leer las leyes. En los tiempos que corren, donde las leyes son un simple formalismo para encubrir el a-mí-me-sale-del-forro que nos rige, la legislación es literatura de ciencia ficción. Sin embargo, un amigo humorista me contó que aprobaron o están por aprobar, una ley o leya de protección o protecciona social o sociala al trabajador o trabajadora cultural o culturalo. Dicha ley contempla o contemplará que los artistas, para poder acceder a los fondos del Estado, no pueden hablar mal de Venezuela en el extranjero.


Para comenzar, en lo que a los humoristas toca, lo de recibir financiamiento del Estado, nunca ha estado en nuestros planes, muy por el contrario, somos nosotros de los principales financistas de este tiempo de expansión y progreso sin límites que vivimos los venezolanos, a través de las múltiples multas que cada tanto nos ponen como una especie de impuesto al lujo que nos damos de hablar de lo bien que marcha el país. 

Lo del financiamiento, pues, lo del bozalito de arepa, lo de la compra de conciencia, no nos inquieta, no es con nosotros. Lo que sí preocupa es qué entienden los autores del proyecto por “hablar mal de Venezuela”, porque de los artistas venezolanos que más estamos viajando a presentarnos en los lugares donde habitan nuestros connacionales somos los humoristas y quieren vernos nuestros paisanos, casualmente, porque les hablamos maravillas del país. Les contamos, entre otras cosas, que eso de que en Venezuela hemos dejado de lado la ancestral costumbre de usar papel tualé, es un invento de los detractores, que aquí si algo hay es papel.

Y si hay papel, obviamente es porque hay comida, buena, de calidad y en abundancia, al punto de que se va a colocar un captahuellas en los supermercados porque hay tanta abundancia que a la gente lo que le provoca es andar todo el santo día haciendo mercado y de allí las largas colas. Nosotros no pasamos por las penurias que pasa un compatriota que vive en Londres, que debe decidir entre 50 tipos de leche.

No. Si gozamos de tiempo libre es gracias a que cada vez que vamos al supermercado basta con un fugaz vistazo al anaquel de la leche: si hay, llevamos, sin la amargura de la escogencia entre lactosada o deslactosada, con omega o sin omega, con calcio o sin calcio.

Tenemos un gobierno no honesto, honestísimo, pulquérrimo que llaman en eso del manejo de las finanzas públicas. Aquí en 15 años ningún funcionario se ha llevado un solo dólar, la economía marcha increíblemente hacia el bienestar y el progreso, la inflación es inexistente, al punto de que ya ni cifras de ella es menester publicar.

En cuanto a salud y seguridad, Venezuela es uno de los países más seguros del mundo junto a Guatemala y nuestros hospitales públicos funcionan tan bien que los sistemas privados de salud tienden a desaparecer. En Venezuela nadie quiere irse, más bien recibimos millones de inmigrantes y turistas que vienen buscando tranquilidad y sosiego, inversionistas atraídos por una economía estable. Nuestra principal industria, la del petróleo, marcha de manera impecable.

Tenemos la gasolina más barata del universo, además, por lo visto, dentro de muy poco, le compraremos a Cuba el petróleo que le estamos regalando, porque es tanta la expansión petrolera del país que ya debemos importar lo que exportamos. Cómo será que el ministro de energía y presidente de PDVSA nos salió tan bueno, que hubo que nombrarlo canciller.

Así es que, por lo que a mí respecta, y aun a riesgo de que oleadas de inmigrantes ingleses, holandeses, españoles, irlandeses o americanos plaguen nuestras costas con sus veleros en busca de un futuro promisorio, iré dentro de poco a esos países en una gira de “Sit Down” a hacer lo que hago siempre: contar lo que está sucediendo en Venezuela, para que se mueran de envidia.

Laureano Márquez
eventos@laureanomarquez.com
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domingo, 25 de mayo de 2014

LAUREANO MÁRQUEZ, ETERNAMENTE PRESO

A los presos políticos de todos los tiempos

El 21 se cumplieron 59 años de la muerte de Andrés Eloy Blanco. Como bien dice Consalvi, la vida de este insigne poeta cumanés parece mucho más larga de lo que fue (apenas vivió 58 años), por la fecunda manera en la que brilló. Fue un relámpago de luz en la penumbra institucional de nuestra tierra. Andrés Eloy Blanco entendió como pocos el alma venezolana. Retrata en sus poemas esa bondad profunda que hay en nosotros a pesar de nuestras inconsistencias. Fue político en el tiempo en que Venezuela estrenaba instituciones que le habían sido históricamente ajenas, como la posibilidad del voto universal directo y secreto. “Cuando muera que me entierren en la urna electoral”, dijo en un mitin del Nuevo Circo subrayando su pasión por los comicios limpios y transparentes.

Le tocó presidir una asamblea constituyente difícil y polémica que tuvo la tarea de acelerar la transición a la democracia que se venía dando, quizá, con mucha lentitud para esta alma nuestra venezolana que cuando pide a la providencia por sosiego, ora diciendo: “Dios mío, dame paciencia, ¡pero dámela ya!”.

Poeta, ensayista, político, orador insigne y  humorista. Fue Andrés Eloy Blanco muchas  cosas y destacó en todas. Pero, por los tiempos que corren en nuestra patria, yo quiero reivindicar su condición de preso político. Víctima de tres dictaduras, la persecución más cruel le tocó con la Gómez,  primero en La Rotunda  y luego en el Castillo de Puerto Cabello. Estuvo preso -como están tantos hoy- por soñar una Venezuela distinta, por tener ideas diferentes al caporal de turno.

Lo curioso y extraño -como diría Ionesco- es que la prisión de Andrés Eloy Blanco ha trascendido su propia vida. En su ciudad natal estuvo su busto detenido  hasta el miércoles pasado en la gobernación, adonde fue conducido por la policía luego de ser derribado por vándalos a los  que solo cabe decir lo que señaló Renán en la inauguración de la estatua de Spinoza en Ámsterdam: “¡Malhaya quien al pasar insulte a esta cabeza amable y pensativa! ¡Que sea castigado como son castigadas todas las almas vulgares, con su misma vulgaridad, por su incapacidad de concebir lo que es divino!”.

A las dictaduras les encanta encerrar a los poetas y a los estudiantes, porque no hay nada más peligrosamente contagioso que la sensación de libertad que ellos transmiten: los primeros con las palabras, los segundos con sus sueños. Las pesadillas en  la historia nuestra parecen asaltarnos de manera recurrente. Cuando murió Gómez, el alma venezolana sintió que la tiranía  quedaba sepultada con él. Nada más lejano a la realidad; pero, con esa esperanza, en el Castillo de  Puerto Cabello se llevó a cabo un acto de profundo simbolismo: se lanzaron al mar los grillos con los que tantos compatriotas fueron torturados. El discurso de orden lo dio Andrés Eloy Blanco y lo finalizó así:

“Hemos echado al mar los grillos de los pies. Ahora vayamos a la escuela a quitarle a nuestro pueblo los grillos de la cabeza, porque la ignorancia es el camino de la tiranía. Hemos echado al mar los grillos en nombre de la patria. Y enterraremos los de La Rotunda. Será un gozo de anclaje en el puerto de la esperanza. O de romper el ancla para la navegación del pueblo… Hemos echado al mar los grillos. Y maldito sea el hombre que intente fabricarlos de nuevo y poner una argolla de hierro en la carne de un hijo de Venezuela”.

Laureano Márquez
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sábado, 10 de mayo de 2014

LAUREANO MÁRQUEZ, MADRE E’ DESASTRE

Este domingo se “celebra” el Día de las Madres. Y como la madre es lo más grande que hay, se usa también en nuestra tierra la palabra como superlativo que acompaña a algunos sustantivos. Así los venezolanos solemos decir: madre e’ lío, madre e’ tranca, o madre `e desastre, como en este caso, para referirnos a la situación que vive Venezuela. Nuestro país se ha convertido, todo él, en una cárcel en la cual (como la que Cervantes refiere en su famoso prólogo) toda incomodidad tiene su asiento.

En Venezuela, además de las escasez ­que según las encuestas se ha convertido en el primer problema ciudadano, desplazando incluso a la inseguridad, en la que ocupamos el segundo lugar del ranking mundial­ tenemos también la inflación más alta del planeta tierra (que cuenta con 198 países), las líneas aéreas ya no nos quieren en sus rutas, cosa que dificulta la estampida que esta calamidad genera.

Esta madre e’ desastre en el que se ha convertido nuestro destino ostenta la inflación más alta del mundo. Y aun así hay quien tiene el descaro de hablar del éxito de nuestra economía.

Nosotros, que somos una delgada capa de tierra flotando sobre un mar de petróleo, estamos teniendo dificultades con el combustible y hasta gente del gobierno que justifica un golpe contra Carlos Andrés Pérez por su neoliberal aumento del precio de la gasolina, señalan la conveniencia, ahora sí, de un ajuste del combustible (es lo que llamaba CAP introspección retrospectiva).
A este desbarajuste se suma ahora el hecho de que no hay ni siguiera agua.
Suponemos que por culpa de Leopoldo López, que desde Ramo Verde está librando una guerra hidrológica.

Este domingo es el Día de las Madres y no se nos escapa que muchas madres de Venezuela no tienen nada que celebrar. Sus hijos están encerrados por su manera de pensar, por creer que un país diferente, de justicia, paz y progreso, es posible. Muchas madres este domingo estarán en centros de reclusión y cárceles, algunas en los cementerios visitando hijos que se fueron a destiempo, sin haber visto el país que merecían, que merecemos. A esa madre venezolana le decimos, con el Ave María: bendito sea el fruto de tu vientre que hoy en las calles enaltece tu maternidad. Madre buena tienes que haber sido para que esos hijos te quedaran tan hermosos y justos, tan soñadores y libres.

Laureano Márquez
@laureanomar
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