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lunes, 8 de abril de 2013

ARMANDO DURÁN, CONDICIONES ELECTORALES

Las condiciones electorales han pasado a ser el tema central de la agenda electoral. Ya era hora. Los abusos de poder forman parte esencial de las señas de identidad de las actividades electorales del régimen. Desde sus mismos orígenes, cuando el llamado “quino” diseñado por Nelson Merentes le sirvió a Chávez para obtener 124 de los 131 escaños de la Asamblea Nacional Constituyente con apenas la mitad de los votos. Mucho peor resultó la experiencia del referéndum revocatorio. Posponer indefinidamente la fecha de su celebración, inventarse la historia de las planillas planas y, por último, convertir el referéndum en simple plebiscito.
A raíz de este amargo episodio, agravado penosamente por la confección de la obscena lista Tascón, cuya finalidad era y sigue siendo acosar y penalizar sin piedad a quienes hace 9 años ejercieron su derecho de solicitar la celebración del referéndum, provocaron numerosas protestas contra las triquiñuelas elaboradas en el CNE por Francisco Carrasquero y Jorge Rodríguez. La intensidad del debate fue tal que a los partidos políticos, presionados por una sociedad civil movilizada contra la inclusión de máquinas captahuellas en la nueva parafernalia electoral, se vieron obligados a retirarse de las elecciones parlamentarias de 2005 y convocar, aunque a regañadientes, a la abstención. Fue, nadie puede negarlo, un gran triunfo político y electoral de la oposición. Como quiera que se mire, el único triunfo de la oposición en 14 años de confrontación.
Paradójicamente, desde entonces se considera aquella victoria como el peor error de la oposición, porque al abstenerse, se dice, Chávez asumió un control absoluto de la Asamblea Nacional. Consecuencia lógica de esta modificación del punto de vista opositor fue que un año después los tres precandidatos de la oposición a las elecciones presidenciales de 2006, Manuel Rosales, Julio Borges y Teodoro Petkoff se entrevistaron con Tibisay Lucena y le garantizaron que ellos aceptarían sin chistar las decisiones del CNE. ¿No fue por esa complacencia negociada que Rosales, a pesar de las dudas que surgieron a lo largo de la jornada electoral del 6 de diciembre, reconoció su derrota antes de que terminaran de contarse los votos?
A partir de ese momento, la estrategia de la oposición ha sido no cuestionar en absoluto la imparcialidad del ente electoral. El argumento para justificar tamaño disparate aún lo esgrimen ciegamente los dos representantes “técnicos” de la oposición ante el CNE, Enrique Márquez y Vicente Bello: denunciar al CNE equivale a estimular la abstención. Y, por supuesto, han convencido a muchos. Como si participar en una elección, por amañada y tramposa que fuera, bien valiera una misa. Y como si hubiera alguna diferencia real entre la Asamblea Nacional actual, con más de 60 diputados de oposición, y la que surgió de las elecciones parlamentarias de 2005, sin ninguno.
¿Qué ha ocurrido para que de pronto Capriles agite de nuevo la bandera de las condiciones electorales? 
Dos factores han sido decisivos en este radical y correcto cambio de estrategia. Por una parte, se tiene la impresión de que el Capriles exageradamente prudente de las pasadas elecciones quedó sepultado para siempre en las urnas de su derrota el 7 de octubre, como si al fin hubiera comprendido lo inútil de portarse bien ante un régimen que incluso desconoce la mera existencia del adversario. Por otra parte, la desaparición física de Hugo Chávez marca un evidente antes y después. El 14 de abril se producirá la primera escaramuza de una nueva etapa de nuestra honda crisis política. Y frente a la debilidad estructural de la candidatura Maduro, está claro que se impone ahora la conveniencia de jugar mucho más fuerte. No para estimular una inconveniente abstención por la vía del miedo y la impotencia, sino todo lo contrario. La firmeza del nuevo discurso de Capriles y su contundente exigencia al CNE de actuar dentro de la ley y organizar elecciones justas aspiran a superar todas las languideces, aunque abren a su vez nuevas interrogantes.
¿Qué hará el régimen? ¿Se limitarán Maduro y compañía a acusar a los denunciantes del delito de estar promoviendo la desestabilización y el caos, al fin se darán cuenta de que la situación política no es igual a la del 7 de octubre, o se inclinarán por la opción de la intransigencia a fondo? Esta sería la provocación más peligrosa, porque acorralaría a un adversario que luce estar resuelto a sostener, contra viento y marea, que hasta aquí, y sólo hasta aquí, llega la paciencia franciscana de la oposición. ¿Será que el 14 de abril comienza un mundo nuevo?
Armando Durán ‏
@aduran111

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domingo, 31 de marzo de 2013

OSWALDO ÁLVAREZ PAZ, CONDICIONES ELECTORALES, DESDE EL PUENTE

Muchos nos hemos referido a este tema anteriormente, normalmente en situaciones adversas y con la angustia de ser malinterpretados, no siempre de buena fe.
Pero nuestra obligación era, y sigue siendo, alertar, decir las cosas como las pensamos con la prudencia necesaria para no perjudicar el esfuerzo de quienes piensan distinto.
El punto envuelve todo lo relativo al abuso gubernamental, la politización grosera y criminal de figuras importantísimas del alto mando militar, la descarada utilización de los organismos y empresas del estado, de sus recursos políticos y financieros, del sistema comunicacional del sector público, de la manipulación de la administración de justicia para penalizar criminalmente a la disidencia. También el acoso y la amenaza a los medios independientes y a los reales o potenciales financistas de esos medios y de la campaña opositora. A la represión, a la violencia física e institucional a lo largo de estos catorce terribles años.
En fin, todo es conocido. A pesar de tales circunstancias, la mayoría de los ciudadanos comunes del país, de esos que no viven de la política, de los partidos, ni del gobierno, rechazan el castro-chavismo comunistoide que entró de lleno al pasado bajo la guía de dos ancianos y un difunto, a quien no dejan descansar en paz.
Esto explica que más o menos la mitad de los electores votara por Capriles el pasado 7-0 y en el conteo general de las elecciones parlamentarias y de gobernadores la oposición tuviera una clara mayoría a la vista, más allá de las maniobras del Consejo Nacional Electoral para impedirlo. También en el caso de la reforma constitucional.
A pesar de que las condiciones se mantienen, Henrique Capriles y su equipo de campaña, a estas alturas del juego, tienen el reto enorme de preveer y superar las trampas, triquiñuelas y juegos deshonestos que un CNE comprometido con el adversario intenta e intentará. Quienes alguna vez han participado activamente en estos procesos saben a lo que me refiero sin ánimo abstencionista. Todo lo contrario. 
Trato de inyectar inyecciones de fe y de coraje para enfrentar el reto más serio de nuestra historia contemporánea. Todos a votar. El gobierno tendrá toda la información sobre la marcha del proceso a cualquier hora. De acuerdo a cómo vayan las cosas dependerán las maniobras para desconocer la voluntad general y anunciar resultados a su medida. Atención a la tarde y noche del 14 de abril.
oalvarezpaz@gmail.com  

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domingo, 3 de marzo de 2013

RAFAEL DÍAZ BLANCO, CONDICIONES ELECTORALES, ALZANDO LA VOZ

La inhabilitación presidencial es cuestión de tiempo. Desde diciembre, Hugo Chávez designó su sucesor y eventual candidato. 
Por su parte, la Mesa de Unidad Democrática discute desde el pasado domingo sobre “un candidato preventivo”. 
Antes, en el punto 12 del Manifiesto del 23 de enero, habían dicho, con carácter de juramento, que “si se precipitará un nuevo proceso electoral presidencial garantizamos que por la vía del consenso presentaremos un candidato unitario para encabezar un Gobierno de Unidad Nacional”. Asimismo, en el punto 11, la dirigencia democrática se comprometía a la “lucha contra el obsceno ventajismo y por condiciones electorales equitativas, en la ruta democrática que transitamos por convicción. Para escoger libremente y en condiciones de igualdad a nuestros gobernantes enfrentamos denunciamos, y derrotaremos los abuso que empañan los procesos electorales”. Asimismo, la Junta Patriótica en su Manifiesto de instalación advertía que “si la decisión mayoritaria de las fuerzas democráticas de la nación es participar de nuevo en un proceso eleccionario, luchará con el pueblo hasta lograr un sistema electoral transparente y un Consejo Nacional Electoral equilibrado y respetuoso de las leyes y la voluntad popular. Es imperativo depurar el Registro Electoral Permanente y elegir a los nuevos rectores del CNE”.
Entendemos que el compromiso asumido por la dirigencia democrática con los venezolanos supone la revisión de la estrategia electoral exclusiva e incondicional que solo ocasionalmente ha permitido la victoria popular. Creemos que frente a una dictadura, con un proyecto totalitario en marcha, participar electoralmente de manera incondicional y sin la transparencia necesaria es, para decir lo menos, una ingenuidad de gravísimas consecuencias. A una dictadura para derrotarla comicialmente y desalojarla del poder es indispensable obligarla a aceptar condiciones electorales que permitan expresarse en las urnas a la mayoría democrática, así como a reconocer la derrota. Para obligar a la dictadura es necesario derrotar el miedo, un claro deslinde del régimen, la movilización popular permanente y la unidad nacional efectiva y afectiva, entendida como consenso incluyente, que pasa de electoral a unidad política y programática.
La vía electoral es el único camino cuando de una democracia se trata, pero puede ser absolutamente inconveniente cuando hace imposible derrotar a la dictadura. Es necesario transitar otros caminos que pueden ser tan democráticos como el electoral y que conjuntamente con éste, paralelamente o incluso desechando las elecciones, permitan efectivamente salir del régimen de facto en el menor tiempo al mínimo costo posible. Participar en las elecciones de una dictadura solo tiene sentido si es para triunfar o para desenmascararla y avanzar en su derrocamiento. 
rafidiaz2000@yahoo.com

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viernes, 26 de octubre de 2012

THAELMAN URGELLES, ES URGENTE ATENDER LAS CONDICIONES ELECTORALES

Ahora que millones de electores tienen historias sobre ventajismos, atropellos, trampas y argucias de todo tipo en las elecciones presidenciales -practicadas por el presidente, su gobierno, el PSUV y algunos militares con la abierta complicidad del CNE- resulta insólito que algunos dirigentes políticos y articulistas insistan en disminuir y banalizar el tema, algunos con actitudes francamente ofensivas hacia quienes exigen mayores controles sobre tales abusos y una conducta más vigilante de parte de la MUD y los candidatos.
He sido de quienes han polemizado con mayor franqueza con aquellos compatriotas opositores que colocan la hipótesis de fraude en el centro de todo esfuerzo electoral. Durante todos estos meses les exigí subordinar sus planteamientos a la tarea de buscar el voto y evitar el escepticismo con el acto electoral, porque el mismo conduciría a la abstención. Hoy -sin necesariamente retractarme de aquellas posiciones, pero visto lo acontecido durante la “trampaña electoral” chavista y sobre todo el día de las votaciones- he de reconocer una considerable porción de validez en los llamamientos de varias organizaciones ciudadanas y voceros particulares hacia la exigencia de mayor equidad, confiabilidad y transparencia en todos los aspectos concernidos en el proceso electoral.
Hoy día el clamor por tales exigencias rebasa con creces a esas organizaciones e individuos. Son millones los venezolanos insatisfechos por la manera desigual y técnicamente opaca como se desarrollaron tanto la campaña como las votaciones. Corresponde a los dirigentes políticos dar respuesta a ese clamor, porque esta vez la culpa de la tendencia abstencionista se ha colocado del lado de quienes ignoren su deber de luchar con firmeza por unas condiciones electorales menos humillantes y sesgadas de lo que hoy tenemos.
Nadie es aquí tan ingenuo para esperar que en el contexto paradictatorial que nos envuelve tendremos unas elecciones totalmente limpias, transparentes y democráticas. Pero es indudable que una denuncia sustanciada de tales excesos y la exigencia unida de mejores condiciones, formulada con determinación y en escala nacional e internacional, lograría contener y limitar en alguna medida la hiperbólica tramposería de la que estamos siendo víctimas los electores venezolanos de todas las ubicaciones políticas.
No será fácil el encuentro de una posición unida en torno a este vital asunto. La diversidad y desigualdad de las hipótesis, énfasis y soluciones que se barajan en los distintos grupos, especialistas y organizaciones partidistas –algunas claramente descabelladas- dará lugar a un complejo debate para alcanzar un pliego común de denuncias y exigencias concretas en la materia. Pero tal dificultad no descalifica la urgencia de tal esfuerzo.
Sugiero a las organizaciones civiles que se ocupan del tema electoral que inicien de inmediato un camino de encuentro en ese sentido. Las exigencias mínimas que acaba de publicar el Grupo la Colina, las investigaciones presentadas por Esdata y las propuestas de Luis M. Aguana, entre otras, junto al acopio de miles de denuncias y testimonios de electores comunes, son un punto de partida idóneo para tal propósito.
Resulta criminal que estas legítimas preocupaciones reciban el tratamiento arrogante y socarrón que algunos insisten en prodigarle por estos días.
@TUrgelles

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