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martes, 11 de febrero de 2014

GABRIEL BORAGINA, ¿QUÉ ES LA GLOBALIZACIÓN?

Se escucha decir por doquier que vivimos en un mundo "globalizado", pero ¿qué se quiere expresar exactamente con esto? ¿Cómo se define y que alcances tiene el término "globalización"? Los autores no se han puesto totalmente de acuerdo al respecto, posicionándose desde diferentes puntos de vista sobre el particular. Trataremos a continuación de examinar algunas de las posturas que nos parecen las más interesantes.

"Lo que actualmente llamamos “globalización” es un fenómeno producido por la mayor movilidad de los recursos como resultado de los avances tecnológicos y la remoción de las barreras regulatorias que reducían esa movilidad. La globalización somete a los países a la competencia, y éstos compiten ofreciendo “marcos institucionales” para atraer los recursos cuya movilidad ha acelerado la globalización. Tanto sea para atraer recursos externos como para retener a los propios. Los países que pueden ofrecer esas condiciones reciben recursos, los que no, los expulsan (personas, capitales, ideas, innovaciones, tecnologías)."[1]
 Para este autor, la globalización es consecuencia entonces de dos factores: 1) avances tecnológicos y 2) remoción de barreras regulatorias, y el término puede sintetizarse como una "mayor movilidad de recursos". La primera condición es privada y la segunda es estatal. En realidad, la mayor movilidad de los recursos no depende tanto del primer factor como del segundo o, podemos decir que, enteramente de este último. Por supuesto que dichos avances tecnológicos no han llegado a todas partes del mundo, y que mucho tiene que ver con esto último que tampoco ha sido constante ni total "la remoción de las barreras regulatorias que reducían esa movilidad". Por otra parte, no podemos dejar de señalar que el mantenimiento de tales barreras (aunque sea en forma parcial) impide -en no pocas ocasiones- la difusión de aquellos avances tecnológicos. No obstante, el proteccionismo (antiglobalización) también procura retener recursos.
Otros, ven en la globalización "una extensión de la economía de mercado clásica":
"Si, como lo sostengo, la globalización es una extensión de la economía de mercado clásica, con su especialización y competencia, entonces los países deben contar con instituciones básicas de mercado para estar en condiciones de participar completamente. Y, por lo tanto, la gente necesita mayor libertad y liberalización, no menos."[2]
Este es un criterio bastante coincidente con el de la primer cita, especialmente en cuanto hace hincapié en la necesidad de instituciones (lo que el Dr. Krause designa –en un sentido algo más amplio- como “marcos institucionales”).
El profesor Alberto Benegas Lynch (h), con la agudeza que siempre lo caracteriza, ensaya una noción parecida:
"dirijamos la atención hacia la tan cacareada globalización. Por este concepto se entiende convertir en realidad la metáfora de “la aldea global” a través de la eliminación de obstáculos por parte de los gobiernos para el tráfico de bienes y servicios y, asimismo, para los movimientos migratorios. Si esta es la definición, la humanidad estaba más globalizada durante el período que va desde el Congreso de Viena hasta la Primera Guerra Mundial. En esa época los aranceles eran mínimos, no existía tal cosa como pasaportes y no se producían las manifestaciones xenófobas y racistas que hoy se observan a raíz del movimiento de personas a través de las fronteras." [3]
La globalización, en efecto, no es un fenómeno nuevo, e indubitablemente, en términos relativos hoy existe en menor medida en que aquella época. Y si enfocamos nuestra atención en lo que va del siglo XXI en países como Argentina, Venezuela, Ecuador y Bolivia, con sus "políticas" populistas proteccionistas, podemos afirmar sin temor a equivocarnos, que estos países se han alejado a pasos acelerados de cualquier clase de globalización (en el sentido en que manejan el término los autores examinados hasta el presente).
"Hoy la parte de globalización que existe es a pesar de los gobiernos y no debida a resoluciones gubernamentales, especialmente esta globalización parcial tiene lugar a raíz de la revolución en curso en el área de las telecomunicaciones. Se observan fusiones y adquisiciones debido a la tendencia natural a consolidar posiciones, sacando partida de la economía de escala y evitando la duplicación de actividades. Si nos despertáramos una mañana en un pueblo en el que la gente súbitamente percibe que hay ocho farmacias en la cuadra, habrá una tendencia a unificar posiciones para evitar que se sobrepongan actividades. Esto es lo que ocurre en “la aldea global” en la medida de la globalización. Y no debemos confundir la concentración de capital con la cantidad de administradores, ya cuando en realidad se produce gran dispersión patrimonial a través de un creciente número de accionistas, especialmente cuando los mercados de capitales son abiertos."[4]
En suma, -y conforme lo que venimos analizando en los autores citados- la globalización es un fenómeno altamente deseable, pero al que se llega a pesar de los gobiernos y no por causa ni -mucho menos- deseo de estos. Los gobiernos se "globalizan" únicamente cuando ya no les queda más alternativa, caso contrario han siempre preferido el proteccionismo al libre comercio ("globalización", a nuestro modo de ver, no sería más que un neologismo utilizado para reemplazar el tradicional de "libre comercio" o librecambio que nosotros preferimos por ser este último mucho más claro y mas explicativo que el de "globalización". Ciertamente -como apuntaba el Dr. Krause en la primera cita- "La globalización somete a los países a la competencia" y es esta competencia precisamente lo que a los países les desagrada. Y sólo en caso de que no les quede otra opción comienzan a abrir sus fronteras. No es la situación, como registramos anteriormente, de los nefastos populismos latinoamericanos del siglo XXI: de Argentina con los Kirchner, Ecuador con Correa, Bolivia con Morales y el comunismo castrochavista venezolano, gobiernos claramente antiglobalizadores, proteccionistas y retrógrados.
 [1] Martín Krause. Índice de Calidad Institucional 2012, pág. 9
 [2] Johan Norberg. "La Globalización y los Pobres"-Fundación Friedrich Naumann (FFN)-Oficina Regional América Latina-pág. 16
 [3] "Economía y globalización". Conferencia pronunciada para los socios del Círculo de Armas, Buenos Aires, agosto 16 de 2000. Pág. 3-4.
 [4] Alberto Benegas Lynch (h), "Economia…"op. cit. pag. 4

Gabriel S. Boragina gabriel.boragina@gmail.com

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lunes, 10 de junio de 2013

JESÚS ALEXIS GONZÁLEZ, INICIATIVA PRIVADA Y MERCADO: ¿EN DEMOLICIÓN?

Venezuela en su aspiración por un régimen moderno, inició en el año 1945 y con mayor énfasis desde 1958 la perfección de un modelo económico con destino definido a la luz de dos posibles orientaciones: 
(1) el Estado actuando como capitalista por intermedio de empresas públicas sin la presencia del mercado; o 
(2) el Estado como conciliador de intereses contrapuestos entre un necesario  y naciente empresariado, el mercado y las empresas públicas. 
La escogencia de la segunda alternativa propició en las siguientes dos décadas (hasta 1978 cuando cae por vez primera el PIB un sólido crecimiento (sin inflación) impulsado con recursos humanos y financieros nacionales y extranjeros, que se tradujo en una manifiesta movilidad social y la formación de una pujante clase media con efecto multiplicador en el mercado doméstico. 
A partir de 1980 (y la primera devaluación en 1983) el modelo mostró su debilidad implícita: no existió correspondencia con la generación de tecnologías y medios de producción vinculadas con nuestra realidad y creados en suelo patrio en aras de impulsar la sustitución de importaciones (insumos y tecnología), y con el desarrollo de un fuerte mercado interno como condición para sostener y dinamizar el crecimiento económico; tal debilidad alteró integralmente el modelo ante los efectos inducidos por la vulnerabilidad del sector externo de la economía. 
Ante la pérdida relativa de su bienestar, se hace presente en la ciudadanía una confusión sobre su causa (y desesperanza sobre sus consecuencias) que llevó a una mayoría significativa a “concluir” que la deficiencia en la administración pública y sus políticas (y más) eran inherentes al propio sistema político-económico imperante y a la democracia misma.
Esa confusión se alimentaba igualmente de un alto nivel de corrupción (que se mantiene) y de una caída en la credibilidad de los partidos políticos (que se viene superando); todo lo cual propició la aparición electoral de un nuevo enfoque: un socialismo estatalista, contrario a la libertad individual y con nuevas formas de generación, apropiación y distribución de los excedentes económicos; bajo la denominación de socialismo del siglo XXI con una ideología dogmática y una “doctrina económica” que sostiene que el Estado y el Gobierno bastan para solucionar las desigualdades y dificultades en un contexto de reforma social, reflejando una vanidad política apartada de las leyes económicas (y de la “terca economía”) al extremo de pretender reducir la democracia a un mero formalismo electoral.
En esa ilusión de tránsito hacia un Estado Comunal y su correspondiente Sistema Económico Socialista, se crearon en el año 2001 las “zonas especiales de desarrollo sustentable (zedes)” con la finalidad de promover el desarrollo  mediante la planificación de la economía por zonas (zonas socialistas de producción); en complemento a la red de distribución socialista  que en 2012 cuenta con 120 plantas procesadoras, 10 centrales y 19.000 puntos para la venta de alimentos; mientras que para 2013 estiman construir 54 Pdval, adquirir 20 carnicerías móviles Mercal (para completar 29), poner en funcionamiento 5 bodegas móviles Abastos Bicentenario e igualmente 27 sedes de Farmapatria (para llegar a 120); con el propósito de  demoler el mercado (¿?) y consolidar el Modelo Productivo Socialista, al igual que el hecho comunal que según cifras de la Asamblea Nacional se habían conformado hasta 2012 unos 43.801 Consejos Comunales, 3.000 empresas comunales y familiares, 3.200 Consejos de Economía Comunal, 200 Comunas,  14 Distritos Motores y 3.150 Comunas (450 por año) para localizar unos 39.000 Consejos Comunales, y así demoler la iniciativa privada (¿?). 
Esa pretensión de demoler la iniciativa privada y el mercado sin haber estructurado la economía socialista estatal ni haber ponderado lo difícil de su reemplazo, se ha traducido en un descalabro económico (que los conductores del “proceso” niegan y ocultan bajo supuestas “guerras”, acaparamiento y campañas mediáticas), habida cuenta de la caída en la producción mercantilista con obvias consecuencias sobre el déficit de producción, inflación y escasez de divisas, alimentos y bienes en general. En tal contexto, las importaciones durante el 1999-2012 crecieron un 309%, las exportaciones no tradicionales disminuyeron desde $ 5,5 millardos en 1999 hasta $3,8 millardos en 2012, la industria manufacturera en 2012 creció un 0,29 % con relación al 2011 versus un crecimiento poblacional del 27%, una estimación de crecimiento para 2013 menor al 1% (con peligro de estanflación), en un ambiente de inflación anualizada del 35,2% (con posibilidad de superar el 45% para finales de año), puntual en mayo del 6,1%  una inflación en alimentos del 49,9% y un índice de escasez del 20,5%. En fin, el denominado socialismo del siglo XXI no ha inducido transformaciones positivas (al contrario) en el ámbito de la economía permitiendo ratificar que la libertad, la iniciativa privada, la seguridad personal y jurídica, el mercado, la inversión nacional y extranjera en un contorno de economía abierta, han de ser los ejes del desarrollo económico, lo cual no limita en forma alguna adelantar políticas en procura de alcanzar un socialismo de tipo democrático.
@jagp611

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