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lunes, 15 de septiembre de 2014

JESÚS ANTONIO PETIT DA COSTA, LA CONJURA DE LOS INFILTRADOS CONTRA VENEZUELA

De cómo los infiltrados se han conjurado para destruir a Venezuela y cómo basta salir de uno para que se les venga abajo la tramoya

Venezuela derrotó a Cuba en el campo de batalla. Sucedió en los años 60 del siglo pasado. ¿Qué hizo entonces Cuba? Procedió a infiltrar el ejército venezolano con Chávez. Así fue como el ahora difunto se convirtió en un infiltrado de Cuba en el ejército de Venezuela. Como todo infiltrado simuló ser lo contrario. Proclamó un credo nacionalista, anti-imperialista, bolivariano. Hasta que llegó al poder y le entregó Venezuela a Cuba. Desde entonces la monarquía comunista cubana, la dinastía de los Castro, manda en Venezuela, donde ha instalado un gobierno títere.
Para el difunto Venezuela no limitaba al oeste con Colombia, sino con las FARC. Lo dijo varias veces. ¿Qué quiso decir? Que, por órdenes superiores recibidas de Cuba, le entregaba a los colombianos el territorio venezolano ocupado por ellos. No era que Venezuela limitaba con Colombia más allá de las fronteras. Al revés, era que Venezuela limitaba con Colombia más acá de la frontera, puesto que los guerrilleros colombianos estaban, y aún están, dentro de territorio venezolano. Muchos creyeron que lo decía por solidaridad comunista, cuando era en verdad el segundo capítulo de la traición a la patria.
La oligarquía bogotana, que ha gobernado en Colombia, desde antes de la independencia, entendió la bolada (en venezolano: ocasión propicia). Entonces se dijo: Uribe estorba porque persigue a los guerrilleros comunistas cuando son colombianos que están conquistando territorio venezolano regalado. Exactamente, así como a Cuba el difunto le regaló la soberanía política, también a los colombianos les regaló la soberanía sobre el extenso territorio fronterizo. Entonces los “cachacos” de la rancia oligarquía bogotana, dueña secular de Colombia, decidieron sustituir a los “paisas” que llegaron con Uribe, amigos de Venezuela por solidaridad democrática.
¿Qué hicieron esos “oligarcas”? Infiltraron las filas de Uribe. Le metieron el contrabando de Santos, que como todo infiltrado simuló ser lo contrario de lo que realmente era. Se apropió de todas las victorias de Uribe contra las guerrillas, presentándolas como suyas. Y se apoderó traicioneramente del partido de Uribe, que por él se llama de la U.
La “oligarquía bogotana” hizo que sus tribunales declararan inconstitucional la postulación de Uribe para un tercer mandato y, al mismo tiempo, enjuiciaran al más uribista de los precandidatos, el que llamaban “uribito.” Todo era para encallejonar a Uribe y obligarlo a respaldar la candidatura de Santos, que para tener mayor simulación era atacada desde aquí por el traidor ahora difunto. Puro teatro.
Apenas ganó, Santos se abrazó con el que decía ser su enemigo declarándose ambos los “mejores nuevos amigos.” Ya está claro que Santos era un infiltrado en las filas de Uribe. Lo que está por verse es si esta movida de la oligarquía bogotana que lo acompaña terminará sólo desmembrando el territorio venezolano o haciendo de Colombia otro peón de Cuba.
Tiene fundamento la sospecha de que fueron los guerrilleros colombianos los que indujeron a los Castro de Cuba a que escogieran  al colombiano Maduro para suceder al traidor, ahora difunto, en la presidencia de Venezuela. No un venezolano, como Bolívar, en la presidencia de Colombia con guerrilleros venezolanos en territorio colombiano. Al revés, un colombiano en la presidencia de Venezuela con guerrilleros colombianos ocupando territorio venezolano. Evidentemente la oligarquía bogotana se está aprovechando del estado de indefensión en que se encuentra Venezuela por la entrega a Cuba. Hace lo mismo que hizo la Italia de Mussolini cuando Hitler ocupó Francia, que se apoderó de los territorios alpinos, aunque no pudieron poner a un italiano en el gobierno colaboracionista de Vichy porque los franceses hasta a los traidores le exigen la nacionalidad.
Ahora la oligarquía bogotana completa su aprovechamiento de la indefensión de Venezuela, infiltrando al “cachaco” Samper en UNASUR, el instrumento suramericano de la Internacional Comunista. Su papel es evitar que Venezuela recupere su soberanía política ante Cuba y su soberanía territorial plena ante Colombia. Con el mayor cinismo el colombiano Samper exclamó: “Venezuela está en buenas manos”, desde luego, en buenas manos para la Colombia que negocia con Cuba en Cuba por ser Maduro colombiano, comunista y títere de Cuba.
Así la oligarquía bogotana cree que es más viva que los Castro. Pudiera suceder que, por primera vez en la historia, sus cálculos resulten fallidos y, mientras Venezuela resurja de sus cenizas, para lo cual basta con salir del colombiano Maduro, sea Colombia la que caiga bajo el dominio de la monarquía comunista cubana.
Jesus A. Petitt Da Costa
petitdacosta@gmail.com
@petitdacosta

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martes, 1 de octubre de 2013

PLINIO APULEYO MENDOZA, LOS OLVIDADOS, CASO CLOLOMBIA

El país ignora que procesos y condenas con militares obedecen a una astuta estrategia de las Farc, que logra golpear a los mejores oficiales moviendo sus fichas en el entramado judicial.
Acabo de encontrar a muchos de ellos en el CRM. Salvo sus familias y amigos más cercanos, nadie los recuerda; ni el Gobierno, ni los políticos, ni las ONG, ni tampoco los medios de comunicación. Más opciones tienen hoy las Farc de ser beneficiadas por la justicia que los valiosos y sufridos militares (pues a ellos me refiero), injustamente condenados o detenidos por obra de falsos testigos. Todos ellos afrontan en soledad y silencio su terrible destino. Lo comprobé luego de visitar durante dos domingos seguidos el Centro de Reclusión Militar que se levanta en Puente Aranda.
Mi guía más inesperado en esta visita fue el coronel Hernán Mejía Gutiérrez. La suya fue una heroica carrera militar. En tres de los muchos encuentros que tuvo con la guerrilla (primero en el Palacio de Justicia, más tarde en el municipio de Silvia, Cauca, y luego en Morelia, Caquetá) recibió siete heridas de bala. Fue condecorado como el Mejor Soldado de América. No obstante, ahora lo encuentro en el CMR condenado a 19 años de prisión. ¿Cómo explicarlo?
Pues es inexplicable. Su condena es tan aberrante como la del coronel Alfonso Plazas Vega. En el caso de Mejía Gutiérrez, se basa también en un falso testimonio: el de Edwin Manuel Guzmán Cárdenas, un sargento al que él envió a prisión en Valledupar cuando descubrió que robaba armas y municiones para vendérselas tanto a la guerrilla como a los paramilitares. Al salir de prisión, Guzmán volvió a sus viejas andadas como jefe de una banda dedicada al robo y tráfico de armas. Detenido en Villavicencio, logró hacerse pasar como desmovilizado de las Auc y obtener como tal los beneficios de la ley.
Cumpliendo un propósito de venganza, le dio a Semana una entrevista en la cual acusaba al coronel Mejía Gutiérrez de tener nexos con ‘Jorge 40’. Tomando tal infundio como una revelación, la revista le dio portada con el cruel título ‘De héroe a villano’. Y ahí se abrió el arbitrario proceso contra Mejía. Guzmán, por cierto, viendo los beneficios que le reportaban sus infundios, sirvió de testigo contra la Drummond y otros sonados casos, hasta que el entonces fiscal Mario Iguarán lo denunció como miembro de un cartel de falsos testigos. Expulsado también de los Estados Unidos al descubrirse sus falsedades, volvió al país y hoy se rumora que lidera una banda en La Guajira.
Por falsos testigos como este han sido víctimas de injustas condenas otros militares de notable desempeño en las Fuerzas Armadas como el coronel Plazas Vega y los generales Rito Alejo del Río, Uscátegui, Arias Cabrales y muchos oficiales más. En el CRM hierven casos parecidos. El del coronel Álvaro Tamayo, por ejemplo, edecán del presidente Uribe, acusado por un suboficial al que sancionó e hizo retirar de la institución, o el del mayor Luis Fernando Campuzano, condenado por la Corte Suprema de Justicia pese a haber sido absuelto en primera y segunda instancias por el Tribunal Superior de Cúcuta. Más insólito aún, el caso del sargento Aureliano Quejada, condenado a 19 años por hechos ocurridos en el departamento del Cesar cuando él se encontraba prestando servicios en el Sinaí.
Lo que el país ignora es que estos procesos y condenas obedecen a una astuta estrategia de las Farc, que ahora logra golpear a los mejores oficiales del Ejército moviendo sus fichas en el entramado judicial. Las formas desconocidas de su nueva guerra se proyectan en los planos político, mediático, cibernético, jurídico y diplomático. Son tan reales sus éxitos, que las Farc están lejos de considerarse derrotadas, como lo cree el presidente Santos. Al contrario, por culpa de los golpes judiciales sufridos, muchos de nuestros militares consideran que la guerra ya está perdida. La prueba emblemática de tal derrota son estos olvidados hombres que alguna vez arriesgaron su vida por la patria.

Plinio Apuleyo Mendoza, plinioapuleyom@gmail.com

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sábado, 15 de junio de 2013

JOSÉ LUÍS MÉNDEZ LA FUENTE, GOLPISTAS, INFILTRADOS Y OTROS DESESTABILIZADORES

En estos ya catorce largos años de gobierno chavista, nunca términos del lenguaje como “infiltrado”,   “desestabilizador”, “saboteador” o “conspirador”, con sus equivalentes en criollo,“guarimba”,  “guarimbero”, o “candelita”, se habían usado tanto y tan seguido, dentro del discurso político de quienes tienen la responsabilidad de conducir el destino del país.

Expresiones como  “infiltrados de la CIA con planes desestabilizadores”, la “oposición conspira contra Chávez o contra Maduro” o  “candelita que se prende, candelita que se apaga”, forman parte del léxico diario de ministros, diputados, gobernadores, dirigentes del PSUV, embajadores ante organismos internaciones, el propio Presidente de la República y lo más, en mi opinión llamativo, generales y demás oficiales de las Fuerzas Armadas Bolivarianas. Hasta los estudiantes,  en boca por supuesto, de la Federación Bolivariana de Estudiantes de Venezuela, ha denunciado en varias ocasiones el inicio de un plan desestabilizador en liceos y universidades, a nivel nacional, orquestado por sectores “guarimberos” de la oposición.

Si a este vocabulario le incluimos palabras como “magnicidio”, “golpista” o “fascista”, todas muy de moda últimamente, tenemos que el espectro político-comunicacional de Venezuela, en la última década, ha sido el de una población atiborrada de mensajes agiotistas, belicistas, alteradores de la paz familiar, resquebrajadores de la armonía social e invasores del orden civil que debe tener una sociedad abierta, dentro de un Estado republicano y democrático.

Basta con revisar los medios de comunicación impresos o audiovisuales, del año 1999 para acá, para darnos  cuenta de cómo la verborrea sobre conspiraciones, planes de sabotaje en la empresas del Estado (PDVSA, Red Eléctrica Nacional, etc), guarimbas y golpes de estado de la oposición contra el gobierno, intentos de magnicidio y desestabilización del orden económico o político, es una constante y un mecanismo permanente de agitación de la ciudadanía. Hasta los empresarios, que yo pensaba invertían su dinero en el país para obtener lo que todo capitalista persigue como es hacer más dinero, pareciera que en estos catorce años se han dedicado a conspirar contra la revolución dejando de producir bienes y servicios en contra de los intereses de su propio bolsillo.

Ni siquiera en un  país como Colombia, donde la guerrilla, los paramilitares y las FARC  ocupan un lugar protagónico en la violencia política contra el Estado, el discurso de  los dirigentes políticos está tan surcado de planes desestabilizadores, infiltraciones, sabotajes  o  conspiraciones, como en Venezuela, donde no hay ni organizaciones guerrilleras, ni clandestinas de ningún tipo, actuando contra el gobierno. Donde tan solo existe   una   oposición    política,   fragmentada  en  pequeños   partidos,  y sin un verdadero líder capaz de aglutinarlas a todas, hasta no hace mucho, más allá del escenario electoral. Conceptos o términos  aquellos, que si nos damos cuenta, son  más de uso militar que civil, más propios de una propaganda de guerra, que de un discurso político civilista.
De acuerdo al diccionario de la Real Academia de la Lengua, la palabra desestabilizar significa “comprometer la estabilidad de una situación política o  económica”, lo cual quiere decir  que el hecho de que haya oposición, más allá de que se haga o no, alguna o ninguna oposición, puede ser, de por sí, comprometedor.

Si tan solo una pequeña parte de los planes desestabilizadores, de las conspiraciones, golpes, o de los sabotajes que afirma el régimen ha habido en su contra en estos catorce años y medio, fuesen ciertos, la sociedad venezolana debería estar comprometida o involucrada en su totalidad o en una muy buena parte, pues hasta los organismo del estado y el propio PSUV parece que también están infiltrados por  genta de la oposición, tal como lo ha reconocido recientemente el propio Presidente Nicolás Maduro. Es decir, que la nuestra es una sociedad llena de saboteadores de oficio, de golpistas y de conspiradores, que los cuerpos de seguridad del Estado no han sido capaces de limpiar en estos catorce años y medio. Por lo que habrá que esperar otros cuantos más para que se depure. La contrarrevolución es permanente en nuestro país,  inagotable; todo conspira contra el gobierno. Tal como dijéramos en un artículo anterior, la realidad en si misma es subversiva.

Pero como para explicar la historia, se debe echar mano de la historia, para poder entender a este  gobierno y su parloteo desmedido sobre magnicidios, golpistas, infiltrados y demás, debemos remontarnos a los años 90 del siglo pasado y recordar al Teniente Coronel Hugo Chávez, a la intentona de Golpe de Estado contra Carlos A. Pérez y al surgimiento del chavismo como fuerza política unos años después. Pero ésta claro está, es otra historia.

Xlmlf1@gmail.com

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