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jueves, 26 de marzo de 2015

FERNANDO MONTOYA, PROYECTO PAÍS, INICIATIVA POPULAR, CONSTITUCIONAL Y CÍVICA

La Iniciativa Popular,  Cívica y Constitucional está claramente sustentada en  la reacción legítima y democrática del pueblo, de los ciudadanos, frente al desgobierno del régimen actual. Son Iniciativas, entre ellas, el sufragio,  definidas en  la Constitución, en varios de sus artículos, los cuales estamos en la obligación de  conocerlos, difundirlos y asumirlos  como compromiso, sobretodo en  este  momento calamitoso  que  ha trastocado a las Instituciones de la Nación.

Ante tal realidad, la actitud  de la sociedad civil en pleno debe ser coherente y oportuna: dirigentes políticos de los partidos democráticos, MUD, Iglesias, militares institucionalistas y ONG, deben responder asertivamente. Especialmente, los connacionales, hermanos, afines al Gobierno, que reciben mensajes, permanentemente, de división y odio y quienes aún poseen la esperanza e ilusión por mejorar  su situación y la de sus familiares.

Nadie, después de 16 años, con los pésimos resultados del Madurismo militarizado puede seguir con el espejismo del engaño y la corrupción. Con el sofisma, “eso a mí no me va tocar”, o “yo no  soy político” se mantienen indiferentes u apáticos, conformando la base electoral que tiende a una connivencia con las acciones oficialistas, perjudicando a la familia y al País, dentro del caos que atraviesa Venezuela. Tales actitudes nos llevan a un naufragio, sin salvación. Entonces, el arrepentimiento será tarde.

Es un deber insoslayable, advertir y discernir y no quedarnos callados, paralizados, ni divididos porque seríamos cómplices  y, nuestras familias no nos lo perdonarían. Recordemos lo que ha pasado en la historia reciente. La inteligencia pasa por no repetir las experiencias nefastas que ha sucedido en otras naciones, con: Los Castro, Hitler, Mussolini,  Stalin,  Kadafi,  Idi  Amín, Estado Islámico o  Isis  y otros.

En consecuencia, es importante concientizarnos sobre la realidad y los días por venir. Para ello, transcribimos, los artículos de la Constitución que defienden la posibilidad  de lanzarnos a un Proceso Constituyente, por Iniciativa Popular. Asimismo, debatir el Proyecto País, Venezuela Reconciliada, el cual ha sido presentado por el Movimiento Independiente Democrático-MID- desde el seno de la sociedad civil tachirense y conocida ya en varias regiones como “La Propuesta de los Gochos”.  

Así,  invitamos a la reflexión y acción del texto Constitucional:      
Artículo 5º  «La soberanía reside intransferiblemente en el pueblo, quien la ejerce directamente en la forma prevista en esta Constitución  y en la ley, e indirectamente, mediante el sufragio, por los órganos que ejercen el  Poder Público. Los órganos del Estado emanan de la  Soberanía Popular  y a ella están sometidas|« .La fuerza de este Artículo está  amparado  y refrendado,  en: 

Artículo 7º.-La Constitución es la norma suprema y el fundamento del ordenamiento jurídico. Todas las personas y los órganos que ejercen el Poder Público están sujetas a esta Constitución.

Artículo 347º.-  El pueblo de Venezuela es el depositario del poder  constituyente originario. En ejercicio de dicho poder, puede convocar una Asamblea Nacional Constituyente con  el objeto de transformar al Estado, crear un nuevo ordenamiento jurídico y redactar una nueva Constitución.

Artículo 348º.- La iniciativa de la convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente podrá hacerla  el Presidente o Presidenta de la República  en Consejo de Ministros; la Asamblea Nacional, mediante acuerdo de las  dos terceras partes  de sus integrantes; los Consejos Municipales en cabildos, mediante el voto de las dos terceras partes de los mismos; y el quince por ciento de los electores inscritos o electoras inscritas en el registro electoral.

Articulo 349º._ El Presidente o Presidenta de la República no podrá objetar la nueva Constitución. Los poderes constituidos no podrán forma alguna impedir las decisiones de la Asamblea Nacional Constituyente. A efectos de la  promulgación  de nueva Constitución, ésta se publicará  en la Gaceta oficial de la República de Venezuela o en Gaceta de la Asamblea Nacional Constituyente.

Artículo 350º._El pueblo de Venezuela, fiel a su tradición republicana, a la lucha por la independencia, la paz y la libertad, desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticas o menoscabe los derechos humanos.   

Además de los artículos constitucionales, anteriormente descritos, existe el antecedente  Jurisprudencial del Proceso Constituyente de 1999. En sentencia de la Corte  Suprema de Justicia del mismo año, en el cual se lee:  «Es inmanente a su naturaleza de poder soberano, ilimitado y principalmente originario,  el no estar regulado por las normas jurídicas que hayan podido derivar de los poderes constituidos, la soberanía  popular se convierte en Supremacía de la Constitución cuando aquella, dentro los mecanismos jurídicos de participación decida ejercerla, o sea,  si la convoca el pueblo tiene Supremacía …»  Es decir, por Iniciativa Popular. En resumen, La Constitución prevé cambiar el mandato del gobierno, a través de la creación de una Nueva Asamblea Nacional Constituyente, por medio del sufragio. Método civilizado, cívico y constitucional.

Después de 16 años de gobierno,  equivalente a 3 mandatos constitucionales,  con recursos financieros extraordinarios, con todos los poderes públicos controlados y ejerciendo el poder por Decretos, sin respetar los derechos humanos y la Constitución…este régimen  fracasó y es tiempo de la alternabilidad  democrática….

Fernando Montoya
forlandormontoya@hotmail.com 
midtachira@gmail.com    

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jueves, 6 de febrero de 2014

JULIO CÉSAR MORENO LEÓN, CONSTITUYENTE POR INICIATIVA POPULAR.

Las recientes elecciones presidenciales significaron un cambio muy importante para la oposición venezolana. La campaña directa, clara y valiente del candidato de la unidad, le colocó en la línea que corresponde a quien aspira rescatar a la república de la tragedia en que vive. La denuncia al fraude perpetrado por el CNE y por la comparsa institucional que le acompaña fue el acertado remate de la jornada. El país y el mundo pudieron apreciar el endeble soporte del régimen. 
El Comando Simón Bolívar y el candidato  calificaron lo acontecido como “robo de elecciones”. Palabras estas que no admiten excusas ni retrocesos. Esos términos desnudan la naturaleza fraudulenta del nuevo gobierno y obligan a la oposición a rescatar lo que se le ha  sustraído al soberano.
Dirigentes de la oposición, periodistas y analistas, todos muy respetables, denuncian frecuentemente la continuación del saqueo a la Nación, la violación de la soberanía nacional, el intento de destruir a las universidades autónomas, el desastre de los servicios públicos, la delincuencia, la quiebra de la economía, la escasez, la inflación, la persecución, y otra serie de males que se han hecho crónicos en el socialismo del siglo veintiuno. Y además señalan que el régimen causante de estas atrocidades, es nada más y nada menos que “ilegítimo de origen y desempeño”. Estas mismas denuncias las escuchamos en el comentario cotidiano en la bodega del barrio, en el supermercado, las busetas, el metro, o en cualquier otro espacio de la angustiada vida ciudadana. Crece así la indignación colectiva en un país en el cual la satrapía del siglo XXI, asaltó nuevamente el poder al desconocer el verdadero resultado de la elección presidencial. Este malestar, cada día más generalizado, debe ser  convertido en energía capaz de restituir la democracia y desplazar a quienes sin derecho ni representatividad usurpan el poder. Cuando nos aproximamos a las tantas veces postergadas elecciones municipales, debemos ir dispuestos a conservar los espacios que hoy tenemos, a conquistar los que no controlamos y a ratificar nuevamente que las mayorías están por el cambio de régimen. La fuerza de los indignados hará posible esta tarea.
Todos sabemos que la instancia institucional del país ratificará la “legalidad” del gobierno. Sabemos igualmente lo complejo y lo tardío de las decisiones en los organismos internacionales encargados de reivindicar la Justicia y el Derecho. Mientras tanto Venezuela vive una tragedia en pleno desarrollo, y no hay tiempo para esperar que desde afuera nos resuelvan los problemas. En la comunidad internacional crecerá la solidaridad hacia nuestra causa, sólo en la medida en que rescatemos por nuestras propias manos la legitimidad democrática.  Estas son verdades innegables frente a las cuales no caben ambages artificiosos.  Es necesario, por tanto,  accionar los mecanismos constitucionales y políticos que  conduzcan a una nueva elección presidencial y a la reedificación de las instituciones fundamentales del Estado. Esto sólo es posible impulsando, por iniciativa popular, la convocatoria  de una Asamblea Constituyente. La campaña municipal, y todas las acciones políticas y sociales de la oposición, deben acompañar y fortalecer este objetivo.
La Carta Magna establece en su artículo 347, que es el pueblo venezolano depositario del poder constituyente originario, y que tal poder le permite convocar por su propia iniciativa a una Asamblea Constituyente a fin de transformar el Estado, crear un nuevo orden jurídico y redactar una nueva Constitución.
En el 348 se define claramente como este proceso puede iniciarse a partir del quince por ciento de los electores inscritos en el registro electoral. En el 349 se establece que ni el Presidente de la República, ni ningún otro Poder podrán objetar la nueva Constitución ni impedir las decisiones de la Asamblea Constituyente.
Y finalmente el artículo 350 impone al pueblo  desconocer “cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticas, o menoscabe los derechos humanos”.
La Asamblea Constituyente por iniciativa popular, rescatará la soberanía nacional, los derechos ciudadanos, la separación de poderes, la autonomía de las regiones y municipios, el pluralismo, la seguridad, la justicia y la educación libre. La Asamblea Constituyente por iniciativa ciudadana, es el único camino para vencer el totalitarismo, el caos y la anarquía que consumen la vida del país. Es el camino legal para realizar una elección presidencial verdaderamente pulcra y democrática. Y es el único sendero pacífico hacia la reconciliación nacional.
juliocesarmorenoleon@yahoo.es

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sábado, 3 de agosto de 2013

DOCUMENTO A LA MESA DE LA UNIDAD DEMOCRÁTICA PLANTEANDO LA NECESIDAD DE CONVOCAR A UNA ASAMBLEA NACIONAL CONSTITUYENTE POR INICIATIVA POPULAR

Escudo de VenezuelaCONSTITUCION DE LA REPUBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA

Artículo 347.
El pueblo de Venezuela es el depositario del poder constituyente originario. En ejercicio de dicho poder, puede convocar una Asamblea Nacional Constituyente con el objeto de transformar al Estado, crear un nuevo ordenamiento jurídico y redactar una nueva Constitución.

Artículo 348.
La iniciativa de convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente podrá hacerla el Presidente o Presidenta de la República en Consejo de Ministros; la Asamblea Nacional, mediante acuerdo de las dos terceras partes de sus integrantes; los Concejos Municipales en cabildos, mediante el voto de las dos terceras partes de los mismos; el quince por ciento de los electores inscritos o electoras inscritas en el registro electoral.

DOCUMENTO A LA MESA DE LA UNIDAD DEMOCRÁTICA PLANTEANDO LA NECESIDAD DE CONVOCAR A UNA ASAMBLEA NACIONAL CONSTITUYENTE POR INICIATIVA POPULAR
Firmado por: Julio César Moreno León. Enrique Colmenares Finol. Rafael María Casals. Américo Martín. Oswaldo Alvarez Paz. Abdón Vivas Terán. Manuel Felipe Sierra. Edi Ramírez. Ezequiel Zamora. Guehard Cartay. Julio Sosa Pietri. Jorge Villegas. Carlos Diez. Andreina Martínez.
La Mesa de la Unidad Democrática, venciendo múltiples contingencias ocurridas en estos difíciles tiempos, ha logrado desarrollar una política unitaria positiva y necesaria, y ha sido pieza fundamental en los indiscutibles avances de la oposición venezolana. Ante este organismo acudimos a plantear nuestra posición como ciudadanos decididos a impedir el naufragio de la república.
Quienes suscribimos el presente documento nos proponemos Invocar el mecanismo establecido en el artículo 347 de la Constitución, que permite por iniciativa popular convocar a una Asamblea Constituyente legitimadora de los Poderes Públicos.
Planteamos la urgencia de restablecer el orden Jurídico y la democracia y estimamos que para este propósito es  necesario  acudir a la fuente primaria de la soberanía popular. Es esta a nuestro juicio, la única vía posible para detener la consolidación de un sistema que pretende conculcar definitivamente las libertades ciudadanas, destruir  el orden económico libre, solidario y productivo, y marcar con el signo de una dictadura totalitaria el destino nacional.
El país asiste a un grave deterioro en todos sus órdenes. Es tan severo este flagelo, que ha logrado trastocar profundamente a la convivencia ciudadana, y a las relaciones entre sus estratos socio-económicos. La desconfianza, el rencor, el odio y la lucha de clases son los resultados de un plan cuyo objetivo es destruir los históricos valores de nuestra integridad nacional. Este hecho impone a la dirigencia democrática definiciones impostergables, luego que en los comicios de abril quedó  claramente establecido el acelerado deterioro del llamado proyecto socialista del Siglo XXI.
El régimen perdió la elección, y sólo las prácticas fraudulentas, la coacción, y el ejercicio de la fuerza le mantienen de manera ilegítima en el poder. Nuestro candidato y su comando afirmaron de manera inequívoca que los resultados de ese proceso fueron adulterados, y en uso de un legítimo derecho pidieron su revisión integral. El Consejo Nacional Electoral se negó a cumplir esa solicitud, demostrándose de esta manera la verdad contenida en las denuncias del Comando Simón Bolívar.
Eventos previos a esas votaciones venían apuntalando una escalada de ilegitimidad, desarrollada por el Gobierno y por las instituciones del Estado que se encuentran postradas a su servicio. Recordemos como, la enfermedad y la muerte del Presidente fue ocasión para ocultar la verdad a los ciudadanos, y para maniobrar en contravía de las leyes, con el fin de imponer un arbitrario mecanismo de sucesión, previamente concertado con el gobierno cubano. La Asamblea Nacional y el Tribunal Supremo de Justicia tenían la obligación constitucional de evaluar mediante  certificación de Junta Médica el estado de salud del Primer Mandatario y de ser necesario, proceder a separarlo del cargo. No se cumplieron estos pasos establecidos en la Carta Magna, y en medio de un hermético secretismo, se nos condujo a una elección presidencial en la que las precarias condiciones de salud del aspirante a la reelección produjeron el lamentable desenlace final que todos conocemos. Con el mismo desprecio por el orden jurídico se encargó ilegalmente de la Presidencia de la República al entonces Vicepresidente, y se le permitió presentarse en las nuevas votaciones como candidato del oficialismo, en abierta violación de la Constitución.
Una agresiva campaña sustentada en el culto a la personalidad del fallecido líder, financiada groseramente con los dineros de todos los venezolanos, y orientada a manipular a la población a través de continuas cadenas de radio y televisión, sirvió de plataforma a la candidatura gubernamental.  Militares, funcionarios públicos, y colectivos oficialistas, así como presidentes, políticos, artistas y además asociados internacionales, formaron parte de esa campaña fúnebre - electoral, en la que se utilizaron todos los mecanismos posibles para inducir a los seguidores del extinto Comandante a materializar en votos la herencia política ofrecida por éste, horas antes de emprender su último viaje a la Habana.
Sin embargo, a pesar del ventajismo llevado a los más descarados extremos, la votación de abril sirvió para demostrar un cambio radical en las preferencias populares. Y si bien el gobierno ha logrado hasta ahora escamotear la victoria, no ha podido esconder su estrepitosa caída en el afecto de las gentes más humildes, luego que centenares de miles de compatriotas de ese estrato de la población se volcaron hacia la alternativa del cambio.
Estos hechos recientes, unidos a otros que forman parte de la larga cadena de violaciones al Estado de Derecho, como lo son: la transformación del estamento castrense en brazo armado del PSUV; la violencia ocurrida en el seno de la Asamblea Nacional y la amenaza permanente contra el fuero parlamentario; la persecución a las universidades autónomas y a la educación libre; la violación de los derechos y conquistas laborales, de la contratación colectiva, y del  sindicalismo independiente; la descalificación de la protesta cívica; el cerco cada día más intenso a los medios de comunicación, y el uso de la televisión y radio oficiales como instrumentos de terrorismo informativo; los juicios, anunciados o en curso, contra líderes de oposición; la violación a los derechos fundamentales de quienes han sido detenidos arbitrariamente, torturados, o sentenciados de manera ilegal e injusta, y de quienes se encuentran exiliados; el espionaje convertido en política oficial; la protección de la corrupción administrativa,la utilización discrecional de los recursos públicos en la actividad proselitista de los grupos gubernamentales; la liquidación del aparato productivo del sector empresarial, la continua violación a la propiedad privada; y otras tantas acciones contrarias a la vida democrática, marcan el paso de un sistema que transita el camino de la dictadura a la sociedad totalitaria, con la activa participación de los Poderes Públicos, complicados en tan nefasta empresa.
La mención de estos, y muchos otros atropellos al ordenamiento legal son suficientes para afirmar que en Venezuela la democracia ha entrado en etapa agónica, y que es cierto lo dicho por importantes  líderes de oposición: El régimen está viciado en su origen y en su desempeño.
Junto a esta grave situación que afecta directamente los derechos políticos de las personas y de la sociedad en su conjunto, se nos impone además un rígido y dogmático modelo económico que golpeaa todos los sectores del país en magnitud cada día más intolerable. Modelo que se edulcora con la palabra socialismo para esconder su verdadera naturaleza totalitaria. Modelo que coloca la economía en manos del Estado para desde allí hacer depender todos los espacios de la vida ciudadana. Modelo falsificador de la historia, que evocando las proclamas de la cruenta guerra de la Federación, ha entronizado en cambio, el más férreo centralismo liquidando  las competencias y funciones de Estados y Municipios.
Como consecuencia de esas políticas, los fríos datos evidencian verdades que no  se pueden camuflar tras la propaganda y los desplantes demagógicos característicos de la prosopopeya gubernamental. Durante los últimos catorce años  la inflación ha alcanzado niveles nunca vistos en nuestra historia, y hoy en día es la más alta del planeta, mientras en paralelo, la bonanza petrolera se ha prolongado por el más largo tiempo de nuestra vida económica, prodigándonos  recursos durante casi tres lustros que hubiesen podido solventar los problemas del país, y enrumbarnos  exitosamente en el camino al desarrollo.
Los índices oficiales dicen que desde 1999 a esta fecha la inflación ha superado el 900 por ciento. Y sobre la base de estas mismas fuentes, vemos como desde ese año hasta hoy, de acuerdo con la falsa tasa de cambio oficial, la devaluación monetaria se sitúa próxima al mil por ciento. Y si hacemos cálculos en base al valor real de nuestra divisa, la devaluación se ubica cercana al 5 mil por ciento. Así mismo, la quiebra del aparato productivo privado, las expropiaciones, y  un control cambiario  que ha sido fuente de las más grandes corruptelas, han rezagado a nuestro país en el contexto económico latinoamericano y mundial, y han frenando la iniciativa privada, el libre comercio internacional, las inversiones y la producción, convirtiéndonos en un país importador por excelencia, y en una economía más vulnerable que nunca, dependiente casi exclusivamente del petróleo. Estos mismos índices son los que no pueden esconder la realidad de una economía camino al colapso, a pesar de las fervorosas proclamas nacionalistas contenidas en la tediosa publicidad oficial. En su gestión este gobierno ha contraído el más alto endeudamiento en la historia de la Venezuela petrolera. A veces cuesta creer que quienes ayer denunciaban la deuda adquirida por los  gobiernos civiles, y exigían su desconocimiento por atentar contra la independencia del país, sean los mismos que hoy encumbrados en la dirección del Estado, han llevado a niveles tan escandalosos la hipoteca nacional.
La deuda del país en 1998, cuando finalizaba el último de los gobiernos civiles del siglo pasado, estaba cercana a los 31 mil millones de dólares (32% del PIB), y el barril petrolero se situaba en menos de 10 dólares. Hoy con un barril por encima de los 100 dólares, la deuda sobrepasa los 216 mil millones de dólares (71% del PIB). El déficit de las finanzas públicas alcanza niveles colosales a pesar de encontrarnos en medio del más grande y sostenido crecimiento del mercado internacional de hidrocarburos en toda su historia. El año pasado el déficit se colocó en un 18% del PIB y fue financiado mediante el expediente de encender la máquina de hacer dinero por parte del BCV para entregarle al gobierno miles de millones de bolívares.  Y agreguemos que la deuda de  PDVSA en los gobiernos democráticos, para  1998 era de 5 mil millones de dólares, mientras que la actual, la de PVSA roja rojita, sobrepasa los 78 mil millones de la divisa americana. Al revisar los objetivos perseguidos en los planes económicos en estos catorce años, vemos como ellos han ido asociados a un desenfrenado populismo cuya fuente financiera ha sido precisamente la renta petrolera. Estos planes han tenido como objetivos retener el poder, ganar elecciones, y proyectar la influencia de la revoluciónen el continente y el mundo. Ese mismo sentido ha privado en la liquidación vertiginosa de nuestra industria privada, para abrirle paso a las importaciones provenientes tanto de países vecinos como de otros continentes, con los cuales se amarran vínculos de dependencia, a cambio de una obligatoria solidaridad lograda gracias a pingües negocios que terminan alimentando a esas economías en detrimento de la nuestra. Y en similar dirección se orienta la presencia de nuestras representaciones en los organismos internacionales. La OEA,  MERCOSUR, UNASUR y el ALBA, son para este gobierno, tan sólo foros de promoción ideológica y propaganda política, e instrumentos que a un alto costo económico permiten legitimidad, y garantizan el silencio cómplice de países mediatizados o favorecidos por las prebendas de Caracas.  Mientras tanto se liquida progresivamente a la democracia venezolana.
A propósito de los anteriores señalamientos, recordemos como hace algunos años el fallecido Presidente  afirmaba en una de sus numerosas alocuciones al ser cuestionado, con muy válidas razones, el ingreso en el Mercado Común del Sur, que para su gobierno la integración tenía una prioridad  política e ideológica por encima del factor económico. El tiempo se ha encargado de demostrar el sentido de aquellas palabras. Por eso, hoy, las llamadas Cláusulas Democráticas se aplican sólo contra aquellos países que han resistido el intento de imponerles un sistema similar al que impera en Venezuela.  Honduras y Paraguay son innegables ejemplos.
A estas consideraciones pudieran agregarse muchas otras que demuestran como se han lesionado los intereses del país en casi todas las actividades de la vida nacional. En materia de soberanía y seguridad, por ejemplo, es ya innegable la presencia tolerada de grupos subversivos en las fronteras. En estas zonas la narco-delincuencia política hace gobierno sobre la indefensa población, y constituye una peligrosa reserva militar identificada con la revolución y protegida por ella. Así mismo es conocido y es corriente constatar la existencia de brigadas armadas que actúan ilegalmente a la orden del PSUV en pueblos del interior, así como en numerosos barrios de las grandes capitales. Y por supuesto a esto se une la llamada delincuencia común, que liquida impunemente miles de vidas de venezolanos de todos los sectores. Esos factores junto a los hechos políticos, económicos y sociales señalados anteriormente, presionan y acorralan a la población mediante el miedo y la amenaza. Se busca al final la aceptación pasiva del orden de cosas.
Hacemos estas reflexiones, convencidos de que a los sectores de oposición nos corresponde enfrentar con firmeza, no a un gobierno sino a un sistema. No a un adversario, sino a un proyecto que  considera enemigo a todo el que disienta o pretenda ejercer y defender sus derechos. Estamos  convencidos que mientras exista esta  forma de gobierno no habrá solución a la grave situación nacional, ni a los problemas cotidianos del ciudadano. No habrá federalismo, ni poder municipal, ni sistema de salud de calidad, ni educación libre, ni seguridad, ni viviendas dignas, ni empleo estable y seguro; tampoco libertades democráticas efectivas, o progreso económico o derecho a la libre iniciativa personal. En fin no habrá democracia ni esperanza ni futuro.
Exhortamos a la Mesa de La Unidad, a los partidos que la integran, y a la ciudadanía democrática en general a consolidar un amplio  y mayoritario movimiento constituyente, y a conquistar para ese objetivo unas bases comiciales que garanticen la representatividad de todos los sectores. 


Estimamos que las elecciones municipales deben ser ocasión propicia para organizarnos en función de estas metas, y para acompañar la victoria en alcaldías y concejos, con la recolección masiva de millones de firmas que respalden sólidamente esta iniciativa popular.
Es obvio que el plan de rescate constitucional no resultará fácil. Pero creemos igualmente que los obstáculos que van a surgir no pueden ser motivo de parálisis en nuestra acción. Quien actúa con complejos de derrota nunca alcanzará la victoria. Además, es claro el camino a seguir. La  muchas veces violada Constitución Bolivariana establece en el artículo 347, que es el pueblo depositario del poder constituyente originario, y que tal poder le permite convocar por su propia iniciativa a una Asamblea Constituyente a fin de transformar el Estado, crear un nuevo orden jurídico y si fuese necesario, aprobar una nueva Constitución. El artículo 348 establece luego, de manera precisa que este proceso puede iniciarse a partir del quince por ciento de los electores inscritos en el REP. Y luego en el 349 se impone que ni el Presidente de la República, ni ningún otro poder podrán objetar la nueva Constitución ni impedir las decisiones de la Asamblea Constituyente. Y finalmente el 350 obliga a desconocer “cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticas, o menoscabe los derechos humanos”.
Sabemos que desde el gobierno se intentará detener esta iniciativa. Entendemos la desnaturalización que signa al ente electoral y a los poderes públicos que han falsificado la democracia durante estos años. Sin embargo es necesario recordar que el camino escogido por la oposición democrática, es el camino electoral. Ello ha sido válido al participar en todos los procesos de votación a los que hemos concurrido. No vemos, por tanto, argumentos aceptables para hacer una excepción con la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente. Esta vez, la fuerza de la calle y la conciencia del reto que tenemos, deberán imponer las reglas que permitan unas votaciones libres y transparentes. Esto es parte de la lucha.
Entregamos este documento a la Mesa de la Unidad Democrática con la esperanza de que lo haga suyo, y para que en su condición de principal factor unitario de la mayoría ciudadana, impulse la Asamblea Nacional Constituyente como la más noble herramienta del cambio y la reconciliación nacional: Julio César Moreno León. Enrique Colmenares Finol. Rafael María Casals. Américo Martín. Oswaldo Alvarez Paz. Abdón Vivas Terán. Manuel Felipe Sierra. Edi Ramírez. Ezequiel Zamora. Guehard Cartay. Julio Sosa Pietri. Jorge Villegas. Carlos Diez. Andreina Martínez.

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miércoles, 17 de julio de 2013

JULIO CÉSAR MORENO LEÓN, CONSTITUYENTE POR INICIATIVA POPULAR.

Las recientes elecciones presidenciales significaron un cambio muy importante para la oposición venezolana. La campaña directa, clara y valiente del candidato de la unidad, le colocó en la línea que corresponde a quien aspira rescatar a la república de la tragedia en que vive. La denuncia al fraude perpetrado por el CNE y por la comparsa institucional que le acompaña fue el acertado remate de la jornada. El país y el mundo pudieron apreciar el endeble soporte del régimen.
El Comando Simón Bolívar y el candidato  calificaron lo acontecido como “robo de elecciones”. Palabras estas que no admiten excusas ni retrocesos. Esos términos desnudan la naturaleza fraudulenta del nuevo gobierno y obligan a la oposición a rescatar lo que se le ha  sustraído al soberano.
Dirigentes de la oposición, periodistas y analistas, todos muy respetables, denuncian frecuentemente la continuación del saqueo a la Nación, la violación de la soberanía nacional, el intento de destruir a las universidades autónomas, el desastre de los servicios públicos, la delincuencia, la quiebra de la economía, la escasez, la inflación, la persecución, y otra serie de males que se han hecho crónicos en el socialismo del siglo veintiuno. Y además señalan que el régimen causante de estas atrocidades, es nada más y nada menos que “ilegítimo de origen y desempeño”. Estas mismas denuncias las escuchamos en el comentario cotidiano en la bodega del barrio, en el supermercado, las busetas, el metro, o en cualquier otro espacio de la angustiada vida ciudadana. Crece así la indignación colectiva en un país en el cual la satrapía del siglo XXI, asaltó nuevamente el poder al desconocer el verdadero resultado de la elección presidencial. Este malestar, cada día más generalizado, debe ser  convertido en energía capaz de restituir la democracia y desplazar a quienes sin derecho ni representatividad usurpan el poder. Cuando nos aproximamos a las tantas veces postergadas elecciones municipales, debemos ir dispuestos a conservar los espacios que hoy tenemos, a conquistar los que no controlamos y a ratificar nuevamente que las mayorías están por el cambio de régimen. La fuerza de los indignados hará posible esta tarea.
Todos sabemos que la instancia institucional del país ratificará la “legalidad” del gobierno. Sabemos igualmente lo complejo y lo tardío de las decisiones en los organismos internacionales encargados de reivindicar la Justicia y el Derecho. Mientras tanto Venezuela vive una tragedia en pleno desarrollo, y no hay tiempo para esperar que desde afuera nos resuelvan los problemas. En la comunidad internacional crecerá la solidaridad hacia nuestra causa, sólo en la medida en que rescatemos por nuestras propias manos la legitimidad democrática.  Estas son verdades innegables frente a las cuales no caben ambages artificiosos.  Es necesario, por tanto,  accionar los mecanismos constitucionales y políticos que  conduzcan a una nueva elección presidencial y a la reedificación de las instituciones fundamentales del Estado. Esto sólo es posible impulsando, por iniciativa popular, la convocatoria  de una Asamblea Constituyente. La campaña municipal, y todas las acciones políticas y sociales de la oposición, deben acompañar y fortalecer este objetivo.
La Carta Magna establece en su artículo 347, que es el pueblo venezolano depositario del poder constituyente originario, y que tal poder le permite convocar por su propia iniciativa a una Asamblea Constituyente a fin de transformar el Estado, crear un nuevo orden jurídico y redactar una nueva Constitución.
En el 348 se define claramente como este proceso puede iniciarse a partir del quince por ciento de los electores inscritos en el registro electoral. En el 349 se establece que ni el Presidente de la República, ni ningún otro Poder podrán objetar la nueva Constitución ni impedir las decisiones de la Asamblea Constituyente.
Y finalmente el artículo 350 impone al pueblo  desconocer “cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticas, o menoscabe los derechos humanos”.
La Asamblea Constituyente por iniciativa popular, rescatará la soberanía nacional, los derechos ciudadanos, la separación de poderes, la autonomía de las regiones y municipios, el pluralismo, la seguridad, la justicia y la educación libre. La Asamblea Constituyente por iniciativa ciudadana, es el único camino para vencer el totalitarismo, el caos y la anarquía que consumen la vida del país. Es el camino legal para realizar una elección presidencial verdaderamente pulcra y democrática. Y es el único sendero pacífico hacia la reconciliación nacional.
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